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Abuelas de Plaza de Mayo: La historia no oficial, la ruda y el gingko

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Cumplieron 25 años buscando a sus nietos y el día en que estaban celebrándolo con un encuentro ecuménico, uno de esos nietos mostró al público un papel enrollado: la confirmación judicial de la restitución de su identidad. Se trata de Gabriel Matías Cevasco, que participó del encuentro en la Parroquia de Santa Cruz, de Buenos Aires, como nieto, y como pastor adventista. Estela Carloto, presidenta de Abuelas, aplaudió emocionada. Nadie percibió dónde estaba la sutil guardia de civil que la custodia desde que el 20 de septiembre atentaron contra su casa de La Plata, a las tres de la madrugada, hecho que ella definió con pragmatismo: «quisieron matarme». Sobre sus custodios policiales, Estela ha decidido tomarse las cosas con humor, y reconoce que le han caído bien: «Si me dan tiempo, los voy a sacar buenos». Esta es la historia de cómo comenzó otra Historia.

Hubo muchos actos, exposiciones, lecturas y encuentros durante varios días, para un aniversario que siempre se celebra el 22 de octubre, aunque todos coinciden en que la fecha es simbólica y quedó instalada tras un desbarajuste de la memoria sobre cuál fue el momento exacto en el que esta entidad, candidata al Nobel de la Paz, comenzó a existir: en 1977 estas mujeres no pensaban en efemérides, sino en llorar a sus hijos, encontrar a sus nietos y eludir a la dictadura.
Es difícil saber si esta historia de 25 años pertenece al pasado.
En aquellos tiempos estas mujeres eran amas de casa, docentes, empleadas, en la mayoría de los casos muy poco interesadas en la política. Frente al televisor, preferían ser víctimas de una telenovela, antes que de un programa político.
Sus hijos e hijas, en cambio, miraban otro canal. Pertenecían a esa generación de fines de los 60 y comienzos de los 70, que en muchos países se apasionaba por la política y por la posibilidad de transformar el mundo.
Esos jóvenes se hicieron militantes políticos. Tras el golpe del 24 de marzo de 1976 a todos les cambió la programación de sus vidas. Las actuales abuelas le vieron la cara al terrorismo de Estado, al enterarse de que sus hijos o hijas a veces embarazadas, y hasta sus nietos, habían sido secuestrados por el régimen militar.
Desaparecidos.
Hay que pensar que en aquel momento la idea de la desaparición no existía, ni siquiera figuraba como delito. Estas mujeres, de a una, salieron de sus casas y se pusieron a buscar en comisarías, en hospitales, en cuarteles, en juzgados. Siempre recibieron respuestas negativas.
Pero la propia búsqueda hizo que empezaran a reconocerse entre ellas: el código de la angustia.

Mujeres en resistencia
Al principio no había diferencias entre «madres» y «abuelas». La mayoría eran mujeres, porque podían dedicar a la búsqueda un tiempo que sus maridos no tenían y suponían, de paso, que los militares encontrarían engorroso enfrentar a unas señoras mayores, modales que fueron rápidamente desmentidos por la realidad.
Se formaron dos grupos, el de Madres y el de Abuelas, por un una diferencia práctica: el de Abuelas se organizó a partir de la información concreta de que sus hijos habían sido asesinados. Los que faltaban eran sus nietos. En cambio las Madres seguían sin noticia alguna sobre sus hijos.
El grupo original de Abuelas fue de doce mujeres. Y la fecha que toman como nacimiento ocurrió al llevarle una carta de reclamo al secretario de Estado norteamericano Cyrus Vance, de visita en Buenos Aires. Firmaban así: «Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos».
La carta no la entregaron en Plaza de Mayo, sino en Plaza San Martín, donde Vance fue a poner flores al monumento del prócer. No fue María Isabel «Chicha» de Mariani la que le dio la carta al norteamericano, de confundida que estaba en ese bosque de militares, funcionarios y mujeres gritando, sino Azucena Villaflor, la fundadora de Madres de Plaza de Mayo. Y la fecha no fue el 22 de octubre. Siempre pensaron que había sido aproximadamente en esos días, y así comenzaron a celebrar sus aniversarios muchos años después, aunque luego descubrieron que la visita de Vance había sido el 21 de noviembre de 1977.
Como dicen hoy las abuelas, la fecha es lo de menos. ¿Pero qué hay detrás de esa historia?
Aquellas mujeres empezaron su lenta búsqueda comprendiendo que, para espantar el miedo, les hacía bien estar juntas. Varias llegaban a Buenos Aires desde La Plata. Descubrieron que hasta el hecho de almorzar se transformaba en un gasto denso, y llevaban manzanas en sus carteras, para comer sentadas en alguna plaza. Iban anotando a mano cada gestión, cada respuesta, en unos cuadernos escolares que llevaban en la cartera, con las manzanas. Ahí estaba el disco duro de Abuelas.
Allí anotaron, por ejemplo, esta respuesta de la doctor Delia Pons, del Tribunal de menores de Lomas de Zamora:»Estoy convencida de que sus hijos eran terroristas, y terrorista es sinónimo de asesino. A los asesinos yo no pienso devolverles los hijos porque no sería justo hacerlo. Sólo sobre mi cadáver van a obtener la tenencia de esos niños».
La dictadura equiparaba la palabra «terrorista» o «subversivo» a cualquier opositor al régimen. Los cálculos más serios (por ejemplo los del fundador del Centro de Estudios Legales y Sociales, Emilio Mignone) indican que el diez por ciento de los desaparecidos participaron en las organizaciones armadas. El noventa por ciento no.
Más allá de los cálculos, como ni a unos ni a otros se los juzgó, tampoco puede saberse en qué medida cualquiera de ellos fue efectivamente autor de algún delito.
En caso de serlo, el castigo no puede ser la tortura y la muerte clandestina (comerse al caníbal) actitud que constituye en sí misma un comprobado terrorismo, y de la peor especie: el terrorismo de Estado, que además secuestró, torturó y asesinó a monjas, empresarios, docentes, sindicalistas, políticos, familiares que buscaban (como Azucena Villaflor), y mató incluso a diplomáticos del propio régimen que planteaban sus disidencias.
Aún siguiendo la lógica de la doctora Pons, quedaría una pregunta en danza: ¿los bebés eran terroristas?

