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Entrevista a Antonio Lattuca: Agriculturizar

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Esa es la propuesta de uno de los pioneros de la agroecología en el país, inspirador de las huertas urbanas en Rosario desde hace 33 años. El concepto de embellecer, la tenencia de la tierra, lo urbano, la verborragia académica, y una política como bandera: hablar menos y hacer más. Así, además, fundó una escuela agroecológica en la villa La Cuarta.

Texto: Francisco Pandolfi

Fotos: Eduardo Bodiño

Entrevista a Antonio Lattuca: Agriculturizar
Antonio Lattuca. Foto: Eduardo Bodiño

¿Cómo anda, Antonio?

-Bien, con muchas ganas de hacer cosas. 

Antonio Lattuca acaba de cumplir 73 años y también acaba de recuperarse de dos operaciones complejas. Pero lo que no acaba nunca es su fuerza; su energía contagiosa; su ímpetu.

Don Antonio es mucho más que un ingeniero agrónomo. Los títulos, enrollados, enmarcados, colgados de alguna pared, dicen muy poco por sí solos. Lo que habla es la práctica y la suya habla un montón. Nació, creció y sigue viviendo en Rosario. En la adolescencia militó en el peronismo de izquierda, en aquella Unión de Estudiantes del Litoral quebrada por la última dictadura cívico-militar. Aniquilado el sueño de la reforma agraria a pura tortura y exterminio, no dejó de creer. Ni de crear. Y así se convirtió en uno de los pioneros de la agroecología en el país, esa que tiene “base en la agricultura ecológica sin depender de insumos externos, desde la semilla hasta los abonos y el compost”.

Es lo que se dice una eminencia, Don Antonio, y quizá por eso su nombre escasea en los zócalos de los grandes medios de comunicación. En este mundo patas arriba, ya de adolescente puso sus patas en el barrio. En los barrios. En los barrios populares. Fue uno de los fundadores del Centro de Estudios de Producciones Agroecológicas de Rosario (CEPAR) que germinó a fines de los 80 la primera huerta grupal urbana en la villa El Mangrullo. En 1990 le llevaron al Estado la propuesta de sembrar huertas agroecológicas en la ciudad y hoy bien podría integrar los récords Guinnes al mantenerse como política pública durante 33 años. Desde 2002 el programa lleva el nombre de Agricultura Urbana, coordinado por el mismo Lattuca hasta 2019, cuando se “jubiló”. 

Entre comillas, porque sigue y sigue, Antonio, vivito y huerteando.

Del abatimiento a la acción

Lattuca tiene una propuesta productiva y cultural: agriculturizar. Pronto. Ahora mismo. Listos, preparadas, ya. “Agriculturizar nuestras ciudades y al pueblo”, dice.

¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Por qué? “Lo primero es tomar conciencia de que la agricultura es el oficio que nos da todo. No se tiene conciencia de que el oficio del agricultor es el más importante, de antes, de ahora y del futuro. La palabra cultura viene de culto, de cultivar. Pero no se valora el trabajo de la tierra que nos da la comida, o sea los nutrientes; nos da las plantas medicinales para estar bien y sanarnos; nos da la fibra para la ropa; nos da los materiales para construir… Sin embargo, el oficio está considerado el más bajo en la escala social”.

Agrega: “Y además de esto, que es lo inmediato, la agricultura presta servicios como la mitigación del cambio climático. El rol del agricultor no debe ponderarse solo en la producción, sino también en el cultivar un nuevo hábitat con más árboles, con una mejora de la tierra, con el agua penetrando mejor y entonces con una menor temperatura. Se invisibilizan estos beneficios porque esta sociedad valoriza a partir del dinero”.

¿Cómo se camina hacia esa valorización?

-Pasando del estado de abatimiento a la acción y así responder a las necesidades del mundo y de la tierra; tenemos que desarrollar una cultura de la alegría, con ideas concretas. Habría que hacer un inventario de todos los espacios verdes para ponerlos al servicio de los agricultores y de quienes quieran cultivar y que esos lugares sean patrimonio de la ciudad, que no se puedan urbanizar. Hoy se ve como un adelanto la obra, me parece buenísimo hacer escuelas, pero cada vez tenemos menos espacios verdes. Todo se pavimenta. Hay que preservar eso si queremos seguir existiendo. Y parte de la preservación es crear nuevas palabras como agriculturizar. 

