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El Titanic, la salud, y otras reflexiones pandémicas

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“El mundo que se paralizó ante la presencia de un microorganismo con especial predilección por las vías respiratorias, que se aprovecha de quienes tienen sus sistemas inmunológicos comprometidos, es el mismo mundo que sigue sin reconocer que quizás el mayor impacto negativo en la salud de las víctimas directas de este virus sean las condiciones de vida que precedieron la aparición del COVID-19” explica el médico Damián Verzeñassi en estas reflexiones enviadas a lavaca.org.

Plantea en ellas una analogía con la situación del Titanic, donde estar en el mismo barco no significaba acceder a los mismos recursos. Señala una serie de condicionantes para comprender la situación actual: la influencia del extractivismo, la contaminación y la destrucción de la naturaleza sobre los procesos de salud individuales y colectivos. La falta de alimentación adecuada. Los transgénicos, la industria de alimentos ultraprocesados y plagados de químicos. Las carnes de animales criados en condiciones de hacinamiento con antibióticos y ansiolíticos. La contaminación del aire, las aglomeraciones urbanas y las poblaciones con sus sistemas inmunológicos deprimidos. Ideas y preguntas para repensar el sistema de alimentación, el sistema de salud y nuevas lógicas de producción económicamente sustentables.

Verzeñassi es profesor titular de Salud Pública y Director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario. Dirige además la carrera de Medicina en la Universidad del Chacho Austral, y fue el inspirador de los Campamentos Sanitarios que relevaron (y revelaron) la situación de salud en más de 30 comunidades argentinas. El texto completo de sus “Reflexiones pandémicas”.

Por Damián Verzeñassi

Analizar el metabolismo sociedad-naturaleza es clave para poder comprender la génesis antrópica de la proliferación de mutaciones microbiológicas que ponen en alerta a la población humana.

El mundo microbiano se reorganiza permanentemente para resistir y sobrevivir a las drásticas transformaciones que los modelos de producción y reproducción socio-económica dominantes en las sociedades humanas, imponen a los territorios.

La crisis pandémica actual, también permite evidenciar la determinación de los modelos de producción extractivista sobre los procesos salud-enfermedad de los sujetos tanto en la dimensión individual como en la colectiva.

El extractivismo, en todas sus facetas, conlleva a la explotación extensiva de los territorios, con la consecuente contaminación del agua, aire y suelo. Agrotóxicos, microplásticos, metales pesados, gases tóxicos, deforestación y corrimiento de la frontera agrícola, explotación animal (que constituye el caldo de cultivo ideal para la génesis de este tipo de mutaciones virales, como ya quedó demostrado con la gripe aviar, la gripe porcina y el SARS), son evidencias incontrastables de la alteración que hemos generado a los procesos metabólicos del planeta, a partir de la instalación y globalización de los modos de producción extractivistas.

Todo ello conlleva un deterioro progresivo en la salud de las comunidades y reduce la capacidad de respuesta inmunológica humana ante diferentes agresiones, tanto a nivel individual como colectivo.

Hemos construido sociedades que no son capaces de garantizar una alimentación adecuada para sus pueblos, y con ello pierden el primer y esencial elemento sustancial para el cuidado de su salud y la recuperación de la misma ante diferentes injurias.

Los modos de comer han cambiado drásticamente en los últimos 40 años en nuestras sociedades, de la mano de la creciente migración hacia los conurbanos, así como de la disminución de las granjas y áreas de producción de alimentos, cuyos territorios fueron ocupados por plantaciones de transgénicos adictos a venenos que para sostenerse contaminan y dañan a quienes viven en sus cercanías (y no tan cerca).

Productos ultraprocesados, en los que abundan colorantes, conservantes, aromatizantes, y otras sustancias cuyas siglas no nos permiten ni siquiera adivinar su origen, han ocupado el lugar de los alimentos tradicionales que se servían en las mesas de los hogares de hace 40 años atrás.

Los animales, cuyos derivados terminan en nuestros organismos, son engordados a base de transgénicos, ansiolíticos, antibióticos, en condiciones de hacinamiento propios de campos de concentración, obligados a comer sin descanso. ¿Qué es entonces lo que comemos y cuanto de eso puede realmente acompañar a nuestro organismo para nutrirse y desarrollar un sistema inmunológico adecuado?

