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Sin vergüenza

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Susy Shock. Arte, política, identidad, construcción de derechos y poemas trans-pirados frente al caretaje y el ocultamiento. Lo que enseñan los colibríes y las abuelas tucumanas: buena vida y poca verguenza, título de su nuevo disco.

susy shock

Más que imágenes del Che o de Juana Azurduy, Susy Shock entendió que lo revolucionario podía tener el rostro de la señorita Dolores. Aquella docente diminuta, colorada, pecosa, con anteojos, metida vaya a saber cómo en una escuela primaria de ese conurbano de los 70, fue para Susy la personificación exacta de la transgresión. “Llamó a nuestros viejos y les dijo que no podía darnos lo que exigía el programa porque nos íbamos a secar. Entonces teníamos el cuaderno oficial, donde se aprendía lo que decía el programa, y teníamos el otro cuaderno. Era muy flashero y súper claro: venía alguien de afuera y cambiábamos uno por otro”. Ese acto subversivo le quedó tatuado por siempre. Sin embargo, lamenta Susy: “Nadie se acuerda qué era lo que escribíamos ahí”.

Sin embargo, Susy Shock, porteña criada en el conurbano, hija de una tucumana portera de una escuela, y de un obrero textil pampeano, entendió: “Esa loba tuvo la osadía de transgredir y sembrar cosas, hemos sido bendecidos y bendecidas por su modo de ser. Y hay algo de todo eso que te empodera. Voy por la calle y capaz que me gritan mariquita. ¿Y? Si ser mariquita no me cuesta el abrazo, todo bien. Creo que también soy lo que soy porque existió la señorita Dolores: hay otro cuaderno para escribir”.

El cuaderno que Susy Shock escribió fue el de su política, su identidad y su vida.

Nunca más lo escondió.

Nunca se secó.

Ser Mirtha Legrand

Susy Shock escribe poemas y canciones bellas, pero además hay poesía en su militancia y rima en su acción. A los dos libros editados -Poemario Trans Pirado y Relatos en Canecalón-, ahora suma el disco Buena vida y poca vergüenza, álbum debut donde mezcla coplas, tangos, milongas y electrónica con una variedad de amigos y amigas como José Santucho, Sole Penelas y Miss Bolivia.

Susy puede combinar lo arrabalero con una voz cálida para cantar coplas como La soledad, una especie de himno alegre para bailar: “La soledad es cosa rara con tanta gente tan sola. Si los solos se juntaran, la soledad queda sola”.

Susy va más allá de la sigla LGTTB (Lesbianas, Gays, Trans, Travestis, Bisexuales): lo suyo es arte. “Planteo una idea de divergencia; podemos ser LGTTB, trans, tortas, lesbianas, pero reproducir el mismo modelo hegemónico que nos violenta. Querer pertenecer a ese mismo mundo. Siento que hubo peleas por derechos y reivindicaciones válidas, pero la realidad es que somos muchos y muchas que no queremos este mundo que también le hace mal al heterosexual: los modos en que se vincula la gente cuando forma familias, cuando cría niños y niñas. Si no lo entendemos, podemos caer en lo mismo”.

¿Por ejemplo? “No dejé de ser el varón que he sido para construir una mujer como Mirtha Legrand o Valeria Massa. Discuto ese rol de mujer, porque además hay muchas mujeres que están hartas de eso, desde el feminismo para acá. Y muchos varones que también están hartos del modelo convencional de hombre. Pero cuando aparecen posibilidades como el proyecto de ley de reparación a travestis, y escucho todo lo que se dice, siento que la mayoría está prehistóricamente en otra. Las leyes que nos han reivindicado, muy necesarias e importantes, también abonaron una actitud: pedimos permiso, queremos sentarnos en la mesa de ustedes, miren qué buenitos y buenitas somos, no somos peligrosos. Pero lo peligroso es que no estamos discutiendo cómo es ese mundo”.

El proyecto de ley que menciona Susy propone un “subsidio” de 8 mil pesos para travestis. Susy: “No es un subsidio, es una reparación del Estado”. La cifra original tampoco era esa, sino la tercera parte: quedó inflada al estar atada a los precios de las multas de tránsito en Capital. Tampoco abarcaría a toda la población trans, sino a las mayores de 40, para que puedan retomar estudios e incorporarse a cooperativas o a empresas. Pero manda la desinformación promovida por ex periodistas, como Jorge Lanata, que ya venía cebado contra las travestis: “Vos no sos mujer y no sos madre”, le había escupido a Florencia de la V.

El cuerpo prostitutivo

En cada charla o cada poema de Susy laten a la vez lo cultural, lo político, lo social, la identidad, la construcción de derechos. Por ejemplo, para Susy hay una distancia ideológica entre la militancia trans y las travestis que no cuestionan la construcción hegemónica de lo femenino. “¿Qué tengo que ver yo con Florencia de la V? Frente a la violencia de Lanata, yo me voy a parar al lado de ella, obviamente. Porque lo que le discute es justamente lo que yo reivindico: que se autoperciba como quiera. Lo tóxico me parece que es el modo de transitar su feminidad pretendiendo ser Susana Giménez”.

