Nota
Stallman, las Madres: software libre y derechos humanos
Richard Stallman, el más carismático orador del software libre (+ info) y creador del proyecto GNU, visitó la Argentina en agosto de 2004. Su agenda de presentaciones fue organizada por lavaca junto a Diego Saravia –integrante del foro Hipatia y padre del programa Ututo- y Vladimir Di Fiore, habitual colaborador de nuestra cooperativa e integrante de Solar, una de las organizaciones que promueve el software libre en nuestro país. Stallman cumplió con el programa –que incluyó una entrevista con el ministro de Educación Daniel Filmus y una multitudinaria presentación en el Centro Cultural de la Cooperación-, con una única excepción: se negó a dar una charla en la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo. Interpelado por lavaca, Stallman se justificó diciendo que Federico Heinz y Beatriz Busaniche, de la Fundación Vía Libre, le habían aconsejado que no lo hiciera para preservar al software libre de definiciones políticas.
Tiempo después, cuando Stallman se cruzó en Venezuela con Claudia Korol, por entonces responsable de la carrera de Educación Popular de esa Universidad –que se había preparado especialmente para recibirlo-, le detalló que para convencerlo de lo inconveniente de su participación le habían enviado una copia de la carta que Hebe Bonafini escribió en oportunidad del atentado de las Torres Gemelas. Y aunque se le señaló lo malintencionado del recorte de la información proporcionada –ubiquemosnos: gobierno de George Bush, Ley Patriótica, opositores tildados de terroristas- Stallman señaló a Vía Libre como su entidad de confianza. Luego, la puso al frente de la versión latinoamericana de su Fundación.

