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Cómo hicimos Escena Política

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A pedido de la revista francesa Divague, del Thèâtre Le Quai, el colectivo Escena Política, del que forma parte MU, escribió este artículo sobre cómo se organizó el congreso transversal realizado en octubre pasado. Representa un ejercicio de memoria sin balance: un registro del hacer colectivo  para dejar constancia de algunas prácticas que otros colectivos pueden corregir, aumentar o tachar según sus objetivos, pero que al mismo tiempo intenta así hacerse cargo de registrar el hacer. Del cómo se hizo al cómo lo hicimos. 

Por el colectivo Escena Política
www.escenapolitica.org

Identidad colectiva

Somos un espacio abierto sin jerarquías ni roles fijos; un grupo de artistas vinculados a las artes escénicas de la Ciudad de Buenos Aires, articulados a través de dos espacios de activismo cultural, FDA (foro danza en acción) y TIM (teatro independiente monotributista).  Nos nucleamos a comienzos del 2015 para realizar una serie de acciones que intentaban visibilizar zonas oscuras de la política y de la producción cultural. Durante todo ese año nuestras intervenciones apuntaron a un cuestionamiento de la política cultural de la Ciudad de Buenos Aires, sobre todo del Complejo Teatral de Buenos Aires, que incluye siete de los teatros públicos mas importantes del país. Durante la última década estos teatros sufrieron un vaciamiento presupuestario, político e institucional en contrapeso con la intensa actividad de la producción de los teatros independientes. Este contraste nos interpeló y nos vimos en la necesidad de intervenir más activamente en la política cultural estatal.
A fines del 2015, Mauricio Macri, ex-jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos entre el 2007 y el 2015, y responsable de muchas de las políticas culturales que veníamos cuestionando, se convierte en el presidente de Argentina. Con un gobierno declaradamente neoliberal en el país y, nuevamente, en la Ciudad, la agenda de resistencia al vaciamiento estatal se vuelve urgente. Desde los primeros meses de gobierno fueron vulnerados nuestros derechos culturales y civiles, amparándose en un discurso que apunta a la eficacia del Estado y la reducción del gasto público, con un estado de carácter fuertemente policial y punitivo.
En este contexto nos preguntamos cómo seguir. ¿Tenía sentido seguir siendo los auditores sociales del Estado, aquellos que observan y señalan las faltas de una política cultural que nos resultaba completamente ajena, con la que no encontrábamos aperturas para habilitar un diálogo? ¿No sería mejor, en ese contexto, usar el tiempo para imaginar nuevas formas de vida y de producción cultural, para contaminar la política con aquello que a priori creemos que no es la política, es decir nuestras prácticas artísticas?

Organización del Congreso

Entonces, decidimos hacer un Congreso Transversal, que articulara y cruzara lo que no entra en la cuenta de la política tradicional, la academia y las instituciones del arte. Generarnos un espacio de pensamiento y acción que nos posibilitara armar nuestra propia “agenda” o temporalidad política, sin correr detrás de los problemas de la coyuntura, generando así modos propios de resistencia inventiva desde nuestra cotidianeidad amenazada. La necesidad y el deseo fueron el de alimentar y generar un espacio-tiempo de sensibilidad, complicidad e imaginación política, donde activar otras maneras de percibir, pensar y experimentar las propias prácticas políticas y de creación artística.
Trabajamos casi un año en el armado, en reuniones semanales abiertas y en comisiones que se fueron armando de acuerdo a las necesidades que iban apareciendo. Surgieron un grupo de estudio para leer y discutir a los pensadores que nos proponíamos entrevistar, una comisión de curaduría colectiva, otra de comunicación, otra de producción, etc. No teníamos un mapa creativo antes de empezar, ni objetivos ideológicos a priori, pero comprendimos de inmediato la importancia de la experiencia de “poner el cuerpo” en cada encuentro; de ir tomando las desiciones en presencia, quienes allí estábamos. La importancia, en definitiva, de la potencia de encontrarnos y reunirnos.
Así la actividad de armado del congreso empezó a parecerse más a un proceso artístico, creativo y grupal de esos que conocemos desde nuestras prácticas artísticas. Las artes escénicas en la Ciudad de Buenos Aires tienen una larga tradición independiente y autogestiva en la que, de un modo u otro, muchos de nosotros nos inscribimos. Reunirnos, pensar y crear con otros sin saber muy bien a dónde estamos yendo es parte de nuestra práctica y situación cotidiana. Pasar esta forma de actuar y relacionarse a una actividad vinculada a la política fue un proceso orgánico y lógico para nosotros.
Apareció, entonces, una práctica colaborativa de ejercicio del poder que nos permitió pensar haciendo colectivamente, sin definiciones previas, en el intento de dejar de lado prejuicios y dogmas ideológicos. Habitamos nuestros sucesivos encuentros como un espacio de subjetivación, de crítica y estudio de lo que nos gobierna. Y en el hacer fuimos encontrando una dinámica propia de trabajo.

