Nota
Petinari: acoplados en cooperativa
Les deben sueldos, aguinaldos, vacaciones y sufrieron despidos masivos: unos 60 trabajadores de la empresa Petinari, en Merlo, ocupan la planta que fue vaciada por sus dueños.
Les deben sueldos, aguinaldos, vacaciones y sufrieron despidos masivos: unos 60 trabajadores de la empresa Petinari, en Merlo, ocupan la planta que fue vaciada por sus dueños.

Foto: Néstor Saracho
Raúl Richieri no dudó un instante.
Pensó en sus 59 años.
Pensó en los 9 que lleva en la metalúrgica Pedro Petinari e Hijos.
Pensó en la bronca de los 6 que le quedaban por jubilarse.
Pensó en las máquinas detenidas desde febrero.
Pensó en el sueldo impago.
Pensó en el aguinaldo impago.
Pensó en las vacaciones impagas.
Pensó en su cintura.
Pensó en sus várices.
Pensó en sus hernias.
Pensó en quién mierda lo iba a contratar.
Pensó en la plata que le costaba mantener el auto.
Pensó en el auto.
Pensó en sus hijas.
Pensó en sus compañeros.
Por eso, cuando a Raúl Richieri lo llamaron de la remisería para preguntarle si iba a seguir, no dudó un instante: la sucesión de imágenes operó en menos de un segundo en su cabeza.
-No -dijo, y colgó.
Raúl Richieri lo cuenta dentro de una carpa que soporta impasible la furiosa lluvia que cae sobre la mañana del jueves en vastos sectores del Gran Buenos Aires, pero que en Merlo, municipio al oeste del conurbano bonaerense, a 10 minutos de la estación del ferrocarril Sarmiento, y dentro de una fábrica tomada por 60 trabajadores, cobra una sensación particular.
“¿Sabés qué pasa?”, dice Richieri, que es entrerriano, trabajó en el campo, trabajó en la ciudad, trabajó toda su vida, se hizo la casa en Moreno, tiene tres hijas. “Pasa que para estas empresas somos un número nada más. No somos gente. A esta edad hay cosas que no puedo hacer más. Cuando me quedé sin trabajo acá, conseguí también entrar tierra en una casilla en carretilla. Una changa. Llegué un punto en que no di más. La cintura. No podía agacharme. Me tiré al pasto. Después de los 30 años uno es viejo para el sistema laboral. No consigo más nada. No te toman”.
Raúl Richieri cuenta que un dicho provincial es que los entrerrianos tienen 1000 oficios y 999 necesidades porque se meten en todo.
Raúl Richieri se metió en una toma.
El alzamiento
Desde el colectivo que parte de la estación de ferrocarril de Merlo y se interna en la ruta 200 hasta Marcos Paz, se divisa un tanque de agua altísimo con una bandera con el dibujo de un camión con semirremolque que está descargando. “Trabajadores en cooperativa”, dice y recibe. Debajo, un portón semiabierto con inscripciones en rojo contra los exgerentes y patrones de Pedro Petinari e Hijos -la metalúrgica que hace más de 50 años diseña, produce y comercializa acoplados y semirremolques para transportes de cargas- es lo que separa la ruta infinita de una fábrica infinita.
Petinari es gigante. Una visión apresurada arroja un cálculo erróneo: casi dos cuadras desde el portón hasta el último galpón que se divisa. Los trabajadores dicen que es más: 400 metros. En la página web, donde la gerencia hizo su descargo contra “un grupo de ex operarios” que obtuvieron “oscuros respaldos políticos y turbios patrocinios legales” para “alzarse” con una cooperativa, especifica que el predio es de 15 hectáreas y cubre 33 mil metros cuadrados.
Las persianas semibajas o cerradas, las máquinas paradas, los vehículos sin batería. El silencio más ensordecedor para un trabajador es cortado por el choque de las escobas contra el suelo. Los trabajadores se turnan para limpiar y dejar todo en perfecto estado para cuando sea la hora de reactivar la maquinaria silenciada desde febrero, cuando comenzó el paro, cuando comenzó todo.
Cuando comenzó un sueño.
Un fiscal, un comisario, una disculpa
Metros antes de la entrada al primer galpón (que es enorme, como todo en esta fábrica) está la carpa, el punto de encuentro de la toma. Hay bidones de agua, pan, yerba, bolsas de papas, una TV pequeña, aceite, una pava eléctrica que sostienen con una maderita porque -si no- no prende, termos, detergentes, mazos de cartas. Camperas, mochilas y cascos de moto cuelgan de los ganchos del toldo. Los rostros son de cansancio, de alerta, de dudas, de decisión. Sobre la mesa circulan actas, firmas, documentos, carpetas, preguntas, cigarrillos, nervios.
De fondo, la tele encendida muestra los spots de los candidatos para las PASO.
Una pregunta en el cuaderno congela esa foto: “¿Cuál es la verdadera política?”.
