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El científico que hace escuela

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Andrés Carrasco. El colegio secundario de Saladillo votó su nombre: Carrasco le ganó a Favaloro y Spinetta. Así son las elecciones en un pueblo que soporta el azote de agrotóxicos y enseña a construir otro modelo. Por Darío Aranda.

carrasco

Más nervios que una elección para intendente. Mucha más expectativa que cuando se vota a presidente. Así estuvieron en la comunidad educativa de la Escuela N° 5 de Saladillo, de la provincia de Buenos Aires, cuando eligieron el nombre de la institución. El resultado: a partir de ahora se llamará Andrés Carrasco, en homenaje al científico que en 2009 confirmó los efectos letales del herbicida glifosato y quien tuvo que soportar  una campaña de desprestigio por su investigación. El nombre de Carrasco obtuvo más votos que René Favaloro y que Luis Alberto Spinetta. No es extraño este resultado: la escuela está en el límite con la zona rural, conoce de fumigaciones con agrotóxicos y en la localidad se trabaja a diario para avanzar con la agroecología y frenar al agronegocio.

La identidad votada

a escuela de Educación Secundaria N° 5, con orientación en ciencias naturales, está en la periferia urbana de Saladillo, en la que la avenida Ledesma es la ‘frontera’ que separa el agronegocio de la ciudad. En febrero tuvo un cambio  en la dirección y buscaron fortalecer el vínculo con el barrio y con dos instituciones que comparten la manzana: la escuela primaria N° 3 y el jardín N° 909. En ese camino surgió la idea y necesidad de darle un nombre.

Se invitó a alumnos y docentes a proponer nombres, de forma anónima. Surgieron tres: René Favaloro, Luis Alberto Spinetta y Andrés Carrasco. El 9 de septiembre fue el día de votación. Podían participar alumnos, profesores y todos los vecinos.

No es lo único que hicieron. Durante este año se creó una huerta orgánica en la escuela, que incluye el trabajo de diversos docentes. El de Matemáticas propuso los perímetros de siembra en base a cuadros, círculos y triángulos. Los de Geografía e Historia trabajaron acerca de la soberanía alimentaria y la historia de los pueblos. Los de Prácticas de Lenguaje e Inglés, junto al de Plástica, abordaron la construcción de conocimientos y saberes respecto a los alimentos. Confluyeron las Ciencias Naturales con un enfoque social y práctico. También se recuperó el laboratorio escolar y, junto a la Cátedra Abierta de la organización Ecos y el Instituto de Formación Docente, trabajaron en la detección de químicos en el agua, sobre todo glifosato.

Dos días antes de la votación, el 7 de septiembre, la organización Ecos de Saladillo organizó una charla para contar quién fue Andrés Carrasco. Científico, jefe del Laboratorio de embriología molecular de la Universidad de Buenos Aires (UBA), ex presidente del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) y con un momento en el que hizo historia, en 2009, cuando dio a conocer un estudio sobre embriones anfibios, en el que confirmó que el glifosato -el herbicida más utilizado del país- era letal y provocaba malformaciones. Esos efectos eran extrapolables a humanos. Sobrevino una campaña de desprestigio por parte de empresas transgénicas, científicos ligados a esas mismas compañías, medios de comunicación socios del agronegocio y funcionarios nacionales.

¿Qué es un científico?

arrasco falleció en mayo de 2014. Ese mismo año, en el día de su cumpleaños -16 de junio-, la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Rosario lo instauró como Día de la Ciencia Digna, en su homenaje.

En la charla previa a la votación escolar, el 7 de septiembre, los integrantes de Ecos de Saladillo les preguntaron a los alumnos qué era un científico. Después de un gran silencio, alguien se animó a contestar: “Es una persona que estudió mucho y que trabaja todo el día en un laboratorio”. Se sumó otro alumno: “Son personas que saben de todo, que saben mucho”. Los de Ecos repreguntaron: “¿Y la gente común, que no es científica, no sabe nada? Sobrevino un masivo y largo: “Siiiií”.