El mundo que se paralizó ante la presencia de un microorganismo con especial predilección por las vías respiratorias, que se aprovecha de quienes tienen sus sistemas inmunológicos comprometidos, es el mismo mundo que sigue sin reconocer que quizás el mayor impacto negativo en la salud de las víctimas directas de este virus sean las condiciones de vida que precedieron la aparición del COVID-19.

Según la propia OMS, ya en 2012 la contaminación atmosférica fue responsable de la muerte de 7 Millones de personas a nivel planetario. [1]

El asbesto, contaminante pandémico si los hay, tiene un amplio prontuario de daños en la salud, fundamentalmente a partir del daño de las vías respiratorias, con un historial judicial en varios países, fundamentalmente Italia, donde pueblos enteros fueron contaminados por este material a partir de su extracción para la fabricación de tanques, chapas y otros elementos con fibrocemento y terminaron ante los tribunales exigiendo se les indemnice por el daño generado.

Quienes vivimos en Rosario, además de la contaminación del aire urbano por las emanaciones de gases de vehículos, estamos expuestos a los gases que llegan con el humo del cordón industrial, al que estacionalmente se le suma el humo de los incendios intencionales en las islas frente a la ciudad, resultado del uso de ese humedal como espacio para la cría de ganado (que ha sido expulsado de los campos por los transgénicos adictos a venenos.

¿Cuánto facilitará el daño que el covid-19 pueda hacer en los rosarinos, el humo que respiramos hasta el 7 de marzo, producto de la quema intencional de las islas entrerrianas, que los gobiernos locales y regionales fueron incapaces de evitar o sancionar?

Si el 92% de las personas que viven en ciudades no respiran aire limpio, y por lo tanto con el acto más primitivo de la existencia, el respirar, incrementan su riesgo a padecer patologías que ponen en riesgo sus salud y su vida, ¿no será que nuestros modos de vida son claves para incrementar el daño que pueda generar un virus respiratorio?

El Titanic, la salud, y otras reflexiones pandémicas

Las ciudades (donde vive hoy más del 50% de la población del mundo), se han transformado en aglomeraciones de personas en edificaciones para nada saludables. El sol es prácticamente un privilegio, y el hacinamiento es una constante de la mano de la desaparición de los espacios públicos a manos de la especulación inmobiliaria. ¿Cómo dejar que entre el sol en nuestras casas, tal como recomiendan los expertos en tiempos de virus respiratorios, en ciudades donde los edificios de altura han ocupado cada centímetro de terreno urbano?

El volumen y la característica de la basura que generan nuestros modos de consumo, supera la capacidad del planeta para metabolizarlo y en muchos casos es un proceso imposible.

Aire contaminado, comida que engorda pero no siempre es alimento, viviendas que parecen más cajas de zapatos que hogares, sistemas inmunológicos deprimidos, son sin dudas un combo ideal para cualquier patógeno que circule entre nosotros.

Ante la preocupación que manifiestan nuestros Gobiernos por el COVID-19, los medios de comunicación masiva llenan sus espacios con cifras de testeados, infectados, recuperados y muertos, pantallas en rojo con cortinas sonoras que alarman… una sociedad confinada y literalmente aislada en sus propios domicilios, no tiene tiempo (paradójicamente) para pensar que significan en términos de salud los más de 7862 casos de dengue que ya se confirmaron en Argentina desde el 1 de enero hasta el 25 de marzo, los 12 feminicidios en los primeros 14 días de cuarentena, los muertos por desnutrición en las comunidades de pueblos originarios, la terrible fragmentación del sistema de atención de enfermedades que tiene nuestro país, qué significa la extraordinaria bajante actual del rio Paraná, porqué en lo que va de este siglo ya hemos asistido a la aparición de, al menos, cuatro mutaciones virales 2 de las cuales provocaron pandemias, o que estará ocurriendo con nuestros sistemas inmunológicos cada vez menos capaces de defendernos, por enumerar algunos temas que coexisten con la crisis pandémica y son elementos coexistentes en la situación sanitaria que vivimos.

