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El mundo después de Cromañón

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¿Cómo está funcionando el mundo, desde el punto de vista de tres chicas de 17 y 22 años, sobrevivientes de Cromañón? La indiferencia, las nuevas solidaridades, el morbo mediático, el país incoherente, las bengalas, la culpa de estar vivos, la educación, cómo evitar las cosas que tiran para abajo, y cómo encontrar estímulo para seguir peleando. El recuerdo de aquella noche, y qué imágenes les permitieron salir del agujero negro. Entre la lengüita de los Rolling Stones y las nuevas formas de entender la política, tres miradas que ayudan a entender la genética del presente.
Mauge tiene 19 años, sobrevivió a la más reciente matanza de jóvenes argentinos ocurrida en un lugar llamado República de Cromañón, y anuncia que va explicar cómo es el mundo.
Tiene uno de esos juegos que articulan decenas de hilos metálicos semicirculares, a los que se les puede dar diversas formas: una flor, una esfera, o dos, un tubo. Alguien dice:
-Está bueno para los nervios.
Pero Mauge no va a jugar, quiere describir qué sucedió con el mundo: tal vez eso también sea bueno para los nervios. Comienza exhibiendo el pequeño artefacto en su forma plana. Tiene aspecto de flor de dibujo infantil, perfecta y simétrica. Mauge empieza a mover los metales con sus uñas largas.
-Primero éramos la nada, y después fuimos desplegándonos así (el juego empieza a exhibir una forma incierta), y después terminamos así, redondos.
Muestra la esfera impecable, que sus dedos vuelven a manipular:
-Pero ¿qué pasó? Empezamos a dividirnos (la esfera va mutando hasta transformarse en dos) y después todo ¡plaf! (Mauge la aplasta con la palma de la mano). Y quedó esto.
Enseña el juego nuevamente aplanado, con forma de flor perfecta y simétrica alrededor de un círculo vacío, que ella define así:
-El agujero negro.
-No, nena, dejate de joder- le dice Sonia, 24 años.
Mauge se ríe, Florencia (19) la abraza. Las tres son sobrevivientes de Cromañón, y se disponen a una conversación con lavaca en la cual explicaron, tal vez sin proponérselo, cómo es el mundo.
Se toman de la mano: han aprendido a hablar pese al llanto, a tener humor pese al dolor, y aseguran que sienten como si se conocieran de toda la vida.
La remera
Las tres siguen sometidas a estudios periódicos. Análisis de sangre, tomografías, resonancias magnéticas, estudios de los órganos que pudieron haber sido dañados: tráquea, pulmón, laringe. Mauge explica: “El humo negro se hizo bolitas que se pegaron en las paredes del pulmón y rompieron tejidos”.
Florencia cursa el CBC, para estudiar Historia. Su historia: el 30 de diciembre de 2004 fue a Cromañón con su novio Julián, que la cargaba sobre los hombros cuando la mediasombra se incendió. Ella estuvo 13 días internada, luchando contra el veneno en sus pulmones. Julián perdió esa batalla el 1º de enero. Tenía 18 años. Estaban el sector vip, sigla que significa very important persons.
Sonia está estudia Diseño Gráfico en la UBA. Ella y sus compañeros pintaron un mural de cinco metros de altura en la Ciudad Universitaria, recordando a Rubén y Gustavo, dos de las víctimas del 30, que estudiaban allí. El papá de Sonia es verdulero, su mamá atiende el pequeño almacén junto a la verdulería, en Caseros. En la parte de atrás del almacén Sonia tiene la computadora en la que realiza los trabajos para la facultad, y está a un paso para relevar a su madre o ayudarla si llegan demasiados clientes.
Mauge terminó el secundario. Tuvo mil conflictos en la escuela, con autoridades y compañeros, pero supo resolverlos mezclando inteligencia y coraje. Dice “mi marido” cuando habla de su novio (Nico, que trabaja como albañil); cuando envía mails escribe “loko” y “sho” en lugar de “loco” y “yo” . Es una especie de volcán de humor y palabras, tono barrial de Villa Bosch y una claridad a veces asombrosa para observar la realidad. Conervó la remera con la que se defendió del humo venenoso. Esa prenda lleva impresa una síntesis que acaso cifre todo un código sobre el presente:
Callejeros.
30 de diciembre.
República de Cromañón.
Rocanroles sin destino.
Made in Argentina.
Ojos muy abiertos
-Hay planteos acerca de la indiferencia de parte de la sociedad frente a los hechos de Cromañón. ¿Cómo perciben la actitud de los jóvenes?
-Sonia: Muy pasiva. Como que “a mí no me puede pasar”. Cuando vamos a hablar en la facultad nos dicen que tienen ganas de hacer cosas, pero no saben qué. En la Ciudad Universitaria nos dieron el espacio, propusimos el mural, y se sumaron varios chicos de distintos cursos. Con la gente que te conoce es distinto, pero en general noto eso de que fue algo que no puede volver a suceder. Y para mí puede suceder en cualquier momento.
-Florencia: Cuando alguien no se identifica con una causa, no se termina de preocupar. Qué sé yo, pasa con todas las injusticias de este país. Poca solidaridad.
–Se puede entender que un chico que no se interese por cuestiones que le resultan lejanas. Pero ¿Cromañón?
-Florencia: Te dicen “yo conocía al primo de un amigo”, y listo.
-Sonia: Los comentarios son “suerte que no fui, o que mi amigo no fue” y se quedan en eso.
-Florencia: Aparte como en los medios no está, se va perdiendo.
-Sonia: Para nosotros no se pierde nada, los chicos van a estar presentes siempre. Lo que nos pasó es algo que vamos a cargar siempre… (nacen unas lágrimas, las borra velozmente con las yemas de los dedos, y luego enciende un cigarrillo). No sé, acá siempre pasa. Cuando fue el corralito salió la clase media y apoyó a los piqueteros porque le convenía. Después, pasaron a ser unos villeros y unos negros de mierda. Entonces, ¿cómo es? Los problemas no son de uno. Son de todos. Hoy es Cromañón, mañana matan a dos chicos en un puente, hay de todo, y no hay nadie que te proteja. Yo iba en el colectivo y pensaba: ¿qué pasaría si le pregunto a cada uno de los que viajan cuánto cree que vale su vida? Una vida, digo. Y acá hubo 194 vidas. Que no valieron nada para el gobierno.
–¿Se ven representadas por la palabra sobrevivientes?
-Florencia: Yo trato de no usarla. No me gustan las etiquetas.
-Sonia: Es muy pesada para llevar.
–¿Están recibiendo atención psicológica?
-Sonia: Yo decidí no hacerme atender. Sé que necesito ayuda pero me parece que no estoy preparada para enfrentar todo eso. Lo necesitaría porque no duermo con la luz apagada, ni puedo estar en ningún lugar cerrado.
–¿Por qué decidiste no hacerte atender?
-Sonia: Pensé que iba a poder sola. Pero pasa el tiempo y todo se complica un poco más. Veremos.
-Florencia: Yo estoy yendo. Ayuda en forma de descarga, de contención, de buscarle algún tipo de… no digo de explicación, porque no la tiene. Algún tipo de salida. Eso.
-Sonia: De seguir adelante.
-Florencia: Otra no queda.
Mauge: Yo empecé a ir al Alvear, te atienden bárbaro. Atendieron también a mi mamá. El problema es que iba demasiada gente, no tenían turnos, no tenían tiempo. Ahora estoy yendo con un psicólogo de los que está en el foro de Internet (Justicia por la masacre de Cromañón).
-Florencia: Yo tampoco iba al principio. Tenía la sensación de no querer ir a ningún lado después de estar esos doce días internada, con inyecciones de acá y de allá.
-Sonia: Con suero, oxígeno.
-Florencia: No pudiendo respirar.
-Sonia: Yo estuve 13 días y de ahí al 25 de febrero fui todos los días al hospital. Era como seguir internada, no podía hacer ninguna actividad. Al final dije: “Bueno, a ver si puedo salir un poco de esto”. Por eso no fui al psicólogo. No por otra cosa. Porque yo te puedo contar todo lo que pasó, y es una descarga. Es compartir el dolor. Yo la conozco a ella recién ahora, pero podemos compartir todo.
-Florencia: Es como una identificación. Un vínculo muy fuerte.
-Sonia: Como si fuera de toda la vida. La otra vez un flaco se puso a hablar. Le dije que yo también había estado en Cromañón y me abrazó llorando. Es inexplicable. Haber estado ahí, pensar como pensé yo que no salía, y ahora estar haciendo cosas… es muy raro. No sé. Estamos rodeados de muertes, pero encontrás a alguien que pudo vivir. Eso te une. Ella llora, y no necesito que me explique qué le pasa. A mí me pasa lo mismo.
-Florencia: En la sala de espera del Hospital Alvear vi a un chico. Me costó mucho acercarme. Tenía unas calcomanías, qué sé yo. Le digo ¿estuviste en Cromañón? Me miró mal, de costado. Le dije “yo también estuve”. Le cambió la cara: me miró re-franco, con una sonrisa grandota, y los ojos así de abiertos.
¿Quién hizo la Argentina?
–¿Qué pasa con los adultos? ¿Se sienten escuchadas?
-Sonia: Me parece que se alejan de la realidad, como si estuvieran resignados. No quiero pensar mal. Supongo que es un poco de ignorancia. Pero la gente grande en general… algunos incluso me llegaron a decir “la única solución es que vuelvan los militares”.
–No te creo.
-Sonia (lo recuerda exasperada): En serio, es lo peor que me podían decir. El argumento es que se podía salir tranquilo a caminar
–Pero no todos los adultos dicen semejante cosa.
-Florencia: No, claro, pero una piensa, después de los 30.000 desaparecidos, ¿qué más tiene que pasar? Que siga habiendo impunidad, y que la gente no termine de tomar conciencia…
-Sonia: Lo peor es que nadie se rebela, nadie hace algo para que esto cambie, y entonces nos toman por estúpidos. Como ella dice, si la gente no se identifica con 30.000 desaparecidos, a nosotros nos va a costar uno y la mitad del otro con menos de 200 chicos.
-Florencia: Mucha gente que estuvo, no quiere hablar más del tema. Ya está. Cromañón ya pasó.
-Sonia: Es una reacción típica, negar todo.
Mauge: O de golpe hacen al revés. Te abren Cromañón. Te lo muestran por adentro con fotos, filmaciones, detalles. Vos ya saliste de ahí, pero los medios te meten adentro. Entonces decís: “Loco, te estás rebardeando”. No te dan ganas de ir al santuario, ni a una marcha, ni de pelearla. Y así nos quieren hacer desaparecer la causa. En los medios ni se toca el tema muchas veces. La gente no sabe de qué le hablamos.
–O muestran el lado siniestro.
-Sonia: Me acuerdo hace unos meses, una persona fue a la marcha con un carro y una corona patética como si fuera un entierro, y te lo mostraban todo el tiempo. Si bien los chicos están muertos, es como seguir escarbando y metiéndole manija a ese masoquismo que tiene mucha gente.
-Florencia: Sí, hay masoquismo y morbo. En la televisión saben que el dolor vende y que si muestran a alguien llorando, la gente lo va a mirar.
Mauge: A mí me pasó cuando en Plaza de Mayo habló Mariana, la mamá de Liz, contando que después de la muerte de su hija sus células se descontrolaron, y le dio cáncer. Yo la escuché y me puse a llorar. Me dio mucha angustia ¿me entendés? Y ahí me vinieron a enfocar. Lo pasaban en la tele. El que mira dice: “Si se la van a pasar llorando no me arruino el día, me quedo en casa calentito”. Porque es así. Hace frío, llueve y encima lloran. No, no voy.
–Contás lo de Mariana Márquez, que murió unos días después.
Mauge: Me puso muy mal. Cromañón se sigue llevando a la gente que vale la pena. No pude evitar llorar mucho. Pero entonces hay que seguir la lucha por los que quedamos acá. Por suerte yo estoy en una asamblea genial (la Asamblea Popular 30 de diciembre, de Palomar) que me da mucha fuerza, y la familia que me encontré en las marchas, los padres, familiares, amigos, sobrevivientes. Lo único que no hay que hacer es caerse. Y cuando uno se cae, hay otros que lo ayudan a levantarse.
-Florencia: Mi tía decía “yo a Julián lo quería como a un hijo, pero no puedo ir a cosas que me tiren abajo, porque me no me levanto más”. En cambio cuando se enteró de actividades como la que hubo afuera de la Feria dijo “buenísimo, voy”. (En la puerta de la Feria del Libro se instalaron stands, se repartieron volantes, se reunieron firmas, actuó una murga y se exhibían unos carteles con la imagen de Aníbal Ibarra transformado en Frankenstein, y el lema: cuidado, el monstruo anda suelto).
–¿Cuál sería la diferencia, para tu tía?
-Florencia: Para luchar con ganas, voy. Para una procesión mortuoria, no. Las últimas marchas estuvieron muy buenas en ese sentido.
-Sonia: Pero fijate lo que pasó. Esas marchas fueron con fuerza, cantos, participación y documentos muy buenos. No te tiraban para abajo: pero ahí –justo ahí- no publicaron nada. (Se refiere particularmente a los diarios Clarín y La Nación, que ignoraron la marcha de fines de julio, por ejemplo, una de las más concurridas, conmovedoras y con un documento de fuerte contenido político. La televisión tampoco emitió imagen alguna).
-Florencia (que se quedó pensando en algo): Esto pasó antes de ayer. El dolor sigue, y va a seguir siempre.
–Pero también sigue la vida.
-Florencia: Sigue la vida. Y es bueno luchar desde la vida, más que desde la muerte.
Mauge (riéndose): Lo que pasa es que hay cada uno…
-Florencia: Lo peor a veces es lo más cercano a nosotros. Me siento en una clase en la facultad, veo a un pibe, el típico pibe cheto que lo único que piensa es (como hablando por un teléfono celular imaginario, con la mandíbula un poco floja): “¿a dónde vamos a salir el sábado?” A ese le hablás de lo que sea y lo único que le importa es el celular que le suena. O las zapatillas de moda. ¿Qué podés compartir con esa persona? (Detalle: las tres llevan las zapatillas de lona con puntera de goma, transformadas –contra toda moda- en un símbolo de época y de un modo de ser joven).
Mauge: (Haciendo y deshaciendo esferas con su juego de formas metálicas) Pero te cuento la contraria. Te vienen con que la juventud está podrida. Ustedes son los que fuman marihuana, y se drogan en las esquinas. Son esto y lo otro. La culpa es siempre de los jóvenes. Pero digamos la verdad: ¿Quién nos dejó esta Argentina de mierda? Nos la dejaron los grandes. No la hicimos nosotros. Ellos no se dan cuenta. Marchamos a la calle, ¿dónde están muchos padres? No están. Dejan que vayamos nosotros. Buenísimo, pedí justicia por Cromañón. No vienen pero dicen “negrita, voy a luchar con vos”. Al menos mi mamá, porque papá no tengo, dice “vamos, te acompaño”. Pero la mayoría se queda en casa y lo ve por tele.
-Florencia: Eso se siente mucho de parte de los grandes.
Palpando bengalas
Mauge (Con tono desafiante, mordaz): Hablan de los jóvenes, pero Cromañón estaba habilitado, Chabán era el dueño o capitalista, y todos sabían que iba a haber más de 4.000 personas. ¿Quién lo habilitó? ¿La juventud?
-Sonia: Mirá qué ironía lo que pasó. No sé a ustedes, chicas, pero cuando yo entré a eso de las 10 de la noche me hicieron sacar las zapatillas.
–¿Para qué?
-Sonia: Para revisarme. Fue un bardo porque tardamos mucho más. ¿Para qué fue ese control? Absurdo. Y si controlaron, ¿qué falló?
Mauge: Te revisaban las zapatillas, los pantalones, atrás del pelo, las axilas. A la piba le dije: mirá que no me gustan las mujeres. Y ella dice: quedate tranquila, a mí tampoco, pero te tengo que palpar porque no podés entrar bengalas. Me revisó toda, me dio vuelta la mochila, sacó cosa por cosa, estuvimos como media hora. Control perfecto. Pero entramos, y adentro había bengalas. Para mí, las vendían.
–¿Vendían?
Mauge: En el recital de Jóvenes Pordioseros yo le había preguntado a un pibe en la calle: ¿Sabés donde puedo comprar una bengala? Y me dijo: adentro, en la barra. Entonces, al chabón de Chabán no le daba la cabeza: tenía mediasombra y vendía pirotecnia.
-Sonia: También le echan la culpa al grupo. Yo no sé. En obras, en julio, pararon tres veces el recital porque había chicos que se asfixiaban por el propio humo de la bengala.
Mauge: En Cromañón también dijeron: loco, córtenla con la bengala porque hay pibas que las sacan asfixiadas de acá adentro. No creo que sean tan tarados de entrar ellos mismos las bengalas. Aunque a veces te encontrás con cosas…
–¿…?
Mauge: En año nuevo veía que todo el mundo tiraba cohetes y brindaba. Yo no lo entendía. Al otro día mostraban en la tele a los cartoneros que iban a las casas de los políticos y sacaban botellas, botellas y botellas de los tachos. Champán, sidra, qué sé yo. La pasaron bomba los políticos, ni se preocuparon, ¿entendés?
-Florencia: Y mientras tanto la gente estaba en la morgue. O en los velorios.
-Sonia: O ni siquiera: a muchos chicos los tuvieron dos días en una camioneta. Un amigo mío fue a buscar a la hermana a una camioneta. Estaban todos los cuerpos tirados uno arriba del otro. Y muchos chicos, yo misma, estábamos en el hospital sin respirar. Y todo seguía. Una farsa.
Mauge: El 31 yo estaba en casa. No podía hablar, tosía. En el hospital me habían dicho que no tenía nada, pero el 1º me agarró un paro respiratorio por el humo que tenía en los pulmones. Pero ese día, el 31, vino mi familia, el barrio. Todos llorábamos. En televisión veías el año nuevo. Faltan diez segundos para brindar –nueve, ocho, siete- y mientras tanto vos sabías que la gente estaba en la morgue –cinco, cuatro, tres-… buscando a sus hijos.