Curaduría colectiva

Empezamos a invitar a nuestras reuniones a colectivos con los que nos interesaba dialogar, muchos de ellos provenientes de las artes visuales pero también de otras áreas con las que solemos tener menos contacto como la comunicación, las ciencias sociales, la filosofía, los activismos culturales o la producción cultural de la noche. Fuimos entendiendo en esos encuentros que el congreso no debía tener aquello que se entiende habitualmente como conferencias o ponencias. Resolvimos un formato base de “talleres”, esto es, espacios de trabajo y pensamiento colectivos. Espacios de práctica y acción, donde no hay unos que hablan y otros que escuchan. La forma que finalmente asumieron los talleres fue el efecto del diálogo con los talleristas invitados. A partir de ejes de investigación situada generamos un intercambio que potenciara ese pensamiento y creamos a su vez redes afectivas transindividuales.
El congreso transcurrió durante cuatro días, entre el 20 y 23 de octubre. Hubo instalaciones, talleres, video-conferencias, conferencias performáticas, sesiones de prácticas de movimiento colectivo, performance de calle, caminatas temáticas, manifestaciones callejeras.
Cada día tuvo un eje temático sobre el cual giraron estas actividades. El primero, funcionó como una presentación abierta del colectivo organizador, a través de la lectura de nuestros manifiestos y de la exposición de muchos de los materiales escritos que intercambiamos durante la organización del congreso. El segundo, centrado en la desobediencia cultural, giró en torno a la pregunta ¿Cómo la inteligencia colectiva se organiza en la acción? El tercer día estuvo orientado a indagar e inventar futuros posibles, a pensar otra relación con la realidad capitalista y otra sensibilidad hacia lo común. Y el cuarto y último día, intentó ensayar y crear nuevas formas colectivas de componer y habitar el espacio público.

Talleres

Los temas de los talleres que se elaboraron con cada colectivo e invitad*s fueron de lo más variados y singulares: “Situarse: potencialidades y tensiones de un pensar/hacer/mover situado”, coordinado por Marie Bardet ; “Primero hay que saber rajar: un escritura del agite”, a cargo del Colectivo Juguetes Perdidos ; “La hazaña colectiva: políticas del goce de la actividad nocturna en la Ciudad de Buenos Aires”, por Hiedrah Club de Baile; “Contra la crítica”, guiado por el Colectivo MU La Vaca;  “Y nos dicen que llueve: intervención del espacio público expandido”, orientado por el Colectivo P.A.P.O; “Xpropiaciones: colectivización de estrategias existenciales cerca y lejos del Estado”, coordinado por Escena Política; “Genealogías de una subversión utópica: historia y política en el arte argentino”, a cargo de Juan Ignacio Vallejo; “Entrismo ejercicios escuela”, coordinado por el Colectivo Proyecto Secundario Liliana Maresca; “Kurdistán: la revolución silenciada. Proyección del documental «Nû Jîn -Yeni yaşam», con charla debate a cargo de Delil Delali; “Donde termina tu cuerpo empieza el mundo”, guiado por el Colectivo Centro Rural de Arte; “Tensiones del discurso histórico. Proyección de la película El movimiento”, con la participación de Benjamin Naishtat; “El Caso Lopérfido: El Pez por la boca muere o cómo hacer saltar un ministro con palabras”, en formato de conferencia performática coordinada por el Colectivo Trabajadores de la Cultura; “La mesa de arena”, del Colectivo La Dársena.
Durante el segundo y el tercer día se realizaron seis talleres en simultáneo en una misma sede. Al finalizarlos se realizaba una puesta en común de lo ocurrido en cada espacio de trabajo. A partir de una pregunta tensora por día, nos convocábamos en un estado asambleario, con reglas de participación muy heterogéneas para hacer aparecer la voz y el cuerpo. Se delimitaba un rectángulo performativo vacío, al modo del battle del hip hop y el parkur, o el ring side del box, donde cada quien podía cruzarse con prácticas de movimiento e intervenciones verbales. Las reglas eran susceptibles de modificarse en el transcurso de la puesta y eso permitió que cada día albergara de formas muy diferentes las energías y las tensiones que se habían generado en los distintos talleres.
Video-conferencias
El segundo y el tercer día del Congreso se iniciaron cada uno con una video conferencia, que fueron una especie de conversaciones íntimas y públicas a la vez con dos pensadores, amigos políticos de nuestro colectivo e intelectuales marginales de la academia europea: Franco Berardi Bifo (Italia) y Amador Fernández-Savater (España). “¿Qué puede el arte?, fue el título de la conversación con Bifo; y “¿Cómo se compone lo común?, el de la conversación con Amador. El intercambio con ellos fue a partir de sus configuraciones conceptuales, en una tentativa de pensar las situaciones de nuestra comunidad sensible y los posibles desplazamientos de nuestra práctica para componer poder social.

