Sigamos en contacto

Nota

Gualeguaychú, la asamblea y el corte

Publicada

el

Primero, se rebelaron para ser escuchados. Luego, para ser reconocidos como interlocutores válidos de un problema que puede afectar su vida, sus derechos y su futuro. Finalmente, la Asamblea de Gualeguaychú creó nuevos modos de organización, debate y acción, con una fuerza que pone en vilo al ecosistema político local y global, desde el gobierno provincial hasta La Haya. Cómo funciona esta experiencia, cuáles son sus dilemas y cómo se ven desde el piquete de la ruta 136 los políticos, los medios, las empresas y esa idea tantas veces contaminada de impotencia: qué significa ser ciudadano.

.Al costado de la ruta, sobre el pasto, se van instalando cientos de vecinos provistos con mates adictivos, convicciones coloridas, voluntad ágil y sillas plegables. El lugar parece un parque público en medio del campo, donde los chicos juegan y los adultos realizan una actividad altamente subversiva en estos tiempos: conversan sobre lo que piensan. El asfalto está pintado con peces amarillos, pájaros verdes y corazones rojos. Un acoplado cruzado en la ruta, un tractor y una tranquera marcan el límite. La característica más asombrosa de estas personas es que se han atrevido a pronunciar juntas una palabra de alcances tremendos: No.
Al hacerlo, concretaron el piquete más gigantesco conocido en la Argentina (corte de frontera incluido), la marcha más grande de la historia en defensa de un tema ambiental, y la creación de una asamblea ciudadana, masiva, de tendencia horizontal, que busca el ejercicio de la democracia directa, y que de hecho tomó la capacidad de acción -el poder- en sus propias manos evitando intermediaciones de la política partidista y estatal, para hacerse oir y anunciar ese No, que se redondea en ocho palabras: «No a las papeleras, Sí a la vida».
La pregunta, entre tantas otras, es: ¿funcionará?
Cuando se va más allá del corte y se llega al puente general San Martín, solitario y colgado entre el río y el cielo, se observa que el lado argentino todavía es un bosque verde. Pero enfrente, al verde uruguayo le ha salido un brote marrón, pálido y áspero. Botnia, la empresa finlandesa, está construyendo a ritmo de espanto una planta erizada de grúas, que se dedicará a fabricar pasta de celulosa para papel. La obra está presidida por una chimenea de 120 metros (el doble del Obelisco porteño) falo de cemento que se ve kilómetros a la redonda y que arremolina a su alrededor camiones que trabajan 24 horas, y esperanzas de progreso con síntomas severos de convertirse en ilusiones ópticas.
¿Contra quién lucha Gualeguaychú?
El hombre está perplejo. No es ecologista mediático, militante político, activista flamígero, ni otros oficios esdrújulos, sino vecino de Gualeguaychú, técnico en computación, y ciudadano que no pierde la capacidad de asombro. Dice: «Nos tocó una difícil. Estamos luchando contra un sistema con empresas que sólo buscan ganar plata, aunque la gente se muera sin que nadie sepa por qué. Nos tocó pelear contra el orden económico mundial».
Gustavo Rivollier no lo dice buscando una frase pomposa de panelista televisivo, sino con el tono del que va descubriendo en sus propias palabras los alcances del reclamo de Gualeguaychú. «Escuchame, ninguno de nosotros querría estar en la ruta, querríamos estar en casa con nuestras familias. Pero ya aprendimos que si no nos hacemos cargo nosotros, sonamos». Emilio Alonso, ingeniero: «Es una macana para nosotros y para los uruguayos. Siempre buscamos otras soluciones pero es como hacer pis en el río: no cambiás nada. Al final por lo único que nos escucharon fue por los cortes».
Un repaso veloz impide versiones nacionalistas. Todo comenzó gracias a grupos ambientalistas uruguayos de reconocida seriedad, como Guayubira y Movitdes, que alertaron ya en 2002 a sus vecinos de Gualeguaychú (80.000 habitantes) sobre el proyecto de la española Ence de instalarse en Fray Bentos. Sin recurrir a Sherlock Holmes, ese era el corolario obvio del proceso masivo de plantación de eucaliptos financiado por el Banco Mundial, que no estaba haciendo un fomento de la sombra, con 700.000 hectáreas de plantaciones del lado uruguayo y 1.200.000 en Entre Ríos, sino garantizando la materia prima para elaborar la pasta de celulosa.
Del lado argentino muy pocos captaron la seriedad de la advertencia. Pero apareció Botnia comprando terrenos junto al puente Libertador General San Martín. Los gualeguaychenses empezaron a ver desde su propio balneario (Ñandubaysal) que los uruguayos tenían razón. Un puñado de vecinos comenzó a hablar en radios locales alertando sobre lo que se estaba viniendo. En 2003 llamaron a una movilización sobre el puente. Hubo 1.500 personas. Dice Edgardo «Lalo» Moreira: «Los que encararon este tema tuvieron mucha credibilidad porque no eran políticos». Los vecinos concurrieron a la Cancillería dirigida entonces por Rafael Bielsa, pero los funcionarios no conocían la existencia del Estatuto del Río Uruguay que regula la convivencia de ambos países sobre el río. «Creían que era un tratado sobre navegación deportiva» recuerdan. Tuvieron una fuerte discusión con el representante argentino en la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) Roberto García Moritán, que fue echado de la reunión por el veterano Raúl Estrada Oyuela. García Moritán fue ascendido luego a vicecanciller. Los gualeguaychenses captaron que andaban en problemas. Sostiene Moreira: «Entendimos que había que trabajar con ideas de acción directa y movilización». Fueron a los colegios, a los clubes y asociaciones vecinales de todo tipo que pululan en Gualeguaychú (y a ese espíritu asociativo habrá que adjudicarle tal vez mucho de lo que ocurrió luego).