Violetas y Oscar
Las Abuelas seguían su búsqueda, chocando contra la perversión y la persecución. El denso silencio de los medios (más que silencio, apoyo específico y acrítico a los militares) sólo se quebró en abril de 1978, dos años después del golpe. El diario The Buenos Herald, de lengua inglesa, se atrevió a publicar una carta de lectores en la que se hacía referencia a la desaparición de bebés. Fue la primera vez que en un medio se mencionó el asunto. El 5 de agosto de ese año, el diario La Prensa aceptó publicar una solicitada de Madres y Abuelas. Era domingo. Día del niño.
Para reunirse sin llamar la atención, las abuelas simulaban cumpleaños en bares y confiterías, como Las Violetas (en Rivadavia y Medrano, de Buenos Aires). Aprendieron a simular sonrisas y cantaban el «feliz cumpleaños» mientras intercambiaban regalos (e información) mirando hacia los costados para ver si no las seguían.
Cuando hablaban por teléfono usaban claves. Con las palabras «flores» o «cacharritos» se referían a sus nietos. O decían: «El señor Blanco todavía no contestó la carta que le mandamos». El señor Blanco era el Papa.
Empezaban a aparecer pistas. Los bebés secuestrados habían sido dados en adopción a militares, policías o gente allegada a la dictadura. Rumores barriales, pequeños comentarios, historias de matrimonios estériles que de pronto aparecían con un bebé. El cine reflejó esto en la única película argentina que ganó un Oscar, La Historia Oficial.
Los cuadernos de las Abuelas iban llenándose de datos. Había que comprar nuevos. El desgarro por la muerte de sus hijos se convertía en un proyecto desmesurado en plena dictadura: recuperar flores y cacharritos.
También comenzó a crecer el anecdotario de estas mujeres que hacían lo suyo con una mezcla de obstinación e inocencia asombrosas.
En 1979 dos de las Abuelas (Chicha Mariani y Alicia «Licha» De la Cuadra) viajaron a San Pablo, Brasil, para reunirse con la organización Clamor (Comité de Defensa de los Derechos Humanos en el Cono Sur), liderado por el cardenal paulista, Don Pâulo Evaristo Arns.
Llegaron al aeropuerto, tomaron un taxi. La genética de los choferes paulistas tal vez merezca un estudio aparte: lo cierto es que ellas le pedían que las llevara a un hotel. No se hicieron entender lo suficiente, este señor tampoco hizo el esfuerzo. Atravesó autopistas a 100 kilómetros por hora (iba tranquilo) hasta que las dejó ante un edificio. Bajaron con sus bolsos. Era un hotel levemente oscuro. El conserje las miró extrañado, les cobró por anticipado, y aceptó guiarlas a la habitación.
Las paredes lucían falso terciopelo, las luces eran rojas, el espejo estaba en el techo, y la cama era redonda: «¿Dónde vinimos Licha?» preguntó la señora de Mariani, que jamás había visto un hotel tan extraño. Licha no sabía qué contestar, pero ya era de noche y decidieron dormir allí, tras desconectar la música funcional con baladas románticas.
Al día siguiente se reunieron con los miembros de Clamor, que al ver la tarjeta del hotel se pusieron tan rojos como las luces de la habitación, y corrieron a trasladarlas.

Los primeros nietos recuperados
Seguían sumando datos, informes. Lograron conectarse con sobrevivientes de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) que confirmaban los casos de bebés paridos en ese centro de torturas, desde el que salían los «vuelos de la muerte» con secuestrados (a veces eran las propias madres que habían parido) que eran dopados y arrojados mar adentro para hacer desaparecer definitivamente sus cuerpos. Los bebés eran entregados, se les falsificaba la identidad, se les borraba la historia.
Las abuelas seguían buscando.
En 1980 los primeros niños localizados por Abuelas, Tatiana Ruarte Britos y Laura Malena Jotar Britos, se reencontraron con su abuela María Laura, en el juzgado de menores de San Martín. El segundo fue Juan Pablo Moyano, en 1983, a quien terminaron de ubicar gracias a una nota publicada por la periodista Claudia Acuña, fundadora de lavaca.org. Por su aporte fue condecorada por Abuelas con un prendedor que reproduce una hoja de arce roja.

