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100% móvil: Cómo mover al barrio

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Néstor Saracho, usuario de silla de ruedas, motorizó una juntada de firmas para mejorar la movilidad del barrio Villa Corina. Pero esa fue la excusa: la historia que sigue habla de cómo recomponer el tejido social, salir del aislamiento, organizarse, y no esperar soluciones mágicas. LUIS ZARRANZ
Es sábado a la mañana y en Villa Corina, Avellaneda, quien mira al cielo puede predecir el futuro: se viene la lluvia.
Pero acá, abajo, el barrio se mueve ajeno a la amenaza climática, como restándole importancia. Un hombre de mediana edad, con varias canas desparramadas entre el manto negro de su pelo intenta domar una hidrolavadora con la que pretende limpiar el moho que se acumula sobre una pared de una de las torres que definen la identidad del barrio. Una señora más grande, petisa y gruesa, lo carga por la falta de puntería. Dos pibes, sentados sobre un breve pilar, charlan entre ellos mientras escuchan música de un celular. Un nene anda en bici, dando vueltas sin rumbo. Un señor camina lento como un caracol.
En su dinámica cotidiana, Corina es como cualquier barrio un sábado a la mañana, en el que parece que no pasa nada y está pasando de todo. Y ahí, “bajo el árbol que está junto a la torre 80”, como dice en la convocatoria que distribuyó entre amigxs y vecinxs, Néstor Saracho está junto a una mesita que tiene un cartel de letras blancas sobre fondo negro que dice “Juntamos firmas”. Cerquita, otro anuncio –letras negras en un afiche verde– resume todo: “Entre todxs podemos lograr cosas juntxs”.
Así, como si no estuviera pasando nada cuando está pasando de todo, este emprendedor crónico de proyectos sociales y comunitarios, está pariendo uno nuevo. Está naciendo –un sábado a la mañana en el que el cielo anuncia el diluvio sobre Villa Corina– el “Pensamiento del espacio, la movilidad y el desplazamiento”. Es decir: un nuevo barrio.

Breve Saracho Ilustrado

Definir a Néstor es recortar sus múltiples facetas. Se puede decir que es cineasta, fotógrafo, periodista, editor de libros, fundador de cooperativas, tallerista, experto en fábricas recuperadas, asambleísta y ni siquiera así estaríamos cerca de definirlo. Es mucho más que todo eso.
El 3 marzo de 2018, un año atrás, fue atropellado por un conductor alcoholizado en una calle sin veredas ni luces de Bernal, Quilmes, cuando regresaba –con compañerxs, familiares y amigxs, entre ellos su hijo, su mamá y una amiga suya, Gladys Romano– de una de las caminatas que la Asamblea No a la entrega de la Costa Quilmes-Avellaneda organiza en las noches de luna llena en la reserva natural de Bernal, para defenderla de los proyectos inmobiliarios que amenazan su ecosistema. El no-accidente terminó con la vida de Gladys e implicó que Néstor perdiera una pierna y estuviera internado medio año, lapso en el que se enfrentó a diversas operaciones.
Pero un día, seis meses y un día después para ser exactos, recibió el alta médica y volvió a su casa en la torre 80 de Villa Corina donde, ahora, está sentado en su silla de ruedas, bajo el árbol que acompaña al edificio, poniendo el cuerpo, una vez más, para juntar firmas entre lxs vecinxs, con el objetivo de que el municipio de Avellaneda coloque rampas y accesos y mejore algunas calles y veredas del barrio: una necesidad, no solo de las personas con movilidad reducida o para quienes se mueven con cochecitos. “Las firmas son una excusa”, dice Néstor mientras sorbe un mate. “Hoy son las rampas, mañana serán otras cosas”, completará en un rato cuando uno de los vecinos se acerque a firmar las planillas. En la vida urgente de Saracho siempre hay un mañana, siempre y cuando sea para hacer cosas.

