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El mundo según el PO

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Aunque los medios grandes apenas les dedican unas líneas, el Partido Obrero es uno de los fenómenos de la izquierda de los últimos años. En esta nota, uno de sus líderes, Marcelo Ramal, candidato a jefe de gobierno de Buenos Aires, explica las actitudes e ideas de su organización sobre: los piqueteros, el Foro Social, el centroizquierda, el retorno del marxismo y los cuestionamientos sobre “aparateo”, cooptación y dogmatismo que le hacen los movimientos sociales autónomos a su partido.

Marcelo Ramal tiene una cicatriz sobre la ceja izquierda ocasionada de un modo absurdo; no posee auto, o mejor dicho tiene un Ford Falcon que decidió abandonar en la calle tras envolverlo en una lona; y sigue creyendo, contra toda moda y tendencia, que la revolución socialista es un proyecto absolutamente vigente, factible e inexorable.

Tiene 48 años y milita desde hace 30 en una agrupación a la vez visible y enigmática de la izquierda argentina, el Partido Obrero que, dentro de ese planeta ideológico, asume como propias las ideas y acciones de León Trotsky. Para comprender el perfil del entrevistado, tal vez sea ilustrativo saber que antes aún, cuando Ramal y quien esto escribe teníamos 15 años, fumábamos como escuerzos (ahora somos ex fumadores), leíamos a Ray Bradbury, escuchábamos a Los Beatles y a Joao Gilberto, nos rateábamos del colegio, íbamos a los bailes de 15, nos desvelábamos tocando la guitarra y jugábamos al fútbol de modo opinable. En cierta oportunidad me dijo: “Si estás en contra de la injusticia, de que unos tengan mucho y otros tengan poco y nada, entonces sos socialista”.

No sabría cómo calificar el resultado de semejante anuncio, pero lo que aquí importa entender es que la actitud y las ideas básicas de Ramal parecen ser las mismas, ahora que es candidato a jefe de gobierno de Buenos Aires, pero -más aún- tras constituirse en una de las figuras intelectual y estratégicamente más reconocidas de su partido.

Como político, y antes aún de llegar a la mayoría de edad, Ramal fue uno de los encargados de organizar clandestinamente a su movimiento estudiantil durante la dictadura. Luego fue responsable del desarrollo y organización del Partido Obrero en todo el país y hoy es secretario parlamentario del bloque de la legislatura porteña que lidera Jorge Altamira, además de dictar Economía Industrial en la Facultad de Ciencias Económicas, y de meterse con relativa frecuencia en problemas.

No responde al cliché del político argentino. La cicatriz en la frente se produjo cuando una camioneta repartidora de pollos con su puerta trasera mal cerrada pasó junto a Ramal dándole literalmente un portazo en la cara, que lo dejó tendido y sangrante sobre la vereda:

“Con tal de no lidiar con las mafias de las aseguradoras, no inicié juicio alguno”, dice.

A su viejo Falcon le reventaron todos los cristales. Ramal compró una lona y lo dejó envuelto en la calle, incrementando así su activismo como peatón y pasajero de subtes y micros porteños. Se mete en problemas cuando, como en el caso del desalojo del ex-Padelai, conoció la persuasiva acción de la Guardia de Infantería, que se dedicó a pegarle con su característico entusiasmo y lo mandó al hospital golpeado en los riñones, las costillas y la cabeza. Esa vez sí Ramal decidió iniciar un juicio contra los funcionarios porteños, empezando por Gabriela Gonzáles Gass, que monitoreó el operativo de desalojo haciendo curioso honor a su cargo: Secretaria de Desarrollo Social.

Al margen del anecdotario personal y político, ¿cómo piensa, cómo actúa y como se planta ante el futuro el PO, ese partido radical, a veces misterioso y de apariencia creciente, que parece haber sabido sobrevivir a las sucesivas crisis de la izquierda? ¿Y cómo se expresa ese pensamiento cuando se reemplaza el monólogo de barricada o el debate entre iniciados, por una conversación serena, informal y levemente caótica, tomando un cortado?

-Tal vez sea prejuicio o desconocimiento. El Partido Obrero es un partido de izquierda, pero siempre me pareció de clase media. Ahora existe también como Polo Obrero: piqueteros. ¿Es un cambio cualitativo?

-Ni muy muy, ni tan tan. Hay una apreciación de ese tipo, pero si se piensa en cómo se desarrolló el Polo Obrero, no podría haber ocurrido sin una implantación previa. Muchos de los compañeros que desarrollaron los movimientos de desocupados eran delegados de fábricas, activistas gremiales del PO y en el cuadro de desocupación masiva a partir de 1998, inician un trabajo que tiene su centro en los desocupados, pero que tiene su origen en trabajadores con una experiencia gremial y política previa.

Yo te diría que -más allá del Polo Obrero- no se puede entender ese desarrollo masivo del movimiento de desocupados, sin entender que una buena parte de la vanguardia obrera de los años 70 u 80, que eran militantes sindicales combativos en las fábricas, luego se dedicaron a este trabajo.

-No son los que siempre estuvieron marginalizados, los llamados pobres estructurales.

-Acá hay una definición estratégica importante. No nos gusta la expresión de excluidos, cuando se habla del desocupado. Porque la idea de excluido supone que hay una clase obrera ocupada y una masa más o menos amorfa de gente que ha dejado de pertenecer al régimen social capitalista. Y en realidad el desocupado es funcional al sistema capitalista porque no podríamos explicar los bajos salarios, la liquidación de los convenios colectivos, etcétera, si no hubiera un colchón tan amplio de desocupados que fuerza objetivamente a esa precarización. El desocupado forma parte de la clase obrera, y de todo este movimiento de lucha. En el caso del Polo Obrero, lo concebimos como un movimiento que reúne a trabajadores desocupados y ocupados. Estamos absolutamente en contra de separarlos. No queremos hacer congresos de excluidos por un lado, y de trabajadores por el otro. Además ¿cuál es la frontera entre ocupados y desocupados en una situación de precarización como la actual? Pero el propio Polo Obrero demuestra que el Partido Obrero había establecido raíces importantes dentro del movimiento gremial.

Ahora, ese crecimiento ¿tiene que ver sólo con el Polo Obrero, con los desocupados? No es tan así. Tiene que ver con un cuadro político más general que venía produciéndose. Y el ejemplo más claro es el movimiento estudiantil. El año pasado Franja Morada (estudiantes de la Unión Cívica Radical) después de decenas de años, desde cuando nosotros estudiábamos, perdió la FUBA (Federación Universitaria de Buenos Aires). Pero el año pasado perdió a manos de un frente de agrupaciones de izquierda en el cual estamos. Este año nos toca a nosotros presidir la FUBA. Esto antes no existía. Entonces hay un cuadro político más general, que se relaciona con la crisis capitalista, con la desintegración de los partidos políticos tradicionales y con el cuadro político que eclosionó en el 2001 y 2002. Entonces sin desmentir que el desarrollo del Polo Obrero ha sido un poco el motor de este crecimiento, hay que ver que había un plano más general que te lo explica.

-Pero el de los piqueteros es un tipo de respuesta y de movimiento particularmente novedoso.

-Sí, porque hablando más allá del Polo, hay un patrimonio general del movimiento piquetero que representa un cambio histórico en la Argentina: haberle ido a disputar a los punteros políticos el corazón de su dominio. Hay una crisis del proceso punteril. Hasta las manzaneras duhaldistas empezaron a mirar con interés o a asimilarse al proceso de la organización piquetera, muchas de ellas peleadas con las manipulaciones de los políticos y los punteros.

-¿Por qué decís que es un cambio histórico?

-Frente a un cuadro de hambre y desocupación, las organizaciones barriales en vez de agruparse sobre la base del favor político y la prebenda, se organizan para luchar por la comida: tan simple como eso. Ese hecho constituye un cambio histórico en la Argentina, que no atribuyo al Polo Obrero sino a un conjunto de organizaciones que participan de ese proceso.

-En lo estrictamente económico, se está hablando de quién maneja la ayuda social.

-Sí, pero hay algo notable: cuando la ayuda social la manejaban los punteros, nadie hablaba de discrecionalidad o malos manejos. Todo estaba fenómeno. Ahora, aunque haya sólo un 5 o 10 por ciento de la ayuda social que han logrado obtener los piqueteros en ese proceso, vienen el Banco Mundial y todos los organismos a hacer monitoreos y toda una parafernalia de auditorías. ¿Cuál es el problema? Lo que se quiere es liquidar el proceso piquetero, para reconstruir el viejo sistema punteril.

