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País de locos. Hugo López, colifato ilustre en año electoral

¿Qué es la locura? ¿Quiénes están chiflados en estos tiempos?

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¿Qué es la locura? ¿Quiénes están chiflados en estos tiempos? Paciente externo de hospital neuropsiquiátrico, artista, compositor, comunicador y pensador asumido como piantado, Hugo fundó su partido, con el que aspira a no ganar elección alguna. Habla sobre el país, la corrupción y la jubilación al revés. La maldad, los laboratorios, el neoliberalismo, la democracia, los pájaros que hacen caca sobre los autos… Y sus tres propuestas para el presente. Por Sergio Ciancaglini.

Hugo López. Fotos: Martina Perosa

Al despertar Hugo López una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un candidato político. 

Antes de levantarse, decidió oficializar el lanzamiento que cuenta con el apoyo de intereses mediáticos como el de esta revista. Unos mates más tarde, mientras se prueba para las fotos la banda presidencial impresa con la palabra “Peligro”, le consulto cómo andan las cosas tras esta metamorfosis electoral. Responde con esa voz cascada y divertida con la que a veces parece cantar cuando está hablando. 

–Espléndidamente mal, pero estoy contento como elefante con dos colas haciendo esta no campaña política con la aspiración de no competir en ninguna elección. Fundé el Partido Entero, que busca que la gente sea enteramente feliz. Es un partido abstracto. No figurativo. La idea no es representar a nadie, porque más que una democracia representativa, queremos una democracia participativa. 

Engloba en una frase a los partidos no figurativos, los elefantes alegres y la democracia participativa. Se queda pensando con los ojos muy abiertos detrás de los grandes anteojos que le aumentan el mundo de lo visible. Y murmura: “Bueno, si me presento te digo que no sé qué pasa”.

Las caras políticas del candidato: propone crear la Universidad de la Corrupción. Además: cambiar la lógica de la alimentación, la salud y hasta las jubilaciones, en oposición al gaseoso Partido Meteorista.

Tres propuestas

Hugo Norberto López, DNI 4.831.636, nacido, criado y crecido en Avellaneda, arribó al universo el 10 de marzo de 1934 bajo el signo de Piscis, simbolizado por dos peces que nadan en sentidos opuestos. Según ciertas noticias urbanas y leyendas suburbanas, Hugo es considerado un loco. 

Fue paciente no interno sino externo del Hospital Borda. Integra organizaciones como Cooperanza y el Frente de Artistas del Borda, participa en radio La Colifata y es socio de la Cooperativa Lavaca, entre otros modos de sumarse a la aventura humana en una vida que ha dado 87 vueltas alrededor del sol. 

Caminamos por una arbolada zona de Avellaneda en la que se escucha cantar a unos pájaros que parecen felices. “Una maravilla. Pero la vez pasada un vecino me dijo: ‘no me hables de los árboles, son una porquería, una locura, atraen a los pájaros que vienen y me cagan todo el auto’. Yo creo que el mundo hoy precisa más árboles, más pájaros y menos autos, pero qué sé yo. Capaz que lo que hizo el pajarito fue emitir una opinión sobre el auto de ese señor”. Luego me muestra el terraplén de las vías del tren: “Ahí fumigaron con agrotóxicos, pero nadie dice nada”. Sigue caminando y se hace difícil discriminar dónde ubicar a la locura en este breve recorrido barrial. 

¿Propuestas del Partido Entero? “Todos hablan primero de la educación. Pero para mí lo primero es la alimentación. Un maestro me decía que con el estómago vacío, o mal alimentado, no se puede aprender. Después pondría vivienda digna, y no que la gente tenga que vivir en villas miseria. Y ahí sí, educación. Pero una educación que te haga salir de la mediocre normalidad del individualismo”. 

¿Ubicación política?: “No soy de izquierda, de derecha, ni de la hipotenusa ni de la tangente. Hay demasiada geometría en la política, incluso poliedros: gente con muchas caras”. 

¿Y por qué tienen muchas caras? “Por dinero. O por poder. Poder de engañarte. El poder es como una droga. Muchos medios usan entonces esa droga: desinforman, mienten, calumnian y terminan sometiendo a los demás a un sueño embrutecedor”.   