Tejer comunidad

«Siento que hasta que no tuve que ser usuario de sillas de ruedas no me había puesto a pensar en los eventuales problemas que hay para desplazarse por un barrio o una ciudad. Ese fue el disparador, al que se suman las ganas intactas de hacer cosas que tengo todo el tiempo”.
La necesidad y las ganas son dos palabras que, cuando están juntas como las pronuncia Néstor, se transforman en un motor y en un recurso para la transformación. Con esa lógica, describe el proceso: “Nos organizamos con algunos amigxs del barrio y empezamos a proponer en las redes sociales y en la página del barrio la idea de que pudiera haber rampas para sillas de ruedas o para cochecitos de bebé y, a su vez, arreglar algunos lugares en los que caminar está dificultoso porque los suelos están movidos o los adoquines corridos por el crecimiento de las raíces de los árboles”.
Sigue: “La idea es llevar las firmas a la Secretaría de Obras Públicas de la Municipalidad de Avellaneda. Hay mucho interés en participar. Hay ganas de hacer cosas y falta reconstruir mucho el lazo social, así que esto es una excusa para encontrarse con el vecino, hablar y decir que si empezamos a pensar cosas juntxs, puede ser el puntapié para otras más”.
¿Por qué hace falta reconstruir el lazo social?
Por muchas cosas. Si te fijás, tiramos la basura por la ventana. O ponemos la música fuerte cuando hay un bebé recién nacido al lado.
En esos “detalles”, Saracho percibe la ruptura del tejido social del barrio: en las acciones cotidianas, en las pequeñas decisiones que estiran el mundo de lo individual por encima del vínculo comunitario. Es por eso que entendió que no había que hacer un acto proselitista sobre el respeto al vecino, ni gritar las virtudes de ser un buen vecino, sino que debía promover un hecho que sucediera como si no estuviese pasando nada cuando, en realidad, está pasando de todo.

De Corina al mundo

Villa Corina es un complejo habitacional surgido a finales de los setenta, cuya principal fisonomía urbana está dada por “torres” (edificios de diez pisos) y “tiras” (3 pisos) que componen su identidad. En total son 88 edificios: 1.690 viviendas, a las que hay que añadirles algunas zonas aledañas que completan el barrio. En su dinámica cotidiana, alcanzan unos minutos para ver cómo, sin prisa pero sin pausa, los vecinos empiezan a acercarse a firmar, después de que Saracho y sus amigxs hubieran difundido la convocatoria esparcida por el mejor medio de comunicación de un barrio: el boca en boca.
La firma es la excusa que pone al barrio en movimiento. “Entre la torre 13 y 14 no entran las ambulancias”, dice uno de los vecinos mientras completa la planilla. Eduardo, que vive en Corina desde hace cuarenta años, llega en bicicleta, entusiasmado y urgido por firmar antes de que la lluvia despliegue su función: “Me parece una muy buena iniciativa porque es un servicio para toda la comunidad”. Susana: “Firmo y recontra firmo porque lo necesitamos y porque, juntos, los vecinos podemos mejorar el barrio”.
En media hora, la primera planilla queda completa. En dos horas, hay casi tres planillas completas: el hombre de la hidrolavadora, la señora que lo carga por la puntería, los pibes que se acercan con el celular tirando cumbias, el nene que deja la bici por unos minutos, el señor que camina lento, una señora que baja con andador, la chica que sale a pasear el perro… Cada uno, además, sugiere ideas: mejorar las plazas, rellenar los lugares que se inundan, el problema de la basura, los desagües, etcétera. Es un noticiero de reclamos barriales y soluciones posibles.
Néstor no es, entonces, un nombre propio, sino una definición colectiva que incluye cada una de sus propuestas anteriores, algunas de las que fueron motorizadas en el barrio, como la Asociación Civil Vecinos de Villa Corina Por un Futuro Mejor; o el Festival Conurdocs, que tendrá su tercera edición en Corina del 15 al 17 de marzo.
Unas horas después, cuando la lluvia ya caiga sin pausa y Corina se prepare para la siesta y para el clásico de Avellaneda que paralizará la ciudad, Néstor, que también necesita descansar para tolerar los dolores que aún soporta tras las operaciones, sonríe levemente: “Con dos jornadas más, ya llevamos las planillas a la Municipalidad”. Con ojos entusiasmados, agrega: “Está todo por hacerse”, poniéndole especial énfasis a la palabra “todo”. Tal vez no esté todo por hacerse porque allí donde pareciese que no pasa nada, ya está pasando de todo.

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