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La miga del modelo: trigo transgénico

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Como en ningún país del mundo, ya existen 25 mil hectáreas sembradas de trigo transgénico en Argentina, promocionado por empresarios locales del agronegocio y avalado por el gobierno. Un experimento a cielo abierto que implica, además, el uso de un peligroso agrotóxico: glufosinato de amonio. Empresarios de Brasil, el principal potencial comprador, ya pusieron reparos al asunto. Europa lo rechaza. El perjuicio económico para quienes producen, y la ignorancia sobre los efectos ambientales y en la salud humana. Propuestas hacia un paradigma que no enferme. Por Lucas Pedulla.

A mediados de agosto, una decena de organizaciones y movimientos socioambientales se nuclearon en la llamada Platafoma Socioambiental y promovieron una acción llamada Panazo, en Plaza de Mayo, Baradero, Tandil, Rosario y ciudad de Santa Fe, donde regalaron panes, facturas, tortas fritas y trigo agroecológico en rechazo a la autorización del trigo transgénico que el gobierno aprobó en octubre de 2020 . “Ya hay sembradas alrededor de 25.000 hectáreas del trigo HB4 de Bioceres en 7 provincias”, denuncian en uno de sus comunicados públicos. “Este es el primer trigo transgénico que tiene posibilidades de comercializarse en el mundo y así estar presente en nuestro pan y muchos de nuestros alimentos básicos junto con los agrotóxicos con los que será fumigado”. 

Entre fiebres pandémicas e internas electorales, el ingeniero agrónomo Fernando Frank publicó en  Acción por la Biodiversidad una serie de datos para dimensionar qué significa hablar del trigo transgénico:

  • En el último año la superficie cultivada de trigo tradicional en Argentina fue de 6,73 millones de hectáreas.
  • Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, el 40% de la exportación es a Brasil. 
  • Todas las fichas especulativas están puestas a ese negocio: Brasil. Sin embargo, en agosto, la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad brasileña (CNTBio) postergó la aprobación del transgénico. También expresó su rechazo la Asociación Brasilera de la Industria del Trigo (Abitrigo).
  • En Argentina, el consumo del trigo supera los 85 kilos anuales por persona, una media muy por encima de la mayoría de los países.
  • El agrónomo Frank recuerda además una noticia de 2016 publicada por la agencia Reuters, que rezaba que Corea del Sur había rechazado un cargamento de trigo argentino por ser transgénico. “A esa fecha no existía ningún trigo transgénico aprobado en ningún país del mundo, por lo que no cabía ninguna duda: el trigo del cargamento era ilegal”. 

¿Qué significa que el trigo sea transgénico? Se crea una variedad genéticamente modificada para que resista al herbicida glufosinato de amonio, que de ese modo puede matar toda vida del suelo, y no al trigo. Los efectos en los humanos del consumo de esa modificación genética recién se están estudiando, aunque se sospechan. Y ese producto va a tener además  incorporado el glufosinato, un veneno más peligroso que los que se vienen usando. La incorporación en pequeñas dosis cotidianas de todo este cóctel se va acumulando en el cuerpo, facilitando la aparición de enfermedades como el cáncer, entre otras que ha denunciado un reciente informe  de la Sociedad Argentina de Pediatría.  

Como publicó MU en su edición 135, el trigo transgénico no está impulsado por Monsanto-Bayer, ni Syngenta-ChemChina, ni Corteva (fusión de Dow y Dupont). La impulsora es Bioceres, un emporio presentado como “nacional” conformado por medio centenar de empresarios del agro, entre ellos los millonarios Hugo Sigman (presidente del Grupo Insud, con presencia en cuarenta países, desde laboratorios farmacéuticos hasta medios de comunicación), Gustavo Grobocopatel (el llamado “rey de la soja”) y Víctor Trucco (presidente honorario de Aapresid, cámara que reúne a empresarios referentes del agronegocio e impulsores de los transgénicos en Argentina). Bioceres está radicada en Rosario, cotiza en la Bolsa de Nueva York, y publicita que cuenta con “alianzas estratégicas con líderes mundiales, tales como las semilleras Syngenta, Valent Biosciences, Dow AgroSciences, Don Mario y TMG”. 

