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Sentires: Federica Folco

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La bailarina y coreógrafa uruguaya es una artista de la danza contemporánea que piensa y escribe teoría con y desde el cuerpo. Compartimos los principales apuntes de una clase magistral que brindó en el Diplomado de Gestión de lavaca. De las ollas populares al “enactivismo”. El cuerpo, la empatía y el abrazo como mecanismos de salud en tiempos de pandemia y distanciamiento social.

Foto: Lina Etchesuri

Las bases

Mi lugar de acción es el cuerpo. La danza. A partir de ahí también llegué a la filosofía, para pensar el hacer. Y mi otro anclaje es la acción comunitaria, el tejido comunitario: ahí entra mi militancia en Radio Pedal, en este medio de comunicación autogestivo, en una cooperativa que tiene un anclaje fuerte en lo politico social, que es también un lugar de militancia.

Ahora, con esta emergencia que estamos teniendo, han surgido una serie de acciones que tienen que ver con las ollas, los merenderos, las canastas, las acciones que van a paliar específicamente las urgencias más inmediatas: comer. Y en esto estoy extremadamente metida. 

Se están abriendo muchas posibilidades de construir algo diferente y nuevo también: volver a hacerlo desde las bases.

Los cuerpos

Al venir de la danza, vengo del cuerpo. Hay algo que está anclado en eso y creo que no logramos dimensionar del todo qué significa. Porque nosotros vivimos desde el cuerpo, somos desde el cuerpo, somos en el cuerpo. No hay chance de hacerlo desde otro lugar. No es algo que aparece: es algo que existe. Y es un hecho, es algo que está: es parte de nuestra condición de estar vivos. Podemos tener cuerpo porque estamos vivos. Ahí hay algo muy potente y que a veces me parece -no de manera ingenua en nuestra sociedad occidental, moderna y capitalista, con las teologías puestas en los monoteísmos que heredamos- que ha estado ignorado y no ha sido un espacio de potencia para crear otras comunidades y otras relaciones posibles. 

Este espacio nos invita justamente a poder aprovechar, a mirar, a escuchar, a pensar, a sentir; a sospechar de las formas con las que accionamos y abrir una especie de brecha en el tiempo, de ralento, que es del cuerpo (porque, si no, no es), para poder volver a sentir. Pero ya para sentir con otra pulsión, con otro tiempo. Es un buen momento. Esto no significa parar, porque eso no es posible, pero sí sentir. 

La incertidumbre

Dedicarnos a sentir es no estar llenando constantemente los espacios vacíos. No estar constantemente dándonos respuestas, sino habitar la inestabilidad que nos propone este tiempo, la inseguridad que nos propone este tiempo. Me parece que eso puede ser una potencia para dilatar las respuestas y buscar otras posibles formas de crear y de accionar. Y en este sentido hay un trabajo que a mí me inspira mucho para pensar la relación que nosotras establecemos con la experiencia de estar vivas, que tiene esta dimensión de lo sensible, que a veces está reducida al pensamiento por nuestra práctica y por cómo nos hemos entrenado en la vida y en la experiencia. Entonces, quizás ahora no tenemos respuestas, y eso está muy bueno: que no vayamos a por una sino que habitemos la posibilidad de encontrarnos, de miranos, de la inestibilidad, de estas incertidudmbres, que coforman la vida misma.  

Ser en el entorno

El neurobiólogo chileno Francisco Varela propone una teoría que se llama “enactivismo”. Tiene que ver con el cognitivismo y las ciencias cognitivas, con pensar la experiencia. Hay todo un mundo donde hay mucha producción de teorías y propuestas, y la que más habita en esta conversación es el computacionalismo: pensarnos como un input y un output, como receptores de información, que procesamos y respondemos ante eso. 