El Principio Precautorio es desempolvado de los textos jurídicos para justificar políticas de Aislamiento Obligatorio contra un virus, en el mismo decreto que se habilita a los fumigadores, a la minería a cielo abierto, a las curtiembres, a las madereras, a seguir contaminando y destruyendo nuestros territorios. Contradicciones de difícil explicación, que desnudan con claridad la ausencia de análisis más allá de las “curvas epidemiológicas” que adolecen de lecturas críticas y miradas más allá de los números de “casos”.

Evidencia dolorosa de cuán lejos estamos de aprovechar la crisis generada por este nuevo virus para repensar los modos de organización, producción y reproducción de nuestras sociedades.

Quienes entendemos a la Salud como el derecho a luchar por una vida digna, así como una condición esencial para la libertad (individual y colectiva), vemos con preocupación la exacerbación de rasgos autoritarios, intolerantes y discriminatorios que florecieron al calor de esta crisis pandémica que, usando un virus como vector, contagia miedo, desconfianza y desazón en una sociedad en la que ya sobresalía como rasgo el culto a la meritocracia, al individualismo, al sálvese quien pueda.

En este contexto, cabe la pregunta: ¿quijén fue responsable de la tragedia del Titanic? ¿El iceberg que se puso en su camino, el vigía que no avisó a tiempo, el capitán que sobreestimó sus capacidades, la banda que no paró de tocar dando la falsa idea de que no pasaba nada, el fabricante que puso botes salvavidas solo para los camarotes caros, el que sobrevendió los pasajes?

Si fuese cierto que estamos atravesando una tormenta todos en el mismo barco, no deberíamos olvidar que en él hay varios pisos, y en los más profundos viajan los que tienen menos posibilidades de llegar a los botes salvavidas, por sus condiciones objetivas y en algunos casos, porque puede haber quien piense en poner cadenas a las puertas, impidiéndoles salir a cubierta y generando así la falsa sensación de que “hay botes para todos” entre los que viajan en los pisos más altos.

Ante la actual situación entendemos que, más allá de la necesidad de atender la urgencia que emerge por la aparición del COVID-19, urge avanzar en la generación y fortalecimiento de vínculos solidarios que nos permitan visualizar colectivamente estrategias de superación de esta crisis, que va más allá de una cuestión microbiológica.

Debemos estimular y recuperar un sistema inmunológico a nivel colectivo, que nos ayude a resolver los problemas estructurales que hacen a nuestros territorios (y a nuestros cuerpos), vulnerables a diversas enfermedades.

Recuperar inmunológicamente a nuestras sociedades implica reconstruir lazos y redes solidarias, de cooperación y ayuda mutua, que respeten y se nutran de las diversidades para hacer más resistentes las tramas.

¿Y si pensamos nuevos escenarios de producción y distribución de alimentos (comida sana, sin venenos, ni transgénicos) dignificando a quien los genera y garantizando el acceso a toda la comunidad, desde los principios del comercio justo y la soberanía alimentaria?

¿Qué pasaría si en lugar de salidas a partir de aislarnos, optamos por generar redes que nos encuentren desde el cuidado solidario, con lógicas de acompañamientos y recuperación de saberes y haceres colectivos?

¿Nos animaremos a construir un sistema de atención de la salud, alrededor de la ética del cuidado, desde la integralidad, con trabajadores bien remunerados y comprometidos con la defensa del derecho a la vida digna, sin hegemonías, desde la horizontalidad, que entienda la integralidad de la vida y por tanto la Salud de la Madre Tierra como una Sola Salud?

¿Aceptaremos replantear las estructuras curriculares e institucionales de nuestras universidades y carreras de la salud, para redimensionar el peso de lo socioambiental, de la epidemiología, de la salud pública y colectiva, del pensamiento crítico en la formación de profesionales?

¿Seremos capaces de asumir el desafío de una construcción colectiva de nuevas lógicas de producción y reproducción, económicamente sustentables, biológicamente estables, políticamente horizontales, socialmente integradoras de la diversidad, en comunión con el territorio y la salud de la Madre Tierra?

