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Aquel dólar 1 a 1 y sus consecuencias

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Esta es la ponencia que leerá el italiano Emiliano Brancaccio en el Forum Social Europeo en la primera mesa que debatirá sobre el liberalismo el próximo jueves 7 de noviembre en Firenze (Florencia) en la Fortezza di Basso.

Contra la tiranía de los mercados financieros: la taza Tobin y el control de los movimientos de capital (fragmento)

Por Ricardo Bellofiore y Emiliano Brancaccio

En 1998, a causa de la crisis de la rupia en Indonesia, en la periferia de Yakarta, empezaron a formarse, cada noche, largas procesiones de desheredados que se dirigían hacia la zona del mercado del arroz. Su intención era la de recoger los granos caídos en el piso durante el día de distribución, con el fin de juntar una cantidad de arroz necesaria para quitarse el hambre.

Más recientemente, apenas pocos meses atrás, la Argentina fue sacudida fuertemente por una trágica ola de saqueos y revueltas cuyas imágenes, trasmitidas en todo el mundo a través de los medios, están aún ahora vivas en nuestras mentes.

Hay, sin duda, algo de misterioso en la relación entre la oscilación del mercado de cambio y la exasperación en la vida cotidiana de millones de personas. La existencia de un nexo fue percibida por muchos, y en particular por quienes vivieron en primera persona la dramática experiencia de una crisis monetaria. Esto vale en parte también para nosotros, italianos, que tendemos a ligar espontáneamente el recuerdo de los ataques especulativos a la lira en 1992 con el comienzo de la «política de sacrificio» perteneciente al gobierno de Amato y Ciampi. Esta conexión se agrava además por la sensación de que, en circunstancias particulares, la estabilidad económica de un país puede depender de las decisiones de unos pocos, los grandes especuladores. En este sentido, George Soros escribió que en 1992 se abstuvo de especular contra el franco francés porque prefirió evitar convertirse en el responsable del «crack» definitivo del Sistema Monetario Europeo. (1). Una declaración inquietante, considerada creíble por muchos estudiosos notables, que tienden a valorar las percepciones comunes según las cuales, hoy quizá más que en el pasado, el destino de muchos puede depender de las decisiones anónimas de unos pocos.

Más allá de las simples percepciones, sin embargo, es siempre difícil entender. La comprensión de la precisa secuencia lógica que permite valorar la existencia de un nexo entre las decisiones de los especuladores y la vida cotidiana de millones de personas difícilmente pudo comprenderse más allá del entorno de los especialistas. Por lo tanto, justamente con el fin de hacer este nexo lo más explícito posible, el razonamiento que sigue propondrá un esquema simplificado en base al cual interpretar el fenómeno de la crisis de la moneda.

Por lo general, una crisis se origina a partir de las decisiones que toma un país al vincular la propia moneda a una tasa fija de cambio con el dólar o con cualquier otra moneda fuerte, aceptada como medio de pago internacional. La banca central argentina, por ejemplo, hasta hace pocos meses, se declaraba lista para comprar pesos a los privados y ceder en cambio dólares, según una relación fija de uno a uno. Las razones por las que un país decide engancharse a una moneda fuerte son muchas. Entre ellas, es frecuentemente citada la exigencia de estabilizar la moneda nacional con el objetivo de acrecentar la confianza de los inversores sobre la misma. Otra motivación para el enganche, menos citada pero no por eso menos importante, es que con esta medida se puede intentar vencer la inflación interna. En efecto, si un país se liga renunciando de este modo al instrumento de la devaluación, las industrias de exportación serán impulsadas a oponerse por todos los medios a los aumentos de los costos internos y en particular de los salarios, porque saben que tales aumentos, descargados sobre los precios del mercado, darían lugar a una pérdida de competitividad internacional. La paridad fija con una moneda fuerte constituye entonces un posible instrumento de disciplina contra las reivindicaciones salariales, lo que aclara uno de los motivos por los cuales, después del desenganche de la lira del Sistema Monetario Europeo en 1992, de varias partes de Italia empezó a tramarse la consolidación de un pacto social con los sindicatos, un pacto que permitiese frenar los salarios aún en ausencia del vínculo de la paridad fija con el marco o con otras monedas europeas.