La salida a la calle
La experiencia de intervenir el espacio público asumió durante esos días distintos formatos: performances, caminatas sonora y peripatética, prácticas de movimiento, fiesta, caravana. La “salida a la calle” fue un modo de generar resistencia haciéndonos presentes, siendo cuerpos visibles, desobedientes. La intervención de los cuerpos en la geografía urbana nos habilitó la creación de nuevos territorios, constituyéndonos como fuerza creativa amorfa, múltiple, heterogénea, que trama otros posibles, que visibiliza conflictos, que resignifica espacios y ritmos, y que inventa futuro frente a la incertidumbre.
El “Diálogo peripatético”, coordinado por Hernan Borisonik, consistió en un modo de reflexionar en movimiento, un pensar caminando, al estilo aristotélico. Mientras se avanzaba por algunas callecitas del centro porteño, se habló sobre lo privado y lo común, sobre la técnica, la producción y el dinero como representación de las cosas; sobre la política y lo público. La caminata terminó al borde del agua, en una contemplación silenciosa de la Ciudad.
En la acción “Abogados Manteros” coordinada por Escena Política, una decena de abogados tendieron mantas en el microcentro porteño y atendieron por un precio simbólico consultas jurídicas de los transeúntes. Finalizando un año donde la ciudad se “limpió” de vendedores ambulantes esta acción buscó visibilizar la persecución policial y estatal a la que son sometidos quienes viven de/la/en la calle, al tiempo que evidenció el carácter de “territorio en disputa” del espacio público. (Manteros se llama en Buenos Aires a los vendedores ambulantes que ocupan una porción de la vereda u otro espacio público, con una “manta” sobre la que ubican los productos que venden. Durante los últimos años, y especialmente durante el 2016, el gobierno de la ciudad de Buenos Aires los fue sacando violentamente de las calles y prácticamente desaparecieron del paisaje urbano)
La “Caminata Sonora”, guiada por la compositora y performer Guillermina Etkin, fue una singular experiencia colectiva de escucha. Transitar produciendo sonido y escuchando, como una posibilidad de percibir de otro modo, activa y singularmente, el ritmo ensordecedor de Buenos Aires, sus múltiples capas, sus sentidos.
La “Práctica de movimiento abierta y colectiva para cuerpos deseantes”, coordinada por la artista del movimiento uruguaya Federica Folco, comenzó en el subsuelo de la sede al finalizar la puesta en común del tercer día del congreso. Luego de varias horas de pensar y discutir todos los participantes cerramos los ojos e iniciamos una actividad de contacto físico que luego se derramó hacia la calle. Esta ocupación del espacio público constituyó una verdadera zona de tráfico de afectos, un entramado de vínculos, hipersensibles y erotizados.
Durante el último día del Congreso artistas, colectivos y participantes nos reunimos en un gran salón del Centro Cultural Torcuato Tasso y dimos cuerpo al “Comité Cósmico de Crisis”. Por más de tres horas compartieron el espacio cuatro talleres funcionando en simultaneo. Probamos, debatimos, ensayamos formas de mover y de hacer visibles y audibles los cuerpos. El artista Osías Yanov, coordinó el Taller “Corte de Ruta y Pasarela”, para inventar técnicas personales de trasformismo deambulante y desplegarse en el tiempo-espacio de la caminata-caravana. La artista visual y activista, Mariela Scafati, coordinó el Taller de “Cartelismo”, memoria activa de lo compartido durante las