Sigamos en contacto

Nota

Plantate: Mamá Cultiva y la organización que logró la legalización del cannabis medicinal

Publicada

el

El Gobierno nacional reglamentó la ley de Cannabis Medicinal a través de un decreto que legaliza el acceso través de autocultivo, cultivo solidario y comunitario. También habilita la venta de aceites en farmacias y el impulso a la producción pública. “Hoy no se puede hacer más que festejar”, dice a lavaca Valeria Salech, fundadora de Mamá Cultiva, el colectivo de madres que se fundó en 2016 para conseguir un marco legal para el cultivo de cannabis para la salud y abrir espacios de formación, construcción ciudadana y comunitaria que difundan los beneficios de esta terapia para la calidad de vida: “Antes teníamos que decirle a la gente que para acceder a una mejor calidad de vida tenían que infringir la ley: hoy ya no vamos a decirlo más”. Qué implica la reglamentación. Los horizontes que se abren. La nueva ley que presentaron para regular la comercialización. Y cómo se construye el conocimiento.

La organización Mamá Cultiva fue motor de la reglamentación. Foto: Vero Ape.

Valeria Salech define su estado en un solo concepto: “Estoy eufórica”.

La fundadora de Mamá Cultiva grafica a lavaca la felicidad después de que hoy el Gobierno reglamentara la ley de Cannabis medicinal que permitirá el “cultivo personal, solidario y colectivo, además de la compra de preparados y fármacos en farmacia”, como describió la organización. Además, el decreto 883/2020 establece que las obras sociales, el Estado y las prepagas “garanticen” esa cobertura.

En estos años, la organización se convirtió en una referencia ineludible para la discusión que hoy finalmente se cristalizó en el Boletín Oficial, pero ya venía hace años abriendo espacios de formación, construcción ciudadana y comunitaria para difundir los beneficios de esta terapia para la calidad de vida.

En 2017, el Congreso sancionó la ley que regula la investigación médica y científica del uso medicinal del cannabis, pero la demorada reglamentación del gobierno macristia entonces llegó con críticas: entre otras cosas, dejó fuera del marco normativo el autocultivo y el impulso a la producción pública de aceite. “Antes teníamos que decirle a la gente que para acceder a una mejor calidad de vida tenían que infringir la ley: hoy ya no vamos a decirlo más», apunta Salech. «Hoy es legal, es legítimo y que es algo que se merecen, todo lo que ya decimos, pero sin miedo ni recaudos, saliendo de la situación realmente de indefensión en la que estábamos. Hoy no se puede hacer más que festejar”.

El año había comenzado con reuniones con los funcionarios del área de Salud, cuando aún no había vuelto a su rango de Ministerio. Luego llegó la cuarentena obligatoria y la decisión se postergó. Salech subraya qué significa: “Hemos logrado un cambio de paradigma real, concreto, donde la planta ya pasó a otro lugar, que es donde le corresponde estar, entrege las grandes plantas medicinales de la humanidad y que la naturaleza nos viene a regalar. Ahora vamos a trabajar muchísimo, pero más tranquilas, porque esto acaba de empezar”.

-¿Qué horizontes se abren a partir de ahora?

-Presentamos una nueva ley. Siempre vamos a estar un paso adelante, porque somos los que estamos en el tema. Con la diputada Carolina Galliard presentamos una ley de Regulación de Cannabis para la Salud, que recopila todo lo que ocurrió y trata de darle un marco regulatorio. Hoy hay un comercio no regulado, clandestino, que hay que regular. La reglamentación de hoy contempla un registro de usuarios y usuarias de cultivos en red, pero no al desarrollo productivo. Queremos que haya un plan y un instituto regulador que pueda tener en cuenta todo lo demás: hoy pensás en cannabis y tenés autocultivo, cultivo comunitario, clubes de cultivo y diferentes formas de acceder al cannabis. Además tenés producción pública, privada, y todas tienen que estar reguladas. También sus derivados, como la comercialización de semillas: tienen que ser accesibles para que cualquiera pueda hacer autocultivo. Necesitamos un marco regulatorio que siente las bases para que, cuando llegue el mercado internacional, no se genere un monopolio, que es lo que pasa en la mayoría de los países donde es legal.

Compartimos la nota completa sobre la organización de Mamá Cultiva.