-Sonia: Para mí el año no terminó. Me quedé en el 2004.
-Florencia: Yo también. Hablo del año pasado, y me confundo. Era el primer fin de año que iba a pasar con Juli. El 31 a la mañana estaba internada, pero pensaba en lo que iba a cocinar a la noche. Ya había comprado todo. No tenía noción de lo que había pasado. (Julián murió al día siguiente, y a Flor no le avisaron hasta varios días después). Yo estaba con el respirador y pensaba: hay que pasar el año nuevo.
30 de diciembre, 23 horas
Mauge: Hay que pasar año nuevo. Era lo mismo que se escuchaba esa noche ahí adentro.
–¿En Cromañón?
(Mauge empieza a describir la pesadilla, y el recuerdo contagia a Florencia y a Sonia. Aclaración: el orden del relato no es cronológico. Hay idas y vueltas: la memoria de las chicas fue disparando poco a poco imágenes de diferentes momentos, hasta que se termina por armar cada historia).
Mauge: Sí, la gente gritaba “loco, mañana es año nuevo”, “yo quiero salir”, “tengo un hijo”, “mamá ayudame”. Cada uno gritaba. Yo empecé a llorar y decía “mamá sacame de acá adentro”. Pensaba en mis sobrinos. Quería salir y ver a mi vieja. Nunca pensé que alguien se podía quedar ahí para siempre. Después empecé a ver los cuerpos de los chicos… me desperté en una ambulancia y me arrastré hasta un camión de bomberos porque traían a un chico casi muerto, todo negro del humo, y salí de la ambulancia para dejársela. Yo decía: ayúdenme a buscar a mi amigo, pero me dicen “no, está muerto”. Yo buscaba a Walter, que había ido conmigo. Había cuerpos y cuerpos apilados. Mi amigo estaba ahí tirado. Le tuve que pegar para que reaccione, y reaccionó. Un rato antes estabas escuchando rocanrol, y terminás con pibes muertos al lado tuyo. Quedás re-loco.
-Sonia: O con tu familia buscándote en la morgue.
Mauge: Yo la llamé a mi vieja para decirle que estaba quemándose todo. Mi amigo lo último que hizo fue agarrar el celular para llamarme, pero lo perdió ahí adentro y se quedó dormido, igual que yo. Por el humo. A mí me pasaron por arriba, me pisaron. Llegué hasta dos metros de la salida y me quedé ahí. No pude correr. Me sacaron desmayada. No me morí porque en la calle hubo una mina que se re-copó, trajo un tubo de oxígeno, y me hacía respirar a mí, a mi amigo, a mí, a mi amigo.
-Sonia: La gente fue muy solidaria. A mí me sacaron después de una hora y media en el vip (vuelven las lágrimas a sus ojos).
–¿Cómo fue?
-Sonia: El sector vip estaba arriba, se cortó la luz, y no pudimos bajar porque la gente subió escapándose del fuego. Pero fue el primer lugar a donde llegó el humo. Pasaron unos minutos, llamé a mi vieja por el celular y le dije “nos estamos quemando, te quiero un montón”. Ella no entendía nada y me decía “salí, salí”. Yo le digo “mami, no puedo salir” y corté para no matarla más todavía. Yo no respiraba, y vomitaba todo ese humo. No sé cuánto estuve ahí. Sacaron a todos los chicos muertos y los bomberos no querían subir.
-Florencia: Unos amigos de Julián querían subir y les dijeron “no vayas arriba, que están todos muertos”.
-Sonia: Yo era una de esas muertas. Me acuerdo que me quise tirar por la baranda, pero nunca llegué. Me desmayé. Hubo una de mis amigas, Jessica, que salió casi antes de que se apagasen las luces, y sin embargo volvió a buscarnos. Ahí se quemó, se mareó por el humo, y no pudo salir. Por suerte pudieron rescatarla. El que me sacó a mí se llama Roberto, un chico de más de 40 años. Como la policía no se metía a sacar gente le dijo a un cana “tomá, flaco”, le dejó el bolso y entró. Salía de trabajar, pasaba por ahí y se puso a ayudar. Pensó: “algo hay que hacer”. Sacó a tres pibes, después subió al vip. Me cargó, me llevó a una camioneta y me llevaron al hospital Pena.
-Florencia: La gente del barrio fue re-solidaria. Hubo chicos que no tenían nada que ver, ni habían ido al recital, y perdieron la vida para ayudar a los que estaban adentro.
Mauge: Yo lo último que vi ahí adentro fue una remera roja de Kapanga (otra banda). La última mano que toqué fue la de ese chico. Cuando estaba afuera y vino a buscarme mi mamá, vi a un pibe con remera roja de Kapanga, tirado, la cara tapada. Yo dije: loco, que no sea el pibe que me sacó a mí porque no me lo perdonaría en mi vida. No me perdonaría saber que un pibe que no me conocía, dio la vida por mi ¿entendés? Hubo pibes que se salvaron, pero murieron al entrar para sacar a otros.
-Florencia: Lo que nos salvó fue la gente. Bajaban de los edificios. Cargaban botellas, traían agua y nos mojaban. Yo salí inconsciente, y lo único que me reanimó fue el agua. Una señora salió por la calle Jean Jaures con una manguera y nos mojaba. Yo iba todo el tiempo hasta donde estaba ella, porque me descomponía, me iba a mojar, y volvía a buscar a Julián.
Mauge: Pero de los que hicieron eso nadie habla. Lo que buscan es al pibe que prendió la bengala.
–Tendencia típica: culpar a las víctimas.
Mauge: ¿Y sabés por qué? Porque son morbosos. Es como cuando preguntaban por tele: ¿es cierto que estaban todos drogados y por eso no vieron la salida? Yo no lo podía creer.
-Florencia: Ahí es que dicen: “murieron como vivieron, la culpa es de los chicos”.
¿Rezar o tirarse?
–Sonia, contabas que no habías podido llegar a la baranda.
-Sonia: No pude, la gente me aplastó contra la puerta. Me quise levantar y prender el celular para iluminar, pero la puerta que intentaba abrir estaba cerrada y quemaba, porque era metálica. No tenía picaportes. La golpeamos hasta que un flaco se desmayó. Dije: bueno, listo, nos estamos quemando. Me intento levantar y una flaca me tira al piso y me dice “quedate y recemos”.
–¿Recemos?
-Sonia: Sí, y yo le digo, con lo poco que podía hablar “tirate, no reces”. Había como una resignación. La gente se quedaba en el piso, pensando que ahí había más oxígeno. Pero en el vip no había oxígeno en ningún lado. Intento caminar y escucho un grito porque había pisado a alguien. Ahí dije: no, estoy matando a alguien. Y entonces no caminé más. Me quedé parada. ¿Me salvo yo y el otro no? No. Yo decía: tenemos que salir todos. Les gritaba: “Chicos, no recemos, tírense”. No había opción ahí arriba. Si te tirás te podés lastimar, te quebrarás en mil partes, pero salís vivo. Arriba no había salida. Y no tenías noción de nada, porque estaba todo negro.
Mauge: No había luz, se había cortado todo.
-Florencia: Apenas gritaron ‘se quema’, bajó el humo y no vimos más.
Mauge: Fue instantáneo. Había gente que corría en círculo porque no había carteles de salida de emergencia.
-Florencia: Arriba vi uno.
Mauge: Abajo no. Yo estaba debajo de la valla donde tocaba Callejeros. El incendio se hizo dos personas atrás mío. Caía el fuego del techo, la gente se abrió y se hizo un círculo. Yo corrí por el medio de ese círculo.
-Sonia: Lo que pasa es que cuando la gente se abrió hubo más aire, y más combustión. De arriba veíamos que caía fuego.
-Florencia: Yo estaba arriba de los hombros de Julián y no reaccionaba. Le digo bajame, bajame, y él se asoma para ver qué pasaba, hizo tiempo a bajarme, y se vino el humo.
-Sonia: El fuego se veía… ¿viste como la lava de un volcán cayendo?
Mauge: Eran gotas, como una lluvia de fuego.
-Sonia: Cortaron la luz y fue terrible, lo peor.
-Florencia: Además el humo te consumía lo poco que podías pensar.
Mauge: Hubo chicos que salieron de ahí adentro y caminaron cuadras y cuadras hasta que se desmayaron. Estaban como drogados por el humo. Cuando se cortó la luz, empecé a escuchar los gritos de “abran la puerta”, y la puerta que no se abría. Dije: ya está. Acá nos quemamos todos.
–¿Cómo saliste, Flor?
-Florencia: Adentro, lo único que escuchaba era la voz de Julián. Cuando él me baja le digo “vamos al piso, hay aire en el piso”. Nos tiramos, pero no había aire, y nos pasaba la gente por encima. Nos volvimos a parar. Llegamos a la baranda y le digo, tirémonos. Me agarra y me dice que no. Le digo que nos vamos a morir. Me dice que no. Escucho que él me grita que me ama. En un momento nos separamos, no sé cómo. Justo cuando suelto la mano de Julián, veo que dice ‘salida de emergencia’. Al final pude salir por un costado, el del hotel.
Viejas locas
Mauge: En medio del quilombo se escuchaba de todo, son frases que te quedan dando vueltas en la cabeza. “Hagamos un agujero en la pared” gritaban chicos en la sala vip. Otro gritaba: “tengo familia”. Yo gritaba “mamá ayudame”. Me saqué la remera, me la puse en la boca y con la otra mano agarré una medallita que mi mamá me había regalado hacía cinco días en Mar del Plata, una púa de las Viejas Locas (una banda de rock). Me había dicho: te va a traer suerte. Agarré la púa y dije: mamá sacame de acá adentro. Y dije: no me voy a quedar un fin de año sin ver a mis sobrinos. Y dije: si no salgo por ellos no salgo por nadie.
-Sonia: Claro, era buscar la fuerza en algo. Yo pensaba en mi mamá.
-Florencia: Yo también. Salí por mi vieja.
-Sonia: Pensaba: si me pasa algo se muere ella, y no quiero que se muera. Por ahí hubo gente que se resignó y no encontró esa cosa por la cual salir.
Mauge: Yo pensé que mi vieja estaba afuera esperándome. Vi como una luz y me mandé. No sé qué era, una luz chiquita. Parecía la película de Peter Pan, una campanita. Yo la seguí, le agarré la mano a un pibe, y terminé muy cerca de la puerta. Por eso me sacaron más o menos rápido. Si me quedaba, como muchos chicos que no se movieron, no salía.
-Florencia: Yo en un momento dije “ya está”. Estaba caída, arrodillada. Justo ahí abrieron la puerta, vi la luz y pensé ¿qué es esto? ¿La salida? ¿O es el cielo?
–¿Pensaste eso realmente?
-Florencia: Sí. No sabía si eso era estar muerta, o si estaba por salir.
-Sonia: Yo tampoco entendía. En el hospital preguntaba: ¿estoy viva?
Mauge: Los de control gritaban “corran por acá”. Yo escuché a un loco que gritaba “corran acá, soy de Callejeros”. Y subían gente al escenario. Habían salido a decir “no rompan las pelotas, no prendan bengalas”. Y Chabán había dicho ‘somos 6.000 personas, por esa puerta no salimos’.
-Florencia: También dijo: “y si pasa algo, es una masacre”.
Mauge: Como en Paraguay, dijo, como en el shopping donde había pasado algo parecido.
-Florencia: Él sabía que iba a pasar. Cuando habló así, dijimos ¡eh!, ¿una masacre?
Mauge: El Pato (cantante de Callejeros) había dicho: “No prendan bengalas, acá hay pibitas que no van a poder respirar por el humo”.
No traje desodorante
-Florencia: Pasa siempre. Como sos más petisa, tenés ocho monos a tu alrededor, y no ves nada. Y no respirás. O respirás ese olor a… (abanica las manos)… a gente. Olor a huevo, a qué sé yo. Además, ese día hacía un calor insoportable. Las paredes transpiraban.
Mauge: A mucha gente capaz que la salvó la transpiración de las remeras. La mía estaba empapada porque en el boliche habían puesto temas de La Renga y Ji Ji Ji (de Los Redonditos de Ricota) y todos bailábamos y saltábamos. Mi remera chorreaba agua. A un amigo le dije, jodiendo: loco, no traje desodorante. “Quedate tranquila que no tenés olor a chivo“ me dijo. Estaba empapada y cuando empezó el humo negro me tapé la boca con la remera mojada. Se le pegó el humo y quedó negra. Los pantalones también.
-Sonia: Imaginate cómo tenemos los pulmones. No me quedé con nada de ese día, porque nos desvistieron y nos dejaron a todos desnudos.
Mauge: Yo salí desnuda de arriba porque me había sacado la remera y el corpiño me lo arrancaron en el quilombo. No sé cómo, en la ambulancia pusieron mi mochila. La mina de la ambulancia quería sacarme la mano del pecho, para poder presionarme y ayudarme a respirar, pero no podía, porque yo tenía agarrada la medallita de Viejas Locas.
-Florencia: Cuando salí, había un chico grandote, medio colorado. Le digo: “hay que hacer algo, está mi novio, se están muriendo todos”. Me dijo: “está mi vieja, negra, y tampoco la puedo sacar”. Después, de a poco, me fui encontrando con los amigos de Julián, me encuentro con mi familia buscándolo en el Ramos. Y recién me internan a las 3 o 4 de la madrugada. Yo vomitaba todo negro.
Mauge: El que te encontraste debía ser Eduardo, el baterista del grupo. Ahí murió su madre, Lidia.
-Florencia: Es que era un grupo muy familiero, como un grupo de barrio que creció.
Mauge: Tenían un almacén, de golpe se encontraron con un Carrefour, y no lo supieron manejar. Mi mamá decía “prefiero que vayas a ver a Callejeros” porque era familiero. Y no a los Ratones Paranoicos o a otras bandas grandes. Cuando fui a ver a los Ratones a Ferro casi me fisuran una costilla. Me aplastaron contra una valla, me tiraron al piso, todo un tema. Por eso no te entra que vayan chicas con sus bebés. Yo no llevaría a mi hijo a un recital.
-Florencia: Pero andá a saber si tenían con quien dejar a los chicos.
-Sonia: Me quedé pensando. Suerte que nos dieron agua porque eso te salvaba, te limpiaba. Yo tomé no sé cuántos litros cuando me sacaron.
-Florencia: Eso, y ser jóvenes.
Policías, periodistas y abogados
–¿Qué recuerdan de la actitud de la policía?
Mauge: Te digo sinceramente, yo soy de familia de la Federal, estoy en contra de la policía porque me parecen todos corruptos, pero hubo gente que se puso a ayudar en serio. Había un pibe que estaba con campera de la policía y hacía de todo. Otros que se quedaban en la esquina. Yo me iba arrastrando cuando salí de la ambulancia, casi no podía hablar y le digo a un cana “loco ayudame” y el chabón me miraba de reojo como diciendo “qué me importa que te estés arrastrando”.
-Sonia: A una amiga un policía le dijo: “Yo no sé de primeros auxilios”. Pero vos pensás: hacé algo, traé agua. Los chicos atendían a los chicos. No es de ser policía lo que digo. Es de ser persona. En cambio los pibes buscaban a sus amigos, pero veían un cuerpo y lo sacaban. Hubo un chico que entró siete veces. Buscaba al hermano, pero el hermano había salido, estaba enfrente totalmente shockeado. Y este chico entraba, sacaba a alguien, volvía a entrar. La séptima vez no pudo salir.
Mauge: Me lo contaron. Aspiró tanto humo… el humo salía a bocanadas, te empujaba para afuera.
-Florencia: Entre los chicos se ayudaban. Cuando lo encuentran a Julián… no sé los tiempos exactos….
Mauge: Los tiempos se perdieron.
-Florencia: Por ahí fueron cinco minutos o una hora. Cuando lo sacan uno de los chicos le sostenía las piernas arriba, porque Juli decía que le dolían. Al lado había otro chico, que también estaba mal. Y Leandro, este amigo de Juli, le dice aun policía “fijate, atendé a ese chico que está muy mal”. Y el policía le dijo: “es tu amigo, o el pibe”. Uno, o el otro, y que lo hiciera él.
-Sonia: Ahí ves la policía que tenemos. Más allá de lo que yo piense de ellos, es gente que no está preparada.
Mauge: Mi tío es policía y su hijo, mi primo, es fanático de los Rolling Stones. Por él adopté la onda del rocanrol. Mi primo no había ido. Pero mi tío fue a buscarme. Y cargaba a los chicos a los taxis para que los llevaran a los hospitales. Me lo contó llorando. Negrita, me dijo, yo cargaba a los pibes. Lo contaba, y no paraba de llorar. Más allá de que sea mi tío, hubo gente así. También te cuento que era todo muy confuso. Llegó un patrullero y los policías se quedaron adentro. Los chicos me contaron que les gritaban “bajate y llevá gente”, pero como no hacían nada, los pibes le rompieron todo el auto.
-Florencia (abre los ojos, recordó otra cosa): Yo estaba sentada en la calle y escucho que putean a alguien. “¿Cómo vas a estar sacando fotos?”. Había una mina rubia que trataba de esconder la cámara. Me acerco y le grito hija de puta, ayudá, hacé algo. Me tuvieron que sacar porque quería pegarle.
-Sonia: ¿Qué preferís? ¿La foto o salvar una vida?
Mauge: Yo estaba con mi amigo Walter, vi que respiraba, le gritaba “hablame, cantame, hacé algo, traigan oxígeno”. Por atrás, viene una chica con un micrófono, y un chico con cámara y cables. Y ella pregunta ¿qué pasó? Después supe que eran de Crónica TV porque me vieron mis amigos. Yo le decía “ayudalo, ayudalo”. Y la mina seguía poniéndole el micrófono a la gente. Un pibe le pedía: “Llamá a mi mamá y decile que la amo”. Estaban lucrando con la vida de los chicos.
-Florencia: En la puerta del Ramos Mejía estábamos buscando a Julián, y vino una chica con la tarjeta de un estudio de abogados.
–Llamar a toda esa gente ‘cuervos’ sería injusto. Los cuervos no merecen esa comparación.
-Florencia: No sabés cómo la puteaba. La vida de los chicos no la va comprar nadie, le decía yo.
Mauge: Y no son solo las víctimas que pasaron por esto. También los familiares. Mi hermana se quedó con un trauma para toda la vida de buscarme. Empezó a levantar cuerpos. Uno por uno. Eran pibes muertos, ¿entendés? Yo la había llamado por el celular, le dije que estaba viva. Pero ella cuando llegó no me encontraba. Por eso me buscaba.