En la búsqueda colectiva de respuestas, nacerán nuevas preguntas que nos animen a seguir caminando, tratando de hacer de éste un mundo más saludable…

El Titanic, la salud, y otras reflexiones pandémicas

[1] https://www.who.int/mediacentre/news/releases/2014/air-pollution/es/

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Telam no se cierra: La crueldad es noticia

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Los 700 empleados y empleadas de la agencia pública nacional de noticias Telam recibieron una comunicación para no presentarse a trabajar durante siete días. A la vez, la sede principal fue vallada durante la madrugada de hoy. Los movimientos ocurren luego de que el Presidente Javier Milei anunciara en la apertura de la asamblea legislativa las intenciones gubernamentales de cerrar Telam, mientras los gremios de prensa advirtieron que la decisión “no sólo sería ilegal sino también ilegítima”. Hoy, cientos de personas se acercaron a la sede de Bolívar para expresar su repudio a la medida; estuvieron presentes figuras de peso del sindicalismo como Pablo Moyano y Hugo Yasky, a quienes se les pidió “paro general”. Los testimonios de trabajadores de la agencia en primera persona, la incertidumbre, el alcance de la medida, y la lucha –que se retoma– por mantener de pie a una agencia con 78 años de vida.

Texto: Lucas Pedulla. Fotos: Lina Etchesuri

Había pasado apenas una hora desde que Julieta Colomer, redactora de Política de la agencia Telam, sopló las velitas por su cumpleaños, cuando le llegó un correo a su casilla de mail. No era un efusivo saludo de un ser querido, sino un mail institucional con un título raro, “Dispensa laboral Telam S.E.”, que decía: “Por medio de la presente se notifica que todo el personal de Telam S.E. se encuentra dispensado de prestar su débito laboral por el plazo de siete (7) días con goce de haberes a partir de las 23:59 del Domingo 3 de marzo del corriente”.

La escueta comunicación estaba firmada por el interventor de Télam, Diego Chaher, que a través del DNU 111/24 quedó a cargo de la agencia creada en 1945, además de educ.ar, Radio y Televisión Argentina (TV Pública y Radio Nacional) y Contenidos Públicos (Canal Encuentro, Pakapaka, DeporTV y la plataforma Contar). Como cruel regalo, Julieta recibió la misma información que le estaba llegando a sus más de 700 compañeros y compañeras en todo el país: el vallado de la redacción y la deshabilitación de su página web, que ahora mismo está recibiendo a sus miles de vistas con un mensaje de “Página en reconstrucción”.

A las 12:30 del lunes 4 de marzo Julieta llegó al abrazo convocado a las oficinas de Télam en Bolivar 531, en la Ciudad de Buenos Aires. 

Su cumpleaños número 50 comenzó con un canto: “Telam no se cierra”.

La angustia y las luchas

Los crueles anuncios llegaron dos días después del anuncio de cierre que el presidente Javier Milei realizó en la apertura de Sesiones Ordinarias del Congreso nacional, el viernes por la noche. Tanto la comisión interna de Telam, como la Federación de Trabajadores de Prensa de la República Argentina (FATPREN) y el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA), se habían declarado en alerta y emitieron un comunicado que decía que el cierre de la agencia “no sólo sería ilegal sino también ilegítimo”, y que además “se trataría de un ataque a todo el sistema de medios, público y privado, al pluralismo y al federalismo”.

En la madrugada del lunes empezaron a llegar los mails y también los videos de la policía vallando las oficinas. “Denunciamos que la policía está vallando Telam, es un atropello a la democracia y a la libertad de expresión”, difundieron delegados y delegadas por redes sociales. Mientras la convocatoria al abrazo crecía, el vocero presidencial, Javier Adorni, dijo en conferencia de prensa que “esta semana se va a conocer el plan que está diseñando el gobierno para el cierre de Télam y el destino de cada uno de los empleados”.

