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El arte siempre da batalla

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Lorena Vega, actriz. Brilla en teatro como actriz y directora, con papeles disímiles. Tras 30 años de carrera, pegó el salto con Imprenteros, obra en la que revela parte de la historia familiar y donde actúa junto a sus hermanos y amigos. El teatro como movimiento, la revolución de la expresividad, el arte en los territorios, y las aventuras que se vienen y encienden. Por María del Carmen Varela.

Foto: Lina Etchesuri

Indígena con la cara pintada. Modista que vive en Ushuaia y comparte una amistad desde la infancia. Maestra de pueblo cuya última voluntad es filmar una película porno. Protagonista oculta de un momento histórico que ejerce su habilidad desde las sombras. Hija y hermana que expone sus secretos familiares más íntimos frente a un teatro que, como siempre, la aplaude de pie. Todo eso, y más, es Lorena Vega. 

Con notable versatilidad y destreza actoral, Lorena –actriz, directora, dramaturga y docente– pone el cuerpo a cada personaje y el resultado desata admiración y fascinación en todos los escenarios, del teatro independiente al mainstream.  Morocha de cabellera enrulada, descubrió a los 15 años su pasión por la actuación y transitó decenas de salas teatrales, sets de filmación y estudios de tevé hasta lucirse, hoy, con una creación propia que agota entradas en cada función: Imprenteros

Ver para creer

Lorena se expresa con una soltura y seguridad que se vierten en un tono de voz sereno y ameno. Se maquilla para las fotos de tapa de MU, remarca su ondulado con la planchita y posa de acuerdo a las consignas. Mira a un costado, imagina, tensa los músculos, grita, sacude la cabellera. Quienes la observan afirman: “Es una bomba”. 

Y explota. 

Un recorrido de más de treinta años sostiene su boom artístico. “Me enorgullece la cantidad y el tipo de obras que hice”, cuenta. La combinación de trabajos hace que Lorena atraviese un momento de mayor visibilidad. “Es como si el elogio se hubiese multiplicado porque son obras que empiezan a estar en espacios más grandes, con más público y con composiciones muy diferentes”, analiza. “Ver eso al mismo tiempo de un mismo cuerpo tiene un efecto de expectación en relación a la maniobra artistica que aparece”.  

Asegura  que las demostraciones de cariño del público le dan una pauta: “Recibo saludo, agradecimiento, comentario, de gente que siente que vive una experiencia que no pasa de largo. Cada obra toca una fibra muy profunda”, dice, cosa que podemos confirmar. Lorena tiene la certeza de que estar trabajando con personas del circuito teatral desde hace más de tres décadas es un factor clave en su desarrollo artístico. Cree que nada se construye en soledad: “Me siento parte de un movimiento. Nunca es una construcción individual”, dirá.

La actuación, es cierto, es coral. La luz sobre la anatomía vibrante; la escenografía que transporta a distintos espacios; la coreografía que cuenta a través de los cuerpos. La música detona emociones. “Todo finalmente está tocando la actuación: es con eso con lo que se actúa. Es un trabajo fascinante porque involucra a todas las áreas y cuando se puede dar esa conjunción en el hecho artístico, creés en lo que ves. Sabemos que es una construcción, pero sucede. Ese fenómeno tiene maravilla, es perturbador, es un acontecimiento que genera la ficción. Es como escuchar un buen tema musical: te mueve el cuerpo, te saca de la realidad, te cambia la temperatura, el ánimo. Eso hay que lograr con el material escénico”. 

¿El arte es transformador? “El punto es encontrar un modo de expresión. Lo escénico permite investigar un lenguaje, otro modo de narrar, pero no porque importe el cuento o el tema, sino que importa la expresividad. Ahí hay una revolución: en tratar de contar de otro modo. Hay unos cuantos temas, casi siempre los mismos; los tenemos cercados, observados, pero cómo los nombramos, los abordamos, cómo los pensamos, es lo que hace la diferencia y la posibilidad de un mundo diferente”.

Bienvenidos a casa

Califica a Imprenteros como teatro documental: un ejemplo de lo que produce contar un hecho que hace pie en la realidad, ya que la gracia está en cómo se narra. 

