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Cambio y fuera

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Pedro Saborido y Diego Capusotto. El peronismo, el kirchnerismo, el macrismo y los vietnamitas desfilan por esta charla donde se reparten críticas, se arriesgan definiciones y se apuesta. ¿A qué?

saborido capusotto

Pedro Saborido llega a MU con su gorra y sus anteojos redondos, cual homenaje a una deidad llamada John Lennon. Parece consternado. “Hace un rato pasé por La Giralda, había tipos de barba tomando café, como hace 30 años. ¿Hacen casting de troskistas ahí?”

Al minuto, con puntualidad televisiva, llega su socio Diego Capusotto con el peinado más inconfundible de la región, y se suma a la ronda de mate con una frase:

-Bueeeno, ahora que nos vamos de la TV Pública: ¡volvemos a ser independientes!

-La democracia es así y hay que aceptarla: cada  neurosis es un voto- replica Saborido. 

Ambos cargan una genética que mezcla arte, trabajo, creatividad, inteligencia, corazón y genio, todo revuelto para inventar uno de los mejores programas de la televisión argentina de todos los tiempos, Peter Capusotto y sus videos, que cumplió 10 temporadas, 90 capítulos y el estallido de unos 80 personajes que seguirán vivos en YouTube y en petercapusotto.tv.

Días después de la segunda vuelta que consagró como presidente a Mauricio Macri, Capusotto y Saborido (el Peter del programa) estuvieron en MU distendidos, alarmados, divertidos, con muchas ganas de hablar de política, sociedad, cultura, peronismo, macrismo, kirchnerisno, periodistas, y de su propio futuro en tiempos presentes. Juntos armaron una charla polémica y a veces asombrosa, que es como aire en tiempos densos: por momentos un editorial político, siempre un retrato de la época.

Saborido (con un cigarrillo entre los dedos que jamás encenderá): Cuando ganás no te importa cómo votó la gente. Pero ahora uno ve mejor que hay muchos votos que son muchas neurosis. Está el voto porque te afanan todos los días en la esquina de Lanús, el voto porque “estos nos hicieron el orto”, el voto “loco me sacan el 30% de ganancias”, el voto por “las formas”, y el voto del boludo que vota como vota porque es un boludo. Y ojo: están en todas las clases sociales. Hay zurdos boludos y boludos pobres también. Incluso hay pobres malos.

Capusotto (haciendo ritmo con sus dedos sobre la mesa): Está el que compró el libro de autoayuda que dice que un cambio no vendría mal. Y también hay una porción de pibes que votaron a Macri, que en los 90 eran recién nacidos.

Saborido: Es que estamos cada vez más lejos del Big Bang peronista. Cada vez hay menos gente que haya visto al Perón original, los pibes ven la fotocopia de la fotocopia. Ahora los libros quedaron del lado del peronismo, y las alpargatas las tienen ellos: cuando les buscás intelectuales, al tercero estamos en Marcos Aguinis (se agarra la cabeza). Hay una trampa jodida: tipos que más o menos piensan y se mandan cagadas por eso de “voy a hacer una declaración”, “me saco la foto”. ¿Eso es lo que tenés para aportar Horacio (por González, director de la Biblioteca Nacional)? ¿Criticar los gustos musicales de Scioli, o cualquier pelotudez? Es la trampa del ego.

Capusotto: Ahí aparece el ciudadano común, el tipo que no hace tanta lectura política y que dice “esto es un quilombo, los kirchnerisas son muy fanáticos”. Y aparece Macri y le dice a Scioli: “En qué te han convertido los kirchneristas”. ¡Chaaaaan! Faltaba la música melodramática atrás: como si fuera la mamá de Carrie. Pero ahora que ganaron se convierten ellos en kirchneristas moderados. Ergo: los demás son todos del ISIS.

Patria, marketing y taxistas

Saborido: En estos años reapareció la palabra patria. Era difícil darle sentido después de los milicos, de Malvinas, de los manuales escolares y de estar haciendo la venia a  la Bandera con dos grados bajo cero. Se le empezó a dar un poquito de sentido a la palabra, que tenga que ver con tu calidad de vida y felicidad, pero de nuevo eso se deshace.