-Otro cambio sería un trabajo más concreto en cada barrio.

-Sí, en nuestro caso hay incluso quienes dicen que el Polo Obrero creció porque puso comedores populares. Es una versión a veces vulgar que algunos presentan del crecimiento de la izquierda, no sólo el nuestro: “les dan planes y crecen”. Pero nadie se ha puesto a pensar en el cambio histórico y sustancial que significa que un grupo de personas sin trabajo se agrupen para luchar por ese plan, por su comida: salen, lo conquistan en alguna medida, luego lo defienden también con lucha. Antes venía un puntero y decía “te lo doy, pero vení a votar a la interna”.

Esto implica que el Partido Obrero ha hincado el diente en el corazón del dominio del peronismo, que es el gran Buenos Aires, esas barriadas completamente dominadas por los punteros, donde comienza a construirse esta otra realidad.

Todo esto lleva a una conclusión política impresionante: una parte de la Argentina está sobreviviendo porque ha organizado en forma independiente y autónoma los elementos necesarios para poder comer, para poder trabajar, y para poder vivir. Los comedores, los merenderos, todo ese proceso. Es muy necio el que dice “ah, ponen un comedor, lo mismo que hace un peronista” sin pensar que el peronista ha actuado como puntero, y que la gente cuando hace un comedor con el Polo Obrero, luchó, ocupó un terreno, cortó una ruta, fue a una municipalidad, luchó para conquistar esa realidad.

Naturalmente nosotros tomamos todo esto como piso, como punto de partida de un proceso de organización y politización más vasto. Persuadimos a los compañeros de los límites de ese proceso, y de la necesidad de encarar un cuadro de lucha más amplio. Desenvolvemos un proceso de formación política, y no me refiero a una cosa puramente doctrinaria, sino a una lucha que también es formativa.

-Me suena un poco depresivo. Alguien hace un comedor, obtiene algo para el barrio o realiza un microemprendimiento, y ustedes explican las limitaciones del proyecto, que para esa persona es central, diciéndole que apenas es un pasito inicial.

-Ojo, si alguien va donde se está recorriendo una experiencia de este tipo, y dice “esto no va andar”, “esto tiene limitaciones insuperables” te van a sacar cagando con toda razón. El PO desarrolla a fondo esa experiencia, y sólo sobre esa base se gana después un derecho de abrir un debate sobre eso. No sé la cantidad exacta, pero el PO debe tener unos 500 comedores populares. Promovimos su organización. No es que asistimos desde afuera, tipo “bueno, que la gente los haga, y después les advertiremos sus limitaciones…”. No, la militancia del PO se empleó a fondo en esos lugares. Es como ocurre con el movimiento piquetero. Se discutió hacer una campaña conjunta con otras organizaciones para reclamar puestos de trabajo genuinos en las fábricas. Se hizo la campaña, y lo importante es que fue una forma de expresar cómo vemos la limitación de los planes jefes y jefas de hogar. Los arrancamos, pero no los endiosamos, estamos luchando por otra cosa.

(Durante la conversación Ramal no habló casi nunca del resultado de este tipo de iniciativas, pero valorizó siempre la lucha, tomándola casi como un resultado en sí mismo).

-¿Cómo trazarías un mapa del movimiento piquetero?

-Nosotros formamos parte del Bloque Piquetero Nacional, donde están el Movimiento Territorial de Liberación, la coordinadora Aníbal Verón, es todo el bloque que los medios captan como los piqueteros duros o combativos, frente a D’Elía y Alderete, que representan al sector piquetero que cerró un acuerdo con Duhalde, para decirlo brutalmente. No quiero ponerlo en términos agraviantes, sino en un terreno objetivo. Es un acuerdo por el cual detrás de una cierta cantidad de reivindicaciones, planes de empleo, alimentos, se ha pactado una tregua con el gobierno.

Nosotros formamos parte del bloque que estuvo el 26 de junio en el Puente Pueyrredón, es el bloque de movimientos que también mantiene un cuadro reivindicativo, pero nunca ha aceptado a cambio de esas reivindicaciones una tregua con el gobierno. Es el sector que mantiene las banderas del 19 y 20 de diciembre.

Una anécdota. Cuando pusieron a Juampi Cafiero en la secretaría de seguridad bonaerense, se reunió con el Bloque y aceptó dar unos planes de empleo, ayuda alimentaria, y terminó diciendo: “pero ahora no me van a acampar en la plaza”. Le contestaron que sí: “seguimos con la idea del 19 y 20, que se vayan todos”. Eso caracteriza al Bloque Piquetero.

-Pero hay diferencias entre esos grupos.

-Sí, en el movimiento piquetero hay muchos problemas que están en discusión. Los de organización interna, por ejemplo, cada uno los resuelve pero hay asuntos comunes, como el de los emprendimientos productivos. El Polo Obrero tiene emprendimientos productivos, pero tratamos de explicar los límites de estos proyectos.

-Otra vez avisando sobre los límites.

-Pero es así, no pretendemos desarrollar una economía piquetera autocontenida que funcione y sobreviva mientras subsista el capitalismo. Organizamos a los piqueteros para luchar contra ese régimen social, que es otra cosa.

-Pero otros grupos lo consideran valioso, eficiente y positivo en sí mismo, no una mera etapa de un plan mayor.

-Está bien, vamos a recorrer esa experiencia a fondo. Pero lo que no vamos a hacer es colaborar con un microemprendimiento y luego imaginar una sociedad de microemprendimientos. Un mundo de huertas comunitarias. No, no le vamos a decir eso a la gente. La sociedad capitalista ha llegado muy lejos en la organización social del trabajo. Si fuéramos a un mundo de microemprendimietos, estaríamos retrocediendo en la historia 300 años.

Nosotros decimos claramente que somos partidarios, así como algunos obreros tomaron fábricas en sus manos, que el movimiento obrero tome en sus manos a través de una acción común a la Ford, a IBM a aquellos bastiones en términos de productividad del trabajo que hoy están en manos del capitalismo. De lo contrario estaríamos pregonando una utopía reaccionaria. Pero aunque tengamos concepciones distintas en estos puntos con otros grupos, muchas veces coincidimos en planes de lucha, actividades comunes. En esas organizaciones hay grupos muy combativos, gene que ha llevado adelante luchas muy importantes. Nosotros no le atribuimos al Polo Obrero una mayor combatividad ni superioridad sobre otros en ese terreno, lo que reivindicamos es una estrategia política, un programa.

-Ahí aparece otro dilema. El PO hace diagnósticos y críticas meticulosas sobre la situación, pero ¿cuál es la propuesta?

-Antes de ver qué propone, hay que ver qué construye el PO. Tu posible impugnación de que criticamos pero ¿a dónde van? ni siquiera sería totalmente válida. Porque una organización tiene que demostrar con su programa qué ha sido capaz de construir. La cuestión de fondo en la etapa histórica de los 90, la idea central de toda la llamada globalización es que como resultado de la disgregación de la URSS y Europa del Este, como resultado del proceso de internacionalización de capitales, el capitalismo había logrado armonizar el planeta y las relaciones sociales de un modo absoluto.

-El fin de la historia.

-Claro, y apareció la idea de que la etapa histórica de la revolución socialista había concluido. Esta fue la idea inclusive gran parte de la izquierda o de los que se consideraban ligados a ella, o al centroizquierda, que compartieron esto diciendo “agreguemos al fin de la historia, la agenda social”. Pero en términos más profundos, lo que el PO plantea es otra cosa: la vigencia histórica de la revolución socialista. La caducidad de las relaciones sociales capitalistas manifestadas hoy por ejemplo en el plano de la guerra y sus consecuencias terribles, y la necesidad de una transformación social profunda qué sólo va a poder ser planteada en el plano internacional.

Naturalmente que esta transformación social profunda requiere de una organización, de un programa, de quienes la propugnan, de que los trabajadores y los oprimidos por ese régimen logren una organización, una orientación, un programa, que significa un partido.

Entonces, hemos construido sin desdeñar luchas y reivindicaciones parciales, pero tratando de que los movimientos adquieran una perspectiva estratégica. Es decir las organizaciones que se estructuran en torno al PO procuran una reivindicación parcial, luchan por ella, pero son educadas y son formadas en la perspectiva de la lucha por la revolución socialista.