La obra nació dentro del  “Proyecto Familia” del Centro Cultural Ricardo Rojas de la UBA, cuando la actriz, dramaturga y directora Maruja Bustamante –curadora del ciclo– le  insistió para que presentara una obra o una performance. Lorena rebuscó en sus recuerdos de la imprenta familiar Ficcerd, en Lomas del Mirador, que perteneció a su padre ya fallecido, a la que ni ella ni sus dos hermanos pudieron volver luego debido a que sus medio hermanos cambiaron la cerradura para impedirles el acceso. 

Estrenada en 2018, Imprenteros repasa esa historia. Lorena cuenta sobre Alfredo, su padre, taurino fan de las camisas estampadas, hincha de Independiente, a quien sus amigos veían parecido a Claudio García Satur y Enzo Viena, actores famosos en los 70. Lejos de aludir a un padre idealizado, Alfredo es retratado también, o sobre todo, a través de sus defectos. 

Los hermanos de Lorena también participan de la obra: Sergio sobre el escenario y Federico desde una filmación. La proyección de videos familiares incluye la exhibición de un cumpleaños de 15 de Lorena, en el que su mamá protagoniza uno de los momentos más hilarantes de la obra. 

Pallets, mesas, latas con tintas, un locker, aparecen en escena como elementos que recrean la apariencia de una imprenta. Una forma de volver a pisar el lugar en el que jugaron y aprendieron el oficio, en especial Sergio, que siguió la herencia familiar y trabaja desde hace más de dos décadas en una imprenta; Federico, según la obra, siguió el mandato: estudia para contador. Y Lorena, la artista, tal vez haya heredado algo de ese oficio que, nos muestra Imprenteros, es un arte en sí mismo. “Nos puso el centro en otro lugar” reconoce  ella sobre cómo impacta el arte en la vida real. “Antes era la deuda de no poder ir a ese lugar: ahora el centro es la felicidad de poder armar el taller propio de alguna manera, con nuestra propia historia, con nuestras propias voces”. 

La obra pasó por España, Uruguay y sigue cosechando elogios no solo de la crítica especializada sino fundamentalmente del público que difunde un gran boca a boca. Lorena relata que al finalizar una función, un hombre se acercó a Sergio y le dijo: “Yo soy gráfico también, hincha de Independiente, vivo en Lomas del Mirador, y vine porque me dijeron que era una obra donde a la gente le gustan Los Piojos. Es lo primero que veo en teatro y no puedo parar de llorar”. Luego, se abrazaron. 

La función gratuita que hicieron en la Universidad Nacional de San Martín reunió a más de 500 personas, muchas que por primera vez iban a ver teatro. “Es muy multiplicador lo que pasa: nosotros movemos mucho las presentaciones por una decisión politica de que el teatro tiene que ir al territorio. Como nuestro relato es del conurbano bonaerense, también la queríamos hacer ahí, no solo en Capital. Empezamos con mucho esfuerzo y con una gestión absolutamente independiente. Yo fui golpeando las puertas, y así fuimos armando recorrido”.  

Imprenteros es obra teatral, también es libro y pronto será documental: Lorena y el cineasta Gonzalo Zapico –su marido, padre de su hijo Dante– emprendieron juntos la realización. El libro, contratapa escrita por Camila Sosa Villada, fue presentado hace pocas semanas e incluye fotos de César Capasso, amigo de Lorena desde la época de estudiantes, otro de los que participantes de la obra. 

Todo es posible gracias al ingenio del arte. “En el libro relata Lorena– hay algo muy hermoso que Sergio escribió y que tiene que ver con cómo se han modificado las cosas. Cuando estábamos en España, él posteó fotos y escribió: ‘Hermanita, gracias por ayudarme a abrir esas puertas de otra manera diferente a la mía’. Hay distintas formas de tramitar las cosas en relación a los deseos, a las inquietudes, a lo que nos pasa interiormente. Ahí nos encontramos hermanades haciendo otro camino con ese conflicto que teníamos. Hacer la obra nos da mucha alegría, nos cambió el vínculo para mejor, nos une. Federico dice que es tarde pero que ahora se da cuenta de que hubiese estado bueno estudiar actuación, pero también dice que con esa negativa a estar en vivo me ayudó porque aportó algo que es bueno para la obra que es que haya una entrevista en video. Y yo estoy totalmente de acuerdo. Sergio está muy contento, se divierte, le hace bien. Abrimos las puertas de nuestra intimidad: es como invitar a nuestra casa”. 