***

Plantate: Mamá Cultiva y la movida del cannabis medicinal

Madres desesperadas y organizadas sembraron sus propias herramientas para la salud de sus hijes en torno al autocultivo. Y plantearon otro paradigma de curación y de vida. Por qué la planta es feminista. Médicos, terapeutas y otra forma de construcción de conocimiento. Del Joker a Mirtha Legrand, historias que cambian la Historia.

Por Lucas Pedulla y Giselle Valente

La planta de cannabis, para Patricia, no es una droga.

No significa deterioro mental, excesos, ni puerta a otras sustancias. No es muerte.

Patricia es madre tiempo completo, amiga, pareja. Disfruta de escribir, de pensar, de soñar. Sueña que Nacho, su hijo, la mire fijo un día, le sonría con complicidad, y le diga: “mamá”. Nacho, 4 años, nació sietemesino, de embarazo gemelar. Tiene parálisis cerebral. Una consecuencia para Nacho, además de la falta de capacidad motora y la rigidez en el cuerpo, es la epilepsia refractaria: inusuales y constantes convulsiones, por las descargas eléctricas en el cerebro.

Patricia le seca la saliva, lo calma, lo mima, lo mira convulsionar, atenta a cualquier movimiento. Se angustia, llora; reflexiona cuando oye las palabras del neurólogo pediatra de confianza: “Los fármacos no están sirviendo para frenar las convulsiones. Podrías probar con esto otro…”.
Patricia no duda. Se conecta con grupos de madres. Le explican. Aprende.
Patricia cultiva.

Hoy el aceite de cannabis eliminó las convulsiones de Nacho casi en su totalidad.

El cannabis, para Patricia y para Nacho, es vida.

La mala madre

Patricia encontró un lugar donde responder sus preguntas y su angustia: Mamá Cultiva, una organización que se define “autogestiva, con perspectiva de género y diversidad”, y surgió en 2016 para conseguir un marco legal para el cultivo de cannabis para la salud y abrir espacios de formación, construcción ciudadana y comunitaria que difundan los beneficios de esta terapia para la calidad de vida. Su fundadora, Valeria Salech, abre la puerta de la sede con una sonrisa: “Acá es lugar donde se hace la magia”.
La magia podría definirse como la habilidad de lograr eventos extraordinarios, como descubrir cosas ocultas. Valeria: “Acá llegan pacientes obedientes de un sistema médico y se van siendo autogestores de su propia salud. Ya no son pacientes: son hacientes”.

¿Qué hacen los hacientes?
-Hacen algo que les brinda calidad de vida. Eso es lo mágico, en todos los sentidos. El autocultivo es una herramienta que te da una posibilidad. Desde ahí, trabajamos un montón de cuestiones subjetivas, que te abren los ojos a pensar tu rol. A pensar la obediencia: lo que el sistema médico nos pide a nosotras es obediencia y sumisión. Sobre todo, a las mujeres. Y a las madres. “No seas mala madre”, te dicen. Y nosotras incentivamos a ser malas madres: hacé lo que te pinte.

Valeria es mamá de Emiliano, 13 años, diagnosticado de epilepsia y luego autismo, atravesado por diversos tratamientos que no mejoraban su calidad de vida. “De bebé, tenía 300 convulsiones por día. Cuando empezó a tomar medicación convencional no me podía dormir, porque la mayoría de las convulsiones las tenía de noche. Estaba siempre cansada, con ojeras, y empecé a faltar al trabajo porque no rendía: no me podía mover. Era secretaria. La última vez, mi jefa lloraba cuando me echó. Perdemos el derecho al ocio, a estudiar. Un día, en una terapia de Emiliano, me habló una psicóloga. Fue como una terapia. Nadie piensa en las madres: cuando te dan un diagnóstico tan cruel debería haber una atención sobre nosotras. Nadie te enseña cómo tener un hijo, y menos un hijo con discapacidad. Una vez la psicóloga me preguntó qué me gustaría hacer si no tuviera hijos. ‘Fumarme uno’, le dije, ‘porque me da mucho sueño’. Me dijo: ‘Bueno, fumate uno. Si no, te medico’”.

Con su marido empezaron a cultivar. Conocieron movimientos cannábicos, y a Valeria le llamó la atención que no existiera una agrupación solo de mujeres. El último click llegó el 23 de marzo de 2016, cuando la exdiputada Diana Conti presentó el proyecto de ley de despenalización del cannabis para uso medicinal. “Allí estaba María Laura Alasi, mamá de Josefina, la primera que desde Villa Gesell empezó a impulsar esto. Y me llamó mucho la atención que había un montón de diputadas”.

