Nota
Dilemas y novedades en los MTD: el día después de los subsidios
“Los movimientos que construyeron sólo a partir de los planes, están en peligro de muerte” fue una de las frases pronunciadas en Allen, Río Negro, durante un encuentro que permitió observar de qué modo varios MTD consideran que puede encararse una subsistencia autónoma. ¿Los subsidios estatales para los desocupados serán eternos? ¿Los piqueteros pueden independizarse de esas dádivas? ¿De qué modo? Y en ese caso, ¿qué ocurrirá con quienes se acercan sólo por los 150 pesos de los planes? Los valores en juego, los riesgos, los enigmas, y algunas descripciones descarnadas sobre la actualidad de esos movimientos.
Los MTD de Allen y Cipolletti, Río Negro, invitaron a una Ronda de pensamiento a la que asistieron integrantes del MTD de Solano y el Colectivo Situaciones, entre otros.
Neka, de Solano planteó que «los movimientos que construyeron sólo a partir de los planes, hoy están en peligro de muerte» y relató descarnadamente varios de los conflictos que atraviesa el propio MTD de Solano, ante el dilema de abrirse al barrio y a otras experiencias, o correr el riesgo de convertirse en un grupo cerrado, sectario y burocratizado.
«Estamos definiendo entre todos qué será el movimiento más allá de los planes», dijo. «El horizonte de mayor radicalidad hoy en día consiste en no reproducir un sistema que sabemos que está destruido. Ese es el centro del conflicto cotidiano». Uno de los puntos de debate es qué hacer con los excedentes económicos que generan los proyectos productivos.
Allen y Cipolletti comparten la visión sobre el ocaso de los planes. Ya no organizan cortes ni piquetes reclamándolos: «Nuestra idea no es construir a partir de los planes, sino gestar la base material de la autonomía con nuestros propios proyectos». Las marchas y piquetes se concentran entonces en lograr que el Estado cumpla con lo acordado respecto a diversos emprendimientos productivos. Más allá, los movimientos se abren a experiencias de autogestión en los barrios que incluyen proyectos como los de salud y educación, la incorporación de gente que trabaja pese a no tener plan, y la inclusión también de trabajadores formales que apuestan a un nuevo horizonte.
Uno de los argumentos: «De nosotros parte construir nuestro propio futuro. Porque el gobierno no nos va a solucionar la vida. Ni ahora ni nunca».
La idea de hornear pan en un lava vajilla puede parecer estrambótica, pero en Río Negro el invento funcionó. El horno está en el MTD (Movimiento de Trabajadores Desocupados) de Allen, surgido de una mezcla de necesidad e ingenio. El resultado es un pan casi adictivo.
El artefacto, además, tuvo cría. En Allen muestran orgullosos a los visitantes el nuevo horno rotativo, metálico, levemente marciano y con puerta transparente, capaz de preparar más de 50 kilos de pan en 25 minutos, que se obtuvo tras arduas negociaciones con funcionarios, y un piquete en la ruta 22.
En Cipolletti otro MTD cambió su nombre (ahora se llama Movimiento de Trabajadores por la Dignidad) aunque funciona articulado con el de Allen, y tiene también un viejo lava vajillas reciclado como horno. En ambos casos, estos «desocupados» consiguieron los lava vajillas antes de que la Universidad del Comahue los tirara a la basura (lo que genera cierta perplejidad acerca de dónde residen el conocimiento y el saber).
En Río Negro, el pan en un símbolo de otra cosa. Esos MTD capaces de cortar rutas y reconvertir hornos, buscan ahora reconvertirse a sí mismos. Reflexionan sobre qué son, qué hacen, cómo luchan, de qué modo se relacionan o se enfrentan con el gobierno, qué quieren construir.
Se preguntan acerca del futuro.
Tienen una idea entre ceja y ceja: lograr que la autonomía que reivindican como corazón de su organización no sea sólo una idea de acción, sino una realidad material, a través de proyectos productivos que no los hagan depender de los planes para desocupados que regula el Estado. Consideran que se trata de una especie en extinción (los planes, aunque tampoco parecen atribuirle un gran futuro al Estado).
Con ese tipo de temas en agenda, organizaron una Ronda de pensamiento en Allen a la que llegaron algunos visitantes desde Buenos Aires, incluyendo integrantes del MTD de Solano y del Colectivo Situaciones.
Se trató de un encuentro de ideas y de afecto. El lugar, la escuela de uno de los barrios más populares y populosos de Allen, con nombre de deseo: El Progreso.
Los bancos de la escuela se pusieron en ronda. También había rueda de mate. Varias jóvenes del movimiento hicieron una pequeña presentación y saludo. Magdalena dijo: «Estábamos tan entusiasmados con la visita, que no organizamos nada. Así que el que quiera puede tomar la dirección de todo esto. Pero que sepa que nadie le va a dar bola».
Estaban Orlando, Neka y Mava, del MTD de Solano, Patricia del MTD de Cipolletti, Diego, Verónica y el Ruso, del Colectivo Situaciones, Víctor, de Alerta Salta, La Fogata y habitué de la Ronda de Pensamiento Autónomo de Roca Negra, un integrante de lavaca y los anfitriones: Oscar, Carlos, Vasco, Magdalena, Carmen, Vilma, Mirtha, María Esther, Sandra entre tantos otros miembros de los talleres productivos del MTD de Allen.
Uno de los dueños de casa empezó a hacer girar la ronda. «Hay quienes plantean que la autonomía es fundamentalmente una cuestión territorial. Me parece que el desafío es más grande, y que construir autonomía implica también la apertura hacia otros sectores. Sería un error no atender cuál es el proyecto del gobierno hoy, qué quiere hacer con nosotros. O no tener debatido qué es lo que nosotros queremos hacer, hacia dónde vamos».
Neka, de Solano, mencionó su alegría por el encuentro y diseñó un análisis de la actualidad de los movimientos, con un diagnóstico:
«Desde que empezó este gobierno lo vivimos con expectativa por algunas cosas, y prevenciones frente a otras, sobre todo la cooptación institucional que se comienza a dar.
«Una de las cosas que se ve muy fuertemente, por lo menos en Buenos Aires, es que aquellos movimientos que se plantearon construir solo a partir de los planes, hoy están en peligro de muerte.
Dicho esto, pasó a definiciones sobre lo que ocurre en el MTD de Solano que podrían definirse como descarnadas (aunque cada lector puede elegir el adjetivo que prefiera).
«Es un tiempo de muchos conflictos internos. Nos planteamos: ¿qué hay más allá de los planes? ¿qué hay en estas maneras de convivir, relacionarnos y hacer nuestra experiencia? Esas preguntas nos van poniendo en contacto con nuestras contradicciones personales y grupales.
«Tenemos debates y peleas, algunos muy desagradables. Estamos construyendo algo de manera horizontal, democrática, autónoma, con valores como la libertad, pero muchas veces en la práctica cotidiana salta el egoísmo, la lucha del uno contra el otro, qué es lo tuyo, qué es lo mío. Yo veo que sale muy fuerte el tema del poder. De quién es el movimiento, para quién, para qué. Si está abierto al barrio o no. Si hacemos educación popular, ¿para quién es? ¿para los chicos del movimiento solamente? ¿para los que tienen plan?
«Muchos pensamos que si el movimiento no se abre a una realidad barrial, a pensar un proyecto de salud, de educación, de trabajo -de trabajo creativo y no alienante- nos podemos convertir en una isla o en un grupo cerrado y sectario.
«Estamos en ese debate, y tenemos peleas muy fuertes. Nada es fácil ni color de rosa. Lo que nos pone contentos es que a la vez hay mucha gente de realidades diferentes con la que se va armando una red de ideas y de prácticas.
«Además de discutir qué será del movimiento más allá de los planes, también nos planteamos cómo producir, sin reproducir al capitalismo. Esa es una discusión permanente.
Carlos, de Allen, dijo que el gobierno de Kirchner disparó una crisis dentro de los movimientos y la obligación de volver a trabajar sobre principios. «Es un momento crítico, porque no sabemos si esto termina en una revuelta -algo que llama la atención, produce un cambio y cierta organización- o en una revolución, que implica un cambio social y un cambio de mentalidad. Para mí hay una crisis del sistema: y habrá que ver cómo van a salir parados los distintos movimientos».
Los mates seguían circulando; afuera los chicos habían organizado un partido de fútbol bajo un clima que un porteño podría calificar como frío, pero piadoso.
También de Allen, Oscar -un joven que ha pasado los 50- mencionó que la explosión de los movimientos sociales dispuestos a luchar contra lo establecido generó expectativas de algo nuevo en el país. La resultante fueron los planes -dijo- que generaron «cierta dependencia, o cierta relación con el gobierno. Aunque lo único que muestran los planes es la irresponsabilidad total de los gobiernos al no poder generar lo esencial, lo básico, que es el trabajo». Oscar es de los que usan la palabra responsabilidad como capacidad de dar respuesta. Luego dijo:
«Hoy sabemos que esto no tiene una solución. A través del tiempo vamos descubriendo que el gobierno no nos va a dar respuesta. Ya no tiene solución ni para los jóvenes, que no consiguen trabajo aunque tengan títulos o capacitación. Menos todavía los de más de 40 ó 50 años. Ni en las empresas privadas, ni en el Estado.
«Vamos descubriendo esas cosas, y si miramos el futuro, nos damos cuenta de que no hay. El gobierno no nos da un futuro. no hay para nosotros nada. Nada.
«Ahí nos preguntamos. ¿Qué va a pasar con nosotros? ¿Vamos a seguir viviendo del asistencialismo, de los 150 pesos, para forjarnos un futuro? ¿Eso vamos a hacer por nuestros hijos?
«Algunos tienen la ilusión de que el gobierno tiene soluciones, pero no. No tiene cómo solucionar nada. Y si el gobierno no va a resolver las cosas, tenemos que pensar, ¿cómo las vamos a resolver nosotros?
«De nosotros parte construir nuestro propio futuro. Porque el gobierno -puedo estar equivocado- no nos va a solucionar la vida. Ni ahora ni nunca».
Patricia, de Cipolletti, agregó temas: «»La lucha contra los vicios del capitalismo dentro de nuestros movimientos es muy fuerte». ¿Por ejemplo? – le consultaron. «El egoísmo; me salvo yo y no me importa el otro; la falta de compañerismo a veces. Son cosas que se hablan, se hacen talleres, y en los dichos todos estamos de acuerdo pero en la práctica cotidiana hacemos agua. No es general, pero ocurre. Ha habido muchas crisis, rupturas. Yo sé que no hay un camino marcado, pero me gustaría charlar sobre cómo construir una nueva subjetividad. Los movimientos estamos muy metidos hacia adentro, como decía Neka, y me parece que esa lucha es más fuerte que la que podamos tener hacia fuera».
Oscar dijo que hay una palabra clave: confusión. «El gobierno aparece con una actitud como bondadosa. Pero ¿cómo podemos mantener nuestra autonomía pese a esa relación? Dan plata para proyectos, y aparece la producción, la productividad, y la competencia. El gobierno piensa distinto que nosotros. Quiere que produzcamos para el mercado. Ahí nosotros paramos y decimos: No. Nosotros vamos a tomar esto sin perder nuestros principios». Patricia propuso «que hablen los de afuera».
Uno de los visitantes sugirió que nadie tenía por qué esperar ninguna respuesta. «La respuesta está en ustedes. De todos modos, aunque parezca una paradoja, entender que uno está confundido es un signo de claridad. Los que verdaderamente están confundidos son los que creen que tienen la verdad y ninguna incertidumbre. Todo eso ha provocado confusión y mentira. La gran novedad es poder preguntarse colectivamente las cosas. La duda es más compleja, pero los que se permiten dudar, discutir, admitir la incertidumbre, tienen razón. Sobre los debates, a veces se les tiene miedo. Antes que discusiones duras, uno preferiría conversaciones agradables. Pero estos debates muestran que además de galpones, panaderías y emprendimientos, lo que construyen estos movimientos son formas de ser. Nuevos tipos de relación, de formas de actuar. De ahí van a salir las respuestas».
Neka estuvo de acuerdo: «Nos estamos proponiendo ser personas y comunidades diferentes. El horizonte de mayor radicalidad hoy en día consiste en eso: no reproducir un sistema que sabemos que está destruido. Ese es el centro del conflicto cotidiano».
¿Por qué? «Porque aprendimos a vivir con esas ideas de que tener éxito por encima de los demás, de tener poder. A nosotros nos pasa. Los compañeros del área de administración a veces se convierten en los que dominan el mundo del movimiento. ‘Tengo el control, tengo tu plan’. Eso hay que ir erradicándolo. Tenemos que aceptar que podemos reproducir esas actitudes, pero es un desafío que venimos pasando bastante bien. En ese debate estamos. Es muy doloroso. Pero si logramos construir desde aquí, desde lo que nos pasa, unos cuantos pensamos que ese va a ser el horizonte».
Oscar: «Es cierto. Nosotros tenemos el horno rotatorio nuevo, pero ahí aparece la discusión: ¿de qué vale tener un emprendimiento, o muchos, si no cambiamos acá?» dijo tocándose la cabeza. «La discusión empieza cuando podemos pasar a tener cosas grandes, incluidas las máquinas de costura. Vamos a tener una elaboración importante de productos, porque además los compañeros saben trabajar y producir. Ahí hablamos de no perder nuestros principios. Si llegamos a pensar que tener el horno es más importante que lo que nosotros hacemos, nos vamos a equivocar».
Vasco: «Muchos ven los proyectos y piensan en cuánto vamos a ganar, pero es riesgoso pensar en eso, si afecta nuestra forma de crear, de ser capaces de organizarnos por nuestra cuenta, de seguir con la libertad que tenemos actualmente de decidir qué queremos hacer, cómo y para quién. El problema no es económico. Lo principal del movimiento no es la capacidad de producción, que es importantísima, sino que estamos construyendo nuestro propio pensamiento. Lo que tenemos en la cabeza. Cómo queremos encarar nuestra vida, si queremos mantener nuestra rebeldía o nos disciplinamos a lo que el gobierno quiere. Si nos subordinamos a las tentaciones del mercado. Ahí está lo más valioso que estamos construyendo. El pensamiento colectivo. Si eso está, bienvenidas sean todas las crisis y todos los desafíos».
Su idea se sintetizó luego de este modo: «Si vamos a hablar de territorio, el más importante es la subjetividad: los valores, el pensamiento, los sueños. El territorio es la vida».
Magdalena es una de las más recientes integrantes del MTD, al que entró hace siete meses. «Me parece que primero nos dejaron afuera, y ahora nos quieren meter adentro del sistema capitalista. Incluirnos para decirnos qué es lo que tenemos que hacer con nuestras vidas y nuestros valores. Lo que discutimos es si tenemos que seguir construyendo la horzontalidad y la autonomía».
Diego, del Colectivo Situaciones, entró en la charla contando una historia: «Un antropólogo ve a unos indios que hacen la danza de la lluvia, y les pregunta si realmente creen que bailando van a hacer llover. Para el antropólogo era una estupidez total: ¿cómo creer que bailando se va a hacer llover? Pero le contestaron: ‘No, bailando nos estamos organizando, estamos festejando, y estamos produciendo lazos entre nosotros. Cuando venga la lluvia nos va a encontrar de otra manera».
Sobre la sensación de confusión, propuso: «El 19 y 20 aparecieron puntos de lucha y de discusión en todos lados. Hubo muchas experiencias, y me parece que tenemos el primer gobierno que supo leer el 19 y 20. Idalia, una compañera del MTD, decía que el gobierno empezó a entrar en el terreno de los movimientos, ofreciendo plata, posibilidades. Desarmando la danza.
Eso genera confusión. Nos están diciendo: ‘muchachos, gracias, ustedes lograron mucho, vuélvanse a casa, acá tienen unos pesos’. Me hace acordar al cuento de los indios, porque de última lo que no hay que hacer es dejar de bailar».
Diego dijo que es más fácil construir la autonomía contra un gobierno que reprime, o que es abiertamente oligárquico: «Ahí el compañerismo es más fácil de lograr. Pero cuando el gobierno toma el propio discurso de los movimientos, cambia la cuestión. Este gobierno es medio complicado. Habla en nuestro nombre, pero su objetivo es destruirnos. Hay dos salidas que me parecen demasiado fáciles. De un lado, los llamados duros, que salen a combatir al gobierno para ganar cartel. Y del otro los que aceptan todo lo que les da el gobierno. Son posiciones que están arriesgando todo lo que se pudo construir. Me parece una mejor actitud la que se dijo antes: ser capaces de sostener las verdaderas preguntas. Quiénes somos, por qué estamos acá, cómo seguir organizándonos. Seguir bailando. Me parece que eso es lo que tiene más valor. Sostener incluso la confusión, pero no olvidarse del valor de lo que se está construyendo bien desde abajo». «Porque esa es la otra cosa que me parece impresionante. Los que se suponía que estaban sin vida, en vez de pedir meramente inclusión, de pedir solamente trabajo, lanzan la pregunta sobre qué es vivir. Qué es la vida. Ese es un valor gigante, y está el desafío de cómo sostenerlo e los próximos tiempos».
Una consulta específica de los MTD patagónicos a los bonaerenses, fue cómo se hizo con los proyectos que generaban diferencias de ingresos para sus integrantes. Mava tomó la cuestión: «Se discutió qué pasaba. Algunos pensaron que iba a tener más ingreso el que trabajara en proyectos como el bar de Filosofía (en dicha facultad de Buenos Aires, el lugar ha sido entregado en concesión al MTD; Mava es una de las que trabaja en el lugar). Pero no nos gustaba mucho esa idea de esa desigualdad. ¿Por qué van a ganar más que los que están en el barrio, en salud, en la biblioteca o en la panadería? Es un proyecto de todos. Entonces acordamos que todos seguiríamos ganando lo mismo, y que el excedente se vuelca para los proyectos».
Oscar le dijo: «Imaginate que esa cuestión es sumamente importante para nosotros. No todos piensan igual. Si estás ganando 150 pesos y por ahí podés pasar a ganar 400 o 500, hay que tener mucha solidaridad y estar muy mentalizado para decir ‘voy a compartir con los otros proyectos’. Nos gustaría que nos contaran los entretelones, porque debe haber sido muy discutido».
Mava contestó: «Tuvo que ver con una discusión colectiva», y Neka recordó que el asunto tenía historia preia: «En realidad ya veníamos de antes. Muchos compañeros cobrábamos hasta 300 pesos como capacitadores, en un plan de la provincia de Buenos Aires. Hubo una gran discusión porque eso iba a generar una desigualdad. Al final hubo consenso y se decidió que los que cobraban 300 iban a repartir 150 en el fondo comunitario. Nunca hubo ni un compañero que no lo aceptara, o que se haya quedado con los 300. Lo del bar fue lo mismo. Hoy además se están vendiendo sandalias, zapatos, artículos de cuero, remeras, y todo eso va al fondo productivo y se planifica qué se va a hacer. Porque puede haber alguien con una necesidad especial. Se decide en función de las necesidades más urgentes. Y se cubre a los que están sin trabajo y sin planes».
En la ronda hubo otra pregunta para Neka, sobre su comentario acerca del riesgo de que el movimiento se convierta en una isla, o en un grupo sectario. «Es un riesgo. Estamos construyendo un movimiento autónomo, con prácticas horizontales, pero muchas veces los criterios que acordamos para funcionar como colectivo se vuelven tan rígidos que se tornan reglas. Y esas reglas terminan convirtiendo a la organización en un espacio jerarquizado y burocratizado que no se diferencia mucho de otros espacios, como ser un partido político. De pronto se juzga a los compañeros, no por lo que hacen o por el aspecto humano, sino por la regla. La mirada tiene que ser mucho más integral».
«Otro debate que tenemos: hay proyectos del barrio, como las murgas, donde participan hijos de papás que no participan en el movimiento. Como hay un aporte económico del movimiento, eso genera discusión: ¿por qué hay que aportar para hijos de personas a las que no les calienta el movimiento? Pero entonces el debate es: ¿qué movimiento queremos construir? ¿Queremos trabajar con el barrio, o no nos interesa? Ahora tenemos la posibilidad de concretar la creación de una escuela, para avanzar en la alfabetización, y aparece el tema. ¿Para quién va a ser? Uno podría plantear también si sólo desde los planes podemos construir organización, o si podemos generar además otros espacios como el educativo o el de salud, con los que también se construye organización. Y nos abre mucho más a otras realidades».
El Vasco señaló otro conflicto, que reside en la salida de integrantes del movimiento, sino en lo que describió como un estado de apatía y de negación: «La apatía es muy fuerte. Creo que los planes son nefastos y generaron toda una cultura. Hay compañeros que cuando se les dice que hay posibilidades ciertas de que los planes se caigan, o se limiten, hasta se niegan a discutirlo. Es un bloqueo. Y no es que no tengan apego a lo colectivo. Trabajan como el que más, o participan en cualquier lucha, pero cuando se habla de ese tema, aparece una cerrazón enorme. Hay confusión, chatura. Es distinto si se trata de salir a pelear a la calle. En fin, los planes generan una mentalidad asistencialista, de dependencia hacia el Estado. Incluso, una forma de lucha que creo que se ha agotado precisamente por eso».
Breve aclaración (para entender este aspecto de lo conversado, que implica un fuerte cambio en los estilos de acción). Los MTD perciben que los planes no tienen futuro. En Allen cuentan que los apoyos estatales para emprendimientos productivos se hacen bajo el acuerdo explícito de ir reduciendo hasta anular los planes de las personas incluidas en tales proyectos. El recorte es generalizado en todo el país: en Allen ven cómo se afeitan las barbas de los vecinos de otros movimientos piqueteros, y ponen las suyas en remojo.
Pero lo principal es otra cosa, dicen a coro:
«Nuestro proyecto no es seguir construyendo sobre la base de planes. Lo mismo pasa en Solano que ya no sale a la calle a reclamar por planes. Hacemos un esfuerzo para reconvertir a los movimientos. Se trata de ir gestando la base material de la autonomía a través de proyectos diversos, incluyendo en los movimientos a los trabajadores formales, sosteniendo un trabajo más abierto y contenedor de otros sectores sociales, y profundizando el trabajo territorial, por ejemplo».
En el caso de Allen, además de la panadería hay cría de conejos, gallinas, proyecto de huerta y vivero, dos talleres de costura, dos de tejido, uno de fabricación de dulces, conservas, fabricación de licores y construcción (que está edificando galpones e instalaciones de otros proyectos, como el educativo).
Entre los proyectos «no sustentables» se encuentra el plan de erradicación del analfabetismo «Yo sí puedo», el área de salud, una guardería infantil, dos comedores, dos merenderos, un plan de ayuda para el primario. Los proyectos estrictamente económicos: ¿son sutentables en el tiempo? Actualmente todos los proyectos, salvo los asistenciales, tienen un excedente económico, y cada uno de ellos decide qué sector del MTD apoyar. A la vez, cada emprendimiento aprobado por el ministerio de Desarrollo, tiene sus cálculos de costos y plazos para convertirse en rentables. El de panadería, por ejemplo, de aquí a seis meses debería estar permitiendo un ingreso de unos 300 pesos mensuales para unos 12 integrantes. Ya existe el acuerdo para que todas las escuelas de Allen compren el pan de sus comedores al MTD.
«La idea general no es simplemente productiva. Implica una apertura hacia el trabajo social y territorial; los proyectos van a tener que sustentarse también con los vecinos del barrio» explica el Vasco, «a partir de la idea de la autogestión».
Pero si efectivamente se cortaran los planes, ¿qué haría un MTD como el de Allen? ¿Entraría en una dinámica de cortes y reclamos?
Respuesta: «Todas las organizaciones piqueteras han salido a hacer ese reclamo. Nuestra idea, queda dicho, no es seguir construyendo en base a los planes, sino seguir gestando la base material de la autonomía».
Otra aclaración. El corte de la ruta 22 permitió acelerar el otorgamiento del subsidio para el proyecto de panadería, pero ese es el único monto recibido hasta ahora (ni siquiera se implementó la segunda parte acordada, destinada a la compra de insumos). El MTD está poniendo en marcha el emprendimiento por sus propios medios. «Esto lo aclaramos porque el gobierno en el fondo quiere hacer pura propaganda, está macaneando, y va a terminar diciéndole a muchos movimientos: les dimos la oportunidad y no hicieron nada».
Volviendo a la Ronda, Oscar retomó el tema de la apatía que observa en muchos de sus compañeros: «Tal vez sea más fácil trabajar cuatro horas y cobrar 150 pesos, que empezar a pensar en entrar a un proyecto productivo, que exige iniciativa y responsabilidad. Por ahí pasa el miedo, a lo mejor».
Discutir las cosas colectivamente tampoco es una solución automática. «A veces en las asambleas hay unos silencios que son de lo más comunicativos. Los compañeros no quieren hablar -graficó el Vasco- y el ambiente se pone más cerrado que culo de muñeca de porcelana. Así como otras veces las asambleas son entusiastas, participativas, y votamos reverendas cagadas».
Como todas las rondas, esta no terminó con una conclusión, documento, ni con una verdad revelada, sino con múltiples conversaciones y comentarios. Hubo también algunos encuentros posteriores entre los visitantes y anfitriones: anecdotario frondoso, y mucho buen humor. Alguien contó, por ejemplo, la vez que los MTD sureños fueron a apoyar la ocupación de tierras por parte de unas familias y se toparon con la policía, conducida por un comisario que propuso que propuso evitar enfrentamientos con una consigna: «Tenemos que estar todos juntos para luchar contra el ALCA». De todos modos el terreno fue ocupado, en ese paraje llamado La Angustia. También se recordó la historia de unos militantes italianos que fueron confudidos con periodistas de la RAI, lo cual aceleró notablemente algunas decisiones municipales con respecto a reclamos del MTD.
Algunas reflexiones posteriores a la Ronda.
Y una última frase para agendar.
Oscar:
«Estos encuentros te ayudan a pensar el momento. Tenemos que tomar lo que nos dan sin perder nuestra autonomía. Lamentablemente algunos la han negociado. Negociaron sus principios. Hay movimientos que nunca van a dejar de luchar. Nosotros planteamos la lucha ahora de un modo diferente, desde el trabajo y la responsabilidad. Otros creen que la lucha pasa exclusivamente por el corte de ruta y el piquete. A mí me parece que no es así. El panorama ahora es demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces.
«Hay que cambiar una mentalidad. Están los que quieren quedarse atados a los planes. Trabajar cuatro horas, cobrar 150 pesos, y listo. Yo digo: antes trabajaron toda la vida para otra persona, ahora pueden construir algo por sí mismos, en un grupo o movimiento. Algo distinto, no seguir dependiendo del Estado. ¿Qué va a pasar con esos compañeros de aquí en más? Lamentablemente me parece que algunos van a quedar en el camino. Y otros seguirán, pero con decisión de defender la autonomía».
Carlos:
«Una reunión como esta va a ir generando impacto dentro del movimiento. Hay lazos afectivos con las organizaciones y los compañeros que vinieron, y la posibilidad de irradiar experiencias. Acá a veces sentimos la soledad. Encima a nivel político nos miran a distancia, porque saben que nuestra posición es no transar ni negociar.
«Hay que pensar en los proyectos y a la vez en cómo sustentarlos con valores distintos al sistema de explotación. Con nuevas formas de relación.
«Pero eso es ya. El futuro ya llegó. No podemos pensar si viene el Estado de bienestar. Hay que buscar una economía alternativa, acompañándola con espacios de reflexión. Podemos tener los mejores galpones o las mejores máquinas, pero si no logramos también esa lucha contra el egoísmo y por el compañerismo, vamos a estar un poco complicados.
«Lo más destacable para mí es que hay muchos compañeros que no tienen planes, y trabajan en el movimiento. Jóvenes que empiezan a ver las cosas de modo diferente. Eso es lo que se viene a futuro.
Magdalena:
«Yo entré hace pocos meses, estudio enfermería, no tengo trabajo y vine solamente por el plan de 150 pesos para trabajar cuatro horas. Pero después de compartir con los compañeros muchas experiencias entendí que no solo vale lo del plan, sino que hay algo mucho más importante: la construcción de nuevos valores. Y me me sentí parte de este proyecto abierto.
«Nosotros fuimos desplazados de la sociedad. No se nos dio una oportunidad. Unos por viejos a los que nadie toma. Otros por jóvenes sin experiencia. Todo para no permitirte la dignidad del trabajo. Pero seguimos peleando contra los valores egoístas del capitalismo. A veces me parece que ahora quieren incluirnos de nuevo en el sistema, porque nos ven como peligrosos: pensamos distinto. Y es cierto. Creemos en otras cosas, creemos que están equivocados, y que lo único que han producido es miseria, hambre, egoísmo, maltrato entre las personas.
«Yo no sé qué pasará. Nadie sabe. Yo sigo estudiando, y voy a seguir aquí. Lo que sabemos es que seguimos para adelante.
«¿Sabés qué pasa? Nos dieron por muertos, pero estamos vivos».
Nota
La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario

Pese a que el Congreso Nacional votó la Ley de Financiamiento Universitario 27.795, y rechazó con más de dos tercios de ambas cámaras la intentona de veto presidencial, y a que fallos judiciales ordenan su cumplimiento inmediato, el Gobierno de los Milei & los Caputo no la aplica. Para los organizadores de la movilización calculada en más de 1.500.000 personas en todo el país, esto no solo rompe lo relativo al presupuesto universitario “sino el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”. Todo lo contrario a lo que sucede hoy en la calle, donde la democracia queda expresada en la gente moviéndose en esta 4° marcha durante el período libertario, y de sectores que se plegaron y convocan a seguir resistiendo este tipo de políticas de daño social. Voces desde la calle que explican sin casettes por dónde moverse.
Por Franco Ciancaglini. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Hay muchos jóvenes.
Muchos docentes, directivos, no docentes.
Egresados, profesionales.
Muchas personas en todo el país.
En Mar del Plata, Córdoba, en Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca y así.
Hay una Plaza de Mayo repleta.
Hay gente que llega y gente que se va.
Gente que estuvo todo el tiempo.
Hay jubilados y jubiladas que marchan todos los miércoles.
Está el movimiento disca, también siempre presente.
Hay sindicatos, como la UOM o los Aceiteros, y parte de la CGT que brindó su apoyo y movilizó algunas columnas dispersas.
Hay carteles conmovedores.
Hay muchos jóvenes, de todos lados, sobre todo llegados de fuera de la Capital Federal.
Muchas personas que viajaron desde lejos para sumar su cuerpo, su cartel, su grito, su aplauso.
Que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.
Y no callarse.