La prodigiosa inoperancia de los gobiernos nacional, provincial y municipal para hacer algo sobre el tema, dejó encerrados a los gualeguaychenses que el 5 de abril de 2005 decidieron hacer una colecta de firmas rechazando la instalación de las pasteras (juntaron 39.000), se organizaron como Asamblea Ciudadana Ambiental, y llamaron a una movilización sobre el puente que convocó a 40.000 personas el 30 de abril de ese año. Lalo: «La movilización nos pasó a todos por arriba. Nadie esperaba más de 10.000 personas. El puente empezó a temblar, nadie había calculado cuántos podían caminar por ahí». Durante el verano de 2006 se realizaron cortes cada vez más frecuentes, hasta llegar al de tres meses. Luego se produjo la segunda marcha, el 30 de abril del 2006, congregó a unas 80.000 personas que esta vez ni intentaron subir al puente: por jugar con las proporciones, fue como si en Buenos Aires se movilizaran tres millones de personas. El 5 de mayo el gobierno nacional organizó un acto en el Corsódromo, presidido por Néstor Kirchner y engalanado por una invasión de gobernadores, intendentes bonaeresnes, burócratas, punteros, sindicalistas, miles de personas fletadas a sueldo (por los punteros), secretarias de piernas largas y asesores, poniéndose al frente de la lucha de la comunidad. Hubo cierto aroma malvinista, el discurso presidencial generó indiferencia y poca movilización de la propia gente de Gualeguaychú (ni la décima parte de lo convocado por la Asamblea). Las huestes del gobernador Busti vigilaban con gesto torvo para evitar abucheos. Todo ese artefacto para domar el reclamo, acaso fue un reconocimiento hacia la fuerza de la Asamblea por parte de la política de corsódromo.
Lo que logró la Asamblea
La Asamblea Ciudadana Ambiental siempre fue cuidadosa de su autonomía con respecto al Estado, los partidos políticos y demás corporaciones all uso nostro. Todos reconocen inspiración en las asambleas surgidas luego del 2001. Muchas de ellas, sobre todo en Buenos Aires, habían fallecido fagocitadas o destruidas por la presencia de partidos políticos que intentaban dirigirlas. En Gualeguaychú, donde casi todos se conocen, la posibilidad de ventrílocuos partidarios fue menor.
José «Pepo» Pouler es pizzero: «Acá se armó un movimiento horizontal y apolítico, sin cabecillas ni dirigentes, con democracia directa, que permitió que la gente se fuera incorporando. Yo defiendo a muerte la horizontalidad de la asamblea» dice Pepo, que se reivindica como peronista, aunque en receso. ¿Movimiento apolítico, o apartidista? «En realidad es apartidista. Hacemos política en el buen sentido, más que mucha gente paga que se candidatea y nunca hace nada». La gente de Gualeguaychú se ha acostumbrado inesperadamente a intercalar en sus conversaciones cotidianas reflexiones, por ejemplo, sobre el capitalismo. Pepo: «Uno ve un capitalismo salvaje, con pocos ricos y muchos pobres. Dinero por el dinero. No estamos de acuerdo». Rivollier: «No es un secreto, las empresas no tienen moral: tienen contabilidad. Piensan con el bolsillo y no les calienta si van a contaminar el río entero. Entonces uno tiene que moverse para evitarlo».
¿Qué logró la Asamblea, reunida junto a la ruta haciendo cortes, o deliberando en El Teatro de Gualeguaychú, al plantarse y decir No?
-La enumeración puede comenzar por el hecho de que logró convertirse en una máquina de informar, un medio social de comunicación que consiguió hacerse oir en la comunidad, en el país y el mundo.
-Pudo, además, convivir con sus diferencias. Hay sectores más duros y otros más complacientes con el gobierno, se tienen mutua desconfianza, pero hay un pacto implícito -hasta ahora- de resolver todo en la propia Asamblea. «Acá nadie pierde una votación, porque lo que vota la mayoría es lo que todos asumimos como nuestro» dice Pouler.
-Gualeguaychú logró movilizar a los gobiernos nacional y entrerriano, aunque hicieron todo tarde y mal. «La presentación ante el Tribunal de La Haya tendría que haberse hecho cuando la reclamamos tres años antes, y nos miraban como a bichos raros. Al hacerlo tan tarde era obvio que los jueces no iban a interrumpir la construcción tan avanzada de Botnia» dice Rivollier. Pepo asegura, con filosofía maradoniana: «A Kirchner se le escapó la tortuga».