Aparecer
Desde entonces la historia se siguió escribiendo sin pausa. Ya hay 73 restituídos. Primero eran bebés. Luego fueron niños. Luego adolescentes. Hoy ya son adultos que siguen apareciendo.
Gabriel, el pastor que acaba de recuperar su identidad jurídica en un papel enrollado, hace apenas dos años pudo saber quién era en realidad. Casos como el suyo continúan en trámite. Y las Abuelas ya tienen «biznietos», los hijos de sus nietos reencontrados.
Y han fabricado más futuro: la sangre de todas ellas, incluso muchas de las que han fallecido, está en el banco de datos genéticos. Muchas biografías, muchas vidas, todavía están por recuperarse.
Las Abuelas iban a la Plaza de Mayo, a España, a Francia o a los Estados Unidos, con los mismos tapados que usan hoy, que son candidatas al Nobel de la Paz. Con esos tapados se abrigaron el lunes 21 de octubre, noche fría en la Plaza de Mayo. Allí se hizo un show de espaldas a la Casa de Gobierno, vallada desde hace mucho para evitar la cercanía con los ciudadanos.
Hubo un conjunto de percusión, Rataplán, formado por chicos que tienen la edad de los nietos. Apareció Piero, con sus canciones de protesta de los años 70, que los imperceptibles custodios de Estela soportaron con estoicismo. Hubo varios cantantes más.
No fue un espectáculo inolvidable. Pero al día siguiente, el martes, las abuelas se engalanaron para ir al Teatro Colón.
Maximiliano Guerra les hizo un homenaje tan talentoso, divertido y conmovedor, que resulta inexplicable que no se haya transmitido por televisión. O al revés: la no televisación explica el grado de mediocridad de la televisión.
Guerra se presentó con el Ballet del Mercosur. En la platea se veían los pañuelos blancos de la Madres de Plaza de Mayo. El jefe de gobierno porteño Aníbal Ibarra, del cual depende el teatro, tuvo la inteligencia de permanecer en un segundo plano.
Se percibía mucho silencio en el teatro, hecho de emoción genuina. Sobre el escenario se desplegaban coreografías y ritos: chicos con ropas de colores bailando unos malambos lentos, o unos tangos lejanos, hubo una canción de cuna para despertar, un baile alegre.
La segunda parte tuvo un cuadro muy divertido, una especie de parodia donde el bailarín y la bailarina se burlan uno del otro, y tratan de ganarse el aplauso del público. Les Luthiers en versión ballet.
El cierre fue la versión de Charly García del himno argentino, bailado con coreografía de Oscar Araiz. Guerra corrió el escenario con una bandera argentina, que había empezado siendo un pañuelo sobre la cabeza de una mujer. La ovación fue infinita.
Entonces, lenta y tímidamente, las abuelas comenzaron a ingresar al escenario. Con pasitos cortos, algunas con sus bastones. Coquetas y sonriendo como si estuvieran haciendo una travesura. Es inalcanzable explicar la emoción que había en ese teatro.
Faltaba más: detrás de ellas, aparecieron los nietos restituídos.
Serían unos 30 de los 73 que han encontrado hasta ahora.
Le dieron un micrófono a Estela, que debía ser una de las pocas personas en ese lugar capaz de pronunciar dos palabras seguidas.
Dijo: «¿Cuál es nuestro premio? Ellos, nuestros nietos, que están aquí». Y dijo: «Ahora pueden dedicarse a lo bueno, lo sano, lo positivo».
También señaló la bandera argentina con la que había bailado Maximiliano Guerra y dijo muy suavemente: «A la patria hay que honrarla». Por una vez, esas palabras no sonaron huecas. El teatro estaba de pie, casi desmintiendo la versión según la cual en la Argentina no pasa nada, no hay valores, o no hay esperanza.
Lo único innecesario del espectáculo fue el título: «Con gloria morir». Es posible que la Argentina ya esté saturada de ese tipo de propuestas, y escasa de proyectos para la vida, como el de las Abuelas.
O acaso no haya que tomarse muy en serio a un Himno Nacional más pomposo que poético, que propone esa solución tres veces cada vez que hay que cantarlo.
Ya se sabe que las Abuelas simbolizan la dignidad, los derechos humanos, la identidad, la memoria. Conviene imaginar por un momento cómo sería una persona sin dignidad, sin derechos, sin identidad, sin memoria: un zombi, un fantasma, un loco.
A una sociedad le puede pasar lo mismo. La Argentina sabe ser muy zombi, fantasmal y loca. Desde ese punto de vista, estas señoras que dicen que no son viejas, sino que tienen mucha juventud acumulada, son un modelo de salud mental.
Además, ellas buscan a los únicos desaparecidos que están vivos. Y al revés, saben que esos chicos, ya adultos, pueden buscarlas a ellas.
Pero representan también actitudes y formas de ser de las que casi no se habla y de las que tal vez haya mucho que aprender en términos políticos, sociales y personales.
Por ejemplo: no son quejosas. Les sobran motivos, y sin embargo nunca se las escucha protestar.
Seguramente lloran, pero no lloriquean. No andan con aires de víctimas. Simplemente, ante un problema, actúan. Hacen cosas. Toman decisiones.
Hablan poco y hacen mucho. O sea, al revés que lo habitual en ese conjunto que se ha dado en llamar «dirigencia argentina».
No tienen miedo, en un país donde a veces da miedo hasta salir a la calle. No es que sean temerarias. Descubrieron que el miedo paraliza, y que para vencerlo hay que moverse.

Las lecciones del ginko
Hace 25 años que no dejan de moverse.
Le pregunté a Estela si tiene miedo luego del atentado a su casa. Arqueó las cejas: todo dicho. Y siguió organizando reuniones, actividades, proyectos.
Las abuelas tienen un genio fuerte. Han sabido plantársele a represores, a líderes mundiales, a obispos y embajadores demasiado silenciosos, a jueces siniestros.
Eso no se hace sin carácter. Pero ese carácter, al mismo tiempo, es alegre. La casa de las Abuelas suele ser un hervidero de movimiento, voces, risas.
Políticamente, son como las bailarinas del Mercosur: ágiles, delicadas y precisas, pero a la vez contundentes y sustentadas en un gigantesco esfuerzo.
Transmiten serenidad, pero son de una eficiencia tremenda. Gracias a su búsqueda Videla, Massera y muchos otros no han podido gozar de una ancianidad impune, ni siquiera con los indultos menemistas.
Las Abuelas están llenas de ideas, pero no dan sermones.
Miran a los ojos cuando hablan.
Nunca quisieron hacer justicia por mano propia, cosa que no sé quién les hubiera podido reprochar.
Jamás insinuaron una palabra de violencia.
Mientas los partidos políticos y los gobernantes no hacen otra cosa que el ridículo, estas señoras resuelven problemas mucho más complejos y hacen verdadera política.
Con esto no debe pensarse, ni por asomo, que ellas tengan que hacer política partidista. Los partidos en su forma actual son el cementerio de cualquier organización civil que valga la pena.
Al revés: los partidos -y yo diría que incluso muchas empresas- tendrían que ir a tomar clases de cómo se conducen estas mujeres, y cómo se las ingenian, como diría Estela, para hacer cosas que sean buenas, útiles, sanas y positivas.
El ataque a la casa de Estela ocurrió durante la madrugada del 20 de septiembre. Cuenta: «Yo me había despertado y estaba en la cama, a oscuras. Pensé en ir a mirar televisión. Hace mucho que tengo el sueño interrumpido. De golpe escuché una explosión. Me levanté, me puse un deshabillé y salí, pensando que a algún vecino le había explotado una garrafa. Al abrir la puerta, ví que los vecinos venían hacia mi casa. La garrafa era mía».
La «garrafa» fueron los balazos con los que perforaron el ventanal de su casa. Estela declaró que eran balas como la que mataron a su hija. Le pregunto cómo sabe tanto de balística: «No sé nada. Pero eran cartuchos como los que encontramos en el cuerpo de Laura cuando pudimos exhumarla».
Aquellas balas, y estas balas. Estela es una de las tantas que sigue buscando, en un país donde la edad de las balas puede prestarse a confusión.
El jueves 24 de octubre hubo un acto ecuménico en la Parroquia de Santa Cruz. El rabino Daniel Goldman leyó unos salmos. El pastor Aldo Echegoyen cantó junto al otro pastor, el nieto restituído. Varios sacerdotes, sin sotana, hicieron su homenaje. A las que están vivas, y a las que fallecieron.
El fraile Antonio Puijgané, quien fuera miembro del Movimiento Todos por la Patria, intentó explicar muy celestialmente que las abuelas verdaderamente vivas son las que están muertas. Y que los vivos se van a morir. «Estela se va a morir» aclaró señalando a la presidente de Abuelas, que no cometió gesto alguno. Al margen de otras de sus facetas, la frase del señor Puijgané confirma que jamás hay que subestimar a la estupidez humana.
Hubo un regalo para las Abuelas, de parte de los integrantes de la parroquia. Unas hojas enmarcadas del árbol Ginkgo Biloba. Es un árbol japonés, que tiene millones de años sobre la tierra. Se cuenta que tras la bomba de Hiroshima, pese a la destrucción pudo encontrarse un brote de este árbol, que desde siempre parece ser un símbolo de vida. En Santa Cruz hay un retoño, que parece saludable.
A Estela Carloto también le habían regalado una plantita de ruda, según la creencia de que tal especie espanta la envidia y la maldad. Ella la hizo plantar en el jardín de su casa atacada a balazos. Tal vez las Abuelas, con el Ginkgo Biloba y un poco de ruda, sean las que logren explicarle a la Argentina una jardinería que funcione para la vida, y no para los zombis y los fantasmas.