“Milei cumplí la ley”
Es la cuarta.
Las tres primeras Marchas Federales Universitarias fueron las más masivas contra el gobierno de Milei. Esta no fue la excepción.
Desde el escenario calcularon alrededor de un millón y medio de personas movilizadas en todo el país.
Lo incontable es todo lo que sucede alrededor de esta bandera argentina que significa la universidad pública.
Una bandera que cobija a miles de generaciones que se reunieron hoy en la Plaza de una manera conmovedora: relatando, en esta crónica, cómo el acceso a la educación libre, gratuita y de calidad “cambia vidas, motoriza el ascenso social y brinda soberanía a un país”. Así lo sintetizaron en un documento leído por la FUA (Federación Universitaria Argentina” que se tituló: “Cuarta marcha federal universitaria: 203 días sin aplicar la Ley. Por la universidad pública y en defensa de la democracia”.
El planteo central: “El Poder Ejecutivo, en un acto de desprecio institucional sin precedentes, ha decidido alzarse contra los otros dos poderes de la República: ignora la Ley de Financiamiento Universitario N° 27.795, sancionada y ratificada por amplias mayorías en el Congreso, y desoye los fallos de la Justicia que ordenan su cumplimiento inmediato. Cuando el Gobierno decide qué leyes cumple y qué sentencias acata, lo que se rompe no es solo lo relativo al presupuesto universitario: es el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”.


