Nota
Lo que hay para ver: los secretos para no abatatarse

La obra homenaje al genial Batato Barea, La moribunda, cobra un nuevo significado luego de haber atravesado una cuarentena donde el afuera era una amenaza. Y también la figura de Batato representa el pasaporte a la afirmación artística e identitaria de Quique Luna, quien dirige la obra en el ciclo OrguYo de Mu Trinchera Boutique. Como una perra en un descampado reafirma la capacidad curativa del arte: exorcizar el dolor profundo echa luz donde se creía que ya no podía verse más que penunmbras. Los Secretos invita a explorar el universo de los lazos amorosos y los hilos que entretejen los pequeños nudos de lo que queremos resguardar para no sentirnos a la intemperie. Por último, la danza nos invita a preguntarnos las mil y una formas de pasar por el cuerpo las vivencias y recuerdos que nos hacen ser quienes somos.
La moribunda
El ciclo OrguYo ofecerá este domingo 21 de noviembre su segunda presentación: La obra La moribunda, surgida del under de fines de los ´90 y ya convertida en un clásico. Con dramaturgia de Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonese, es un homenaje al recordado actor, clown y performer Batato Barea que en esta oportunidad será intrerpretada por Principutx y Nai Gonzalez P. Las hermanas Te Kanawa viven encerradas, la mayor, Kiri, agoniza y Karren y Kara deforman la dura realidad con exceso de fantasía. “Cuando esta obra se creó originalmente fue pensada en un contexto distinto al que tenemos ahora. Pero curiosamente sus tópicos encuentran resonancia en este contexto de la pandemia/postpandemia: el encierro, la abrumadora y constante presencia de la muerte, el mundo apocalíptico. Entonces todo eso se actualiza, se puede ubicar en el aquí y ahora, en las casas de todes durante la primera cuarentena”, cuentan quienes interpretarán la obra en el escenario de MU Trinchera Boutique.
El director, Enrique Luna, se refiere al significado de Batato en su vida: “Representa la primera vez que me puse un vestido y tacos para actuar. Estaba cursando el primer año de Actuación de la UNA con Bernardo Cappa y no me encontraba con la propuesta del docente. Una noche, en una improvisación, me puse un vestido negro de una compañera e improvisé un poema sobre unos hinchas de Atlanta que me devoraban entera. Terminó la impro y el profe me sugirió investigar el teatro de Batato y Urdapilleta. Yo ni sabía quiénes eran, tenía a Gasalla y a Tortonese en la mente pero no a Batato y a Urda. Todavía vivía en lo de mi viejo, en la Villa 21—24 de Barracas, y tenía mucho miedo (y muchas ganas) de travestirme para actuar. Conseguí el libro Te lo juro por Batato en la librería del Rojas y me puse a ver los sketches de ATC de Tortonese, Gasalla y Urdapilleta en YouTube. Me compré una peluquita carré hermosa, una pollerita roja, unos tacos divinos y una camisa de señora (todo en el Once). Cuando colgué en el patio de casa el vestuario, para sacarle el olor a naftalina de la feria americana, mi viejo me preguntó ´¿Qué es eso?´. Yo le respondí muy segura: ´Vestuario para hacer teatro´, y la conversación terminó ahí. Hoy día me doy cuenta de que el legado de Batato me ayudó tanto a encontrarme como artista como en una identidad que se corre del binarismo”.
El actor y performer Peter Pank, co-director de La peli de Batato, les dio permiso para incluir algunos fragmentos del film. “Creemos que quienes hacemos teatro desde la disidencia hoy día tenemos mucho
que agradecerle a las personas que pusieron el cuerpo antes que nosotres y hacer esta obra es nuestra forma de dar las gracias”.
MU Trinchera Boutique, Riobamba 143, CABA
Domingo 19 hs
@mu.trinchera.boutique
@enrique.0.luna
@tierra_de_tormentas_niko
@principutx
Como una perra en un descampado