-Formación, educación, adoctrinamiento. El riesgo es ser asfixiante, o hablar desde arriba. Porque todo el discurso parece un “pack” difícil de discutir, con dirigentes que da la sensación de decir: “yo sé todo”.

-No, no, todo se tiene que probar en una organización de un movimiento de masas y de una experiencia política concreta. El PO no es solo una especie de propuesta intelectual, o una secta doctoral que se dedica a enmendarle la plana a lo que hacen los demás. No, el PO se ha inscripto como una realidad política en el país, y esa realidad, que haya podido encarnar en una fracción de trabajadores de una forma relativamente masiva muestra su necesidad histórica, se inscribe en un proceso que traduce las reivindicaciones de un sector de los explotados que se ha organizado con él. Este es el punto substancial.

Y convivimos con organizaciones de lucha y movimientos que sostienen muchas de cosas diferentes. Sólo que pensamos que la superación de esa experiencia política va a poder ser procesada a través de una lucha y una experiencia. El debate, después, abona esa lucha, porque sin una teoría política, sin tratar de extraer una conclusión de esas experiencias, la lucha en sí misma no serviría, alguien puede darse la cabeza mil veces contra la pared si no saca una conclusión. Entonces hemos construido una organización.

-¿Cuánta gente se mueve alrededor del PO?

-Un indicador objetivo es que en un acto que hicimos en Plaza de Mayo fueron 10.000 personas. Es una movilización importante para nosotros.

-Decías que la izquierda se sumó a la noción de que la revolución socialista es impracticable. ¿Ustedes nunca siquiera dudaron de eso, al ver situaciones como el derretimiento de la Unión Soviética?

-No, lo que se ha visto en esos años es que aquellos regímenes burocráticos se desintegraron como parte de la crisis de la economía capitalista. Hay un mito que dice que la socialización de los medios de producción se vino abajo por las limitaciones de la planificación. En realidad estas burocracias venían entrelazándose con el capitalismo desde mucho antes. El ejemplo más evidente fue Rumania, donde Ceaucescu fue literalmente colgado por los planes de austeridad que aplicó bajo la tutela del FMI. Todas las rebeliones populares en esos países, a fines de los 70 y luego en los 80, se desataron por los planes del FMI, que funcionaban bajo la misma dinámica que la Argentina bajo Menem. Endeudamiento externo, créditos, ajuste. La caída de la Unión Soviética y del Muro de Berlín formó parte de la crisis de la deuda, y de todo el proceso que se llevó puesto al gobierno mexicano, antes a la dictadura militar argentina, y a tantos otros.

-Convengamos que a la Argentina se la llevan puesta con una frecuencia preocupante.

-Pero fijate: toda esa crisis del Este alimentó la expectativa de un relanzamiento del capitalismo a nivel mundial, la globalización. Se pensó que la recolonización de Rusia, China, Europa y el resto, iba a abrir posibilidades ilimitadas. Pero lo que se ha visto es que el capitalismo no pudo remontar el proceso, sólo prorrogó la crisis hacia el futuro.

-Me perdí: ¿hacia qué futuro?

-Hacia delante, pero todo ese proceso estalló ahora. Y la Argentina es un punto de inflexión. En la historia de todo esta situación internacional probablemente haya que ver al cacerolazo y la rebelión del 19 y 20 como la estación terminal de un proceso que empezó 10 años antes.

Alguien puede decir que eso es localismo. Que le damos importancia porque nos pasó a nosotros. No, sería una necedad. Tiene un valor internacional porque la Argentina ha sido un paradigma. ¿Cuál es la particularidad de la crisis argentina?

-Se me ocurren varias.

-Te digo la central: la particularidad argentina es su universalidad. Un país sometido al hiperendeudamiento, las privatizaciones, la desregulación laboral, la apertura, la desocupación en masa: el conjunto de fenómenos que caracterizaron una década de tentativa de relanzamiento capitalista, no en la Argentina sino en el mundo. La Argentina fue uno de los casos más extremos, directos, elogiados, colocado como ejemplo. Que eso haya terminado en el 19 y 20 de diciembre no es un dato local: es un dato mundial. Marca un punto de inflexión. Y el fracaso de esa tentativa es lo que colocó al mundo nuevamente ante la guerra. Fracasados los medios financieros, económicos y comerciales para establecer una reorganización capitalista, Estados Unidos ha salido a imponerla por la vía directa de la guerra.

-Tu idea es que se viene más de lo mismo, pero peor.

-Sí. El menemismo mundial.

-Me quedo más tranquilo. ¿Esto funcionará por las buenas o por las malas?

-No sé. Se puede abrir un período de barbarie. Estados Unidos arrasó Iraq, pero la guerra que ha agudizado todas las crisis y todos los antagonismos internos dentro del capitalismo. La ONU es una cáscara vacía, la crisis entre Europa y Estados Unidos se ha agravado.

Pero la ora cara de la guerra es que ha extendido el 19 y 20 de diciembre a buena parte del mundo. Marchas, lucha, movimientos, rebelión. Es un poco lo que decía Lenin. Una etapa histórica de guerra y revoluciones.

-Pero desde siempre se escucha decir a los partidos de izquierda que estamos en una etapa pre-revolucionaria. La pre-revolución permanente. ¿Esta vez sentís que es distinto?

-Hubo revoluciones, y muchas fueron confiscadas. Yo siento que la guerra plantea las cosas muy en el terreno de revolución y contrarrevolución. Ojo que no es una visión exitista. Porque allí donde la revolución está planteada, la contrarrevolución también. Esto abre una etapa de polarización política en un plano internacional. La paz, por la cual algunos pregonan en abstracto hoy, solo va a poder conseguirse sobre la base de derrotar a los gobiernos de la guerra, o sobre la base de aplastar a todos, convertir al mundo en un gran cementerio. Es una situación en la que observo que las cosas están en términos mucho más agudos y nítidos que en el pasado.

Ahora, sobre lo del menemismo mundial hay algo más. Buena parte del progresismo mundial también planteó que no iba a haber ninguna alternativa a esto, y que la etapa de las revoluciones se había cancelado. Tomemos el Foro Social. En 1999 el foro capitalista en Davos fue mucho más catastrofista en sus planteos que el propio Foro Social de Porto Alegre. Los grandes monopolios ya estaban previendo la debacle, y el progresismo mundial todavía estaba colgado de la idea de que la globalización era más o menos inalterable.

¿Pero vos pensás realmente que todas las personas que marchan al Foro Social y a todos los movimientos mundiales funcionan como bomberos de la crisis capitalista?

-Ahí va mucha gente luchadora, y por eso nosotros también vamos casi siempre, para intervenir en debates, exponer nuestras ideas, vender nuestros materiales. Pero el razonamiento que hacen muchos progresistas, incluido el PT brasileño, es que la crisis no es resultado del propio desarrollo del capitalismo, sino de que el capitalismo no se ha desarrollado plenamente, o no lo hizo bien. Entonces, vamos a crear condiciones para inversiones, proyectos, y así vamos a poder resolver la desocupación y la pobreza. Es decir: vamos a hacer lo del menemismo, pero con una cuota social. Hay una confianza en las perspectivas del capitalismo como régimen social, que nosotros no tenemos.

-Y tratan de convencer a los que piensan distinto.

-Te diría que nuestra hipótesis de desarrollo no es ir sumando gente, tomar a alguien de izquierda y convencerlo de nuestras ideas, aunque eso existe. Pero nuestra vía real de desarrollo es probar la justeza de nuestros planteamientos yendo a…

-… la comunidad.

-La masa. Ahí se va probar que tenemos un derecho a la existencia y que nuestras posiciones son históricamente necesarias, si logramos calar como alternativa para la gran masa explotada. En todo caso la puja con otras fuerzas ligadas a la izquierda o al llamado progresismo, la dirimiremos en esa capacidad de poder aparecer como una dirección política de los explotados. Planteamos francamente nuestras ideas y principios, pero no estamos esperando que alguien cambie de posición. Lo que queremos es desarrollar una organización. Pero quiero aclarar es que todo esto es válido mientras exista una unidad entre esos principios políticos y esa organización. Si organizaste a la gente según esos principios. Si organizaste por un chupetín, entonces no hay ningún valor, es un engaño. Y hay sectas políticas que creen que un desarrollo pasa por enmendarle la plana a todo el mundo, pero no es nuestro caso.