A las 12:30, hora del abrazo, Bolívar al 500 ya estaba llena. Había referentes sindicales, diputados nacionales, legisladores porteños y el acompañamiento de trabajadoras y trabajadores de prensa de diversos medios públicos, privados y autogestivos. La secretaria general de FATPREN y trabajadora de Telam, Carla Gaudensi, dijo que uno de los secretarios generales de la CGT, Pablo Moyano, había manifestado su apoyo y que iba a llevar a la reunión de la mayor confederación obrera argentina el pedido de un nuevo paro general. “Hay 700 familias que están sufriendo muchísima angustia, sin poder trabajar, por esta situación violenta, inédita en democracia, de silenciar un medio de comunicación que amanece vallado –dice Gaudensi–. No lo vamos a permitir. Esta agencia tiene más de 78 años de pie y va a seguir de pie. Les queremos decir que, aunque quieran seguir montando un show, acá no hay ningún show: hay trabajadoras y trabajadores que defienden la soberanía informativa, su fuente de trabajo y esta agencia pública de noticias”. 

Telam no se cierra: La crueldad es noticia

Las reminiscencias más directas del conflicto con Telam se remontan a 2018 cuando Hernán Lombardi, entonces secretario de Medios del gobierno de Mauricio Macri, encabezó un plan de despidos de 357 trabajadorxs de la agencia, revertido gracias a la lucha y la acción gremial, tanto en la calle como en la justicia laboral. A lo largo de su historia, la agencia creada en 1945 sufrió otros intentos de vaciamiento, intervención o privatización, y sus trabajadorxs ya evitaron su cierre en tiempos de Carlos Menem en los noventa y de Fernando de la Rúa, a comienzos de los 2000. 

Hoy arranca otro proceso.

Yasky: “Esto huele a revancha”

La Ley Ómnibus incluía a Telam entre las empresas a privatizar. Con su caída, la lupa está puesta en el DNU 70/2023 que, dentro de su extenso articulado, derogó la Ley 20.705, cuyo artículo 5 establecía que “sólo mediante autorización legislativa podrá el Poder Ejecutivo resolver la liquidación de una empresa del Estado”. 

Sabino Cabrera tiene 31 años, trabaja en el archivo fotográfico y es delegado. “Nos estamos manifestando pacíficamente en una de las tres sedes de la agencia en CABA, y tan solo una de las 12 que ayer a la medianoche la policía valló impidiendo el acceso a trabajadores y trabajadoras –dice a lavaca–. Es una actividad pacífica de rechazo al anuncio de cierre que hizo Milei en la asamblea legislativa, y no sólo por la defensa de los puestos de trabajo de las 700 familias sino también del rol de la agencia en la generación de contenido periodístico y en el acceso al derecho a la información a la ciudadanía”.

¿Tuvieron alguna comunicación oficial además de los correos recibidos?

–No, no hubo respuesta. No sabemos cómo van a continuar. Especulamos que van a tomar alguna otra medida, pero no tenemos ninguna confirmación de por qué se tomó esta decisión ni cómo va a seguir.

¿Cómo continuarán ustedes?

–Vamos a seguir con medidas judiciales que decida el equipo de abogados del sindicato. Seguimos con la demanda en curso, además, en contra del decreto 70/2023, ya que lo consideramos inconstitucional por modificar la característica de las empresas del Estado, entre las que estaba Telam, y que quita el carácter de discutir de forma parlamentaria la decisión de cómo gestionar las empresas del Estado. Vamos a defender a la agencia. 

En la calle, dos de los dirigentes gremiales que se acercaron a acompañar y hablaron fueron el diputado nacional de Unión por la Patria y secretario general de la CTA-T, Hugo Yasky, y el secretario adjunto de la CTA-A, Ricardo Peydró. 

Dijo Yasky: “Lo primero que hay que decir es que Telam intentó ser cerrada con Macri y, con la lucha, se logró revertir la situación. Esto huele a revancha y a querer barrer con la libertad de expresión. Es eliminar la única agencia que siempre cubrió los reclamos de los trabajadores. Pero acá venimos a decir algo muy concreto: nos comprometemos a bancar la lucha de Telam y es necesario que todas las centrales sindicales definamos la acción gremial que ponga freno a este ajuste”. Al terminar le siguió un canto: “Paro general”.

Dijo Peydro: “Esta es una ofensiva de este gobierno que se dice ultraliberal y grita por la libertad, pero es nazifascista en lo político. No podíamos esperar otra cosa que atacar a esta agencia. Nos quieren callar, pero con el compromiso de todas las centrales Telam no se va a cerrar”.