-La demostración sobre la importancia que hubiera tenido actuar a tiempo la brindó la española Ence: al no haber empezado a edificar, pese al fallo favorable de La Haya, anunció su reubicación -con prudente lógica- en cualquier zona que no implique un perjuicio para los vecinos argentinos.
-La movilización permitió poner al descubierto otro problema totalmente silenciado: ¿Cuál es el modelo de desarrollo que simbolizan las pasteras? Alfredo De Angeli es dirigente de la Federación Agraria, simpatiza con la presidencia del señor Kirchner, pero pone las simpatías en suspenso al hablar sobre el tema: «El sistema productivo va a desaparecer en la zona. El valor inmobiliario se derrumbó. Por un campo de 2.500 dólares ya no te dan ni 1.500. Y como es zona contaminada, no te compran más carne, cereales, miel ni nada. Ojalá me equivoque, pero si esto sigue ¿sabés qué va a haber aquí dentro de diez años? Eulaliptos, sólo eucaliptos. El desierto verde». Se trata de un árbol psicópata: no deja crecer nada alrededor. Cada eucalipto absorbe unos cien litros de agua por día. En Fray Bentos, la productora apícola Karina Kulik contó que las aguadas están desapareciendo, chupadas por esos árboles-bombilla, y que sus abejas empezaron a nacer con alas cortas, o sin patas, por el desequilibrio alimentario provocado por el monocultivo. De Angeli es preciso: «Desierto verde significa millones de hectáreas de un árbol depredador, trabajo para casi nadie, y concentración de tierras».
-Gualeguaychú reveló además una paradoja europea: los mismos países que aseguran que las pasteras no contaminan, no comprarán nada de lo que se produzca 100 kilómetros a la redonda de las plantas. Los propios productores uruguayos -los que pueden, como Karina- están planeando huir de la zona antes de que las pasteras empiecen a trabajar.
-Otro efecto revelado por la Asamblea: la destrucción del turismo. Los turistas parecen ser sujetos de templanza débil, poco dados a la aventura de bucear con sus niños entre los efluentes de las pasteras, a los pies de chimeneas que despiden un aroma, según denuncian en diversas latitudes, similar al huevo duro podrido.
-Los cortes de la Asamblea permitieron por eso vislumbrar un tipo de (sub) desarrollo diseñado para toda la cuenca del Uruguay a partir de las pasteras. Ejemplos: la Red Uruguaya de ONGs ambientalistas (compuesta por 36 organizaciones) redactó un informe ratificando la contaminación que provocarán las empresas y la lluvia ácida generada por los efluentes, entre otros efectos. El estudio considera que se trata de una «verdadera industria extractiva», que reafirma el proceso de concentración y extranjerización de la tierra, modelo que agudiza el éxodo rural hacia la periferia de las ciudades, y destruye el ambiente. Botnia ni siquiera pagará impuestos ya que se la considera en «zona franca» y los 300 empleos previstos cuando la planta esté a full son muchos menos que los que se pierden en los campos monocultivados (puede agregarse que los contratados no serán precisamente campesinos ni jóvenes uruguayos, sino técnicos internacionales, gerentes con masters primermundistas, secretarias trilingües y oficios por el estilo). Otro dato: las ganancias no serán reinvertidas sino que se irán fuera del país, como ocurre con toda multinacional que se precie. Y además, lo habitual: luego de haber realizado el proceso contaminante en estas tierras, la pasta de celulosa viajará a Europa donde están las verdaderas fábricas de papel, las que generan valor agregado y puestos de trabajo.
Gualeguaychú está cuestionando todo ese modelo extractivo y concentrador de la riqueza, del cual Entre Ríos forma parte con su desierto verde sumado a la inundación de plantaciones de soja. María Elena Marchiolli narra lo que sienten los vecinos: «Primero dejaron a los pueblos sin trabajo. Y ahora viene la etapa de llevarse la materia prima y dejar acá los desechos humanos».
¿Por qué tanta pasión por la pasta de celulosa? El negocio viene montándose desde fines de los ’80 con financiación del Banco Mundial. El papel sigue siendo un insumo gigantesco en el mundo. Pero además figuras como el ex director de la Reserva Federal de los Estados Unidos Alan Greenspan, plantean que el etanol de la celulosa «si cumpliese sus promesas, nos ayudaría a abandonar nuestra dependencia del petróleo, así como podría hacerlo el carbón y la energía nuclear». Semejante exposición en el Comité de Asuntos Exteriores del Senado estadounidense el 7 de junio de este año, permite comprender el interés por consolidar lo que se ha dado en llamar una «cuenca pastera» en el cono sur. Si Greenspan acierta, el negocio del papel va a ser, por lejos, el menor de estas plantas bien llamadas por los gualeguaychenses «pasteras», aunque no se dediquen precisamente a la producción de fideos.