Por su parte, más de 1.400 científicxs argentinxs publicaron una Carta Abierta al Gobierno Nacional alertando sobre los peligros que trae aparejado este nuevo transgénico: el glufosinato de amonio que, según la FAO, es 15 veces más tóxico que el glifosato, en un país donde ya se usan más de 525 millones de kg/litros de agrotóxicos por año (alrededor de 12 litros por habitante, la tasa más alta del mundo). 

Carlos Vicente, de la organización Grain, relata a MU su propia experiencia: “En el sitio web de Bioceres había un apartado donde hablaban del trigo HB4 como agricultura regenerativa, como sustentabilidad, y te ofrecían sembrar 20 hectáreas. Yo llené el listado a ver qué decían: puse 20 hectáreas en Marcos Paz. Y cuando seguías completando datos te decía que necesitabas equis cantidad de semillas y, luego, equis cantidad de litros de glufosinato de amonio. Cuando empezamos con la campaña, el glufosinato desapareció de la oferta de la web, y ahora hablaban de insumos biológicos. Una mentira descarada”. 

Otro detalle no menor: la producción sojera concentra la contaminación masiva durante el verano. El trigo extendería las fumigaciones de venenos a todo el año. 

Mientras el rechazo crecía, la nueva variedad transgénica iba permeando en Santa Fe, de la mano de Raquel Chan, docente de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral y el Conicet, quien tomó notoriedad pública cuando desarrolló una soja resistente a la sequía. La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y el entonces ministro de Ciencia, Lino Barañao (luego mutado a ministro macrista), la mencionaban como ejemplo de la “ciencia productiva” para el país. Hoy también es una de las principales impulsoras del trigo transgénico.

Rosario y Santa Fe fueron dos de las ciudades donde se realizó el Panazo. Carlos Manessi es integrante del Centro de Protección a la Naturaleza (Cepronat) y la multisectorial Paren de Fumigarnos, y se sorprendió por la cantidad de medios presentes en la cobertura: “Estamos acostumbrados a que cuando hacemos cosas nos dan muy poca bolilla”. 

Manessi piensa que la cobertura se debe a que la discusión está atravesando varias instancias en la provincia, corazón del modelo sojero: “Es una continuidad del modelo de transgénesis, porque con el trigo venían intentando hace años, pero nunca habían conseguido técnicamente transformarlo: en Santa Fe lo hicieron. Esto pega mucho más que las otras cosas: con la soja hay una discusión por el glifosato, pero con el trigo la discusión pasa por nuestra comida”. 

Y cuenta una escena de la cobertura rosarina: “La entrevistadora de Canal 3 cerró la nota con una cara de horror y miedo, preguntando: ‘¿Todavía no comemos trigo transgénico, no?’”.

Teniendo en cuenta la agilidad del lobby corporativo que logró que Argentina sea el único país del mundo con ese trigo, y que ya están sembrándolo, la duda de la presentadora es más que razonable. 

Hippies, el ministro y la papa

La Unión de Trabajadoras y Trabajadores de la Tierra (UTT) es otra de las organizaciones que participó del Panazo. Uno de sus referentes nacionales, Lucas Tedesco, remarca que el actual es un gobierno al menos contradictorio: reconocer avances como la creación de una Dirección de Agroecologia en el Ministerio de Agricultura, pero señalan que el modelo agroindustrial se sigue profundizando. “Es muy triste que durante el transcurso de un gobierno que comenzó hablando de soberanía alimentaria y agroecología en lo que respecta al modelo productivo, veamos que ahora se quieran imponer estas cuestiones. Hoy estamos hablando de megagranjas porcinas, de trigo transgénico, modelos que no generan trabajo, que concentran la tierra en pocas manos, que van a provocar enfermedades y contaminar el agua”.

Tedesco subraya que hay discusiones ya saldadas: “El glufosinato de amonio es 15 veces más letal que el glifosato. ¿Hace falta que estemos explicando cada vez que hablamos, que los pueblos están con un índice de cáncer y enfermedades tremendo? Toda la comunidad europea le dijo que no al trigo transgénico: no es que hay hippies y ambientalistas rechazándolos, sino que las consecuencias de ese modelo están claras”.