-Sin embargo, existe la impresión de que el PO es el que ha generado el verbo “aparatear”. Lo acusan de que sólo quiere captar o cooptar -como se dice ahora- una asamblea popular o cualquier otro movimiento, y si no lo logra prefiere partir esa experiencia para quedarse con una de las partes. El argumento que escuché muchas veces es: “Llegó el PO y se pudrió todo. Dividen para reinar”.

-No es así. Para nosotros el mayor desarrollo político posible es que las asambleas se desenvuelvan ampliamente, lo mismo que los sindicatos, los piqueteros. Nunca colocaríamos un interés de esas características por encima del interés general de la asamblea. Pero en las asambleas se han desarrollado debates políticos, y nosotros participamos. En la lista de legisladores del PO tiene a muchos asambleístas, y muchos que no son del PO y no se han sentido aparateados. Y reconocen el aporte del PO para el desarrollo de las asambleas.

-Pero la impresión es que, apenas surge un movimiento social, los partidos van atrás a alimentarse.

-Naturalmente los partidos van a cualquier lugar a ganar gente. Nadie va a intervenir en ningún lugar sin buscar una adhesión política: es inevitable. El único problema es en qué se sustenta esa adhesión. Alguien puede pensar “voy a parasitar un movimiento social, para llevarme uno o dos tipos”.

-O para dirigirlo.

-Pero eso puede ser legítimo. Estoy convencido de que mi orientación es justa, voy a intentar dirigirlo. Ahora acá viene otro problema que es el siguiente. Para nosotros un desarrollo partidario se da en una asamblea barrial que sea masiva, que tenga una concurrencia importante de vecinos y trabajadores, que se desarrolle. En ese cuadro nos interesa dirigir una asamblea, ganar compañeros. No nos interesa ser dirigentes de una asamblea raquítica y vaciada. Hay que tener una política para el desarrollo de la asamblea. No te discuto que haya aparatos políticos que digan “yo me trato de llevar tres, y que la asamblea se vaya al cuerno”.

-Otra imagen es que el PO es un poco sordo, y poco pluralista. Yo converso con vos, dialogamos, pero da la sensación de que en términos más cotidianos el PO es prepotente: llega, no discute, proclama, es un grupo cerrado y dogmático.

-Veamos lo del pluralismo. Hace poco hubo una asamblea de varios movimientos piqueteros. Ahí no se lleva la concepción del PO, hay muchos grupos: tampoco nos interesa estar en un movimiento en el que estamos solos representándonos a nosotros mismos. Ahí debatimos, y hay muchos desacuerdos, pero un acuerdo central: no darle tregua al gobierno de Duhalde. En ese sentido la asamblea no fue pluralista. No era un foro de opiniones. Entonces, somos pluralistas -entre comillas- con los que están de acuerdo con ejes de lucha concretos. Pero no somos pluralistas como para invitar a los que han hecho acuerdos con el mismo gobierno que quiere sacar a los piqueteros de la calle,. En cambio, con los que planteen la lucha voy a seguir unido, aunque ellos no tengan la visión estratégica de la revolución socialista.

-Como estructura, otra diferencia es que el PO aparece como un grupo chico, muy centralizado, poco democrático hacia abajo, al revés que los movimientos más nuevos que hoy tienden a ser más horizontales y democráticos, más en red, menos jerárquicos y piramidales.

-Nosotros tenemos una dirección que actúa colectivamente, ni siquiera existe la figura de secretario general. La dirección se hace cargo de sus decisiones. El horizontalismo puede encubrir el más estricto verticalismo. El mayor horizontal de la argentina es verticalista al extremo: Luis Zamora. Él es contrario a toda organización, nadie dirige nada, no construye un partido o una estructura con militantes. Aparece careciendo de un programa y diciendo que va a realizar el programa que la gente le pida. Detrás de esa ambigüedad, da toda la sensación de que ahí se hace sólo lo que dice Zamora.

-Pero hay movimientos sociales que tienen un estilo horizontal. Y parece ser una de las grandes tendencias de estos tiempos. Cuesta delegar representatividad, como si la crisis fuese de confianza.

-Esa es la clave. El horizontalismo extremo encubre una falta de cohesión política. Si estás políticamente cohesionado alrededor de una idea, podés decir que alguien actúe como dirección, no vamos a estar pidiéndoles todos los días revisión de cuentas o que nos consulten cada cosa que van a hacer, porque hay cosas que ya están tácitas en el programa que defendemos. Ahora, si tengo que consultar todo, ¿qué es lo que me une con otros si no puedo delegarles absolutamente nada?

-Si se piensa en grandes símbolos de rebelión de estos tiempos: piquetes, asambleas populares, el “que se vayan todos”, los escraches, todo eso surgió de la sociedad, los movimientos, no de los partidos. La creatividad y las ideas aparecen siempre en otro lado.

-Tomo el guante, pero veamos algo más general. La relación entre los partidos que intervienen en un movimiento de masas y esa gente no se puede considerar compartimentos estancos. Tampoco el argentinazo del 19 y 20 fueron convocados por ningún partido. Eso sería tener la óptica del aparato. Masas que se mueven por una orden. Pero la eclosión, desde otro punto de vista, fue profundamente preparada. No por un fulano en una mesa que decidía qué hacer, cuándo y dónde, sino por una cantidad de acontecimientos en los que los partidos sí intervinieron: puebladas, asambleas populares en todo el país, y la clase media que venía con una cantidad de situaciones y reclamos. Los partidos de izquierda no fueron ajenos a eso. Nosotros decíamos “Fuera De la Rúa y Cavallo”.

-Después vino “que se vayan todos”.

-Sí, pero el “que se vayan todos” es un reclamo puramente democrático: que vengan otros. En eso somos crudos: no es la revolución. La limitación está demostrada en que las próximas elecciones la mayoría de la gente va a ir a votar. El abstencionismo es una tendencia relativamente aislada, no hay un vigor del voto blanco, es una tendencia dispersa, heterogénea, el propio Zamora tuvo que dejar el abstencionismo y presentarse. Pero es un problema político complejo el que planteás: solamente un mesiánico podría solazarse y reclamar que las masas reaccionen a una situación política en términos que los plantean los partidos.

-Bien, lo real es que sigue habiendo una crisis de representatividad, y que esos movimientos sociales buscan fórmulas nuevas antes que insistir con esquemas -como el de los partidos- que demostraron no funcionar.

-Es que incluso en la izquierda hubo una gran decepción con la experiencia soviética. Porque lo que yo digo sobre delegar tiene validez siempre que la cohesión política sea real, y que se verifique regularmente. Tampoco es que delegás algo y en diez años nunca más fuiste capaz de ver qué pasaba. Nosotros hacemos congresos todos los años, elegimos democráticamente la dirección…

-¿Pero sentís esa crisis de la representación, con respecto también a ustedes?

-Hay una cosa: la caída de la Unión Soviética, del estalinismo, la visión del Partido Comunista como aparato burocrático llevó a un desprestigio de la idea de partido, como una cosa opresiva, unida por camarillas y por intereses materiales personales. Y a esto se suma la crisis de los partidos tradicionales de la burguesía. Todo esto ha hecho entrar en crisis la idea de partido. Pero el concepto de partido político en un sentido histórico profundo lo reivindicamos tanto como la idea de revolución socialista. Las grandes corrientes ideológicas y políticas se han organizado siempre alrededor de partidos, defendiendo idea y programas, organizándose detrás de ellas. No solo los partidos socialistas también los burgueses. La idea vigorosa de partido está muy lejos de la del aparato opresivo.

-La idea de partido como secta está puesta en cuestión por la idea de movimientos, que parecen más abiertos, menos densos, menos dogmáticos.

-Es que ocurrieron experiencias históricas. En un partido se discute, se intercambian ideas, ese metabolismo político ha sido el motor de la historia. La gente que pudo intervenir en el proceso histórico cohesionada, preparada, siguiendo un programa, con una preparación previa de un programa, desde los jacobinos en adelante.

-¿Estamos ante una reaparición del marxismo como método de análisis, pese a la idea del fin de las ideologías?