Algunos datos de contexto:
- Los salarios de quienes trabajan en las universidades argentinas bajaron el 34,5% en el mejor de los casos, o más del 40% según otros cálculos. Es como si en los últimos dos años no hubieran cobrado entre 8 y 10 salarios. Los números simbolizan lo presupuestario, pero tal vez no logren mostrar el daño institucional, social, familiar y personal que provoca la política del gobierno.
- El actual es uno de los menores porcentajes históricos que el Presupuesto Nacional asigna a las universidades, en las que el 57,6% de los graduados son primera generación de sus familias en llegar a los estudios superiores. Esa posibilidad es una de las cosas que se está quebrando, como lo señalaban los cartones manuscritos en los que se leía: “Sin educación no hay futuro”.
- La importancia que el gobierno de Milei le da a la educación se expresa en la aplicación de un nuevo recorte del Presupuesto Nacional de 3 billones de pesos en temas de energía, obras públicas, urbanización y hasta tratamientos contra el cáncer (63.021 millones de pesos que explican que la palabra crueldad tal vez ya no alcance para definir lo que está ocurriendo). Para el tema educativo, el recorte es de 78.768 millones de pesos.
- Ese incalificable decreto de ajuste fue firmado por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el ministro de Economía, Luis Caputo. El lado B de la situación aparece en casos como el $LIBRA o el ANDIS, donde se detectaron sobreprecios en sillas de ruedas, andadores, medicamentos y tecnologías para diversos tipos de tratamiento del orden del 200% en los casos más leves, hasta productos sobrefacturados en un 4.239%. A lo que habría que agregar 3%, Spagnuolo, Esper, Nucleoeléctrica, Adorni, posibles sobresueldos oficiales, entre otras cosas.
- Volviendo a lo estrictamente universitario, esta licuación económica va generando, además, un éxodo permanente de docentes que está vaciando una educación de calidad históricamente reconocida a nivel continental y global.