Surge una pregunta que se hace Tedesco: “¿En qué momento el gobierno va a plantarse a decir que vayamos construyendo una línea pensada en la agroecología? Porque además, está comprobado que el trigo, sin esta metodología agroindustrial, es más rentable. Pero con el lobby de las grandes multinacionales hay interés en imponer en Argentina los agrotóxicos que no están pudiendo vender en el mundo, porque se les empiezan a cerrar puertas. No podemos ser el laboratorio de estas multinacionales hasta el último día”.

A principios de agosto el ministro de Medio Ambiente, Juan Cabandié, planteó un sincericidio en una entrevista televisiva: “Conseguir dólares para el vencimiento de la deuda no podemos hacerlo sin contaminar”. Tedesco: “Que un ministro diga eso nos preocupa mucho. Es poco serio. Para hablar de soberanía decimos que es necesario descalzar la producción del dólar, y la agroecología es una alternativa que el gobierno debería abrazar porque es la única que propone que todo lo que producimos salga de nuestro país.  Entendemos que no podemos de la noche a la mañana dejar de producir soja, pero la reaidad es que ya sería hora de ir empezando a hacer otra cosa”. 

Menemismo reciclado

Hay otro tipo de producción que se viene sembrando hace años y que en el Panazo se expresó a través del trigo agroecológico. “Estamos nacionalizando nuestros almacenes con productos cooperativos y agroecológicos –explica Tedesco–. Este es el ejemplo que hay que fomentar, pero el Estado mira para otro lado. En Cañuelas hay trigo agroecológico y es rentable: no lo decimos nosotros solamente, lo dice también el INTA. Nuestro modelo refuerza las economías regionales. ¿El trigo HB4 de Bioceres y estas empresas es para haya pan más barato en los barrios? No. ¿Es para que haya más harinas? No. Es para la exportación”.

Uno de los principales impulsores es el canciller Felipe Solá, también responsable de la turbia aprobación de la soja transgénica en 1996, cuando era secretario de Agricultura del menemismo. Lo que sobrevino fue el boom del modelo extractivo: “Si hay algo claro sobre lo que creció desde los 90 para acá, es el hambre. Es un modelo que siempre nos viene con este verso, como si no tuviéramos memoria y como si no supiéramos lo que genera la contaminación”. 

La UTT es un gremio de campesinos y agricultores instalado en 18 provincias. “Venimos haciendo un trabajo de muchísimos años para que las familias productoras abandonen el modelo atado a las químicas. De a poco estamos logrando producir nuestras propias semillas. Es un camino largo, pero cuando hacés los números no lo pueden creer: pierden más del 40 por ciento de su rentabilidad en químicos. ¿Cómo puede ser que nos hayan engañado así? Es la muestra del experimento final de las grandes empresas: tratar de que seamos totalmente dependientes de ese modelo”.

Desde el Foro Ecologista de Paraná y la Coordinadora Basta es Basta, saben que la nueva variedad de trigo implicaría sumar un nuevo evento transgénico a la dieta diaria. Daniela Verzeñassi: “Por eso cobra aún más fuerza la idea de declarar la emergencia en la provincia. Entre Ríos es una de las 7 provincias donde ya se está sembrando. No sabemos dónde, ni siquiera si la superficie es más de lo que dicen: ¿cómo aseguramos que la contaminación genética no llegó al pan que ya estamos hoy consumiendo?”. La pregunta sigue flotando, en un país en el que las corporaciones parecen tener piedra libre mientras los funcionarios muchas veces justifican, o se desentienden del tema. 

¿La pandemia no iba a traer un mundo mejor, más volcado al cuidado de las personas y del medio ambiente? Daniela: “En realidad ha habido una avanzada corporativa en este año y medio que estuvimos paralizados en el espacio público. Pero algo es nuevo: el impacto de este modelo de producción lo solemos sentir de cerca en nuestras regiones. Para el resto del país es algo que ocurre en otro lado, un problema ajeno, aunque estemos hablando de comunidades atacadas y enfermas. En cambio con el trigo, quizá no lo tengas sembrado en la puerta de tu casa, pero va a llegar hasta tu mesa. El tema es cómo hacer para que conozcan esto millones de personas que serán afectadas”. 

Y cierra: “No hablamos de la soja que va para el alimento de los cerdos en China: es el trigo con el que hacen tu harina, pan, tu factura, tu pizza. Acá no se juega solamente el futuro de un territorio en algún lugar del país, sino la salud de todos sus habitantes”.

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El chubutazo. Cómo se logró la derogación de la ley pro minera

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