#NiUnaMás
El arte del Orgullo: un ritual colectivo a puro canto y baile, para recordar a lxs que no están y abrazar a lxs que vienen


En el Día del Orgullo y sobre la plaza Congreso, un ritual colectivo se propuso recordar los travestidicios y transfemicidios para abrazar a una generación de jóvenes que no encajan en el cis-tema. Arte y abrazos desde la calle, para rendir homenaje, hacer memoria y celebrar, con una pregunta que es bandera: ¿Dónde está Tehuel?
Es una tarde en la que el frío no da tregua. Abrigos, guantes y gorros son las prendas en común de un numeroso grupo de personas que se van acercando a la Plaza de los Dos Congresos, con una motivación: hoy es el día del Orgullo LGBTIQ+. Y este 28 de junio tiene un sabor especial, no solo porque la convocatoria es distinta.
Hace nada más que cuatro días, se sancionó la Ley de Cupo Laboral Travesti Trans y es tiempo, también, de festejar estas conquistas. El movimiento de Autoconvocades se propuso ocupar la plaza “liberades de etiquetas, unides por el dolor y el deseo de una vida sin violencia”, con la consigna de “Bailemos con nuestrxs muertxs”, para “rendir homenaje, hacer memoria y celebrar”.
Hacer comunidad
El camión de la cooperativa de reciclado Bella Flor, de José León Suarez –el mismo que en diciembre del año pasado trasladó a Susy Shock y sus canciones por distintos puntos de la ciudad- se ubica sobre la avenida Rivadavia, esta vez frente al Cine Gaumont. La tapa de la revista MU de mayo en tamaño gigante, con el rostro sonriente de Tehuel y la pregunta ¿Dónde está? ocupa la parte de atrás del vehículo devenido en escenario. Sigue la decoración con una bandera violeta con la frase “Cumbia, copeteo y rabia. Bailamos con nuestrxs muertxs” y, a los costados, una nueva versión de la bandera trans en fucsia y negro, diseñada por Alejandro Ros, diseñador gráfico de las mejores tapas de los discos del rock local. Dos micrófonos aguardaban que arranque el show.
¿Por qué estamos hoy? “Para recuperar esta fecha, que se fue modificando con el tema del clima y que desde el travesticidio de Diana, la muerte de Lohana y esa sensación de orfandad, venimos diciendo que necesitábamos recuperarla», cuenta la cantante, poeta y escritora Susy Shock a lavaca. ¿Por qué decimos basta? “Porque estamos hartas de que esta sociedad no cambie, porque seguimos buscando a Tehuel. Más allá de un día de festejo, es un día de reclamo, de reivindicarnos, inclusive esta incomodidad del clima para encontrarnos, porque todo es en contra, insistir en esta fecha es insistir en el reclamo. Hay un cartel enorme que dice ¿Dónde está Tehuel?, en un día en el que nos paramos frente a los travesticidios, a los transfemicidios, a los transhomicidios, honramos a nuestros muertos y muertas y nos celebramos desde lo gozoso, también. Por eso hay arte”. La activista, psicóloga social y escritora Marlene Wayar agrega: «Venimos a celebrar que nuestras ancestras hayan estado vivas y nos hayan dejado un país mejor y a celebrar que que estamos vives y a darnos el espacio de nuevos ritos que tienen que ver con la alegría de estar vives, juntes, y saber que tenemos que hacer comunidad”.
De Flor a Lulú
También hoy hay un motivo más para celabrar: es la primera vez que Luana –la primera niña trans en recibir el DNI con su nombre elegido- participa de una convocatoria pública, al aire libre. Su madre, Gabriela Mansilla, presidenta de la Asociación Infancias Libres, dice a este medio: “vinimos a acompañar a Susy, a Marlene, a Autoconvocades, en esta movida, con conciencia, además de festejo. Esta es la primera vez que Lulú participa de una movilización y para mí es una instancia de reflexión, de todo lo que nos falta también, y que las niñeces puedan ver toda la trayectoria de su comunidad. Las niñeces trans no exisiten porque sí; existen y se desprenden de la lucha colectiva de su comunidad. Y aquí estamos, apoyando a la comunidad”.
Pese al frío, cada vez más gente se une al evento callejero. Susy, Marlene, la actriz y cantante Sofía Dieguez y la actriz y conductora Flor de la V posan para las fotos. “Es una fecha que hay que celebrar –dice Flor de la V- sobre todo después de lo que pasó el jueves en el Senado. Hoy el orgullo transformó la desigualdad en un derecho, por eso estoy acá celebrando porque antes eran años de resistencia, de lucha y de protesta, hoy es una genuina celebración”.
