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La vida en banda

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Perotá Chingó. Con un video cosecharon una comunidad que teje giras por todo el mundo. Autogestión y abrazos.

perota chingo

Ellas sonríen y achinan los ojos mientras cantan una canción amorosa que se sumerge en un atardecer de Cabo Polonio. Ellas acaban de salir del mar, sus pelos están revueltos al natural y sus voces suenan a la paz de ese pueblito de la banda oriental. Dolores Lola Aguirre y Julia Ortiz intuyen, luego de tres años, que el éxito de aquel primer video se debió a la armonía auténtica y bella que se dio entre sus voces, el ambiente, ese particular momento en el tiempo y la fluidez de las redes sociales. Lola me dice: “Creemos que fue un conjunto de cosas. Entre ellas, la simpleza de Ríe Chinito, que muchos toman como canción de cuna aunque es una historia personal mía, sumada a lo hermoso del lugar, generó algo que hoy todavía no sabemos explicar”. Lo inexplicable: 4.766.509 visitas.

Lola y Julia eran amigas desde hace veinte años, quisieron irse de vacaciones, había que pagar la olla y decidieron cantar a la gorra. Un día las escuchó Pocho Álvarez, quien hoy es el productor general de la banda. Él vacacionaba con su cámara, lo conmovieron con sus voces y les pidió si podía filmarlas. Pocho lo subió a Vimeo porque era la página donde figuraban sus proyectos audiovisuales, y alguien, que todavía es anónimo, lo subió a Youtube. Hoy ese especial momento musical en la playa es compartido por millones de personas en todo el mundo que quieren vivenciar, aunque sea a la distancia, esos minutos de serenidad artística y afectiva.

Nace un colectivo

Perota Chingó es un conjunto musical que se deja llevar por el juego que  le propone el destino desde sus comienzos. Lola me cuenta: “La gente que comenzó a ver y compartir ese video, empezó a pedir que vayamos a tocar a los distintos lugares de donde nos escribían. El nacimiento de Perota Chingó es de forma colectiva porque la intención personal era sólo un viaje de vacaciones, pero la gente nos propuso que le diéramos importancia y vida a una banda”. Julia agrega: “Nosotras habíamos seguido nuestro viaje. Yo estaba en el Amazonas cuando me escribe Lola para contarme de todas las invitaciones que recibíamos y me pregunta: ¿Qué hacemos con esto?”. Julia decidió volverse, se juntaron y convocaron a los músicos. Esa sincera pregunta sobre qué hacer fue el puntapié inicial que gestó un cuarteto que hoy ocupa escenarios en países de toda Latinoamérica y Europa.

Armando banda

El guitarrista Diego Cotelo es uruguayo y lo conocieron aquel mismo verano en el que se grabó el video. Él hacía una gira con su banda Paredón, borrón y cuenta nueva, se cruzaron en las playas de Cabo Polonio y luego las hospedó en su casa de Montevideo. Cuando las chicas pensaron en armar la banda, no dudaron en llamarlo. “Mi decisión de vivir en Buenos Aires fue un proceso. El primer viaje que hicimos duró un montón. Entre un viaje y otro se fue volviendo más definitiva mi mudanza”, dice Diego sobre la elección del cambio de residencia que implicó para él ser parte de Perota Chingó.

El percuisonista Martín Dacosta fue uno de los primeros que escribió unas palabras a las chicas, a partir de ahí se encontraron y se hicieron amigos. Martín recuerda: “Siempre tuve una relación con la música muy profunda, pero no me dedicaba a eso. Cuando surgió la idea, aunque no tenía la proyección que tiene hoy,  ya era muchísimo para mí. Tomé la decisión de sumarme porque fue una de esas cosas que uno siente que, si no las hace, se va arrepentir toda la vida”.

Hasta ese primer viaje juntos, nunca se habían encontrado l. Diego era el único que ya se definía como músico, el resto no se dedicaba exclusivamente a eso. Lola era escultora y Julia, viajera. Se tiraron a la pileta de abrazos que les propusieron vía web y empezó el viajecito que hoy es parte de su esencia grupal. 

¿Cómo funciona la autogestión como medio de transporte?