Supo que ya existía una asociación cannábica de mujeres: Mamá Cultiva, en Chile. Valeria habló con ellas al día siguiente. Lo que siguió fue un dominó de eventos extraordinarios –la magia- que hasta hoy continúa creciendo. Valeria resume: “Eso es ser ‘mala madre’: la desobediencia”.

Los Joker argentinos

Algunas certezas se reflejan en números que significan búsquedas y, a la vez, posibilidades :

  • Más de 5.000 personas pasaron por los talleres de cultivo, extracción, aspectos legales, diversidad, género, discapacidad y derechos de Mamá Cultiva.
  • Más de 200 familias participaron en los Espacios de Contención y Orientación (ECO).
  • Más de 100 profesionales realizaron el Curso de Formación Interdisciplinaria en Cannabis para la salud.
  • Más de 200 mil seguidores reciben información responsable por las redes.

Valeria: “El 70% de las personas que vienen son mujeres que cuidan. A sus hijos, a sus maridos. Lo primero es vomitar todo. Llorar. Sabemos lo que se siente, lo pasamos: en el consultorio médico, la escuela, la familia. Es un rechazo social permanente. Y cuando el padecimiento lo tenés vos, peor: ya no te visitan. Lo más cruel es la no aceptación de la diversidad en términos clínicos y psicológicos. Como en la película Joker: la persona que no es aceptada, tiene que fingir que es normal, y no lo es. Acá son todos jokers: personas eyectadas de un sistema que solo quiere gente productiva. Cuando dejaste de serlo, sos de segunda, de quinta: no existís”.

La tragedia del Joker es que no hubo una Mamá Cultiva.
-Lo hubiéramos salvado al tener un lugar donde venir, putear y llorar. Y después, ponerse constructivo: sacamos la planta, la semilla, y empieza un ánimo de hacer. La autoestima sube por las nubes: estás haciendo algo que te puede servir a vos o a otro. Hemos tenido madres cuyos hijos murieron. ¿Por qué siguen? Porque les hace bien estar en una comunidad que construyen ellas. Y mientras tanto hay todo un desarrollo político que tiene que ver con ocupar espacios que estaban vedados: damos charlas en universidades y unidades básicas. La planta te da esa posibilidad porque la prohibición es política: no tiene nada que ver con la salud. Uno de los lugares a donde quería llegar era la Facultad de Psicología, en la UBA: hay procesos psicológicos que ocurren en una toma de conciencia. Entonces la persona que pudo desobedecer al médico, a las leyes, y yendo a contramano de todo, está mejor, se transforma. Y es irreversible.

¿Disputa también la construcción de conocimiento?
-Claro. La planta es feminista: viene a cuestionarlo todo: de quién es el poder. El poder es de la planta. Cuando vos la conocés, la estudiás y la experimentás, te volvés poderosa: el saber es poder. Todo este camino está relacionado con saberes ancestrales y populares que le disputan el poder a la academia. Hay resistencia porque el modelo hegemónico que colonizó América está enmaridado con la industria farmacéutica. El médico no ve fuera de eso: el librito dice que X patología va con X medicación. Pero acá estamos generando y democratizando el conocimiento: eso es lo más feminista que puede haber.

Médico en modo cerebro

Marcelo Morante es médico, profesor e investigador en la Universidad Nacional de La Plata, especializado en tratamientos del dolor. “Queríamos generar un espacio donde se hablara del dolor desde otra mirada. Se empezaba a relacionar cannabis con el tema del dolor. Y coincidió que mi hermana empezó con convulsiones refractarias”.