En medio de todo el tramiterío que los más de 60 trabajadores de Petinari están iniciando para constituirse legalmente como una cooperativa de trabajo, el obrero Luis Becerra (32 años, 9 en la fábrica, dos hijos, tatuaje en el brazo derecho) tiene la delicadeza de pedir perdón por retrasar la entrevista. Horas antes cayó el comisario Obregón, de la Comisaría 1° de Merlo, y el fiscal que instruye la causa por usurpación que los patrones iniciaron contra los trabajadores. Se mostraron receptivos, amables, hicieron chistes, y explicaron que debían constatar por protocolo que los que estuvieran en la fábrica fueran efectivamente trabajadores. Sacaron fotos, y dijeron que tenían que hacerlo para comprobar que las máquinas estuvieran en buen estado.
En medio de todo este nuevo universo, Luis Becerra se disculpa por retrasar la entrevista. Con vergüenza, le decimos que por favor.
El teatro de SMATA
Cuando se pregunta hasta dónde se remontarían para explicar el presente de la futura cooperativa, el primero que responde es Hernán Noir, 31 años, con 10 en la empresa: “La lucha fue desde el primer día que entramos acá. Porque lo cotidiano de la empresa era un maltrato hacia el trabajador. El cuento arrancó en 2012 con un paro arreglado entre la empresa y el sindicato (SMATA) para que pudieran cobrar unos bonos del gobierno. Se nos pagó los 47 días del paro, del primero hasta el último. Se nos puso a Giorgi (Débora, ministra de Industrias), a Tomada (Carlos, ministro de Trabajo), a todo el mundo, y después el SMATA presentó gente para gerenciar la empresa. De a poquito la fueron tirando abajo. La idea era hacer un cierre fraudulento”.
Eran aproximadamente 330 trabajadores. Hoy son 60, y se extiende a 100 los que podrían formar parte de la cooperativa (advierten que, incluso, el número puede seguir aumentando). Los reclamos eran parecidos a los de este año: falta de pago de quincenas y vacaciones. Noir: “En diciembre de 2012 hubo retiros voluntarios. Muchos no querían arreglar porque no eran al cien por ciento y, después, despidieron a 24 personas. A partir de ahí, hubo retiros voluntarios o despidos semanales o quincenales. Capaz llegabas un lunes y a cinco personas le decían que estaban despedidas, arreglaban y se iban con la indemnización”.
Luis Becerra: “La empresa arreglaba con el sindicato. Los hacían elegir a quién despedir. Nos empezó a llamar la atención: el sindicato siempre nos apoyaba, pero de un día para el otro se cortó”.
Noir: “A mediados de junio del año pasado vino Gustavo Morán, secretario gremial de SMATA. Armó literalmente un teatro: puso 200 sillas en el sector de tornería, se sentó el gerente de la empresa, Ricardo Grégori, y dijeron que pensemos en la posibilidad de estar suspendidos dos días por semana sin goce de sueldo. Nosotros elegíamos qué días”.
Alberto Daniel Gimenez, 58 años, 19 en Petinari, armado de piso, ironiza: “Ese es el que nos defiende a nosotros”.
Noir: “Días después se nos comunicó qué días no teníamos que ir a trabajar. ¿No era que teníamos que elegir nosotros? Hubo problemas con el aguinaldo, que las cuotas, que sí, que no, que nos suspendían 30 días hábiles sin goce de sueldo, que cada uno a su casa, y terminó saliendo un acuerdo de estar suspendido una vez a la semana durante 5 meses. De julio a diciembre. El aguinaldo nunca lo cobramos. El cuento del sindicato era que la empresa no se iba a aguantar otra vez dos meses de paro. ¿Hasta cuándo vamos a estar así?, nos preguntamos. La empresa seguía laburando. Pasó que en la segunda quincena de enero cobramos por la mitad. Y ahí se decidió el paro. Ya no había plata para vacaciones ni nada. Desde el 5 de febrero acá estamos. Estuvimos 20 días adentro y el 25 de febrero se salió a la calle. Y desde ahí, estuvimos literalmente en la calle. Hasta el lunes. Nos desalojaron en marzo. Nos cortaron la obra social. Muchos compañeros quedaron sin cobertura. Nos sacudieron por donde quisieron. Y acá estamos. Firmes”.
El cambio
¿Cómo se sostiene estar tantos meses en la ruta? ¿Cómo se soporta esa violencia? Walter Romero, 48 años, 12 en la empresa, hincha de River (exhibe orgulloso su camiseta frente a la flamante Libertadores): “Gracias a la solidaridad de la gente. Pusimos la olla en la ruta y la gente colaboraba de un peso, de a dos, de a cien. Algunos dejaban, sí. Y al fin del día se junta y los compañeros que están se llevan para la comida a la casa. Es la única forma en la que estamos subsistiendo. Muchos están haciendo changas. Pero los que no estamos trabajando, nos arreglamos con eso. Camioneros, colectivos. Los de Ecotrans nos nos cobran boletos: nos hacen viajar gratis”.