El arte del orgullo
El show arrancó con Anikke , quien le puso ritmo al encuentro y los cuerpos comenzaron a entrar en movimiento. La agrupación Kouyen Tambor trajo la cadencia de los tambores chico, piano y repique, propios del candombe del Uruguay y fue el momento en que la enorme títere con el rostro de Lohana Berkins –confeccionada por el actor Giancarlo Scrocco- se alzó para moverse al compás de la música y multiplicar la alegría de los muchos pares de pies inquietos que ocupaban la plaza. Luego siguieron las canciones cumbieras de Gilda en la voz de Sofía Dieguez y la guitarra de Nito Carelli. Al bajar del escenario, le preguntamos a Sofía ¿por qué estás hoy acá?: “Por nuestra identidad, por nuestres compañeres que ya no están, por les que estamos, para que no siga pasando esto que nos desaparezcan y a nadie pareciera importarle. Acá estamos hermanades, para mostrar que estamos firmes y juntes”. Sofía reconoce entre la gente, se alegra y saluda al actor, docente, director y referente del teatro independiente Mosquito Sancineto. “Estamos por el orgullo de ser quienes somos, y lo digo en plural porque así considero a nuestro colectivo. Somos individualidades, con su propio mundo, formas, cuerpos, deseos y sentires, pero somos un gran cuerpo, con un gran corazón, que está manifestándose, por nosotres mismes y además por el amor, para que la sociedad sane”, ansía Mosquito.
El show continúa con Tomi Llancafil y Valen Bonetto, quienes, entre otros temas, cantaron una canción de cuna del cancionero “Nuestrans canciones: Brotecitos” y se la dedicaron a Tehuel “donde quiera que esté, ojalá algún día pueda escuchar esta canción”. El dúo Ópera Queer se sumó y les cuatro cantaron otro de los temas del cancionero: “Ya vienen las maricas cantando la tonada, ya vienen las mariposas derribando las miradas, diaguita, también trava y no me van a derribar sus insultos, sus maltratos, me van a respetar”.
Para les Tehuel
Al finalizar el espectáculo musical, Susy y Marlene suben al escenario para despedirse y agradecer. Susy: “Gracias por entender que hay otro camino, está bien retirarse de la violencia que dicen que es la única que podemos ejecutar y no es verdad. Ustedes con la mirada y los abrazos nos confirman que es así, hay otro camino, más colectivo, más redondito, sin tanta burocracia, que encima somos capaces de burocratizarnos para marcar la diferencia y esa no es la idea. La idea es poder brillar con la propia aventura y bancarnos eso, sino ¿para qué somos disidentes?, si vamos a repetir el fracaso paki. La idea es bancarnos la amorosidad, también, de la diferencia. Yo no opino todo igual que le que está al lado, pero me lo banco porque somos parte de un territorio en lucha y hay un enemigo que no discrimina la coma de diferencia que hay entre vos, y vos y nosotras. Seamos astutes, son tiempos duros, también de celebraciones muy profundas que tienen que ver con todo ese camino recorrido. Que no nos falte memoria nunca y también proyectémonos a otra cosa nueva, amorosa, contundentemente amorosa que por eso no es flojita, ni ahí es flojita. No entienden que construimos otra cosa desde este abrazo. Gracias por sumarse a esta ronda, que pensamos que íbamos a ser cinco piojas locas y mirá cuantas somos. No hay que llenar demasiado porque tenemos que insistir en esta micropolitica de saber que te conozco y te reconozco y sé de dónde venís y sé a dónde vas y nos vamos a volver a encontrar y a reconocer. Esa es la política, la de reconocernos, si no, no sirve, si no, somos datos que le llenan el bolsillo a otros, ajenos a nuestra lucha. Cuando dice hubo una plaza llena. No, ¿Sabés quién estuvo? Estuvo fulana, fulano y fulane y nos encontramos porque hace un año que no nos vemos y ese es el verdadero éxito. Ese siempre va a ser el verdadero éxito: que nos reconozcamos”.