Su hermana es Mariela Morante, también especialista en Medicina Interna y Dolor. En 2015, vivió atravesada por convulsiones que le producía el neurolupus. Solo el 0,8% de los pacientes que tienen lupus lo desarrollan: el cuerpo detecta a las neuronas como algo ajeno. Marcelo no dudó: viajó a Canadá a especializarse y trajo a un médico referente a dar una charla en la UNLP. “Vi que no había nada hecho. De repente aparecí dando charlas en un fogón de Berazategui, en un hospital de Bariloche, en un cuartel de bomberos de Misiones, en Chile, en Perú. En ese camino estaban las mamás. Había pocos médicos y muchos pacientes y cultivadores. El cannabis medicinal democratizó la enseñanza de la medicina y la relación médico/paciente: exige dejar de lado los ‘papers’ donde solo está en juego nuestro prestigio y que investiguemos lo que a la sociedad le interesa”.
En la década del 90 la medicina descifró una revolución: el sistema endocannabinoide. Su definición técnica podría ser la de un grupo de receptores cannabinoides endógenos localizados en el cerebro que involucran de forma integral procesos como el apetito, el dolor y el humor. Marcelo: “Es la marihuana propia”.

¿Qué significa desde el punto de vista del dolor?
-Desde la periferia donde se origina el dolor, hasta la matriz cerebral, el recorrido de la vía del dolor está en el sistema endocannabinoide. De alguna forma, es un modulador del dolor y una oportunidad: un sistema endógeno que nos permitiría manipular ciertos receptores que mejorarían los síntomas de algunos pacientes. Por ejemplo: en un área particular del cerebro hay una neurona que está descargando de forma descontrolada. La neurona que está al lado libera cannabis para neutralizar esa convulsión: eso lo hace en un lugar del cerebro y por un tiempo determinado. Cuando damos cannabis a los pacientes, se lo damos a todo el organismo por un tiempo mucho más largo. Descifrar cómo funciona ese sistema significaría acercarnos a cómo sería el proceso para, desde afuera, poder modificar o imitar esa liberación. Ese sería el gran desafío que se viene para la ciencia.

Rompe cabezas

Susana García es psicoterapeuta e hizo el curso de Mamá Cultiva para profesionales de la salud. “Tenemos un vínculo familiar y profesional con la planta”, cuenta. El familiar: “Hace más de una década uno de mis hijos sufrió una crisis emocional profunda, y tuvo que iniciar un tratamiento psicológico y con psicofármacos. Por precaución quedó medicado durante muchos años. Tenía efectos colaterales: aumentó 12 kilos de su peso histórico y perdió mucha memoria”.

Sabían que el cannabis se estaba usando en salud mental y fueron juntos a un congreso organizado por Marcelo Morante en La Plata. Conocieron a la psiquiatra María Celeste Romero, otra experta en el tema. “Con ella pudo comenzar un tratamiento y redujo a la mínima su dosis. En los primeros 3 meses bajó los 12 kilos. Y recuperó la memoria: este año estuvo en Rosario en un encuentro de Salud y Derechos Humanos y dio su testimonio. Este tratamiento requiere una autonomía del paciente y un involucrarse que genera nada más ni nada menos que soberanía sanitaria”.

Susana acompaña hoy muchos procesos en red con otras profesionales en los que el cannabis mejora la calidad de vida de pacientes con depresión, ataques de pánico o crisis psicóticas. “Es una medicina basada en la evidencia del testimonio del paciente y su mejora. La planta modula el sistema nervioso y el inmune. No es que por un lado está el cuerpo y por otro las emociones. Todo está unido. Y lo interesante es que la planta tampoco funciona por partes, sino unida. Por eso no la pudieron cooptar. Rompe la cabeza de los laboratorios. La planta es el concepto de lo holístico. Es un nuevo paradigma de curación. Y, como profesionales, nos hace plantar desde un lugar más humilde. Una salida de la omnipotencia”.

Almuerzos cannábicos

Al cierre de esta edición, el Hospital Garraham publicó el primer estudio científico en América Latina sobre la efectividad del tratamiento con aceite de cannabis. El estudio duró un año: sobre 49 niñes con epilepsia refractaria, el 80% evitó dos de cada tres crisis. Si bien corroboró lo que cientos de mamás vienen confirmando en la práctica hace años, destacan que el avance es importante a nivel regional.

En 2017, el Congreso sancionó la ley que regula la investigación médica y científica del uso medicinal del cannabis, pero la demorada reglamentación del gobierno llegó con críticas: entre otras cosas, dejó fuera del marco normativo el autocultivo y el impulso a la producción pública de aceite. Días antes de su asunción, el flamante ministro de Salud, Ginés González García, afirmó que hay que trabajar sobre la reglamentación y que “está demostrado que el uso tiene que ser permitido para otras patologías”. Alertó que así se rompería también el “mercado negro” en torno al cannabis.