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Las cosas que hay que hacer para trabajar – Capítulo 2

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La nueva serie documental de lavaca: el mundo de la autogestión en Argentina a través de ocho capítulos sobre experiencias recientes de diferentes cooperativas que lograron recuperar empresas vaciadas o quebradas por las patronales. Con dirección de Patricio Escobar, autor de La crisis causó 2 nuevas muertes. Ya disponibles los capítulos 1 y 2

Capítulo 2

Aceitera La Matanza fue la primera fábrica recuperada visitada por un presidente argentino durante su mandato. Alberto Fernández reconoció que siempre vio a las cooperativas como parte de la “economía informal” sin comprender que involucra otros modos de producción: “Ahora soy yo uno de los que tiene que convencer al resto de la Argentina de que la economía popular existe, y que hay que darle las herramientas para que siga creciendo”, dijo ante 2.000 trabajadoras y trabajadores. Sin embargo, durante la pandemia, la asistencia del Estado no fue la misma que para las empresas privadas. ¿Qué dice sobre esto? ¿Y qué le responden quienes trabajan?

Capítulo 1

Dos mil personas que integran empresas recuperadas de toda la Argentina se reúnen en un acto histórico en la Aceitera La Matanza. ¿Qué buscan? Impulsar el proyecto de Ley de Recuperación de Unidades Productivas que facilite que cooperativas de trabajo pongan en marcha empresas quebradas o vaciadas por las patronales. El movimiento lleva 20 años sin ley, pero ha recuperado no sólo trabajo sino también dignidad y vida, con 400 fábricas en el país que dan trabajo en total a más de 14 mil obreras y obreros. Su lema: Ocupar, resistir y producir

Las cosas que hay que hacer para trabajar Dirección: Patricio Escobar.
Producción integral de Cooperativa de Trabajo Lavaca: Claudia Acuña, Sergio Ciancaglini, Anabella Arrascaeta, Lina Etchesuri, Sebastian Smok, María del Carmen Varela, Franco Ciancagini, Lucas Pedulla.
Fotografía: Lina Etchesuri y Sebastian Smok. Cámara: Patricio Escobar, Guillermo Guevara, Sebastian Smok.
Música: Guido Donato y Tomás Lobov.
Edición: Damián Finvarb.

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Todo se quema, nada se transforma

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Todas las provincias argentinas sufrieron incendios masivos en 2022, y el 95% de ellos son provocados por acciones humanas, según un reciente informe de Amnistía Internacional. El costo de recuperar ese desastre oscila entre 1.100 y 3.700 millones de dólares anuales. Adjudica los incendios al avance de negocios inmobiliarios, agrícolas y/o ganaderos, que buscan favorecerse a partir de una destrucción territorial.

Los daños y las consecuencias a largo plazo son incalculables, mientras el Congreso sigue en deuda y no trata la Ley de Humedales. Vecinos e integrantes de organizaciones de San Pedro, Rosario y Ramallo dan voz y cuerpo a lo que los números de Amnistía denuncian. El informe completo.

Por Anabella Arrascaeta y Francisco Pandolfi

Amnistía Internacional presentó un informe en el que reporta la gravedad de los incendios forestales en Argentina. El dato es alarmante: durante el 2022 todas las provincias del país estuvieron en llamas.  

El trabajo toma información del Servicio Nacional de Manejo del Fuego, organismo dependiente del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Nación. Los datos son oficiales y arrojan un total de 561.164,89 hectáreas quemadas. Pero la propia organización da cuenta de la dificultad de obtener la radiografía completa de la situación y ofrece, en contraste con estas cifras, la información proporcionada por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuario (INTA), que contabilizó tan solo en Corrientes más de 1 millón de hectáreas devastadas por incendios. 

La provincia de Corrientes permite pensar todo el sistema de muerte y depredación que generan las llamas. Algunos datos: 

  • De acuerdo a la Dirección Nacional de Bosques, dentro de las miles de hectáreas afectadas en los incendios de la provincia, un 10% pertenece a una superficie de bosques quemados que son considerados de muy alto valor de conservación.
  • El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible reporta que en la provincia se documentaron desplazamientos de animales, entre ellos, mono carayá, yacarés y carpinchos.
  • En respuesta a un pedido de acceso a la información pública hecho por Amnistía Internacional Argentina, la Dirección Nacional de Planificación y Ordenamiento Ambiental del Territorio del ministerio informó que se sufrió una pérdida de cientos de miles de hectáreas de áreas protegidas en la provincia de Corrientes en el año 2022. El informe detalla que “las áreas naturales protegidas son relevantes por distintas razones: para la protección de suelos, cuencas hidrográficas, recursos y materias primas, para el control de plagas y enfermedades, para la investigación científica, proporcionar valores espirituales, emocionales y culturales, entre otras razones”. 
  • Entre las áreas más afectadas del país se encuentra la zona de humedales de Corrientes. En 2022 y solamente en dicha provincia se registró que más de 330 mil hectáreas en zonas de humedales fueron afectadas por los incendios.  