Encendida

La niña Lorena se maravillaba con las muestras de danza de su amiga pero sus padres no tenían el dinero suficiente como para pagarle las clases. En una secundaria del barrio donde vivía, Flores, funcionaba un centro cultural y había clases de teatro gratuitas. Allí fue y quedó fascinada con las clases de la actriz y directora Marta Silva, su primera maestra. “Ella siempre se dedicó a hacer teatro en espacios barriales. Eso me parece importante destacarlo: mover el territorio, esos espacios donde el acceso es más abierto y tenés la posibilidad de salvarle la vida a alguien, porque yo llegué accidentalmente y eso modificó todo. Al año siguiente me propuso actuar en una obra y yo me sentía muy halagada. Ensayamos, la preparamos, la hicimos en la Asociación Argentina de Actores y a mí me parecía haber llegado a Hollywood”. 

Hubo dos funciones y luego se suspendieron: su decepción fue total y con mucho enojo decidió no hacer más teatro. ¿Fin del sueño? Se anotó en la UBA para estudiar Comunicación y luego se pasó a Artes Combinadas. Hacía radio con amigas, un magazine de televisión y su novio de ese momento le regaló para su cumpleaños un curso de clown en el Centro Cultural San Martín. ¿Para qué, si no voy a actuar nunca más?, preguntó Lorena. Fue, y no paró. 

Estudió con la directora Nora Moseinco durante diez años, después con Guillermo Angelelli. Trabajó en producción de obras, formó las compañías El Consorcio y Grupo Sanguíneo junto a Valeria Lois, Juan Pablo Garaventa y Martín Piroyansky, y con el actor, director y dramaturgo Matías Feldman participó en lo que hoy es la Compañía Buenos Aires Escénica. La obra Salomé de chacra, del director, dramaturgo y docente Mauricio Kartun fue “un punto de inflexión, porque ahí aparece otro tipo de textualidad. Trabajar con Kartun es hacer un master: es la persona más adorable y más sabia del mundo. Lo quiero y lo admiro profundamente”.  

Otro gran desafío fue, y sigue siendo, interpretar a quien fuera la esposa de Juan Manuel de Rosas en Yo, Encarnación Ezcurra, de Cristina Escofet. “Cristina ocupa un lugar importante en relación a la escritura feminista, desde el teatro. Es de la generación de Kartun, con una poética que los podría asociar más allá de que cada uno  escribe diferente, pero comparten una prosa poética profunda, hilando lo histórico y lo actual desde un lugar politico”. 

Luego llegaron las obras del director y dramaturgo Mariano Tenconi Blanco (MU 172): Todo tendría sentido si no existiera la muerte, La vida extraordinaria y Las Cautivas. Tres joyas teatrales en las que Lorena brilla. También se animó a dirigir Precoz, una adaptación teatral de la exitosa y compleja novela de la escritora Ariana Harwicz.

El entrenamiento actoral es fundamental en su formación. Define esos espacios como “una electricidad que se pone en movimiento, son las usinas creadoras”. Para Las Cautivas hizo un entrenamiento en el idioma guaraní, que es la lengua de su madre, para ensimismarse con esa sonoridad. Las mujeres de su familia fueron inspiradoras para interpretar las obras de Tenconi Blanco, que abren distintos y ricos universos femeninos. “La actuación se nutre mucho de los sentidos, de lo que escuchás, de lo que ves, y de la memoria corporal. Muchas experiencias, aunque no sean anecdóticamente iguales, son lugares por los que se ha transitado: pérdidas, desencuentros, momentos efímeros de felicidad, sorpresas, grandes decepciones, sustos. Para mí el abordaje a los trabajos es lúdico, desde la lectura del espacio. Todo eso me nutre, me fascina, me moviliza”.  

La chica de fuego, la guerrera urbana que asegura que “el arte siempre da batalla”, la hacedora incansable, la profe de Periodismo Performático, la que sueña con interpretar a Eva, ahora pronto filmará Norma, una película con Mercedes Morán, dirigida por Santiago  Giralt, y participará en la serie El fin del amor basada en el libro de Tamara Tenenbaum y protagonizada por Lali Espósito. Y continuarán las funciones de La vida extraordinaria, Las Cautivas,  Yo, Encarnación Ezcurra e Imprenteros

¿Qué más?

–Todavía no hice todo lo que quiero hacer. Proyectos y sueños tengo miles. Me gusta el encuentro con las personas con las que me quiero juntar para iniciar aventuras. Para mí eso es lo importante: es lo que me enciende. 

#NiUnaMás

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