jornadas previas del Congreso, traducido en consignas de cartel. La confección de los carteles, con sus frases, sus formas, sus colores, sus materiales, fue también el catalizador de un pensar haciendo en torno al desplazamiento de nuestras palabras, voces y cuerpos en el espacio público. “Canciones del Presente para la marcha del futuro”, taller coordinado por Luci Cavallero y Guillermina Etkin, hizo de las resonancias del trabajo desarrollado en el congreso, letras y melodías de canciones para la manifestación. El Colectivo Foro Danza en Acción, articuló un taller en torno a la generación de prácticas de transferencia y contagio de movimiento, pensando el cuerpo en manifestación.
En esos haceres compartidos en taller, nos constituimos en cuerpo colectivo potente y sensible para salir a las calles. Recorrimos el Barrio de la Boca, uno de los más pobres de la ciudad, en dirección a Puerto Madero, focus del poder económico y símbolo de riqueza y snobismo. Fuimos en caravana con nuestras canciones, nuestros pasos de baile, nuestros “disfraces” y nuestros carteles, conmovidos por el reciente Paro General de Mujeres, del colectivo Ni Una Menos, marchamos con la consigna principal “Sindicato social / Asamblea Bailable”. Avanzamos inventando nuestros modos de ser multitud visible y desobediente en las calles. Llegamos a Puerto Madero y bailamos nuestros pasos de resistencia en terreno privatizado y blanqueado. Contra el silencio del poder, alzamos la voz y fundamos en ese acto, aunque de modo precario y transitorio, otra posibilidad de ordenamiento territorial.
La fiesta de cierre del Congreso, coordinada por Hyedra Club de Baile, se desplegó desde la sede de MU, Centro Cultural que sostiene una cooperativa de periodismo autogestionado, hacia la calle, a unos metros de la plaza del Congreso de la Nación. Esta celebración fue pura potencia: una práctica de desterritorialización y reterritorialización colectiva en movimiento. Allí confluimos personas provenientes de universos y composiciones sociales distintas, con experiencias vitales diversas: artistas, activistas sociales, personas en situación de calle, intelectuales, estudiantes, migrantes, personas travas y trans, etc. Y allí situados nos reconocimos en lo común. Un encuentro que en su estar-siendo y por el tiempo que duró, logró fisurar el dominio espacial del capital; reconfigurar el espacio como escenario de creatividad. La calle, esa zona de combate abierto en donde pueden aparecer nuevas formas de lo social y lo político fue, por unas horas, nuestra.
EL PORVENIR. LOS DEVENIRES
Durante los cuatro días del Congreso, primó un estado de cuidado, comunión y amistad. Escena Política alojó, como una especie de plataforma multiforme, formas diversas de intervención, de asociación, de pensamiento y acción.
Resta un tejido de redes a ampliar, multiplicar, diseminar y fortificar, y la sospecha de que este modo de inventar “comunidades de sentimiento”, de animar  la imaginación política, de rehabilitar los afectos es, en tanto gesto de insubordinación, nuestra poderosa arma política.
¿Cómo hacer de esta experiencia memoria útil e inspiradora y no cristalización de procedimientos, de formas y acciones?
¿Cómo seguir trabajando para que nuestros afectos, nuestros deseos, nuestro tiempo no sean capturados por las promesas capitalistas?.
¿Cómo defender lo común y su potencia de la máquina trituradora y engullidora neoliberal?.
Desafíos y preguntas desde nuestro presente para pensar haciendo.

