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Piqueteros ¿carajo?

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Los movimientos de desocupados, hoy. A seis años del asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kostecki en Puente Pueyrredón, los protagonistas de aquella jornada analizan la historia y el presente de ese movimiento. En qué andan y qué construyen.

Los diccionarios son artefactos inestables, que en esta época estallan. Entonces, ¿qué querrán decir hoy estas palabras, pronunciadas hace apenas seis eternidades?
“Creemos que cortar rutas es un símbolo de un enfrentamiento directamente con el poder, el mismo poder que todos los días hace que se mueran los pibes, que en los hospitales no haya remedios, que hace que todos los días la educación sea mucho más baja porque sabe que educándonos podemos hacerle frente con conocimiento”.
“Nosotros no confiamos en ningún gobierno, no confiamos en ningún político. Creemos que la situación no se va a cambiar por ese lado, sino atacando directamente los intereses que se están llevando toda la riqueza de nuestro país, los grandes grupos económicos, los banqueros, el sector financiero”.
Así hablaba un chico de 21 años llamado Darío Santillán.
Fue hace seis años, un poco antes de que la policía lo matara a balazos cuando estaba tratando de ayudar a otro joven herido de muerte, Maximiliano Kostecki. La muerte también es un artefacto inestable, que a veces da nacimiento a los símbolos.
 
El origen
Darío se convirtió en un emblema del movimiento piquetero que en la zona sur del gran Buenos Aires, desde fines de los 90, consiguió reunir a familias pobres, desocupados inexorables, jóvenes desarrapados y excluidos sin destino, que lograron algo asombroso: avisarle a la sociedad que aún no había llegado el anunciado Fin de la Historia.
Lo lograron organizando piquetes, ollas populares, quema de neumáticos, talleres de pensamiento y educación, trompeándose con la policía, e inventando cómo sobrevivir al abismo. El origen de estas luchas había sido petrolero. Lugares como Cutral-Có, Plaza Huincul (Neuquén) y General Mosconi (Salta) habían empezado a incendiarse a fuerza de desocupación y resistencia, gracias a las políticas privatizadoras menemistas, en este caso de ypf. La incipiente oleada piquetera también asomaba en el oeste del conurbano, con el Movimiento de Trabajadores Desocupados (mtd) de La Matanza (inspirado por el actual diputado del ari Toty Flores), la Corriente Clasista y Combativa (maoísta) y la Federación de Tierra y Vivienda gerenciada por Luis D’Elía (oficialista).
En el sur empezaba a germinar otro tipo de experiencia, de mezclas insólitas y de ideas novedosas unidas –más que por elaboraciones e ideologías– por la desesperación, por un puñado de valores inéditos, por el nombre de mtd (y el de Teresa Rodríguez, empleada doméstica asesinada por la represión en Cutral Có cuando ni siquiera era una de las manifestantes). Y por tres deseos: trabajo, dignidad y cambio social.
El propio Darío ya es un símbolo de los ingredientes que se cocinaban allí con su estampa que ha dado para que lo pinten con algo de chico bonaerense, rockero y desempleado, algo del Che, algo de Jesús tercermundista, algo de quienes en los ‘70 se lanzaron a militar en las villas, y hasta algo de héroe: mucho peso para una sola historia de 21 años. La bonaerense sabía lo que hacía.
Aquí no se narra la biografía de Darío, sino la de la experiencia social que le dio lugar, para intentar descubrir qué significan aquellas palabras en tiempo presente, si es que esto logra escribirse antes de que el diccionario siga estallándonos en la cara.
 