Capusotto: Ese es un discurso que al ciudadano lo compromete. No digo como militante, sino como “ojo que está pasando algo”. En cambio, el discurso del diálogo no se sabe bien qué es, pero aliviana, mete ese escenario de autoayuda y marketing que se contrapone a la narrativa más efusiva de la patria, del compromiso, de un enemigo que anda por ahí.

Saborido: Más que Cambiemos se tendría que llamar Paremos. Basta de conflicto: no me cuentes más problemas. Ayer subí a un taxi. Capusotto no tiene ese tipo de contacto porque tiene auto.

Capusotto: Gracias a Dios. Me compré un auto para no tener contacto con el taxista.

Saborido: No generalices, che.

Capusotto: Bueno: 80 a 20.

Saborido: Pero no: yo encontré un taxista evangélico kirchnerista. Me contó que va a rezar siempre por su Presidenta y que un día se subió un tipo que le dijo que este no es un país serio y él le respondió: “¿Cuándo estuviste vos en Bélgica que venís a hablar de países serios?”

Capusotto: Es un deseo proyectado, del tipo que va a Miami y dice (con tono reo): ¡qué lindo país! El argentino que camina por París y se siente parisino. (Con tono de terrorista en operaciones) Convengamos que la argentina es una raza a exterminar.

Saborido: Pero resulta que el taxista me dice: “Ufff, al fin paramos un poco ¿eh? Qué manera de votar este año, no se puede así”. Tenía ganas de decirle: “¿A vos te molesta ir a votar cinco domingos, pero no te molesta estar 14 horas adentro del taxi?”.   

Capusotto: ¿Se lo dijiste?

Saborido: No. Le dije: “Mirá vos, no sabía, soy uruguayo”.

Porros de derecha

¿Cómo leer esta etapa desde el punto de vista de la autogestión y de la comunicación? 

Saborido: Lo primero es encontrar dónde poner la energía. Si te quedás discutiendo con los tipos que te dicen ‘loser’ (perdedor), o si vas a gastar energía endogámica en lamentarnos. Parece medio liviano esto, pero mucha energía se va en la nada. No me tiro contra Facebook, pero es la imagen de la discusión anodina con un ganso a distancia. Y hoy es necesario saber qué es lo que vale. Hay que ser serios, prolijos, menos declarativos, más políticos y prácticos. Saber que estás enfrente de tipos que te pueden hacer volar en pedazos tus recursos.

Capusotto: La estructura que se armó es así: los brutos adelante, con los turros atrás. Peronísticamente hablando diría que con el único que te podés sentar a hablar media hora es con Ritondo (Cristian), que es un PJ Capital. Pero la estructura funciona como si fueran boy scouts interesados por el país.

Saborido:  La última ola liberal fue con un peronista en los 90. Ahora aprendieron a usar las armas de la política ellos mismos.  Pero no estamos en los 90. La Nación publicó el editorial contra los juicios a los militares y la propia redacción se le puso en contra. Fue una provocación, como tirar un petardo para hinchar las pelotas y ver qué pasa. Tuvo que salir Macri a decir que los juicios siguen. Y entonces La Nación saca una nota sobre La Nación. Claudio Escribano habrá dicho: “Mirá los negros de la redacción cómo se pusieron, qué cosa, hagamos una nota sobre eso, manden fotógrafo a La Nación”.

Capusotto: Eso también es porque ganaron por 2 puntos. Si ganaban por 8, agarrate.

Saborido: Pero es cierto que hay cambios en la gente, y en ellos también. Fíjate que el menemismo nunca activó la cultura. Pero el macrismo la tercerizó con (Hernán) Lombardi y fue activa. Tomó el rock y lo utilizó políticamente como actividad cultural.

Capusoto: Hay también una derecha que escucha rock.

Saborido: Y fuman porros. Pero además hay cosas por abajo, maestras piolas que hacen cosas y los pibes arman cortos que rescatan la memoria. Y esas cosas las tuvieron que continuar: va Esteban Bullrich (ministro de Educación) a los actos a ver cómo le pasan cortos de Garage Olimpo hechos por los pibes. Eso no lo pueden bajar, y funcionalmente lo terminan incorporando.