-Sonia: Mi hermana me buscó en la morgue. Y mi viejo me reconoció como supuestamente muerta. Cuatro horas pasaron llorándome, y resulta que no era yo. Te dicen que vivimos lo peor: nuestras familias también.
La bengala y el rock
–¿Qué piensan de los chicos y la cuestión de las bengalas?
-Florencia: Nosotros no somos los que tenemos que pensar en la seguridad. Suponemos que hay gente encargada de eso.
-Sonia: Las bengalas jamás me gustaron. No por pensar que se puede quemar un boliche. Me parecen una boludez. De todos modos representaba una forma de alegría, y el rock lo tenía interiorizado.
-Florencia: Pero si estabas al lado del que la prendía, capaz que te quemaba.
-Sonia: A eso voy. La poca conciencia. A mí me dio miedo la bengala porque un día viene un flaco amigo quemado. ¿Qué te pasó Maxi? No, un flaco prendió la bengala y la esquirla me quemó, me dijo. En cualquier caso, no le echo la culpa a los pibes ni loca. Pero hay una falta de conciencia. No pensemos que pasaba lo de Cromañón, pero sí que te lastiman.
-Florencia: Asfixiás al de al lado.
-Sonia: Pero Cromañón no necesitaba bengalas ni candelas: si un flaco tiraba un cigarrillo, o había cualquier chispita de un cortocircuito, se prendía igual.
Mauge: De Callejeros, yo digo que no los veo culpables, pero los veo responsables. Le dije a uno de la banda: “Si llenaste un Excursionistas hace diez días con 18.000 personas, no podés ir a Cromañón”. Y el flaco me dice: “Pero yo perdí a alguien de mi familia”. Está bien chabón, pero casi pierdo la vida yo por ir a verte a vos. Sos responsable, no sos culpable.
-Sonia: Sí. Responsabilidad, o inconsciencia. Uno comienza, tal vez no tocando en River. Ni los Redondos. Pero no nos hagamos los boludos. Todos, Bersuit, Skay, Attaque, qué sé yo, empezaron del mismo modo. Estos chicos de Callejeros yo me los cruzaba meses antes en los boliches.
Mauge: El domingo anterior, a La 25 se le prendió fuego, hubo descontrol, lo apagaron y todos volvieron a entrar. Esto le pudo pasar a cualquiera, pero Callejeros tiene su responsabilidad.
-Sonia: Obvio. Pero si hay que hacer un juicio también sería a nosotros mismos. ¿Qué hacemos? ¿Seguimos yendo a recitales? Seguimos. Bah, yo no.
Mauge: Yo sí. Pero si no vienen diez pesonas que estén al lado mío no voy. Me acordé de algo, mirá la ironía. Dos días antes de Cromañón, Clarín saca las mejores fotos del año. Una es de una chica con la remera de Los Piojos, con una bengala así de grande.
-Sonia: Estaba asociada a la alegría.
Mauge: Claro, con La Renga siempre fue una fiesta prender bengalas, llegar hasta Chizzo, y quedar ahí babeándote por el chabón. O la guerra de los trapos cuando tocaban La 25 y Los Gardelitos.
-Sonia: Pero hay mucha mentira. Bersuit, Skay, Attaque, qué sé yo, salieron a defender a Chabán porque son amigos. Y los de Bersuit, el pelado Cordera, apareció declarando que ellos no usaban bengalas. (Risas generalizadas) Yo se las vi en montones de recitales. Son unos caraduras.
Mauge: No sabés las bengalas que vendían en Ferro, cualquiera lo sabe, y está lleno de fotos.
–¿Por qué creen que Cordera hizo esa declaración?
Mauge: Para sacarse el problema de encima y decir (parodiando a las estrellas del rock, con sus dedos en “v”) “oh, somos re-pacíficos, vengan con nosotros, amor y paz, angelo paolo”. No flaco, no es así.
–¿Y vos Sonia, qué pensás? ¿Por qué lo dijo?
-Sonia: Porque es un imbécil.
Las desventuras del piercing
Sonia tiene un piercing en la nariz, y otro que sólo se puede descubrir cuando se ríe: en la lengua. “Me lo hice el día antes de Cromañón. Después me provocó una fisura en la lengua, porque en el hospital una mamá me limpió con una toalla la cara, los dientes: tenía todo negro. Y cuando me pasó la toalla por la lengua me lastimó”.
Mauge tuvo problema con otro piercing, el de la célebre lengua de los Rolling Sones, que se había colocado en la cara, bajo la boca. “Fui a Tribunales el día que iban a liberar a Chabán. La policía empezó a pegarle a todos, y el golpe que me dieron a mí fue justo acá, en la cara, donde estaba la lenguita, me lastimó y me lo tuve que sacar”.
Sobre ese día, el 13 de mayo del 2005, hay una historia que cuenta Ariel, el abuelo de Julián Rozengardt: “Estábamos en Tribunales. Empezó la represión contra los familiares. De golpe, la veo a Mauge que pasa corriendo. Pero lo raro es que no huía de la policía, sino al revés: iba hacia los que reprimían. Tengo muchos años de estar en manifestaciones. Pero confieso que nunca vi algo así. Le grito: ‘¿qué hacés? ¿a dónde vas?’ Y me contesta: ‘Le están pegando a los chicos’. Así que ahí iba ella corriendo a defender a la gente. Y yo atrás rengueando, como podía, para ayudarla”.
La realidad nacional terminó empujando también a la pequeña Florencia a un combate contra la policía aquel día en Tribunales, donde pateó a los “tortugas” (efectivos que la doblan en peso y tamaño, cubiertos con cascos, chalecos, rodilleras, canilleras y escudos, y armados con palos y gases) y soportó las agresiones sin pedir tregua.
-Florencia: Yo estaba por ir a la psicóloga. Me estaba poniendo la campera y escuché que iban a liberar a Chabán. Tomé una decisión cautelosa: primero ir a la sesión. Después hablé con Mauge y Sonia y quedamos en encontrarnos en Tribunales. Ahí me desahogué. Estaba re-mal. Era indignante que hubiera tanta policía. Una provocación. Al final sacamos a la policía a patadas porque si no iba a haber un quilombo gigante. La idea era ir y presionar para que Chabán no quedase libre. Y bueno, salió lo que salió.
Apagando incendios
Mauge lleva un brazalete que dice “Víctima de Cromañón”, pero lo muestra posando como si fuese una modelo. Le van a tomar unas fotos, y se sube a caballito de su novio. Está contenta porque pudo organizar su viaje de egresados del secundario, tema que durante algún tiempo se le transformó en un laberinto, ya que a comienzos del ciclo lectivo tuvo conflictos en su escuela con todo el mundo.
Primero, con algunos compañeros, que descubrieron lo gracioso que era encerrarla en el aula encendiendo tachos con fuego: “Tuve que romper un vidrio para salir” cuenta. Eso la llevó a un conflicto con las autoridades. Discutió con el director de la escuela planteándole que el edificio no está en condiciones ya que no había matafuegos que funcionaran, por ejemplo. Le dijeron que se calme. Respondió que iba a invitar a la escuela a todos los inspectores del país fuese capaz de convocar. “No seas egoísta, vas a dejar sin clase a tus compañeros”, le dijeron. Frente a este curioso argumento, Mauge siguió pensando que reclamar condiciones seguras en la escuela no parece ser un acto de egoísmo. Al día siguiente avisaron que iban a poner matafuegos, y calefacción de tiro balanceado. “Estoy re contenta, porque aunque sea poquito, algo pude hacer”. Nadie sabe cuántas vidas se hubieran salvado en Cromañón si una chica de 17 años, con el sentido común de Mauge, hubiera tenido a su cargo la seguridad del local.
–¿Y con tus compañeros, los que te encerraron?
Mauge: Los iban a sancionar. Pero yo preferí hablar. Les conté lo que había pasado. Hay gente que piensa que los muertos están muertos y los vivos están vivos y listo, se acabó. Pero no es así. Los chicos que perdieron la vida esa noche dejaron amigos, familias, primos, novias, barrios, colegios, todos destrozados. Y en las familias de sobrevivientes también hay destrucción, porque todos se quedaron con miedo, no saben si vas a volver, tus amigos se quedan en la incertidumbre. Yo les expliqué eso a los chicos. Les conté que me di cuenta de que estaba muriéndome y de que no iba a volver a ver a nadie. Me entendieron, ahora está todo bien. ¿Y sabés qué? Empezaron a venir a las marchas. Y también organizamos el viaje de egresados a Bariloche. Yo al principio no sabía si ir, porque me cargaban diciendo que no íbamos a ir a bailar porque se iban a quemar los boliches. Y a mí eso me da miedo en serio. Ahora cambiaron la actitud y se pusieron la media pila.
-Florencia: Estuvo buenísimo lo que hiciste. Pero la verdad, hay mucha gente que no te quiere escuhar. No se quieren hacer cargo del dolor del otro.
Mauge: Hay gente que prende la tele, ve los problemas. Pero después apaga la tele, y se cree que apagó los problemas.
¿Cuándo hacemos política?
Sonia cuenta que votó una vez, a la izquierda, “pero no por hacerme la rebelde sino porque para mi la única forma de desmantelar todo esto es que se pudra pronto y que alguna vez haya gobernantes en serio”.
Florencia, en cambio, dice que lleva una carga en su conciencia: “Voté al innombrable (Aníbal Ibarra) en la segunda vuelta para jefe de gobierno en Buenos Aires. Claro, te lo ponen de opción con el otro (Mauricio Macri) y entonces: ¿qué hacés? Ahora ya pensé: así como hay gente que vota a los Simpson, la próxima vez voy a poner en el sobre una boleta que diga justicia por Cromañón”.
-Sonia: Es que los políticos no existen. Fijate: la gente acusan a las chicas de 17 años que fueron con sus bebés. Pero mientras tanto, en lugar de dar educación sexual en las escuelas, te dan materias chotas o inútiles. Está todo lleno de ministros y funcionarios, todos hablan de lo importante que es la educación, y nadie educa. Me parece la mentalidad más estúpida del argentino: culpar a lo inmediato, no buscar el origen de las cosas.
Mauge: Uno piensa que la educación es el futuro. Pero los políticos van a un barrio, reparten cocacola y panchos: votame. La gente los vota por una canasta de comida, los tipos se llenan los bolsillos, y nosotros nos cagamos muriendo adentro de un boliche por una causa totalmente injusta.
–Todo lo que surgió después de Cromañón, ¿puede cambiar algo de la realidad? ¿puede generar transformaciones?
Sonia: Depende del día que me preguntes. A veces pienso que sirve, que la gente está mucho más consciente. Y hay días que creo que no, que sigo viendo que no hay participación ni interés. Lo veo en la facultad. No vamos a paranoiquearnos pensando que en todos lados va a haber un Cromañón, pero tampoco esa cosa de a mí no me va a pasar, y entonces nunca hago nada. Pero algo cambió.
Mauge: Para mí hay transformaciones que van más allá de Cromañón. Empezando con que se destapó a un montón de personajes nefastos que no veíamos. Yo al menos, por ser adolescente o estar en mi propia joda, no veía gente que ahora entiendo qué hace. Veo quién es quién, quién hace cosas buenas y quién se hace el buenito pero es un mentiroso.
–Participar en las asambleas, movidas y marchas ¿qué les provocó?
Mauge: Me abrió la cabeza. Me di cuenta de que puedo escuchar a otra gente sin enojarme. Yo siempre tuve una opinión hacia la política: no me gusta. Ahora empecé a ver que cada uno hace algo. Algo bueno, o algo malo. Entendí que lo malo no es la política. Los malos son muchos de los que hacen política.
-Sonia: Los que hacen la política partidaria.
Mauge: Claro, porque todos somos políticos y hacemos política.
–¿Cuándo?
Mauge: Cuando tomamos partido por cómo vivir.
–¿Cuál sería la diferencia entre la política partidaria y este otro modo de entender la política?
-Sonia: Unos hacen promesas y te quieren dirigir. Los otros hacen cosas. Lo que me pasó con Cromañón es que hay gente que no cambió su forma de pensar, y otros cambiaron sus personalidades. Pero lo que se logró es unir distintos grupos y distintas formas de vida. Es como un pequeño país, un extracto de cada lugar y cada familia.
Mauge: Este país que replica Cromañón es un país de sobrevivientes, de mucho dolor, pero también de políticas que quieren salir de todo esto. Un país chiquitito que se está construyendo de a poco. Es como empezar desde cero.
-Sonia: Participás de otra manera en el armado de las cosas. Decís qué te parece bien y qué no. Te pone muy activa. Es una semilla que hay que ver si prende, o no.
Mauge: El cambio recién empieza. Pero hay gente… yo entiendo que haya tipos que defiendan a Chabán, otros a Ibarra, gente que nos defiende a nosotros. También hay otros que nos echan la culpa.
–¿Por qué?
Mauge: Por haber salido vivos. (Se queda mirando sus zapatillas de lona, se acomoda el flequillo negro) Pero nosotros no vamos a pedir culpas a una marcha. Lo que pedimos es justicia por los chicos que no están, más allá de lo que opine cada uno. No decimos: “Venga a echarle la culpa a tal”. Decimos que vengan todos a pedir justicia.
-Sonia: Yo sé que hay gente que lo siente alejada todo esto. Pero tenemos que cuidarnos. Tenemos que ver a quién elegimos. Pedir explicaciones a los que nos representan. Hacer cosas. Los malos están hace mucho tiempo.
–¿Cómo es eso de que te culpan por haber salido viva, Mauge?
Mauge: Te dicen ¿y para qué fuiste a esa ratonera? Una persona mayor me dijo: ustedes son unos pelotudos porque se metieron ahí. Yo le dije: disculpame, yo soy una pelotuda, pero ¿sabés quién lo habilitó? La gente que ustedes votaron. Los que ustedes pusieron. Porque yo soy menor. Lo que te decía antes. Los mayores nos dejaron lo que tenemos ahora. La época de Menem, Alfonsín, Duhalde, De la Rúa. Entonces ¿qué hago desde mi punto de vista de pendeja de 17 años? Tengo que salir a la calle e intentar cambiarlo. Pero es difícil cuando esto está desde hace tantos años, y con tanta gente grande que no quiere cambiar.
–¿Por qué no quieren?
Mauge: Porque dicen ¿para qué? Si algún día ya me voy a morir. Con el pensamiento de “algún día me voy a morir” no vamos a ningún lado.
-Sonia: No hacés nada. Mirás la vida por la tele.
–Es como ir sacando pasaje al cementerio.
Mauge: Por eso yo, ¿qué intento? Estar activa con todo lo que tenga que ver con Cromañón y otras cosas. Qué sé yo: vi cuando mataron a los pibes en puente Pueyrredón cuando era chica (tres años atrás). Hay gatillo fácil, chicos con dificultades, muchísimas injusticias. Y entonces ¿sos sobreviviente de Cromañón y te hacés cargo de eso solamente? No: soy sobreviviente de Cromañón, y por eso me hago cargo de lo que pasa en la sociedad. Y eso que no tengo ni siquiera un estudio terciario, ¿eh?
-Sonia: Si seguimos con esa visión de que cada uno se hace cargo solo de lo que le pasa, al final todo va a explotar. La gente tiene problemas, se mueve, reclama y otros no hacen nada.
Mauge: Me doy cuenta por lo que me pasa a mí, que quiero cobrar un subsidio por lo de Cromañón. ¿Qué hacen? Te dan vuelta, te dan vuelta. Imaginate el que va a pedir porque tiene hambre. Le dan vuelta, le dan vuelta. Ya entendí a los que gobiernan: se pasan la pelota y no se hace nada.
-Sonia: Aquí no buscan el cambio. Buscan que la gente se canse.
Mauge: Por eso me gusta lo que se hace con Cromañón. Hay reuniones de organización de todos los grupos, se pelean, intercambian, a los gritos, callados, tomando nota, lo que sea, pero se llega a un punto.
-Sonia: Todos estamos con la misma idea, se habla, y que cada uno pida justicia como lo prefiera.
Mauge: Así nos dimos cuenta de que todos somos sobrevivientes. No de Cromañón, sino de la Argentina. Porque los 30.000 desaparecidos, la desocupación, todos los desastres que uno ve aquí, no fueron en Japón, o porque hubo un tsunami donde volamos todos.
-Sonia: Pero los políticos tienen una postura incoherente, y fuera de lo real. Una cosa muy ambigua, cuando todo es claro.
–La ambigüedad es una política.
-Sonia: De ellos.
–¿Qué le dirían a un chico que tuvo alguna relación con Cromañón, sigue mal, y no sabe qué hacer?
Mauge: Le diría: yo sé que los adolescentes no van al psicólogo. Pero no está tan mal ir. Pero sobre todo, que hable con chicos que están en la misma, con un grupo.
-Sonia: Hay muchos grupos y asambleas en distintos lugares. Y te integrás al toque.
Mauge: Y cada uno puede seguir en su joda, pero abriendo un poco la cabeza.
-Florencia: Y haciendo cosas. Las marchas que se hicieron en Caseros y los recitales en El Palomar, por ejemplo fueron hermosos. Cantábamos, sentíamos todos una fuerza tremenda. Aunque no seamos demasiados es muy lindo.
–¿Será que el problema no es el número?
-Florencia: No, lo importante es lo que se haga. Si vamos todos a una marcha mortuoria, eso te parte al medio. Pero en cambio hacer algo distinto… tomar la voz, vos mismo.
Mauge: Sí, porque esto se va a cambiar. Mi hermana estuvo en Kheyvis la vez del incendio (Kheyvis un local de Olivos, se incendió el 20 de diciembre de 1993; murieron 17 jóvenes). Ella estaba confiada en que todo iba a cambiar, pero la verdad es que no hizo mucho para conseguirlo. Yo también estoy confiada en que va a cambiar. Pero además voy a hacer todas las cosas que sean posibles. No me voy a quedar esperando. ¿Entendés?
Fue lo que dijo Mauge, antes de sacar de su mochila el leve artefacto de hilos metálicos articulados, con el que logra demostrar que el mundo puede adquirir apariencias sumamente extrañas.
O que quizás todo depende de la forma que uno quiera darle.
 