Docentes Uber
Los testimonios desde la calle permiten entender de manera simple la complejidad de lo que está en juego.
Primero, pequeñas escenas concretas. Lucía Darandal, estudiante de la Universidad Nacional de La Plata, resume “lo más visible”: el salario de los docentes. “Cada vez les está costando más llegar a fin de mes. Muchos están teniendo más de un trabajo para poder sostenerse, muchos tienen familias que mantener. Ahí está el primer deterioro que se va acentuando. Lo mismo pasa con los trabajadores no docentes”.
Las becas: “La beca Progresar quedó congelada en 35.000 pesos y eso prácticamente no alcanza. Hay estudiantes a los que cada vez se les complica más pagar el alquiler, porque recordemos que también hay estudiantes que viajan desde otros lugares de la Argentina”. Y los horarios: “Faltan horarios en el turno noche. Entonces hay menos posibilidades para que el estudiante trabajador pueda cursar”.
Desde Rosario, el médico y director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas, Damián Verzeñassi, lo traduce en una imagen todavía más brutal: “Más de la mitad de los trabajadores universitarios cobran por debajo de la línea de pobreza” y agrega que hay docentes “que con lo que cobran no pueden pagar siquiera el costo del transporte para llegar a dar clases”.
Rosario Kairuz, estudiante de Sociales UBA, cuenta cómo eso impacta directamente en las cursadas: “Las materias de la orientación en investigación prácticamente no cuentan con ningún tipo de horario. Se ofertan un cuatrimestre sí y otro cuatrimestre no”. Y agrega otro ejemplo síntoma del deterioro: “Quienes siguen la orientación de producción no cuentan con materiales ni con equipos para realizar los distintos talleres audiovisuales”.
Nicolás Núñez, docente de Sociales e integrante de AGD, completa la escena desde el otro lado del aula: “El incumplimiento de la ley y los dos años de profunda pérdida del poder adquisitivo de la docencia universitaria nos empujaron a todos a buscar otras formas de sobrevivir: desde las clases particulares hasta manejar Uber o hacer trabajo freelance”. Le pone una cifra al éxodo: “Hay 10.000 docentes que ya decidieron abandonar las clases”.


