Nota
Biocombustibles: ¿el tanque o la comida?
Hasta hace muy poco sonaba como un tema de laboratorio hasta que se transformó en el común denominador de las relaciones geopolíticas Norte-Sur. Las meditadas jugadas de ajedrez de la diplomacia mundial colocaron a los biocombustibles en el centro de la escena. Ahora, Greenpace, el titular del INTI y el Movimiento Campesino Indígena advierten sobre los riesgos de dedicar el cultivo intensivo de maíz, soja y caña de azúcar a producir otra cosa que no sea comida. Un ejemplo palpable: la relación que se tiene este tema con el precio de la carne.
El mes pasado, Néstor Kirchner se reunió con su par brasileño, Luis Inácio Lula Da Silva para impulsar con este énfasis las relaciones bilaterales. George Bush ya había visitado Brasilia con la misma intención. Y hace dos semanas, Al Gore -el ex vicepresidente demócrata de los Estados Unidos- se estrechó en un abrazo con el vice vernáculo, Daniel Scioli, en una fugaz visita que hizo a Buenos Aires con el fin de promocionar su idea de combatir el calentamiento global. Todas estas demostraciones de preocupación por el medio ambiente tuvieron una misma intención: estrechar lazos con los posibles países productores de maíz, soja o caña de azúcar, materia prima indispensable para el ahora llamado “biocombustible”.
A pesar del énfasis que Gore puso en su exposición, admitió que el riesgo de la bioenergía –que reduciría las emanaciones de gases que provocan el efecto invernadero- es que el precio de los alimentos suba exponencialmente y que bosques extremadamente valiosos para el ecosistema sean destruidos innecesariamente. Lo mismos peligros plantea la filial argentina de la organización ambientalista Greenpeace en el informe que acaba de publicar.
“Es necesario –sugiere el trabajo- prestar atención en el potencial riesgo que los biocombustibles empujen los precios de los insumos alimenticios, una tendencia que puede ser atractiva para los agricultores pero desastrosa para la mayoría de la población y los sectores más empobrecidos”.
Las lecciones de México
Greenpeace acompaña la recomendación con una descripción de lo que sucedió en México, un país con 107 millones de pobres cuya alimentación está basada en el maíz. Allí, el valor de la harina empleada para elaborar las famosas tortillas se duplicó a fines de 2006 debido a que Estados Unidos -segundo productor mundial de etanol y exportador del 80 por ciento del maíz que reciben los mexicanos-aumentó de 2,80 a 4,20 dólares la fanega. El principal motivo del aumento habría sido la especulación y la acaparamiento que generó en el mercado de granos el anuncio formulado por George Bush de que su país destinará el 50 por ciento de las plantaciones de maíz para producir etanol.
En México, el fenómeno ocasionó rápidas repercusiones políticas y culturales . El presidente Felipe Calderón debió intervenir y fijar topes a los precios de los productos elaborados a base de maíz, mientras que los periodistas especializados acuñaron un neologismo para referirse al tema: etanoinflación.
“Buena parte del sector productivo agrícola ha puesto gran interés en el desarrollo de los biocombustibles al considerarlos una oportunidad para mejorar la cotización de su producción. Es claro que la demanda por biocombustibles hará que los cultivos energéticos se valoricen, tendiendo a precios mucho más altos que los que originalmente se pagaban por esos mismos cultivos cuando su destino era la industria alimenticia”, explica el trabajo ambientalista.
Hipótesis argentina
En el informe, Greenpeace proyecta las consecuencias que podría traer a la Argentina un acelerado proceso de inversiones en biocombustible como consecuencia a la presión externa para que el país se convierta en proveedor de biodisel o bioetanol. Además del potencial aumento de precios en alimentos, señala que el incentivo a la expansión de las actividades agrícolas sobre ecosistemas naturales traería aparejado una masiva destrucción de bosques nativos tanto en el noroeste como en el noreste. Además, las mayores extensiones de siembras de maíz y soja intensificarían la falta de diversificación de los cultivos y los actores involucrados serán cada vez más concentrados. “Se generará una nueva etapa de un perfil agropecuario de gran escala y expulsor de población rural”, subraya el trabajo. El estudio pone en duda, también, que con los biocombustibles se cumpla con el objetivo de asegurar un suministro energético autónomo: “Estaremos exportando combustibles (los utilizados en la producción de biocombustibles) cuando nuestra disponibilidad de reservas fósiles comenzará a ser crítica poco después del 2010. Argentina va camino a ser un país importador de crudo y gas. Además estaremos exportando un combustible limpio (el etanol) que generará reducciones en los países importadores habiendo consumido energía local para producirlos y habiendo realizado emisiones de gases que producen efecto invernadero localmente.”
