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La normalizanón

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Zanón fue expropiada. Alejado el fantasma del desalojo, la fábrica de cerámicas espera acceder ahora a créditos para renovar tecnología. Todavía la luz es más cara sin patrón y no hay subsidios a la vista. Pero algo cambió radicalmente: se renovó la conducción del sindicato y los dirigentes salientes volvieron a trabajar. Otro milagro de Zanón.

Pregunta al público presente. A usted le dicen que el triunfante secretario general de un gremio va a volver a la fábrica, abandonando su cargo, convirtiéndose en uno más de los obreros, turno de 6 a 14. ¿Apostaría a favor o en contra de que eso suceda? ¿Se jugaría un asado por ejemplo? ¿O simplemente quedaría atrapado en un ataque de risa?
En Zanon, Alejandro Cabezón López, secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados Ceramistas de Neuquén ya hizo ganar cuatro asados a los que apostaron que lo que decía era cierto.
Y cuando uno se acerca a la línea de esmalte de ese gigantesco planeta zanoniano, se ve el perfil de Raúl La Bruja Godoy, gorrita con la visera hacia atrás, concentrado, manguereando una máquina, acomodando un tonel de esmalte que pesa como un hipopótamo, hasta que hace un gesto a sus compañeros que están a unos 40 metros para que la gigantesca línea de producción arranque otra vez. Godoy –que fue primero secretario general y hasta hace poco secretario adjunto del gremio– es otro de los referentes inevitables de la historia de esta fábrica donde los obreros entraron en conflicto con el viejo empresario filo-menemista, pro-radical e hiper-sobischista Luis Zanon, un extremista de la coherencia: siempre con el poder. A fines de los 90 la situación en la fábrica provocó que los obreros se empezaran a organizar y ganaran el sindicato expulsando del mismo a la vieja burocracia de los hermanos Montes, familia encantadora que al ya clásico estilo sindical “gordo”, ofrecía a la patronal las listas de los que podían ser despedidos. Godoy y López se convirtieron en dirigentes del soecn.
El siguiente paso fue el más asombroso. En 2000, la fábrica fue tomada por los obreros en defensa de sus puestos de trabajo, desplegando un sistema de comunicación con la comunidad de Neuquén que les hizo ganar el apoyo social para su reclamo. Aguantaron intentos de desalojo, propusieron la estatización bajo control obrero de la fábrica, la pusieron a producir, duplicaron los puestos iniciales de trabajo, crearon una cooperativa llamada fasinpat (Fábrica Sin Patrón) y hace dos meses lograron lo impensable: la empresa fue expropiada, definitivamente. El clásico lema “Zanon es de los trabajadores y al que no le gusta, se jode” se plasmó en ley provincial producto de años de calle, marcha, producción, voluntad y razón.
Casi al mismo tiempo la Lista Marrón ganó electoralmente un nuevo período en el sindicato, sin oposición. Mientras todos daban las hurras, López, Godoy y otros como Carlos Acuña (ex secretario de Prensa) obligaban a prender el carbón a los que apostaban en contra de esa temible actitud de volver al trabajo. ¿Será contagioso? Hay honda preocupación entre los gordos de la cgt, que ni siquiera fueron invitados a los asados.
¿Cuánto mide el pelo?  
Amar Villa Villablanca es el nuevo secretario general del soecn: su larga cabellera mide exactamente la historia del conflicto: “Mi familia es de trabajadores rurales, el pelo largo nunca fue un tema. Cuando entré a Zanon, en 1995, me mandaron a cortármelo. Después empezaron los conflictos y claro, no me lo corté más”.
Andrés Chaplin Blanco es el secretario adjunto: “Tenía el pelo más corto y medio enrulado, y soy chueco. Esto de los apodos terminó armando casi un zoológico. Están Tucán, Perro, Gato, Loro, Cotorra, Urraca, Oso”. Por la ventana pasa saludando Cepillo Riquelme, con su pelo ídem.
Villablanca tiene 36 años, está en la fábrica desde 1995, trabajaba en los molinos de atomizadores del sector porcelanato y siempre fue reacio a la cuestión sindical: “Veía grandes traiciones de todos los sindicalistas. Pero el clic aquí fue en 2000, cuando murió el compañero Daniel Ferrás”. Paro cardiorrespiratorio. Tenía 22 años, en la enfermería no había ni oxígeno, la ambulancia jamás llegó, la enfermera “se abatató -dice Omar-. Entendimos que le podía pasar a cualquiera”. Salieron a pelear no sólo por salarios y estabilidad, sino por dos palabras que sólo cobraron sentido cuando quedaron del lado obrero del idioma: seguridad e higiene. Con el tiempo, la madre de Daniel se incorporó a la fábrica.
Omar reflexiona sobre su nueva responsabilidad: “Estar en este puesto es muy especial. Cuando empecé hace un par de meses tenía nudos en toda la espalda, de tensión. Tenés que cuidarte en lo que decís, estás representando a cientos de trabajadores, hay que estar informado”. Cree que la situación general es compleja: “No nos extraña la política de ignorar a las fábricas recuperadas. El país se gobierna para las grandes empresas. Le dan subsidios a General Motors pero no a Zanon, Brukman o Renacer. Nosotros queremos empezar la renovación tecnológica de la fábrica, y la expropiación nos va a servir para poder conseguir créditos. Lo ideal sería la estatización bajo control obrero, pero con la expropiación por lo menos se nos va el fantasma del desalojo y podemos encarar la modernización de la fábrica”. Se resolvió un problema aún pendiente para otras fábricas recuperadas: si la expropiación es definitiva, pueden pedir un crédito y para el banco la garantía es el propio edificio. Si la expropiación es transitoria, los bancos no les conceden ni el saludo.
 