publicada 31/12/2007

Nota

Juan Kiehr, y la aurora de la agroecología

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Hace un tiempo Juan Kiehr recibió –como recibía siempre– a  decenas de productores agropecuarios de todo el país que querían conocer La Aurora, su campo de 650 hectáreas en Benito Juárez, provincia de Buenos Aires. Desde hace décadas La Aurora se convirtió en un imán para productores y estudiosos, porque desnudó al modelo de agronegocios: demostró que se puede producir sin agrotóxicos, y además generar más rentabilidad. La FAO (Naciones Unidas para la alimentación) declaró a La Aurora un campo emblemático de la agroecología a nivel mundial. Esas cosas hacían sonreír a Juan, un hombre a contramano de las patologías actuales: con mucha personalidad, y muy poco ego.

Cuando los productores se iban Juan tomó del hombro a su asesor, amigo y compinche de décadas en la transición hacia la agroecología, el ingeniero agrónomo Eduardo Cerdá. Le dijo: “¿Vio Eduardo? Qué linda esta gente, y qué alegría que me genera poder compartir todo esto. Compartir da felicidad ¿no? Pero felicidad real: no es la misma felicidad de andar en crucero o comprar algo nuevo”.   

Este lunes 3 de junio Cerdá me mandó un whatsapp: “Ayer partió Juan, no pudo superar una intervención quirúrgica en el corazón. Una excelente persona y un gran amigo, un gran compañero. Se fue, pero dejó mucho”. Cuatro días antes había fallecido Norita Cortiñas. Malos días. Imposible olvidar el deseo que una vez me planteó María Elena Walsh “Abrir los diarios y que haya muerto un gran hijo de puta, y no la gente buena. No personas queridas y valiosas”.

Juan Kiehr, y la aurora de la agroecología

Las manos de Juan Kiehr, productor agroecológico. Foto: Lina Etchesuri para lavaca

Cerdá agregó otro mensaje: “Siempre estará presente con su gran enseñanza de vida, de respeto de cuidado y de amor con su familia y todos los que lo conocimos. Nos abrió su corazon, junto a su familia y a su lugar tan querido como La Aurora. El quería dejar ese suelo igual o mejor de como se lo dejaron sus padres. Lo logró y lo superó, desde los últimos análisis de suelo, químicos, físicos, biológicos. Por todo lo que se demostró que la Agroecologia es posible, rentable segura y sana. Juan nseñó un camino de vida. Extrañaremos tu abrazo y tu consejo”.