Aparece el estereotipo de lo trans como voluptuosidad femenina. Susy: “Pero ése es un cuerpo prostitutivo. -Fijate las chicas travas que hoy no tienen la necesidad de estar en la calle, que están estudiando o trabajando: son otros cuerpos. El voluptuoso es un cuerpo del mercado, que también tiene la mujer biológica que ejerce la prostitución: esa cadera, esos pómulos, esas tetas. Si no, no labura. Es un cuerpo de prostitución, no es un cuerpo travesti. Pero la chica trava que hoy está en la primaria y va a poder ir a la facultad, se va a pensar médica, no prostituta. Eso te muestra, por un lado, que se abren espacios, más allá de todo lo que falta. Por el otro, no es algo que va a cambiar de un día para el otro, porque con estas leyes no hay laburo, y tampoco lo va a haber para las travas. Por eso son necesarias esas reparaciones que se están planteando”.

Paradoja: “La ley de identidad de género está mucho más avanzada que la sociedad. La gente está preparada para que los putos se casen, pero no para tener una taxista trava, una médica trava. Hemos dado pasos, pero los cambios en serio tal vez no los veamos nosotras sino las próximas generaciones”.

Insultos y mariconería

¿Qué ocurre con ese cuerpo ya fuera de la lógica prostitutiva? Cuando salís a la escuela, al hospital, al supermercado, a SADAIC. “Por la calle me gritan: ‘¡travesti!’ Ese es el insulto. Yo les respondo: ‘¡Heterosexual!’. La cuestión no es el insulto, sino el goce de ser lo que uno es. El orgullo. Dale, seguí insultándome nomás. Pero para eso tenés que estar empoderada con tu mariconería. Y cambia según la zona. En Laferrere las chicas no salen de día, directamente. Salen sólo de noche porque el día es violento. Son
relatos distintos. Por lo menos estas discusiones abren empoderamientos, como el hecho de votar”.

En esa ambigüedad, Susy propone la siguiente teoría: “Lo nuevo ya está, y lo viejo se va muriendo. Pero lo viejo resiste y además es dueño de todo, por lo cual puede estar herido de muerte, pero sigue vivo. Lo viejo puede callarse frente a los avances, ser políticamente correcto, pero todavía está renga la cosa. El facho cuando puede, sobre todo virtualmente, larga todo lo que siente. Duele, jode, genera violencia, pero la sensación es que los paradigmas que pusimos a discutir son procesos que no tienen marcha atrás. Veo travitas divinas comprando ropa en Once, o viajando en el
Sarmiento. No es casual: hay algo del “soy ciudadana”, que no hay con qué darle. El tema es: para qué soy ciudadana. Esa es otra discusión”.

Mientras se discute, Susy crea empoderamientos. Ante el enigma sobre cómo definirse -¿travesti, hombre, trans, mujer, sujeto, persona, sujeta, etcétera, etcétero?- postula: “Soy género colibrí”. Se trata de un ave pequeña, veloz, leve, enérgica, colorida, la única que existe que puede volar en todas las direcciones. Otra costumbre: suele decir, por ejemplo, “niñex”, que se escribe niñxs, para referirse a niñas y niños a la vez, en una sola palabra.

Uno de los temas favoritos de Susy es justamente el de las crianzas, con el que ha hecho un micro radial en MU. Crianzas como niñxs en portugués, y como forma de criarlos. “Hay que discutir las paternidades y maternidades. Las personas trans vienen de hogares heterosexuales, de los que son expulsados. Son niños y niñas violentados. Pero nos da miedo decirlo. No hay juicio o discusión sobre esos padres y madres que echaron, y si no echaron violaron a esos niños y niñas adentro de sus casas. Porque esa es la historia de la mayoría de las personas trans: un tío te toca, o un padre, y la madre avala o se calla, es cómplice, y si no querés que te toquen, huís. Somos minoritarias las personas construidas en el privilegio de la amorosidad de ese papá y esa mamá que te abraza aún sin entender, y que no te deja de abrazar, que sienten que hay una responsabilidad con esa vida”.

La contracara: “Toda crianza es un enorme mundo de posibilidades, que empiezan a ser domesticadas durante la escolaridad. Nenas por allá, nenes por acá. Nadie discute que eso también es violento. Convivimos con instituciones que nos sancionan. Entonces no se trata solamente de que yo use peluca, taco alto y me pinte la cara. Nunca necesité el permiso para
hacerlo. Tengo la desfachatez, el coraje y la complicidad de amorosidades propias para hacerlo sin compromiso con nadie. Pero sí quiero discutir que hoy mismo hay un niñito o niñita violentada dentro de estas instituciones, cuando no expulsados de sus hogares. Que una trava tenga 12 años y esté ejerciendo la prostitución, intercambiando su cuerpo con esa heterosexualidad que es la que le paga porque ese día tiene que comer, habla de que hay algo espantoso que está construyendo esa heterosexualidad.

¿Por qué pensás que no se discute?