Valeria Salech habla de soberanía cannábica: “Si todo lo que estuvimos haciendo lo poneos arriba de la mesa, ¿sabés las cosas que podríamos llegar a hacer? Pudimos construir en estos cuatro años en contextos muy adversos, con Patricia Bullrich hablando de guerra contra las drogas por una familia con tres plantas. Esa violencia la transformábamos en acción. ¿Decomisaban en Entre Ríos? Allí íbamos a dar una charla. Logramos construir legitimidad. Con amorosidad y empatía. Hasta Mirtha Legrand dijo que cultivaría”.

Valeria fue invitada al programa en 2017: anunció que en diez días harían un taller informativo en un teatro. “Se llenó. Y nos cambió el público: el 80% era gente adulta, que lo necesita. La planta nos permite naturalizar que hay gente que tiene salud y gente que no. Nadie tiene la salud completa, pasan el tiempo y procesos naturales del cuerpo. Y la planta es la que regula el equilibrio vital de nuestro organismo”. Como figura pública que experimentó un cambio notable puede citarse a Nora Cortiñas, con pronóstico de enclaustramiento por un dolor crónico en su rodilla a los 89 años, y que vía los regalos de medicamentos cannábicos que le han hecho sigue movilizándose y acompañando todas las causas imaginables. Y cultiva.

¿Qué ocurre con las personas que cultivan?
-En el momento en que entrás acá, ya estás haciendo algo. Es un montón. Yo estuve cinco años mirando cómo mi hijo tenía convulsiones, llorando sin poder hacer nada, llamando a la neuróloga, que me decía: “Sí, es normal, el cuadro de él es difícil”. No siempre hay un Dr. House que tiene la respuesta. Acá llegaba gente diciendo que quería conocer a la “eminencia en cannabis”. No: vos sos tu propia eminencia. Y la felicidad de la persona que cultiva pasa por estar en tiempo presente, que a los seres humanos nos cuesta mucho. Colocás, regás y ves a la planta toda contenta. Y hay algo que no es científico: al crecer con el paciente, la mejor planta es la que cultivás vos. Todo ese amor y esa dedicación, vuelve. La naturaleza no falla. Nunca.

Nota

Aparece una nueva prueba y se suspende el juicio por el femicidio de Cecilia Basaldúa

Publicada

el

A pocos días de la desaparición de Cecilia y a 600 metros de donde se halló finalmente su cuerpo, una familia denunció ante la policía de Capilla del Monte haber encontrado encontrado en una casa deshabitada de su propiedad una habitación manchada de sangre, la cama, un colchón, sábanas y hasta un velador. Realizaron la denuncia, la policía se acercó y tomó muestras, pero la fiscalía no dio curso a la investigación y los análisis sobre las muestras extraídas nunca se realizaron. La aparición de esta prueba obligó a suspender el juicio por el femicidio de la joven, plagado de irregularidades, y para la familia Basaldúa arroja una luz de esperanza para saber qué pasó con su hija, y que paguen los verdaderos culpables. Incluida la propia justicia.

Por Bernardina Rosini

Córdoba.-  Desde que se inició el juicio por el femicidio de Cecilia Basaldúa el pasado 3 de mayo en Cruz del Eje, provincia de Córdoba, venía sucediendo lo que se esperaba de este proceso: la exhibición de la debilidad de las pruebas que sostienen la acusación contra el joven Lucas Bustos y las irregularidades de la investigación que encabezó la fiscal Paula Kelm.

Hasta acá, nada nuevo.

Pero este jueves 19, cuando se esperaba la última jornada de testimonios, la aparición de una nueva y – para las abogadas de la familia Basaldúa- “trascendental” prueba, irrumpió el proceso y obligó la suspensión del juicio hasta el próximo 10 de junio.

En diálogo con lavaca, la abogada Giselle Videla relata que en mayo del 2020, a tan sólo unas semanas después de la aparición del cuerpo de Cecilia, una familia denunció a la policía de Capilla del Monte que habían encontrado en una casa deshabitada de su propiedad un escenario de horror: una de las habitaciones estaba manchada de sangre, la cama, un colchón, sábanas y hasta un velador. Realizaron la denuncia, la policía se acercó y tomó muestras. Un dato más para resaltar además de la proximidad de la fecha es la ubicación de la casa, a tan sólo 600 metros de donde fue encontrado el cuerpo de Cecilia el 25 de abril del 2020.