La RENAMA (Red Nacional de Municipios y comunidades que fomentan la Agroecología) publicó en su redes lo siguiente:

“Hoy se fue de esta tierra Juan Kiehr.
Era sabido que llevaba un campo agroecológico de 650 hectáreas, un faro para quienes lo conocían y que fue seleccionado como una de las 52 experiencias a nivel mundial en agroecología por la FAO.
Quizás no tan conocido fue lo que su presencia irradiaba, que su manera de habitar este mundo nos cambió la vida para siempre y generó procesos colectivos y transformaciones humanas profundas en quienes tenían la oportunidad de compartir su compañía y conocer su obra”.

Juan Kiehr nació en 1943. El 12 de junio cumpliría 81 años, pero es de esas personas a las que la muerte no borrará de los mapas ni de los corazones. El suyo no funcionaba mal, diga lo que diga la medicina: su corazón funcionaba demasiado bien. Por eso es (perdón, fue) de las personas que generan respeto, pero además afecto. La Aurora fue motivo de contagio para cantidad de productores que escuchaban hablar o leían sobre el campo, y se acercaban a conocerlo. Escuché muchas veces frases como “me abrió la cabeza”, o “me cambió la vida” en Guaminí, Lincoln, Bolivar, Córdoba, Santa Fe. Sin ser agricultores, la fotógrafa Lina Etchesuri y yo podríamos decir lo mismo tras haber tenido el enorme privilegio de pasar un par de días en La Aurora en nombre de la revista MU.

Compartimos aquí una edición del programa radial Decí MU dedicado a La Aurora.

Y aquí reproducimos el artículo publicado en la revista MU 79 (La que se viene) que es además el capítulo “Producir mañanas”, del libro Agroecología – El futuro llegó.

En tiempos tan oscuros, un homenaje a la aurora.

Por Sergio Ciancaglini

Juan Kiehr, y la aurora de la agroecología

Encuentro en Guaminí, uno de los lugares contagiados por la experiencia agroecológica de La Aurora. En el centro, sombrero blanco, el pionero: Juan Kiehr. A su derecha, el ingeniero Eduardo Cerdá. Los rodean Martín, Maurcio, Fabián, Norman, Cecilia, Chiquito, Esteban, Sebastián, María Ester, Cristian y en primera fila, sin boina, Marcelo Schwerdt.

La que se viene

La Aurora, en Benito Juárez. ¿Se puede trabajar en el campo sin agrotóxicos ni fertilizantes, y ser rentable y eficiente? Un establecimiento agroecológico bonaerense muestra sus cultivos, su ganadería y sus resultados. La alianza entre productor y agrónomo, y un nuevo paradigma sobre cómo independizarse del modelo transgénico para hacer una agricultura sana.

Implantes mamarios fondos buitres precio de los jugadores de fútbol guerras sin tregua concursos de cocina internas políticas divorcio en la farándula torturas para la paz premios instantáneos homicidios por bicicletas virus asesino tráfico de efedrina mes del niño pedófilos abusadores boliches con prostíbulos despidos en cuotas todo para tu hogar editoriales apocalípticos beneficios grieta exclusivos incertidumbre global tratamientos de belleza noticias verdaderas y falsas y avisos y operaciones de prensa y palabras palabras palabras.

Si se levanta la vista de la pantalla, el paisaje desde la ventanilla del micro es un océano de campos sojeros que se cruza a 90 kilómetros por hora por la Ruta 3, hasta que se llega a Benito Juárez, 15.000 habitantes, Capital de la Amistad, 400 kilómetros al sur de Buenos Aires.

Y luego a un campo de 650 hectáreas llamado La Aurora.

Otro paisaje y otras palabras.

Allí, junto a un tractor está Juan Kiehr, manos grandes de trabajar en el campo, botas de caña alta, sombrero de ala corta, productor agropecuario que concibió un proyecto casi épico a esta altura de la historia: vivir tranquilo.

La 4×4 y la F100

Juan Kiehr nació en 1941, es nieto de daneses, cordial, hospitalario y con tendencia a la perseverancia: se casó una sola vez, hace más de 40 años, con la suiza Erna Bloti, tiene dos hijas, y no anda en una vulgar 4×4, sino en su F100 de casi 50 años y una cantidad incierta de mundos recorridos, ya que hace mucho se le rompió el cuenta kilómetros. “Y si tengo que viajar, uso el Mégane, que es una joyita”.

Juan Kiehr, y la aurora de la agroecología

Foto: Lina Etchesuri para lavaca

En la F100 llegamos a una loma desde la que se ve el campo en perspectiva. Cuenta con su voz cascada y serena: “Esto era de mi padre. Yo me hice cargo en 1981 cuando él falleció. Los primeros años seguí un poco la corriente, como cualquier productor. Pero el tiempo, sobre todo en los últimos 15 ó 20 años, me mostró lo que producen los agrotóxicos en el suelo, y eso sumado a las estadísticas de lo que se usa en Argentina, es una cosa escalofriante”.

No habla para convencer a nadie, sólo cuenta su experiencia. “Pensé: no quiero dejarle un cadáver a los que me sucedan. No me sumo a ese modo de trabajar. Quiero que este campo quede tan bien o mejor que como lo encontré”.

Dejar las cosas igual o mejor que al encontrarlas: si esa idea sencilla se propagase, el planeta estaría en una situación menos patológica.

Sigue la caminata: “Tengo desde siempre como una alergia psicológica a trabajar con venenos. No es que tenga miedo a manejarlos, pero veo lo que le hacen al suelo y al agua, que son cosas muy difíciles de recomponer. Y yo estaba aquí con mi familia. No quería eso para el lugar en el que vivimos”.

Diagnóstico práctico: “Para colmo, todos esos productos son carísimos. Y como van perdiendo su efecto, tenés que usar cada vez más. Empezaron con 2 litros por hectárea, y ya están en 12 ó 14. O sea: gastar más, envenenar más, para obtener lo mismo”.

Juan tenía otro sueño resbaladizo: vivir, en lo posible, sin sobresaltos económicos. “Que a la familia no le falte. Uno trabaja todo lo que puede porque es el rol de la paternidad con responsabilidad, digo yo. No es decir: me voy a pescar y que se arreglen”.

Corazón + rentabilidad

Rumiaba Juan sus proyectos cuando su camino se cruzó con el de un ingeniero agrónomo, Eduardo Cerdá, que desde 1990 asesoraba a varios productores de la zona organizados como cooperativa. El grupo se fue desmantelando por distintas razones, fallecimientos (cáncer) y miradas diferentes sobre cómo trabajar el campo. En 1997 Eduardo se convirtió en asesor de Juan. Un año antes había ocurrido la vertiginosa aprobación menemista de la soja transgénica, en base a un informe de la propia interesada: Monsanto.   

Cerdá había estudiado en La Plata, donde conoció al ingeniero agrónomo Santiago Sarandón, profesor de la Cátedra de Cereales, de la que Cerdá fue adjunto. Sarandón venía tratando de encontrarle un sentido a su carrera, más allá del estereotipo de una agronomía reducida a aplicar recetas y recomendar productos químicos. Creó la primera cátedra de Agroecología del país, ciencia que combina la agronomía con la ecología.

Definición técnica: “Agroecología es la aplicación de conceptos y principios ecológicos en el diseño y gestión de agroecosistemas sostenibles. La agroecología aprovecha los procesos naturales de las interacciones que se producen en la finca con el fin de reducir el uso de insumos externos y mejorar la eficiencia biológica de los sistemas de cultivo”.

Los insumos externos son los herbicidas, plaguicidas, fertilizantes y demás inventos de la industria química, que crearon la superstición de que es imposible trabajar sin su uso masivo, sumado a los cultivos transgénicos como soja, maíz, colza, girasol, algodón y arroz.

Cerdá venía con este equipaje de ideas sobre la agroecología que hacia fines de los 90 chocaba con un territorio cada vez más inundado de fumigaciones masivas y monocultivo sojero. “El argumento de la agroecología era teórico, pero no adaptado a situaciones productivas concretas, sobre todo en esta zona”, recuerda.   

En Benito Juárez, a Juan le fertilizaban la desconfianza: “Venían ingenieros agrónomos que en realidad son vendedores de productos. A lo mejor no tienen otra alternativa que esa, pero al productor lo endulzan, lo llevan de la nariz como a una vaca de exposición, le regalan una gorrita, le hablan de tecnología de punta para vender productos y maquinarias, todo un aparato propagandístico que se ve en Chacra Clarín Rural” (folletería de venta libre).

Abre sus manos: “Uno es un agricultor, no un explotador agropecuario. Pero es como una vorágine que te quieren hacer sentir: estás en la tecnología que te venden, o sos un pobre atrasado. No quiero acusar a nadie por lo que hace, pero no es cierto que eso sea lo único ni lo mejor que hay. Y además, ¿quién es el que se beneficia en serio? ¿El productor, o las empresas que fabrican y publicitan todo eso?”.

A nivel nacional, la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE) señaló que el consumo de pesticidas aumentó 858% en las primeras dos décadas del modelo transgénico, la superficie cultivada sólo en un 50% y el rendimiento de los cultivos un 30% (dato de la Red Universitaria de Ambiente y Salud).

El negocio que encabezan corporaciones como Syngenta, Bayer y Monsanto significó la aplicación de 317 millones de litros de pesticidas en Argentina durante la campaña 2012/13 (200 millones de glifosato), con una facturación de 2.381 millones de dólares. Para 2020 se había pasado a 500 millones de litros, confirmando lo que decía Juan.   

En La Aurora, en cambio, había recorridas por los lotes en la F100, charlas que armonizaban lo que Cerdá traía de la universidad con lo que Kiehr sabía del suelo.

No fue un cambio de un día para el otro, sino de una vida para otra.

El campo se fue rediseñando agroecológicamente, con gente capaz de tener el corazón, la cabeza y los pies en la tierra.

El corazón, porque es el campo familiar que Juan heredó, ama, y que dejará a los suyos.

La cabeza, para pensar cómo gestionarlo de un modo que no empobrezca o mate el suelo, ni sea un peligro para los seres vivos, incluyendo a los humanos.

Y los pies en la tierra, para que ese trabajo valorice el campo en lugar de vampirizarlo, y permita una producción que, además, sea eficiente y rentable.

Queda pendiente un pequeño detalle: ¿cómo se hace?

Juan Kiehr, y la aurora de la agroecología

Perfil de un pionero. Foto: Lina Etchesuri para lavaca

República Transgentina

La Aurora aparece como caso de estudio en uno de los libros más interesantes y revulsivos del momento, aún no publicado pero que puede ser descargado gratuita y libremente de Internet googleando Agroecología: bases teóricas para el diseño y manejo de agroecosistemas sustentables. Lo editó la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad de La Plata, escrito por el ingeniero agrónomo Santiago Sarandón y su colega Cecilia Flores, con aportes de otros profesionales.

O sea: un trabajo científico y técnico que estudia la producción, describe nuevos paradigmas para comprender la situación rural, y traza propuestas. Por ejemplo, el Capítulo 1 se llama La insustentabilidad del modelo agrícola actual. 

Plantea entre otros problemas:

  • La dependencia agroquímicos (insecticidas, herbicidas, fungicidas, fertilizantes).
  • Contaminación de alimentos, aguas, suelos y personas por pesticidas y productos derivados del uso de fertilizantes sintéticos.
  • Desarrollo de resistencia a los plaguicidas de ciertas plagas y patógenos.
  • Pérdida de la capacidad productiva de los suelos, debido a la erosión, degradación, salinización y desertificación.
  • Pérdida de nutrientes de los suelos.
  • Pérdida de biodiversidad.
  • Contribución al calentamiento global y disminución de la capa de ozono.
  • No ha solucionado el problema de la pobreza rural.

El último capítulo está dedicado a La Aurora, y fue escrito por Sarandón y Flores junto al propio Cerdá, en su doble condición de agrónomo y asesor del campo. Allí se explica la situación pampeana, donde se reemplazó a la ganadería por la agricultura dependiente de insumos tóxicos, se incrementaron los costos y eso expulsó a productores de escala intermedia de tipo familiar: en 20 años, la cantidad de establecimientos agrícolas se redujo a la mitad en la región, concentrando en pocas manos la propiedad de la tierra. Con ese paisaje, vuelve la pregunta: ¿cómo hicieron para concretar un modelo sin agrotóxicos y eficiente, que ahora describen hasta los libros científicos?

Estilo campo

La casa es amplia, bella, cálida. No es “estilo campo”, sino campo. O estilo Juan-Erna. Hay muebles de madera que se trajeron del Chaco, un living con bibliotecas y recuerdos familiares, un HD, reproductor de videos, una salamandra para pasar el invierno y una gran cocina comedor por la cual a estos lugares se los llama hogar. Hay una segunda casa para los huéspedes. Juan habla orgulloso de sus hijas: Teresa es médica y Sara fisioterapeuta. Ambas casadas, le han dado 3 nietos. Sara vive en Alemania, donde la familia suele visitarla todos los años.

Juan ceba mate y traza una pincelada geográfica: “La Aurora está rodeada por una naturaleza muerta. No hay ni pájaros”. Se queda pensando: “Uno espera el aroma de primavera, pero lo que llega aquí es el aroma de los pesticidas”.

Pasa el mate al ingeniero Cerdá: “La clave en el comienzo surgió del intercambio con Juan sobre el diseño de la producción. Por ejemplo, había mucho girasol, pero él propuso cambiarlo”. Kiehr justifica: “Lo hicimos durante años con herbicidas preemergentes (previos a que crezca el cultivo). Pero dejaban el suelo polvoriento, raro. Después había babosas y había que fumigar otra vez, y otra más por las malezas, y después por plagas como la isoca, hasta que dije: basta. Decidí volcarme más a la ganadería”.

La Aurora tiene 297 hectáreas para agricultura, y 334 (cerros y bajos) más aptas para el ganado.

Eliminaron el girasol y comenzaron un trabajo de consolidación de lo ganadero (haciendo cría y además invernada), como base para relanzar así la producción agrícola, pero sin agrotóxicos. Cerdá: “La ganadería no dejaba tanta plata como la agricultura, pero servía como una gran base y complemento para pasar a tener una producción de trigo, avena, cebada y sorgo, no dependiente de los insumos”.