Esta obra teatral es una experiencia catártica de su dramaturga, es reparadora para quienes vivieron una experiencia similar y refiere a una fuerza ancestral que hermana en la fatalidad, como un motor que impulsa, que salva. Julia es maesta, Paulo es técnico teatral y están transitando el quinto mes de embarazo. Julia se siente mal, va a hacer la consulta y les espera la peor noticia. Lejos de ser solo el relato de un momento de profundo dolor y desencanto, la obra propone el humor que afloja y ayuda a sobrellevar la tensión y la incursión de una historia entre una actriz, un director y un texto que acaricia la desazón de la pareja protagonista.
La psicóloga, dramaturga y directora catalana Claudia Cedó escribió para la presentación de la obra, estrenada en 2018: “Estaba embarazada de cinco meses cuando perdí mi hijo. La decisión de escribir la obra fue una necesidad. Todos tenemos nuestro descampado. Un lugar árido que hemos tenido que atravesar en algún momento de nuestra vida. Escribiendo he revisitado este descampado mío y le he encontrado una luz más bonita. Para mí, ha sido un grito a la vida, una manera de rendir homenaje a esta criatura que no ha podido tener la vida que yo le había imaginado. Mi manera de explicar lo que sentí, de compartirlo, y de darme cuenta de lo mismo que la protagonista descubre en la obra: que incluso las sombras más oscuras no dan tanto miedo cuando se las ilumina”.
La directora Corina Fiorillo leyó material de Claudia Cedó e hizo contacto especial con Como una perra en un descampado porque le pareció un texto sensible e inteligente. “Tiene algo maravilloso para contar, en lo que yo creo, y cuando lo leí dije: quiero contar esto, que es el hecho de que todos pertenecemos a una unidad. Hay momentos en que Julia dice: si yo no puedo va a poder ella, o si pude algo fui yo y todas las que me precedieron”, cuenta Corina. Hay un juego constante entre las escenas reales y las oníricas y eso la entusiasmó. Durante la pandemia, el elenco hizo ensayos por zoom, y mientras Corina imaginaba la puesta. “El montaje es complejo y este elencazo es digno de mi admiración”. Está compuesto por: Victoria Almeida, Milagros Almeida, Estela Garelli, Federico Ottone, Mercedes Torre y Abian Vainstein, el músico en escena es Tomás Pol.
Julia se quiebra, reflexiona, se ilusiona, pregunta, se derrumba, se sostiene, se fortalece. Vive una pesadilla y sabe que tiene que enfrentar una zona oscura para la que no estaba preparada. Nadie lo está. Me siento sola, desamparada, como una perra en un descampado, dice. Habla de los consuelos de los demás, del ya vendrá otro, pero es hora de asumir la pena por los “270 gramos de realidad”. Luego podrá mirar “al espectro a la cara” y será capaz de ver la luz que se esconde en las sombras.
Teatro El Extranjero, Valentín Gómez 3378, CABA
Martes, 20.30 hs. Hasta el 14/12
@teatroelextranjero
@comounaperraenundescampado
@corinafiorillo
Los Secretos

El tiempo, el amor y la muerte. Esos son los tópicos sobre los que se propuso escribir el joven dramaturgo de 29 años, Juan Andrés Romanazzi en la trilogía De las veces que imagino. Cada una se manifiesta en una obra teatral: Las Promesas, estrenada en 2019, tiene que ver con el tiempo, Los Secretos, con el amor y Las Despedidas, con la muerte. Paula Fernández Mbarak —también trabajó en Las Promesas— e Iván Moschner son les intérpretes de Los Secretos, con música de Gabirel Motta. “La escribí pensando en ellos, estoy muy enamorado de su trabajo. Hay algo que funciona en mi dramaturgia que tiene que ver con escribir desde el cuerpo, el teatro tiene que ver con eso, con el cuerpo puesto en escena”, cuenta Juan, quien nació en La Rioja y vive en Capital desde los 6 años.
El observador resulta ser el observado: él trabaja en un sistema de videovigilancia para edificios e ignora que ella lo mira a través de la pantalla desde hace tiempo, atenta, embelesada. Es profesora de literatura y no puede evitar analizar sistemáticamente la frase de preocupación que él le dirige cuando ella tropieza y cae ante su vista. La situacion es un tanto bochornosa, pero finalmente él reparó en ella. Podría ser el comienzo de una clásica historia de amor. Lo es, y a la vez, no.
Las pequeñas historias, las cotidianas, sin brillos ni glamour, encierran una fascinación extraordinaria apenas se escarba en ellas. Encontramos aquí dos seres con los brazos extendidos hacia la aventura del amor. Y no siempre se busca lo mismo, pero a veces se encuentra algo de lo que se necesita para iluminar nuestras oscuridades. Los Secretos expone aquello que ocultamos para no ser descubiertxs en la fragilidad. “La primera vez que vi por la calle uno de estos sistemas de videovigilancia, me cayó como un cimbronazo de que estábamos entrando en otra era donde nos estamos convirtiendo casi en máquinas, con el uso de celulares, las relaciones virtuales. Esto lo escribí antes de la pandemia, en un momento dudé de si tenía sentido hacer la obra porque me había quedado un poco antiguo el misterio de la aparición cibernética de este totem, pero mucha gente me comenta que la virtualidad se ha puesto en un lugar tan fuerte, que la obra tiene otra significancia”.
La figura del encastre —explica Juan— da sentido a algunas instancias relacionadas con la escenografía, la iluminación y la historia. “Aquello que sobresale de algún lugar, hay otro que tiene la concavidad necesaria para que eso encastre, que no es con la idea romántica del amor ni de las cosas sino justamente con esto de que todo lo que sobra de algún lado, a otra parte le está faltando y eso también tuvo que ver con la puesta, pensar como lograr que estos dos personajes se encuentren a medida que avanza la obra sin llenarla de demasiadas cosas y buscando la simpleza de lo que pasa entre ellos”.
Hay que pedir bien, —dice la protagonista— Yo pedí ser sirena. Y quien sueña con ser sirena, será feliz con quien se sueñe mar. “La obra habla sobre las relaciones, sobre lo dificil que es ser sincero con uno y con los demás, también habla mucho de la idealización, lo fácil que es quedarnos solos, sobre el amor por fuera de la idea romántica, el amor que tiene una zona dolorosa que hay que atravesar para que realmente exista, un amor que no es liviano, el amor que construye”.
El Portón de Sánchez, Sánchez de Bustamante 1034, CABA
Lunes, 21 hs. Hasta el 6/12
@elporton.desanchez
@lossecretosok
@juanandresromanazzi
@paulafernandezmbarak
@ivanmoschner
@gabriel.mottamusic
Colosa