Los movimientos
El primer mtd del sur del conurbano existió ya por 1996 en Villa Corina, Avellaneda, y jamás hizo un piquete. Su nombre completo era mtd – Trabajo, Dignidad-Ni un paso atrás, con raíces en la vieja izquierda peronista. Inspirado en Corina, había formado un mtd Roberto Martino (del actual Movimiento Teresa Rodríguez). Martino era ex integrante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (prt), ex presidente de la Sociedad de Fomento del barrio, y ex empleado de mantenimiento de la chocolatería Águila Saint, hasta que en 1994 se convirtió en desocupado. “No fuimos el primer mtd, pero sí fuimos el primero que salió a la calle” relata Martino. “En 1996 participamos en una marcha contra el hambre y la desocupación, a Plaza de Mayo, que encabezó Toty Flores desde el oeste. En diciembre hicimos una en Varela, y vino la monja Marta Pelloni” (que había ganado notoriedad en Catamarca como referente de la resistencia contra el clan Saadi, tras el asesinato de la adolescente María Soledad Morales).
El 12 de abril de 1997 las llamadas fuerzas del orden mataron de un balazo en el cuello a Teresa Rodríguez en Cutral Có. El grupo alargó su nombre y cambió de consigna. Pasó a llamarse mtd Teresa Rodríguez. “Mantuvimos el lema de Trabajo y Dignidad, pero sacamos eso de Ni un paso atrás” narra Martino con prudencia. “La verdad es que a veces hay que retroceder. Un compañero propuso agregar Cambio Social, para unir la reivindicación con la idea de una transformación”.
Este nuevo mtd transmitió determinada onda a determinadas antenas. En San Francisco Solano (Quilmes) había una parroquia, Nuestra Señora de las Lágrimas, donde familias de desocupados y sin techo intentaban hacer frente a la crisis, acompañados por el sacerdote Alberto Spagnuolo. Enterados de lo que se amasaba en Varela, desde Solano acercaron su solidaridad a una de las marchas. Cuenta Spagnuolo: “Después vino Martino a la parroquia a explicar cómo se hacía un mtd, pero dijo lo siguiente: ‘así lo hicimos nosotros, ustedes háganlo como quieran’. Fue muy respetuoso”.
Así se creó el mtd Teresa Rodríguez de Solano (a la larga conocido como mtd de Solano). El guevarismo y la teología de la liberación, en todo caso, parecían subordinarse a la necesidad de inventar algo distinto, ante una crisis nueva. Puede recordarse que en los 90 gobernaron Menem, Cavallo y Francis Fukuyama (norteamericano autor de la tesis con efectos depresivos de El fin de la historia, según la cual esta democracia capitalista es el máximo grado de evolución posible de la humanidad), corría la teoría del Pensamiento Único (con la caída del Muro de Berlín y de las escenografías comunistas, el neoliberalismo asomaba como la respuesta a todos los dilemas planetarios), y otros dogmas por el estilo. El país se inundaba de desocupados, privatizaciones, corrupción, menemismo, concentración económica, brecha social y resignación.
 
¿Por qué el piquete?
Esos mtd de Varela y Solano se acercaron algunos jóvenes, como Darío Santillán y Pablo Solana. Darío era un casi adolescente, militaba en el centro de estudiantes de la escuela Piedrabuena de Solano, y hacía trabajos de apoyo escolar en el barrio. “Era de una camada de chicos que se politizó a partir de la resistencia al menemismo” explica Pablo (uno de los referentes del actual Frente Popular Darío Santillán). “Yo venía del mtd de Corina, donde había relación con el cura Luis Farinello, lo que luego fue el grupo Resistir y Vencer, y actualmente el Movimiento Evita. Empezaron a tener una opción electoral con el Polo Social, así que tomé distancia porque me interesó mucho más la experiencia de Varela. En Corina hacían planteos un poco ideológicos, se pedían subsidios imposibles de 400 pesos, eximir de impuestos a los pobres. Martino en cambio había hecho algo muy pragmático, una especie de receta que nos generaba discusiones, pero tenía un efecto concreto. Ellos salían a reclamar planes trabajar de 150 pesos o 200 a cambio de un trabajo comunitario, no punteril. Cortaban la calle, obligaban a los funcionarios a negociar, conseguían los planes, y la gente se acercaba cada vez más”. La primera acción callejera del mtd de Varela reunió a 250 personas. “Conseguimos 239 planes” recuerda Martino: “Entendimos que el lugar donde podían pasar cosas ya no era la fábrica. Había muchísimos desocupados y muchos eran además activistas echados”.
¿Y por qué la metodología del piquete? “Porque si no estábamos en la fábrica, el lugar de reclamo era otro, y la acción era cortar la circulación de mercancías. Lo vimos en Cutral Có, en Mosconi, y lo hicimos nosotros también”. En aquel momento, recuerda Martino, los partidos de izquierda sugerían que el piqueterismo era una forma de traición a la clase trabajadora. “La historia saldó ese debate, hoy esos mismos dicen que son partidos piqueteros”.
 
