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Frankenstein, el monstruo que te parió: de Mary Shelley a Milei

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Hija de una feminista (que murió al parirla), Mary Shelley soportó el rechazo de su padre y la muerte de tres hijos, entre otras violencias. Escribió Frankenstein a los 19, estando embarazada. Y describió como nadie las relaciones –sociales y políticas, no solo biográficas– entre creadores y criaturas. Ante un nuevo film que actualiza su novela en carrera para el Oscar, una lectura en clave argenta y que llega hasta Zohran Mamdani, para no creer que todo está perdido. Por Claudia Acuña.

Frankenstein, el monstruo que te parió: de Mary Shelley a Milei

Padres. La culpa de todo la tuvo el abuelo del monstruo. No es esta, sin embargo, la historia que cuenta Guillermo del Toro en su película Frankenstein, ya que le director mexicano se interesó en las consecuencias que derraman las heridas de los hombres humillados por el exceso de rigor paterno, quizá sensibilizado por las biografías de quienes actualmente nos gobiernan con crueldad. “Los verdaderos doctores Frankenstein son los políticos tiranos”, sintetizó en una entrevista publicada por la revista Wired en ocasión de presentar su film en su México natal.

Desde este punto de vista, Mauricio Macri reúne las condiciones para interpretar al doctor y Javier Milei a su espantosa criatura, nacida en esa tormenta eléctrica que precedió al ballotage, en aquella noche de 2023 en la que le ofreció los recursos para acceder a la presidencia a un candidato que quería huir. Por estos días, luego de que el monstruo ha nacido y cobra vida y ya piensa y actúa por sí mismo, su horrorizado creador quizá maldiga el momento en el que se le ocurrió la idea de suplantar a Dios, tal cual dicta la novela.

Hijas. Dieciséis años tenía Mary Shelley cuando huyó de su casa, embarazada. Su madre era filósofa y autora de un libro fundacional del movimiento feminista: La vindicación de los derechos de la mujer, publicado en ¡1792! Murió en el parto de Mary, en la época en que los obstetras no se lavaban las manos al pasar de seccionar cadáveres a atender partos. Esa tragedia marcó la relación con su padre, William Goldwin. Político y escritor, precursor de la justicia social y la democracia sensible hacia los más débiles, detractor público y a los gritos del matrimonio y los rígidos mandatos moralistas de su época, tuvo una fuerte influencia entre la juventud que comenzaba a rebelarse a las opresiones, especialmente entre los intelectuales que fueron nutriendo el llamado movimiento romántico, en esa batalla cultural entre la razón y la pasión que caracterizó a esos tiempos. El problema es que la vida personal de Don Goldwin no tuvo la solidez de sus ideas: mientras con una mano escribía una cosa, con la otra se casaba dos veces en secreto y expulsaba a su hija cuando descubrió que tenía una relación siendo soltera con uno de sus devotos seguidores, el poeta Percy Shelley.

Resumir lo que fue la vida de Mary luego de ser repudiada por su padre progre no es sencillo. Su hijo murió al nacer, prematuro. Para reponerse de la debilidad y la depresión que le produjo ese traumático parto viajó a Ginebra -en mayo de 1816- en busca del sol, pero lo que encontró fue mal tiempo y un grupo de intelectuales ricos y soberbios a los que el poeta Lord Bayron desafió a escribir relatos terroríficos. Así y a los diecinueve años, nuevamente embarazada y aún débil, Mary escribió Frankenstein, inspirada en su trucho y progre padre, el abuelo de monstruo.

No fue esa, sin embargo, la única obra que le dedicó. La más fiel es la siguiente, a la que tituló Mathilda, escrita en 1819 y publicada por primera vez 140 años después –en 1959– cuando finalmente se derribaron todos los prejuicios que impedían leer esta historia en la que la protagonista narra cómo su padre la negó primero, y  aceptó recibirla después, para intentar abusarla cuando ya era una bella adolescente. Hay muchas coincidencias de esta ficción con su biografía, pero en ninguna de sus cartas y escritos personales hace referencias al acoso sexual paterno que relata en esta novela. Hay, en cambio, innumerables referencias a las deudas que contrajo su padre y la condena que eso significó en su propia historia y que la convirtió en responsable de afrontar durante toda su vida el fracaso económico paterno hasta el punto de una coincidencia: el amante de Mary lo asistió con dinero mientras pudo, pero justo al comunicarle que dejaría de solventarlo, Don Goldwin decidió echar a Mary de su casa. ¿Hubiese hecho lo mismo si su novio seguía manteniéndolo? Esa duda es quizá el rayo que había dado vida a Frankenstein.