Miguel Ángel Colazo, 48 años, 6 en la empresa, reparaciones: “Mi señora trabaja. La estamos peleando. Sale una changa y la hago”.
¿Y el sostén personal, interno, por dónde pasa?
Gimenez: “Si bajás los brazos acá, fuiste”.
Romero: “A mí mi señora me manda a buscar trabajo todos los días. Soy sincero y lo digo. Pero mi meta está acá, porque no quiero abandonar el barco. Hace 12 años que estoy y no se los quiero regalar. Entonces le doy para adelante y me peleo con mi señora. Mis hijos me bancan porque trabajan. Tengo 8 hijos. Una hija con diabetes. Y estábamos con este tema de la obra social que nos dejó de lado. Muchos están con esos problemas, porque tienen hijos, nietos. Son cosas que uno está viviendo hoy y nunca vivió. Yo me voy de casa, pelea; llego, pelea. La voy llevando así. Nunca te pasó por la cabeza vivir esto. A mis compañeros no los voy a abandonar”.
Jorge Gutiérrez, futuro presidente de la cooperativa: “La lucha es por los compañeros. Hay mucha gente grande. ¿Dónde consigue hoy? La idea es mantener la fuente de trabajo. Cada paso es un logro y ojalá siga así. Sin darnos cuenta tomamos la cooperativa solos. Sin darnos cuenta, estamos donde llegamos, con 60 tipos que dijeron ‘vamos a entrar’, y entramos”.
Luis Becerra: “Nos cayó la ficha. Nosotros estábamos esperando que caiga un papel o que llegaran 300 tipos, y cuando entramos, caímos. Fue un paso enorme. Porque acá adentro, sinceramente, nunca hubo organización. No hay militancia, con el sindicato nos arreglábamos a las patadas, la sobrellevábamos. Fijate: te proponían suspender dos días, pero estábamos todos juntos y seguíamos laburando. Hasta se aceptó la propuesta de pago de cuotas de los aguinaldos. Pero antes de que empezaran las clases, los compañeros no tenían con qué mandar a sus hijos a la escuela. Es muy doloroso, pero nos tuvo que pasar esto para empezar a organizarnos de otra manera. Y encima lo estamos haciendo solos. A las patadas, pero nos están saliendo bien”.
Becerra reflexiona: “Cada día, además, se va notando un cambio entre nosotros. Nos cuidamos. Éramos todos compañeros, sí, pero ahora la palabra compañero va tomando de a poco otro valor. Te das cuenta que si tiramos todos para el mismo lado, vamos bien. Se van a conseguir resultados. Antes pensábamos: cobro la plata y chau. Hoy empezamos a pensar en los compañeros. Mi señora es docente. Tiene la madre enferma: cáncer. Es complicado todo. Y nos tenemos que poner fuertes, porque si nos ponemos débiles, algunos se bajan. Tenemos montones de presiones, y capaz uno se encierra en su casa para descargar. ¿Nos está costando un montón? Sí, olvidate. Pero es lo que día a día nos mantiene más unidos: saber que estamos tratando de organizarnos y hacer las cosas bien. Escucho a los compañeros: hoy tienen otra actitud, y son los primeros que se ofrecen para darte una mano. Todos cometimos errores, pero día a día nos vamos convirtiendo en mejores personas”.
Una experiencia hermosa
Jorge Gutiérrez explica que la maquinaria legal está en marcha. Los trabajadores de Textiles Pigüé -ex Gatic, empresa recuperada transformada en cooperativa que obtuvo la expropiación- estuvieron en la toma y los asesoraron. El proyecto de expropiación ya fue presentado por el diputado Miguel Funes (FpV) en la legislatura bonaerense. De todas maneras, desde el lunes hay una guardia permanente mañana, tarde y noche por parte de los trabajadores para estar alertas ante cualquier amague de desalojo.
Becerra no habla de colores ni banderas políticas: “Cuando esto triunfe, pintamos la fábrica de todos los colores. Primero, que ayuden. No nos ofrezcan abogados si mis compañeros están pidiendo monedas. La prioridad es que tengan para comer y no se caguen de frío acá adentro”.
Daniel Alberto Castagna, 51 años, 5 en la empresa, sector hidráulica, profetiza: “Todos vamos a ser cooperativa a la larga, vas a ver. Al gobierno le conviene: quita de en medio al sindicato y a los empresarios”.
Carlos, un vecino de la zona, hombre grande, es introducido a la charla por los trabajadores. Cuentan que los ayudó mucho. Trajo impresos 2 mil volantes sobre la peregrinación encabezada por el obispo de Merlo que saldrá el viernes a las 9 desde la fábrica hasta una iglesia cercana en apoyo a la toma. “Para mi es un hecho importantísimo para la zona”, dice Carlos, que no pierde de vista el significado geográfico de la movida: los trabajadores están a punto de conformar una cooperativa en el municipio que desde 1991 gobierna Raúl Othacehé. “Yo vengo de otras experiencias. Una de las cosas que facilita el proceso, además de lo que cuentan los compañeros, es el apoyo del barrio. Estuve en Zanón, y ese apoyo fue parte del triunfo. La gente felicita a los obreros de Petinari. Es una experiencia hermosa”.