Doctrina de la basura
Solano comenzó a hacer sus propios cortes de ruta, acompañando los de Varela. Hubo algunos exitosos, donde se consiguieron planes. Alberto: “Para nosotros fue importante emotivamente. De momentos de soledad, de la sensación de que el país se caía, pasabas a estar con 100 personas aglutinadas. La situación era dramática. Desocupación, hospitales destruidos, hambre. En la tosquera frente a la parroquia los camiones tiraban basura, y la gente iba a esperarlos para ver si de ahí podía comer algo”.
En enero de 1998 un piquete iniciado antes de Navidad fue reprimido dejando casi 100 detenidos. Comenzaron los puntos de bifurcación. Integrantes de Varela decidieron abandonar el movimiento como consecuencia de la represión. Martino planteó la necesidad de politizar a los mtd “para no dejarlos en lo reivindicativo sino participar también en una transformación”. Parte de Varela no aceptó esa idea, sospechando que Martino encerraba algún secreto deseo de candidatearse. Martino creó el mtr (Movimento Teresa Rodríguez) y emprendió su propio rumbo. La otra parte, con Juan Cruz Daffunchio, se constituyó como mtd de Varela. Y quedaron formalizados los mtd de Solano, Lanús y Almirante Brown (impulsado por el joven Santillán).
En Solano todo se complicó cuando perdieron la aprobación inicial del obispo Jorge Novak. Situación algo paradójica: Novak había sido de los pocos obispos ajenos a los sectores más reaccionarios de la Iglesia, y relacionado con la Pastoral Social y la defensa de los derechos humanos. Alberto: “Nos pidió que abandonáramos la parroquia y que yo dejara el mtd. Nos sonó a presión de Duhalde, y del Vaticano. Yo lo puse a consideración de la comunidad, y la asamblea decidió quedarse y continuar con el mtd”. El sucesor de Novak, Gerardo Farrell, tuvo un debate con Spagnuolo: “Me dijo que violábamos la ley. ¿Qué ley? La de tránsito, me dijo. Le respondí que para mí era más importante la ley que dice que una persona tiene que comer, trabajar, vivir dignamente. Pero no nos entendíamos”.
Las oraciones episcopales fueron finalmente escuchadas. No se sabe si por Dios, pero sí por la Infantería. Las familias fueron desalojadas de la parroquia. El mtd de Solano acampó en la plaza y meses después se insertó en los barrios de la zona.
 