La ONG ecologista también cuestiona que la elaboración de este tipo de combustibles sea una solución a los problemas de cambio climático en los países productores: “Debemos tener en cuenta que, por ejemplo, cada hectárea desmontada en Brasil equivale a una emisión de 500 toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. Las reducciones de emisiones que pueden generar los biocombustibles producidos en tierras desmontadas demandarán decenas o cientos de años para compensar las emisiones generadas en los desmontes. La desaparición de montes y selvas para generar tierras cultivables no sólo genera problemas en materia de biodiversidad y para las comunidades locales, también contribuye en agravar el problema del cambio climático”, sostiene el informe.
El costo social
“La producción y el uso de la bioenergía –advierte el trabajo- no deberían ampliar las desigualdades sociales, especialmente entre países desarrollados y en desarrollo. Las necesidades locales deberían tener prioridad por sobre el comercio global. El comercio en materia de bioenergía no debe resultar en impactos negativos en materia ambiental ni social ni debilitar la seguridad alimentaria y la soberanía.”
A pesar de todos estos cuestionamientos, Greenpeace considera que la bioenergía es parte de la solución para combatir el cambio climático. Pero propone utilizar otra materia prima para elaborarlos: residuos de aceite de cocina, restos de caña de azúcar o de la actividad forestal. “Esta forma no presenta grandes problemas”, asegura el informe.
La solución es el problema
A principios de año, el titular del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, Enrique Martínez, también había elaborado un informe cuestionando a los biocombustible como remedio al mal del cambio climático. La primera objeción que Martínez planteaba sobre la producción de etanol también tenía que ver con la cuestión alimenticia. Sostenía que para conseguir un reemplazo significativo de combustibles fósiles por etanol se necesitaría afectar a una superficie tan extensa que deberían dejarse de utilizar tierras cultivadas para producir alimentos en favor de la fabricación de energía, en un momento donde la población mundial se expande de manera vertiginosa. El prestigioso ambientalista estadounidense Lester Brown, presidente del Earth Policy Institute, sacó una cuenta que no deja de sorprender: para producir el etanol suficiente para llenar un tanque de combustible de cien litros se necesita la cantidad de granos que una persona come a lo largo de un año. “Como la tierra es finita, estaríamos generando un problema en vez de una solución: dejaríamos a millones de personas sin comer”, opina Martínez.
“Este planteo no es teoría pura. –explica- En la Argentina prácticamente no se produce etanol, sólo hay proyectos. Sin embargo ya tenemos instalado el problema por el contagio de las subas de precios del maíz por la expansión de los biocombustibles en los Estados Unidos: en los últimos dos años aumentó un cien por ciento. Hoy el Estado argentino está subsidiando a los productores de pollo, cerdos y ganado lechero porque el maíz subió por la gran cantidad de hectáreas que Estados Unidos dedica al cultivo del cereal para producir etanol. La estampida de la carne se debe, en parte, al aumento del alimento balanceado, que sube el precio porque se disparó el maíz”.
Subsidios sin fin
Este aumento geométrico de precios que Martínez caracteriza como un problema, los productores del campo y el gobierno lo ve ven como una ventaja competitiva. De hecho, hoy una de las principales fuentes de recaudación que tiene el Estado son las retenciones a los exportadores y cuanto más cueste el maíz, más dólares recibirán la Argentina. “Pero el Estado ya empezó a devolver ese dinero en subsidios a productores ganaderos para que engorden a sus animales –argumenta el presidente del INTI- . Después deberá subsidiar a los pobres y también tendrá que comprarles comida. Cuando se haga el análisis del ciclo de vida, que implica estudiar un tema desde que empieza hasta que termina, la Argentina se dará cuenta que con el etanol pierde plata. Pero mientras tanto, unos van a ganar mucho y otros todo lo contrario. Estas cuestiones deben analizarse a escala de toda la comunidad. Hoy todos los diarios hablan de la gran oportunidad que vive el país porque sube el maíz. Es una oportunidad para hacer mal las cosas, para que aumente la brecha hacia el interior de la sociedad.”
“Lo que en verdad intenta Estados Unidos no es reemplazar el petróleo por etanol, sino controlar el valor del crudo. Nunca podría reemplazar más del 10 ó el 15 por ciento, pero eso alcanzaría para presionar sobre el precio del barril, que había superado todos los récords. Lo que permite el etanol, también, es no modificar las estructuras de poder. Si se produce nafta o etanol, se necesitan los mismos caños y las mismas estaciones de servicio para distribuirlo. Si, en cambio, se incentiva la energía eólica, solar o la generada por pequeñas centrales hidráulicas permitiría una producción descentralizada que podría distribuirse de manera local, prescindiendo de las grandes destilerías.”