De todos modos, cualquiera sea la motivación del enganche a una moneda fuerte, los problemas a los que esta situación puede fácilmente dar lugar son: la sobre valuación de la moneda nacional y una progresiva pérdida de la competitividad que traen aparejadas una peligrosa tendencia a importar demasiadas mercaderías y a exportar demasiado pocas.

La pérdida de la competitividad puede a veces verificarse a causa del hecho de que el enganche a la moneda fuerte (y la consecuente imposibilidad de devaluar), se vuelve inadecuada para garantizar la contención de las demandas salariales, de los costos y por lo tanto también de los precios de las mercaderías. Con frecuencia, sin embargo, la crisis de competitividad se dispara de fenómenos externos, mayormente generados o favorecidos por la dinámica especulativa: por ejemplo la moneda fuerte a la cual el país está enganchado tiende a subir, quizá justamente mientras los principales socios comerciales del país están devaluando, la pérdida de la competitividad, entonces, será inevitable. Un caso de este tipo es precisamente el argentino, que en los últimos años tuvo al peso obligado a seguir las alzas extraordinarias del dólar en el mismo momento en que el real brasileño se devaluaba, con la consiguiente caída de las exportaciones argentinas con respecto a las brasileñas. En circunstancias parecidas, para preservar la competitividad, la Argentina debería haber impuesto bajas de salarios tan rápidas e intensas como para compensar la inmensa alza del dólar y del peso respecto del real. Una receta tan violenta que toca lo absurdo, aunque no faltaron voces notables que se apuraron, más o menos explícitamente, a intentar llevarla adelante.

La sobre valoración de la moneda de una país y la consiguiente pérdida de competitividad, entonces, implican que este país no será capaz de reunir muchos dólares de las exportaciones de las mercaderías propias y que por fuerza tenderá a usar esos pocos dólares de los que dispone, y entonces podría, un día u otro, declararse incapaz de garantizar la conversión de la propia moneda en dólares según la paridad fija preestablecida. En otras palabras, el país podría más rápido o más tarde ser obligado a devaluar, desenganchándose de la moneda fuerte.

En teoría, aún en presencia de tales dificultades comerciales, la situación puede prolongarse si los prestamos en dólares siguen aumentando. El problema, entonces, es que la devaluación daña a los acreedores y entonces los préstamos aumentan solo si la probabilidad del daño es remota. Pero, paradojalmente, la probabilidad de una devaluación será tanto más remota cuando más aumenten los prestamos! Esta suerte de gato que se muerde la cola indica, en el fondo, que cada operador financiero continuará prestando dólares al país sólo si considera que los otros operadores harán otro tanto. La situación, en síntesis, se concentra toda en manos de los operadores financieros. Si estos se convencen de que la tendencia a abandonar el país es proclive a prevalecer, la misma tendencia se verificará efectivamente. Keynes hablaba de expectativas que se autorealizan, acumulándose unas con las otras.

2.Tobin (1997)

3.Dornbusch (2001)

4. La devaluación es temida por los acreedores en todos los casos. Ya sea que ellos reembolsen en la moneda local sujeta a la devaluación, ya sea que ellos reembolsen en dólares. En el primer caso, en efecto, a continuación de la devaluación los acreedores serán reembolsados con una moneda local que en términos de dólares valdrá mucho menos de lo previsto. En el segundo caso, el riesgo de los acreedores consiste en las declaraciones de quiebra de los deudores, o en el pedido de renegociación de las deudas. Así, cuando los deud
ores son obligados a pagar en dólares, todo el peso de la devaluación recae sobre ellos. En esta circunstancia, la historia nos enseña que los deudores, encontrándose con frecuencia imposibilitados de respetar sus obligaciones, piden una renegociación de los pagos. En función de estos hechos es significativo ver como, durante todo el transcurso de los años noventa, el Fondo Monetario Internacional, se tensaba si debía tutelar a los acreedores aún en las circunstancias más dramáticas, y no avalaba casi nunca los pedidos de renegociación provenientes de los deudores.