Y lo que esto establece fuertemente es un dualismo entre el sujeto y el entorno. Esto es simplemente un eco de dualismos anteriores. Descartes es el más famoso, con el dualismo entre cuerpo y mente. La filosofía griega también estaba apoyada, en esta idea, creando el mundo de las ideas por un lado y el mundo del cuerpo, que nos permite desconfiar, por otro. El enactivimo nos propone siendo en el entorno. Parece algo obvio, pero no lo es.

Entonces nuestra sensibilidad, nuestra percepción, nuestro sistema perceptivo y nuestro sistema de ideas está creado en base a otro paradigma: el mundo y yo. Nosotros organizamos nuestras sociedades en base al paradigma del sujeto, del votante, del ciudadano. Generamos las cédulas de identidad, los carnets, los nombres, los cumpleaños, las identidades. El yo. El individualismo, ¿no? Esta teoría viene a derribar esas construcciones y a proponer otros cimientos para pensar y sentirnos, por sobre todo. Propone un continuo. Hay un anclaje muy fuerte en el pensamiento de la filosofía oriental.

Lo que propone el enactivismo es pensarnos en una cocreación, en una co-acción. Cuando empezamos a pensarnos desde ese lugar nos damos cuenta de que es un momento bien lindo para detenerse un rato en esta reflexion que implica sentir. Y para pensar en esto hay que hacerlo, hay que sentirlo, y tiene que ver con lo sensible, con habitar un universo que se expande y no tiene límite, y que está puesto en nosotras y nosotros. 

Esto es clave también para entender lo colectivo. Pero, para eso, hay que entrenar. No se trata solo de decir qué buena idea. Nosotros venimos de años de estar sentados, de pensar que el de al lado no se puede copiar, que el de al lado es un problema, porque además no sé qué hacer con sus emociones y con sus orgasmos. 

La fragilidad 

Entonces, poder volver a lo más básico, que es a cómo me percibo y percibo al mundo en relación a mí, cambia radicalmente todo. No nos damos cuenta cómo podemos incidirnos: una cara, un gesto o una mirada tienen muchisimos poder sobre el colectivo. Ahí hay mucha potencia y mucha cosa para revisar. 

El mismo feminismo nos ha pedido que miremos hacia ahí las relaciones, que lo personal es político, que miremos lo más micro, las pequeñas sutilezas, porque ahí también está instalado el neoliberalismo y el capitalismo. Desinstalar ese mecanismo es un ejercicio: no se trata solo de pensarlo, sino de entrenar nuestra escucha y nuestra mirada, pero siempre pidiendo que sea una mirada generosa en poder reconocer la fragilidad, un término que me parece que necesitamos habitar de una vez por todas. Somos frágiles, por suerte, y en esa fragilidad nos construimos y nos hacemos mutuamente. O nos deshacemos. Hay una potencia en esa fragilidad que intentamos por todos los medios ocultar. Somos sujetos poderosos que controlamos y explicamos, que nombramos todo, que entendemos todo. Hay una forma de imponerse al otro, y eso es un poder: avasallar es triunfar, ser exitoso, reconocido, y esa es la pulsión que está metida en nuestra percepción. 

Entrenar en el almacén

Por eso el entrenamiento es meternos adentro y trabajar esa escala de lo sensible. Cuando vayan al almacén, agarrarse de todo lo sensible, no importa de quién es, pero sientan cada mirada y cada gesto. Hay una posibilidad para que todo el otro orden no nos capture. Todos los universos distópicos son posibles, pero los utópicos también. Uno elige dónde poner el cuerpo para vivir. Yo prefiero vivir en una utopía y generar desde ahí. Es el territorio donde nos queremos colocar. 

