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Presente continuo: Fede Cabral

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Regresó diciendo Sí, un discuo que compuso, cantó, editó y comparte libremente.

fede cabralAtravesó 2001 y más allá como piloto a bordo de Sancamaleón, una banda que sintetizó el espíritu de esa juventud porteña que eligió hacer de la crisis una furia creativa. El año pasado lanzó su primer disco solista tomando las riendas de todas las fases de la producción. Sus nuevas canciones iluminan esos breves momentos épicos de la vida cotidiana.

El camino incluyó escenas como la del 30 de diciembre de 2004, cuando Fede Cabral, por entonces cantante de Sancamaleón, interrumpió el show en Cemento para pedir al público que se comunique con sus seres queridos. En la puerta del boliche se agolpaban familiares que habían escuchado que se incendiaba otro local de Omar Chabán. Cromañón era un poco más allá, pero podría haber sido ahí o en tantas otras partes. Esa noche había demasiado dolor y urgencia para imaginar que algo del rock empezaba a terminarse.

Para la prensa especializada Sancamaleón fue durante diez años una banda “revelación”. Después del 19 y 20 de diciembre parieron Cancionero para niños sin fe, un disco de culto que, entre ritmos latinos y distorsión, lanzaba frases como “no nos jodan porque somos violentos” o “no quiero agrandar mi combo y un día de estos voy a explotar”. En el video de la canción El camino, dos pibitos robaban un supermercado y repartían el botín entre los vecinos de un San Telmo pre turístico. Las imágenes escandalizaron a Daniel Hadad, que trató de instalar una polémica televisiva que no duró más de diez horas, pero alcanzó para que Silvia Süller opine sobre el tema en un talk show.

Después de diez años, tres discos, dos EP y cientos de recitales en todo el país, la banda se separó y dejó que Sancamaleón, esa entidad que era el grupo más allá de sus integrantes, devenga en mito. Fede evoca hoy aquel período como “un amor de juventud, una pasión que se apagó en los cuerpos de quienes sostenían a la banda”.

Barrio, casa, mundo

San Telmo, La Boca, Barracas. Fede era vecino de Goy Karamelo, de Carlos Martín (Bersuit), de Manuel Espinosa y de Charlie Desidney. Todos colegas y parroquianos del Guebara Bar, uno de los bastiones que resistió la centrificación de la zona y nunca cocinó brusquetas de rúcula para atraer extranjeros. Un día se plantearon hacer un “grupo no grupo”: La Peña Pop nació así como un espacio para compartir las canciones, sin que se vuelva un trabajo o una pyme. Una experiencia fugaz donde todos componían, todos cantaban y no había frontman. Además, versionaron canciones de Bob Marley, David Bowie o Andrés Calamaro y convocaron como invitados a otros amigos como Palo Pandolfo y Edu Schmidt. Editaron un disco hermoso, acústico y fresco, como quienes se juntan a tocar la guitarra en una terraza hasta que se hace de noche y pinta prender un fueguito para el asado. Un momento sin más pretensión que ser un momento. Algo que dura hasta que dan ganas de hacer otra cosa. Y a Fede le dieron ganas de mudarse a una casa donde poder hacer un estudio, formar una familia y grabar su primer disco solista. Y todo ocurrió: desde la ventana del estudio (al que denominó “la trinchera”) se ven muchas plantas, espera un hijo con su esposa y su primer disco solista se llama .

En la tapa Fede está sentado en un espacio blanco, vestido de negro, descalzo y tocando el charango con auriculares puestos. Lo rodean instrumentos electrónicos y piedras energéticas. La imagen condensa una búsqueda de enlazar el futuro con lo ancestral, a través de un profundo estado de presencia. Conociendo su historia, el título no puede tratarse de un simple mensaje positivo. La afirmación es tensa, trabajada, como una conclusión que se alcanza después de decir muchas veces no. Como quien se gana el derecho a estar tranquilo y ahora puede cantar “adoro despertar en tus brazos”.

Grabó con paciencia de orfebre y profesionalismo técnico, entre sahumerios y la biografía de Gustavo Cerati a mano. La casa hecha taller, la soberanía del tiempo, el hogar como espacio de temple de la personalidad. Dejó que los sonidos de su vida cotidiana metan manos a la obra y armó loops con cafeteras, lavarropas y pajaritos que anidaron en su patio. También suenan las voces de Hiroki Ebata y Chiaki Oshima, dos amigos japoneses que aportan a la obra un espíritu haiku que condensa el cosmos sin nombrarlo. Incluso algo del desapego material se manifiesta en la canción Ahora no lo sé, cuando canta “todo lo que importa entra en una bolsa, todo lo demás me da igual”.

Oriente aparece de a pinceladas, como una fuga necesaria a las antípodas. Este entramado filosófico-electrónico-hogareño recorre todo el disco a modo de base: adelante están las canciones, tan plausibles a versiones bailables como fogoneras. “Fue un período de experimentación, estar obsesionado y entretenido –dice Fede-. Tomé los sonidos de la casa como disparadores para un juego. No hay manera de grabar sin que sea un momento lúdico”.

Reconoce que durante el período de producción estuvo un tanto ermitaño. Por eso ahora disfruta mucho de salir a tocar y sentir que las canciones soportan “tanto el mejor como el peor de los escenarios posibles. Se adaptan, se reinventan”. Además, lo llevan de viaje por ciudades disímiles: Salta, Londres, Rosario y en breve Bogotá, Medellín, Cali.

Lo que cambió

«A veces pienso que soy solista por practicidad”, reflexiona Fede. Y así lo demuestra con la decisión de estar a cargo de todas las etapas de producción. Además de componer, tocar y grabar, es su propio editor. Hace un par de años creó Tómalo o Déjalo Discos, un sello para lanzar sus obras y las de otros artistas que elige acompañar. También dedica un buen tiempo a difundir su música a través de las redes sociales. “Son soportes ideales para los músicos contemporáneos. Pueden tener la parte tremenda de la sobrecarga y el aislamiento, pero también estamos todos opinando y generando contenidos. ¡Qué ley de medios ni ley de medios! La televisión sigue siendo muy poderosa, pero las redes son una creación colectiva que cambiaron el modo de informarnos”. Desde esta concepción de Internet como extensión del espacio público es que decidió que casi toda su obra esté para libre escucha y descarga. A su vez, aprovecha estos espacios para crear una agenda propia y compartir reflexiones como ésta: “Kurt Cobain, como tantos otros héroes, nos miran envejecer desde el limbo de la juventud suspendida. Prefiero estar de este lado”. Fede afirma así lo que le toca atravesar, mientras inventa condiciones para que este lado sea cada vez más habitable.

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