Plata para la deuda
Más acá de los números, lo que aparece en la calle es que el conflicto universitario dejó de leerse hace rato solamente en términos presupuestarios. Ya no se trata únicamente de números, partidas o balances, sino de una marcha que Gonza Giles, escritor, periodista y divulgador sobre Comunicación Aumentativa y Alternativa (CAA) y neurodivergencias, planteó,como “una defensa colectiva contra el descarte humano”.
Gonzalo habló en nombre del movimiento de personas discapacitadas: “Nos quieren convencer de que ajustar es gobernar, que destruir derechos es modernizar, que dejar gente afuera es eficiencia. Necesitan que la sociedad mire al otro con sospecha, porque cuando logran que el pobre sospeche del que tiene una discapacidad, que el trabajador sospeche del estudiante y que todos sospechen de todos, el ajuste entra más fácil”. Por eso insiste en que “no es un problema económico, es ideológico. Porque plata hay. Lo que no hay es humanidad. Hay plata para deuda, hay plata para represión, hay plata para departamentos que no pueden utilizar, pero no hay plata para que una persona con discapacidad viva dignamente, no hay plata para universidades, no hay plata para ciencia, no hay plata para salud”.

En la marcha volvió a quedar en evidencia que no solo la universidad es una consigna de unidad, sino que las luchas comienzan a entrelazarse unas y otras: los hospitales, la discapacidad, los jubilados, el trabajo. Por eso tuvo tanto peso simbólico la presencia de sindicatos como la UOM. “No es frecuente que los estudiantes y los laburantes estén juntados”, reconoce Darío Dani Román, metalúrgico, “pero en estos tiempos hace falta estar juntos”. Y agrega: “Estamos presentes en todas las luchas populares en las que haga falta estar para dar vuelta esta situación”. Desde la medicina, Damián Verzeñassi amplía: “Esto que está pasando con la universidad —que es lo mismo que pasa con los hospitales, con las personas con discapacidad y con los jubilados— debería ser un elemento más que suficiente para que todo el arco político no fascista se decida a organizarse, a unirse y a encontrarse”.
En Sociales UBA, Rosario Kairuz cuenta que ya empezaron a discutir cómo sostener esa articulación: “Hay que unir esa lucha con docentes y no docentes. Los reclamos estudiantiles no pueden darse solos”. Nicolás Núñez, de AGD Sociales, insiste en que “esta marcha no puede ser un punto de llegada sino un punto de partida” y plantea recuperar algo de lo que ocurrió en 2024 con las asambleas interclaustros y las tomas de facultades. Para él, que habla desde la academia, “nuestra suerte está atada también a los reclamos de discapacidad y a los reclamos de tantos sectores postergados por este gobierno, con los que tenemos que unirnos, como los jubilados”.