-Como docente universitario me pasó una experiencia interesante. Durante todo el período de oro de la globalización, en los medios universitarios hubo un rechazo muy fuerte al marxismo y a las perspectivas del socialismo. Ahora desde hace tres ó cuatro años se ha despertado un interés muy grande frente al marxismo, la economía marxista, el socialismo. La diferencia es que los que quieren hacerlo, ya no van a buscar por el lado de los restos del estalinismo, sino otros caminos. En Económicas este interés renovado se nota por el ranking de los profesores que dictan marxismo frente a quienes n lo hacen. Hay una suerte de furor para inscribirse con los profesores capaces de explicar economía marxista. Y alumnos que durante cinco años estudiaron marginalismo o escuela neoclásica, se encuentran con una revelación. A veces se interesan desde un punto de vista crítico, o ácido. En mi hijo mayor (24 años) lo veo claramente, porque está con un despertar intelectual en torno a la izquierda, no solo en lo económico sino en lo político. Cómo fueron las revoluciones, porqué se burocratizó la URSS. Le surge un interés político que lo veo claramente.

-¿Pero como padre sos igual que como militante? ¿Formás, educás y adoctrinás? ¿O sos un padre más liberal?

-No, yo lo dejo que vaya por las suyas.

-Eso me genera una duda. ¿De qué cuadro son tus hijos?

-Yo soy de Argentinos Juniors y ellos también, desde que nacieron. Podemos discutir política, economía, lo que sea. Todo puede ser admitido. Menos eso: ahí sí que rige el pensamiento único.

Nota

La imagen proyectada: La Ronda en la mirada de Lina Etchesuri

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Séptima entrega del registro colaborativo de la ronda de las Madres de Plaza de Mayo, realizada por la fotógrafa de lavaca Lina Etchesuri.

Toda la producción será entregada a ambas organizaciones de Madres y al Archivo Histórico Nacional. Invitamos a quienes tengan registros de las rondas realizadas estos 40 años a que los envíen por mail a [email protected] para sumarlos a estos archivos. Esta iniciativa es totalmente autogestiva.

Ese jueves hacía 38 grados de calor pero parecían 43. El calor quemaba y picaba.

Faltaba el aire, el que había estaba caliente y la humedad pegoteaba.

El día que acompañé a la Ronda haciendo fotos para este proyecto, fui descubriendo imágenes a medida que los pasos y las sillas de ruedas daban vuelta como siempre, hace 2392 jueves.
La ronda siempre me emociona. Mucho. Las miro a las madres y veo proyectada las fotos de sus hijxs en su mirada, hacia delante, repitiendo Presente como un mantra de presencia y resistencia. Lxs veo a ellxs en imagen, mirando de frente en su juventud detenida. Veía a Elia, que ronda en silla de ruedas, con la foto de su hijo Hugo Meidan, desaparecido el 18 de febrero de 1977, hace 47 años, y pensaba si ese día hizo tanto calor, si la luz tenía esta misma inclemencia.

En las rondas transcurre un tiempo extraño, persistente y atemporal. Las hermanas abrazan las fotos de sus desaparecidxs, gritan sus nombres con contundencia, caminan junto a las madres, junto a nosotrxs.

Transforman el tiempo y la imagen en un futuro posible.

Sobre Lina

Soy Lina Etchesuri. Fotógrafa, editora y docente

Soy parte de la cooperativa Lavaca desde hace más de 12 años donde hago todo lo que me describe y más. Me hace sentir muy orgullosa y feliz.

Estudié con Filiberto Muganini en el Rojas durante los 90s. Hice la carrera de fotógrafa en la Escuela de foto y artes visuales de Avellaneda, durante el 2001 y los años siguientes. 

Me seguí formando en talleres visuales con mi querida Julieta Escardó y muchxs más.

Viajé haciendo fotos durante algunos años: conocí al subcomandante Marcos y le saqué una foto en la que se está riendo. Estuve en Cisjordania, Palestina, durante 3 meses, viviendo retratando la vida bajo la ocupación. 

Junto con algunas personas y amigxs fundamos MAFIA en 2012, un colectivo de fotógrafxs que sigue hasta hoy.

Coordino talleres de foto e imagen.

Soy mamá de Fermin.

Y me encanta hacer todo lo que hago.

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Nota

Un abrazo contra la motosierra

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Sin presupuesto actualizado (“cada 10 pesos del año pasado, hoy tenemos 2” informa el rector de la UBA) las universidades y los hospitales en “modo ahorro” deben cortar la luz, los ascensores, reducen cirugías, no tienen insumos. La imagen del Clínicas, uno de los más importantes del país: “Los pacientes se están quedando sin comida”. Hoy una gran concentración frente a ese hospital escuela simbolizó un abrazo en defensa de la salud y la educación pública, mientras el gobierno nacional juega a pelearse con las prepagas, y el de la Ciudad a subvencionar a quienes mandan a sus hijxs a colegios privados. ¿Qué pasa con lo público? ¿Cuándo comenzó el desastre? Distintas voces (directores de hospitales, rectores de universidades, trabajadorxs) relatan la realidad y los datos motosierra; la organización como única salida; y el canto “la UBA no se vende”, mientras la realidad, o los números, parecen indicar otra cosa.

Por Francisco Pandolfi

Un abrazo contra la motosierra

“Se defiende, la UBA se defiende”, fue uno de los hits / Fotos: Lina Etchesuri para Lavaca

Clarisa y Caetana acaban de salir de cursar dermatología. Clarisa tiene 24 años y lleva puesto un ambo azul marino. Caetana, de 23, uno verde oscuro. Son alumnas desde hace seis años de la Facultad de Medicina y hace tres caminan por los pasillos del Hospital de Clínicas, ya en la etapa de las prácticas. “Hace un rato terminamos una clase en la que no teníamos vendas”, dice Clarisa. Su compañera agrega: “El otro día, en un práctico, nos faltaba vaselina para curar las úlceras; sí, vaselina, probablemente el producto más básico y barato que se necesita”.

Alrededor de ellas hay una multitud, con ansias de visibilizar la gravedad de la situación.

Clarisa, Caetana y la marea contra el ajuste / Fotos: Lina Etchesuri para Lavaca

“Estamos funcionando al 30%”, comparte Marta, médica desde hace 38 años en el Clínicas.

“Los pacientes se están quedando sin comida”, cuenta Susana, auditora. 

“Soy empleado de limpieza del hospital, monotributista, trabajo cinco días por semana, siete horas por día y mi sueldo no supera los 150 mil pesos”, confiesa Diego Ruiz.

“Ya debimos reducir las cirugías y no atender a algunos pacientes”, expresa Marcelo Melo, el director del Hospital de Clínicas.

“Estamos económicamente por debajo de un 80% sobre el presupuesto que deberíamos tener. Cada 10 pesos del año pasado, hoy tenemos 2”, precisa Ricardo Gelpi, rector de la Universidad de Buenos Aires.

Un abrazo contra la motosierra

Susana Dionisio, y la esperanza que genera el juntarse / Fotos: Lina Etchesuri para Lavaca

Tiempos de abrazos

“La biblioteca destinada a la educación universal es más poderosa que nuestro ejército”.

José de San Martín.

Al libertador de la patria se lo homenajea con su nombre en calles y avenidas; clubes deportivos, teatros y centros culturales; plazas y parques; hospitales y universidades.

Y también en un hospital-escuela: el Hospital de Clínicas José de San Martín, dependiente de la Universidad de Buenos Aires y dedicado a tres ejes clave para el desarrollo de cualquier sociedad: la asistencia, la docencia y la investigación.

Son tiempos de clases abiertas; de paros y movilizaciones; de una marcha nacional universitaria a realizarse el próximo martes 23 de abril. Son tiempos de contar en cuántos meses y en cuántos días las universidades se quedarían sin presupuesto hasta cerrar sus puertas.

Son tiempos de abrazos.

Uno de ellos se forma con un montón de brazos, este jueves por la mañana, en la puerta del Hospital de Clínicas. Médicos, docentes y no docentes, estudiantes, le brindan un espaldarazo simbólico al Hospital de Clínicas, ubicado en el límite de los barrios porteños de Recoleta y Balvanera. Sobre la Avenida Córdoba, miles de personas se reúnen en la puerta principal para reclamar por el recorte presupuestario en todas las universidades del país, y en particular de las universidades escuelas.