Gabriel Arisnabarreta, de Ecos, explicó que Carrasco estudió mucho, pero también se apoyó en todo lo que sabía la gente del pueblo y que además salió del laboratorio, recorrió los barrios y comunidades afectadas y trató de investigar en base a lo que el pueblo le contaba. “Él se sentía conmovido por lo que escuchaba: qué estaba pasando en los pueblos fumigados. Y utilizó sus conocimientos científicos para tratar de ayudar a la gente. No fue un científico más: dejó una huella enorme y de alguna manera es reconocido como el ‘científico del pueblo’. Trabajó para una ciencia al servicio del pueblo y no de los intereses de las corporaciones”, recordó Arisnabarreta en la charla con los alumnos.

Algunos chicos seguían el relato atentos, otros no tanto, más pendientes de sus celulares. Llegó el momento de proyectar un video con testimonios de amigos de Carrasco: militantes socioambientales, investigadores. Finalizaba con una frase del científico: “No existe razón de Estado ni intereses económicos de corporaciones que justifiquen el silencio cuando se trata de la salud pública”. Los integrantes de Ecos terminaron con lágrimas en los ojos. Los alumnos se dieron cuenta de la emoción y hubo un silencio respetuoso.

El 9 de septiembre se votó. El escrutinio arrojó 99 votos para Carrasco, 59 para Favaloro y 31 para Spinetta.

La noticia tomó por sorpresa a los hijos de Carrasco. “Es emocionante ser testigo de su huella. El compromiso resuena en muchos y llena de fuerza. Estoy agradecida de poder presenciar todo lo que está pasando”, afirmó Luciana. Andrés Carrasco hijo complementó: “El nombramiento de la escuela con el nombre de mi viejo, en una provincia arrasada por el monocultivo, es un aire sano en esta historia. Tan acostumbrados al silencio cómplice de la política y la perversidad de las empresas, no es menor el reconocimiento de estudiantes y docentes a un tipo que no tenía nada que ganar, sino todo lo contrario: renunció al hermetismo de la elite científica para poner su conocimiento al servicio de los que estaban en las trincheras”. Su hijo también recuerda que el estudio sobre glifosato le valió aprietes, amenazas, actos de violencia, campañas difamatorias, el ninguneo de parte del ministro de Ciencia, Lino Barañao, y sufrió “la ausencia vergonzosa de muchísimos de sus colegas”. Está seguro de que fue una decisión acertada de su padre hacer y divulgar el estudio sobre glifosato: “Haber dedicado toda su vida a la ciencia, docencia e investigación dejó una marca en muchos. Una marca que se sigue multiplicando en busca de un mundo menos enfermo y más justo”.

Luis Fernández, director de la Escuela N° 5, informa que ya comenzaron los trámites formales. Presentaron los papeles en la Jefatura Distrital Escolar local. Y el trámite ya viajó hacia La Plata. Ahora esperan la confirmación provincial para hacer el acto oficial en la escuela. “Intentamos construir un camino de investigación desde la ciencias naturales y desde las resistencias, donde sabemos que Andrés Carrasco nos guiará para construir qué escuela y qué ambiente queremos para Saladillo”, afirma el director.

Carrasco estuvo en Saladillo en 2010, donde brindó una charla que unió las pruebas científicas con el discurso coloquial y pasional. Detalló cómo fue su experimento y repitió lo siempre decía: “No descubrí nada nuevo. Confirmé lo que otros científicos ya descubrieron y lo que afectados denuncian desde hace años”. En 2014, en su homenaje, la organización Ecos plantó en su sede un aguaribay (árbol autóctono) y colocaron una placa en su memoria.

Saladillo es parte de uno de los pueblos afectados por el modelo de los agronegocios. “Pasó de ser una zona netamente ganadera a pasto y, por lo tanto, con bajo impacto ambiental, a una situación actual delicada, dado el avance de la agricultura industrial o agronegocio y su pata ganadera intensiva asociada, feedlots, galpones de pollos y gallinas y criaderos intensivos de cerdos”, señala Gabriel Arisnabarreta y recuerda que un informe realizado por la Defensoría del Pueblo de Buenos Aires (junto a la Facultad de Agronomía de La Plata) se alerta que Saladillo tiene un “índice de peligrosidad, en cuanto al impacto de los agrotóxicos, similar al de las zonas más sojeras del país”.

En diciembre próximo ya habrá jóvenes de Saladillo que egresarán de la escuela Andrés Carrasco, el científico que continúa sembrando dignidad.

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