Lo que empiezan siendo bromas de Hugo son a veces razonamientos y asociaciones que no se sabe hasta dónde pueden llegar. Por supuesto que puede contar chistes, como le piden en sus intervenciones radiales: el loco vestido de cómico o de humorista. “El humor fue lo que me salvó. Siempre. El tema es que hay que saber reírse de uno mismo y no de los demás, que es hiriente. No hay por qué herir a nadie”.  

El Partido Entero piensa financiarse con un Impuesto a la Mentira (de lograrlo, Argentina podría pagar hasta las deudas contraídas para dentro de cien años de soledad). Otra fuente de recursos prometedora es la Universidad de la Corrupción: “Las materias son Avaricia 1 y 2, Usura, Seminarios de Estafas, talleres de Deuda Externa, cursos intensivos en Depravaciones. El concepto es: cómo acceder rápido al dinero. Quienes estudien pagarán una cuota y cuando se hagan millonarios tendrán que donar un óbolo a la Universidad y venir a relatar su experiencia. Habrá docentes de toda clase. Entre otros: economistas, abogados y proctólogos”. 

Razonamiento urbano: “Hablan de las villas miseria, pero la verdadera villa miseria es Puerto Madero. Ahí están las miserias, la avaricia, los problemas de inseguridad. Porque la inseguridad del país y del mundo no es por lo que hacen los pobres. Es por lo que hacen los ricos”. 

Con respecto a los responsables de la corrupción (¿privados o funcionarios?) Hugo es generoso: “No hay que quitarle mérito a nadie. Lo que sí, el que sabe lo que pasa y lo calla se hace responsable. Y el que calla ante la injusticia o la mentira, también es culpable”.

Se le pasa el enojo y sonríe para las fotos como corresponde a un candidato:  “Hay que lograr una justa redistribución de los abrazos”, plantea en tiempos levemente inhóspitos. Sobre su estado de salud para afrontar los desafíos de la alta política anuncia que le crecen las orejas, entre otros signos del paso del tiempo. “Se te va cayendo todo, pero no pienso operarme porque después quedás como la Duquesa de Alba”. Sostiene que además de la hipermetropía, miopía y astigmatismo ya tiene al Iguazú entero en sus ojos, y que se siente perfectamente más allá de que tenga canas en el estómago, arrugas en los pulmones, y patas de gallo en el páncreas.

Meteoristas unidos 

Gente como Manu Chao, los españoles del agua Acuarius o los productores de Sony para el grupo El canto del loco entendieron la capacidad comunicativa de Hugo y de sus compañeros colifatos, haciéndolos participar en shows, discos y avisos. Francis Ford Coppola los incorporó a su película Tetro, filmada en Buenos Aires. En el aviso del agua Hugo terminaba diciendo: “El ser humano es extraordinario”. En todos los casos, los colifas transmiten una combinación insólita de gracia, sensibilidad y profundidad. 

Hugo es un caso típico: frágil, divertido, triste por momentos, explosivo por otros. Una combinación de abuelo posiblemente chiflado con niño terrible y hombre que sabe lo que es el sufrimiento. Hizo también un programa radial inolvidable, El hombre de lavaca, dedicado a la Ley de Salud Mental, los derechos humanos y la cultura, que espera retomar pronto. Y la serie televisiva A)normal, que puede seguir viéndose en lavaca.org y se emitió también por Canal Abierto, con la cantante trans Susy Shock y el rapero Asterisco. La idea: si los autopercibidos “normales” están dejando las cosas como es público y notorio, tal vez llegó la hora de escuchar a los supuestos anormales, que tienen la capacidad de romper los moldes, ver, sentir y razonar las cosas de otros modos.  

Lo que expresa Hugo en cada intervención es genuino, a diferencia tal vez de otros candidatos y candidatas en oferta. Velozmente me aclara: “Toda mi experiencia la aplicaré a no conseguir ningún voto en las futuras elecciones”.   