Porque tendrían que hacerse cargo de algo que es un crimen de lesa humanidad.

Una poesía, una bala

En uno de sus poemas plantea: “Que otros sean lo normal” y reivindica su derecho a ser monstruo: ni varón ni mujer, “pintora de mi andar”, “mariposa ajena a la modernidad”.

Susy Shock no tiene recuerdos violentos de su infancia. “Estaban la protección de mi mamá y mi papá, pero yo no hablaba. Bailaba mucho folklore, pero tenía timidez, y me refugié en los libros”. Aquel chico fue llevado al pediatra porque no tenía amiguitos. “¿Sabé qué dice? Que le aburren los compañeros”, contó el médico. Susy: “Indudablemente había algo de ese modo de ser varoncito que ya me chocaba”.

Susy recuerda a otra docente, Susana, directora del colegio donde trabajaba su mamá. “Era lesbiana, con una cosa empoderada de decir: soy torta. Y había algo de ella que era muy Graciela Borges jovencita que me encantaba. Me alentó a que estudiara teatro. Y algo saqué de ahí para construir lo que soy”.

A los 14 años empezó a hacer teatro y a encontrar su voz. Trabajó en una fábrica de ropa en Ituzaingó, al oeste del conurbano, en un supermercado y de cajera. También dio clases de teatro. “Vengo del teatro independiente, muy politizado, donde creías que ibas a cambiar el mundo con una obra. Parece ingenuo, pero era muy potente, con utopías. Somos hermanos menores del fracaso de esas utopías. Soy de la generación del Nunca Más, después de Malvinas, la música nacional, el regreso del under teatral, pero ese teatro, en un mundo con tanto ego, me enseño que la construcción tiene que ver siempre con lo grupal. Eso es político. O leer a González Tuñón o a Gelman: esos tipos largaban una poesía, y largaban una bala”.

Tiene 46 años, una hija veinteañera, y desde hace 3 vive de lo que hace. Plantea como propuesta de vida la autogestión: “Creo en los grupos, así como en las tribus que nos ayudan a sostenernos, así también es más relajada la vida, hasta económicamente. ¿Qué querés? ¿Tener un yate o vivir del arte? Son dos cosas totalmente distintas. No queremos un yate”.

Trava en villa

Otra experiencia que la marcó fue conocer a vecinas y vecinos del Asentamiento 8 de Mayo, de José León Suárez, junto a los basurales y el CEAMSE. La escucharon cantar en 2001 en un acto en la Federación Argentina de Box, y la invitaron al barrio. “Hacíamos de todo, jugar con los pibes y las pibas, armamos talleres de teatro y danza. Muchos chicos tenían miedo, hablaban de la muerte, porque ese es el clima que los rodea. Hicimos un cortometraje de zombis que fue espectacular”.

Otra imagen: “Una de las referentes de la villa era trava. Allí uno siente que hay algo menos careta. Hay violencia, pero hay una honestidad brutal. El caretaje, el ocultamiento, empiezan de clase media para arriba. Al discapacitado o al puto lo esconden, y ahí también están los varones que pagan para que las travestis sean a lo Marilyn Monroe. Ese sector medio y alto es tan facha, que todo le parece revolucionario. Hasta Francisco los asusta, y creen que Cristina es Cuba: todo mal”.

Con sueños y poemas para cambiar el mundo, Susy no le pone muchas fichas a lo político partidario: “En todos los partidos ahora hay secretarías de diversidad, pero los partidos mismos responden a la lógica hegemónica. Veo putos, tortas y travas en los partidos, pero no tortean ni travisten esos partidos, sino que se meten en su lógica. Pasa también en la izquierda. Me invitan a un acto y dicen ‘puto capital’. Entonces no entendieron nada. Está bien, hay putos y tortas que quieren empoderare ahí, pero las lógicas de los partidos y de este mundo son patriarcales, viarias, machistas. Yo quiero construir otra cosa” dice el género colibrí.

¿Qué es esa otra cosa? “No hay ideologías que puedan administrar estas ciudades del amontonamiento, cada vez somos más, masificados, destruyendo todo. Yo creo en la lógica de las pequeñas tribus. No me parece algo utópico. Creo en mis compañeras porque nos conocemos,
pero no podemos sostener a todo el mundo. En todo caso, todo el mundo debería estar armando sus tribus para sostenerse. Yo no sé quiénes viven en el departamento de enfrente. Si explota el apocalipsis zombi no sé qué va a pasar: ¿nos comemos entre nosotros? Me parece que en el país hay redes con personas amorosas con nombre y apellido, con vínculos. Pero eso es imposible en medio de la despersonalización que implica ser tantos y tantas metidos en un solo lugar, todo enchufados. Hay que salirse de la ciudad, de
esa máquina que te dice que si nos desenchufamos, nos morimos. Prefiero construir otros vínculos y otras lógicas, para poder reconocernos”.

Tal vez un buen plan de acción sean las cuatro palabras que propone Susy en su disco, que eran el saludo de su abuela tucumana: buena vida, poca vergüenza.

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