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Comunicación popular: medios de pie

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Uno de los tantos talleres que formaron parte del Encuentro Nacional de Educadores Populares organizado por Barrios de Pie, permitió que integrantes de movimientos sociales dieran cátedra sobre los medios. Entre todos, cambiaron títulos de diarios, cuestionaron la agenda mediática y esbozaron hipótesis sobre cómo luchar por el derecho a la comunicación y a la verdad.

Piqueteros hablando sobre comunicación en la facultad de Filosofía.

La combinación es un hallazgo que podría dejar por el suelo a los estudiosos y a los estudiantes del tema, y abre debates que se sabe desde donde parten, pero nadie sabe aún hasta dónde pueden llegar.

El hecho se verificó durante el Encuentro Nacional de Educadores Populares organizado por el Movimiento Barrios de Pie en la Facultad de Filosofía y Letras, del barrio de Caballito, Buenos Aires.

Con sus pecheras identificatorias, gorros de lana, madres con bebés en una mano y mamadera en la otra, militantes territoriales, universitarios traslúcidos y un bochinche lleno de vida, Barrios de Pie dedicó dos días -el 25 y 26 de julio- a debatir diversos temas entre lo cuales se incluyó la comunicación, como para diferenciarse de los medios comerciales en los cuales ese tipo de reflexión jamás corre el riesgo de ocurrir. Los resultados están a la vista.

En el aula 144 de Filosofía, unas 50 personas provenientes de distintos barrios y provincias plantearon sus experiencias desde los pupitres. En el frente del aula, dos integrantes de la agencia Cono Sur -Emanuel y Pablo, estudiantes de Comunicación de la Universidad de Buenos Aires- habían pegado sobre los pizarrones algunos recortes periodísticos de los diarios Clarín y Página/12. Resultó visible la inexistencia de otros periódicos, siquiera como punto de referencia.

Emanuel planteó una consulta: ¿cómo nos enteramos de las noticias? ¿a través de qué medios? Respuestas variadas: como muchos de los que estaban allí se dedican a temas de comunicación, leen y escuchan todo lo que pueden. Se mencionó a varios canales de televisión. Un cordobés expuso que, de acuerdo a su experiencia en la provincia, los medios tradicionales tienen legitimidad y peso en los barrios: los vecinos empiezan por creerles, de modo no muy crítico.

Otro integrante de Barrios de Pie explicó que algunas veces, los vecinos veían en televisión acontecimientos que ellos mismos habían protagonizado (movilizaciones, actos de protesta) y tendían a creer más en el mensaje distorsionado por el medio, que en lo que ellos mismos habían vivido. «Los medios disfrazan las cosas, pero se hace difícil hacerlo ver» dijo. Hubo varias menciones a la esquizofrenia que significa creer más en lo que reproducen otros que en la propia experiencia.

Desde el medio del aula, una señora mencionó que actualmente los periodistas no expresan lo que piensan, para mantener su trabajo. (Agregados: algunos sí dicen lo que piensan, aunque se trate de pensamientos de psicópatas. Y en otros casos simplemente no piensan, para poder amoldarse. Lo curioso es que últimamente cada vez que se habla de los periodistas -sobre todo de los medios gráficos- se los describe como uno de los sectores con menor libertad de expresión, o capacidad para decir la verdad, de la sociedad argentina).

La señora pronunció otra frase: «Lo mejor es no pertenecer a estos medios», y cuando dijo «medios» hizo con sus dedos el signo de comillas. Sobre los medios por los que se informa, contó que busca mucho en Internet.

Más al fondo, un joven reconoció que se está derritiendo la tendencia a buscar medios o programas que definió como «progres», y citó un ejemplo emblemático: «Hay varios casos de supuestos progres. CQC, (Caiga quien caiga, programa de televisión) por ejemplo, ya pasó, ya fue. No se entiende qué hacen. En este país ya no sirve más todo ese chistecito boludo con el microfonito. Para mí están en la otra vereda».