Juan Kiehr, y la aurora de la agroecología

Juan Kiehr y Eduardo Cerdá en La Aurora: el campo, y los números que muestran una transformación ambiental y económica. Foto: Lina Etchesuri para lavaca

Números

La agroecología aplicada a La Aurora, en pocos trazos:

  • La ganadería sana, libre, alimentada a pastos naturales, con terneros que llegan a 500 kilos y se venden como novillos de exportación, alimenta el suelo con bosta y orín. Hay entre 600 y 700 cabezas. Juan instaló estratégicamente 25 bebederos (donde los animales bostean naturalmente) para cubrir la superficie del campo.
  • El suelo así se fortalece, se enriquece, se fertiliza y conserva mejor la humedad y los nutrientes. Detalle: así como un feed lot voltea a kilómetros por el olor a podredumbre sobre el que viven los animales, en La Aurora jamás hay olor a bosta.
  • Las plantaciones sobre esos suelos se hacen con cultivos asociados. Por ejemplo los cereales junto a leguminosas como el trébol rojo, que evitan el nacimiento de malezas y fijan el nitrógeno, nutriente fundamental del suelo. Así el policultivo evita, desde 2001, que haya que comprar fertilizantes como la urea.
  • El suelo nutrido y vital, sumado a sistemas que permiten el hábitat natural de insectos que, además, aportan beneficios al ecosistema, anula la necesidad de herbicidas, fungicidas, insecticidas, y fertilizantes químicos.

Todo esto es más fácil escribirlo que hacerlo, pero el resultado es que sin contar las ganancias ganaderas, por la agricultura Juan obtiene casi el mismo rendimiento que los campos vecinos (un 10% menos), pero el gasto es menor: 300 dólares menos por hectárea en el caso del trigo.

En las 80 hectáreas que está cultivando en estos días, este ahorro representa 24.000 dólares, y salva al suelo, al agua y a todos de los diluvios de venenos cada vez más inútiles, y de químicos que fertilizan poco y mal: aportan solo dos o tres de los nutrientes, contra los 16 del proceso natural de La Aurora. Al faltar esos nutrientes la planta está débil (aunque estimulada artificialmente por los fertilizantes) y así se convierte en víctima de hongos y enfermedades que obligan a usar más fungicidas y químicos, calesita eterna que beneficia ya se sabe a quiénes.        

Juan Kiehr evita todo eso, cubre sus costos velozmente, gasta menos, obtiene prácticamente lo mismo, pero sano y sin estimulantes artificiales, y tiene una ganancia mayor. Datos del libro de Sarandón y Flores, por hectárea de trigo.

Rendimiento

Campo convencional, 5.423 kilos. La Aurora: 5.119 kilos.

Margen bruto (ganancia)

Convencional: 549 dólares. La Aurora, 762 dólares.

Costos directos

Convencional: 417 dólares. La Aurora: 148 dólares.

Rendimiento necesario para cubrir costos

Convencional: 2.200 kilos. La Aurora: 1270 kilos.

Retorno por cada dólar invertido

Convencional: 1,13 dólares. La Aurora: 5,15 dólares.

Cerdá: “Si el sistema trabaja con transgénicos y agrotóxicos, es por su enorme ineficiencia y porque reina una lógica empresarial, desnaturalizada, yo diría que como la del drogadicto, basada en la química y la plata. Nosotros apuntamos a una agricultura con salud, que restablezca los procesos biológicos, no degrade los recursos y tenga eficiencia en la producción. Esto es una mirada de independización, de no quedar atado a un modelo que intoxica y empobrece”.

Cómo funciona   

El campo utiliza semillas propias. Cerdá: “¿Cómo vas a patentar algo vivo, que es lo que pretenden los laboratorios, por más que le hayas metido un gen? Es algo que te muestra que lo transgénico no es conveniente para el país, los ciudadanos y los productores. El alimento tiene un principio activo en la planta, destinado a lepidópteros, isocas, plagas, que lo consumimos las personas sin conocer sus efectos y capacidad de transfigurar evolutivamente. Esas semillas y transgenes no ayudan al productor, sólo lo endeudan, y terminan provocando una extracción de la riqueza del suelo que regalamos vía exportación de granos para animales y aceite, sobre todo para China”.

Juan acota: “Y no es cierto que sea para alimentar a la humanidad, porque sobran alimentos en el mundo. El problema es que están mal distribuidos. Lo hacen por puro interés comercial. Además, la Ley que quieren sancionar para Monsanto por las semillas me hace pensar en lo que vi sobre Colombia: la gente no puede tener sus propias semillas, es ilegal. Se las queman si no son las que venden las corporaciones. Aquí hubo gobiernos que parecían progresistas apoyando esa Ley que es de derecha, y a la vez proponen cosas para la agricultura familiar. No se sabe qué es izquierda o derecha pero, claro, puede ser que me equivoque”.   

La agroecología aplicada a este establecimiento permitió el aumento de stock ganadero, engorde más eficiente, y alta estabilidad en la producción (95 toneladas anuales). En una de las mayores sequías de los últimos 70 años (2008/9) murieron 15.000 cabezas por falta de alimento en la región. La Aurora no tuvo pérdidas, gracias a que el suelo y los pastos así trabajados resistieron la debacle.

Juan se queda pensando en la sequía: “Uno quisiera manejar las nubes, pero no se puede. Entonces hay que concentrarse lo que uno sí puede manejar”.

¿Lo agroecológico tiene que ver con lo orgánico? Cerdá: “Los orgánicos en esta zona hacen el mismo modelo convencional, pero sin pesticidas”. La certificación de “orgánico” termina siendo el nicho supuestamente sano del mismo mercado fumigador, a precios prohibitivos. “Cuando veo a productores orgánicos, hablan de qué negocio hicieron, cuánto ganaron. Nunca hablan del suelo, de cómo trabajarlo. Sus campos son buenos, pero rinden mucho menos que La Aurora (1.000 kilos de trigo por hectárea contra 5.000 en el campo de Juan), y usan fertilizantes químicos, que es como drogar a las plantas para que luzcan bien, con productos que perjudican el biosistema del suelo, y drenan hacia las napas subterráneas generando contaminación y toxicidad por nitratos y nitritos. Comprás una lechuga crujiente y colorida pero por los fertilizantes no sabés qué perturbaciones pueden traerte. Lo orgánico no está teniendo una mirada agroecológica”.      

Tener o ser

“Es importante destacar que las tecnologías que se utilizaron en este campo son de fácil apropiación por parte de los productores, dado que no requieren importantes sumas de capital, dependen más del ingenio, la complementación asesor-productor y la motivación que genera entender lo que uno está diseñando y manejando”, dice el libro de Sarandón-Flores en el capítulo sobre La Aurora.

Destaca que los resultados obtenidos “muestran las potencialidades de este enfoque para ser aplicado en sistemas extensivos (traducción: grandes campos) de clima templado como los de la Región Pampeana Argentina”.   

Sigue circulando el mate, con Cerdá al micrófono: “Juan pudo vivir sin sobresaltos, sus hijas pudieron estudiar, viajan, y aunque algunos vean la F100 como un símbolo de pobreza, Juan no se compra la 4×4 porque no le interesa estar simulando gastos para achicar impuesto a las ganancias, ni tener todos los costos que implica la 4×4. Está al día con todos sus impuestos, y tiene todo el campo en blanco”.

Kiehr agrega otra hazaña: “Jamás tuve que pedir un crédito”.

El INTA y otras entidades empezaron a acercarse de modo a veces sinuoso, y se han visto obligadas a pronunciar con mayor frecuencia la palabra “agroecología”. Los visitantes se entusiasman. No es difícil ante esa combinación de aire limpio, vitalidad de las plantas y energía que se percibe al estar allí.   

Cuentan que en la Facultad de Ciencias Agrarias de La Plata, Kiehr y Cerdá tuvieron 400 estudiantes como público. “Esas cosas me hacen muy bien”, dice Juan, como retomando algo que su esposa Erna describe como años maravillosos. Se conocieron en Chaco a principios de los 70, ella como enfermera y él como integrante de una iglesia luterana, ambos colaborando con el pueblo qom, al que entonces llamaban toba.

“Aquel trabajo me transformó”, dice Juan. “Entendí qué significaba eso de no tener tantas cosas, pero ser más persona. Cuando volví me costaba adaptarme. Mis vecinos se la pasaban hablando del culo de esta o de aquella, ese tipo de conversaciones, ¿no? Y yo sentía un vacío. Ahora estoy contento, haciendo algo que siento útil, conectándome con otra gente, con otras mentalidades. Son cosas que agradezco, y me cambiaron la vida”.

Noticias sobre pájaros

Indicios de cambio, según Cerdá: “En distintos lugares del país estoy trabajando con productores sojeros que empiezan a desandar el camino de lo transgénico. No se hace de golpe, como un adicto no se cura de un día para el otro, pero se va confirmando que es factible hacerlo”.

No solo es factible: la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) destacó a La Aurora como uno de los 52 emblemas mundiales de la agroecología, al haber demostrado que una agricultura sin agrotóxicos es posible y rentable.

Tal vez algún día, como lo suele plantear Santiago Sarandón, la agroecología sea el nombre de toda la agronomía.

Mientras tanto Cerdá está asesorando a un campo cercano. La documentalista Valeria Mapelman vio La Aurora, se contagió, y en apenas dos años hizo su propia reconversión agroecológica. Ya le está resultando más rentable de lo esperado y de lo que hubieran ganado arrendándolo a pooles de siembra que entran al negocio hasta que vuelan buitrescamente hacia otras burbujas. 

En este campo ocurre algo diferente: no son los buitres sino otros los pájaros de visita. Ejemplo: las garcitas boyeras, que defienden a las vacas de unas langostas llamadas tucuras.

Juan sonríe. Y deja que se escuche el fresco silencio del aire libre en La Aurora que

–como su nombre lo indica– significa también alba, amanecer y mañana.

Juan Kiehr, y la aurora de la agroecología

Foto: Lina Etchesuri para lavaca

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Descuentos a docentes por parar: responde el Ministro de Educación de Misiones

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Entrevista al ministro de Educación de Misiones, Ramiro Aranda, en medio del conflicto docente: qué piensa del reclamo y por qué se mantienen alineados al gobierno nacional. Los 6 puntos clave del efecto motosierra que explican la situación límite. Los números: un básico de 100 mil y un neto de 400 mil pesos. Los descuentos (de hasta más de 300 mil pesos) por parar: la prueba de un recibo, frente a la versión del ministro. El ministro pide “paciencia”, y le contesta desde Eldorado Luján Ñiripil, maestra mapuche.

Hoy una mesa de diálogo entre el gobierno y representantes gremiales negociarán una suba mayor al 34%, la última oferta no aceptada por las y los docentes. En vísperas de esta reunión, el gobierno desalojó el acampe en Posadas.

Crónica, fotos y entrevista urgente desde la provincia, en una cobertura especial de lavaca.org y revista MU.

Por Francisco Pandolfi desde Misiones. Fotos de Lina Etchesuri

“Hay docentes a quienes les están llegando descuentos de entre 20 mil y 300 mil pesos por haber parado. Esto se da en paralelo a que hasta mayo el salario mínimo estuvo en 270 mil pesos y con el aumento del 34% a partir de junio llegamos recién a los 400”.

Luján Ñiripil es maestra y una de las fundadoras del Movimiento Pedagógico de Liberación, sindicato que tiene la mayoría de sus afiliados en el interior de la provincia. Luján está en el acampe que las y los docentes sostienen en Eldorado y donde se quedarán, de mínima, hasta hoy, cuando se desarrolle la mesa de diálogo entre el gobierno y los representantes gremiales que no aceptaron la suba del 34%, ya que insisten en una recomposición salarial mayor.

Corte de ruta y asamblea en Eldorado, a 199 km de Posadas. Foto: Lina Etchesuri para Lavaca

Clase abierta

El campamento se instaló hace 18 días. “El gobierno juega al desgaste”, sintetiza Luján. La unidad les hace la fuerza: en distintos horarios del día la ruta nacional 12 se corta por una multitud de maestras y maestros que exigen una respuesta en esta localidad situada a 199 kilómetros al norte de Posadas. Esto mismo se replica en distintos puntos del país.

En Eldorado se soporta el frío de la mañana, el calor potente por la tarde y otra vez el frío, aunque mucho más intenso, por la noche. Cuando hay alguna novedad o cuando hay que organizar algo puntual de la vigilia, se llama a asamblea. Son mucho más que reuniones para decidir acciones concretas: son clases abiertas de ciudadanía, de democracia participativa, de política, de economía. Ahí está viva la universidad de la calle, de los barrios. Es una postal de cómo incluso en momentos de conflictos (o “más todavía” en momentos de conflictos) la transformación pasa por el aprendizaje colectivo.

Rubén Ortiz es el referente del MPL. Es un libro abierto que no se hizo en facultades ni en bibliotecas (o no solo en ellas). Tiene su carpa ahí, porque el convencimiento se da con el ejemplo, mucho más que con la palabra. Y con la palabra también: “Con las operaciones que hace el gobierno buscan dividirnos, quebrarnos para darnos menos plata y no devolver lo descontado. Para nosotros lo principal es la unidad, ya que no representamos a una porción de trabajadores, representamos a toda una clase. Somos unidad en acción”.

Descuentos a docentes por parar: responde el Ministro de Educación de Misiones

Rubén Ortiz, referente del MPL. Fotos: Lina Etchesuri para Lavaca

En El dorado la asamblea parece un aula: “Lo más importante de estar acá es que logremos la democratización del saber. El salario es político, y por eso todos los que estamos acá debemos comprender lo que discutimos para poder defendernos; lo que debatimos es nuestra comida”. En la ronda se define elaborar una especie de cartulina con la grilla de cada uno de los 118 cargos de docentes de los tres niveles y cuánto se cobra en cada uno. “Nos hacen creer que es imposible de entender, pero no es así. Nadie debe irse a dormir sin saberlo”, propone Rubén.

Agrega: “El salario básico es miserable, no puede estar en 100 mil pesos. Y el neto también, ¿qué hacemos con 400 mil pesos? Para eso necesitamos una recomposición que suba el básico y que suba el neto, como para empezar a hablar”.