Cuidado donde meten sus cuerpos, porque son los territorios los que nos van determinado con quién nos encontramos, compartimos. Si nos metemos adentro de la institución, es real que se le está dando el cuerpo: se mete en cada signo, en cada sentido, en el celular. Tenemos que pensar y más hoy estas cosas, cuando meter el cuerpo hoy es único. ¿Dónde lo metemos? ¿Dónde habitamos? ¿Con quiénes? ¿Dé que forma? Porque eso va a condicionar lo que podemos compartir y podemos comunicar. Tenemos que ver el territorio desde el que lo hacemos. No es lo mismo comunicar desde lo que uno está queriendo compartir que comunicar lo que uno está sintiendo. No podemos prescindir ni de una ni de otra. 

Modo Messi

Todo bien con la filosofía, con todos lo que la están pensando, pero si yo quiero construir una comunidad solidaria tengo que practicarla cada vez que puedo, como Messi practica meter la pelota en el arco. Y eso significa correrme de los lugares habituales donde estoy haciendo y sintiendo. En ese sentido la práctica es una potencia conmovedora. Es el hacer. Hay un desafío, que es crear otra sensibilidad, y con la sensibilidad no quiero decir “qué lindo el perrito”, sino que es lo que sentimos, lo que deseamos, y eso es algo que está en la columna vertebral. Cuando digo que me siento feliz en venir a dar esta clase es porque hay algo de los sensible que varió en mí, porque hasta hace poquito lo que me hacía feliz era que me invitaran al Centro Nacional de la Danza. Mi mirada genera una vibra distinta, que tiene que ver con una decisión de poner mi cuerpo a entrenarse en otros lugares. 

La escala de lo mínimo

Hay algo que es muy potente y es la escala de lo mínimo. Preguntarle a mi vecina si necesita algo, volver a esos detalles. Entrenar esa escala de posibilidades que tiene lo más micro y pequeño, y es un excelente momento para que nos quede como señal para la vida: que cada vez que mire, pueda mirar con otra densidad y compromiso, por más que sea un segundo. Es realmente algo que se entrena, y tenemos que detenernos a sentir a la otra persona. 

Dediquémosle tiempo al universo sensible, a entrenar nuestra piel, la escucha, habitarla con una densidad y otras ideas. Siempre pensamos en clave de. Yo en este momento no estoy leyendo a nadie, estoy muy dedicada a resolver las ollas populares en el barrio, generando una nueva red de ollas metropolitana, viendo qué necesitan los vecinos, y cómo habitar esa pequeñez. 

Acá hay algo emergiendo, como una red de solidaridad comunitaria, que no quiero llenarla con ninguna idea de nada, quiero ver qué da, qué propone, qué emerge de ahí, y no decir de antes: “Hay que hacer esto”. Estamos viendo terrible oportunidad, por más que ya enseguida veo gente como cuervos viniendo con intereses políticos.

Preguntas

Ahí hay una potencia de entrenar lo sensible con otro orden, con otra sensibilidad. ¿Qué realidad vamos a crear? ¿Qué sentido les vamos a dar a las cosas? ¿Qué es lo importante ahora? ¿Va a ser de nuevo salir a tirar patadas al gobierno? ¿Y además qué? ¿Qué va a ser lo importante para mí? ¿Cómo cambio que lo que para mí es importante, me conmueve y me moviliza tenga otros órdenes, otro registro de lo sensible? Ahí hay algo que tenemos que ir sacando, esa costra de capitalismo y neoliberalismo que está en nuestra columna vertebral y que nos hace accionar en esos términos. ¿Cómo la saco de ahí? El control es una pulsión, y es una de las herramientas más potentes que ha tenido justamente este sistema. ¿Cómo no reproduzco yo ese control? ¿Cómo hago yo para quitarme la pulsión del control? ¿Cómo creo una comunidad, un colectivo, un medio de comunicación donde esto se ponga a ejercitar? 