Por el aula corrían diagramas sobre la concentración mediática, que muestran cómo entre el Grupo Clarín y Telefónica acaparan una desmesurada cantidad de medios, sin contar a muchos que no les pertenecen directa u oficialmente, pero que quedan atrapados por el misma lógica de concentración.

Emanuel y Pablo señalaron los recortes de diarios pegados en el pizarrón y propusieron un ejercicio: ¿cómo titularíamos nosotros las mismas noticias? Tomaron como referencia a lo que los medios consideraron «el evento» de la semana: el viaje del presidente argentino a los Estados Unidos.

Uno de los recortes era una tapa de Página/12. Foto de Kirchner y Bush tomada durante el encuentro, en un jardín de la Casa Blanca, detrás de unas rosas rojas, en pose afectuosa. Título: «Con el fondo hay que pelear hasta la última moneda». Desde lejos no se veía a quién atribuían la frase encomillada, aunque de cerca se observaba que se la adjudican al señor Bush, según voceros argentinos. Nada de esto es información sobre la reunión ni sobre la inédita combatividad del señor Bush, sino trascendidos de lo que dicen que allí se dijo.

En páginas interiores, otro título con una foto similar: Como dos amigos que vienen del sur.

Otro de Página/12, también encomillado: «Construir un país normal«, oración supuestamente atribuida a Kirchner.

Clarín: Kirchner les pidió tiempo a los empresarios de EE.UU.

Uno del diario U, que se reparte en las universidades: Balance positivo de la gira de Kirchner.

Los grupos se dividieron y comenzaron a idear cómo editarían esas mismas noticias.

Mientras duró ese trabajo grupal, Pascual Caliccio -uno de los encargados de la prensa de Barrios de Pie- contó a lavaca que el viernes el acto convocado bajo dos lemas, «No al ALCA» y «Educación para todos» frente a la cancillería, había sido un éxito, con más de 4.000 asistentes que marcharon por el centro. «Para nosotros es importante: no estamos pidiendo subsidios, sino educación».

El dato no es menor en un país donde alguna vez un movimiento popular reclamó: «Alpargatas sí, libros no». Al margen del anecdotario, hoy ya resulta más evidente que la relación entre alpargatas y libros es crucial. O entre necesidades y derechos: funcionan juntos. De lo contrario, lo que funciona es el sometimiento de las personas.

Pascual rescató la experiencia de la Escuelita Piquetera, (ver nota en lavaca) y de la cantidad de áreas que cubre el movimiento con talleres y actividades de toda clase: Salud, Género, Derechos Humanos, Comunicación, Juventud. Todo como parte de un vasto trabajo barrial cuya imagen más cotidiana es la de los comedores populares. Ahí mismo, en Filosofía, cada una de estas áreas realizaba sus propios encuentros.

Como los grupos continuaban discutiendo propuestas, Pascual aclaró que el movimiento tiene una relación política con la agrupación Patria Libre «que nosotros no ocultamos» y recordó que alguna vez Barrios de Pie se llamó «CTA de los Barrios» por la Confederación de Trabajadores Argentinos. El señor Luis D’Elía -cuenta Pascual- les impidió mantener esa denominación. Puede deducirse que esto generó dos ventajas a la larga: un nombre más bello, y que se separaran del señor D’Elía y los suyos.

Vuelta a la reunión.

Uno de los grupos había tomado la frase «Construir un país normal». Contaron que primero pensaron en la definición de la normalidad. Dijo un vocero del grupo: «¿Lo normal es que haya hambre o dolor? Después, pensamos que para nosotros sería normal que existan leyes, que exista la educación». Conclusión, decidieron cambiar el título por: «Construyamos un país normal». Al apropiarse de la frase le dieron a la palabra «normalidad» el sentido que ellos querían. Es una vieja historia: el significado de las palabras lo dan quienes se adueñan de ellas. Cambiaron apenas una palabra y cambiaron todo, sin necesidad de ser pomposos.