Entonces: la fiscalía tenía el cuerpo de la joven por un lado, y a unos pocos metros un cuarto de una casa abandonada manchado con sangre, pero sin embargo no dio curso a la investigación y los análisis sobre las muestras extraídas de la casa nunca se realizaron.

A Daniel Basaldúa, papá de Cecilia, esto no le sorprende: “Es el modus operandi de la fiscal Kelm, hace mímicas de que investiga pero está todo sesgado, nunca llega al fondo, toma muestras pero no realiza los análisis para obtener la información necesaria. A la familia les respondieron que la sangre correspondía a un animal para que no preguntaran más”.

Entre los policías que se acercaron a tomar muestras en la casa abandonada estaba el subcomisario Ariel Zárate, quien participó desde el primer momento de la búsqueda de Cecilia tras la denuncia de su desaparición. Zárate era uno de los oficiales que estaba a cargo de la investigación y mantenía comunicación con la familia Basaldúa. Tomaba la información que proveía la familia de Cecilia pero no hacía nada. Incluso en un audio que aportó la familia y tampoco fue debidamente investigado, el subcomisario fue mencionado por una testigo dejándolo implicado junto al principal sospechoso para la familia Basaldúa; Mario Mainardi, quien alojó en su casa a Cecilia justo antes de su desaparición.

Ariel Zárate declaró recientemente en el juicio y lo hizo de modo virtual ya que se encuentra detenido por otra causa, por “robo, lesiones leves calificadas y privación ilegítima de la libertad”, en perjuicio de una joven de 21 años.

En el momento de presentar esta nueva prueba, la familia de Cecilia Basaldúa solicitó que las muestras de sangre tomadas del colchón de la casa abandonada se cotejen con la información de Cecilia, del imputado Lucas Bustos pero también de Zárate y de Mario Mainardi, con la esperanza de poder dar con los verdaderos culpables del femicidio. Sin embargo no se aceptó este pedido: sólo se cotejará con la muestras de la víctima y del imputado, considerando que ésta no es una instancia de investigación para ampliar la base de análisis.

Si bien esta respuesta por parte del Tribunal fue tomada con desánimo por la querella, esperan que, ahora sí, se inicie una etapa de respuestas.

Seguir leyendo

Nota

Justicia por Lucía: el juicio que se empuja entre todas

Publicada

el

El próximo jueves 26 de mayo, a las 14.30 horas, el Tribunal Oral N°2 de Mar del Plata decidirá en audiencia la fecha del nuevo juicio penal por el femicidio de Lucía Pérez. Desde su asesinato pasaron ya 6 años sin justicia. La familia reclama que suceda durante la feria judicial: “En el mes de julio no hay agenda, ellos tienen que estar a servicio del pueblo, no el pueblo a servicio de ellos”, dice su madre, Marta Montero, que el próximo jueves convoca a movilizar a los Tribunales marplatense desde las 13 horas. Distintos gremios acompañarán el reclamo por la nueva fecha y por justicia con distintas acciones. Vos también podés sumarte a la Campaña, en tu barrio, escuela o lugar de trabajo, o por las redes: enterate cómo en esta nota.

Lucía tenía 16 años cuando el 8 de octubre de 2016 Matías Farías, 23 años, y Juan Pablo Offidani, 41 años, la llevaron a la sala de salud de Playa Serena: llegó muerta. La incansable lucha de su familia, la Campaña Somos Lucía, y las organizaciones que abrazan y acompañan lograron la anulación del juicio que pretendía dejar impune su femicidio. Pero el Estado argentino sigue sin avanzar en la fecha del nuevo proceso.

Es por eso que tanto el fiscal del caso, Leonardo Arevalo, como la familia de Lucía solicitaron a los jueces Roberto Falcone, Gustavo Fissore y Alexis Semaz, que el juicio se realice durante la feria judicial de julio.

“Hace seis años que Lucía no tiene justicia”, dice a lavaca Marta Montero, mamá la joven Marplatense, y recuerda que cuando la Cámara de Casación de la Provincia de Buenos Aires anuló el juicio misógino, exigió la realización de un nuevo juicio con premura. “En el mes de julio no hay agenda, ellos tienen que estar a servicio del pueblo, no el pueblo a servicio de ellos”, dice Marta que el próximo jueves convoca a movilizar a los Tribunales marplatense desde las 13 horas.