Sin papá

Parece regirse por un parámetro estético. Lo que más repele es lo marginal, como cuando reprimieron en el Borda o en Sala Alberdi, donde dispararon con balas de plomo y no le importó a nadie. 

Capusotto: Porque no tienen un discurso de la épica, de la patria ni del otro, ni un sentido de generosidad o preocupación colectiva. Entonces van y te cagan a palos. ¿A quién le rinden cuentas? ¿La clase media se va a ofender? No. Le chupa un huevo. El ciudadano ahí habla con su propia frustración. Tampoco todos se levantan y se acuestan pensando en política. La frustración se proyecta a la política. Si unos pibes toman una escuela, el ciudadano dice: “Cáguenlos a patadas, pendejos de mierda”. 

Saborido: Otra vez: cada neurosis, un voto. Traés la política al centro de todo y se convierte en la culpable de todo. “No se me para (mirando al techo). Eh, Cristina, ¿qué me estás haciendo?”. Pero si tengo que valorar la gran novedad, la última acción política importante del kirchnerismo no la hizo ni el kirchnerismo ni el peronismo. La novedad fue lo de “ese cambio no, no no”, pero no digo sólo el jingle, sino el movimiento de la gente que salió a activar. Fue medio vietnamítico.

Capusotto: Eso fue la gente, porque el propio poder desgastó y creó un problema claramente dirigencial. Apareció el famoso sujeto social.

Saborido: Entonces hay que pensar: ¿dónde estaba eso, estaba dormido? Claro, porque Artemio López te decía “ganamos en la primera vuelta”. Como los bomberos no llegaban, salió la gente con baldes a ver si apagaba el incendio. Y si la campaña duraba 10 días más, ganaba Scioli.

Capusotto: La propia gente fue artífice de la movilización. No se quedó diciendo “la culpa es de los dirigentes”. Eso modificó el escenario para el kirchnerismo y para el macrismo: hay un germen dando vuelta. Capaz que esto cambia con el tiempo, pero ahí hay un 35% sólido. Sin papá.

Saborido: Está bien, pero ellos fueron disciplinados. A la Carrió le pidieron que se calle, y se calló. El kirchnerismo fue con Aníbal Fernández, que es como ir con Alice Cooper: provocador, canchero, todo lo que odiaba la gente, lo tenés hecho candidato. Pero al tipo lo pintaban como el Chapo Guzmán. Y después ya nadie dijo más nada.

Capusotto: Es que éste no fue un voto macrista, sino un voto antikirchnerista. Durán Barba estaría diciendo: “El escenario de quilombo es de ellos, nosotros somos los buenos ciudadanos, sin conflictos”.

¿Y cómo se le habla de conflicto a gente que no quiere escucharlo?

Saborido: El capitalismo puede ser trágico. Y lo es. Pero cuando es boludo nos quedamos hablando de una época boluda, y nos olvidamos de que sigue siendo trágico. También hay una alienación de los medios, no focalizo toda la culpa ahí, pero se sabe mucho más de los procesamientos de Boudou que de los de Macri. O hacen el debate y te dicen quién ganó la batalla gestual. Quiere decir que si hay debate entre Tinelli y Stephen Hawking…

Capusotto: ¡Ganó Tinelli por goleada!

Saborido: Así armaron la palabra Cambiemos, que para mí es un significante vacío. Como el I Ching. Cada uno le puso lo que quiso. Uno ve seguridad, otro ve libre mercado, otro se alivia el resentimiento. Del otro lado les decían consignas, y a la quinta consigna se durmieron todos. Y hubo también un desprecio por esos boludos que querían ir a Miami. Ahora estarías rogando por los tres puntos que te hubieran dado. ¿Son boludos o son seres humanos? Se te fueron. Y vos no ganás porque tenés razón. Ganás también por otras cosas.