Marlene: “Aplausos para ustedes que se van a atrever a lo que llaman fracaso. El éxito de ser popular es barato, solo tenés que ser Tinelli y te hacés millonarie. No es lo que intentamos; estamos empujándoles a que hagan carne lo que vienen sintiendo, esa disconformidad, y queremos una comunidad para abrazarnos, porque después aplaudimos un montón de cosas y terminamos humillándonos con los de siempre, sosteniendo esa heterosexualidad barata, pedorra, mala onda, que nos viene lastimando. Les agradecemos a ustedes, al coraje de venir a bailar, a festejar. Una tiene muchas cosas en la cabeza. A mí se me junta la alegría de que esté presente Infancias Libres acá y la alegría de ser espectadora de tanta cosa bella que pasa en el escenario. Construyamos otras relaciones, basta de humillarnos, bastante trabajamos todos los días para que se hagan millonaries les otres. Trabajemos para nosotres, comprémonos entre nosotres, besémonos entre nosotres. Y disfrutemos. ¡Que siga la música!”.
Y tras las potentes palabras finales de Quimey Ramos, que arenga al público a no conformarse y a rebelarse, «porque de los disturbios venimos», la música sigue sonando. La activista trans y docente Violeta Alegre es la encargada de que les presentes continúen en movimiento.
Y de pronto, se arma una pista improvisada de baile en plena plaza, en la que varies mostraron sus conocimientos de vogue, un estilo de danza inspirada en las glamorosas poses que aparecían fotografiadas en la revista “Vogue”. Nacido en los 80, en Harlem, barrio marginado de Nueva York, es un movimiento cultural que persiste y resiste en comunidad.
La noche cae sobre la plaza, la música termina.
Siguen los abrazos y las risas debajo de los barbijos, la danza en tribu, tampoco para el reclamo por Tehuel.
Sobra la alegría de festejar juntes lo conquistado y seguir logrando todo lo que falta.
Por todo esto -como describió Susy- este día del Orgullo sí que fue un verdadero éxito.

#NiUnaMás
Mujeres mapuche: la resurgencia
Melisa Cabrapan Duarte es cantante, iba a ser diseñadora pero es doctora en Antropología, hija de un militar y una maestra. El crimen de Rafael Nahuel en 2017 la hizo “salir del clóset” y reconocerse como mapuche. Hoy integra la Confederación Mapuche de Neuquén, que enfrenta la invasión del fracking en Vaca Muerta. El concepto de “resurgencia”. Las mujeres mapuche frente al machismo y los abusos internos. El significado de vivir en comunidad. El ambiente y la gente. La construcción de otros horizontes y en qué cosas tener confianza frente a un 3J. Por Sergio Ciancaglini.
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Mayo 2026: Por qué el Estado es responsable de los femicidios

En lo que va de este año ya sufrimos:
95 femicidios y travesticidios
95 tentativas de femicidios
66 infancias quedaron huérfanas como consecuencia de estos crímenes
97 marchas se realizaron para exigir justicia
60 funcionarios fueron denunciados por violencia de género.
59 mujeres y niñas fueron reportadas desaparecidas.
5 crímenes en investigación están sospechados de femicidios.
En cada uno de nuestros padrones se puede acceder a los datos de los casos que componen estas cifras que expresan una realidad: la máquina de la violencia femicida. Interpretarlos en su complejidad es una tarea que la antropóloga mexicana Julia Monarrez define como “la hermenéutica social del sufrimiento” que pone de relieve “las formas en que las fuerzas sociales más amplias se unen para arruinar las vidas humanas individuales”. Entre esos signos a desentrañar el negacionismo de Estado es parte central.
El elemento que caracteriza al femicidio es la tolerancia y minimización estatal de la problemática. La impunidad con la que actúan los homicidas contiene un mensaje implícito de permisividad social a través de las múltiples formas en las que acciona el aparato del Estado –policías, fiscalías, funcionarios- y, en los momentos actuales, explícito en los discursos que emiten las más altas autoridades que encarnan su representación. Así, las formas de hacer y de no hacer que caracterizan al Estado abonan estos crímenes, tarea que se completa con la negación de su responsabilidad.
Ejemplos concretos de los que fuimos testigos este año:
- Córdoba: “No hacemos ninguna autocrítica”, sintetizó el fiscal Raúl Garzón en la conferencia de prensa donde anunció el hallazgo del cuerpo destrozado de Agostina Vega, la adolescente de 14 años buscada desesperadamente durante una semana por su familia, amigas y vecinas. El fiscal demoró cinco días en aplicar el protocolo obligatorio de alerta y cinco también en allanar la casa del principal implicado, pese a tener información fehaciente sobre su identidad, dirección y participación desde el mismo momento en que desapareció la menor. El imputado por el femicidio de Agostina ya tenía una condena por privación de la libertad agravada, pero el fiscal interviniente le otorgó la libertad condicional.