Al cierre habló el secretario general del SiPreBA, Agustín Lecchi, quien destacó: “El movimiento obrero organizado es el que viene poniendo freno al DNU, a la Ley Ómnibus y también es el que le va a poner freno al cierre de la agencia Telam”.

Lecchi anunció que las trabajadoras y los trabajadores se reunirán en asamblea para discutir las próximas acciones, entre ellas la instalación de un acampe.

El conflicto acaba de empezar. 

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Molinetazo

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Estación Once durante la tarde, antes del discurso de Javier Milei de apertura del año legislativo. Las voces, los saltos, los cantos, la policía, lo que no se ve y lo que sí.   

Texto Claudia Acuña

De a quince, de a veinte, de a tres, y en ese modo inquietante de los Pájaros de Hitchcok, el hall de la estación de Once se fue poblando de jóvenes muy jóvenes y veteranos muy veteranos hasta colmar el pasillo central. Allí, con la mirada clavada en el acceso a los andenes, cantando y bailando, esperaron.

Los muy jóvenes tenían ojos de colores hechos de cartón pintado con ingenioso arte y los muy veteranos, banderas escritas con pincel. Unas voces reclamaban boleto estudiantil; otras la propiedad social de los medios de transporte. Todas festejaban la performance de la Universidad de las Artes, usina de los ojitos de cartón que se reparten mientras bailan:

“Veo, veo

Qué ves

Un pueblo

Que sí la ve”.

Molinetazo

Foto: Marita Costa

Mientras una radio entrevista al Pollo Sobrero –referente de la lista bordo de trabajadores ferroviarios– otros micrófonos y cámaras registran a otros dirigentes: Daniel Solano. Nicolás del Caño, Celeste Fierro, Vanina Biassi, todos del Frente de Izquierda, cuya presencia monopólica es mérito de las ausencias. En tanto, Jubilados Insurgentes sostienen con firmeza una enorme bandera que cruza el hall central de la estación, y que despierta el aplauso de militantes y viajantes.

Molinetazo

Foto: Lina Etchesuri para lavaca

Lo importante, sin embargo, estaba en otro lado y era otra cosa.

Poca policía uniformada, mucha de civil, disfrazada con éxito diverso, más las fuerzas habituales encargadas del control de los pasajes, reforzada: ese era el grupo encargado de custodiar que no suceda lo que finalmente pasó.

Molinetazo

Foto: Lina Etchesuri para lavaca

En Once fue a las 17.45.

Los minutos previos no tuvieron calma, sino miedo. Se lo veía hasta en los rincones y se lo olía en todas las caras.

Hasta que terminó.

La revolución medía un metro y medio, era binarie y llegó desde los bordes.

Saltó como lo que es: una bengala.

Sonrió como lo que es: un pichón del conurbano.

Finalmente, se presentó con las astillas del naufragio: con la e, con la educación pública, con el arte.

Molinetazo

Foto: Marita Costa

“Soy elle, estudio en la escuela N° 22 de Morón, me interesa la música”.

No fue la primera persona en saltar el molinete, porque justamente de eso se trató este salto: de lo colectivo, que da alas.

Lo que sucedió luego fue rápido: los molinetes se levantaron, los muy jóvenes y los muy veteranos festejaron, y en ruidosa columna atravesaron la ciudad sin policías, sin protocolo y sin miedo.

Son 10 cuadras hasta la frontera con la irrealidad que es el Congreso: 5.000 policías (un Boca –River concentra poco más de 1.200, así que calculen la fragilidad que demuestra con tal operativo este presidente), desfile militar sin público porque la militarización de la zona impide el paso de personas, valla que tienen colgadas banderas que proclaman “Milei Presidente” (¿sobras de la campaña electoral?) y un pasillo por el que pasarán solamente los simpatizantes contratados.

Una dirigente de izquierda me explicará que el ministro de Seguridad porteño está a cargo de Once y que el Congreso, de la ministra de Nación. Encuentra en esta interna la lógica de esta ilógica situación.

Quizá se trata simplemente de la habilidad del círculo presidencial para trazar con ese cuadrado un escenario de comunicación, mientras en el resto de la realidad sucede otra cosa.

Quizá.