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Desentendimiento: Fingir demencia

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Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

Desentendimiento: Fingir demencia

Hay una pregunta que resulta difícil de responder: ¿cómo puede ser que esté todo tan mal y, sin embargo, no pase nada…? Dejemos por un momento la idea de que ‘no pasa nada’ (no hay signos vitales), porque esta revista es fiel reflejo de que eso no es tan así. La pregunta apunta a que sabemos que la desigualdad crece, que el poder y las riquezas están cada vez más concentrados, las democracias degradadas, las guerras se multiplican y el desarrollo tecnológico amenaza muchas veces a estar más cercano a empeorar las cosas que a mejorarlas. Crecen las fake news, las teorías conspirativas, el negacionismo, y la realidad parece seguir igual o cada vez peor.
La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió un ensayo que parte del psicoanálisis para ayudarnos a entender una forma de reacción: Desentendimiento. Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, recientemente publicado por Caja Negra. La base de la historia: el desentendimiento, hacerse el o la distraída, es saber que los problemas y conflictos existen pero fingir demencia o, si se quiere ‘fingir normalidad’, desentendiéndose perversamente de causas y consecuencias de la crisis permanente.
Aquí algunos fragmentos para explorar la cuestión, y para no desentendernos.

Desentendimiento: Fingir demencia
Alenka Zupančič

Rasgo de época

«El modelo de la noción de desentendimiento (…) se resume en una fórmula sumamente concisa: ‘Ya lo sé, pero aun así….’. El desentendimiento difiere de la negación: no niega los hechos, sino que anuncia con mucho gusto que lo sabe todo al respecto y luego prosigue como antes. El desentendimiento (perverso), que sostiene una creencia mediante la proclamación apasionada del conocimiento de lo contrario, está volviéndose el rasgo predominante de nuestra vida social y política, y va mucho más allá de la psicología personal”.

The other side

«Solemos preguntarnos cómo puede ser que el proyecto del Iluminismo haya terminado en un triunfo del oscurantismo: el surgimiento de todo tipo de creencias extrañas, desconfianza en la ciencia, un populismo que se apoya en cualquier cosa excepto en la argumentación racional… El psicoanálisis lacaniano ofrece una respuesta: no es que fuerzas oscuras y pulsiones ocultas se hayan adueñado de la razón y le hayan ganado al conocimiento y su evidencia, es más bien que a la razón y al conocimiento nunca les ha faltado su propio lado oscuro y ‘poco razonable’. La modalidad social contemporánea de desentendimiento es una forma perversa de la razón, del conocimiento mismo, y no el retorno de una pulsión arcaica y oculta. Las apelaciones a la razón y la ciencia tienden justamente a olvidar o ignorar esto; en general, derivan en una frustración indignada, o bien en una arrogancia fascinada y divertida frente a la ‘estupidez de la gente’”.

La negación

«En términos políticos, parecemos atrapados en un baile macabro en el que la negación (a menudo asociada con el ‘populismo’), por un lado, y el desentendimiento perverso asociado con la idea mainstream del business-as-usual (de que sigue todo como si nada), por el otro, constituyen las dos opciones políticas principales que compiten, alimentándose la una a la otra con sus respectivas patologías y casi siempre respondiéndose entre sí, en lugar de responder a cualquier realidad social”.

Conspiranoicos

«Hay una curiosa complicidad entre la actitud ‘racional’ del sigue-todo-como-si-nada de la sociedad mainstream y la actitud ‘demente’ de los conspiracionistas. Aunque la primera descanse fundamentalmente en los mecanismos del desentendimiento, mientras que la segunda se acerca más a la negación, hay entre ambas una cierta dialéctica. Por ejemplo, esas élites racionales ‘saben’ que hay un cambio climático, pero al mismo tiempo continúan como si nada. No lo niegan, pero su comportamiento apegado a continuar con el funcionamiento normal de las cosas demuestra que su creencia inconsciente no es diferente de la negación explícita de los conspiracionistas. A su vez, las élites necesitan a los conspiracionistas justamente para poder señalarlos con el dedo, para contrastar la ‘demencia’ de estos con su supuesta racionalidad y así impedir que veamos su propia demencia”.

La vida fake

«Las teorías conspirativas parecen estar pasando del marginal y recóndito ‘inframundo’ y de la subcultura al espacio público, incluso a la política oficial. Muchas razones, en muchos niveles diferentes, explican esto”. (…)
“Tendemos a atribuir el hecho de que ‘ya no es posible distinguir la verdad de la ficción’ a la influencia de las teorías moderna y posmoderna, (…) pero, en el entusiasmo por este realismo redescubierto, tendemos a olvidarnos de un hecho muy real: que a menudo es objetivamente bastante difícil –en efecto, imposible– distinguirlas. Las falsificaciones y los ‘fakes’ se están volviendo cada vez mejores; la tecnología, incluida la IA, produjo efectos desconcertantes e inquietantes a este respecto, con cosas imposibles de distinguir de las auténticas; por no mencionar que nuestras relaciones sociales en el capitalismo tardío están excesivamente ficcionalizadas, para que la realidad brutal del capital pueda seguir su curso”.