Otro grupo -con aspecto mucho más universitario que el anterior- tomó el título de Página/12 con la supuesta frase de Bush («Con el Fondo hay que pelear hasta la última moneda») y las rosas. Propusieron incluir imagen de Bush y Kirchner dentro de un corazón con el título: «Deuda de amor». Otra variante: una imagen con Bush como diablo (con cuernitos y tridente) y el título «Amistades peligrosas». Otro: «No hay que pagar ni una moneda» con la foto dentro de un círculo de prohibición, cruzado por una barra roja. Y otro: «Si el diablo te acaricia».

Pablo, en el pizarrón, señaló el detalle de que la foto de los mandatarios y las rosas era de Presidencia de la Nación. Cuestionó a Página/12 como un diario que alguna vez fue progresista, que estuvo contra el poder, pero ya no. Pablo y Emanuel también cuestionaron muchas veces de qué modo los medios son los que imponen la agenda de temas, los asuntos de los que quieren que hable la sociedad.

Un joven del fondo (la gente de los barrios eligió, en general, irse hacia el fondo del aula) despachó todo un editorial sobre la actitud de los medios: «Siempre nos muestran a los piqueteros cuando hay corte de rutas, de calles, cuando hay conflicto. Pero jamás se vio en un noticiero o en estos diarios a los comedores trabajando, a lo que se hace todos los días con los compañeros». De ese sector salió una idea que apenas alcanzó a diseñarse como trazo grueso, y que acaso fue una de las más brillantes de ese día: dedicar el mismo espacio que los diarios daban a las noticias sobre el viaje presidencial a describir los barrios: las actividades, las historias, los logros, las dificultades, la vida.

Estos participantes rompieron una paradoja del encuentro: ahí se cuestionaba la agenda impuesta por los medios, reproduciendo la misma agenda: «el evento» del viaje de Kirchner a los Estados Unidos, pero para criticarlo. Pablo acertó al cuestionar, por ejemplo, que todos los diarios se basaban sólo en trascendidos y en rumores. Pero los concurrentes tampoco se podían basar para hacer su ejercicio en ninguna información real, salvo la crítica genérica a lo conocido: Estados Unidos se comporta -más que nunca- como un imperialismo de guerra y criminal, con el cual todo acercamiento romántico intentado por los dirigentes argentinos suele terminar del mismo modo, y ya se sabe quién paga las facturas de las rosas.

Pablo insistió en esa línea antioficialista: «Uno, Bush, copó el petróleo invadiendo Irak y matando gente inocente. El otro, Kirchner, lo entregó y fue cómplice del neoliberalismo durante todos estos años». Debe decirse que las frases opositoras sonaron oxigenantes en medio del actual ambiente viciado de un oficialismo bastante más estúpido de lo que el propio gobierno merece.

Pero de todos modos, al proponer la crítica a Bush-Kirchner ¿no se estaba obedeciendo la agenda oficialista y mediática?

Pablo acertó también al plantear que los medios transmiten muchas veces mensajes cerrados, resueltos, absolutos, que no permiten críticas. Cuando se dice «lo bueno» o «lo malo», postuló Pablo, sólo se simplifica realidades mucho más complejas. «Nos quitan palabras». Pocos minutos después de esta crítica se estaba proponiendo inventar eslogans (simplificaciones de palabras) contra el ALCA. Por lo tanto ¿es bueno o es malo simplificar? (con perdón de la pregunta simplificadora).

Otro argumento interesante de Pablo es la conocida idea de que los medios construyen su mensaje desde la óptica de un ciudadano que no participa. Esa situación cambió el 19 y 20 de diciembre: «Los medios fueron desbordados por un discurso que no era el que ellos buscaban imponer. Era el de las personas movilizándose». Otro argumento: «Una cosa es cada uno guardado en su casa, y otra es cada uno volcado a la organización popular».

El aula seguía escuchando. Pablo encontró otro ejemplo sobre cómo los medios esfuman la realidad: «Todos informan sobre tránsito. Cada vez más aparecen en las radios esos informes. Pero puede ser un pozo o una manifestación. Y que haya piqueteros o que haya que asfaltar no es lo mismo». Es interesante: baches, barricadas, cortes por refacciones, cortes por piquetes, todo en la misma bolsa. Las radios ven a la resistencia social como un problema de interrupción de la circulación.