Faltan aún tres horas para el show presidencial y muchas más para saber su efecto, así que el piquete que diseñó la ministra Bullrich para aislar ese cuadrado de ciudad está aún despoblado, fantasmal, incierto.

Molinetazo

Foto: Lina Etchesuri para lavaca

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165 despidos en la Agencia Nacional de Discapacidad: “No tienen corazón”

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165 trabajadores y trabajadoras de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) fueron despedidos ayer sin ningún tipo de explicación. Muchas de ellas son personas con discapacidad. Ocurre luego de que el propio Presidente se burlara a través de retuits de las personas con síndrome de down. Este jueves desde las 12 hs. hubo una movilización en la sede del barrio de Núñez para visibilizar el tema y pedir la reincorporación. Compartimos los testimonios de dos de las trabajadoras despedidas, una de ellas ciega y otra con un bebé y en tratamiento psiquiátrico.

Fotos y testimonios: Juan Valeiro

Más de 165 personas que trabajaban en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) fueron despedidas ayer mediante el sistema de administración estatal GDE. 16 de ellas son personas con discapacidad, algunas cuentan con más de 20 años de antigüedad, entre las despedidas hay mujeres embarazadas, y también fueron echados delegados sindicales. Por eso hoy cientos de personas se acercaron a la sede que el organismo tiene en Núñez, y la decoraron con una bandera grande que simboliza el comienzo de una lucha: “No al Ajuste en Discapacidad”.

Convocados por los gremios ATE y UPCN, trabajadorxs, familiares y personas con distintos tipos de discapacidades que habitan el espacio semana a semana realizaron una breve caminata por el interior del predio donde acuden para realizar distintos tratamientos rehabilitatorios.

La marcha culminó frente al edificio principal donde se le otorgó la palabra a docentes, acompañantes y distintas personas con discapacidad que se vieron afectadas por los despidos y otras que resaltaron la importancia de este espacio. El acto culminó cuando se leyó el comunicado que UPCN le envió a Diego Spagnuolo, director de la Agencia Nacional de Discapacidad, quien hoy se ausentó a su trabajo.

Guadalupe Bargiela, 22 años, estudia Derecho, es no vidente y desde hace 4 años que trabajaba en la Agencia. Fue despedida ayer, notificada por GDE a las 16 horas, aunque ya sabía que estaba “en una lista negra”. Cuenta: “Me enteré de mi despido porque me llamó mi jefe para avisarme que estaba en una lista negra, y después me notificaron por GDE vía administrativa. Lo cual me parece excelente porque es lo que estaba esperando: una notificación formal. Pero nunca me avisó una persona de Recursos Humanos, sabiendo que tienen mis contactos para hacerlo”.

165 despidos en la Agencia Nacional de Discapacidad: “No tienen corazón”
Fotos: Juan Valeiro

Guadalupe empezó trabajando en el Programa de Juventudes de la Agencia y luego comenzó a hacer trabajo administrativo, “respondiendo mails a personas con discapacidad, sobre todo en pensiones”. Cumplía tareas todos los días.

¿Por qué la despidieron? No hay un argumento. Yo cobré enero, pero a fines de febrero me dijeron que no había presupuesto. Digo, entonces, que el argumento es que somos personas con discapacidad, que el Presidente piensa que somos inútiles, que el Presidente pone la cara de un gobernador con rasgos de una persona con Síndrome de Down como un insulto. Es una expresión clara de disca-odio, de disforia hacia el colectivo de personas con discapacidad. Quieren cerrar el INADI que defendió en su mayoría a personas con discapacidad, quieren vaciar la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), pensando y argumentado que las personas con discapacidad no servimos. Las personas con discapacidad venimos de un modelo donde éramos personas a curar o a matar. Y quieren volver a ese modelo. No solamente Milei y sus políticas están avasallando los derechos de todo el pueblo sino también de las personas con discapacidad que somos parte del pueblo. Que somos migrantes, somos LGBT, además de personas disca somos laburantes. Yo soy de Moreno, conurbano profundo, y la realidad es que yo no sé si consigo otro laburo. Una persona sin discapacidad puede ser Uber, puede hacer changas, puede limpiar, lo que fuera. Yo no. Entonces yo si no trabajo en una oficina, o en Discapacidad o dando talleres, o lo que fuera, no trabajo. Y la verdad que yo alquilo, tengo que morfar, cambia mi situación de vida. Cambia mucho mi situación de vida por más que haya gente que me puede ayudar. No corresponde a mi derecho tener que pedirles a otras personas que me ayuden. Creo que las personas con discapacidad somos personas de derecho y hoy más que nunca tenemos que estar en la calle. Tenemos que estar en la calle porque este gobierno no va a parar si no ve al pueblo en las calles. Tenemos que estar organizadas y teniendo un plan de lucha. Porque las personas con disca (discapacidad) no solamente somos prestaciones o terapias a cubrir, porque van a bajar mucho las terapias, las pensiones, si no hay empleados que resuelvan esas cuestiones. Entonces digo: no solamente somos prestaciones y pensiones, somos también sujetos políticos. La discapacidad es una identidad política. Creo que para una sociedad que nos educa para la discapacidad puertas adentro, percibirse como persona con discapacidad, reconocerse como persona disca, es una identidad política y es una respuesta política.