La Verón
Los distintos mtd del sur habían nacido casi al mismo tiempo, y comenzaron a coordinar sus acciones englobando un movimiento cada vez más amplio, que fue replicándose en diferentes barrios y recibiendo a grupos como la Coordinadora de Trabajadores Desocupados (más conocida como Quebracho) y también a organizaciones del interior como los mtd de Cipolletti y Allen (Río Negro). Todo esto terminó conjugándose en la llamada Coordinadora Sur de mtd.
Solana recuerda un detalle de época: “A los piquetes caían algunos funcionarios de la Alianza, que negociaban directamente con nosotros la entrega de subsidios, para no hacerlo a través de los intendentes peronistas como Manuel Quindimil (Lanús)”. Un ítem técnico: además de conflictos con la policía, la justicia, los obispados y los intendentes, los mtd recibían la periódica visita de patotas de punteros políticos con las cuales debían enfrentarse a pura trompada y piedra.
Martino y Spagnuolo compartieron también la experiencia de viajar a General Mosconi en junio de 2001 cuando el pueblo fue sitiado para reprimir a la comunidad, a los ex petroleros, y a los integrantes de la utd (Unión de Trabajadores Desocupados). “Fue tremendo” relata Alberto. “Te disparaban desde cualquier lado, la gente atrincherada, hubo dos muertos”. Una de las respuestas a esa represión fue la decisión de los movimientos piqueteros bonaerenses de bloquear la Capital Federal.
En julio de 2001, Solano y el mtr cortaron la autopista Buenos Aires-La Plata. El mtd de Florencio Varela, junto con el de Almirante Brown (allí andaba ya Darío Santillán), cortaron el Puente Pueyrredón. El de Lanús, junto con la ctd de Lanús y Quilmes, cortó el Puente Alsina. Internamente ya había debates. Spagnuolo: “Algunos compañeros hablaban de la toma del poder. Y nosotros, además de estar en desacuerdo con el fondo del planteo, decíamos que era poco serio: ¿qué poder iban a tomar si no podían ni garantizar el transporte para ir a cortar los puentes?”
De todos modos, el bloqueo fue un éxito que inyectó preocupación tanto en el gobierno de la Alianza como en los grupos piqueteros predominantes hasta entonces, la ftv de D’Elía y la ccc de Juan Carlos Alderete. Llamaron a un Congreso Piquetero, que reunió unos 3.000 delegados. Invitaron al camionero Hugo Moyano que tuvo que irse por las cosas que le tiraban. “De hecho lo que querían era controlar a estos grupos que estaban naciendo” explica Spagnuolo. Cada uno siguió por su lado.
La Coordinadora Sur se transformó en la ctd Aníbal Verón, en homenaje a un gomero salteño de 37 años, cinco hijos, despedido de la empresa en que trabajaba, al cual le adeudaban ocho meses de salario, que había sido asesinado por la policía de un balazo en la cara en noviembre de 2000 mientras reclamaba en la ruta 34, Tartagal. Gobernación del ex menemista y futuro kirchnerista Juan Carlos Romero. El presidente Fernando De la Rúa, como ocurría casi todos los días, se declaró consternado.
La Verón no incluyó a Martino y al mtr. “Era como un primo díscolo” dice hoy Solana. Martino había encabezado la toma del ministerio de Trabajo provincial (encabezado entonces por Aníbal Fernández) tras lo cual quedó hospedado en los aposentos de la policía bonaerense. La primera acción pública de la Verón fue reclamar su libertad.
 
El 19 y 20
El 17 de diciembre de 2001 la Verón bloqueó a ocho supermercados de Quilmes, reclamando alimentos en el momento más duro de la crisis. “Algunos saqueos del 19 pueden haber sido movidos por punteros, pero la verdad es que había una situación social insostenible” dice Alberto Spagnuolo. La noche del 19 de diciembre, con música de cacerolazos en las calles de Buenos Aires, y la letra “que se vayan todos”, algunos miembros del mtd de Solano fueron a Plaza de Mayo y luego a la quinta de Olivos, para ver de cerca lo que ocurría. El 20 a la mañana les llegó el camión de comida que estaban reclamando. “Al rato supimos que estaban reprimiendo en Plaza de Mayo, incluso a las Madres”. Casi en paralelo desde Solano, Almirante Brown y Lanús llegaron a Plaza de Mayo aquel 20, mientras la policía mataba a jóvenes como Gustavo Benedetto y el atardecer mostraba un helicóptero huyendo, cargado de frustración.
Pablo: “La izquierda hablaba de una situación prerevolucionaria, de la toma del poder. Nos agitaban para entrar en eso. No estábamos de acuerdo. No pensábamos en voltear gobiernos, y sí en radicalizar la resistencia, y que eso fuera acumulando autoestima, fuerza, conquistas para el movimiento social”. Almirante Brown y Solano estaban en una posición similar. Martino no, “porque para nosotros el problema sigue siendo el poder, la revolución, y no quedarse en la cuestión reivindicativa”. Los mtd, en cambio, consideraban que el mismo argumento de organizarse para la toma del poder era un modo de reproducir más de lo mismo: lógica política de mandar sobre otros, verticalidad, obediencia. Los mtd representaban las ideas de autonomía con respecto al Estado y los partidos, de horizontalidad, más emparentadas con los zapatistas mexicanos que con la izquierda tradicional. En la propia Verón existía ese debate. “El mtd de Varela y Quebracho eran así, más clásicos” sugiere Alberto. “Nosotros no creíamos, ni creemos que las transformaciones sean por el Estado, por arriba. Nosotros pensamos que puede haber un nuevo tipo de relaciones sociales que ya se pueden vivir, por abajo, entre nosotros, y eso es lo que va a terminar produciendo los cambios. No lo decimos como una verdad revelada, sino como una búsqueda”.
 