El contagio
Pero… ¿cómo? La respuesta más repetida en la calle vuelve a ser la movilización. “Hay que seguir viniendo a las marchas, hay que seguir visibilizando y exigiendo”, plantea Gonza, y agrega que tanto el Poder Judicial como el Legislativo “tienen que ponerle un límite a este gobierno”. Darío Dani Román de la UOM, coincide: “La única arma que tenemos nosotros es salir a la calle, manifestarnos y sostener la pelea hasta el final”. Milagros y Facundo, estudiantes, lo resumen todavía más simple: “Seguir marchando, seguir protestando, para que se den cuenta de lo que quiere la gente”. Damián Verzeñassi suma otra dimensión: “La marcha de hoy tiene que decirles claramente que no les vamos a dejar pasar ninguna más”. Pero además propone “avanzar en una estrategia jurídica muy fuerte por incumplimiento de las funciones de los funcionarios públicos, desde el presidente para abajo, contra todos los responsables de no cumplir con una ley aprobada por el Congreso de la Nación”.
La última imagen que brota en la calle no es solo la de la crueldad, sino la de una brutalidad planificada. Gonza Giles lo explica claramente: “Necesitan universidades vacías porque el pensamiento crítico molesta. Necesitan personas aisladas porque los derechos organizan. Necesitan trabajadores cansados y estudiantes endeudados porque así envían un mensaje”.
Lo mismo dicen Vladimir y Adriana, de 19 años, pero ya orgullosos técnicos químicos. Mientras hablan levantan dos carteles que llaman la atención de todos:
- “Cuando la educación sea privada, seremos privados de todo” y
- “No se puede adoctrinar un cerebro lleno de conocimiento”.
Las letras están prolijamente dibujadas, en colores, y recortadas con paciencia y dedicación. “Estuvimos haciéndolos desde ayer, buscando frases, viendo todo lo que dice la gente, juntando opiniones. Y quedaron estas”, cuentan ellos, que hablan sosteniéndose la mano uno al otro.

Ella es de Moreno, él de José C. Paz. Egresaron de una secundaria técnica pública. Ella ahora estudia Ingeniería Aeronáutica en la UTN de Haedo. Él piensa anotarse en Agronomía. A ellos, además de todo, la universidad pública les dio el amor. Y desde ahí hablan:
“Vamos a ayudar a un comedor cerca de Cuartel V, en un barrio muy pobre. Hay familias a las que se les complica hasta estudiar. Regalamos hojas, útiles, lo que se pueda. Yo era de un barrio también muy humilde y mi primo no pudo estudiar, tuvo que dejar para ir a trabajar. Hacemos lo que podemos. Muchas veces no alcanza. Pero aunque sea una persona más que pueda estudiar, ya es una victoria”.
Él da vuelta el cartel y muestra la frase del otro lado: “Estamos acá también por vos, que pensás distinto”. Adriana dice: “Mucho se habla de que el odio se contagia, que vivimos una época de odio, que las redes muestran eso. Pero también el amor y la solidaridad contagian”.
Y sonríe.
Con esa sonrisa que contagia, y ese cartel colorido, revela que ella fue la responsable de que viniese su novio: “Esta es la primera vez que viene a una marcha. Yo ya había venido a la marcha antifascista. Así que bueno, ya traje a alguien más”.
Y la próxima, uno más.
Sí, sí. Ya hay dos amigos que querían venir y no pudieron por otros temas, pero tenían ganas.
Vladimir: ¿y qué te pareció tu primera marcha?
Nervioso al principio, la verdad. Pero estuvo muy bueno.
¿Por qué nervioso?
No sé, siempre las veía desde afuera y parecía otra cosa. Pero estuvo re bien la experiencia.
Ahora sonríen ambos.
Y saludan antes de desconcentrar por Diagonal Norte rumbo a tomarse dos micros y un tren para volver a su casa.
Sobre esa avenida céntrica, donde se recorta el Obelisco, pasarán
- junto a un joven con una remera de 2 Minutos y un cartel que dice: “Estéticamente superiores”, con la cara deforme del Presidente. Una ironía sellada con la firma de la Escuela Superior de Bellas Artes Antonio Berni.
- Cerca de Luna, de siete años, de la mano de Gloria, su mamá, chocha porque está caminando por la calle y no por la vereda.
- De una joven que tiene un cartel que da ganas de llorar: “Mi sabiduría viene de esta tierra”.
- De un ruidoso grupo de la Escuela Secundaria de la Universidad de San Martín que trajo varios hits. El mejor:
“Con las lágrimas de Adorni
vamos a hacer una cascada
para que se metan todos
los pibes de la barriada”.
La gente desconcentra y va cantando “eaea” y también:
“Si el presupuesto no está
qué quilombo que se va a armar”.



La sensación es, como decía Gonza, que este es un punto de largada y no de llegada.
Que la cosa sigue.
En la calle, pero también en los barrios, en los comedores, y en las aulas.
Sigue cada miércoles en el Congreso.
Y todas las veces que hagan falta.
Porque hay muchos jóvenes.
Docentes, directivos, no docentes.
Egresados, profesionales.
Muchas personas en todo el país.
En Mar del Plata, en Córdoba, Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca.
Hubo otra Plaza de Mayo repleta.
Hay gente que, aun cuando todo terminó, sigue llegando.
Hay más carteles conmovedores.
Hay muchos jóvenes que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.
Y no callarse.












