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Enchufate a la zamba

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Camilo Carabajal. Con el bombo legüero como instrumento de revolución y cambio, llevó lo mejor del folklore al cemento y armó una movida potente y alegre: la Peña Eléctrica.

Se nota que le gusta conversar. Afuera hace mucho frío. Una pizzería de San Telmo se convierte en un refugio oportuno y un espacio que invita a la charla y la cerveza. Somos cuatro en la mesa. Dos preguntamos, uno contesta y otro juega con figuritas que compró en el kiosco, camino a la pizzería. Podría decirse también que hay dos músicos presentes: Camilo es uno, su hijo es otro. Lucero tiene diez años y su padre cuenta que se divierte tocando la batería y el bombo, además hace beat box (sonidos con su boca como instrumento) y nos da una prueba contundente de su habilidad.
Ambos comparten el apellido de una familia tradicional dentro del folklore, que trascendió las fronteras de la provincia de Santiago del Estero. Los Carabajal respiran música y Camilo, hijo de Cuti, sintetiza su impronta: “Nací en un ambiente folklórico, de danza, de alegría, eso está en mí y quiero seguir compartiendo cosas, sonidos, ritmos, por diferentes lugares. Es lo que me hace sentir bien”.
Si bien su género musical natural es el que caracteriza a su familia, por haber escuchado desde niño chacareras y zambas, Camilo toca folklore, pero le imprime su sello personal, moldeado a lo largo de años. Su música suele definirse como folklore electrónico. Con su banda, Tremor, utiliza las herramientas técnicas propias de los tiempos que corren y obtiene sonidos integrando guitarra eléctrica, charango, melódica, sintetizadores y bombo legüero. Un mix potente que urbaniza el folklore.
Pura sangre
Barcelona fue su lugar casual de nacimiento, cuando los Carabajal estaban de gira por Europa. Se crió en Buenos Aires, estudió en el barrio del Abasto, pasaba sus vacaciones en tierras santiagueñas y disfrutaba de pertenecer a una gran familia –por mérito de la abuela que tuvo doce hijos– en la que la música es un condimento permanente y apreciado. Cuando cursaba la escuela primaria, sus compañeros le hablaban de Los Ramones y él, que escuchaba a los Manseros Santiagueños, pensaba que “eran unos chabones de Tucumán”. A los 13 años partió junto a su madre hacia Alemania, vivió en Berlín y le tocó transitar una época histórica: “Tuve una adolescencia increíble. En los 90 cayó el Muro, se unificaban las Alemanias, era una mezcla de cosas, de música, todo fue como una explosión”. Allá disfrutaba de la música electrónica, del heavy metal y se divertía en las largas fiestas tecno. Aunque también escuchaba a Peteco Carabajal gracias a los casetes que le enviaba su padre, que le servían para mantener los lazos familiares y estar al tanto de la realidad folklórica de su país. Hasta que alentado por un ofrecimiento de Cuti para venir a tocar con él, decidió emprender el regreso y dedicarse a la música. Tocó con su padre y con Roberto Carabajal y, más tarde, con su prima Roxana, que tenía una intención más rockera en sus planes como solista.
En 2001 armó una banda con amigos: Semilla. En 2005 se contactó con Leo Martinelli, de Tremor, a quien había visto en una entrevista en la televisión y quedó interesado en la propuesta musical de la banda. Le ofreció tocar el bombo con ellos en alguna oportunidad y ahí permanece, con sus ganas de experimentar: “Me encanta tocar con Tremor, yo estoy ahí con un instrumento a pura sangre y me encanta esa mezcla, tocando y bailando, siendo parte de una banda que está sonando fuerte. Hacemos música instrumental, un campo sonoro donde cualquiera puede desarrollar su pensamiento”. Hasta el momento, van por el tercer disco y ya planean el cuarto.
La movida
Desde hace unos años en Buenos Aires se armó una movida nocturna de peñas folklóricas que incluyen a un público deseoso de bailar chacareras y compartir vino y empanadas. Camilo tuvo mucho que ver con eso. En el año 2002 él y su amigo músico Gustavo Ameri decidieron crear un espacio en el que pudieran tocar y divertirse. Lo bautizaron “Peña Eléctrica”. Al comienzo la armaban en sótanos, y desde hace un tiempo alternan entre el Centro Cultural Konex y Niceto. “Hace años que la venimos remando, generamos un movimiento y ya la gente sabe que hay un folklore naciendo, que es una manera de compartir folklore en la ciudad. No importa si es tradicional o no, lo compartimos desde el sentimiento. Eso está bueno. También que las bandas tengan así la posibilidad de vender sus discos. Pero no es fácil, hay que laburar mucho. Una banda que quiere tocar la tiene que remar, ensayar, y hacer todo eso es muy duro, pero da sus frutos. Hay que laburar bien. Las posibilidades están, hay que ponerle pilas a las cosas cuando se quieren hacer. Se generó un circuito muy abierto, hay muchas bandas con las que venimos compartiendo peñas. Estaría bueno que se habiliten lugares gratis y no tengamos que alquilar, para que todas las bandas puedan tocar. No ganamos un mango pero es un momento de exposición, viene mucha gente, es una movida nueva”. La experiencia de participar en la Peña Eléctrica es altamente recomendable. Pura pasión folklórica.
Bombo heavy
Camilo también participa de Metabombo, una agrupación de bombos legüeros que se fue gestando en una sucesión de encuentros con otros simpatizantes de este instrumento típico de percusión. Fue convocado por Fuerza Bruta para participar de dos escenas durante los festejos del Bicentenario y una de ellas incluyó 50 bombos sonando en la 9 de Julio.
En agosto, Tremor toca en Santiago del Estero y Camilo espera ansioso ese momento para actuar en una tierra que conoce y en la que oficia de local. ¿Del palo del folklore o del rock? En este caso es como preguntar si querés más a tu mamá o a tu papá. De su identidad Camilo dice: “Yo me siento músico. Amo el folklore, para mí el rock y el heavy también son folklore. Hay de todo, una gran mezcla, me gusta ver lo que hoy pasa con el folklore, con el de Salta, con Los Nocheros ahora que Mercedes no está, todo está medio desarmado. Me llaman la atención algunas bandas nuevas. No me representa el festival de folklore de Cosquín. Está bien que suceda, pero estaría bueno que sea de otra manera. Pasan muchas otras cosas y pasa poco alrededor de Cosquín, estaría bueno que sea más divertido todo”. A Camilo lo entusiasma la posibilidad de vivenciar con otros lo que antes compartía con su padre y sus primos en el patio de la casa familiar: “Me gusta estar con gente, reírme fuerte, comer, bailar, tocar, compartir cosas en vivo, soy parte de eso”.

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