En este contexto el informe da cuenta de que la “restauración de áreas quemadas es lenta y requiere de recursos efectivos que permitan la recomposición de los ecosistemas y biodiversidad”. El costo es imposible de determinar. Dice el informe: “Se estima que la recuperación tras los incendios podría costarle a Argentina entre USD 1.100 y 3.700 millones por año”. 

A ese contexto se suma que en medio de la crisis económica, “los brigadistas y bomberos voluntarios han reclamado mayores recursos y apoyo para financiar los gastos a la par de mejores condiciones laborales, obra social y remuneración”. 

Pero hay consecuencias de largo impacto no pueden medirse en números ni plata, por ejemplo el impacto en el ecosistema, “la pérdida de ciertos árboles o vegetación puede tardar décadas en regenerarse, por lo que su recuperación no puede acelerarse ni resolverse rápidamente. Mientras que otro tipo de vegetación es incapaz de rebrotar luego de un incendio”, dice el informe. Agrega: “A su vez, la pérdida de flora a causa de los incendios afecta directamente a la fauna ya que ésta depende de ella para su alimentación o refugio. Esto no solo provoca la muerte de animales sino también su desplazamiento”.  

Otro caso: no había informes de incendios en Tierra del Fuego, pero en noviembre de 2020 se reportaron 9.000 hectáreas consumidas por el fuego (equivalentes a 9.000 manzanas de cualquier ciudad) en el área protegida de bosques nativos de Tolhuin.

Fotos: Pablo Sigismondi.

Quién prende el fuego

El informe de Amnistía Internacional da cuenta de que según el Servicio Nacional de Manejo del Fuego “las acciones humanas son responsables del 95% de los incendios”. 

Explica: “La negligencia, los fogones mal apagados y la quema intencional de pastizales, son algunas de las prácticas más riesgosas que inician los grandes incendios en el país. Con frecuencia los incendios intencionales están asociados a las prácticas de quema de pastizales para el avance de proyectos inmobiliarios y/o la agro-ganadería. Las principales causas de la pérdida de bosques nativos están asociadas a los cambios de uso de suelo que se realizan para desarrollar actividades agrícolas y ganaderas, así como los incendios. Por otro lado, la proliferación de los incendios forestales también se explica por el cambio climático: altas temperaturas, intensas sequías, bajos niveles hídricos”. 

Dato que aporta el informe: El Servicio Metrológico Nacional de octubre de 2022 reportó que más de 160 millones de hectáreas fueron afectadas por la sequía en el país. Otro: las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba y San Luis atraviesan una situación de sequía extrema sin precedentes. “Estas condiciones climáticas, combinadas con altas temperaturas y falta de lluvia, aumentan el riesgo de incendios. Asimismo, a medida que la temperatura global aumenta, eventos como éste serán cada vez más extremos y frecuentes”

Enrique Sierra, vecino de San Pedro, naturalista, activista ambiental, pone cuerpo y territorio a lo que los números y el informe exponen. Cuando atiende el teléfono a lavaca el termómetro registra en su casa 34 grados, y “llegamos a picos de 40 grados la semana pasada. En un año estamos cocinados”. 

¿Por qué?

Por las altas temperaturas, por la falta de lluvia, el Río Paraná está bajo. Desde principio de año llovieron solamente 8 milímetros. Y en agosto, septiembre, noviembre y diciembre del 2022 llovió por mes un promedio de 5 milímetros.

Si le tuvieras que hablar a una persona que no está metida en el tema, que escucha lejano lo del cambio climático pero ve que está padeciendo el calor y que hay incendios permanentes en distintos lugares del país, ¿cómo le explicarías lo que pasa?

Se lo explicaría simple: ¿cuántos cortes de luz tuvo en el año? La luz que tenemos, la mayor parte, viene de centrales hidroeléctricas que no están produciendo energía porque hay sequía en ríos y lagos. ¿Hace 20 años atrás usaba tanto protector solar? ¿Lo alertaban por los golpes de calor? ¿Se le corta el agua en la casa? Porque las autoridades dicen que en las napas casi no hay agua. Esa sería la manera de explicarle a la sociedad en general qué es el cambio climático. Pienso que se entiende más fácil así. Las altas temperaturas nos llevan a más costos. 

¿Por ejemplo?

Si tenés aire acondicionado o ventilador vas a gastar más energía eléctrica, si es que tenés energía eléctrica. Otro ejemplo: si tenés algún tipo de enfermedad, con el humo de los incendios te afectan por las partículas del aire, el dióxido de azufre, el monóxido de carbono, que son gases de efecto invernadero. Acá en San Pedro se está quemando la isla y la solución es que manden 19 brigadistas. No podés mandar esa cantidad a un lugar que tiene más de 1000 hectáreas quemándose. La gente todavía no asocia. Y lo que no asocia la gente tampoco lo asocian los representantes políticos. No se entiende la relación entre los temas ambientales con la vida cotidiana; si yo tengo calor en la vereda es porque no tengo árboles, por eso tengo tres grados más de temperatura. Si llegan a venir lluvias demasiado copiosas, yo no sé qué va a pasar con las ciudades cuando se inunden porque no nos preparamos para el cambio de clima. Hoy tenemos sequía, pero tal vez después de mayo tengamos inundaciones. Ante esa incertidumbre nosotros todavía no nos preparamos como sociedad, como país, para prevenir este tipo de cosas, pese a que muchos venimos advirtiendo del tema. 

Amnistía Internacional acaba de sacar un informe sobre los incendios, la pérdida de biodiversidad y áreas protegidas, de humedales, entre otros temas. Desde tu experiencia, ¿cuáles son las causas de los incendios sistemáticos en el país?

Pienso que en Argentina no ordenamos el territorio; el ordenamientos territorial se refiere a los usos que le damos al suelo, los usos pueden ser industriales, urbanos, agropecuarios, y de conservación como pueden llegar a ser las áreas de humedales, pero como no tenemos un orden de ordenamiento social, cada uno hace lo que quiere. Entonces, que no haya ordenamiento del territorio produce un caos. Todo esto se va agravando porque se van sumando pequeños caos de distintos lugares, provincias, municipios y esto se está haciendo demasiado grande, incontrolable, como los incendios. El clima está cambiando y todavía no reaccionamos, ni prevenimos. No hay lluvias, no se recargan las napas, escasea el agua en la ciudad. La sociedad todavía no relaciona que la falta de lluvias le puede afectar el consumo de agua. El río está bajo desde hace 3 años, los humedales no tienen agua, se queman. Sin que los que queman tengan conciencia que están convirtiendo su futuro en cenizas. 