El Partido Entero, volviendo al tema de este no artículo, no tiene adversarios chicos. Hugo cuestiona a fondo a la agroindustria, la megaminería, las dinámicas de empobrecimiento universal y zombificación mediática en manos de lo que llama los grandes titiriteros: “Los financistas, los fabricantes de armas, de alimentos ultraprocesados que son un veneno, los que fumigan el país y por eso todos ya tenemos tóxicos en sangre por lo que comemos, los grandes intereses inmobiliarios que tiran todo abajo. Y como todos estos te dejan enfermo, vienen los laboratorios, que te venden los remedios para mantenerte a flote y que sigas haciendo funcionar la máquina”. 

Considera Hugo que otro peligro cotidiano es el del Partido Meteorista: “Representa a todos los que están al pedo, aunque parezca que hacen cosas: una fuerza electoral tremenda. Me parece que son medio invencibles”. 

Hugo abre cabezas, juega con las palabras, propone paradojas, se enoja, se ríe. Por momentos es un Quijote zambullido en causas que parecen imposibles, y al mismo tiempo es un Sancho Panza atento a comprender todas las reglas de todos los juegos. Dice: “La política es el arte de lo imposible, y la que puede sacar a la gente del sufrimiento, la que puede definir que tengamos un mal vivir o un buen vivir”. 

Tras semejante doctrina Entera, algo de la historia de Hugo López tal vez permita encarar una cuestión pendiente: ¿está loco?  

¡Viva el sufrimiento!

La mamá de Hugo, María Teresa, murió cuando él tenía 10 años. “La operaron de un fibroma, no había antibióticos y se murió. Era muy luchadora. Éramos muy pobres, vivíamos todos con mi hermana en una sola habitación. Uno ve y escucha cosas, intimidades, que no puede entender. Mi papá (Norberto) tuvo otra pareja. Yo no quería vivir así. El dueño del inquilinato era don Pepe Motta, que era peluquero y socialista”. 

Hugo ya usaba anteojos que cree que le recetaron mal, veía todo doble e inclinado, y para colmo tuvo su primera crisis mental. “Era adolescente, me sentía muy mal, fui al hospital y me dieron Stelazine (indicado en psicosis esquizofrénicas, en trastornos de la conducta, trastornos psicosomáticos, trastornos limítrofes de la personalidad, según su prospecto”). Tenía un primo que estudiaba enfermería: “Me dijo ‘no tomes eso que es para locos’. Yo estaba nervioso, angustiado, depresivo, pero entendía lo que me pasaba, y al final pude salir”. 

Trabajó de chico repartiendo diarios; luego en una bodega clandestina de vinos a los que “estiraban” rellenándolos con agua de la canilla; en una fábrica de precintos de plomo (“la gente se enfermaba y se moría o le agarraba cáncer de respirar el plomo, por suerte me fui rápido”); en los talleres gráficos del Correo como encuadernador; y finalmente, ya en los 70, en la cintoteca de Radio Nacional (“mandábamos las cintas de los programas grabados a todo el país”). 

Se había casado con Rosa Lago (su pareja de toda la vida, fallecida en 2017). Se conocieron bailando en los 50. Rosa integró el grupo Los Frenéticos del Ritmo y Hugo armó un dúo de baile cómico con Alfredo Rabanito Gallo. Llegaron a estar en los primeros festivales de una nueva música, considerada portadora del demonio en aquellos tiempos: el rock & roll. Actuaron en el Luna Park, con orquestas como la de Lalo Schiffrin y Eddie Pequenino,   intervenciones del saxofonista Gato Barbieri, todo presentado por Pepe Soriano: “Como Rabanito era flaco se disfrazaba de mujer y bailábamos en broma. Rosa era muy buena bailarina. Y muy linda. Tenía problemas mentales porque los padres eran un desastre: no la atendían. Tuvo una úlcera en un ojo, y lo perdió porque no la trataron. Cuando la conocí decía que tenía la nariz grande. Yo le dije que la quería igual. Pero se operó. Sufrió tanto que no quiso volver a operarse”.   

Hugo tuvo una crisis en los 70. “Creo que no fui un desaparecido por eso. En el Correo éramos todos contestatarios, pero no guerrilleros. Gente de palabras, de querer un mundo distinto. En los descansos me acuerdo que algunos jugaban a las cartas y otros nos leían a Krishnamurti y todos hablábamos de cambiar la realidad”. 