Hay equipo en el Hospital de Clínicas /Fotos: Lina Etchesuri para Lavaca

Los cuerpos aplauden. Están vestidos con guardapolvo blanco; con ambos celestes y azules; con chaquetas bordós y verdes. De fondo, un telón negro enorme sirve de súplica para estos momentos. Es un ruego a la sociedad toda; y una exigencia, también, puertas adentro: “Defendamos la UBA”. Delante de la banderota se sostienen grandes letras blancas, hechas con cartulina, a mano, a pulmón, a necesidad de que el reclamo se vea un poco más. “La salud se defiende”, se lee, mientras se canta al unísono: “No se vende, la patria no se vende”. Minutos después, se cambia sólo una palabra: “No se vende, la UBA no se vende”.

Pero la realidad no parece indicar lo mismo. 

Problemas de fondos

Luego del abrazo, se rodea al hospital y en otra de las puertas de la institución, sobre la calle Paraguay, se lleva a cabo una conferencia de prensa. Marcelo Melo, el director del Hospital de Clínicas, va al hueso: “Ya tuvimos que optimizar los recursos, que son insuficientes; no podemos comprar insumos, ni hacer transferencias porque no hay licitaciones de presupuesto que avalen las compras. Mientras, tenemos un montón de pacientes internados”. Sigue: “Es muy difícil no usar la luz en un hospital; no usar los ascensores cuando los pacientes necesitan usarlo… Lo mismo pasa con la calefacción. El año pasado estábamos orgullosos de haber comprado y cambiado la caldera, y este año no sabemos si va a funcionar, porque el modo de ahorro va a estar en el gas, en la luz, en todo”.

Le cambia la cara. Se tensa, aún más. “Poner a un hospital en modo ahorro es una agresión al médico. Es muy difícil mi lugar, el tener que decirle a mis colegas si pueden atender o no a alguien. No estamos haciendo una buena medicina con estas cosas”.

Un abrazo contra la motosierra

Marcelo Melo y Ricardo Gelpi en conferencia de prensa /Fotos: Lina Etchesuri para Lavaca

A su lado está el rector de la UBA, Ricardo Gelpi, acompañado por el Secretario de Hacienda Matías Ruiz. Juntos, definen lo terrible: “La UBA tiene dos partes principales en las que se divide el presupuesto. Una es la salarial, que consume entre el 85% y el 90%; y después está el gasto de funcionamiento, que consume entre el 10 y el 15%”. Desmenuzan: “En lo salarial hubo un recorte en términos reales ajustado por inflación del 35%, lo que significa que si en noviembre un docente o un trabajador cobraba 100 pesos, hoy cobra 65”. 

Sobre los gastos para el funcionamiento: “Lo dividimos en salud y en educación. En educación este año las partidas arrancaron congeladas al presupuesto del año 2023; hubo una actualización parcial del 70% desde marzo; pero en términos interanuales eso significa un 58% de actualización, comparado con una inflación de casi un 300% interanual. Por el lado de la salud, empezamos el año sin presupuesto, ya que la partida devengada del año 2023 no había sido asignada hasta esta semana”.

Tomar la calle en defensa propia / Fotos: Lina Etchesuri para Lavaca

Peligro de cierre

¿La partida ya firmada –pero aún no depositada–, es un remedio? “No, para los hospitales universitarios será de la misma magnitud nominal del año pasado. O sea, no es una actualización, ni un incremento”. Subraya el rector: “Estas partidas no están ajustadas por inflación, lo que significa que sólo podrán estirar un tiempo esta situación, pero estamos lejos de estar conformes. Si se mantiene esa partida, podremos funcionar como venimos dos o tres meses más. Y después, así las cosas, la UBA cierra, porque si no hay plata, no hay plata”.

El Secretario de Hacienda suma un dato, que agudiza el cuadro: “El pago de la energía eléctrica en el último año se multiplicó por siete. Y si comparamos con febrero de este año, sólo los últimos dos meses, se multiplicó por cuatro”. Y ejemplifica con una cuenta que no cierra: “El crecimiento del gasto, sumado a las partidas congeladas, hace que crezca más rápido el gasto que tenemos la universidades y empeorando cada vez más el funcionamiento”. 

Un abrazo contra la motosierra

La educación, la salud y la ciencia, en juego; en venta / Fotos: Lina Etchesuri para Lavaca

“El mal funcionamiento es de hace años”

La falta de recursos no empezó en la era Milei. Marta, médica desde hace 38 abriles, describe: “El mal funcionamiento viene de años, como consecuencia de malas administraciones anteriores. Y ahora, este recorte presupuestario es el tiro de gracia”. ¿En qué se venía mal? “De 12 quirófanos funcionan 5 y hay numerosas salas cerradas; cada vez se va achicando más la estructura, deteriorando y no hay presupuesto para mantenerlo”. 

Clarisa, alumna, añade: “El edificio tiene un montón de falencias, es muchísima la cantidad de arreglos que harían falta y esto viene desde hace años. Con este recorte, el único futuro que veo es que se caigan las paredes… Me da mucho miedo e impotencia”.

Florencia trabaja hace 10 años y el amor que siente por la entidad viene de familia: “Mi mamá trabajó ahí; mis dos hijos fueron a ese jardín; le salvaron la vida dos veces a mi mejor amiga; curaron a mi papá, a mi abuela”.

Admite que el hospital “siempre tuvo pocos recursos; siempre hubo carencia de insumos”. Profundiza: “La situación no viene bien hace mucho; las personas que deben hacer el presupuesto no valoran la calidad humana ni la cantidad de atenciones que se realizan por día. El hospital siempre tuvo lo básico, y en muchas oportunidades debimos conseguir insumos por fuera, siempre tardó en llegar el material que se necesitaba”.

Carteles, ruido, sonrisas: estrategias contra el recorte / Fotos: Lina Etchesuri para Lavaca

Orgullo nacional 

El Hospital de Clínicas es considerado uno de los hospitales más importantes de la Argentina y de América Latina. Se fundó en 1881 y allí se realizaron varios procedimientos por primera vez. Algunos hitos que nacieron entre sus paredes que hoy yacen descascaradas: la aplicación de la insulina, el cateterismo cardíaco, las residencias médicas, las punciones de riñón, las operaciones filmadas. Dice la médica y hoy auditora Susana Dionisio: “En este hospital se formaron la mayor parte de los médicos de renombre que hay en toda la medicina prepaga”. Suma otro caso testigo: “Hay que acordarse de acontecimientos como el de la AMIA, cuando sucedió el atentado este hospital recibió a la mayoría de los heridos, y fue gracias a este hospital que se salvó a muchísima gente. Entonces, podés hacer un comité de crisis, pero si al mismo tiempo desfinanciás a la educación, está muy mal. El presidente se merece un juicio político y la oposición tiene que pararse y ser una oposición real, sino perdemos la democracia”.

Marta Cora Eliseht es médica de obstetricia del hospital de Clínicas y docente de la Facultad de Medicina. “El Clínicas es fundamental, un orgullo nacional; no sólo cumple funciones asistenciales, sino también de docencia en áreas de pregrado y postgrado; esta es la sede de infinidad de carreras. Somos especialistas en obstetricia y atendemos muchos embarazos de alto riesgo, casos que no se atienden en otros lados”. 

Un abrazo contra la motosierra

Marta es médica en el Clínicas desde hace 38 años /Fotos: Lina Etchesuri para Lavaca

En el hospital trabajan más de 3.200 empleados y se atienden alrededor de 365 mil personas al año. En lo educacional, cursan por año cerca de 1500 alumnos. “Hay cinco cátedras y estudiamos 300 personas promedio en cada una. Este es el hospital escuela más grande del país”, explican Clarisa y Caetana, estudiantes de medicina. 

Las palabras de Sofía, que integra la comisión interna, laten: “El hospital-escuela literalmente es el corazón de la UBA, donde se retroalimenta la ciencia, la investigación, la educación, pero sobre todas las cosas la salud pública, con todo lo que conlleva ese concepto de gratuidad e inclusión. Queremos seguir brindando la atención de calidad a los y las pacientes, pero sobre todas las cosas contar con un financiamiento que nos permita que nuestra casa, como así consideramos al hospital, siga funcionando. No queremos tener el privilegio de pisar la UBA, sino el derecho de seguir en ella”.