Afuera, los obreros distribuyen los volantes con la misma metodología que utilizaron todos estos meses de protesta y movilización: cortando un solo carril de una ruta transitada.
Superman y el aviso
Algunos de los trabajadores agarran la olla grande y la depositan encima del fuego que encendieron con papeles de diarios, volantes y maderas. Es la hora del almuerzo. Al lado del fuego, buscando caricia y atraído por el aroma a guiso, se acerca Negro. “En cada toma siempre hay un perro”, suelta como una máxima Francisco Manteca Martínez, obrero de Textiles Pigüé, que se acercó a la carpa. El cocinero toma un pedazo de madera grande: es la cuchara para la olla. Dentro: carne, papa, arroz blanco, arvejas y salsa de tomate.
-¡Manos arriba! -le bromea uno de los obreros al cocinero, como el jurado del programa MasterChef les dice a sus participantes cuando se les termina el tiempo para cocinar.
-Sí, chef. Sí, chef -le responde, entre risas, respetando el código.
Previo a comer, en una recorrida por la fábrica, un cartel premonitorio llama la atención. Dice: “AVISO: La seguridad depende de usted”.
Nunca mejor dicho.
Nunca mejor aplicado el concepto de “seguridad”.
Nunca mejor entendido que por estos trabajadores.
Seguridad es igual a mantener las fuentes de trabajo.
Mantener las fuentes de trabajo implicó la toma.
La toma implica una cooperativa.
La cooperativa depende de todos.
Alberto Gimenez también lo entiende perfectamente: “Yo tengo 19 años acá. La voy a seguir hasta que pueda. No somos Superman, pero la vamos a seguir peleando más que nunca”.
Pregunta: ¿seguro que no son Superman?
Hernán Noir: “Superman tiene poderes. Nosotros no, pero tenemos fuerza: estamos todos juntos”.
Imágenes registradas por Néstor Saracho para su película «Las manos recuperadas».
Nota
Escritos sobrevivientes: Un nuevo libro escrito por ex detenidos desaparecidos
Este 24 de marzo, a 49 años del golpe, la editorial lavaca publica Escritos sobrevivientes, un libro creado junto a un grupo de personas que estuvieron secuestradas y desaparecidas en distintos centros clandestinos de represión durante la última dictadura militar. Se presenta el próximo viernes 28, pero ya podés pasar a buscarlo por MU (Riobamba 143) desde hoy. En este texto, Claudia Acuña cuenta qué representa esta obra parida en colectivo y en medio de aires negacionistas.
Por Claudia Acuña
Este libro representa muchas cosas y todas y cada una nos parecen decisivas para estos tiempos desesperados.
Ni sé por dónde comenzar a enumerarlas, así que sin orden de importancia ni cronológico enumero algunas, aunque sin duda me faltarán otras que invito a que completen quienes lo lean.
Lo primero, para mí, es reconocer el valor social, político, histórico y ético que merecen las personas detenidas-desaparecidas por la dictadura cívico militar que azotó este país desde el 24 de marzo de 1976. No olvidamos esa fecha gracias a ellas, pero no siempre se las nombra con la relevancia que han tenido para construir verdad, justicia y memoria.
A algunas de ellas he tenido el honor de escucharlas y verlas testimoniar en los juicios de lesa humanidad, pero también en los diferentes procedimientos contra la impunidad que crearon y sostuvieron para que esos juicios sucedan.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
Hasta lograrlo.
Solo a una pude agradecerle con palabras y lágrimas el esfuerzo, el coraje y el legado que recibíamos por su esfuerzo, pero fundamentalmente por sus vidas consagradas a hacer posible lo imposible. Fue en la puerta de los tribunales de Comodoro Py, mientras los altoparlantes transmitían la primera condena a los genocidas responsables del centro de detención clandestino y de tortura que funcionaba en la Esma. Ahora, con este libro queremos extender esas gracias a cada una, a cada uno.
Sé, porque comprendí la lección que nos daban, que no puedo afirmar que lo hicieron solo ellas, ellos. Esa es otra de las cosas que representa este libro: el saberse parte – y reconocerlo siempre- de algo más grande, más importante y más trascendente no solo del yo, sino incluso del núcleo colectivo en el que nos organizamos, reflexionamos y tomamos fuerza para resistir. Nuestras fuerzas individuales y nuestras construcciones políticas suman, activan, empujan, pero alcanzan sus objetivos cuando sincronizan con la necesidad social, con la época y con la Historia. Tienen alas porque tienen raíces y mueven al mundo hacia lugares mejores porque se sabe más grande y más poderosa que lo que nos rodea.