¿Cómo narrarías tu historia? La bailarina y coreógrafa María Kuhmichel la cuenta con el carisma de su anatomía. El suelo como sostén y escenario, su corporalidad como eslabón fundamental de una y otra vivencia. María trabaja a partir del diálogo del cuerpo, la emoción y la mente. “Esta tríada se retroalimenta segundo a segundo para dar vida a lo que hacemos”, asegura.
La obra transitó un proceso de cuatro meses y quince ensayos. María venía soñando con este solo desde hace años y en colaboración creativa junto a Michel Capeletti y Carolina Villa, dieron forma a Colosa. “El trabajo tiene una base muy fuerte en lo biográfico pero sin pretender crear una obra en donde se relata mi vida. Más bien hay un intento por capturar ideas, deseos, esencias, experiencias transitadas por mi y mezclarlas con la fantasía de cómo me gustaría estar hoy en escena. Algunas de las premisas con las que trabajamos fueron: La fantasía, Exponerme/Expose-me/Ex/Pose, Me expornotranscorporiso, Lo ficcional – Ser yo y no ser, Cuerpos mitológicos, Seducir, Fracasar, Explotar, Errar, Morir, Trans-Formar Trans-nacer Trans-ser, Resonar en los estallidos, ¿Cuántas veces me hubiese gustado cambiar el curso de los hechos?, Siempre enamorada, intensa y dramática, Todo lo que ven de mí y no soy, ¿Quién soy? ¿Quién podría ser?, Arte erótico, Surrealismo, ¿cómo narrarías tu historia? ¿qué expondrías de ella?”
Bailar la propia historia, barajar ficción y realidad para ver qué aparece ¿Cuáles son las maneras de contar tu propia historia? ¿Qué mueve a un cuerpo? “Siento que la manera en la que me expongo es muy particular y me genera sensaciones encontradas, me da mucha felicidad porque era uno de mis deseos estar así en la escena pero también es algo nuevo para mí. Y más allá de que hoy está teniendo su proceso con los espectadores deseamos el año que viene tener nuevamente una etapa de ensayos para seguir explorando este intenso y hermoso universo que abrimos”.
Teatro del Perro, Bonpland 800, CABA
Viernes 22 hs. Hasta el 26/11
@teatrodelperro
@kuhmichelmaria
@michelcapeletti
@carovillana
Protesta social
Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse.
Por Lucas Pedulla Fotos Juan Valeiro/lavaca.org
A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.
–Si no trabajo, no como.
Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:
–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?
La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.
–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión.
–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.
Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor.
A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.
–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja.

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?
Luis es crítico:
–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”.
La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.
¿Qué espera?
–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo.
¿Hay opción B?
–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come.
Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org

Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
Por María del Carmen Varela
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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