Nota
Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

Desde hace dos semanas la comunidad educativa autoconvocada está en las calles de toda la provincia exigiendo una suba salarial (el sueldo básico está apenas por encima de los 300 mil) y no “migajas”. Las mesas paritarias, las subas insignificantes y las palabras del ministro de Educación que colmaron la paciencia. El pan y el té que simula una cena, la falta de escucha de los sindicatos a las bases y un aviso: “Seguiremos en las calles hasta que el salario digno sea una realidad”.
Por Francisco Pandolfi. Fotos de Aníbal Aguaisol
–El sueldo no alcanza ni para comer.
Dora Palacios es profesora de Historia, preceptora y referente escolar en Trelew.
También es una de las –y los– miles de docentes chubutenses autoconvocados desde hace dos semanas en las calles de toda la provincia por un reclamo salarial que aún no tiene la respuesta esperada.
Un maestro de jornada simple, un preceptor, un profesor con 20 horas cátedras semanales tiene un sueldo básico de 304 mil pesos, que con los adicionales llega a 700 mil (con los aumentos prometidos en las últimas horas rondarán los 800). “Los alquileres en la Patagonia son altísimos, arriba de los 600 mil, y a eso hay que sumarle unos impuestos carísimos”, le cuenta a lavaca.
Enumera con la cadencia de quien tiene una carga enorme en la voz: luz, gas, agua, comida, vestimenta. De lo general va a lo particular: “Muchos docentes cuentan en las asambleas que no tienen un plato de comida en la mesa, que la cena es un pedazo de pan y un té, que les han cortado los servicios, que no tienen teléfono, que ya no pueden pagar el alquiler”. Y de lo particular a lo propio: “Otros estamos bicicleteando con la tarjeta, cobramos, pagamos, cobramos, pagamos, nos estamos endeudando permanentemente porque el sueldo no alcanza para comer”.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Salir a la calle
El salario docente de Chubut es el peor de la Patagonia y uno de los más bajos del país, junto a Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Misiones, La Rioja y Catamarca.
La primera manifestación surgió como surgen las cosas en Chubut, de forma exprés y cuando no se aguanta más. “Desde diciembre pasado la conducción de ATECh –la Asociación de Trabajadores de la Educación de Chubut, el sindicato más grande– se arrogó el triunfo de la paritaria permanente, que para las y los trabajadores no significó ningún logro. Se reunieron varias veces con el gobierno pero no nos ofrecieron nada”.
La gota que rebalsó el vaso –o una cristalería completa– fue la reunión del 29 de abril en la que el gobierno provincial –al mando de Ignacio Torres y cuyo ministro de Educación es José Luis Punta– ofreció un incremento del 1,3%. Dora estaba en la vereda, esperando junto a cientos de docentes: “Quienes estábamos afuera solicitamos la renuncia de las conducciones sindicales por aceptar un aumento insignificante, tuvieron que huir del lugar. A partir de ahí salimos a la calle todos los días con diferentes acciones”.
Marcha de antorchas, festivales, ruidazos, ollas populares, feria de emprendedores, asambleas y movilizaciones masivas que tienen en vilo a la provincia y al gobierno. “El 23 de abril realizamos un hito histórico: un faltazo masivo sin que los gremios llamaran al paro”. El 29, en la reunión de conciliación obligatoria dictada por la secretaría de Trabajo, la concentración masiva fue reprimida con gases lacrimógenos por la Policía. ¿La respuesta popular? Otra movilización. Y carteles, muchos carteles:
- Docentes con sueldos indecentes.
- Al que miente le crece la nariz (con la imagen –retocada– del gobernador Torres)
- Basta de mentiras, amenazas y presión.
- Se busca por precarizar al docente (con la cara del ministro Punta).
- Salud mental es llegar a fin de mes.
- Ratas.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Migajas
Las protestas no sólo suceden en la capital, sino en toda la provincia: Trelew, Puerto Madryn, en la meseta, en Chacay Oeste, Gan Gan, Las Plumas, Paso de Indios. Otro mojón que colmó la paciencia fueron las palabras del ministro Punta: “Buscamos que ningún docente cobre menos de 800 mil, de una manera solidaria, casi”, dijo balbuceando una frase que la comunidad educativa lo tomó como una burla.
–No vamos a aceptar migajas. Mientras a los docentes nos ofrecieron un 1,3%, le aumentaron a su planta política un 200%. No hay dudas: plata hay, pero no quieren ponerla donde corresponde” –dice Dora, que hace 48 años nació en La Pampa y desde hace 45 fue adoptada por Chubut.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Ante la masividad del reclamo, este miércoles 6 de mayo hubo una nueva reunión paritaria donde el gobierno ofreció un 3,4% –valor del Índice de Precio al Consumidor (IPC) del mes pasado, más un 4%: o sea, una suba del 7,4%. En junio, un punto más y en julio otro punto más.
–No satisface nuestra demanda para nada, es un aumento en el bolsillo de entre 60 y 70 mil pesos que terminaríamos de cobrar en agosto. Es una tomada de pelo. Siento mucha bronca contra los sindicatos que nos dejaron sin respaldo y sin escucha; mucha bronca contra un gobierno que nos dice violentos, cuando violencia es tener un sueldo básico de 300 mil pesos.
Los sindicatos cuestionados que se sientan en la mesa paritaria son ATECh, SITRAED –sindicato paralelo alineado al gobierno–, UDA –Unión Docentes Argentinos–, SADOP –docentes privados– y AMET –magisterio de enseñanza técnica–.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Tres escuelas, tres turnos, muchas deudas
-Queremos estar en las aulas con nuestros estudiantes, pero no con sueldos de hambre.
Reafirma Dora, que estudió en la Universidad Nacional de la Patagonia y desde hace 17 años es profesora de Historia del nivel secundario, además de preceptora. Trabaja en tres escuelas y en los tres turnos, mañana, tarde y noche. Dice que volvería a elegir esta profesión, pese al salario que no alcanza y otros condicionantes: falta de insumos, condiciones dignas para trabajar, escuelas sin calefacción donde llueve adentro. Otro ejemplo que lo dice todo: “Usamos manuales de la provincia de Buenos Aires, no tenemos un diseño de currícula propia”.
¿Cómo sigue el curso de esta historia?
Organizados de manera autoconvocada, decidiendo en asamblea. No vamos a bajar los brazos hasta lograr un aumento del 100% del básico como mínimo y un sueldo de bolsillo de un millón y medio. Desde hace quince días exigimos paro por tiempo indeterminado y acá seguiremos: hasta que el salario digno sea una realidad.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
POR FRANCISCO PANDOLFI

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande
Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera
De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito
Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable.
FRANCISCO PANDOLFI

La guerra invisible: la Antártida en la mira
Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?
SERGIO CIANCAGLINI

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.
Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.
POR LUCAS PEDULLA

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial
En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.
POR CLAUDIA ACUÑA

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio
Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.
POR MARÍA DEL CARMEN VARELA
Patagonia rebelde
Crónicas del más acá por Carlos Melone.

Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot
Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.
POR FRANCO CIANCAGLINI

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