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La salud de la nación

Se realizó la Marcha Federal de Salud por el centro de Buenos Aires hasta Plaza de Mayo. El diagnóstico y los testimonios de un desguace anunciado que está destrozando al sistema de salud pública, matando gente, y poniendo cada vez más vidas en peligro.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Tadeo Bourbon / lavaca.org
La enumeración es brutal:
- Al menos 60 pacientes con cáncer fallecieron en la disuelta DADSE (Dirección Nacional de Asistencia Directa por Situaciones Especiales) por falta de entrega de medicamentos oncológicos.
- Derogación de las Coordinaciones Nacionales de tuberculosis, lepra, hepatitis y HIV dispuestas en el decreto 1138/2024, “pilares fundamentales de articulación de políticas públicas nacionales que aseguran estrategias de diagnóstico, prevención y tratamiento”.
- Despidos masivos en el Ministerio de la Salud, y los hospitales Posadas, Bonaparte y Sommer, entre otros.
- Cierre y desfinanciamiento de programas esenciales y áreas estratégicas como: Dirección Nacional de Géneros y Diversidad, Dirección Nacional de Recursos Físicos, Dirección de municipios y comunidades saludables, Dirección de Investigación en Salud, Dirección de interoperabilidad, Estándares y Desarrollo; Dirección Nacional de Integración del Sistema de Salud; Coordinación de Equipamiento Médico y de Arquitectura Sanitaria; Coordinación de Salud Familiar; Coordinación de Vigilancia Epidemiológica por Laboratorios; Programa Nacional de Cuidados Paliativos del Instituto Nacional del Cáncer.
- Recorte de insumos médicos y medicamentos.
- Profundización de la descentralización del sistema de salud.
- Deterioro del Plan Nacional de Vacunación.

Fotos: Tadeo Bourbon para lavaca.
- “A la desaparición de los programas de violencia de género y cuidado de mujeres se suma la eliminación del programa de prevención del embarazo adolescente. Junto con ello, no sólo una disminución de la partida global para salud pública, sino también la destinada a la financiación de los grandes hospitales nacionales como el Garrahan y el Posadas, que pierden frente a la inflación en términos reales entre un 20 y un 40 por ciento del presupuesto”.
- Recortes de programas de garantía de acceso a 55 medicamentos para jubiladas y jubilados, que se suma a la suba del 188% del valor de los medicamentos en general.
- La liberación de los precios de las prepagas que permitió aumentos de cuotas de casi un 120%, “lo que hizo migrar a más de 200 mil usuarios a la salud pública”.
- En CABA, el distrito más rico, se sigue marginando a las enfermeras de la ley de Profesionales de la Salud.
- Salarios “miserables” de las y los residentes “parte fundamental del equipo de salud y del sostén del sistema público”.
- Recortes del 50% al presupuesto del Programa Nacional de Respuesta Integral al VIH, Hepatitis, ITS, y Tuberculosis. Como parte de los 1400 despidos en Salud, el ministro Lugones echó al 40% de la Dirección de Respuesta de esas enfermedades. Además denunciaron una “alarmante” falta de reactivos para medir la carga viral en tratamientos para personas con VIH y que tampoco se realizaron compras de preservativos en un contexto de aumento de diagnósticos de VIH y sífilis.
Todo eso significa vidas en peligro.

Carteles que lo expresan todo. Fotos: Tadeo Bourbon para lavaca.
Tal la descripción, desde arriba de un camión, realizada por quienes coordinaron la Marcha Federal de Salud convocada en Buenos Aires por más de 130 organizaciones, entre juntas internas, hospitales nacionales, provinciales y locales, residencias, redes de usuarios, entre otras, que reunió a miles de personas este jueves desde el Ministerio de Salud, sobre 9 de Julio, hasta la Plaza de Mayo.
El cáncer y las urgencias
Andrea es trabajadora administrativa del sector Tomografía del Hospital Posadas y la echaron en octubre. Sigue en funciones gracias a una medida cautelar de la justicia que ordenó reincorporarla mientras dure el juicio laboral. Está marchando: “Porque desde el año pasado tuvimos 120 despidos, pero sabemos que hubo más y que posiblemente lleguen a 300. Además están vaciando al Hospital: los médicos se empiezan a ir porque acá cobran 110 mil pesos una guardia y afuera les ofrecen dos o tres veces más. En Oncología la jefa se jubila, quedan dos y decían que, de hacer 6.000 quimios al año, este no las van a poder garantizar. Si llegás con cáncer, te derivan a otro hospital. En Tomografía estamos demorando tres meses en entregar los estudios, salvo que diga ‘urgente’, que tardan dos”.