Otro logro de la Asamblea parece haber sido el de cambiar el discurso de los ecologistas internacionales, que empezaron apostando a la posibilidad de una industria limpia. «Sabemos que no pueden ser limpias. Siempre contaminan. Por eso decimos No a las pasteras» explica María Elena. Las ONG terminaron pidiendo la relocalización de las plantas. Los ecologismos mediáticos como el de la señorita Evangelina Carrozo y su atractiva humanidad instalada por Greenpeace en la cumbre de presidentes de Viena, con un cartel que decía en inglés «No a las papeleras contaminantes» olieron a efímeros. La bella Evangelina usó aquella fama para bailar por televisión, contaminada de patetismo con rating, mientras Gualeguaychú siguió diciendo No.
¿Qué es ser ciudadano?
La Asamblea se autodefinió como Ciudadana, concepto entendido como ejercicio activo de los derechos, intervención pública, organización, debate colectivo y toma de decisiones democrática, en asambleas que pueden congregar a 100, 500, 2.000 personas o más (según la importancia del tema a tratar), que siempre cuentan con el aval de la comunidad. La consigna constitucional según la cual «el pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes» se evidenció como anacrónica, en un país en el que esa «representatividad» suele ser lo opuesto a cualquier idea sincera de democracia. Es interesante ver cómo percibe la cuestión al menos uno de los políticos de la zona, Héctor De la Fuente (presidente del Consejo Deliberante, miembro del oficialista Nuevo Espacio), que incurre en una curiosidad, la autocrítica, en un lugar donde los políticos ya no son considerados «dirigentes» de nadie: «Los políticos, y me asumo como tal, han sido los que han tenido el poder de decisión desde la llegada de la democracia. Los ciudadanos les delegaron todas las decisiones. Llevamos 23 años de democracia, y tenemos los resultados a la vista: vemos cómo está el pueblo. Si el ciudadano se compromete las cosas van a cambiar. La fuerza de la Asamblea consiste en que la gente recupera su capacidad de decidir».
María Elena aclara: «Y ya nadie quiere eso de que haya uno que ordena y otros que obedecemos. No sirve más».
La Asamblea decidió gobernarse a sí misma, ser soberana y abierta por naturaleza para que todos puedan participar, proponer y votar con libertad. Los empleados de las empresas periodísticas califican a los gualeguaychenses como «fundamentalistas», «talibanes», «irracionales» y hasta «extremistas». María Elena no puede entenderlo: «No somos lo que muestran los medios. Nadie aquí es así» dice señalando a los vecinos que pasean por la ruta, esperandola hora de la Asamblea. «Esos periodistas o dueños de medios, ¿quiénes son? ¿qué se creen?»
El arquitecto Omar Lonardi tampoco es un extremista, pero parece desmentir las teorías sobre el individualismo, el desinterés y la apatía política: «Cada vez más somos ciudanos activos, participativos, hablamos, tomamos decisiones. Es una ciudad movilizada y vamos a demostrar que podemos hacer muchas cosas».
Últimas noticias
La Asamblea chocó con la intransigencia de los gobiernos, de Botnia, de los medios, del Banco Mundial, y volvió al corte de ruta. El gobierno argentino, a través de un fiscal, mandó fotografiar a los vecinos destilando el rumor de que cometen un delito si realizan un corte. Empezaron a verse fotógrafos raros, pelo corto, gesto huidizo, zapatos de cuero negro: policías disfrazados de civil, y/o agentes de eso que se ha dado en llamar «inteligencia», desde siempre dedicados a espiar a los ciudadanos, demostrando quién suele ser el enemigo para las fuerzas estatales. María Elena: «Había uno que se escondía atrás de los gendarmes y nos sacaba fotos desde ahí. Fue todo muy feo, cosas de las épocas de los militares».
Tabaré y Kirchner comenzaron luego una escalada de improperios mutuos, el viejo modo de controlar sus respectivos frentes internos promoviendo un supuesto conflicto externo. Frontera caliente: la idea de convertir un tema de medio ambiente y de ciudadanía movilizada, en un asunto de «nacionalismo» y «soberanía» es un riesgo que nadie sabe si la Asamblea podrá superar, y que impulsan sus sectores más oficialistas, cuando se inicia un 2007 electoral.
(Entre paréntesis: que el supuesto progresismo de Tabaré postule el nacionalismo, la represión de los asambleístas, y se apoye en las multinacionales y en un modelo de desarrollo expulsivo, debería ser analizado desde un punto de vista marxista, si es que tiene sentido convocar a Groucho para estas cosas).
En la orilla argentina, con la agitación del supuesto conflicto externo la libertad de acción de la Asamblea corre riesgo. Las empresas periodísticas fogonean ese desfasaje, hablan en términos bélicos, fomentan el pus xenófobo. Alguien de Gualeguaychú comenta: «Hay muchos que no quieren que funcione la Asamblea, quieren aprovecharla para su negocio político. No quieren el cambio. Pero esto fue siempre así. No hay que dejarse caer: tenemos que mantener nuestro aire. Aire fresco». O no envenenado. Tal vez ese sea el punto central de la agenda, mientras al costado de la ruta todos acomodan sillas, mates y sueños, porque la Asamblea está por comenzar.
Este trabajo fue el ganador de las Becas AVINA de Investigación Periodística. .
La Fundación AVINA no asume responsabilidad por los conceptos, opiniones y otros aspectos de su contenido