Eso que aquí las y los autores definen como “subjetividad sobreviviente” nos advierte eso: somos nuestros cuerpos y la sombra que proyectan, lo que hacemos y lo que soñamos, nuestras obras y nuestra imaginación, nuestros saberes y nuestra intuición, pero también y además aquellos cuerpos, proyecciones, hechos, batallas ganadas y perdidas, que nos anteceden y desbordan para fortalecernos y sostenernos de pie. Aquello que ilumina la oscuridad es la memoria sensible: de eso se trata este libro, además.
Otra: el valor de las utopías. En los momentos más aterradores hemos gritado “Aparición con vida y castigo a los culpables”. Bueno: la noticia es que hemos tenido éxito y aquí están las personas que cuando pronunciábamos esas palabras mágicas no podíamos abrazar. Algunas de ellas son las que el tercer sábado de cada mes vimos ingresar a nuestra trinchera durante el largo y desalentador año 2024. Para nosotros ese taller de escritura significó una cita con la esperanza, cada vez. Y una comprobación: el futuro se construye con el hacer colectivo, cada vez.
Por último: este no es un libro de testimonios sobre el horror de la dictadura, sino su contracara o quizá, lo que se puede pensar después de cruzar el abismo de la impunidad.
Quizá.
Me falta todavía superar la alegría de haberlo logrado, de sostener con las manos esta pequeña utopía realizada en tiempos de saqueo de recursos simbólicos y materiales, en las cuales sólo proponerlo sonaba casi irresponsable, para poder encontrar las palabras certeras, que expresen lo que representa que personas empobrecidas y violentadas podamos hacer lo que querramos financiadas sólo por el deseo y la convicción, que siempre es política.
Quizá la palabra exacta sea una sola: Argentina.
La presentación
Escritos sobrevivientes y compila una serie de textos producidos en un taller de escritura que tuvo lugar en MU durante 2024. Estos relatos abordan historias marcadas por lo que el grupo denomina «subjetividad sobreviviente». El resultado es un conjunto de textos poéticos, políticos y filosóficos, de una potencia y belleza conmovedoras.
Participan: Rufino Almeida, Margarita Fátima Cruz, Graciela Daleo, Lucía Fariña, Mercedes Joloidovsky, Eduardo Lardies, Susana Leiracha, María Alicia Milia, Claudio Niro, Silvia Irene Saladino, Stella Maris Vallejos e Inés Vázquez.
Así lo resumen sus autoras y autores: «Un grupo de compañeras y compañeros, ex detenidos desaparecidos por el terrorismo de Estado, nos reunimos en un taller de escritura para crear textos enfocados en la subjetividad sobreviviente, mientras la voz del poder alimenta el negacionismo y la reiteración del sufrimiento popular por variados medios».
El libro se presentará el próximo viernes 28 de marzo a las 20 horas en Mu Trinchera Boutique, Riobamba 143.
Podés conseguirlo desde hoy, 24 de marzo, también en MU.

Nota
La Justicia esquiva la causa por el disparo a Pablo Grillo: “Hasta ahora no se investigó nada”

La recuperación de Pablo “es muy rápida” pero la investigación sobre su intento de asesinato, muy lenta, o directamente inexistente. Qué dijo el padre hoy frente al Hospital Ramos Mejía donde Pablo sigue pelando por su vida, aún en terapia intensiva pero con avances prometedores, y las abogadas del caso que presentaron ante la Justicia: primero Servini de Cubría y luego el candidateado a la Corte Ariel Lijo rechazaron la causa, y ahora se sortea en la Cámara Federal de Casación a qué juez le tocará investigar a quien le disparó y a sus superiores jerárquicos. Los dichos de Adorni en conferencia de hoy, y quién cortó el diálogo con la familia; las pruebas que se pidieron y las que se aportaron; y el texto de la presentación judicial en la que la familia pide ser querellante, con las pruebas que aportamos desde decenas de medios, fotoperiodistas y organizaciones sociales.
Por Francisco Pandolfi
Pablo Grillo todavía no está fuera de peligro, pero la mejoría día a día, paulatina y constante, le permite a la familia hablar ya no sólo de su estado de salud. Hasta hoy, el único foco era la supervivencia de este fotógrafo de 35 años impactado por una granada de gas lacrimógeno, fuera de toda legalidad, por las fuerzas de inseguridad comandadas por la ministra Patricia Bullrich.
La pérdida de masa encefálica y la fractura de cráneo con la que llegó de urgencia al Hospital Ramos Mejía –el miércoles 12 de marzo, cuando se desató la represión en la marcha por las paupérrimas condiciones en las que viven las y los jubilados–; la primera operación esa misma noche en la que se bajó la presión intracraneal y se le reconstruyó algo del tejido. Las pupilas que empiezan a reaccionar bien. La merma en la sedación. Los primeros movimientos – prematuros e inesperados por los propios médicos–. Otra operación por un derrame que es revertido a tiempo. La baja de los glóbulos blancos como síntoma de la baja en la infección. Y a solo una semana del disparo, Pablo abre los ojos. Y le sacan el respirador para ver cómo reacciona y lo hace agarrándole la mano a la mamá. Y por si fuera poco le susurra las palabras más hermosas a su papá: “Hola, viejo”.