Lola: “Nosotros viajamos porque respondemos a llamados de gente de  distintos lugares. Al conocernos por  Internet se disolvieron todo tipo de fronteras. En todos los lugares donde nos conocían, nunca habíamos ido a tocar y por eso mismo quisimos ir.” Diego agrega: “Hoy logramos viajar gracias a un equilibrio entre lo que nos ofrecen y lo que pedimos. Hay lugares que dan alojamiento y otros solo la fecha. En esos casos usamos Facebook y siempre hay alguien que nos ayuda”. Sigue Julia: “Todo es el público. Ellos hicieron y hacen el movimiento para que esto se de. Por eso no tenemos problema en pedir un lugar si no sabemos dónde dormir. Siempre hay alguien del otro lado.” Así  tejieron la red entre ellos y las personas que los admiraban a la distancia a través del monitor. Se generó una comunicación tan fluída y afectuosa con ese público-comunidad que  les permitió poder encontrarse en vivo y directo en lugares tan diversos como Chile, Brasil, Colombia, México, Dinamarca, Francia, Polonia o Suiza.

¿Se puede vivir de la música?

Lola: “Es difícil, nosotros somos muy afortunados porque tenemos una comunidad gigante que nos sigue y hace lo posible para que el proyecto funcione al cien por ciento de forma colectiva. Al mismo tiempo, nadie se lleva una gran parte, todo es compartido.” Julia: “Se sincronizaron un montón de factores que hacen que podamos vivir de la música. Esto no les sucede a todos y por eso para nosotros es un gran regalo trabajar de algo que nos gusta, pero también una responsabilidad. Por ejemplo, no engancharnos con cosas como la fama”

Familia Chingó

¿Cómo funciona el trabajo colectivo sumado a  la convivencia?  Julia: “Cada uno de nosotros aporta lo que tiene. Si el otro suma lo que a mí me cuesta más, funciona mejor el trabajo grupal, sino sería agotador. También somos un grupo humano y por eso trabajamos un montón la comunicación entre nosotros, la relación y el respeto. Todo el tiempo nos ocupamos de nuestra unión”. Martín: “La convivencia y los viajes son un trabajo muy profundo también, porque te permite  ver todo lo que uno es en el otro. Esa intensidad que se genera al compartir tantas cosas con la misma gente, exige un trabajo humano muy delicado que va a la par del de la música”.

Los cuatro explican que es una estructura que está todo el tiempo en movimiento. No se plantearon los elementos que caracterizan a su show de antemano, sino que fueron sucediendo en vivo. Luego lo que generaba algo entre ellos y el público, quedó como parte del espectáculo. ¿Y lo que no? “Lo dejamos ir”, dice Lola. Un ejemplo de esto es el repertorio. Tienen lo que llaman “canción desafío” que surgió de querer tocar temas nuevos, pero en la vorágine viajera no tienen tiempo de ensayarlos. Así se les ocurrió probarlos directamente en el concierto. Otro ejemplo: comparten manzanas con el público. Surgió un día en el que Pocho puso las manzanas del catering como decoración y, en el momento del show en vivo, se les ocurrió  repartirlas. Otro más: entran y salen cantando entre el público. Pasó por primera vez un día en el que no podían llegar al escenario porque la cantidad de gente lo tapaba y se hicieron el espacio así: cantando. Les gustó y quedó. De esta manera, ellos amasan todo el tiempo y con una  sensibilidad admirable un gran espectáculo donde la interconexión con el público es clave.

Ahora sumaron un nuevo integrante del grupo: Tai, el hermoso hijo de Julia que tiene menos de un año. ¿Cómo se incorpora la crianza al proyecto? Lola: “Tai llegó cuando pensábamos hacer una gira de un año y medio en camioneta desde Argentina hasta Estados Unidos. Él nos puso los pies en la tierra en un momento en el que estábamos muy volados porque las posibilidades eran infinitas. Nos dio la conciencia de hacer las cosas con la calma y responsabilidad que requieren. Nos llevó a otro nivel de profundidad grupal”. Martín: “Tai nos enseñó mucho, en un momento clave. Veníamos con una vorágine de viajes que no nos dejaba ver bien hacia dónde íbamos. La llegada de Tai nos hizo volver a mirarnos y reforzar lo que ya había. Nos  centró y nos hizo respirar.” Julia: “Fue muy intenso, sobre todo, porque viajé muchos meses embarazada, pero Tai nos trajo todo: orden, claridad y mucho más amor”.

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