El pedido de juicio inmediato se da luego de una larga espera repleta de impunidad. “Ya se tomaron 12 vacaciones y Lucia no tiene justicia, una que no se la tomen y que le den la justicia que le corresponde”.

#JusticiaPorLucía

El mismo jueves se va a realizar la acción federal #JusticiaPorLucía para acompañar la audiencia. “Tenemos que estar juntos, es la manera, no tenés otra. Es la importancia que tenemos los de a pie, los que salimos a luchar por nuestros hijos. Salimos porque nos mataron a nuestros hijos, y no nos importa nada: no voy por un canje o un puesto, voy por mi hija. Y juntos vamos por los derechos de las personas, y en contra de los privilegios de la justicia”.

La campaña consiste en tres acciones:

1) Pegar la foto de Lucía en tu barrio, escuela, trabajo, colectivo y todos los lugares posibles. La foto se puede descargar acá.

2) Mandar la foto de tu acción por mail a todessomoslucia@gmail.com; o por twitter: @somos_lucia; o Facebook: somosluciaperez, o Instagram: @somos.lucia

3) Subirla a tus redes el 26 de mayo con el hashtag #JusticiaporLucia #JuicioYA

Es por abajo

El acompañamiento y la campaña de pedido de justicia a 6 años del femicidio de Lucía Pérez se articuló con organizaciones sociales, sindicales y territoriales de todo el país.

“Nuestra organización y todo el movimiento feminista, como ya lo sabemos desde ese primer paro internacional que hicimos, estamos en pie de alerta y exigiendo justicia”, Silvia León, secretaria de género de la CTA-A nacional. “Interpela, primero, porque Lucía es un símbolo nacional. Y porque todos los días siguen asesinando a jóvenes, y en cada lugar del país nuestras compañeras siguen saliendo a pedir justicia por cada una y reclamando la reforma de la justicia por una que sea democrática y feminista, porque todavía los fallos siguen siendo aberrantes”. Desde la CTA-A van a sumarse a la movilización en los tribunales marplatense y van a acompañar desde el resto del país poniendo la foto de Lucía en cada lugar de trabajo. “Es seguir sensibilizando e interpelar a los compañeros y compañeras trabajadoras, porque esta lucha es colectiva. Lo que logramos es por la movilización popular y ahí la clase trabajadora tenemos un rol protagónico; para nosotras no está separada la lucha por trabajo, por salarios, por equidad, contra la violencia y acoso laboral, de lo que es el reclamo de justicia por los femicidios”.

Las y los Metrodelegados van a acompañar desde la Ciudad de Buenos Aires pegando la foto de Lucía en las diferentes líneas y sectores del subte. “Es importante que se mantenga vigente y visible el reclamo de justicia. Cada vez que hacemos la pegatina los usuarios y usuarias nos acompañan. El subte es un medio de transporte, cotidiano, donde viajan los sectores populares, los sectores de trabajo, es fundamental que esté visible la imagen de Lucía y el reclamo por justicia”. Contagiándose de esa iniciativa desde la Asociación del Personal Aeronáutico se va a hacer pegatina en todos los aeropuertos del país.

Otro de los gremios que convoca es la Asociación Judicial Bonaerense, sindicato que nuclea a las trabajadoras y trabajadores judiciales de la provincia de Buenos Aires. Noelia Parcesepe, trabajadora judicial marplatense, cuenta que van a pegar los carteles dentro de tribunales y a acompañar desde la calle. “Como trabajadoras también sufrimos violencia en nuestro ámbito laboral, incluso los jueces que parecen tan progres para afuera. Lo que queremos es que las personas puedan acceder a su derecho a tener justicia y los queremos hacer bien: no queremos ser cómplices del poder judicial patriarcal”.

Seguir leyendo

Nota

30 años de movimiento: feliz cumple, Kiné

Publicada

el

Revista Kiné cumple treinta años y festeja en Espacio Tucumán con charlas, videos, canto y cierre a puro baile. Sostener durante tres décadas un medio de comunicación independiente es para Julia Pomiés, su creadora y directora, un desafío y también un sueño. La revista del movimiento se prepara para recibir a lectores, colegas y amigxs, porque este sábado la autogestión está de fiesta. 