Pablo continúa en terapia intensiva, en estado crítico, pero respondiendo bien neurológica y físicamente. “Es asombroso el nivel de avance que tuvo”, dice Fabián, su viejo, con los ojos emocionados e incrédulos por la mejoría impensada en tan poco tiempo. Esa sucesión de buenas noticias las que posibilitan a la familia convocar este viernes a una conferencia de prensa «para contar novedades en la causa judicial».
Primero, habla Fabián, su papá, sobre la salud de Pablo: “Las novedades son que está estable, por lo tanto es bueno. Está con los ojos abiertos y sigue sin respirador”.
Fabián lleva puesta una remera azul, con letras blancas que dicen: “Justicia por Pablo Grillo”. Se lo nota cansado, pero más distendido. Se ríe cuando cuenta: “Tengo un video con saludos de (Ricardo) Bochini, veremos si los médicos nos permiten que se lo pasemos. Si lo escucha al Bocha, va a volver a hablar seguro Pablo”. Mantiene los pies sobre la tierra: “Todavía la situación es grave: está en terapia y con riesgo de vida. Pero en ese marco todo lo que estuvo ocurriendo es favorable. A todos nos sorprendió su evolución. Incluso los médicos manifiestan que la evolución que está teniendo es asombrosa. Es muy rápida”.
Este jueves, el vocero presidencial Manuel Adorni dijo que el diálogo con la familia quedó roto desde que el padre de Pablo acusó a Bullrich de ser cómplice. Fabián le responde: “Nosotros no cortamos nada porque nunca existió el diálogo. Lo mío fue una respuesta a una declaración mentirosa de Bullrich, por tanto si es que alguien cortó el diálogo fueron ellos. Yo estoy dispuesto a escuchar, si alguien me llama”. Y agregó: “A esta altura no lo espero (ese llamado). Espero poco. Pero demostraría que tienen todavía un grado de humanidad”.
En relación a las mentiras de Bullrich sobre el trayecto del proyectil, expresó: “Me da vergüenza la forma en que fue acomodando la mentira. La va acomodando a medida que la realidad se lo desmiente, es hasta absurdo, burdo, grotesco: no sé que palabra utilizar”. Cuando le preguntaron si le diría algo al gendarme que, según los elementos reconstruidos hasta el momento, sería quien disparó (presuntamente, el cabo Guerrero), afirmó: “Personalmente no le diría nada. Sí lo vamos a decir de forma jurídica. El mejor diálogo que podemos tener con esta gente es en lo judicial”.
La causa, sin avances
Fabián estuvo acompañado por Claudia Cesaroni, de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, y a Paula Litvachky, del CELS, organismos que patrocinarán legalmente a la familia, que este 21 de marzo se presentó ante el Juzgado Criminal y Correccional Federal Nº 1 para ser tenida en cuenta como querellante en la investigación judicial.
Lo más importante de la causa hasta ahora: desde el 12 de marzo “no se investigó nada y reclamamos que se empiece a investigar urgente”. Las abogadas cuentan el por qué: “La causa iniciada por la denuncia de la Procuvin (Procuraduría de Violencia Institucional) que dio inicio a la instrucción estaba presentada en el Juzgado 12 de Ariel Lijo, quien se la devolvió a la Jueza Servini de Cubría, que otra vez la rechazó. Ninguno de los dos quiere hacerse cargo de la investigación. Ahora irá a sorteo para definir quién la sigue. La Cámara Federal de Casación Penal tiene que resolver”. Agregan: “Hasta ahora el Ministerio de Seguridad dijo que no hará sumarios internos por el accionar de su Fuerza, lo que refleja el encubrimiento”.
La causa aún no tiene carátula porque no está radicada en ningún juzgado. La denuncia presentada es por tentativa de homicidio agravado, por abuso de autoridad e incumplimiento de funcionario público.
Dice Paula Litvachky, del CELS: “Es muy importante que la causa salga de este limbo judicial y se inicie el pedido de pruebas antes de que pase más tiempo”.
Dice Claudia Cesaroni, de la Liga Argentina por los Derechos Humanos: “Esperamos que en estos primeros 9 días en los que no se hizo nada, no haya ninguna prueba que se haya destruido, modificado, alterado. Hay cámaras del Gobierno de la Ciudad que tienen un tiempo de duración determinado, o de negocios que también se van borrando y si no las pedís inmediatamente después ya no están. Es vergonzoso que un hecho así no lo esté investigando nadie”.