Nota

Darío y Maxi: 20 años es todo (video)

Publicada

el

Se cumple este 26 de junio el vigésimo aniversario del asesinato de Darío Santillán (foto de portada, tenía 21 años) y Maximiliano Kostecki (22), producto de la represión oficial del gobierno encabezado por Eduardo Duhalde al creciente movimiento de trabajadores desocupados: los piqueteros.

Aquel oscuro día, las organizaciones movilizadas reclamaban no solo planes sociales (se exigía pasar de 150 a 300 pesos) sino que reivindicaban el apoyo para sus propios proyectos en los barrios: productivos, educativos y de salud. Por eso en ese momento no se hablaba de “planes sociales” sino de “planes de trabajo”.

En muchos sectores del movimiento piquetero (y Santillán era un claro referente), lo que se buscaba lograr era generar una situación de autonomía para evitar la cooptación –por parte del Estado y/o partidos políticos– de esa potencia social que planteaba el trabajo y el cambio social como foco de sus reivindicaciones. Ya no eran el peronismo ni el sindicalismo ni la izquierda quienes expresaban los reclamos, sino un sector social por nadie tenido en cuenta, que intentaba encontrar su propio camino, su propia voz.

La responsabilidad política por los homicidios sigue sin juzgarse, pese a que (o debido a que) incluye nombres como Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Alberto Atanasof (ex jefe de gabinete) y todo un oscuro entramado de funcionarios y –como es habitual– servicios de inteligencia.

Los dos condenados a perpetua fueron los autores materiales de los homicidios, los policías Alfredo Fanchiotti y Alejandro Acosta. Aquel 26 J hubo además cientos de detenidos y heridos con balas de goma, y 32 heridos con balas de plomo que por casualidad no llegaron a elevar la nómina de muertes.    

Aquellos crímenes, las cooptaciones que finalmente han sido obvias, la inercia de un sistema laboral cada vez más precarizador y expulsivo, el desempleo, la desigualdad, la masificación del asistencialismo, entre otras ciénagas, le han ido dando forma, cristalización y a veces descomposición, al actual escenario.

A 20 años de esa tragedia habrá actos en el lugar del crimen (la antigua estación Avellaneda del Roca) el sábado desde las 10.30, con el objetivo de reclamar justicia completa: el juzgamiento de los responsables políticos. El domingo realizará grupos encolumnados en la izquierda harán su propio acto.

Pero el propio sábado por la tarde, en la vigilia habitual antes de cada 26 J, el director Patricio Escobar hará una presentación de media hora de lo que será la segunda parte de su notable documental La crisis causó 2 nuevas muertes. En esta secuela Escobar busca describir el tema de las responsabilidades políticas, y logró entrevistar a Eduardo Duhalde (ex presidente), Felipe Solá (entonces gobernador bonaerense), Juan José Álvarez (ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos) y Jorge Matzkin (era Ministro del Interior).

Como antecedente, y para quien quiera conocer o recordar la realidad de lo ocurrido, volvemos a incluir La crisis causó 2 nuevas muertes, que refleja no solo los sucesos, sino también las trampas a las que está sometida una sociedad que se presume democrática por parte de los llamados “medios de comunicación” que en realidad (y el 26 J fue un fiel reflejo) se han convertido sistemáticamente en plataformas de operaciones políticas, económicas y de inteligencia. El título del documental es el mismo del diario Clarín aquella vez, cuando culpaba a “la crisis” (como han aprendido a hacerlo diferentes gobiernos) por desastres y crímenes cometidos por personas y sistemas institucionales concretos.

Para ver La crisis causó 2 nuevas muertes:

Seguir leyendo

Nota

Dai, la jugadora eterna

Publicada

el

En este perfil especial que es parte de una cobertura colaborativa de tres medios cooperativos, el Club Atlético Lilán de Laprida recuerda -y extraña- a la joven que apareció muerta en una comisaría de la ciudad, a la espera de conocer la verdad de qué pasó. Sus compañeras de equipo y el entrenador relatan anécdotas de afuera y adentro de la cancha que reflejan, acaso, lo mismo: «Ponía mucha garra y sacrificio”.

Segunda entrega de la cobertura colaborativa entre Perycia, Revista Cítrica y LAVACA.

Por Bernardita Castearena

Fotos: Mauro Arias

El día después de cada partido, el tendal de la casa de las Arias-Abregú estaba todo ocupado con las camisetas albirrojas del equipo de fútbol femenino del Club Atlético Lilán de Laprida. Incluso cuando el lavarropas estaba roto, Daiana Soledad ponía música en el parlante del living y se dedicaba a cepillar durante horas las medias de cada jugadora para recuperar el blanco que tenían antes de entrar a la cancha.

 —Si hay que seguir lavándolas, vamos a hacerlo nosotras por ella —dice Morena. 

De las once jugadoras del plantel, tres son hermanas de Daiana Soledad: Morena, Sheila y Kiara. Hasta el día en que perdieron a “La Sole”, como ellas la nombran, cada sábado a la noche empezaban los preparativos para el encuentro del día siguiente.