Otra crisis le brotó estando en Radio Nacional, ya en los 80. “Yo mismo fui a que me internaran. La locura es jodida. Un sufrimiento indescriptible. Hay gente que se suicida. Yo quería morirme, pero no suicidarme. Es como estar atrapado y no poder salir, no poder resolver nada”. 

Lo internaron en una casa de Flores. Volvieron a darle medicamentos antipsicóticos. “Pero de a poco pude ir dejándolos, me jubilaron, y un amigo locutor que también había estado internado me dijo de ir al Borda. Estaba la doctora Santos, psiquiatra, y ella de a poco me ayudó a dejar esos medicamentos. Yo decía: prefiero ser un viejo loco y no un viejo pelotudo. Conocí La Colifata y empecé a participar”. 

La radio había sido creada en 1991 por el psicólogo Alfredo Olivera. Hugo comenzó a desplegar sus canciones, poemas e ideas, y a conocer al resto de los grupos del Borda, como Cooperanza y el Frente de Artistas. 

Compuso rocks para bailar y activar neuronas, como Hay que sufrir (“Suframos hasta reventar/ suframos para el cielo ganar / no hay que protestar, hay que bajar la cabeza y besar la mano a quien nos castigue/ al cielo nos vamos a ir /Qué lindo que es ser pobre, penar y tener dolor. ¡Muera la felicidad! ¡Viva el sufrimiento, carajo!”). Otro de sus éxitos es Soy malo (“que revienten todos, todo es para mí, que se mueran todos, todo es para mi”), y también transitó el folklore con El patrón perseguido, un terrateniente víctima de los reclamos laborales de los “crestianos pobres”. 

Hugo endemoñado con su esposa Rosa Lago: baile, humor y escape de la pobreza.

Diagnósticos

Durante los últimos años Hugo ha sido acompañado terapéuticamente por el psicólogo y psicoanalista Hernán Scorofitz, integrante del equipo profesional del Servicio 17 del Borda entre 2009 y 2019. 

¿Cuál es el diagnóstico para el candidato López?: “Hay tres grandes grupos diagnósticos: la psicosis, la neurosis y la perversión. Hugo atravesó situaciones de internación que algunos pueden definir dentro de un trastorno mental o una psicosis. Pero habiéndolo acompañado muchos años, me permito dudar de ese diagnóstico. La psicosis presenta dos fenómenos: delirios y alucinaciones. Lo que habría que diferenciar es que una cosa es un loco, un psicótico, y otra es un neurótico enloquecido. Por circunstancias de la vida podemos atravesar fenómenos y sintomatologías más propias de la psicosis, sin que el sujeto sea un psicótico. Podemos terminar delirando o alucinando debido a una crisis de vida. Hugo atravesó situaciones de ese tipo, pero canalizó ese sufrimiento a través de su trabajo en La Colifata y cuando decidió incorporarse a lavaca. Eligió ser colifato, ser cooperativista, lo grupal, hacer programas, expresar sus ideas, dedicarse a temas sociales, medio ambiente, la explotación minera, los transgénicos, la flexibilización laboral. Es una crítica permanente a la realidad económica y social, pero no desde una charlatanería de café, sino poniendo el cuerpo, viajando a todo el país, interviniendo en luchas concretas, invitado a otros países como Italia y España. No es un opinólogo de una vez por semana, sino un adulto que canaliza su compromiso a veces a través del humor, pero acompañando y participando en situaciones concretas”. 

El haber sido consciente siempre de lo que le ocurría es otra de las claves para comprender por qué Hugo no calza, según Hernán, en el casillero de los psicóticos. “Y ningún psicótico podría estar como él, 30 años sin tomar esos medicamentos”.         

El propio candidato del Partido Entero agrega que lo diagnosticaron también como maníaco depresivo. “Y un médico santiagueño, el Chango Sosa, me diagnosticó con ‘alienación mental’. Me enojé y le dije que no me ponga eso. Se rió: ‘Está bien, pero que sea la última vez que te diagnosticás vos, porque acá el psiquiatra soy yo’. Y me puso ‘excitación psicomotriz’. Entonces le pregunté: ‘¿pero qué es lo que tengo?’. Como siempre decía la verdad, me contestó: ‘Si yo supiera lo que tenés vos, me tendrían que poner un altar en la Iglesia de Pilar’”.