Además de las objeciones políticas a la producción de etanol con maíz, Martínez realiza también cuestionamientos técnicos. Señala que existen especialistas de la Universidad de Cornell que aseguran que la producción de este biocombustible arroja un balance de energía negativo. Esto quiere decir que se gastaría más energía en cultivar, cosechar y transformar el cereal en combustible que lo que devolvería después el etanol dentro de un motor. «El nivel de conversión de energía del maíz es muy bajo. Aún los defensores de la idea a ultranza, que aseguran que la ecuación es positiva, dicen que apenas llega a obtenerse un 50 por ciento más de lo que se gasta. Además, el etanol sería un pésimo negocio para Argentina: gastar energía para producir otra que se utilizará fuera del país”.
Nuevo impulso
Hoy en Argentina se producen 160.000 toneladas de etanol, una cifra muy marginal para lo que representa el consumo total de combustibles. Para producirlo, se utiliza como materia prima el bagazo de la caña de azúcar, un desecho que no tiene valor calórico alguno. Estos tipos de emprendimientos surgieron durante el gobierno de Raúl Alfonsín, que se había propuesto impulsar esta tecnología. Pero hasta hoy, la industria del biocombustible en la Argentina no prosperó.
El nuevo impulso dado por los efusivos gestos diplomáticos parece indicar un peligroso cambio. Para alertar sobre sus consecuencias el Movimiento Campensino Indígena –integrado por 15.000 familias agrupadas en organizaciones campesinas de siete provincias argentinas- también elaboró un documento donde plantea su posición sobre un tema que los afecta en forma directa. Allí plantean:
- “La expansión de los cultivos afectará a los alimentos, que serán más caros; a los suelos, que se degradarán por el uso de agroquímicos; e impulsará aún más el monocultivo para alimentar las plantas de etanol.”
- “Es falso que el etanol beneficie en materia ambiental. Si no cambia el modelo de derroche energético, seguirá la producción de gases de invernadero, principal responsable del cambio climático.”
- “El papel de la región será suministrar energía barata a los países ricos, a través de políticas de como las de la colonización: apropiación de territorio, de bienes naturales y de trabajo, lo que representa mayor concentración de tierra, agua, renta y poder.”
- “La producción de agrocombustibles pondrá en peligro la soberanía alimentaría y agravará el problema del hambre en el mundo. En México, por la exportación del maíz para etanol, hubo un aumento del 400 % en el precio del maíz.”
- “Con los cereales que se necesitan para llenar el tanque de una camioneta se puede alimentar una familia por mucho tiempo. La mayor parte de la energía producida se consume en el cultivo y el procesado -en petróleo, riego, maquinaria, transporte-. Hasta se puede dar saldo negativo de energía. Y más negativo aún, si se suma la destrucción de los bienes naturales y la contaminación que las refinerías causan en las comunidades cercanas.”
- “Las industrias y gobiernos del Norte necesitan que la producción sea en el Sur, porque no disponen de tierra o no quieren usarla para esto, y porque asumen que en esos países los problemas ambientales son obviados por gobiernos ávidos de «inversión» extranjera y de promover la agricultura intensiva de exportación.”
- “Es un proyecto de Estados Unidos para disminuir su dependencia de las naciones petroleras, pero además, un interés propio de sus empresas de agronegocios, petroleras y automotrices, para hacer nuevos y grandes negociados.”
- “Usar los alimentos para llenar millones de autos o para millones de estómagos. ¿Usted que elige? “
Nota
MU 215: Sin chamuyo



Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va
Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.
Por Francisco Pandolfi

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema
Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.
Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país.
Por Sergio Ciancaglini

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio
La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.
Por Lucas Pedulla

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden
La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.
Por Claudia Acuña

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película
Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.
Por María del Carmen Varela

Un biodrama del presente: Puta madre
La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.
Por Evangelina Bucari

La Cogolla: Flor de cultivo
Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.
por María del Carmen Varela

Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del Más Acá: Parlantes
Por Carlos Melone
Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
- ComunicaciónHace 3 semanas
Las agallas de Agulla
- MU214Hace 3 semanas
La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
- MU214Hace 3 semanas
El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
- Crisis ambientalHace 1 semana
Atanor: condena confirmada por “daño irreversible” al río Paraná y contaminación de aire, suelo y agua con agrotóxicos
- MU214Hace 4 semanas
Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz









