¿Hay más compañeres con discapacidad despedides?
Sí. Hubieron 165 despedidos, 16 personas con CUD (Certificado Único de Discapacidad), muchas a punto de jubilarse, muchos con cuestiones de riesgo, muchas con licencia y una o dos personas embarazadas.

¿Qué sentiste cuando te enteraste de tu despido?
Yo laburo en discapacidad hace un tiempo largo, y ya sabía que iba a pasar esto. Porque Milei venía diciendo lo que iba a hacer en campaña. Yo ya sabía que iba a pasar. Me la desayuné, lloré un rato, me dolió la cabeza, pero ya lo dicen las Madres de Plaza de Mayo, ¿no? “Hoy lloramos, mañana luchamos”. Así que creo que hay que seguir la lucha, hay que seguir la pelea, llorando, abrazándonos con los compañeros, pero hay que seguir la pelea. Ya lo decía el Indio: el que abandona no tiene premio. Arriba los que luchan.

Carolina Pizarno tiene 18 años de antigüedad en ANDIS. También fue despedida. “Y no me dieron ninguna explicación, me mandaron una nota por GDE y fui echada así. Sin ninguna explicación. Y vine hasta acá sola, antes de que llegue el gremio, para hablar con alguien, hable con una secretaria y no me atendieron. Y hablé bien, con todo el respeto. Hablé que tengo un hijo, que tengo un alquiler, es un bebé, estoy sola y no me dan bola”.

165 despidos en la Agencia Nacional de Discapacidad: “No tienen corazón”
Fotos: Juan Valeiro

¿De qué trabajabas?

-Estaba en Pensiones. Y ahora estaba de licencia con ataques de pánico y estoy medicada, por eso también es mi preocupación.

¿Y por qué creés que está pasando esto?

-Están recortando. Y no saben a quién, dan al boleo. Porque también a un delegado de UPCN no lo pueden echar y lo echaron. Así que fue al boleo. A la delegada que acompaña a las personas con discapacidad también: es algo de no creer. No tienen empatía, no tienen corazón.

Para aquellos que no conocen, ¿de qué se trata este espacio donde estamos hoy?

-Acá hay recreación, hay piletas, los discapacitados vienen según su discapacidad y damos todo para que cada uno tenga su espacio para hacer todo. Y cerraron muchas sedes acá adentro. No hay profesores de natación, no hay nada. Sacaron a todos. Entonces los chicos están sin hacer rehabilitación.

¿Cómo te informaron de tu despido?
-Me mandaron una nota por mail y me dijeron que me fije en el GDE. La nota decía: “Carolina: no perteneces más a la agencia de discapacidad a partir del 27 de febrero”. Es decir que hoy no cobro más. 18 años de laburo, y hoy no cobro más. ¿Cómo hago con mi alquiler, con mis cosas? ¿Con mi hijo, chiquitito? Estoy arruinada.

¿Nunca hubo una persona que se comunique con vos?
-Nunca, nada. No me dieron una explicación y se esconden. Y hoy Diego (Spagnuolo, titular de ANDIS) no vino, así que bueno… Nadie da la cara.

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