Se queda pensando. “Me acordé de otra cosa. Una vez mi papá me contó que me llevaba en brazos por el murallón de Quilmes, no sé qué pasó y me caí de sus brazos y rodé por una escalera. No saben cómo no me maté. Capaz que de esa vez quedé medio piantado”, especula, y luego mueve su mano como enroscando algo cerca de su cabeza: “Pero bueno, algunos más, algunos menos, a todos nos falla algún engranaje”. 

En Miramar, de marinero, con Rabanito Gallo: dúo cómico que llegó al Luna Park cuando nacía el rock & roll.

Napoleón, Evita y Vidal 

Otra hipótesis: “Creo que más que locura, lo mío fue depresión. Porque yo sabía lo que me estaba pasando. Yo no me creía Napoleón ni nada, lo que me pasaba siempre es que me creía inferior, tenía un complejo de inferioridad. Hoy entiendo las cosas de otro modo. No soy inferior. Pero antes no me sabía valorar. Son perturbaciones que uno tiene”. 

Encadena el tema al proselitismo de campaña, y asegura que hace poco se le acercó sonriendo un interno del Borda para saludarlo, con nombre y apellido. 

–Mucho gusto, soy Juan Domingo Perón. 

–Evita Duarte, encantada de conocerlo– le contestó Hugo. 

“Y el tipo se fue chocho”, dice la falsa Evita, que no tiene alucinaciones sino un tesoro que escasea: una imaginación con excitación psicomotriz.

Recordar escenas del Borda le refresca a Hugo una psicosis ajena clavada en su memoria: la represión policial en el Hospital ocurrida en abril de 2013, para derrumbar un taller terapéutico de trabajo para los internos. Unos 400 policías estilo Robocop, con la supervisión de la entonces menos famosa María Eugenia Vidal, custodiaron la demolición y reprimieron a golpes y balazos de goma al personal médico, de enfermería y a los propios pacientes que intentaban impedir semejante delirio. 

“Nadie de los medios grandes dice nada de eso. Fue criminal. Mucha gente quedó muy mal. Yo me despertaba todas las noches con pesadillas: me iban a matar. Y no por locura mía, sino porque casi nos matan en serio. Macri, Larreta y Vidal fueron responsables de eso, y los medios los siguen protegiendo. No hay mayor honor que pedir disculpas. Pero ni eso hacen. No nos consideran personas a los locos. Atacaron a los pobres más pobres de toda pobreza, mientras se les caía la baba para hacer un negocio inmobiliario. Nunca hay que olvidarse de lo que son capaces”. 

Le consulto si festejó su cumpleaños en pandemia, porque no hubo fotos en Twitter ni en Instagram. Hugo recupera el humor, pero no tanto: “Lo que le pasa al Presidente es que él no puede equivocarse. Necesita asesores que sepan lo que es la vida, la calle, el lumpenaje. Son todos gente de clase media acomodada, y entonces no conocen nada. No saben de las dificultades, de la realidad de la vida. Y caen en errores. Él mismo dijo que son personas comunes y corrientes pero no, son gente acomodada y ahí meten la pata con los asados, las fiestas y los cumpleaños. Y los del otro lado, los que hicieron y los que callan lo del Borda, son conservadores y violentos. Como dicen los chicos: gente mala. Y eso sí que no sé cómo se arregla. No sé si hay pastillas, o si algún investigador del cerebro puede curarles la crueldad”. 

Jubilar a los jóvenes

Las manías y las depresiones son síntomas emblemáticos de la época, según el sindicato de los filósofos contemporáneos, y Hugo ha sido una máquina de evitar quedar enjaulado en ellas a fuerza de corazón más que de pastillas, cosa que no logran lamentablemente muchas personas consideradas normales. Revisa su ideario de no campaña y plantea propuestas: “La limosna y la beneficencia son virtudes que necesitan de la injusticia. Que la gente esté mal, para que yo demuestre lo bueno que soy. Entonces propongo: basta de querer cambiar los efectos de las cosas: hay que cambiar las causas”. Teoría: “Colifata a lo mejor es la persona que piensa que el mundo puede ser diferente”.