Lilán es uno de los clubes más grandes de Laprida, una ciudad de 12.000 habitantes ubicada en el centro-sur de la provincia de Buenos Aires. Fundado en 1936, hoy se dan clases de fútbol, hockey, cestoball, tenis, natación, patín y pádel. 

“¿Quién va a alentarnos ahora?” se preguntan desde el domingo en el que Daiana Soledad Abregú murió en el calabozo de la Estación de Policía Comunal en condiciones que todavía se investigan. La versión oficial aportada por la policía habla de suicidio, pero la familia, les abogades y los organismos de derechos humanos creen que puede haber sido víctima de violencia institucional. 

Desde el martes posterior a la muerte, día por medio, familiares, amigues y vecines se movilizan por el centro de Laprida para pedir justicia.

Jugadora en todos los frentes

Como desde la cantina visitante del Club Atlético Lilán no se pueden ver los partidos, Daiana Soledad convencía a sus compañeras durante toda la semana para que la dejaran atender la local. Un tiempo atrás, las chicas del equipo de fútbol femenino se habían organizado para tener responsabilidades en el club, y ella se encargaba de todo. Un día pidió prestada una máquina de coser y la devolvió con un bolso para guardar todas las camisetas del fútbol femenino que había hecho con sus propias manos.

En las fotos aparece Daiana Soledad con un equipo que le sobra por todos lados: ni el talle más chico podía ajustar su cuerpo flaquito y sus “patas de tero”. Los botines esperaban antes de cada partido en uno de los primeros estantes de la repisa donde los utileros del club tienen ordenado por talle el calzado que les jugadores donan a la institución cuando les van quedando chicos. Nadie sabe de quién eran los que ella usaba, pero probablemente los botines 35 de una edición limitada de Messi, con tres nudos en uno de los cordones, antes habían hecho feliz a un niño de las inferiores del club. 

“Las dos calzábamos lo mismo”, dice Morena, que cuenta una anécdota por cada lugar del club que recorre: “Ella era nuestra fan número uno, va a costar mucho no escucharla cada vez que salimos a la cancha”.

Gritaba cuando un conocido jugaba en primera, cuando creía que los árbitros cobraban algo mal, se escapaba de la cantina para alentar y volver. Arengaba al grito de “¡VAMOS LILÁN, CARAJO!” antes de salir a la cancha. 

Era la que más alentaba, y la tribuna empezaba a gritar detrás de ella. 

El último partido

Cuando el entrenador vio que no corría ninguna pelota y que de a ratos se tocaba las piernas, la sacó. A fines del 2021, Daiana se fracturó la rótula después de haber chocado contra otra jugadora y, aunque un yeso le inmovilizó la pierna, no paró: se subía a la tribuna para ver a las compañeras, dejaba que la levantaran a upa cuando ganaban, atendía la cantina mientras el resto le escondía las muletas. Esta vez le dolía la otra, la que todavía tenía sana. 

Por primera vez, ese 29 de mayo, aceptó el cambio sin quejarse y se comprometió a descansar para poder recuperarse bien antes de volver a jugar. Cuando el resto de las chicas terminaron y no había nada más para hacer en el club, cruzó como podía las dos cuadras que separan su casa de la cancha de Lilán, agarró la bici y fue a que la revisaran. 

Por cada minuto que esperaba en la guardia del Hospital Pedro Sancholuz, la rodilla se le hinchaba y le dolía cada vez más, hasta que en un momento encaró para el consultorio y obligó al médico a que la atendiera antes que al resto de la gente. El día siguiente lo pasó tirada en el sillón riéndose con su familia de cómo el médico de guardia la había tratado de hinchapelotas por no esperar su turno.

 —Ella era muy espontánea, si te tenía que decir algo, te lo decía. Y si tomaba una decisión, la ejecutaba —dice Inés, a quien Dai había apodado Tilín. Ahora, desde el vestuario visitante, se acuerda de las tardes que pasaron riéndose al sol y de la cantidad de temas que podían charlar en los 60 km que separan Laprida de General La Madrid cada vez que viajaban en colectivo. 

“Hacete unos mates, Tilín”, era la frase ritual cuando terminaban de jugar un partido.

Jugaron por ella

Cuando Agustín “Peye” Harismendi cumplió años, recibió una remera de parte del plantel con una dedicatoria de Dai que decía: “Gracias por enseñarme a patear”. El profesor se hizo cargo del equipo a principios de 2021, pero la conoció recién en mayo, cuando faltaba una jugadora para completar el plantel y Morena la animó para que se acercara a entrenar. Antes de formar parte del equipo, Dai pasaba tardes enteras jugando con sus hermanas en la plaza. 

Los primeros días se iba enojada de todos los entrenamientos porque le pegaba a la pelota con toda su fuerza y no podía levantarla del piso. Agustín le caía bien, y él lo sabía. Entonces le enseñó a jugar con las dimensiones de una cancha, y le puso la camiseta número 8 para que pudiera correr de un lado al otro durante todo el partido: “Dai no era de las más grandotas ni de las más fuertes físicamente, pero tenía mucha garra, mostraba la pasión por el club con sacrificio”, dice Peye, como lo apodan las jugadoras.