Un abrazo contra la motosierra

Una que pedimos (casi) todxs /Fotos: Lina Etchesuri para Lavaca

Un dolor inenarrable

El hit se vuelve a cambiar: “Universidad de los trabajadores, y al que no le gusta se jode se jode”, se vocifera con angustia y con firmeza, en un clamor popular que hiela la sangre. Las y los laburantes le dan magnitud al problema. La obstetra Marta Cora Eliseht dice: “En el sector no tenemos espéculos, vidrios para hacer papanicolaou, guantes, gasas, algodón, lo básico. Los profesionales de la salud estamos intentando conseguir donaciones de entidades privadas para suplir las faltas”. Sintetiza: “Estamos sufriendo un ataque artero a la universidad pública”.

Susana Dionisio es médica desde hace 49 años. Quince los trabajó en el Clínicas, donde ahora es auditora. “Sentimos un dolor que no se puede narrar. Los pacientes se están quedando sin comida y solidariamente se intenta ayudar entre sindicatos, médicos y administrativos, pero los insumos médicos no los podemos comprar. Ya se está cortando la luz a cierta hora, no se puede creer”. 

Un abrazo contra la motosierra

La potencia de Elsa Carrizo, la potencia de lo colectivo /Fotos: Lina Etchesuri para Lavaca

Elsa Carrizo es delegada general de la comisión interna del Hospital de Clínicas. Tiene puesto un guardapolvo blanco, que lleva el logo de la institución. Se lee: “Fundado en 1881”. Dice: “Trabajamos con obras sociales, pero es impresionante la cantidad de gente sin obra social que viene, alcanza con ver las colas que se forman a la mañana. Ya no tenemos insumos ni para el mantenimiento, ¿con qué vamos a limpiar? Hay un combo de muchísimas necesidades en el hospital”.

“Últimamente no nos estuvieron entregando secadores”, detalla Diego Ruiz, empleado de maestranza. Cobra menos de 150 mil pesos por mes y sólo el monotributo para facturar (no está en planta permanente) le cuesta alrededor de 18 mil. “Estamos en una situación de mierda, personalmente para mí es imposible llegar a fin de mes”.

Un abrazo contra la motosierra

Diego cobra menos de $150 mil por mes. Y no es una joda / Fotos: Lina Etchesuri para Lavaca

Tomás trabaja en el área de personal hace 5 años y es delegado de la comisión interna. “No hay paritarias y los sueldos quedan muy bajos. Tenemos poco más de 300 contratos que salen del bolsillo del hospital y son los que más corren peligro. Estamos hace un par de meses sin aumento y no hay respuesta del gobierno ni comunicación. Estamos estancados, no da para más”.

Carolina Nadal es empleada desde hace 30 años. Hoy es la jefa del departamento de Trabajo Social. “El presupuesto que se está ejecutando es el del año pasado y esto es inviable en términos de sostenimiento, de todo lo que se necesita para que funcione el hospital de manera integral. El gobierno va a tener que responder de una manera diferente a la que está respondiendo ahora. Siento mucha bronca e indignación, pero al mismo tiempo tengo la esperanza de que en las calles, con la resistencia, haya otro desenlace que no sea cerrar las puertas”.

“Cuando la patria está en peligro, todo está permitido, excepto no defenderla”.

José de San Martín.

Clases abiertas, presupuestos cerrados / Fotos: Lina Etchesuri para Lavaca

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Nota

Gabriel García Márquez: periodismo, ambiente, el nudo de la soledad, y las victorias sobre la muerte

Gabriel García Márquez había abierto mis ojos, neuronas y corazón sin proponérselo con sus libros y sus artículos, pero cuando por una carambola yo estaba por cumplir una especie de sueño despabilado, el de poder entrevistarlo ahí, en Cartagena de Indias, hace exactamente 30 años, me dijo: -No estoy aceptando entrevistas, porque debo escribir. Pero además, me duele una muela.

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Una muela, zapatos blancos y un charco. Un edificio llamado Máquina de escribir. Flores amarillas frente al mar, un dibujo de puño y letra. Lo narco las drogas. Su paso por Buenos Aires y la señora que venía de la verdulería. La memoria, lo real, las mujeres, el ambiente, el fin de la humanidad. El Nobel, los diluvios, las pestes, las guerras eternas. Las respuestas de la vida frente a los sordos poderes de la muerte. La cordialidad, la generosidad, el humor. Hace diez años murió Gabriel García Márquez, dicen. Lavaca publicó esta nota -estos recuerdos- aquel día, cuando se conoció la última noticia sobre ese escritor que nunca dejó de sentirse cronista, y decía que el periodismo es el mejor oficio del mundo.

Texto: Sergio Ciancaglini, lavaca.org
El señor Gabriel García Márquez había abierto mis ojos, neuronas y corazón sin proponérselo con sus libros y sus artículos, pero cuando por una carambola yo estaba por cumplir una especie de sueño despabilado, el de poder entrevistarlo ahí, en Cartagena de Indias, hace exactamente 30 años, me dijo:
-No estoy aceptando entrevistas, porque debo escribir. Pero además, me duele una muela.

Yo sabía que García Márquez había rechazado contactos con un enviado de Times, con periodistas de la televisión japonesa, y con suecos indescifrables. Un humilde cronista argentino quedaba naturalmente fuera de juego. Le respondí que lo compadecía, y que frente a un dolor de muelas no había argumento, clemencia, ni ruego que esgrimir de mi parte. Cuando me estaba despidiendo desolado, me detuvo:
-Pero a las 3 de la tarde puede ser. Voy antes al dentista, a ver si lo soluciona.
Esa historia revolotea en mi cabeza desde hoy, cuando estaba con Osvaldo Bayer grabando el programa de radio Decí Mu, y nos interrumpió el teléfono. Osvaldo atendió, dio media vuelta, anunció: “Murió García Márquez”, y me dejó alborotados los ojos, las neuronas y el corazón.
Revolotea la historia porque aquella tarde me encontré con un escritor que cambió la historia de la literatura, que había ganado el Nobel, pero que fue capaz de decirme: “Todo eso está muy bien, pero yo me siento periodista”. Quisiera contar lo que aún no he olvidado de aquel encuentro para mí inolvidable.
García Márquez volvió efectivamente a las 3 de la tarde, bajó de su Mercedes, y miró preocupado el charco oceánico que un aguacero de Cartagena de Indias, Colombia, le había instalado en la playa de estacionamiento. Llevaba zapatos blancos, pantalones blancos y guayabera blanca, como cantante de sábado televisivo. Cruzó el charco apoyándose en los tacos. Al llegar a la otra orilla nos dijo “pasen por favor” a mí y al fotógrafo, enviados por una de las autodenominadas “revistas de actualidad” a cubrir las noticias sobre un asunto entonces llamativo, letal para los colombianos e incomprensible para nosotros: el narcotráfico.
No existían los celulares ni Internet, o sea que todo esto se ubica en la prehistoria de 1984, con la carambola de estar en el charco correcto, y de que un dentista providencial había rescatado del dolor a su paciente. García Márquez nos hizo subir. El edificio tenía balcones escalonados hacia la playa: lo llamaban Máquina de escribir. El departamento tenía dos ambientes, con vista al mar, una verdadera máquina de escribir (¿Olivetti, Remington, dónde estará la revista donde publiqué la nota?). El escritorio miraba al mar. Y había flores amarillas que siempre conviene tener a mano, explicó, para ahuyentar a la mala suerte.
Me planteó que no aceptaba hablar si lo grababa o si tomaba notas. Me dijo algo más o menos así: “No me gustan los grabadores, prefiero que conversemos con libertad, y que todo dependa de tu atención. Luego tú escribirás lo que te parezca, y eso es un beneficio para mí: los periodistas me mejoran. La memoria mejora a la realidad”.