Fotos: Pablo Sigismondi

La deuda del Congreso: la Ley de Humedales

En Argentina aproximadamente un 21% del territorio está compuesto por humedales, aunque no se sabe con exactitud cuántos hay, su extensión ni su estado de conservación y destrucción. 

Los incendios presentan un riesgo enorme a estos ecosistemas generando pérdidas ambientales que podrían ser irrecuperables. Los humedales ayudan a mitigar los efectos que provocan las sequías, previniendo los focos de fuego, son barreras naturales que ayudan a prevenir el avance de las llamas. Además los beneficios de los humedales son múltiples y su contribución al bienestar humano es invaluable.

El proyecto de ley de Presupuestos Mínimos para la Protección de Humedales busca garantizar su conservación, protección y su uso sustentable. El proyecto lleva una década dormido en el Congreso de la Nación. Desde 2013 las sucesivas pérdidas de estado parlamentario son una constante, abonadas con la indiferencia de la clase política. 

En noviembre 2022 la Ley de Humedales tuvo dictamen en el plenario de las tres comisiones a las que el proyecto había sido girado, pero el dictamen de mayoría pertenece al interbloque Juntos por el Cambio con 53 firmas. El dictamen de minoría (un poco más cercano a lo que apoyan desde hace años las organizaciones científicas, sociales, ambientales y las comunidades afectadas) fue el del Frente de Todos, consiguió solamente 47 firmas dado que varios diputados y diputadas oficialistas no firmaron. 

El proyecto sigue sin ser tratado en el recinto y no fue incluido en las sesiones extraordinarias que acaban de iniciar. 

El informe de Amnistía Internacional exige: “El Congreso de la Nación debe dar urgente tratamiento al proyecto de Ley de Humedales y avanzar con acciones concretas que amplíen la protección de estos ecosistemas tan importantes para el mantenimiento y desarrollo de la vida en la Tierra”. 

Rodolfo Martínez, vecino de la ciudad de Rosario e integrante de la Multisectorial por la Ley de Humedales, explica a lavaca que el proyecto de ley fue “deliberadamente no incluido en las sesiones extraordinarias; no fue incluido ni por pedido de Alberto Fernández ni por pedido de legisladores”.

Sobre los dos dictámentes que se lograron aclara: “el de minoría del oficialismo es bastante más superador que el de mayoría, pero vemos que no hubo intenciones de que tenga debate. Vuelvo al punto: tiene que estar en el Congreso, se tiene que votar, a favor o en contra, de cara a la sociedad. Estamos de cara a un año electoral y todavía no sabemos qué piensan hacer los legisladores. Claramente la omisión de esto es una forma de ceder ante los intereses concentrados que están frenando esta ley”.

¿Quien tiene la responsabilidad de que no se esté tratando?

La responsabilidad de esto no la tienen los lobbies, como a veces intentan decirnos los legisladores. La responsabilidad la tiene cada nombre y apellido, diputado y diputada de todas las provincias que no se sitúan con lo que pasó en la calle, con tanto humo, tanta tragedia, no solo de animales, sino también la salud humana. No se quiere ponerle regulación, es más cómodo que sucedan los grises. 

¿Cómo está la situación en Rosario?

Hace dos fines de semana lamentablemente tuvimos fuego acá en la Isla de los Mástiles, al norte de Rosario, jurisdicción de la provincia de Santa Fe. Se tardó tres días en apagar el fuego y cuando estuvo todo el operativo se demostró que existen fuerzas, existen recursos, vinieron los brigadistas, fue la provincia la que se puso a mover las cosas a raíz del pedido también de las organizaciones. Pudieron apagar el fuego pero estamos hablando de que se repite una lógica, un patrón de fuego que es millonario. Es decir, vamos, apagamos el fuego con operativos que son carísimos y que llegan tarde porque el fuego ya quemó, por supuesto saludamos los esfuerzos pero me parece que hay que hay que invertir la lógica y lo que se tiene que garantizar es una tutela, un guardianazgo del territorio que al día de hoy no existe. En Entre Ríos por ejemplo es deliberadamente funcional que eso no exista. Santa Fe está accionando en estos territorios próximos que son más visibles por la ciudadanía, no así en los humedales del Norte donde están haciendo obras y que claramente van a afectar los territorios, pero por lo menos ante la prensa y ante la vergüenza algo están haciendo.

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Lo que el informe recomienda

El informe de Amnistia Internacional cierra con una serie de recomendaciones hacia el Estado. Son estas:

  • Generar condiciones políticas, legales, administrativas, económicas y financieras que permitan una gestión ambiental transversal a todas las políticas públicas, con un enfoque especial en acciones que se destinen a combatir los efectos de la crisis climática. 
  • Mejorar las estrategias de prevención de incendios forestales, reducción del riesgo y preparación de recursos, que debe estar acompañada de un sistema de monitoreo que garantice impactos efectivos en la reducción de los incendios. 
  • Garantizar el financiamiento y las condiciones necesarias para que todas las instituciones que dan respuesta a los incendios tengan los recursos materiales y humanos para responder con celeridad y de manera adecuada ante los focos de incendio forestales.
  • Asegurar una distribución de recursos eficiente y equitativa para que los distintos niveles del gobierno desarrollen los esfuerzos necesarios para informar los incendios, de manera periódica, así como informar el consecuente impacto socioambiental de los incendios forestales. 
  • Garantizar la restauración, rehabilitación y reforestación de las áreas afectadas y/o restauración de ecosistemas en beneficio de los territorios y población perjudicados; considerando la infraestructura natural, el cambio climático y el planeamiento que permita territorios más seguros y resilientes en el futuro. 
  • Garantizar investigaciones urgentes y eficaces para la identificación y sanción de los responsables de los incendios forestales y su debida condena. 
  • Avanzar con el tratamiento y aprobación urgente del proyecto de Ley de Humedales, priorizando aquel que ofrezca las mayores garantías posibles para la protección de los territorios.