 
Trabajadores millonarios
Entre los referentes de Zanon existe cierta hegemonía de ideas, criticada desde otros sectores: Godoy, López y Blanco son hinchas de River. Villablanca es de Ferro, pero sus hijos de 11 y 8 años también son “millonarios”. En términos políticos, Godoy y su reemplazante, Andrés Blanco, militan en el pts (Partido de los Trabajadores Socialistas). Blanco: “Pero la verdad es que somos una minoría. Los que creen que un partido va a llevar de la nariz a gente como Alejandro López, a Carlos Acuña o tantos otros compañeros, es que no los conocen, es gente demasiado inteligente y capaz. Nosotros hacemos el aporte que podemos”. Villablanca: “Yo soy independiente, pero a esos compañeros les reconozco coherencia entre lo que dicen y lo que hacen”. Walter Diagatti, del sector decoración: “Afuera hay una imagen equivocada. La mayoría no somos militantes. Las asambleas son totalmente apartidarias, pero eso mismo es algo político, porque es un ámbito de obreros que están haciendo una gestión con todo un debate sobre lo social”.
 
 
Datos duros
Cuando se tomó la fábrica eran 240, hoy son 460. Trabajan los tres turnos del día. Ganan entre 3.500 y 4.000 pesos mensuales, cifra que varía según la antigüedad y el ritmo de producción: los que hacen 6 días de trabajo por dos de descanso (varían sus francos) son los mejor pagos. Chaplin Blanco: “El de expropiación no es nuestro proyecto, sino del gobierno, porque hay que pagar a los acreedores principales (por ejemplo, la proveedora italiana sacmi y el Banco Mundial) 23 millones de pesos. Esa deuda la asume la provincia, pero termina pagando la comunidad, cuando es de la familia Zanon. No logramos que se anulara, pero vamos a reintegrar ese importe con trabajo para obras públicas, viviendas, escuelas. Entregamos cerámicos al costo nuestro, o sea que no perdemos, y el Estado gana porque lo compra mucho más barato que en el mercado. Nos quisieron hacer firmar una cláusula de paz social, pero la rechazamos. Nosotros seguimos movilizados y luchando como siempre”.
La fábrica paga alrededor de un millón de pesos mensuales entre luz y gas. Chaplin: “Luis Zanon tenía subsidiado el 70% de la energía. Sus facturas de luz eran de 25.000 pesos, las nuestras son de 470.000. Las otras empresas tienen así costos más bajos que los nuestros. Como no nos pudieron ganar, para mi el gobierno apuesta a ahogarnos financieramente”. En plan económico, entonces, imaginan el acceso a créditos, la renovación tecnológica y reclamar igualdad oficial de trato. En plan político, los ceramistas lanzaron un proyecto de corriente sindical clasista, a la vez que buscan entrar a la cta. “Pero con nuestra propia personalidad” dice Chaplin.
 