Daniela López es la presidenta del Consejo General de Educación, órgano que rige el salario docente. El pedido de entrevista ni lo contesta. Quien sí lo hace es Miguel Pintos, el interlocutor que puso el gobierno para negociar con los sindicatos docentes. Responde: “No hablo con ningún medio. Es decisión personal”.

Descuentos a docentes por parar: responde el Ministro de Educación de Misiones

Foto: Lina Etchesuri para Lavaca

Responde el Ministro

El que rompe el bozal comunicacional que tiene el gobierno de Misiones sobre el tema es el Ministro de Educación Ramiro Aranda. Tanto él, como Daniela López, fueron “apartados” de las negociaciones.

A continuación, la entrevista con lavaca:

¿Qué opinás sobre el reclamo docente?

–Desde ya, entendemos que el reclamo salarial es justo, más en el contexto de crisis nacional que estamos viviendo donde a Misiones le toca, como a todas las provincias, una caída grande de la coparticipación, que son fondos propios nuestros, no regalados. A su vez, hay una caída terrible de la recaudación de la propia provincia, producto de políticas que tampoco son locales y que nos perjudicaron mucho más siendo una provincia de frontera. Nosotros tenemos paritaria todos los meses para ver de qué manera recomponemos el salario íntegramente de fondos provinciales, porque no tenemos el financiamiento de la Nación, como también le pasa al resto de las provincias. A partir de la falta de recaudación, lastimosamente a la docencia le pedimos paciencia. Obvio que es complejo este contexto de crisis económica a nivel nacional. La crisis inflacionaria, con el salto que pegó en diciembre y enero, hizo que todos perdamos el poder adquisitivo. En las aperturas de sesiones del 1 de marzo, el gobernador (Hugo Passalacqua) dijo que la plata no alcanzaba y que de a poco se iban a recomponer los salarios, algo que ninguna provincia pudo hacer. Con la suba del 34% que ya impacta en los salarios de junio, estamos con los sueldos de la media para arriba a nivel nacional y los más altos a nivel regional. Hay provincias que están pagando los sueldos en cuotas, acá eso no pasa.

–El gobierno nacional también dejó de pagar el FONID.

–Sí, Nación dejó de enviar el Fondo Nacional de Incentivo Docente (FONID), fijado por la ley de financiamiento educativo. Sin eso, había un 13% del salario que perdían todos los docentes de la provincia. Para que no sucediera creamos el FOPID, como fondo ya no nacional sino provincial. Esto no lo tomamos como un aumento, sino lo que estamos haciendo es paliar una situación por el corrimiento de Nación. Otro aspecto es que hasta el año pasado había una paritaria nacional y eso permitía que se fijara un piso, por lo que no había tanta diferencia de sueldos entre las jurisdicciones. Por último, y algo que no empezó con la gestión de Milei sino que venimos reclamando hace muchos gobiernos, es que estamos entre las 10 primeras provincias que aportamos recursos al gobierno central, pero entre las últimas cinco que nos devuelven en coparticipación. Eso es muy injusto.

–En tus respuestas marcás seis puntos clave cuya política del gobierno nacional influye en que no puedan solucionar el conflicto: coparticipación, caída de la recaudación, falta de financiamiento nacional, FONID, ausencia de la paritaria nacional, y lo mucho que dan y lo poco que reciben. ¿Por qué frente a esta situación, el gobierno provincial decide ser aliado del nacional?

–Nosotros tenemos muy en claro que desde el Frente Renovador de la Concordia a la democracia la defendemos muchísimo y no solamente en el discurso, sino en los hechos. Nosotros no acompañamos a Milei en las elecciones; el candidato al que apoyamos perdió. Sin embargo, somos representantes de la población, que hoy acompaña el modelo nacional. Por eso debemos ser una oposición responsable y dar herramientas de gobernabilidad.

–¿Cuánto creés que debería ser el salario mínimo docente?

–Con el aumento que ya dimos estamos en los 400 mil, arriba de la media nacional. El cargo testigo en la provincia es el de una maestra sin antigüedad por cuatro horas. Como soy ministro de Educación los docentes me han planteado que ese sueldo debería ser de 850 mil pesos. En este momento del país, absolutamente ninguna jurisdicción, ni la que tiene petróleo ni los mayores recursos, está en condiciones de pagar eso y no lo está pagando. Hay docentes que ganan arriba del millón y me dijeron que no les alcanza y yo les digo que los entiendo, porque la situación económica a nivel nacional es muy compleja. Por ejemplo, ahora vuelve a subir el combustible y no por una decisión del gobierno provincial. Entonces, sabemos que siempre el dinero va a parecer poco. Todos los docentes, te lo digo yo como ministro de Educación de la provincia de Misiones, merecen ganar más, merece ganar mejor.

–¿Cuánto merecen ganar?

–Lo que pasa es que es muy relativo. A ver… es una terrible injusticia, una terrible injusticia que el cargo testigo siempre sea el de maestra o maestro, porque siempre son los que menos ganan.

–¿No tenés injerencia para modificarlo como Ministro de Educación?

–A ver, te cuento: estoy recién hace cinco meses como ministro, yo estaba dentro de un aula, soy profesor de ciencia política de toda la vida. Hay siempre un rechazo a la modificación del estatuto y tiene que ver con ideas conservadoras. Nosotros venimos a proponer cuestiones más progresistas con la docencia.

–¿Te parece lógico y progresista que el salario básico haya sido hasta ahora 70 mil pesos y que a partir de junio sea de 100 mil?

–Quiero ser muy responsable; el monto es lo que negociamos en cada mesa salarial, porque el salario es complejo y se compone de otros ítems remunerativos; no queda exclusivamente en el básico.

–¿No creés que es fundamental subir su piso?

–Sí, obvio que sí; hay una centralidad en el básico, pero no te puedo dar un número. Yo tengo 16 años de docencia y empecé a entender la composición del salario a partir de que me senté en la primera mesa paritaria en diciembre junto con el Ministro de Hacienda y los gremios. Uno también va aprendiendo, yo nunca fui Ministro de Educación anteriormente.

–¿Creés justo que le hayan descontado a los docentes por hacer paro?

–Hubo grupos de docentes que no tienen personería gremial y que al no tener un marco legal que las resguarde del derecho a huelga, para el Ministerio de Trabajo es un día que se descuenta.

–Para que sea como decís, el Ministerio de Trabajo debió haber dictaminado que el paro era ilegal. ¿Lo declaró así?

–No, no fue declarado ilegal. Pero no es lo mismo que el sindicato convoque a una medida de fuerza, a que lo haga un grupo de personas que no pertenecen a un sindicato con personería.

–No tienen personería, pero sí inscripción gremial. Además, anteriormente mencionaste que el descuento fue solo para los docentes afiliados a un gremio sin personería, cuando también le descontaron a maestros de sindicatos con personería gremial.

–No puede ser.

Descuentos a docentes por parar: responde el Ministro de Educación de Misiones

Recibo de un maestro afiliado a UDNAM. Le descontaron 309 mil pesos por dos días de paro. Casos similares le ocurrieron a cientos de docentes.

–Sí, tengo recibos de diferentes gremios, con o sin personería. Sobre el mismo tema, ¿cómo explicás que a docentes le descontaran por parar y a la policía, que también fue al paro, les otorgaron una amnistía?

–Desconozco las medidas que se tomaron con la Policía.

–Como Ministro de Educación, ¿no estás al tanto de ese arreglo?

–Estoy abocado a la paritaria docente. No te voy a mentir, desconozco si hubo o no descuentos.

–Los sectores que no arreglaron el 34% plantearon un aumento del 100% en el salario neto. ¿Estás de acuerdo con esa suba, que llevaría el sueldo mínimo a los 540 mil?

–El 100% es… no sé cómo explicarte, es un número relativo. Por ejemplo, hay provincias que aumentaron el 56% y tienen el salario más bajo que el nuestro. No queremos hablar de porcentajes, sino hablar del neto y nosotros dimos el máximo que podíamos, que fue llevarlo a 400 mil.

Sin paciencia

Luján Ñiripil, maestra, mapuche, fundadora y afiliada al Movimiento Pedagógico de Liberación, le contesta al pedido del ministro de Educación de tener “paciencia”.

“Yo creo que los docentes de Misiones somos pacientes. Somos muy pacientes. De hecho, costó mucho que los docentes salgan a la calle. Creo que la paciencia está demostrada. Como ministro es muy irresponsable al decir que tengamos paciencia, cuando no tenemos plata para llenar la olla de nuestra familia, cuando no tenemos plata para pagar los servicios. Con paciencia nosotros no vivimos, no comemos, no pagamos servicios y no compramos medicamentos. A veces la paciencia se acaba y uno debe salir a luchar. En febrero empezamos a acampar, estamos en junio y ya perdimos la paciencia. Todos los años hacen lo mismo, aunque ahora se excusen en culpar a la política nacional cuando se alinearon con ellos votando la Ley Bases. Este gobierno provincial le está abriendo el camino a Milei para que ejecute las medidas sin piedad. Es el brazo ejecutor de sus políticas, que a nosotros nos está matando de hambre”.

Descuentos a docentes por parar: responde el Ministro de Educación de Misiones

Luján Ñiripil, maestra en Eldorado, Misiones. Foto: Lina Etchesuri para lavaca

Al cierre de esta nota, en la madrugada del sábado, llega al acampe docente en Posadas una orden de desalojo firmada por el juez Walter Balor. Más de 40 policías de la provincia de Misiones (la misma que tomó por 12 días el Comando Radioeléctrico en reclamo de sus magros salarios y el miércoles pasado arregló con el gobierno levantar su campamento por $15.521) se apostan a un par de cuadras para avanzar sobre los docentes, que definen en asamblea replegarse a las veredas a esperar la mesa paritaria que se llevará a cabo hoy en Eldorado. Denuncia Rubén Ortiz: “El gobierno provincial convoca hoy a la reunión de mesa paritaria, pero al mismo tiempo violenta todas las condiciones mínimas para que ese diálogo se dé. En primer lugar ha desalojado el acampe de Posadas y a nosotros nos anunciaron a altas horas de la noche que si queremos sentarnos tenemos que ceder los descuentos que nos hicieron a los docentes. El Gobierno ha puesto en marcha el proceso de represión y violencia”.

Un policía lee el acta de desalojo esta madrugada, mientras Mónica Gurina, secretaria general de la CTA Autónoma, le sostiene el megáfono.

Descuentos a docentes por parar: responde el Ministro de Educación de Misiones

Calle desierta, veredas alertas. El desalojo se consumó a las 3 de la madrugada. Foto Lina Etchesuri para lavaca.

La Policía organizada para desalojar el acampe docente, mientras las y los docentes se replegaron a la veredas tras el desalojo por orden judicial. Foto: Lina Etchesuri para lavaca.

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Desde Misiones: la policía negoció, pero la provincia sigue en conflicto con los docentes a la cabeza

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Contra todo lo que venían diciendo sus voceros, la policía levantó la huelga tras un aumento de $15.521 (2kg de carne). Las y los docentes, en cambio, marcharon ayer a la Legislatura de la capital misionera y continúan un acampe para reclamar por mejores condiciones salariales y de vida. Hoy convocan a una gran Jornada Provincial por la Dignidad de Misiones en todas las localidades del país. Para muchos medios, si no es policial, no hay conflicto.

Desde Posadas, relatos en primera persona: las cuentas que no cierran; los agujeros que la propia comunidad venía tapando desde hace años (“No podemos comprar comida para la escuela, porque ya no podemos comprar ni para la olla propia”); la actitud política local y nacional frente a la pobreza; el feudalismo; la escasa cantidad y mala calidad de alimentos que reciben las y los chicos. Una imagen de lo que pasa: “Damos un mate cocido y una galleta; y como las galletas nunca alcanzan, las partimos mínimo en dos: entera no la podemos dar nunca”.

Crónica de otro día movido en Misiones, donde se ve un reflejo de la decadencia política, el deterioro social y la organización como única salida frente a una crisis profunda.

Por Francisco Pandolfi desde Misiones. Fotos de Lina Etchesuri.

Esta crónica no arranca en Posadas, ni en la frontera imaginaria en que Corrientes le deja paso a Misiones viajando por la ruta 14 desde el sur hacia el norte. Esta crónica empieza en el micro semi-cama que sale del barrio porteño de Retiro: Hugo Alegre, un trabajador de la seguridad privada, está sentado en uno de los últimos asientos. Quizá sea por su vozarrón, o porque tiene bronca o quizá un poco y un poco, pero a Hugo se lo escucha desde todo el bondi: dirá que sus compañeros están cobrando salarios “como en África”, y que ese salario “es de 200 mil pesos” y que en Buenos Aires un trabajo similar “se paga cuatro veces más: 800 mil”.

Al ratito nomás, le cuenta a lavaca que está viajando a la capital misionera para apoyar a sus compañeros del gremio de vigilancia privada 17 de Octubre


Desde Misiones: la policía negoció, pero la provincia sigue en conflicto con los docentes a la cabeza

Fotos Lina M. Etchesuri para lavaca


Horas después, ya en plena madrugada del miércoles, la Policía que acampaba desde hacía más de una semana a metros de las y los maestros levanta la protesta. Es la misma policía que había prometido no abandonar la protesta hasta que el incremento de sus salarios fuera del 100%; que iba a luchar en conjunto con el cuerpo docente; y cuyo vocero Ramón Amarilla había afirmado –con llamativa seguridad– que si el gobierno no daba una respuesta a lo exigido la situación se iba “a agravar” y que además se quedarían “hasta las últimas consecuencias”. Según consta en el acta firmada esa policía acordó un aumento de $15.521, además de la amnistía para que los efectivos protestantes (ahora ex-manifestantes) no sean sumariados.

Con esta módica suba (que representan aproximadamente dos kilos de asado), el sueldo inicial de un agente llegará a los $620 mil.

Hugo se entera del pacto Policía–Gobierno justo antes de bajarse en Posadas y de cómo la fuerza de seguridad festejó el acuerdo. Se escucha su vozarrón: “Seguimos aplaudiendo a nuestros verdugos, que nos hacen vivir en condiciones de esclavitud”.