Evangelina Romano, integrante de la Red Nacional de Docentes por los Humedales, y vecina de Ramallo, conversa con lavaca y aporta sus propias recomendaciones. Habla claro y dice así: “Despedimos al 2022 sin una Ley de Humedales y como era de esperar en llamas y tapados de humo. Y como pasó siempre, nadie accionó. Siempre esperamos a que el humo nos entre por la ventana. Una locura. Pedimos una Ley de Humedales que nos dé herramientas para terminar con el sufrimiento de las personas asmáticas, de los bichos, de los isleños, de los pescadores y de la vida misma. Todo sigue igual que hace 2 años, con gobernantes nacionales y provinciales inoperantes que se desbocan por zoom y no hacen cumplir las leyes; no es tiempo de debatir, de hablar, ya es tarde. Lo mismo sucede con municipios acéfalos que solo mandan cartas y se sientan a ver qué pasa desde la otra orilla. Armen un plan de contingencia, conversen con los propietarios y únanse para mitigar semejante devastación, poniendo recursos. Si no accionan, si no despiertan, esto no va a tener solución». 

Fotos: Pablo Sigismondi.
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Nota

Mónica Alegre, mamá de Luciano Arruga: memoria contra la impunidad por un desaparecido en democracia

Publicada

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A 14 años de la desaparición de Luciano Arruga (que tenía 16 años en aquel momento), la causa que investiga su muerte está congelada y los ocho policías implicados figuran apenas como testigos. En diálogo con lavaca la madre de Luciano recuerda algunas otras cosas: lo que no cierra alrededor del cuerpo que estuvo desaparecido 5 años y 8 meses, tras haberse negado a ser reclutado por la propia policía para robar. Las imágenes de la vida de adolescentes en territorios dominados por la trampa y la violencia de las instituciones. Las dudas sobre la teoría de que fue atropellado. La investigación a la propia familia, que tuvo los teléfonos pinchados. Las amenazas, la quema del auto a Vanesa, la hermana de Luciano. El hostigamiento a los amigos del joven que debieron mudarse del barrio. El silencio político, la complicidad judicial, y los límites de la defensa. El recuerdo de Luciano, su fanatismo por River, su generosidad para compartir comida con sus amigos: “Él me enseñó a ser mejor persona” dice Mónica. Este domingo desde las 15, en el Espacio Luciano Arruga (ex destacamento donde el adolescente fue torturado; Indart y San Martín, Lomas del Mirador), familiares y amigos organizan la tradicional jornada en recuerdo del joven de 16 años desaparecido por la Bonaerense: “Seguiremos recordando que nosotros jamás vamos a bajar los brazos; que vamos a seguir pidiendo justicia todos los días de nuestra vida”. Por Francisco Pandolfi.

Mónica Alegre el próximo 21 de agosto cumplirá 60 años. Siempre cumple, Mónica Alegre, que vive en la casa de su mamá, a quien cuida todos los días en la villa 12 de Octubre de Lomas del Mirador. El martes 31 de enero se cumplirá otro aniversario sin su hijo: 14 años de aquel 2009 cuando Luciano Arruga fue desaparecido por la Policía Bonaerense. Lo parió un 29 de febrero de 1992. Su Negrito tenía 16 años y estaba por festejar los 17. No lo dejaron.

Para Mónica la vida fue complicada mucho antes de la desaparición de Luciano. Junto a su familia, vivieron en la calle, en casillas, en un hotel. El papá de Luciano los abandonó cuando él tenía 5 años. Y Moni ahí, presente, estando, sosteniendo, pese a todo.  

Lo recuerda a “su morocho” bien flacucho, cartoneando para ayudar a su familia. Como ya habían conocido la nieve –cuando el 9 de julio de 2007 cayó sorpresivamente en Buenos Aires–, le quedaba el sueño de ver el mar y las montañas. No lo dejaron.

El rechazo a “trabajar” para la policía

A Luciano le gustaba mucho el fútbol y era tan pero tan fanático de River, que aseguraba que si tenía un hijo varón lo llamaría Enzo Ramón, por Enzo Francescoli y Ramón Díaz. Nunca le alcanzó la plata para ir al Monumental. Tenía intacto el deseo de llegar a ese día. Tampoco lo dejaron.

En 2007, aquel año donde sus ojos vislumbraron la nieve porteña, la Policía Bonaerense le ofreció salir a robar para ellos. Se lo contó a su madre, que se quedó tranquila con la negativa de su hijo. Pero ante el “no”, vendría el hostigamiento policial, las amenazas. Y ya no lo dejarían en paz.

El 28 de septiembre de 2008 lo detuvieron de manera irregular y fue llevado al destacamento de Lomas del Mirador, inhabilitado para alojar personas y prohibido para menores. Fue amenazado y golpeado. Allí fue a rescatarlo Moni, que escuchaba sus gritos para que le dejaran de pegar. Por esas torturas el ex policía bonaerense Julio Torales, fue condenado en mayo de 2015 a diez años de prisión.

Cuatro meses después, el 31 de enero de 2009, Luciano fue desaparecido. Fernando Espinoza era el intendente de La Matanza; Daniel Scioli, el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Cristina Kirchner, la presidenta de la Nación. El silencio de las cúpulas fue ensordecedor.

La causa da cuenta de que esa noche los móviles policiales tuvieron “un funcionamiento irregular”, con circulación por fuera del recorrido asignado, falta de registros y estadío “durante varias horas en un descampado conocido como Monte Dorrego”.

Además, los libros de guardia del destacamento fueron adulterados. El 5 de febrero, su hermana Vanesa Orieta presentó un Habeas Corpus, pero fue rechazado por el Juzgado de Garantías N°5, a cargo del Juez Gustavo Blanco y la fiscal Roxana Castelli, meses después reemplazada por Celia Cejas.

La aparición

Finalmente el 17 de octubre de 2014 –5 años  y 8 meses después– se encontró el cuerpo de Lucianor enterrado como NN en el Cementerio de la Chacarita. Se descubrió que había fallecido el 1º de febrero de 2009, supuestamente atropellado por un auto al intentar cruzar la General Paz, desesperado, escapando (según declararon testigos), en circunstancias que aún siguen siendo investigadas. Y que había sido llevado al Hospital Santojanni, justamente donde su familia había ido dos veces a preguntar si estaba allí, y se lo negaron. Supuestamente se buscaba a un joven desaparecido, mientras un NN era enterrado por las mismas autoridades sin investigar quién era ni dar noticia alguna a la sociedad.

La causa que debe investigar su desaparición y muerte continúa en etapa de instrucción y el juicio político pedido por sus familiares a las fiscales Castelli y Cejas y al juez Banco, está estancado.