Las abogadas pidieron una serie de pruebas. Las más relevantes: “Quién dio las órdenes, cómo se manifestaron esas órdenes y cuáles fueron, antes y después del impacto; cuál fue el protocolo que se aplicó, quienes integraban el equipo donde estaba incluido el cabo Guerrero y qué órdenes se le impartió a ese grupo en particular; qué armas utilizaron”. También exigen que se lo llame a indagatoria a Guerrero. “Ya hay suficientes elementos para hacerlo”.
Completa Paula Litvachky: “Hicimos una presentación con los hechos, tenemos un montón de pruebas para que se reconstruya ese tramo del operativo de modo tal que se pueda tener la responsabilidad de quién disparó y de toda la cadena jerárquica”.
Concluyen ambas: “Las pruebas están. Nunca hubo tanto registro fotográfico y audiovisual. Necesitamos el acompañamiento social para empujar a que se haga justicia y que no quieran desviar el foco de la investigación”.
Nota
La causa de la caída: la denuncia de Beatriz Blanco, la jubilada gaseada y golpeada por la Policía

Traumatismo encéfalo craneano, herida cortante e irritación ocular: las heridas causadas a Beatriz Blanco (81 años) ya forman parte de una causa judicial que inició ella misma y también la Procuraduría de Violencia Institucional, y apunta contra dos efectivos que la gasearon y le pegaron, provocando su caída. También apunta a la responsable del operativo, la ministra Patricia Bullrich, que se desplegó el miércoles de manera feroz, pero que -plantea la denuncia- es parte de un “plan sistemático”. Beatriz fue golpeada a las 16:10, antes de los principales incidentes, mientras se manifestaba en una esquina: cómo fue el momento, según relata ella misma en la denuncia y cuenta su hija. Quién es esta jubilada que trabajó de todo. Cómo está: recuperándose, enojada y “con más fuerza que nunca”. La voz de una de sus hijas junto a quienes lucha por justicia, y paz.
Por Franco Ciancaglini.
La imagen de Beatriz Blanco cayendo en seco al suelo -tras ser gaseada y empujada por dos efectivos de la Policía Federal- dio la vuelta al mundo.
En el video se ve el fin de una secuencia más larga que inicia cuando la Policía Federal empuja de manera violenta a jubiladas y jubilados que se encontraban haciendo el clásico semaforazo de todos los miércoles en el Congreso.
“Ella lo que cuenta es que estaba con el grupo de jubilados, cortando Entre Ríos, para mostrar sus carteles. Y cuando el semáforo se pone verde se vuelven a la esquina. Y en ese momento vino la policía, apurando a todos los viejos a subirse a la vereda”.
La que habla es una de sus hijas, Paula.
El relato coincide con la temprana decisión de las fuerzas de abalanzarse sobre personas que hacen lo mismo todos los miércoles -un semaforazo, y luego una movilización que da la vuelta al Congreso-: Beatriz fue atacada a las 16:10.
Esta vez, por lo especial de la fecha, los Policías iban además con el gas apretado y el palo suelto. Cualquiera que estuvo en la manifestación pudo apreciar cómo apenas una persona se acercaba a los efectivos, o incluso estando a metros, sin hacer nada, podía ser gaseado. Incluso teniendo 81 años.

Los camiones hidrantes fueron parte de la cacería desatada. Foto: Lina Etchesuri.
El arma y la palabra
Beatriz Blanco no está afiliada a ninguna barrabrava ni milita en ningún partido político.
Es jubilada.
Trabajó toda su vida como empleada en cooperativa de fletes, empleada cuidando niños, costurera, y de casera hasta los últimos tiempos.
Tiene tres hijas.
Una de ellas, Paula Ippolito, cuenta que junto a su madre Beatriz y su hermana Paula suelen ir juntas a las marchas. “Esta vez fue sola porque justo yo estaba operada de la rodilla. Suele ir, no va todos los miércoles pero cuando puede va”.
Beatriz ya conocía a varios y por eso se acercó al grupo de jubilados que realiza los miércoles el semaforazo. Luego de que la empujaran a la vereda, se puso a hablarle a un cordón policial, una práctica habitual de jubilados anodados ante la violencia sin sentido que ejercen las fuerzas: “Ella siempre es de ir y hablar, de decir qué están haciendo, cómo no les da vergüenza; mi mamá siempre como que quiere hacer conciencia. Ella le debería estar gritando al policía que estaba de espaldas y lo toca con el bastón como diciendo ´mirame´. Ahí el chabón se da vuelta y le tira el spray, y el otro que le pega con el palo en la cabeza”.
Ese combo, que representa un ataque, de gaseo, empujón y golpe, hace que Beatriz pierda el equilibrio instantáneamente, y caiga al suelo.
La primera pregunta es cómo está: “Se está recuperando. Está en reposo, en observación por el golpe que recibió en la cabeza. Está con mucho dolor en todo el cuerpo, con un poco de inestabilidad, con el dolor en los ojos por el gas que le tiraron. Tiene los ojos muy hinchadas: le tiraron gas directo en la cara”.