A comienzos de los ´90, saturada del trabajo en redacciones y con ganas de trabajar disfrutando de hacer periodismo, Julia Pomiés renunció a su trabajo como jefa de redacción en una revista y decidió encarar un proyecto independiente. Lo corporal le gustaba y lo practicaba —es licenciada en Artes del Movimiento de la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y profesora de expresión corporal— así que esa fue la temática elegida para arrancar su emprendimiento personal.  De esta manera nació Kiné, en 1992. Treinta años después, la revista se sostiene y es un emblema del periodismo autogestivo. 

“La empezamos con muchísimo entusiasmo —cuenta Julia— con cierta confianza, pero con muchas dudas, incluso pensamos en sostenerla durante un año aunque sea a pérdida y resultó que desde el primer número se sostuvo con sus propias patitas y anduvo muy bien. Lo relacionado a trabajos corporales suaves, conscientes, como la eutonia, la gimnasia consciente, la expresión corporal, estaban necesitando un espacio donde expresarse, donde compartir su punto de vista sobre el cuerpo. Creo que eso hizo que prendiera de entrada y después se sostuvo, un poco por la persistencia de los lectores y anunciantes y otro poco por nuestra propia persistencia”. 

Luchas con las imprentas, con los distribuidores, los kioscos, el precio del papel, son algunos de los sinsabores que les tocó atravesar, pero en la balanza, también hay gran cantidad de satisfacciones: “Ver armarse y crecer este espacio de lo que llamamos lo corporal, de la gente que interpreta al cuerpo no solo como biología sino como un atravesamiento cultural, histórico, psíquico, social, político y ver crecer también nuestro enfoque, que recurrió tantas veces a la biopolítica hasta establecerse directamente como una sección de la revista”.

Junto a su compañero de vida, Carlos Martos, pensaron en hacer la versión digital de Kiné, pero con la pandemia la decisión se precipitó y la revista en este momento es digital. Como trabajadora de la gráfica, Julia extraña el papel.  Al elaborar un video alusivo a los 30 años, repasó las tapas de Kiné y se conmovió porque esas tapas también la llevaron a hacer un recorrido de su propia vida. “El festejo es para juntarse, reflexionar sobre estos años que pasaron y que pasó con los cuerpos, qué caminos importantes se hicieron, cuántos derechos se ganaron, eso ya es para celebrar, y cuántos quedan pendientes, eso es para militarlo y seguir luchando. Vamos a escuchar buena música, ver danza bonita, juntarnos con los amigues en forma presencial, colaboradores, lectores, anunciantes, brindar y comernos unas empanadas, intercambiar opiniones y abrazos”.

La celebración de las tres décadas de vida será este sábado 21 de mayo, a las 19 hs en Espacio Tucumán,  Suipacha 140, CABA. Aquí te contamos el cronograma de la jornada festiva:

Charla: 30 años de lo corporal en la Argentina. Celeste Choclin contará un breve panorama de las leyes que ampliaron derechos, sobre todo en relación al tema género y feminismos. Mariane Pécora reseñará las principales luchas sociales, que se desarrollaron con gran compromiso corporal. Emiliano Blanco hará referencia a los cuerpos disidentes de la comunidad LGTBIQ+. Sandra Reggiani se centrará en los cuerpos en el arte, y su capacidad de acompañar y generar transformaciones y resistencias. Susana Kesselman hablará de los vaivenes del tono vital en estas épocas conflictivas y el rol de las disciplinas de lo corporal. Carlos Trosman pondrá su foco en los recorridos de la revista Kiné. 

Danza con el GEAM (Grupo de Experimentación en Artes del Movimiento, UNA),  Raquel Guido, Sandra Reggiani. 

Desfile de máscaras: coordinadores y alumnos del Instituto de la Máscara obsequiarán ejemplares de la colección de Kiné. 

Canto con Emiliano Blanco, Gabriela González López, Paola Grifman y el exquisito trío “Sinahuela”. 

Danza comuniaria:  el grupo «Bailarines toda la vida», coordinado por Aurelia Chillemi, con música en vivo de Osvaldo Aguilar nos invitará a bailar a todes.

En los intervalos, habrá delicias regionales tucumanas que se podrán adquirir en el bar: empanadas, tamales, dulzuras y vino.

Seguir leyendo

La última Mu: ¿Dónde hay un mango?

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Lo más leido

Anticopyright lavaca. Todas nuestras notas pueden ser reproducidas libremente. Agradecemos la mención de la fuente.

0:00
0:00