El día después de recibir la noticia, Agustín se acercó a la casa de la familia de Daiana Soledad para darles un presente y le dijo a las tres hermanas que decidieran a lo largo de la semana si iban a querer jugar o no en la fecha siguiente. Todavía no saben si jugar fue la mejor opción, pero lo hicieron, y con el ánimo por el piso perdieron contra Club Atlético Platense de Laprida por 3 a 0. 

“Ese domingo fue bravísimo, pero jugamos porque era un partido que ella estaba esperando”, dicen sus compañeras. Durante toda la jornada, todas las categorías de Lilán se sacaron la foto previa al partido con una bandera que decía “Es imposible no estar triste…su ausencia duele!! Pero tu recuerdo nos hará sonreír. Dai Presente”. Esa bandera ahora forma parte de la colección de trapos que todos los domingos dan la vuelta al alambrado del club. 

El caso

Daiana Soledad Abregú llegó a la comisaría de Laprida en las primeras horas del domingo 5 de junio por una contravención en la vía pública. Doce horas después, cerca de las seis de la tarde, dos oficiales tocaron la puerta de la casa de su familia diciendo que la joven de 26 años se había suicidado. A partir de ahí, una serie de sucesos hicieron que la familia empezara a sospechar que la policía escondía algo. 

La autopsia confirmó que Daiana murió por asfixia mecánica, pero eso no significa que solamente pueda haberse ahorcado. 

La Comisión Provincial por la Memoria intervino como Mecanismo Local de Prevención de la Tortura y pidió que la causa se investigue exhaustivamente, teniendo en cuenta que Daiana murió mientras estaba al cuidado de la Policía Bonaerense en una comisaría que no estaba habilitada para recibir detenides en sus calabozos. 

Seguir leyendo

Nota

El teatro vivo: la improvisación como ley y el experimento de una candidata

Publicada

el

Buenos Aires tiene una genética que la relaciona desde hace mucho con el teatro independiente: la creación, la autogestión, la búsqueda de lo nuevo. En tiempo presente, aquí van cuatro propuestas del teatro que se define por esa capacidad de ponerle el cuerpo, literalmente, a los temas de la época. Sin perder de vista la posibilidad de disfrutar y compartir el poder del arte y la imaginación. El menú para aliviar los fríos de estos tiempos: el juego de la improvisación (¿cuánto de nuestras vidas, tantas veces, depende de eso?); poesía, performance y música; la postulación de una Candidata impensable; y el teatro de sombras para conocer el verdadero fin de una historia.

Jam de Improvisación teatral

Noches agitadas por la imaginación y el talento, y el público que lo desee como protagonista para estas sesiones de improvisación con La Maura y Lenard, conductoras y anfitrionas. Ellas, además, brindan su propio show.

Cuenta La Maura:  “Los diferentes grupos que participan están muy predispuestos a los juegos y a las consignas que vamos proponiendo. Mucha gente viene solo a ver, pero en el momento se animan y terminan participando, incluso gente que nunca hizo nada escénico, termina pasándola bomba. Es muy ameno el ambiente como para animarse a pasar al escenario y a jugar. Las propuestas del público son geniales”.

Lenard: “Las Jam de impro son como un amistoso de fútbol entre amigues, pero la competencia es una excusa, lo importante del evento es poder encontrarse en el estado más sanador y negado de nuestra sociedad adulta que es el juego. El público no está ahí para juzgar, está para encontrarnos y celebrarnos. Celebrar que por lo menos esa noche el miedo y la vergüenza perdieron la batalla”.

MU Trinchera Boutique, Riobamaba 143, CABA

Viernes 24 de junio, 21.30 hs

@mu.trinchera

@soylenard

@mauricarballidx 

Cositas maricas que escribo en cuadernos

Ariel Osiris y Jorge Thefs conforman el dúo Elegante Sport y son les anfitriones de este encuentro mensual “cuir”, en MU Trinchera Boutique. Su intención es invitar a “intérpretes que propongan un mundo personal como parte de un ser social con una identidad en construcción”. Estarán: Abigaíl Zevallos, Ale Borgatello, Juana Finguer, Mateo Riperto, Burlesque Lesbiano y José Guerrero. Música, performance, poesía y la decisión de disfrutar.

“Un universo ‘cuir’ (si es que tal universo existe) es tan particular como cada une de nosotres pero al mismo tiempo, un todo que nos permite encontrarnos”, resume Jorge Thefs, actor, bailarín y director. “¿Es un recital de poesía?, ¿de narrativa?, ¿un concierto?, ¿una varieté?”. No importa. Es todo eso y mucho más. “El hecho está en encontrarnos, hacer de la Trinchera literal, una trinchera metafórica y hacer todo lo que nos encanta hacer: leer poemas, cantar, hablar de nosotras, de nuestros vínculos, leer cositas, contar, cantar”. Un espectáculo para conectar con sonidos y palabras que resuenan en una entusiasta red de trabajo, inventiva y afecto.