Los especuladores, en general, entran en juego justo en circunstancias de este tipo, cuando el país en dificultad y los acreedores, temiendo el fantasma de la devaluación, se predisponen a la fuga. En una situación de este tipo, operadores dotados de una enorme liquidez, están en condiciones de iniciar un asta de moneda local, con el fin de venderla pronto o rifarla más tarde. El banco central tailandés, por ejemplo, tuvo que afrontar en 1997 una ola de pedidos de cambio de bath a dólares que agotaron muy rápido sus reservas de dólares y lo obligaron así a devaluar. Naturalmente, una vez iniciado el ataque de los especuladores, es probable que a esto se sume el retiro de los acreedores, en base a la expectativa que tarde o temprano el país cederá a las presiones dejando caer la moneda propia.(5)

Es justamente en este punto que, además de alejar la tendencia de fugas masivas, la autoridad del país bajo presión inicia una sucesión suicida de sacrificios y execrables medidas macroeconómicas, todas orientadas a mejorar las cuentas con el exterior y a evitar así el agotamiento de las reservas en dólares. Las acciones de la autoridad, se concentran, en general, sobre dos frentes. De un lado, se decide aumentar las tasas de intereses internas para convencer a los acreedores de permanecer y evitar de este modo la salida de dólares del país. Por otra parte, se aumentan las tasas y se comprimen las compras internas con el fin de desencadenar una ola recesiva que determine los siguientes efectos: una caída de las importaciones, un aumento de la competitividad y de las exportaciones a través de la desocupación y la caída consecuente de los salarios y de los precios, un aumento de las tasa de interés reales y por consiguiente un incentivo posterior para que los acreedores no los abandonen.(6) Es de destacar el hecho de que estos objetivos que animan las políticas restrictivas de los gobiernos, tienen bien poco que ver con la necesidad de sanear las cuentas del Estado, lo que hace comprender por qué el pedido de «sacrificios» a la población ha estado convocado en presencia de balances públicos en perfecto orden! (7)

De cualquier manera, como dejó evidenciar el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, tales medidas draconianas no llegan jamás ni a impedir la fuga del capital ni a impedir la devaluación.(8) La liberalización de los mercados financieros mundiales, de hecho, consiente hoy a los operadores privados, mover en poquísimo tiempo enormes cantidades de capital de un lugar a otro del mundo: masas cuya amplitud constituye un múltiplo de las reservas de los bancos centrales nacionales a causa de esto impotentes, y cuya velocidad banaliza las medidas autoflagelantes y grandiosas de cada país.

(5) Conviene aclarar que un acreedor puede ser al mismo tiempo un especulador por lo cual la distinción entre las dos categorías puede ser ficticia. Pro otra parte, un especulador no tiene necesidad de ser un acreedor, de este modo, la mayoría de las veces es él mismo un deudor, de naturaleza un poco particular: para atacar el bath tailandés, por ejemplo, un especulador puede hacerse prestar bath, venderlos hoy, esperar la caída, recomprarlos mañana a precios de remate, restituir la suma recibida en préstamo y quedarse con la diferencia derivada de haber vendido a valores altos y recomprado a valores bajos.

(6) Para un análisis teórico de los efectos que favorecen a los acreedores de la deflación y para una aplicación, en el caso italiano, cfr.- Brancaccio e Marconi. (2002 a)

(7) Se recuerda, en tal sentido, que en 2001, Argentina presentaba todavía, a pesar de la prolongada recesión, una deuda pública del 50 por ciento del PBI y un déficit del al 2,5 por ciento. Datos envidiables, teniendo en cuenta las cifras de los países europeos del Tratado de Maastricht.

Los únicos efectos ciertos de tales políticas consisten, entonces, en el deterioro aterrador de las condiciones de vida de los trabajadores, de los pensionados y de las franjas más débiles de la población, en general las más golpeadas por las medidas restrictivas de los gobiernos.

La secuencia descripta nos permite entonces individualizar, aunque más no sea a grandes rasgos, el nexo que atraviesa una serie de ventas veloces de rupias o de pesos en el mercado de cambio y los conflictos sociales y étnicos que estallaron en Indonesia durante los años 90 o las manifestaciones en Plaza de Mayo en enero pasado. La secuencia aclara algunas cuestiones políticas cruciales. Con esto, se evidencia que el enganche a una moneda fuerte, causa primaria de la crisis, puede depender ya sea del intento de un país de protegerse contra las oscilaciones de la propia moneda, ya sea por la voluntad de reprimir las reivindicaciones salariales y el conflicto social. La misma secuencia, en fin, muestra que la facilidad con la que hoy se puede verificar una fuga de capitales depende de la actual y absoluta liberalización de los mercados monetarios y financieros, una orientación política que ha dominado el curso de los últimos veinte años pero que ninguna región debe considerar irreversible.

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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