Al agriculturizar también se puede crear desde el lenguaje…

-Crear palabras y crear belleza. Tenemos solo la idea de lo útil, lo “útil” entre comillas; la belleza, el amor, no son “útiles”, no se ven, no se miden, pero lo que no se puede medir existe e importa. Y hay que festejar los logros. Cada pequeña cosa que conseguimos, hagamos una fiesta. Plantar árboles, plantas medicinales, eso es acción, y luego, celebrar esa creación, con cultura, con música, con murales. Eso hacemos acá. Yo creo que es un efecto, y que si empezamos con estos cambios, como dice Eduardo Galeano, muchos seres haciendo pequeñas cosas cambian el mundo. Necesitamos generar contagio, una fuerza nueva, aprender de otras experiencias. Estas formas se relacionan a la de nuestros pueblos originarios, que danzaban y festejaban.

Otro mundo es posible

“Don Antonio, la tierra está sola”.

Seis palabras le alcanzaron a Ema, una huertera chilena de la comunidad de Tomé para describir a un país (Argentina); a una economía (la de Argentina, concentrada en un puñado de manos terratenientes); y también a la puerta para transformar hacinamiento, pobreza e indigencia, en algo más vivible. Ema pronunció esas seis palabras tras haber atravesado la región pampeana para llegar a un intercambio que se hizo en Rosario en 1996, entre agricultores de ambos lados de la cordillera. 

Un cuarto de siglo después, la tierra está cada vez más sola. Reflexiona Lattuca: “La mayoría de las personas en el mundo vivimos en las ciudades. Argentina y Uruguay son de los países más urbanos, con el 96% de su población radicada ahí. Latinoamérica es el continente más urbano, con el 92%. Una de las claves es mostrar todo lo que podemos hacer desde las ciudades para promocionar la agricultura urbana y ayudar a los agricultores. Con esto no digo que el cambio será solo en las ciudades, pero si no cambiamos desde acá no habrá cambios estructurales porque en la ruralidad vive poca gente. Nosotros no inventamos nada, nos inspiramos en otros modelos, pero sí concretamos cosas. Me gustaría que se replique en muchas más ciudades”.

¿Qué experiencias de otros lugares servirían para generar movimiento desde la urbe?

En Francia hay un grupo que se llama Terre de Liens, que quiere decir Tierra de Lazos. Son personas organizadas en un consorcio que compra tierras para que no se urbanicen y se las ceden a campesinos, quienes a medida que avanzan con el proyecto le devuelven ese pago inicial con productos, y luego cuando están más asentados, también pueden pagarles un alquiler. En Brasil, desde hace once años, un grupo de consumidores pasa de ser consumidores a co-agricultores, palabra que me encantó. Un grupo se forma, se compromete, se responsabiliza y se encarga de la comercialización, la compra y la distribución de lo que producen los agricultores. Es como si se asociaran. Así, estos nuevos agricultores tienen la ventaja de recibir alimentos sanos, sin agroquímicos, mientras permiten que el agricultor se concentre en el cultivo. Estas experiencias me parecen buenísimas y debemos hacerlas acá.

¿Qué se necesita para eso?

-Que los agricultores cuenten con la tenencia segura de la tierra. Es muy difícil que alguien que no sea propietario o no tenga la tenencia pueda proyectar a futuro. En Rosario implementamos desde la Agricultura Urbana la creación de Parques Huertas, donde los huerteros no son propietarios pero sí tienen la tenencia. Se debe hacer un relevamiento de toda la tierra del Estado: hay mucha y no se utiliza.

El gobierno nacional acaba de abrir el Registro Único de Solicitantes de Lotes. ¿Qué opinás de esta política?