Fotos Lina M. Etchesuri para lavaca

Cómo se vive en un feudo

A lavaca la recibe el miércoles a la mañana una nueva marcha docente, esta vez dirigida hacia la Legislatura provincial. Es la enésima movilización si se tiene en cuenta no sólo a las últimas semanas, sino a un reclamo salarial que lleva años. Y cuando se dice años no es una tergiversación ni una exageración: son años de sueldos por el subsuelo. “Estamos así porque hay una política de hace 20 años del Frente Renovador (de la Concordia Social) que agravó Milei en la última etapa y que terminó de quitarnos derechos y salarios, de robarnos los sueños”, relata Mónica Gurina, docente desde hace 31 años y secretaria general de la CTA Autónoma de Misiones. “Este es un proceso provincial y nacional que nos deja en la indigencia y en la pobreza. Lo que hizo la Policía nos abrió el cerco mediático, porque nadie sabía que nosotros hicimos paro 70 días el año pasado; nadie se enteró tampoco que no hubo clases a principio de este año con paros de 24 y 48 horas, además de cortes de ruta y toma de ministerios. La Policía posibilitó que los medios vinieran acá y le cuenten al país que esta hermosa provincia de las Cataratas, del Moconá, de la selva, tiene gente empobrecida”, cierra Gurina.

Una de las que camina hacia la Cámara de Representantes es Carmen Torres. Pese a que sugiere dialogar con su hermana Susana (ambas maestras), porque ella “habla mejor”, se anima a hablar: “Hace años que venimos mal, aunque todo empeoró sin paritarias provinciales y con los tarifazos del gobierno nacional. Tenemos sueldos de indigencia, sí, y una fuerza y una unión impresionante”.

Susana, como su hermana, es docente de la escuela 729 de Posadas, en el empobrecido barrio Yaciretá. Está llevando una enorme bandera celeste y blanca. No lo hace sola. Un telón de casi una cuadra de largo, sostenido en caravana, con firmeza, por cientos de personas en guardapolvo tapados por el frío de un otoño autopercibido invierno. “Nosotros también tenemos la culpa”. Susana hace una pausa incómoda. Luego invita a pensar: “Fuimos responsables de haber tapado el agujero que dejaban los gobiernos, arreglando nosotros mismos los techos, los vidrios; no tenemos ni libretas y entonces vamos y las compramos. Hace años que esto es así, lo que cambió es que ahora ya no nos alcanza ni para sostener nuestras casas. No podemos comprar comida para la escuela, porque ya no podemos comprar ni para la olla propia. Estamos en la lona y viviendo en un feudo”.

Fotos Lina M. Etchesuri para lavaca

El diámetro de la galletita

Durante toda la movilización hay un ruido ensordecedor: se multiplican los bocinazos de los autos que apoyan la marcha, así como los propios instrumentos que llevan los docentes para seguir despabilando a quien todavía no la vio.

Leandro Sánchez es docente de la escuela 608 de Puerto Panambí, lindante a la frontera con Brasil. Enmarca el contexto que va más allá de la lucha salarial, punto central del conflicto actual: “Hay tres ejes que generan que se haga inviable la vida. Además de lo salarial, por un lado hay obras edilicias en las escuelas paradas desde noviembre pasado. Por el otro, es gravísimo lo que sucede con la comida”.

–¿Qué sucede?

–Para garantizar el desayuno y el almuerzo, el gobierno provincial le da a cada escuela 220 pesos por día por alumno.

Marta y Claudia, maestras en un colegio del municipio de Garupá, a las afueras de Posadas, confiesan que están cansadas, que llevan a cuestas un desgaste emocional. Más datos sobre la mala alimentación: “Para hacer una copa de leche nos dan 100 pesos por día por chico. ¿Qué hacemos con esa plata? Nada”. Entonces hacen por demás: “Rifas, pastelitos, o lo que haga falta para juntar la plata y aunque sea puedan desayunar”.

Viviana, también maestra en Garupá, describe en una ronda en donde todos los ojos se angustian porque no naturalizan lo que pasa y lo que pesa: “Damos un mate cocido y una galleta; y como las galletas nunca alcanzan, las partimos mínimo en dos. Entera no la podemos dar nunca”. ¿Son muy grandes? “No, ponele 7 centímetros de diámetro”. Agrega: “Muchos días no damos el almuerzo porque no hay; y cuando sí, el alimento no varía y menos que menos es nutritivo”.

Fotos Lina M. Etchesuri para lavaca

Señor de las tres décadas

Al llegar a la casa legislativa, la multitud empieza a gritarle directo a Carlos Rovira, quien maneja los hilos políticos de la provincia desde hace casi 30 años. Fue intendente de Posadas entre 1995 y 1999; gobernador de Misiones de 1999 a 2007 y desde ese año hasta hoy Presidente de la Cámara de Representantes del distrito que lo vio nacer como pichón y delfín de Ramón Puerta.

Rovira impulsó el Partido Renovador de la Concordia Social, un espacio que logró la rara avis de atraer a peronistas y radicales, y que en general siempre se mantuvo cercano al gobierno nacional de turno. El vínculo con la gestión actual no es la excepción. Este frente gobierna ininterrumpidamente la provincia desde 2003, con una nómina no tan variada: el segundo mandato del propio Rovira; dos periodos de Maurice Closs; Passalacqua; Herrera-Ahuad, y de nuevo Passalacqua, mandatario actual y familiar de Rovira, al estar casado con su prima hermana.

(Los pedidos de entrevista al gobernador provincial así como al vocero policial no fueron respondidos).

Desde la puerta del recinto, los docentes gritan hacia arriba: “Tiene miedo, Rovira tiene miedo”, apuntan las gargantas a quien consideran el máximo responsable de los salarios miserables. Son los mismos gremios docentes que el 25 de mayo pasado, y por primera vez en la historia, movilizaron directamente a la casa del “señor feudal”, como lo llaman.

A través del megáfono, exigen a los diputados que les permitan ingresar a la reunión de la comisión de educación. “No está en el plan de la labor del día”, argumentan los legisladores que se niegan a recibirlos. La respuesta no tarda en llegar, en forma de canción: “Somos docentes, no somos delincuentes”.

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Fotos Lina M. Etchesuri para lavaca

Entre ranchos y letrinas

El gobierno provincial asegura que no tiene más plata, en sintonía con el combo motosierra y licuadora del gobierno nacional. Existe la promesa de que el sábado los reciba el Consejo General de Educación en la localidad de Eldorado. “Veremos si se da finalmente. Sabemos bien cómo se maneja el gobierno provincial y también que nosotros estamos dispuestos a la radicalización de la protesta, así que deberán bancarse las consecuencias. La bronca de la gente viene desde hace tiempo pidiendo mejores salarios. Esperemos que el diálogo se dé, y si no se dan los resultados que queremos, el reclamo va a continuar”. ¿Alcanza con la suba salarial? “Deben arreglar las escuelas y activar las obras que faltan; además de construir nuevas escuelas”.

Estela Genesini es la secretaria general de la Unión de Docentes Nueva Argentina de Misiones (UDNAM). Plantea un contexto intolerable: “Esta provincia se cae a pedazos; hay escuelas donde llueve más adentro que afuera, hay paredes electrocutadas; no hay agua potable, no existen cloacas; colegios donde sigue habiendo letrinas, ranchos con los pozos ciegos a cielo abierto”.

Exequiel Ferreyra integra la Corriente Nacional Docente Conti-Santoro y es maestro rural en cinco colonias. Problematiza: “En la educación rural se agudiza la precarización, porque por un lado está el contexto social complejo y por el otro las distancias, que hace muy difícil la movilidad ya que los caminos son muy feos”. Profundiza: “En la ruralidad sucede una ficción educativa”. ¿Cómo es eso? “Hay muy poca alfabetización, los chicos están muy atravesados por el trabajo rural; suele pasar que en estas épocas muchos de los gurises van a la cosecha de la yerba y algunos, en septiembre, a la de mandioca, por lo cual la realidad es que esos chicos no están escolarizados”. Sigue: “Acá entra la deserción escolar en secundaria. El promedio en la provincia está entre el 50 y el 60%, mientras que en la ruralidad llega al 80, 83%”.

Introduce otra arista: “También es una ficción por la plata que se ahorra el Estado. Por un lado, el diseño curricular dicta que funcionamos con pluriaños, o sea grados acoplados. Primero, segundo y tercero, juntos; cuarto y quinto también; a esto se le suma la reducción de la carga horaria. A ese ahorro se le suma que todas las secundarias rurales de la provincia de Misiones funcionan en edificios prestados de escuelas primarias o edificios abandonados, con las ventanas y las puertas rotas. Muchas clases las damos en ranchos, que son casas avejentadas y de madera”.

El desaire de la política no tiene continuidad en la calle. Cuando la movilización regresa al campamento donde las y los docentes permanecen desde el 21 de mayo, la gente sale a los balcones a aplaudir, a sacudir pañuelos blancos. Una señora que supera los ochenta les dice una palabra que abarca un montón: “Gracias”.

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Fotos Lina M. Etchesuri para lavaca

Lo que no cierra

En el acampe emplazado en la calle Uruguay hay fogoneros y garrafas; carpas y gazebos; pasacalles, cartulinas, telas de todo tipo, tamaño, color y grosor, con lemas claros y concretos: “La docencia no se vende”, “Recomposición salarial, ya”, “Nuestra profesión: somos docentes; nuestro sueldo: somos indigentes”. En la esquina, el acampe del sector de Pediatría. A cinco cuadras, la vigilia del resto de las y los trabajadores sanitarios, en la puerta del Ministerio de Salud. En todo el país, cortes, piquetes, reclamos varios de yerbateros, desocupados y distintas organizaciones sociales. 

Explica Leandro Sánchez: “Hasta mayo, el mínimo de un maestro de grado inicial, sin antigüedad, era de 230 mil pesos; y 200 mil una bibliotecaria. A partir de junio, y sobre todo a partir de este plan de lucha, habrá un aumento del 34%. Aumento que la mayoría de los gremios no aceptamos, ya que exigimos el 100%. Hay profesores que tienen que dar clase en cuatro escuelas para intentar que les alcance la plata, pero ya están dejando el cargo que les queda más lejos porque es carísimo viajar”.

En poco más de un mes se cumplirán los 20 años de la inauguración en Misiones de la Central Hidroeléctrica Yacyretá-Apipé, construida en el alto del Río Paraná entre Argentina y Paraguay. Para llegar a aquel 7 de julio de 1994, antes aconteció el desarraigo de muchas familias y la pérdida de territorio para la construcción de la represa. Y antes, también, una promesa se sembró a viva voz: como la central transformaría energía hídrica en energía eléctrica, la población de la provincia iba a pagar más barata la luz. Pero eso nunca sucedió. Y con la quita de subsidios a las empresas y los tarifazos del gobierno de Javier Milei, la situación social se recrudeció. “En la provincia, el que menos paga de luz son 100 mil pesos. Hay una compañera que es el único sostén de su familia, tiene dos hijos y le vino 164 mil, es una locura”, dice Estela Genesini, docente de matemáticas desde hace 32 años.

Su compañera se llama Lilian Quevedo, es profesora de educación física y acaba de terminar de cocinar para todo el campamento. “De almuerzo hubo pastel de papas, pero como no alcanzó hubo que sumarle unos fideos”, desliza, sonriendo, hasta que recuerda la factura eléctrica y ya no le quedan ganas de reir. “Cuando vi la boleta, lo primero que leí fue 16 mil, jamás me hubiera imaginado que eran 164. Mi sueldo era de 500 mil y 200 me salía el alquiler. O sea, pagamos las consecuencias de tener a Yacyretá, con lo que significó en el pasado y las seguimos pagando ahora, ya que se multiplican los mosquitos, las plagas y pagamos la luz más cara que en cualquier provincia”.  

En ronda, hay nueve mujeres sentadas en reposeras. Son de diferentes escuelas y turnos, de diversas edades y gremios. Llueven cifras de la asfixia abrupta: “12 mil pagaba de luz y de repente me vinieron 100 mil”; “12 mil pagaba un tanque de combustible y ahora sale 60”; “De agua me vino 27 mil”; “El boleto sale 900 pesos”. De los números pasan a los cuerpos: “El gobierno dictaminó que para usar la SUBE ya no se usa la tarjeta sino solo la app. O sea, si no tenés celular tenés que pagar el doble. Hay dos hermanitos en la escuela que no tienen celular y que la mamá los está mandando sólo una vez por semana porque no puede pagar el boleto”.

Hay más Misiones: “En la escuela pública no existe gabinete psicológico. Si hay un chico con alguna discapacidad, no hay ninguna ayuda complementaria”. A contramano del tiempo, la temperatura de las palabras escalan: “No hay más margen. Estamos en una situación muy amarga, y el mate no tiene nada que ver”.

Fotos Lina M. Etchesuri para lavaca

Manos arriba

A las seis de la tarde, después de una obra de títeres, empieza la asamblea docente del día para resolver los pasos que vendrán. “¿Quién modera? ¿Quién toma nota? ¿Quiénes se anotan en la lista de oradores?”.

Luego de las ponencias, se define a mano alzada cada punto:

–“Se vota por unanimidad sostener el acampe por unanimidad”.

–“Se repudia el Encuentro por la Paz y la Libertad, que desde los resortes gubernamentales se convocó (para este jueves a las 16) en apoyo del oficialismo, como si nosotros fuéramos quienes vulneramos a la democracia”.

Antes de cerrar la asamblea, llega una resolución del Juzgado de Instrucción 6: la apertura de una causa penal “por daños” a una docena de referentes docentes, sindicales y autoconvocados, en la movilización del jueves pasado a la Legislatura.

Minutos después, agentes policiales aparecen en el acampe para notificar sobre la causa. Esa misma Policía que hasta hace pocas horas era aliada.

Alza la voz Estela: “Sabíamos que la Policía iba a arreglar y que el gobierno los iba a priorizar a ellos porque son quienes tienen las armas, un elemento de mayor presión. Para nosotros no cambia nada esa decisión: estamos acostumbrados porque luchamos en soledad toda la vida y así lo seguiremos haciendo, con nuestras propias armas: las tizas y los borradores”.

Ante la persecución judicial, se propone otra moción para profundizar la lucha:

–Se convoca a una gran Jornada Provincial por la Dignidad de Misiones, este jueves en todas las localidades del país.

Cientos de manos alzadas aprueban la iniciativa por unanimidad.

Con la docencia a la cabeza, el pueblo de Misiones sigue en asamblea permanente.

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