La KGB y Canal 7

Capusotto: La cuestión es abrir el juego, nos pasa también con nuestro trabajo. Ser menos endogámicos, saber lo que sucede en el afuera. El ciudadano común te dice una cosa que hay que prestarle atención. Si no, entrás en la queja. No hay nada más insoportablemente pelotudo que escuchar en estos días a los que dicen “mirá cómo votaron, estos no entendieron nada”, “con todo lo que les dimos”. Ahí te convertís en la KGB. Dejá de quejarte, por favor.

Saborido: Es que todo ámbito genera su propia espuma de pelotudez.

Capusotto: Hay una progresía que está con Cristina, que si vos hacés una crítica te empiezan a mirar como si fueras el enemigo. Lo que pasa es que desde Antonini Wilson uno también se tragó cosas que no le gustaban, y se hizo el boludo. Claro, cuando hay un escenario de conflicto, la autocrítica parece que te está debilitando. Pero la mejor manera de construir algo sólido es tener un sentido crítico.

¿Están pensando seguir con el programa?

Capusotto: Nosotros podemos ir a una plaza mañana, si no hay otro escenario expresivo. Podemos ir a un canal de cable, hacer teatro. Sabemos ser nómades. Entonces estamos pensando en un repliegue personal o estético, no porque ganó Macri. Si ganaba Scioli quizá tampoco seguíamos en la Televisión Pública. No va a haber una lista negra macartista: olvídate. Estos pibes no vienen por ese lado. Te van a llamar y a decir si querés ir. Ojo, es una presunción.

¿Aceptarías?

Capusotto: No. Porque no tengo ganas de explicarle a 20 periodistas por qué uno está en Canal 7 con el macrismo. Es una defensa del programa. Pero no vamos a plantearnos como víctimas de una persecución como los tipos que ficcionalizaron que el kirchnerismo era una dictadura para sentirse héroes de la resistencia y así aparecían en todos los canales.

Saborido: Poder elegir es un lujo. El camarógrafo del canal de golpe no puede decir “no trabajo para Macri”. Pero nosotros nos podemos tomar libertades. Con mucha elegancia. Y lo que elegimos no significa que nadie tenga que hacer lo mismo. Lo que sí tenemos que preservar es el grupo de trabajo, nuestro círculo de amor del programa, yéndonos al teatro o al cable para pasar a otra etapa y tener una refrescada nosotros también.

Pistas para el juego

Pedro finalmente enciende su cigarrillo. Capusotto comenta que le pareció que CFK jugó demasiado “arafue” al no nombrar jamás a Scioli.

¿Qué significa hoy el progresismo?

Capusotto: A mí lo único que me progresa son los años. Lo que digan en la Biblioteca Nacional nos entra a nosotros, en una mesa chica, pero el vecino no tenés idea de qué piensa. Yo no me detendría a pensar en ningún progresismo en este momento.

Saborido: Creo que hay que estar con los nuestros, con la gente que uno quiere estar. Más allá de acá.

Capusotto: Claro: hacer una especie de replanteo crítico, activo, no pesimista, y pensar que en temas de construcción hay que ser más pragmático. El escenario político es un poco hostil al romanticismo. Precisamos una mirada que sea más colectiva de la verdad. Yo veía a esa familia que hizo un ataúd que decía “chau Cristina” y lo que ves es gente que se define por eso. Por ser anti. Entonces es un trabajo de ver dónde están los signos de esta época: es como convertirse en un cazador.

Saborido: ¿Puedo decir algo sensiblero? Cuando veo que alguien se preocupa por otro, aunque no lo conozca, y lo ayuda, eso me conmueve. Lo veo en la calle. Eso me conmueve. Desde ahí, desde lo más sutil, hay que empezar a buscarnos. Lo que es una mierda es el cinismo. Sirve para tirar abajo mitos, pero sirve también para hacer mierda un amanecer: “Boludo, el sol sale todos los días”. O el amor de una madre por su hijo: “Ésta de aburrida tuvo al pibe para cobrar el plan”. El cinismo parece un símbolo de inteligencia.

Capusotto: Por eso el programa es una necesidad que es más que política. Es una manera ficcional en la que todo está permitido. Donde se abren espacios posibles, de juego. Con Pedro nos juntamos a jugar como los niños que ya no somos. Estamos solos en el mundo, pero por cosas como estas es que uno sigue vivo, y encontrando amigos.

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