MU Trinchera Boutique, Riobamba 143, CABA

Sábado 25 de junio, 21.30 hs

@ariel.osiris.1

@jorgethefs

@zevallosabigail
@aleborgatello
@juanafinguer
@mateoriperto
@burlesquelesbiano
@guerrej

Candidata

“La idea de Candidata surgió al descubrir el registro fílmico de los años 60’s del Experimento Milgram en el que se investigó el grado de obediencia de las personas tratando de hallar una respuesta social a la aceptación del nazismo”, cuenta Horis Muschietti, dramaturgo y director de la obra. “Este disparador derivó en fantasear con el espíritu de la militancia cuando se topa dentro de una estructura partidaria en la cual se deben acatar determinadas ideas y acciones”.

El resultado: un espejo donde mirarnos durante una hora en este enigma llamado Argentina, haciéndonos reír (y mucho) pero también repensar cuestiones que la costumbre vuelve transparentes.

¿La historia de Candidata? Una encuestadora aborda a Flavia. En base a la comparación de varias encuestas, se llega a una conclusión: Flavia es la elegida. ¿Para qué? Para ser La Candidata del partido. ¿Es militante, ha participado en política, conoce las reglas de juego? No importa. ¿Entonces qué importa? La certeza de que es la indicada se reafirma con una “prueba” —basada en el Experimento Milgram—. “¿Esta es la sociedad que queremos?”, pregunta alguien. “Es lo que hay”, es la respuesta.

Horis tuvo en cuenta también un concurso organizado por la Cámara de Diputados de la Nación dirigido a obras que reflejaran el espíritu del preámbulo de la Constitución, en el que notó que los fundamentos y objetivos de ese texto están muy lejanos a la realidad social y política del país.

Decidió armar la  obra con una impronta coloquial y amigable. “Nos esforzamos por lograr un texto entretenido y dinámico pero sin señalamientos partidarios ni estereotipos, para que todos puedan sacar sus propias conclusiones. Nos interesó plantear una mirada sobre la actualidad, sobre los comportamientos y sobre nosotros mismos, para lograr un retrato verosímil, un naturalismo intenso e irónico”. Las actrices son Justina Grande y Laura Lértora y los actores Pedro Ferreyra y Jorge Laplace.

Savia Espacio Cultural, Jufré 127, CABA

Sábado 20 hs hasta el 30 de julio

@saviaespaciocultural

@candidata.teatro

@horismuschietti

@lalertora

@pedroferreyra

@jusgrande

@jorge.laplace

Fin

Memoria y olvido acompañan a la anciana en el fin de sus días. Memoria es una bella garza que con su largo pico tomará los recuerdos atesorados durante años como un ritual de satisfacción y agradecimiento. Olvido es un cuervo con apetito voraz dispuesto a arrasar con todo. La anciana que se despide de su existencia y sus dos compañeros, adquieren tamaño y movimiento en un conjuro de luces, sombras y enigmas.

En este espectáculo de teatro de sombras, los personajes cobran vida gracias a las hábiles manos de Sonia García, de la Compañía independiente Cosmonautas, nacida en 2015 en Venezuela, como una compañía solista y autogestiva.¿Cómo nació “Fin”? Responde Sonia: “De pensar en cómo los recuerdos de mis abuelxs, especialmente de mi abuela Miriam, podrían sobrevivir en mí incluso cuando ellxs ya no están. Me pregunté por la transferencia de recuerdos, por esta posibilidad que tienen las historias de migrar de un cuerpo a otro y de algún modo de extender la vida mediante la memoria. ¿Es la Memoria es un ave que vuela y anida en diferentes cuerpos? ¿Si fuese así, quién es el Olvido? ¿Puede el teatro luchar contra él? En esas preguntas nació ´Fin´”.

Sonia se topó con el teatro de sombras por una situación paradójica: “Llegué a las sombras desde la luz. Me dedicaba a la fotografía y la iluminación cuando nos encontramos con el teatro de sombras”. Las infinitas posibilidades, el misterio inagotable, la simpleza de la sombra y su poder hipnótico son las virtudes que atraen a Sonia. “Hay algo primitivo en nuestra relación con las sombras, y eso le otorga al lenguaje una fuerza muy especial, capaz de emocionarnos de formas muy profundas”.  El músico Javier Celis toca el violín en vivo y Alexandre Favero es el director de esta obra que acaricia la emoción y es un regalo para los sentidos.

Teatro Area623, Pasco 623, CABA

Domingos 26 de junio, 3 y 10 de julio, a las 19 hs

Centro Cultural El Hormiguero, Uruguay 372, Moreno

Sábado 25 de junio a las 20.30 hs

Centro Cultural Las Catonas, Ciudad de la Paz y Origone, Moreno

Sábado 2 de julio, 20 hs

Centro Cultural Espacios – Witcomb 2623, Villa Ballester

Viernes 8 de julio, 20.30 hs

La Mercería – Av. 1 210, La Plata

Sábado 9 de julio a las 21:00 hs

@cosmonautasteatrodesombras

Seguir leyendo

La última Mu: Tenete fe

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Lo más leido

Anticopyright lavaca. Todas nuestras notas pueden ser reproducidas libremente. Agradecemos la mención de la fuente.

0:00
0:00