-Me parece fabulosa. Es fundamental que la tierra en desuso sea utilizada para esta agricultura y no se pierda, porque si no mañana se va urbanizar. Es legítimo porque hay gente que no tiene para vivir, pero no deben perderse lugares donde hacer agricultura. Hay que interpelar a los decisores políticos, a los académicos, que generalmente están domesticados por la forma de vida actual y mostrarles la ventaja que tiene este otro tipo de desarrollo. Y si hay que hacer viviendas, que las hagan pero que haya un espacio para una huerta. Y que sea obligatorio que todas las escuelas tengan una. Las que poseen suelo, buenísimo; las que no, se puede hacer en cajones. Crear una huerta va mucho más allá del trabajo con la tierra, se puede aprender de la cultura en general, de lo culinario, de historia, de matemáticas, del hacer en la práctica. Hoy los chicos necesitan moverse. Están mucho con la computadora, que tiene sus ventajas, pero también inmoviliza. Necesitan ver la vida, de dónde sale lo que consumen. 

Hacer más y hablar menos

La sonrisa se le ensancha a Antonio Lattuca cuando habla de ecología y cuando ve a sus cuatro nietos y dos nietas crecer. Con toda naturalidad, en cada respuesta propone una idea que podría ser llevada a política pública. Toma un mate, y sintetiza: “Propongo que la agricultura tendría que ser una política transversal porque toca todo: lo social, lo económico, lo ambiental, con lo bello. Cada municipio debería plasmar una política integral, no como departamentos estancos. El registro lanzado por el gobierno es un avance que dependerá de lo que haga el Estado. Y de lo que hagamos cada uno de nosotros y las organizaciones para que funcione en la práctica. Hay que darle vida a la propuesta”.

Problematiza: “Hay mucha verborragia académica, se habla mucho de agroecología pero… Estamos en una etapa de la humanidad en la que sabemos mucho. Es la primera vez que con los conocimientos y los recursos que tenemos podríamos vivir todos bien, pero estamos en una crisis de la voluntad. De lo que se conoce se hace muy poquito, es más cómodo hablar que concretar.

¿Cómo se sale de esa crisis?

-No tengo la receta, pero lo primero es tomar conciencia. Es una crisis de la voluntad y también de la comodidad, porque cada vez el ser humano es más cómodo. Cada vez hay un sector, no la mayoría, que tiene más acceso a más comodidad y entonces hay menos voluntad. Un ejemplo es la comida: nos quejamos de la comida chatarra, ultraprocesada, pero la compramos porque no se cocina. Eso por un lado es falta de conocimiento, que lo seguimos perdiendo; por otro lado, es falta de voluntad y comodidad. Cada vez más cosas las depositamos en otros, que son quienes tienen el poder; dependemos de ellos. Y eso es un peligro”. 

Lattuca integra el Centro Agroecológico Biodinámico en donde se seleccionan las semillas y se reproduce la raíz; también está en otro proyecto de cultivo de plantines para ofrecer una alternativa a productores que compran en el mercado; también acompaña a un grupo de quinteros bolivianos “para que se conviertan totalmente en agroecológicos”.

Cuando MU lo entrevistó por primera vez, en agosto de 2021, Antonio tenía un deseo: “Uno de mis sueños es hacer una escuela para jóvenes, donde hagan práctica y se capaciten”. Lo concretó. Desde abril de este año funciona un curso de oficio de jardineras y huerteros ecológico biodinámico en plena villa La Cuarta, popularmente conocida como República de la Sexta. “Ya estoy madurito y una de las cosas que quiero dejar es un legado, que no es mío individual, sino de mucha gente que trabajamos en esto. En algún momento me tocará a mí, pero todavía puedo hacer cosas y quiero compartirlas”.

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Aumentazos, corporaciones y orcos: las manos visibles del mercado

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Diversas empresas enviaron este martes listas de precios de artículos de primera necesidad a los supermercados, con aumentos de entre el 35 y 50%. El tema confirma lo anticipado por la revista MU en la nota “Las infladoras”, que reproducimos aquí. 