Gabo en Argentina
La publicación original de Cien años de soledad ocurrió en Argentina gracias a una editorial llamada Sudamericana, que ya no existe. Fue en mayo de 1967, plena dictadura de Juan Carlos Onganía, y el lanzamiento fue acompañado por una entrevista realizada por Ernesto Schóo, editada por Tomás Eloy Martínez y publicada en tapa por la revista Primera Plana que dirigía Jacobo Timerman.
García Márquez me contó que el éxito del libro fue inmediato. “Ahí, en Buenos Aires, empezó todo”, me dijo. Sudamericana había dispuesto editar 5.000 ejemplares, lo que para Gabo era un despropósito y el augurio de un fracaso para el libro de un desconocido escritor colombiano. Pero esa primera edición se vendió en 15 días, y la segunda fue de 10.000 ejemplares. En junio Gabo llegó a Buenos Aires. Me contó que viajó con Mercedes Barcha, su esposa: “Estábamos en un café y vimos pasar a una mujer que llevaba la bolsa de sus compras, con lechugas y tomates y Cien años de soledad”. La pareja fue al Instituto Di Tella a ver una obra de Griselda Gambaro, y el público los ovacionó de pie. Mientras él me lo contaba, todavía asombrado, yo recordaba que eran tiempos de The Beatles, revolución cubana, hippies, peronismo clandestino, rebeliones nacientes y todos los embriones de cambio, desventuras y utopías que se desplegarían en los años siguientes.
Cien años de soledad fue el libro de la época, y de varias generaciones. Tengo las dos ediciones que mis padres compraron para poder leerlo en simultáneo. Macondo era una patria. Entre la feria y la intelectualidad, miles de libros seguían vendiéndose y además se exportaban. El éxito se contagió en Europa, esto avivó el interés por otros autores (Juan Rulfo, Mario Vargas Llosa) y estalló el llamado boom de la literatura latinoamericana. “Buenos Aires fue generosa conmigo. Nunca volví. No sé por qué. Tal vez por una superstición: a un lugar donde todo fue tan perfecto, quizás convenga no volver” me dijo, o creo que me dijo, mirando el Caribe.

Periodismo, droga y entusiasmo
Aquel día de 1984 García Márquez me contó una novela que estaba intentando escribir. No tenía título. Al año siguiente la reconocí ya publicada: me había anticipado El amor en los tiempos del cólera. Pero me dijo que pese a todo se seguía sintiendo fundamentalmente un periodista. “Escribo literatura como periodismo, con método. Todos los días intento tener dos páginas listas” me dijo sobre algo que hoy habría que traducir a unos 5.000 caracteres. “Tienen que estar impecables, sin tachaduras. Y tengo un truco: siempre dejo escrito el comienzo de lo que pienso escribir al día siguiente, para que me resulte más fácil comenzar”. Pero varias veces explicó esa idea de no diferenciar ambos oficios. “La crónica es como un cuento o una novela sobre algo real”. Algo más: “Tanto en la literatura como en el periodismo hay que ganarse al lector, capturarle el interés para que se quede leyendo”.
Planteó una teoría sobre las redacciones de periódicos y revistas: para él están puestas de cabeza, invertidas. El staff de las publicaciones ubica en el rol principal a directores y jefes que engordan junto a un escritorio y editorialistas que monologan desde su propia jaula.
“Pero ese esquema debería ser exactamente a la inversa. Los cronistas son quienes cumplen la labor principal porque son los que están afuera, donde las cosas ocurren”. En vista del contexto colombiano le pregunté si alguna vez se había drogado para escribir y me contestó: “No me hace falta. Yo nací drogado”.
Un detalle: fue la única vez en mi vida que pedí un autógrafo. En Cartagena sólo conseguí un ejemplar de El coronel no tiene quien le escriba. Le expliqué que no era para mí sino para mi novia. “¿Se llama la señorita?” Se lo dije. Dibujó un tallo, cinco pétalos, y escribió: “Para Claudia, con una flor. Gabo 84”.

Gabriel García Márquez: periodismo, ambiente, el nudo de la soledad, y las victorias sobre la muerte

Aquel día, además, me regaló los seis tomos de su obra periodística, publicados por la editorial Oveja Negra. Y organizó todo para que, una vez en Bogotá, un auto con su chofer fuera a buscarnos al hotel para llevarnos al aeropuerto. “Así van más tranquilos” dijo, y nunca supe si se le había cruzado alguna sombra para disponer ese viaje. Nunca pude evitar recordarlo como una persona amable, entusiasta, alegre, generosa.
Con el tiempo entendí que esa cordialidad, ese entusiasmo, ese interés por el otro, era un modo ético y hasta político de pararse frente a la vida.

Ideas
En sus obras periodísticas pude leer las primeras crónicas que publicó en El Universal, de mayo de 1948, cuando era un chiquilín de 21 años. La primera celebra que se suspendió el toque de queda militar, al que define como símbolo de una decadencia. “Con este mundo materializado donde los peces de colores tienen que abrirle agua a los submarinos, con esta civilización de pólvora y clarines, ¿cómo se nos puede pedir que seamos hombres de buena voluntad?” y plantea que quizás ahora la gente pueda ir a dormir mansamente “antes de que los relojes doblen la esquina de la medianoche”. Luego escribe sobre indios, negras, retratos de la ciudad y de la época. Escribió sobre cine, sobre deportes, sobre todo. La pasión por conocer y por contar lo que el mundo estaba desplegando ante sus ojos.
A fines de los 50 García Márquez participó en Cuba con los argentinos Jorge Massetti, Rodolfo Walsh y Rogelio García Lupo en los primeros pasos de Prensa Latina, idea que puso en marcha Ernesto Guevara, hasta que el lado soviético de la vida isleña desplazó a este elenco por otro más dócil.
García Márquez nunca perdió la afinidad con el propio Fidel Castro. El director argentino Eduardo Mignogna contaba que cierta vez, invitado a La Habana, estaba comiendo con García Márquez cuando el propio Fidel cayó de improviso y comenzó a hablar con sabiduría de crítico sobre la historia del cine argentino, mientras Gabo se quedaba irremediablemente dormido en un rincón. Pero más allá del sueño o de los discursos de Fidel, García Márquez se plantó en defensa de Cuba como una cuestión cultural y estratégica frente a los Estados Unidos y la densa idea de controlar vida y obra del resto del continente.

Las ventajas de la vida
Cuando me contó la noticia, le pregunté al propio Osvaldo Bayer sobre Gabo: “Tenía mi edad, pero yo aprendí de él. Es el mejor escritor que ha tenido Latinoamérica. Aprendí con él a amar la literatura, ver las cosas que se pueden hacer y crear. Para mí fue un hombre que luchó por la libertad, o sea un libertario, y cumplió la misión que tiene un intelectual: escribir para todos, para mejorar la sociedad, y para seguir soñando”.
De todas las ideas y escritos de Gabo, frecuentemente abominados por las academias, no resulta demasiado conocida su exposición al recibir el Nobel de Literatura en 1982, llamado La soledad de América Latina, que resulta un manifiesto por la descolonialidad, para usar términos actuales. “La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia” dijo ante la academia sueca. Repasa los golpes de Estado, crímenes y matanzas ocurridos en el continente. “Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad”.
Al recibir el Nobel de Literatura, García Márquez hacía periodismo sobre la realidad del continente, incluyendo la situación argentina: “Ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto, 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi 120 mil, que es como si hoy no se supiera donde están todos los habitantes de la cuidad de Upsala. Numerosas mujeres encintas fueron arrestadas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aun se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 muertes violentas en cuatro años”.
Otro concepto: “La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios”.
Y otro: “Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte”.
Se preguntó por qué le habrían dado a él semejante distinción, y postuló que se trató de un homenaje a la poesía: “En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte”.

Mujeres, aborto y ambiente
Cuando le preguntaron sobre las prioridades de la humanidad para las próximas décadas, propuso que las mujeres asuman el manejo del mundo. “Alguien dijo: ‘si los hombres pudieran embarazarse, el aborto sería casi un sacramento’. Ese aforismo genial revela toda una moral, y es esa moral lo que tenemos que invertir. Sería, por primera vez en la historia, una mutación esencial del género humano, que haga prevalecer el sentido común –que los hombres hemos menospreciado y ridiculizado con el nombre de intuición femenina- sobre la razón –que es el comodín con que los hombres hemos legitimado nuestras ideologías, casi todas absurdas o abominables”.
Y luego plantea: “La humanidad está condenada a desaparecer en el siglo XXI por la degradación del medio ambiente. El poder masculino ha demostrado que no podrá impedirlo por su incapacidad de sobreponerse a sus intereses. Para la mujer, en cambio, la preservación del medio ambiente es una vocación genética. Es apenas un ejemplo. Pero aunque sólo fuera por eso la inversión de poderes es de vida o muerte”.
Son solo ideas sueltas para pensar, discutir, y leer, ahora que el reloj dobló no sé qué esquina, tras la malparida noticia sobre la muerte de Gabriel José de la Concordia García Márquez, hace unas cuantas horas de soledad.  

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