Este dato del gas directo a sus ojos explica a la vez la pérdida del equilibrio, desechando por tierra las mentiras del Jefe de Gabinete, Guillermo Francos, que aseguró que se “cayó sola”. También el título de la empresa La Nación que habló de que la jubilada “atacó” a la policía previo a su “caída”: “Ella le tocó con su bastón para que se diera vuelta, para que la escucharan, no golpeó a nadie. Habría que mostrar los videos enteros donde la Policía increpa primero a los jubilados para que se suban a la vereda, con la agresividad que suelen tener”.

Beatriz Blanco, tras los gases recibidos y el golpe posterior. Foto: Lina Etchesuri.
El caso de Beatriz es uno de los dos -junto al del fotógrafo Pablo Grillo- denunciados por la Procuraduría de Violencia Institucional (Procuvin) ante la Cámara del Crimen. En esas denuncias a las que accedió lavaca, el organismo que se encarga de monitorear a las fuerzas -en estos tiempos, con menos entusiasmo- presenta como “pruebas” distintos recortes periodísticos alrededor del ataque a Beatriz. Y solicita a la justicia que requiera al Ministerio de Seguridad el personal policial afectado a los lugares de ambos ataques, así como los datos de la “sala de operaciones” a la que reportaban los agentes a cargo del operativo.
Por otro lado, la propia familia de Beatriz presentó una denuncia contra los dos agentes de la Policía Federal y contra la propia ministra Bullrich. Narra en su presentación lo mismo que refiere su hija en esta nota: “Siendo aproximadamente las 16:10 hs me encontraba en las inmediaciones de la esquina de las avenidas Entre Ríos y Rivadavia de esta ciudad (…) cuando fui rociada con una sustancia lacerante por un efectivo de la Policía Federal. Inmediatamente después, y también a manos de un efectivo de la PFA, recibí un golpe en la cabeza, con un elemento que creo se denomina ‘tonfa’, lo que provoca mi caída al piso”.
Tras el golpe, Beatriz fue derivada al Hospital Argerich, donde diagnosticaron lo producido por el ataque: traumatismo encáfalo craneano, herida cortante e irritación ocular.
Por eso, por un lado, reclama la identificación de los dos efectivos que la atacaron, plausibles de ser responsables de “delitos de lesiones leves” agravadas por tratarse de personal de la fuerza. Y por otro, califica a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich como “autora mediata” por ser responsable del operativo y algo más: la valiente presentación habla de que estos hechos son parte de un plan sistemático.

Una síntesis del plan sistemático. Foto: Juan Valeiro.
“Como en los momentos más aciagos de nuestra historia, desde el Poder Ejecutivo se ha montado un Programa de Miseria Planificada cuya consecuencia natural es la Protesta Social. Y sabido es que este tipo de políticas socioeconómicas sólo resultan aplicables cuando se pone a disposición de las mismas al aparato represor del Estado”.
Firma toda esta historia la propia Beatriz, acaso poniendo en contexto lo que representan los golpes que sufrió, su historia y el futuro por el que pelea junto a sus hijas. “Nosotras somos fieles a las marchas que son para los derechos del pueblo”, cuenta Paula, una de ellas. “No militamos en ningún partido político, siempre vamos independientes y solas”, aclara por si hiciera falta.
Paula habla siempre en plural femenino, pensando en su madre y su hermana. Desde ese lugar cuenta: “Nos están sacando todo. Nos están metiendo miedo para que no salgamos a las calles. Están imponiendo todo lo que quieren imponer. Siempre estamos atentas a todas las luchas. Esto va a por todos, no es solamente por los jubilados. A mi me han robado plata con la AFJP a pesar de que ya tengo 30 años de aportes. Estos vienen por todo, por todo lo que conquistamos”.
Junto a Natalia, las jóvenes militan tocando tambores en Batuka, uno de los conjuntos que lleva el ritmo a la calle y es la banda de sonido de la protesta social y la lucha. Hoy, del lado de la víctima, Paula asegura: “Estamos luchando para que esto no vuelva a suceder. Para que tengamos memoria y el pueblo no se duerma. No tenemos miedo. Ya la verdad que queda poco por perder”.
Esta lucha incluye, claro, a Beatriz: “Está más fuerte que nunca. Está enojada, muy enojada. Pero está fuerte para seguir la lucha”.
La lucha, ahora, es por justicia: “Solamente queremos que los responsables tengan justicia, sean los policías o la ministra de Seguridad: que la justicia trabaje a favor del pueblo. Y que no salga nadie más impune”.
¿Tenés esperanzas? “Y no. Pero hay que hacerlo igual: nos corresponde”.
La esperanza tal vez siga estando en la calle, mientras estas jóvenes sin contención psicológica ni asistencia estatal de ningún tipo enfrentan los golpes: “Estamos nosotras, las hijas, para cuidarla y para que se reponga de esto”.
¿Necesitan algo? “Sí: paz”.
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