Aquel 26 de junio
Pero aquellos primeros meses de 2002 no daban excesivo margen. Fue una de las etapas más conflictivas del país. El 26 de junio en Puente Pueyrredón se produjo la movilización de unas 6.000 personas. Desde el sur llegaban las columnas más nutridas, de la Verón. Participaron también el mtr, el Polo Obrero y Barrios de Pie. El reclamo incluía:
 
Aumento de los subsidios de 150 a 300 pesos.
Un plan alimentario bajo gestión de los propios desocupados.
Insumos para escuelas y centro de salud barriales.
Desprocesamiento de quienes habían sido judicializados por ejercer el derecho a la protesta.
Una declaración de solidaridad con los trabajadores de Zanón de Neuquén, que ya sufrían la amenaza del desalojo.
Fin de la represión.
 
Al rato sonaron las balas. Spagnuolo se había cruzado con Darío: “Nos dimos un abrazo y me dijo: me parece que hoy ligamos. La policía primero se abrió, para dejarnos pasar, pero otro cordón dejó separada a nuestra columna de otras que se acercaban. La gente fue para ese lado, y se desató todo. Sonaron disparos. Yo decía: tranquilos que son balas de goma, hasta que vi que volaba un pedazo de columna del puente”. Más tarde Alberto se enteraría de la muerte de Santillán.
“Mientras algunos hablaban de etapa prerevolucionaria –reconoce Pablo– no supimos manejar la emboscada más sucia. No éramos conscientes del riesgo. Decíamos: nosotros la bancamos. Y la respuesta era la partidocracia con una apuesta represiva y mafiosa. Fanchiotti (Alfredo, el oficial responsable de las muertes) era un asesino y además un inútil. Pero la verdad es que las fotos influyeron muchísimo para que se supiera qué había pasado”. Pablo agrega: “No sé si hay atajos para que la vida de un compañero no sea el precio de darse cuenta de los errores. Ese fue nuestro fracaso”.
 