- Mar del Plata: La defensora del femicida de Lucía Pérez atacó a los gritos a la mamá de la víctima durante la audiencia de cesura que la Cámara de Casación bonaerense obligó a realizar al cambiar el delito de femicidio por el de violación agravada. En tanto, el otro implicado fue beneficiado primero con libertad condicional, pero la Cámara ordenó su revocación, aunque su regreso a prisión está pendiente en un laberinto de apelaciones. A casi diez años del crimen de la adolescente de 16 años que motivó el primer paro de mujeres el trámite judicial está, en los hechos, como el primer día: culpabilizando a la víctima por su asesinato, torturando a su familia y negando la figura penal, en beneficio de las estadísticas.
- Córdoba: El cuerpo de Cecilia Basaldúa fue, finalmente, encontrado en una fosa común, a seis años de su femicidio. La familia se enteró que no estaba en la morgue judicial cuando solicitó realizarle una pericia de parte. Nunca fueron notificados que la fiscalía había trasladado el cuerpo al cementerio sin su autorización.
- San Juan: “Siempre estamos abiertos a dialogar con la defensa para acordar un juicio abreviado”, declaró a la prensa el fiscal Emiliano Pugliese encargado de investigar el asesinato de Camila Nicole Bijinai, víctima de una balacera desatada el 4 de octubre de 2025 en la provincia de San Juan. Su crimen no fue calificado de femicidio, por lo cual las estadísticas de ese año –dadas a conocer hace apenas unos días- señalan que en esa provincia no se produjeron femicidios, a pesar de que toda la dolorosa jurisprudencia producida por las víctimas de balaceras en Rosario indican lo contrario. El dato importante: la tipificación penal de femicidio no admite los juicios abreviados. Evitar esa caracterización es una tendencia que alienta la impunidad, tal como ya sufrió la familia de la periodista Griselda Blanco, asesinada en Corrientes en 2023. Tampoco Griselda formó parte de las estadísticas de ese año y por eso mismo su femicida gozó de un juicio abreviado.
Los cuatro casos tienen un denominador común: son crímenes que nuestro Observatorio ha denominado “femicidios territoriales”. Se trata de femicidios que no se ajustan a los modelos epistémicos tradicionales de la teoría de género y que no hablan de vínculos de pareja e intimidad, sino de tramas de narcocriminalidad e impunidad territorializadas, con participación de agentes estatales, tales como policías, agentes penitenciarios, fiscales y funcionarios. Participación activa, en tanto que genera condiciones de posibilidad para estas muertes en esos territorios; y también participación concreta, al garantizar y perpetuar la impunidad de esos femicidios, demorando su investigación, falseando pruebas, entorpeciendo y eternizando procesos judiciales y criminalizando a las víctimas y sus familias. Marta Montero, madre de Lucía Pérez, prefiere llamarlos “narcofemicidios”. Sumamos a este concepto la referencia al territorio porque quizá nos permita enfocar los factores que los producen: los narco-femicidios se originan en narco-territorios concretos en los cuales la actividad delictiva ya cuenta con impunidad estatal.
Para poner en contexto los datos de femicidios que sufrimos en Argentina es conveniente analizar las estadísticas que realiza la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de Naciones Unidas con las tasas que informan las fuentes oficiales de todos los países de América Latina:[1]
| AÑO | ARGENTINA | MÉXICO | CHILE |
| 2015 | 1.100 | O.700 | 0.400 |
| 2016 | 1.100 | 1.00 | 0.400 |
| 2017 | 1.100 | 1.200 | 0.500 |
| 2018 | 1.100 | 1.400 | 0.400 |
| 2019 | 1.100 | 1.500 | 0.500 |
| 2020 | 1.100 | 1.500 | Sin datos |
| 2021 | 1.000 | 1.600 | 0.400 |
| 2022 | 1.000 | 1.500 | 0.100 |
| 2023 | 1.100 | 1.300 | 0.400 |
| 2024 | 0.95 | 1.180 | 0.400 |
| 2025 | 0.85 | 1.080 | 0.46 |
La tasa expresa cuántos femicidios sufren estos países por cada cien mil mujeres mayores de 15 años. El femicidio de Agostina, por ejemplo, no formaría parte de esta ecuación.
Finalmente, queremos señalar que la escena del crimen de Agostina Vega que hoy nos está interpelando es la misma que se repite en las periferias urbanas de todo el país. Familias agobiadas por el multiempleo vecinas de familias rotas por el desempleo y el narcomenudeo. El Estado allí está muy presente, pero solo en su peor forma: la policía, que controla todos los movimientos, dejando hacer y dejando no hacer en una balanza que siempre se inclina hacia la impunidad de la criminalidad, que está organizada en eslabones muy débiles. Ningún capo narco vive allí y ninguna familia está preparada para soportar las consecuencias. En cada casa se sobrevive como se puede. Hasta que no.
