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Otra cumbia

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Pimentón. Un cuarteto que creó un ritmo con nombre propio: electrocachengue. Para espantar prejuicios y bailar.


Fue un día cualquiera del año 2009, luego de una serie de experimentos. Poco sabemos de lo que ocurrió en aquella época porque no hay registro, pero pasó lo que siempre pasa cuando se crea algo que busca romper una tradición: nació un monstruo. Ahora, después de cuatro años, tiene cuatro cabezas, un corazón electrónico, espíritu rockero y alma cumbiera, pero solo por ahora: no confíen demasiado en esas vagas referencias o nomenclaturas.
Dicen que aquellos que quisieron domesticar a la bestia fracasaron en el intento. Cada vez que alguien está a punto de tirar el zarpazo para atarla y ponerla a dormir en un frasco con formol, la bestia muta, se reinventa, se escapa. Ella es, al menos por ahora, inasible, y nosotros, anacrónicos.
Lo que quedan, entonces, son preguntas y una sola certeza: la bestia se llama Pimentón. Y tiene cuatro cabezas: Ivana, Patricio, Bret y Juan.
Provocar con el género
Armado de voz, guitarra, sintetizadores y percusión –y luego de años de experimentación en busca de sonidos nuevos–, Pimentón se anima con una serie melodías y ritmos que en el mundo de los mortales ya tiene nombre propio: Electrocachengue.
“Cachengue es una palabra bastardeada, es esa música mala que existe solamente para bailar en casamientos. Nuestra idea es desafiar desde ese lado, reivindicar esa música que está mal”, explica Pato y luego de pensar unos segundos, por si no quedó claro, agrega: “Nos gusta la cumbia como género provocador, eso es algo que el rock tuvo en un momento y lo perdió, porque ahora ya es parte del establishment y las bandas, más que nada, se encargan de copiar fórmulas. El fenómeno de la cumbia es similar al del punk de los setenta, que cuando empezó todos decían que era horrible. Ahora ya no tanto, pero sigue siendo una música resistida. Hace no mucho, por ejemplo, a Pablo Lescano le hicieron una nota en Vorterix, pero no lo dejaron pasar su música. Parece un chiste”.
Pimentón, que es una banda mutante, antes de ser cumbia fue folklore y también rock. “Hacíamos música electrónica con bombo leguero”, dice Pato, y me quedo esperando el remate del chiste, que nunca llega. Me explica: “No teníamos elementos electrónicos, pero sí el concepto de la electrónica. Por ejemplo, la idea del mush up, que consiste en combinar partes de distintos temas. Luego agregamos los sonidos electrónicos porque necesitábamos esas texturas. Pero ya tenemos instrumentos nuevos que seguramente cambiarán nuestro sonido. Hoy somos esto, pero no sabemos hacia dónde vamos”.
Ahora entiendo: Electrocachengue no solo es el nombre del primer CD de Pimentón, sino también una excusa perfecta y un punto de llegada (del cual pronto, seguramente, volverán a despegar), que terminó de tomar forma con la incorporación de instrumentos electrónicos y una mirada en clave política respecto de la cumbia como género.
Auténticos
Hubo un momento crucial en la historia de Pimentón que Pato ahora recuerda con un poco de culpa: fue un día cualquiera de 2009, cuando leyó un artículo de musicología en el diario norteamericano New York Times. Era sobre la cumbia. Pensó en lo ciego que había estado para no ver ese fenómeno que estaba ocurriendo frente a sus ojos. “Me sentí como los blancos de Estados Unidos que renegaban del hip-hop porque era música de negros –confiesa Pato–. Hay muchas bandas que intentan imitar lo que pasa en Inglaterra. Pero un inglés siempre va a ser mejor que un argentino intentando ser inglés. Tenemos que ser más auténticos y agarrar cosas que tengan que ver con nuestro contexto. Argentina de a poco se está reconciliando con la idea de ser latinoamericano. La gente baila cumbia sin miedo”, explica Pato y pienso en esa canción de Pimentón que desde el título ya sugiere: “¿Te gusta o te asusta”? Dice así:
Estás meneando
estás moviendo
esto es cualquiera
¿qué estás haciendo?
vos me dijiste
“la cumbia no me gusta”
y sin embargo
meneando estás a tiempo
¿Te gusta, o te asusta?
Ivana le pone la voz a Pimentón. Entre otras mutaciones, pasó del tango a la cumbia en una sola maniobra. “Nuestra idea es hacer cumbia electrónica, pero tocada en vivo, como una banda de rock. Equivocándonos, no solo poniendo play en una computadora. Pero tampoco somos una banda típica. Es decir: no queremos solamente poner play, pero tampoco queremos repetir fórmulas”, reflexiona Ivana.
Juan, guitarrista, completa: “Somos electrónica tracción a sangre”.
Agrega Pato: “La sensación de presente es muy fuerte. Es una época donde estamos siempre conectados, entonces lo corporal es importante. En nuestros show improvisamos también y eso la gente lo percibe. Sabe que estás haciendo algo único e irrepetible en ese momento, y eso para esta época es muy valioso”.
Etiquetas
Pimentón tiene un problema. Explica Ivana: “Se nos complica organizar una fecha y pensar con qué bandas tocar. Podemos estar en fechas con DJs, o bandas de cumbia, sí. Pero hasta hace no mucho podíamos estar tocando en una peña o un cumpleaños de 50. Mi ambición es que Pimentón pueda tocar con cualquier banda”.
Ahora mismo se preparan para dar una serie de recitales y a fin de año ise de gira a visitar el norte argentino. Mientras tanto, continúa grabando canciones para dejarlas registradas y volver a hacer lo que más les gusta: buscar sonidos nuevos. “La idea es experimentar y al mismo tiempo ser populares, sin caer en algo snob o elitista. Esa es la meta”, resume Pato.
A Pimentón le han colocado muchas etiquetas: acid cumbia, reggeatón lisérgico, dub, rock, electrofolklore… Podríamos seguir hasta el infinito y más allá, pero la lista sería tan útil como la del supermercado. No hay mucho para decir cuando está todo dicho con dos palabras: ¡A bailar!

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