El chico obrero de la calle
Como La Bruja Godoy está en plena tarea, presenta a sus compañeros de esmaltado. Como siempre, cada historia es una sorpresa. Awkan Contreras tiene 25 años, es decorador de cerámicos: “Yo entré como mapuche, porque apoyamos esta posibilidad obrera y Zanon se abrió a integrarnos. Sólo había hecho changas como albañil, pero lo principal es que soy militante, kona, joven activo: queremos hacer conocer que existe una cultura mapuche, distinta a la argentina, en medio de toda una innovación de la estructura organizativa y filosófica de nuestro pueblo”. ¿Cómo empalma esa cultura con la de un obrero? “Fue duro, por más que no haya patrones. Podía militar como kona todo el día, pero cumplir horarios me exigió adaptarme”. Los mapuche habían echado a Zanon de una cantera en sus territorios, cerca de Cutral Có: “Pero cuando empezó la gestión obrera el pueblo mapuche dijo: ‘Ustedes tienen problemas, nosotros tenemos la cantera’. Fue una propuesta de interculturalidad. Los obreros largaron la línea de cerámicos Mapuche, por marketing para tener más ventas, pero con un contenido: hacer ver que hay una cultura distinta”.
Ariel Zapata tiene 27 años y una vida para una película, que relata en medio del trueno perpetuo que es la fábrica trabajando: “Éramos diez hermanos, me crié sin mi viejo, mucha hambre y pobreza. Cuando tenía 8 años me escapé y me fui solo a Buenos Aires, haciendo dedo. Me llevaban en camiones. Viví en Núñez y en Retiro. Comiendo basura, viendo cosas muy feas, durmiendo en los trenes, tapándome con cartones. Estaba con otro par de pibes. Vi cómo se podía cortar a alguien con un cuchillo para robarle. Los pibes roban para comer. Yo no me metí, estaba muy mal, y volví a mi casa. Gracias a Dios estoy contándolo, me podía pasar cualquier cosa”.
Ariel pudo terminar el primario y el secundario. “A los 14 años descubrí el boxeo. Es violento, pero como deporte es lindo. Lo mejor que me pasó en la vida. Los gobiernos tienen que apoyar el deporte, pero nunca entienden nada. También trabajé, pero no era como acá: repartía agua en bidones, 16 horas por día, te súper explotan, todo en negro, sin horas extras, ni la comida me pagaban”. Ariel tuvo al primero de sus 5 hijos a los 20 años. “No tenía para comprarles pañales, ni para comer. Pero por el box conocí a compañeros que me trajeron y pude empezar a trabajar aquí. Parece otro mundo. Podés hablar, discutir, nadie te obliga. Con patrón sólo podés obedecer”.
Ariel es superpluma, pesa 57,500, entrena siempre y pelea cada 4 ó 5 meses. Está 7° en el ranking argentino, con 15 peleas ganadas, 2 empatadas y una sola perdida, por puntos. “Soy más bien un boxeador técnico. Miro lo que hace el otro y en base a eso trabajo”. ¿Es de ir al bulto? “Cuando me conviene sí, y si no, espero. Hay que ser inteligente” contesta, y la palabra “inteligencia” (la que ha tenido desde que huyó de su casa) tiene en este caso un contenido de vida muy distinto y más profundo. No le gusta lastimar a nadie, pero reconoce: “Le das para que caiga y el otro quiere hacerte lo mismo. Cuando lo tirás te ponés re contento, es como hacer un gol en el fútbol. La diferencia en box es que estás sólo. Si te equivocás, nadie te cubre”. Toda comparación con la vida real es válida, pero en Zanon, Ariel rompió esa soledad: “Estás con tus compañeros y miralo a él (Godoy sigue trabajando), es un dirigente y está embarrándose, sin problema. En otro lado el que se acomoda no se despega más del sillón. Acá te muestran que se puede ser distinto”.
Sobre la alienación, y Tosco
Godoy deja la manguera, se quita los guantes de trabajo y se ríe: “Me pone contento estar en la línea laburando y militando. En realidad, cada vez tengo más tareas, pero me acostumbré rápido a la máquina”. Anda con una especie de chaleco cruzado: “Es una faja por la lumbalgia, estamos viejos…” dice este cuarentón sin quejarse. ¿Este tipo de trabajo no implica en sí mismo alienación? “No voy a hacer apología del trabajo, pero a mí me hace bien. Ojalá pudiéramos trabajar 6 horas y tener más tiempo libre. Hay un grado de alienación porque tu cuerpo tiene que seguir el ritmo de la máquina. Pero en la gestión obrera tenés muchas cosas desalienantes: la asamblea, el compañerismo”.
Otra experiencia al volver a ver las cosas desde el puesto de trabajo: “Algunos compañeros cumplen, y punto. Pero yo les decía: cada metro cuadrado de cerámico lo veo como parte de nuestra lucha. Mientras más podamos hacer hoy, más tiempo vamos a tener para otras cosas. Con Alejandro López, volvimos a la producción, llegamos hechos una tromba y nos decían: ¿qué onda? Antes, con patrón, no era así. Lo que pasa es que ahora esto es nuestro. De gestión obrera. Y uno quiere predicar con el ejemplo”.

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