Individualismo masificado

«El desentendimiento perverso es, por así decirlo, un fenómeno masivo individual: es el pináculo de la individualidad, del individualismo, independientemente de cuán generalizado esté y, en este sentido, de cuán ‘universal’ sea. Con las teorías conspirativas, la situación es diferente porque en general se agrupan en colectivos específicos. Puede parecer paradójico, pero muchos de estos colectivos se forman a partir de un rechazo explícito de cualquier cosa ‘colectiva’ (de rebaño, como les gusta decir). Lo usual es que se categoricen estos grupos bajo términos negativos como ‘horda’, ‘multitud populista’, ‘masas fascistas’. Pero como no hay nada ni siquiera remotamente parecido a una formación colectiva del lado mainstream individualista ‘racional’ y su actitud de seguir-como-si-nada, estos inevitablemente prevalecen. Nuestros líderes occidentales ilustrados, que aborrecen estas ‘formaciones masivas’, tienen solo una respuesta para ellos: apoyar e incentivar niveles individuales de desentendimiento como modo de lidiar con las crisis. Esta estrategia funcionó por un tiempo, pero ahora está fracasando de manera dramática, porque presupone un ambiente social relativamente estable con una clase media grande y relativamente cómoda, no el tipo de crisis serial en la que estamos metidos”.

¿La izquierda por arriba?

«Las malas circunstancias sociales no producen patologías ni conducen a un aumento de las atrocidades necesaria o directamente, pero sin dudas contribuyen a ello. El truco, sin embargo, es evitar la actitud condescendiente de ‘entender’, una actitud compartida por muchos en la izquierda, que le niega a la ‘gente’ cualquier agencia más que la de ser una expresión directa de sus circunstancias sociales, mientras que ‘nosotros’ podemos elevarnos por sobre esas mismas circunstancias y ‘entender’ a aquellos que no pueden hacerlo. En tanto la crisis signifique una serie de ‘eventos terribles que suceden alrededor de nosotros’ y nuestro gran esfuerzo para lidiar con ellos, permanecemos atrapados en la dialéctica de la represión y en la danza macabra de la negación y el desentendimiento. Lo que realmente tenemos que entender no es a otra gente (‘menos afortunados y diferentes de nosotros’), sino el otro lado de la crisis: el hecho de que el otro lado de la crisis es una escena de lucha en curso continua”.

Agujeros

«No hablo simplemente de establecer las causas verdaderas o más profundas de las crisis. Una genuina lucha emancipadora no consiste en establecer la causalidad correcta para poder finalmente explicar –y así desechar– estas crisis. El psicoanálisis tampoco consiste en eso. Si hay algo que las luchas sociales pueden aprender del psicoanálisis, se trata de lo siguiente: solo hay causas de lo que no funciona, de lo que trastabilla y señala un agujero, un salto, un problema. El pensamiento emancipatorio no consiste en explicar el agujero y hacer que todo parezca natural: este es el trabajo de la ideología. El pensamiento emancipatorio identifica y localiza este agujero en la causalidad, esta falla técnica, este punto de decisión en el que la responsabilidad, la agencia y, sí, la política entran en juego y en el que las cosas podrían o deberían haber ido en otra dirección”.

El trauma

«No hay manera de enfrentar el trauma de forma directa, y eso es lo que lo hace un trauma: algo que nos consume y es indistinguible del efecto que tiene en nosotros. Cuanto más traumático es este, más anestesiados quedamos. Necesitamos despertarnos, no para olvidarlo y reforzar nuestras defensas por ‘medios racionales’, sino más bien para perseguir el trauma y sus consecuencias en las fibras y grietas de nuestra realidad normal, cotidiana. Solo nos podemos ocupar de las ‘causas verdaderas y más profundas’ de las crisis si focalizamos nuestra atención en la superficie y en la forma. Arrancar el velo de la superficie, por otro lado, sólo fortalece las defensas y previene efectivamente todo pensamiento, lucha y enfrentamiento de estas causas”.

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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