Aumentazos, corporaciones y orcos: las manos visibles del mercado

Unilever, P&G, Arcor, Molinos, entre otras, que concentran gran parte del mercado (y no son “manos invisibles”) confirmaron este martes una tendencia histórica: la de priorizar sus ganancias a costa del público consumidor con listas de incrementos de los precios de hasta un 50%. El gobierno saliente logró detener ese aumento por ahora, escalonando los aumentos hacia adelante. Si no organizan otras corridas, o golpes de desabastecimiento, a principios de diciembre estas corporaciones habrán conseguido un aumento del 20% como mínimo en un par de semanas, esperando la asunción de un candidato que promete “liberarlo” todo, entendiendo “liberación” como la posibilidad de que empresas concentradas manejen a su antojo a la sociedad. En el primer día hábil pos triunfo electoral de Javier Milei, además, se conocieron las provocaciones del ex presidente Mauricio Macri quien en diálogo con el ex periodista Joaquín Morales Solá hizo un doble juego: 

  • Llamó “orcos” a quienes se opongan a las medidas que tome Milei, recordando las masivas manifestaciones y enfrentamientos contra la reforma previsional durante su gobierno. Los orcos son los oscuros y siniestros personajes de El Señor de los Anillos. “Los orcos van a tener que medir muy bien cuando quieran salir a la calle a hacer desmanes”.
  • A eso agregó la incitación a “los jóvenes” partidarios del nuevo gobierno, a salir a la calle a enfrentarlos. Frente a las teorías sobre la represión, Macri promueve algo peor, al incitar al enfrentamiento entre sectores sociales

En un país que tras las elecciones mostró serenidad, la de Macri fue una incitación y a la vez apología de la violencia, con el agregado de que plantea una nueva y violenta grieta social en la que los otros (los orcos y los jóvenes) son el objeto de manipulación, en la que él nunca se verá comprometido. Es también un indicio de la intención macrista de manipular al gobierno de Milei. No se sabe aún en qué medida el nuevo presidente responderá, o no, ante este tipo de situaciones.

Y resulta también, por parte de Macri, un indicio de resentimiento hacia la sociedad ante sus propios fracasos (el de su gobierno, el no haberse presentado este año para zafar de una derrota, resentimiento que además volcó contra una de las figuras que lo cuestionó históricamente: Diego Maradona). Fue expresión de su afán de figuración y control, y de daño. Es apenas algo de lo que pasó en el primer día hábil tras las elecciones. Mientras tanto “Las infladoras” explica mucho de lo que está pasando en lo económico, y refleja el rol que puede tener la organización de la sociedad, y su posible influencia ante los atropellos de las manos no tan invisibles del mercado.

Las infladoras

Inflación y empresas monopólicas. La economía en llamas, más acá del dólar: cómo impacta el tironeo en la inflación, particularmente de alimentos, un mercado gobernado por monopolios nacionales y extranjeros. El rol del Estado, y la conflictividad social como una parte clave de esa disputa. ¿Quién gana? ¿La derecha? Datos y miradas para dar vuelta la pirámide y hablar sobre las que ganan cuando perdemos.

Texto: Franco Ciancaglini

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La conexión vital. HIJAS: encuentro entre Teresa Laborde y Malena D’Alessio

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Primera presentación de un ciclo histórico: HIJAS es un encuentro público coproducido por la Cooperativa lavaca y revista MU junto a Teresa Laborde, hija de Adriana Calvo, una de las sobrevivientes cuyo testimonio fue clave en el Juicio a las Juntas Militares. La primera invitada fue Malena D’Alessio (foto), rapera e hija de un desaparecido. Ambas reflexionan sobre la política, el poder y el arte, en tiempos de negacionismo, trolls, machismo y fascismo. Cómo conectar con la vida, ahora y siempre.

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Ojos que ven: Ulises de la Orden y un nuevo documental

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A partir de 530 horas de grabación del Juicio a las Juntas Militares, El juicio refleja la realidad de lo que Argentina, 1985 mostró como ficción. Los delitos sexuales, los robos, los cruces durante las audiencias. ¿De qué nos habla hoy mientras da sus primeros pasos hacia el Oscar? La mirada de Ulises combina en distintos films temas como derechos humanos, ambiente, justicia, autoritarismo, modelos económicos. En tiempos oscuros, las luces que revela el cine.

Texto: Sergio Ciancaglini

Fotos: Lina Etchesuri

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