Pablo mencionó lo que publican los diarios, y se preguntó por qué nadie dice «no al ALCA». Cuando redundó por cuarta vez en ese argumento, un militante de Barrios de Pie elevó la voz para cortarlo: «No es que no se le ocurre a nadie, no se le ocurre a esos medios a los que les importa tres carajos todo lo que nos importa a nosotros. No tenemos medios masivos. Todos los medios populares son barriales o comunitarios. Entonces el desafío es ir creando una agencia popular de noticias, y también el desafío es ver cómo ir construyendo una comunicación popular». Toda una propuesta para debatir en algún otro encuentro. Por ejemplo: ¿hablar de comunicación popular implica hablar de «una» agencia de noticias?

Emanuel y Pablo retomaron la palabra para mencionar cómo un tema -la seguridad- termina inyectando miedo en la sociedad y la ingenuidad de creer que con más policía mejorarán las cosas, cuando la experiencia demuestra que a más policía, más inseguridad.

Una joven de San Miguel contó cómo se les ocurrió hacer el boletín Piqueter@s para no tener que seguir respondiendo a la pregunta vecinal: «¿Por qué siguen rompiendo las pelotas con los piquetes?». Otro integrante de Barrios de Pie describió los que considera grandes desafíos para los medios que quieren ser populares: «El tema es cómo se ven reflejados los propios compañeros en esos medios. ¿Cómo se hace para ser participativo? Hay que romper la técnica de los grandes medios y construir una cosa nueva. No existe la comunicación piquetera. Pero así como en el movimiento la cosa va de la base hacia arriba, con la comunicación tenemos que hacer lo mismo, ir de abajo hacia arriba construyendo, continuando con nuestras experiencias, a ver qué podemos hacer».

Pascual intervino y sus palabras empalmaron con algo que estaba escrito en el pizarrón: «red de corresponsales». Su idea es que el propio Movimiento está teniendo más experiencias de las que es capaz de centralizar, y apostó a que eso continúe: «Hay un enorme poder de creatividad en el territorio, en cada lugar, y se podría tener la misma llegada que los medios grandes en esos lugares». Se habló de «ganar la calle» y las paredes de los barrios como herramienta de comunicación. Los integrantes de Cono Sur propusieron que se tomen paredes en los barrios con preguntas del tipo «¿qué opina de la educación?» o «¿qué opina de los piqueteros?» y que los propios vecinos vayan escribiendo sus respuestas en las paredes.

Más allá de las buenas intenciones de la propuesta, se puede maliciar que el resultado será muy poco respetuoso de tal solemnidad comunicativa. Acaso sospechando el mismo problema Pablo dijo: «Con un grupo que se dedique a organizar a los vecinos, claro». Esto retrotrae al viejo dilema político sobre cuál es el sentido de organizar la espontaneidad. Otra propuesta de Pablo fue que todo el mundo lleve un marcador encima, como forma de escribir en micros, trenes y paredes, los mensajes que exige una comunicación popular.

Desde el fondo, un joven de barba replicó: «Habría que ver en qué medida ese tipo de acciones individuales sirven sino consolidan organización o sino forman parte de una acción colectiva más amplia». Celeste, militante de Red Ecoalternativa, que colabora con Cono Sur, dijo que el problema es que los medios masivos imponen una agenda común, y que por eso hay que lograr otra agenda, otros contenidos, e incluso «perderle el miedo al soporte» (el soporte sobre el cual se transmiten los mensajes). Una conclusión que alguien pronunció en voz alta, cuando la reunión empezaba a levantarse: «Nosotros podemos terminar siendo más masivos que los medios masivos».

El joven de barba, uno de los del fondo, tenía algo más para decir: «Lo que no hay que olvidarse es de que tenemos que defender el derecho a la comunicación, y el derecho a la expresión. Así como defendemos la salud y todos los otros temas: la misma lucha». Pocas palabras, y de las sabias.

Hubo un aplauso para cerrar una experiencia que, en demasiados sentidos, recién parece estar comenzando.

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

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MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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