El Partido Entero postula que la medicina no tiene que ser un producto comercial, sino un derecho humano, y propone la estrategia de Hipócrates, que decía hace 2.300 años y medio: “Que el alimento sea tu medicina, y que tu medicina sea tu alimento”. Agrega el candidato: “Eso sería prevenir en vez de curar, con alimentos sanos, agroecológicos,  encima fortalecés a las personas y al medio ambiente, para que no sigan estas pandemias y el calentamiento global que hay porque destruyen la naturaleza: ese es el verdadero manicomio”. 

¿Cómo analiza la violencia contra las mujeres? “El que le pega a la mujer y la mata es un psicópata. Se puede comparar con el neoliberalismo, que no tiene sentimientos, ni culpa. Y matan, hacen guerras y desastres. Unos quieren controlar a las mujeres, otros al mundo, y si pueden a los dos. Todos se quejan si un pibe roba y mata, que está mal. ¿Pero a cuánta gente matan los psicópatas de la riqueza y de los malos gobiernos? De eso nadie dice nada”. 

Le gusta ver programas de humor. “Los más cómicos son los programas políticos. Esos conductores que hablan todos pomposos, y los panelistas les hacen que sí con la cabeza. Son tan malos actores que me hacen morir de risa”. No le causan gracia, en cambio, ciertos intelectuales. “Usan palabras que el pueblo no entiende. Capaz que hablan solo entre ellos. Pero si yo voy por el barrio y le digo a alguien: ‘¿cómo anda de la subjetividad?’, no sabe qué le estoy diciendo”. 

Le pasó algo diferente con un francés, Pierre Dardot, a quien conoció en La Colifata. Es autor junto a Christian Laval del libro Común-Ensayo sobre la revolución del siglo XXI. Explica Hugo: “Hablaba en francés con nosotros, con un traductor, pero se entendía todo. Lo que dice es que las necesidades fundamentales y los bienes comunes no pueden estar en manos privadas ni estatales, sino de otras formas de organización social participativa y cooperativa, porque si no la humanidad y el planeta están en peligro. Lo común viene a ser lo que hicieron en Mendoza y en Chubut, donde todos salen a la calle para que no les enchufen la minería a cielo abierto. Y dentro del capitalismo, para mí el cooperativismo es el mejor sistema, porque es una sociedad en beneficio de todos”. 

Hugo retoma su no campaña: “Proponemos jubilar a la juventud, y que trabajen los viejos. Como la juventud quiere divertirse, disfrutar, enamorarse y bailar, que goce de una buena jubilación. Y después de los 50 ó 60 años, cuando ya no tienen ganas de salir de noche ni viajar ni andar de acá para allá, que se pongan a trabajar. Lo aprendí de otro filósofo”. Se refiere a César Bruto (a) Carlos Warnes, o viceversa, autor de Consejos para futuros gobernantes. 

“Otra solución es lo que hice yo: me morí el mes pasado. Es fenómeno. Te convertís en un fantasma. No necesitás comida, ni lavarte la ropa, no te duele nada, no pagás alquiler, ni necesitás remedios, no te duelen la panza ni las articulaciones, atravesás paredes, nada te importa y nada te detiene. ¡Sea feliz, conviértase en fantasma, salga de su humanidad! No sufra más, y entre a todos los lugares que quiera. Aunque reviente el mundo no le va a pasar nada. Voy a hacer una canción sobre los fantasmas. ¿O será una boludez?”. 

No le da a nada de esto un carácter trascendente o metafísico: “Estoy investigando si hay algo más allá de la vida. Pero por ahora, gracias a Dios, soy ateo”.          

Cree que las cosas se han simplificado en cierto sentido. “Hay dos lados, la muerte y la vida, así que hay que elegir. Si nos damos cuenta, y también los políticos, creo que las cosas se van a arreglar. Lo digo con un optimismo delirante”. Hugo se va observando hacia el horizonte cual estadista con hipermetropía que todo puede verlo, mientras vigila de reojo hacia arriba, a los árboles. No sea cosa que algún pájaro decida emitir sus opiniones justo sobre la cabeza de este no candidato que quiere transmitirle al mundo un legado político inédito: “Tenemos el derecho de ser felices”.

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