Las consecuencias
El resultado de Puente Pueyrredón fue el llamado a elecciones que derivó en el acceso de Néstor Kirchner a la presidencia en 2003. Y todo un aparente declive de la experiencia de los movimientos de desocupados. Alberto: “Es fácil echarle la culpa al gobierno de la cooptación de los movimientos, la fragmentación, que lo ha hecho, pero también es patear la pelota afuera. Lo que nos pasa tiene que ver con los propios errores y debilidades”. Tanto Alberto como Pablo participaron en reuniones en la Presidencia. Dice Pablo: “Yo estuve dos veces con Kirchner, la segunda para la foto, mientras (Oscar) Parrilli te prometía cosas –que jamás cumplió– para que dejáramos de estar en la calle”. Otros grupos quedaron incorporados directamente al gobierno: “Para nosotros es un error, pero no son el enemigo ni mucho menos” dicen tanto Spagnuolo, Solana como Martino sobre Barrios de Pie, por ejemplo.
Alberto hace una distinción: “Para nosotros es un momento especial, pero no creo que los movimientos estemos para nada disueltos o fracasados. Muy lejos de eso”.
Un parámetro para conocer en qué andan es la posición frente al gobierno.
Pablo Solana: “Los sectores del movimento social no teníamos un proyecto integral de país ni por asomo. En el pj hubo una expresión que sí, se hizo una apuesta inteligente con temas como derechos humanos. Hasta hay que ser generoso y reconocer que en temas como lo de Trelew y la Triple A fueron más allá de la propia agenda de los organismos. De todos modos, el kircherismo para nosotros es una especulación oportunista, con un discurso totalmente mentiroso sobre redistribución. Estamos a décadas de pensar algún tipo de gobierno o proyecto distinto en términos de sociedad. De todos modos, en un conflicto como el del campo, no dejamos de ver que al gobierno lo corren por derecha. Tampoco sea cosa de que aparezca un neofascista tipo Blumberg, y nos demos cuenta tarde”.
Martino: “Con verle la cara a los Kirchner te das cuenta de cómo están. Para mí estamos como en el año 96, en el inicio de una crisis. El kirchnerismo ya dio lo máximo que podía dar, perdió la iniciativa, y toda la experiencia de estos años hace que la gente salga a la calle. Kirchner es un producto de la rebelión, pero también está condicionado por la rebelión. Y por la capacidad social de realizar acciones directas ante cualquier problema. Gualeguaychú, la Cordillera, asambleas y acciones en todas partes. Con lo del campo, es una pelea de dos bloques de poder. Los que encabezan esos sectores son igualmente reaccionarios. Y en ambos bandos hay gente con la que uno puede entenderse. La izquierda tampoco da respuestas. Hay que pensar una nueva institucionalidad”.
Spagnuolo: “Si el gobierno logró atender algunas emergencias, aunque falte mucho, es por estos embates que hemos hecho. En Chile hay un modelo político, económico y judicial que aplasta a los movimientos. Acá no, fruto de la lucha y la organización. Hay una tendencia a oponerse al gobierno que se entiende, pero tampoco hay que caer del otro lado. Si hay que distribuir la riqueza y el gobierno se pone firme con las retenciones, es legítimo. De todos modos, la esperanza son los movimientos. No vamos a pasar por encima de los que tienen esperanza en el gobierno, cada uno tendrá que atravesar esa experiencia. Y veremos los resultados”.
 
En qué andan
El mtd de Solano hoy cuenta con 100 familias, reconoce Alberto. Martino asegura que el mtr suma casi 3.000. Pablo calcula que el Frente Darío Santillán hoy puede garantizar unas 900 personas en una movilización, lo que indica el triple de participantes en el movimiento. “Pero lo importante es que la mayor parte integra proyectos autogestivos: la panificadora, una pequeña imprenta, talleres de serigrafía, herrería”. En el caso del mtd de Solano, además de talleres de marroquinería y la construcción de un centro de salud, el proyecto sigue siendo el campo de 25 hectáreas en Varela donde están produciendo maíz, zapallo, batata, papa, lechuga, cebolla, rabanitos y huevos. La idea, en poco tiempo más, es ofrecer alimentos en los barrios a un precio social.
Cuando a Spagnuolo se le dice que sus planteos pueden sonar mucho más humanistas que políticos, responde: “Es lo mismo. Lo humano es lo político. Podemos decir discursos hermosos, pero lo que está en juego es la vida. Las ideas que planteamos no vienen de leer libros o conocer otras experiencias. Lo que experimentamos, como pobres, es enfrentar siempre el maltrato. Te maltrata la vida, la policía, se da entre vecinos, en la propia familia. Queremos romper la violencia con un cambio de relaciones. Creo que hasta los que tienen más son carne del sistema. La realización personal no se suple con plata. Lo podés negar o tapar, pero es un problema que sigue adentro, en tu subjetividad. Y todo eso es político. Pienso que los movimientos hemos sufrido desgarros, dolor, pero alguna vez nos debemos hablar de todo lo que hemos aprendido”.
¿Qué es lo que aprendieron?
Responde Spagnuolo: “Que el enemigo es la muerte, la miseria, el paco, los que trafican con la vida. Que no te podés creer la vanguardia iluminada. Que cuando supimos dar lugar a lo distinto, logramos una experiencia fuerte y radical. Me dirán que nos juntó tanta represión, que nos juntó el espanto. Pero mostramos que se puede hacer algo, hasta en una situación terrible. Se puede hacer organización…” dice.
Luego, se queda pensando algo que no sé si es excesivamente modesto, o demasiado radical:
“Se puede gestar vida”.

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