Tal como señala Julia Monarrez, antropóloga mexicana y creadora del concepto “femicidio sistémico” para analizar, erradicar y prevenir esta violencia es necesario “concebir una unidad entre el sufrimiento individual de víctimas y familiares de víctimas, y las estructuras económicas, políticas y sociales que lo sostienen, requiere tener en cuenta que feminicidio es una palabra potente. Si dejamos de pensarla solo como producto de una relación cultural, que jerarquiza las relaciones desiguales entre hombres y mujeres en detrimento de ellas, y la comprendemos como una palabra capaz de describir los diferentes sistemas políticos, sociales y económicos que actúan en contra de la vida de las niñas y las mujeres, entonces podemos pensarla como una palabra antisistémica que denuncia los diferentes ensamblajes de opresión”. Y de esa opresión el Estado es responsable: todo femicidio es evitable.
[1] https://statistics.cepal.org/portal/cepalstat/dashboard.html?theme=4&lang=es
#NiUnaMás
La escena del crimen

Por Claudia Acuña
Como si fuera una respuesta de la realidad a las cifras, veinticuatro horas después de difundirse los datos oficiales que afirmarían la baja de femicidios, el cuerpo de Agostina Vega, de apenas 14 años, expone por qué el Estado es responsable de estos crímenes.
La escena del crimen de Agostina es la misma que se repite en las periferias urbanas de todo el país. Familias agobiadas por el multiempleo vecinas de familias rotas por el desempleo y el narcomenudeo. El Estado allí está muy presente, pero solo en su peor forma: la policía, que controla todos los movimientos, dejando hacer y dejando no hacer en una balanza que siempre se inclina hacia la impunidad de la criminalidad, que está organizada en eslabones muy débiles. Ningún capo narco vive allí y ninguna familia está preparada para soportar las consecuencias. En cada casa se sobrevive como se puede. Hasta que no.
Estamos entonces en el barrio Cofico, en las periferias de Córdoba Capital. En ese escenario el 5 de mayo de 2025 los vecinos vieron escapar corriendo de la casa de Claudio Barrellier -33 años, empleado en una agencia de seguridad que presta servicios a la municipalidad- a una joven desnuda y con las manos atadas. Llevaba puesta solo la bombacha y gritaba desesperada “Ayúdenme”. En el negocio de enfrente le dieron una remera para que se cubra. Llamaron a la policía y llegó el patrullero. Por ese acto de violencia Barrellier fue procesado por privación ilegítima de la libertad calificada y estuvo detenido veinte días. Al concederle la excarcelación, el juez interviniente le impuso una fianza y una serie de obligaciones. Entre ellas figuraba la presentación mensual ante la fiscalía, una condición que cumplió hasta mayo de este año. Se suma así el rol que cumple en estos casos el Poder Judicial, otra vez el Estado.
El sábado 23 de mayo Agostina salió de su casa a las 22.30 para encontrarse con él. Ariel, el remisero que la trasladó declaró que le llamó la atención que una chica de su edad viajara a esa hora hacia una zona considerada peligrosa y le preguntó el motivo. Agustina respondió que iba a encontrarse con el novio de su mamá. El motivo: iban a hacerle un regalo sorpresa. El remisero fue el último en verla con vida: Agostina desapareció.
Su cuerpo fue hallado una semana después en los pastizales de Ampliación Ferreyra.
Al conocerse la noticia las y los vecinos rodearon la comisaría, cortaron las calles y quemaron gomas. Señalaron así a quien consideran también responsable de su crimen: el Estado.
Tal como señala Julia Monarrez, antropóloga mexicana y creadora del concepto “femicidio sistémico” para analizar, erradicar y prevenir esta violencia es necesario “concebir una unidad entre el sufrimiento individual de víctimas y familiares de víctimas, y las estructuras económicas, políticas y sociales que lo sostienen, requiere tener en cuenta que feminicidio es una palabra potente. Si dejamos de pensarla solo como producto de una relación cultural, que jerarquiza las relaciones desiguales entre hombres y mujeres en detrimento de ellas, y la comprendemos como una palabra capaz de describir los diferentes sistemas políticos, sociales y económicos que actúan en contra de la vida de las niñas y las mujeres, entonces podemos pensarla como una palabra antisistémica que denuncia los diferentes ensamblajes de opresión para las mujeres.”
Por eso mismo, nos vemos en las calles este miércoles.

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