A 14 años, se sabe de la amnesia de los distintos gobiernos que se sucedieron, como de la complicidad policial-judicial. A 14 años, se sigue sin saber qué le pasó a Luciano esa noche. A 14 años, Mónica Raquel Alegre, la mamá de Luciano Nahuel Arruga, su orgullo, su “Negrito que se negó a robar para la Policía”, habla, llora, lo recuerda sonriendo.

–¿Cómo te llevás con esta fecha?

–Intento no pensar tanto, pero no se trata del 31 de enero, de una fecha particular: así son todos y cada uno de los días de mi vida. Pasaron 14 años, duele, va a doler siempre, toda mi vida. Es mentira que el tiempo cura todo. Hace muchos años una vez te dije, “el ser humano es un animal de costumbre” y es así. Una se acostumbra a vivir con el dolor, y es horrible; también con la desidia, la angustia, la tristeza, a no haber tenido justicia. Hasta a eso una se acostumbra hasta que se acaba la nafta, hasta que la pacha dice basta; no creo en Dios, aunque debe ser que exista, pero para nosotros no tuvo tiempo. Ahora, al estar cuidando a mi mamá, no estoy yendo a actividades de otros familiares, lo que me significaba sentirme viva. Al no estar en esos espacios como antes, siento que me ahogo, pero son procesos. Lo único que me queda es vivir con el recuerdo, con las anécdotas.

–¿Hay algunos de esos recuerdos o anécdotas que te sirven para sobrellevar mejor el día a día?

–Sí, sobre todo sus sonrisas, el recordarlo riendo. Agradezco lo mucho que me enseñó, lo que aprendí de él a ser mejor persona, más solidaria con mis pares, a no juzgar; del dolor también se aprende.

–Una de las primeras veces que hablamos en 2009 contabas que pese a vivir re contra justos, si tenías cuatro papas, a veces él se llevaba dos para sus amigos, porque no tenían nada para comer.

–Era así, si tenía media docena de huevos, y me faltaban dos o tres, ya sabía qué había pasado. Lo mismo con las papas, porque los pibes no tenían para comer, pero la verdad es que nosotros tampoco, entonces a veces me enojaba con él. “Pero yo salgo con el carro, mamá, y si no, pido; los pibes no tienen nada”. Y después me decía: “Aprendé mamá, ¿cuándo vas a aprender?”. Y mamá aprendió, aprendió de la peor manera, tuvo un gran costo, pero aprendí: hoy soy más humana. Ese pibe era mi Negrito, que jugaba descalzo a la pelota por un sanguche de milanesa y una coca; un pibe de barrio, un pibe villero, un pibe cartonero. Y sabés que ahora que pienso en esto, por primera vez caigo en que hace 14 años que no amaso pan casero, ¡14 años! Antes los hacía siempre, porque a él le gustaba mucho, y también se llevaba para sus amigos que no tenían nada.

Moni deja por un momento unos parches que está cosiendo para la actividad de este domingo y llora de la impotencia. Se le reestablece un poco la voz y el pan casero se asocia a las mentiras que sembraron alrededor de la causa: “Pasaron 14 años sin justicia, de disfrazar la realidad, de que dijeran que había muerto en un accidente de tránsito. ¿Quién tiene las herramientas para desaparecer un cuerpo? Se necesita de todo el aparato del Estado, judicial, policial y político para desaparecer a una persona durante 5 años y 8 meses. No se puede tapar el sol con un dedo. Entonces, con el paso del tiempo cierra todo: tres hábeas corpus nos rechazaron antes que aceptaran el último, unos meses antes de encontrar el cuerpo. Se ve que no estaba aceitado el ocultamiento total y algo podía quedar al azar. Ya para cuando apareció el cuerpo, habían borraron todo. En el medio, pasaron muchas cosas en el caso, como la Policía espiándonos a los familiares porque investigaban un secuestro extorsivo; el hostigamiento a uno de los pibes de Familiares y Amigos que amenazaron que iba a terminar como el Negro y se tuvo que ir a vivir al sur; el quemar el auto de Vanesa; el querer incendiarme mi casa; las amenazas al resto de mis hijos… Hay pibes acá en el barrio que tuvieron que irse a Paraguay por miedo. Se fueron porque la Policía los re cagó a palos y los amenazó. Así, con esta impunidad, ya pasaron 14 años y la causa sigue en etapa de instrucción; es una burla, los ocho policías implicados ¡siguen como testigos! Me pregunto: ¿podrán dormir tranquilos? ¿vivirán en paz?”.

–¿Cómo explicas que luego de tantos años todavía se esté en la etapa de instrucción, o sea, de investigación penal?

–Yo me pregunto lo mismo, ¿cómo se explica? Como la causa no prescribe, porque si hay algo que luchamos con uñas siguiente es para caratularla como desaparición forzada, la van a mantener en ese estado. Juegan con el desgaste, con el cansancio, con los recuerdos y también con tu economía, porque si vos no tenés un buen abogado… Mi abogado es del CELS y el CELS vos sabés hasta dónde patea; se va a desgarrar las vestiduras por el caso hasta que tocás al Estado, ahí da un pasito atrás. Entonces se dan pequeños pasos, la causa sigue moviéndose, pero no avanza. Todo seguirá así hasta que quizá algún día tenga un buen abogado y empiece de vuelta.

–¿Qué creés que debe aprender de Luciano la sociedad, para ser un poco mejor?

–Ese corazón inmenso que tenía el Negro; a ser un poco más humano, a valorar la vida, a aprender. Ojalá, sí, ojalá que la sociedad aprenda a no ser tan egoísta. El Negro era así; no le gustaba tanto estudiar, pero tenía un corazón de oro. Vos fijate, se llevaba pan casero para dárselo a sus amigos; al día siguiente quizá no iba a tener nada para comer, pero priorizaba a los demás.

–¿Por qué es importante la actividad de esta tarde?

–Desde las 15, en el Espacio Luciano Arruga (ex destacamento donde fue torturado Luciano; Indart y San Martín, Lomas del Mirador) seguiremos recordando que nosotros jamás vamos a bajar los brazos; que vamos a seguir pidiendo justicia todos los días de nuestra vida. Es importante para tener la memoria del Negro viva y presente, para saber nosotros mismos que no estamos derrotados; para que sepan que no estamos derrotados y que seguimos luchando.

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