Las herramientas del feminismo son clave para volver a imaginarnos. Estamos en un momento recontra potente para crear otras posibilidades. ¿Qué voy a hacer cuando salga a la calle? ¿Voy a hacer exactamente lo mismo que hacía antes?  Creo que tenemos que salir a hacer otras cosas. A vivir de otra manera. ¿Cómo hacemos para que la vida sea otra cosa si no es haciendo que la vida sea otra cosa? ¿A qué le dedicamos nuestro tiempo, nuestras ganas, nuestra energía? Hay un ejercicio que es super interesante: ¿qué de lo que había que no quiero que haya?, ¿qué de lo que yo reproducía realmente no quiero reproducir? ¿Como hago para desinstalar eso? ¡Yo no quiero ser una artista reconocida, carajo! Sin embargo, yo tengo esa pulsión, porque el sistema me la metió. Bueno, cuando salga no voy a trabajar para eso, voy a trabajar para otra cosa, voy a trabajar para veinticinco platos y ser la más anónima de la tierra. También esa es otra potencia.

Potencia del anonimato

¿Cómo darle potencia al anonimato? No necesitamos nombre y apellido para que algo sea potente. Hay algo de la potencia del anonimato que es muy fuerte, de lo invisible, que es extremadamente potente porque es además algo que el sistema capitalista no puede capturar, porque trabaja a puro tragarse lo simbólico, entonces ahí hay un mundo, en lo efímero, que es extremadamente potente. 

Nos toca ser valientes e ir a crear otras cosas, tenemos que ir a crear otro mundo. Nos toca aprovechar este silencio para tomar valentía e ir a desarmar lo que necesitamos, lo que nos quejamos y creemos que hay que desarmar. Capaz nos metemos en otros bretes. 

El abrazo cura

La propuesta del enactivismo que propongo habla justamente del entre. No nos paramos en el uno o en otro, sino en la interacción, que es inestabilidad y ya no depende de uno ni otro, sino de dos. Y es una imagen extremadamente potente. Lo interesante es pararnos en ese entre

Hoy hay como estrategia el diseminar el miedo por todos los canales posibles, para que nosotros por nuestra propia voluntad tomemos la decisión de quedarnos. Ante eso hay una cosa que me parece que es bien potente: hay algo que se llama el timo y que tiene muy poca fama. El timo es un órgano linfático, que se encuentra en la parte superior del pecho, y se activa a partir del toque, y que nos ayuda a levantar las defensas. Una de las cosas que más activa el timo es el abrazo. Aprovechen los abrazos, de verdad. Cuando abracen a alguien, toquen el timo. Hagan que la persona les toque el timo. Aprieten, abracen y activen esa glándula. En esto de cuidarse, el abrazo realmente activa el sistema inmunológico. Aprovechen cada instante. Si uno tiene tapabocas y hay una distancia con respecto a la boca del otro, el abrazo está permitido, nos podemos abrazar. Tenemos que ir al abrazo, porque ahí hay una potencia y una activación de todo el organismo extremadamente potente.

Empatía

Hace poco leía sobre alguien que descubrió las neuronas espejo, que son las que acusan de habitarnos la empatía: son neuronas que tienen la capacidad de, por ejemplo, cuando vemos a alguien generando una experiencia, poder nosotros sentirla, sentir aquello que el otro está sintiendo. Es un mecanismo fisiológico. 

También decía algo muy interesante: la empatía no siempre es buena, porque cuando alguien abusa de alguien, el abusador siente empatía con el que está siendo abusado, porque de alguna manera se coloca en esa situación y esa situación es la que le trae la motivación para accionar. Entonces él decía que tenemos que dar un paso más. ¿De que está llena esa empatía? ¿Con qué empatizamos? Retomo lo del conflicto que genera la olla: hay personas que hasta ahora en mi vida eran invisibles a nivel sensible, y el gesto de compartir esa instancia hizo que se volvieran visibles para mí, pero no porque no sabía que existían, sino que en mi universo sensible hoy estoy habitada por ellos. Es un primer paso, y quizás desde esa conexión puedo ir construyendo otras posibilidades que sobrepasen el asistencialismo y nos encuentren en otros lugares, juntas y juntos.

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