Mary sobrevivió hasta los 53 años, a la muerte de tres hijos, a varios abortos espontáneos, al trágico naufragio que terminó con el amor de su vida –del cual heredó el apellido y cuyo corazón, aseguraban sus amigos, conservó siempre en el escritorio donde escribía– y a un sinfín de sobresaltos por su vida nómade que la llevó por diferentes ciudades de Italia y Francia, hasta que murió su padre, se extinguió el fuego de sus deudas y pudo terminar sus días en su Londres natal, junto a su único hijo vivo, Percy.

En la novela que la eternizó esta joven rebelde, que sufrió en su propio cuerpo las violencias que la época infrigía a las mujeres en nombre de la ciencia, nos cuenta la historia de un parto: el nacimiento de ese monstruo que no nace de los egos heridos por el látigo paterno, sino de la violencia que impone el dinero, que es también la del poder. Las sufren las mujeres, por supuesto, primero y principalmente, y la padecen todos… Absolutamente todos–nos advertirá Mary en su libro– salvo aquellos que no tengan miedo. Es la frase que le hace decir al monstruo, por cruel, pero que la escribe ella, por valiente. 

Hijos. Es joven –33 años–, es musulmán, es rapero, es vecino del mismo barrio que Donald Trump y ahora será el alcalde Nueva York. Llegó a la política partidaria tras participar de una huelga de hambre durante quince días junto a cientos de taxistas que protestaban por las deudas que arrastraban después de haber sido sometidos a prácticas crediticias abusivas para pagar sus licencias. Fue uno de los arrestados durante esas protestas, que culminaron cuando la ciudad accedió a un programa que perdonó millones de dólares en deuda. Ahora también será el primer migrante en ocupar la jefatura de gobierno de esa ciudad, en un país que está sufriendo la criminalización brutal de la inmigración, y una cosa es resultado de la otra. Mis amigas latinas de Queens, el barrio donde vive Zohran Mamdani –el flamante electo alcalde– lo resumen así. “En las reuniones escuchábamos uno tras otro los relatos que daban cuenta de las detenciones, las violencias y las humillaciones, todas brutales”. 

El monstruo en acción

Fue entonces cuando alguien se atrevió a cambiar de película:  “Una compañera en lugar de contar una historia tremenda, que por cierto la estaba padeciendo, nos dijo ‘basta de perder derechos, ganemos poder’”. Luego dieron el siguiente paso: en lugar de buscar –rogar, por cierto– un puesto en la lista del Partido Demócrata, decidieron conformar su propia boleta electoral. El tercero fue elegir quién se pondría al frente de esta batalla.  “Era más fácil que gane un joven musulmán que una mujer. Fuimos utópicas, pero realistas: elegimos un hijo”. 

La madre de Zohran es Mira Nair, una prestigiosa cineasta india que ganó el León de Oro del Festival de Venecia en 2001 por su película La boda del Monzón, en 2001 y el premio del público por Salam Bombay, en Cannes, filme por el que fue también nominada en la categoría Mejor Película Extranjera. El padre, Mahmood Mamdani, nació en la India y creció en Uganda hablando gujarati, urdu y swahili. En la escuela primaria aprendió inglés. A los 20 años fue uno de los 23 estudiantes africanos que accedieron a una beca para estudiar en los Estados Unidos, donde se graduó. Es antropólogo, especialista en post colonialismo y profesor de Ciencias Políticas y Estudios Africanos en la Universidad de Columbia. Pero electoralmente Zohran es hijo de Bernie Sanders, el veterano senador y emblema de la izquierda estadounidense, a quien reconoce como la persona que más influyó sobre su forma de hacer política. 

Luego del triunfo –la victoria fue por más del 10% de los votos– Sanders analizó así las claves de la campaña de Zohran, que en gran parte dirigió:

“En primer lugar, llevó a cabo una sólida campaña de base en torno a la agenda progresista. Ambas cosas van de la mano. No se puede llevar a cabo una campaña de base si no se entusiasma a la gente. Y no se puede entusiasmar a la gente si no se tiene algo que decir. Y él tenía mucho que decir, con temas que tenían sentido para las personas. Y hablándoles cara a cara, recorriendo cada barrio, tocando cada puerta. Así es como se ganan las elecciones. En segundo lugar, porque el Partido Demócrata no estuvo ni está dispuesto a aprender esta lección: prefiere hundirse en el Titanic antes de avanzar hacia un nuevo rumbo. El pueblo estadounidense –demócratas, independientes, republicanos– entiende que algo anda mal porque tenemos una desigualdad tan grande de ingresos y riqueza y una enorme concentración de la propiedad. Estamos en el país más rico, pero el sesenta por ciento de la población vive al día. Los ancianos no pueden costear sus medicamentos. Hay niños que pasan hambre. El sistema está roto y la gente quiere un cambio. De lo que Mamdani les habló es del tipo de cambio que tenemos que producir: uno que beneficie a la clase trabajadora de este país y que esté dispuesto a enfrentarse a la clase multimillonaria que nunca, jamás, ha vivido tan bien. Los políticos progresistas tienen que entender que si siguen actuando con miedo para enfrentar a sus enemigos –las corporaciones, la oligarquía, las industrias de la guerra y la violencia– obtendrán los mismos resultados: perderán”. 

Es exactamente aquello que expresa Zohran cuando le preguntan cómo hará para concretar las promesas de campaña: “No le tengo miedo a mis ideas”.

Es también lo que explicó el director Guillermo del Toro cuando le preguntaron cómo logró realizar semejante producción sin recurrir a la inteligencia artificial, recurso que la industria cinematógrafica abusa para abaratar costos: “Los latinoamericanos hacemos las cosas con las manos y con los huevos”. 

Relean estos párrafos. Cambien Latinoamérica por Argentina. Cambien huevos por la parte anatómica que prefieran. Cambien Partido Demócrata por el sello argento progre que más les guste. Relean la novela de Mary, las experiencias de mis amigas latinas o las conclusiones de Bernie Sanders.

El desafío es hablar en voz alta, sin temor y con entusiasmo sobre cómo se termina con lo mostruoso: de los pozos se sale por arriba. Así, quizá, comience otra historia, que –con la vara tan baja como la que mide la actualidad– tiene mucho a favor para ser mejor. 

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La quinta pata al sapo: los hallazgos científicos sobre el modelo agrotóxico

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Podría ser una serie sobre ciencia y distopías, pero no. El biólogo Rafael Lajmanovich fue citado por el científico Andrés Carrasco, ex presidente del CONICET, en sus famosos estudios sobre los efectos del glifosato. Actualmente continúa esa línea de investigación, que analiza el impacto de plaguicidas en anfibios, peces y ríos, para que se entienda qué pasa con las personas y comunidades. Sus descubrimientos, tan escalofriantes como necesarios, brindan pruebas de una realidad invisibilizada, y abren más preguntas sobre el modelo tóxico: ¿hasta cuándo? Sapos con cinco patas, lo que cuentan los arroyos, la relación anfibios-humanos y cómo revertir el desastre. Por Francisco Pandolfi. Fotos de Pablo Piovano/Lawen.

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Jony de la Silla y el movimiento disca: sobre ruedas

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En días en que el gobierno fracasó en su intento de eliminar la Ley de Discapacidad, esta es una de las tantísimas historias de ese enorme movimiento «disca» que se movilizó en estos años para reclamar derechos, inclusión y respeto. Jonathan Jeferly Algalarronda Rondan tuvo un trastorno genético, golpes y operaciones. Usa silla de ruedas desde los 18 años. Migrante, okupa, marrón, disca, trapito: “las tengo casi todas”. Se define «disca», conventillero, artista popular, y nada lo frenó: ni el incendio de su casa, la desocupación y la discriminación. Conoció al Chavo y a Lady Di, y tras la muerte de Darío y Maxi se abrió a otras formas de entender la vida. Habla sobre la sociedad que discapacita, la vida amable, los garrones, las pequeñas batallas, las series. Del capitalismo depresivo al humor y cómo hacer que te vaya mejor en la vida. Y si le preguntan cómo anda dirá, aunque con doble sentido, dos palabras: mejor, imposible.  Por Sergio Ciancaglini. Fotos Lina Etchesuri.

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Rafael Lajmanovich: la quinta pata al sapo

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Fue citado por Andrés Carrasco, ex presidente del CONICET, en sus famosos estudios sobre los efectos del glifosato en humanos; continúa esa línea de investigación, que analiza el impacto de plaguicidas en anfibios, peces y ríos. Sus descubrimientos, tan escalofriantes como necesarios, permiten demostrar con pruebas una realidad invisibilizada, y abren más preguntas sobre el modelo tóxico: ¿hasta cuándo? Sapos con cinco patas, lo que cuentan los arroyos, la relación anfibios-humanos, y cómo revertir el desastre. Por Francisco Pandolfi. Fotos de Pablo Piovano/Lawen.

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