Richard Stallman
Desde entonces hasta hoy la comunidad latinoamericana mantuvo una dura polémica sobre este tema puntual que comienza a saldarse ahora con la carta abierta de la Fundación Software Libre de América Latina donde pide formalmente disculpas. “Nunca debemos recomendar que los oradores de Software Libre eviten un lugar donde serán bienvenidos y escuchados, y nunca debemos intentar dividir un proyecto comprometido con los valores del Movimiento del Software libre”.
Las disculpas demoraron cinco años y se hicieron explícitas por varios motivos. El principal fue que varios e importantes integrantes del movimiento latinoamericano no dejaron de exigirlas en todos estos años. Para ellos, el incidente marcaba un punto de inflexión en una comunidad donde conviven diferentes visiones sociales y políticas, basándose en dos principios fundadores: ética y colaboración. ¿Qué había cambiado para que por primera vez un grupo conspire contra la actividad propuesta por otro, sin plantearlo abiertamente en los foros, otra de las características claves del movimiento?
La segunda es que, tal como señala la Carta Abierta de la Fundación, a sólo un año de su creación los miembros fundadores escogidos por Stallman abandonaron la conducción con un coro de acusaciones sobre el manejo de fondos y prebendas. Pero fundamentalmente por el motivo central que originó esta polémica: de qué lado estar.
Cinco años después, el movimiento de software libre latinoamericano creció y se fortaleció desde abajo y desde los bordes. A punto tal, que hoy su vocero político en la cumbre del MERCOSUR ha sido el gobierno paraguayo. La experiencia brasileña es otro fuerte referente, así como el trabajo que varios miembros del movimiento hicieron en Venezuela para impedir el boicot a su industria petrolera desde los centros de control informáticos norteamericanos. Se trata de algunos ejemplos que revelan el impacto que llega a tener el invisible trabajo cotidiano realizado junto a quienes pueden transformar la realidad. Desde los escenarios, en cambio, las banderas de software libre sólo han servido como criadero de un rentable oficio: el de oradores profesionales. Un proceso que convierte a militantes sociales en expertos buscadores de financiamiento para organizar “programas” de entretenimiento mediático: foros, charlas, debates.
El prójimo
En paralelo, la multinacional encargada de privatizar las nuevas tecnologías avanzó sin grandes resistencias en su estrategia local. Microsoft no se dedicó a perseguir a los millones de usuarios que en sus hogares usan copias de sus programas, sino a atraparlos a granel, a través de acuerdos con el Estado, en todos sus niveles: nacional, provincial y municipal. Lo logró, con el tradicional estilo Corleone: haciéndoles una propuesta que no pudiesen desechar. El método consistió en ordenar operativos en dependencias oficiales. Una vez comprobado in situ el uso de copias de su software, los forzó a firmar acuerdos millonarios y de largo plazo. Un ejemplo: el 19 de agosto de 2003, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, mediante el decreto 1844, formaliza un acuerdo con Microsoft por 1.269.966,92 dólares, a cambio de la que la empresa retire su demanda por el uso de copias de su software registrada en un operativo que ordenó en la Comisión Municipal de la Vivienda. Para entender los modales que utiliza esta empresa, basta leer el punto 6.6 de este acuerdo: “Ninguna de las partes revelará dichos términos y condiciones, ni el contenido de ninguna de las conversaciones que conllevaron a ellos, a ningún tercero, salvo que tal revelación sea exigida por ley o por mandato judicial”.
Las provincias de Buenos Aires, Río Negro y Salta, el ministerio de Educación y el de Economía también suscribieron distintos tipos de acuerdo con Microsoft.
Ahora, la empresa decidió arremeter contra otros grupos. No parecen elegidos al azar. En el último mes llegó una intimación al Cels (Centro de Estudios Legales y Sociales) y a la CTA solicitando la comprobación de las licencias del software, bajo amenaza de iniciar acciones legales.
La acción represiva cobró impulso en los dos últimos años con el desembarco de la oficina local de la Business Software Alliance (BSA), una organización “creada para promover los objetivos de la industria del software y sus socios del hardware”, según anuncia en su página www.bsa.org, desde donde alienta a denunciar a empresas que utilizan copias de software. Solo durante los primeros seis meses de 2009, la BSA promovió 28 allanamientos policiales y 72 diligencias judiciales en empresas argentinas. “El material incautado asciende a los 3.385.200 pesos y 18 personas fueron procesadas por ser consideradas responsables del delito de defraudación contra la propiedad intelectual”.
Uno de los abogados contratados por la BSA es el doctor Antonio Millé, titular de la Cátedra de Derecho de Autor de la Universidad Católica y asesor de la ONU. Su frase preferida sintetiza su mix de fe: “Hay que entender que un programa es una propiedad del prójimo”.
Una oportunidad
Cuando la empresa XTech recibió una de las intimatorias cartas de BSA surgió la idea: iniciar una campaña para una migración masiva hacia el software libre. La iniciativa es impulsada desde la Cámara Argentina de Empresas de Software Libre (Cadesol) que envió a 9.000 pymes una carta donde le proponen “si querés ahorrar y de paso sacarte de encima el problema de las licencias, migrá a software libre”.
La ofensiva de BSA parece, entonces, una excelente oportunidad para que la comunidad del software libre local reconozca aliados y enemigos para dar la batalla que le da sentido: combatir la privatización del conocimiento y construir una sociedad libre. Quizá el mensaje de que la libertad de conocimiento es un derecho humano está aún tiempo de ser lanzado.
Más info sobre el software libre y sus batallas
Carta Abierta de la Fundación:
“A SOLAR, Hipatia, Madres de Plaza de Mayo, UTUTO, y sus miembros; a otras organizaciones, proyectos y activistas de Software Libre y de Derechos Humanos; y a todo a quien corresponda:
FSFLA es acusada de actos en Argentina que son incompatibles con nuestros valores y compromisos públicos. Las acusaciones están mal dirigidas: fueron hechas por primera vez hace más de 4 años atrás, contra unos pocos que luego se volvieron miembros fundadores de FSFLA, los cuales ya no están en FSFLA. No podemos juzgar la disputa entre otros, pero si hubiéramos existido como ahora, ciertamente no nos hubiéramos comportado como se alega. Nunca debemos recomendar que los oradores de Software Libre eviten un lugar donde serán bienvenidos y escuchados, y nunca debemos intentar dividir un proyecto comprometido con los valores del Movimiento del Software libre.
FSFLA fue fundada en noviembre de 2005. Un año más tarde, diferencias internas insuperables forzaron un reinicio. De la gente que fue inicialmente acusada, ninguno quedó. Hemos adoptado una nueva constitución e invitamos activistas de Software Libre de toda América Latina para a unirse a nosotros.
Lo que sea que haya ocurrido antes de la fundación de FSFLA, no fue aprobado por FSFLA. No hubo discusión alguna acerca de esos temas dentro del equipo de formación de FSFLA antes que ellos alegadamente ocurriesen. Por nuestra constitución, nadie representa a FSFLA sin una decisión formal para aprobar esto. Si nuestro nombre fue usado, fue sin autorización. Negamos cualquier relación con lo que sea que haya pasado. Nuestros actuales valores y compromisos públicos no nos permitirían actuar como se alega: si preguntan, recomendaríamos y decidiríamos contra dichos actos atribuidos a algunos de nuestros fundadores.
A pesar de que no participamos, reconocemos y lamentamos los retrocesos y conflictos que sucedieron las dudas acerca de si Richard Stallman debiera dar una conferencia en la Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo, en 2004, y los alegados intentos de dividir el proyecto UTUTO, a principios de 2005. Nuestra constitución nos obliga a valorar avances a largo plazo para la Libertad de Software por sobre cualquier otra cosa. Esto es el opuesto de los actos alegados.
Estamos por nuestros compromisos a nuestra constitución, por nuestra misión y los valores éticos, morales y sociales que son las fundaciones del Movimiento del Software Libre. Prometemos ayudar y apoyar la promoción de los ideales y principios de la Libertad de Software a personas y entidades, sin considerar sus inclinaciones políticas, incluyendo movimientos sociales y organizaciones de derechos humanos como Madres de Plaza de Mayo, junto con cualquier comunidad de Software Libre que acepte nuestra cooperación para ese fin. Respetamos y apoyamos la unidad del proyecto UTUTO, el primero en crear una distribución 100% Libre de GNU/Linux, y de cualquier otro proyecto comprometido con los valores del Movimiento del Software Libre.
Instamos a las partes involucradas a intentar resolver pacíficamente los conflictos que queden y poner fin a las hostilidades que dañan al Movimiento del Software Libre. Reafirmamos nuestro deseo e invitación para mayor cooperación junto, con y entre todas las comunidades, organizaciones y activistas en la promoción de la Libertad de Software”.
Fundación Software Libre América Latina
Nota
MU 215: Sin chamuyo



Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va
Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.
Por Francisco Pandolfi

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema
Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.
Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país.
Por Sergio Ciancaglini

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio
La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.
Por Lucas Pedulla

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden
La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.
Por Claudia Acuña

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película
Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.
Por María del Carmen Varela

Un biodrama del presente: Puta madre
La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.
Por Evangelina Bucari

La Cogolla: Flor de cultivo
Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.
por María del Carmen Varela

Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del Más Acá: Parlantes
Por Carlos Melone
Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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