Curiosidad argentina: El Estado, a través de la Policía de la Ciudad, más preocupado por el tránsito porteño que por la Salud Pública y la vida. Fotos: Tadeo Bourbon para lavaca.
Cannabis vs. lo narco
Valeria Salech es fundadora y referente de Mamá Cultiva, una organización que logró la ley de Cannabis Medicinal que legaliza el acceso a través de autocultivo, cultivo solidario y comunitario, y habilita la venta de aceites en farmacias y el impulso a la producción pública. Está marchando: “Porque están desguazando la salud, y una de las herramientas que desfinancian es el REPROCANN (Registro del Programa de Cannabis, que regula el acceso de personas autorizadas al cultivo controlado con fines medicinales y/o terapéuticos) que cada vez tiene menos gente trabajando y más gente esperando renovaciones o autorizaciones. Son miles de personas pidiendo acceso a la salud, porque el cannabis también es salud. Empujan a la gente a la clandestinidad: parece que el Estado prefiere que le compremos al narco en vez de que seamos cultivadoras registradas”.

Fotos: Tadeo Bourbon para lavaca.
El trauma del cierre
Joaquín tiene 27 años y es psicólogo residente en el Hospital Bonaparte, única institución nacional especializada en salud mental en el AMBA, que ya tuvo un intento de cierre el año pasado y que en enero sufrió el despido de 200 trabajadores y trabajadoras. Está marchando: “Porque el acceso a la salud mental, con los despidos, está muy deteriorado. Tenemos pacientes que no tienen cubiertos todos los turnos que tenían. Tenemos infancias que se quedaron sin equipos enteros. Todo esto en el marco de una demanda que combina la falta de laburo de pacientes con un cuadro de base traumática. En esa complejidad, donde los pacientes cuentan con menos herramientas, al hospital lo quieren cerrar”.
Una chica de 93 años
Andrea, Valeria y Joaquín son tan sólo tres testimonios de los miles que marcharon.
A la columna se sumó una joven militante de 93 años que una hora atrás había terminado de dar la ronda que todos los jueves, a las 15.30, hace alrededor de la Pirámide de Mayo, hace casi 48 años. Elia Espen, de Madres Línea Fundadora, que sigue buscando a su hijo Hugo Miedan desaparecido el 18 de febrero de 1977, levantó el puño diciendo: “Fuerza”. La marcha la saludó: “Madres de la Plaza, el pueblo las abraza”.

Elia Espen, Madre de Plaza de Mayo Línea fundadora, ex trabajadora de salud en el Garrahan, uno de los hospitales víctimas de la política autopercibida «libertaria». Fotos: Tadeo Bourbon para lavaca.
Así, y al canto de “atención, atención, estamos defendiendo la salud de la Nación”, la columna llegó a Plaza de Mayo siempre marchando pacíficamente por un carril, primero de Avenida Belgrano y luego por Diagonal Sur, custodiada por la Policía de la Ciudad.
En la Plaza, la primera oradora fue Elia, ex trabajadora de salud en el Hospital Garrahan: “Les deseo con toda mi alma y los recuerdos de los viejos tiempos que no haya hambre, que haya trabajo, que haya salud para todos”. La respuesta, nuevamente, fue un abrazo y un reconocimiento a coro: “30 mil compañeros detenidos desaparecidos, presentes”.
Luego las organizaciones leyeron el documento con el que se inicia esta crónica, que describe el desguace que la gestión de Javier Milei, con Mario Lugones como ministro de Salud, está llevando a cabo desde diciembre de 2023.

Fotos: Tadeo Bourbon para lavaca.
El llamado
El cierre fue un llamado:
“Llamamos a toda la comunidad a sumarse a esta pelea en defensa a un derecho fundamental: la salud pública, gratuita y de calidad para todas las personas.
Sumate y que nuestra voz se haga escuchar en cada rincón del país.
Por una vida que merezca ser vivida para todas, todos y todes.
La salud es un derecho, no un privilegio.
En salud no sobra nadie. Reincorporación ya de todxs lxs despedidxs!
¡Es momento de defenderla!
Unidad en las calles.
Abajo el ajuste de Milei y sus cómplices.
Salud unida jamás será vencida”.
El final fue un estribillo cada vez más común en un país cada día más convulsionado: “Unidad de los trabajadores y al que no le gusta, se jode”.

Respuesta a los calificativos del gobierno hacia los pacientes. Fotos: Tadeo Bourbon para lavaca.

Fotos: Tadeo Bourbon para lavaca.

Fotos: Tadeo Bourbon para lavaca.

Fotos: Tadeo Bourbon para lavaca.
Actualidad
¿En qué se parecen Trump y Pluribus?

Por Sergio Ciancaglini
Pluribus es una serie maravillosa y flamante, que tal vez ya quedó vieja.
El último capítulo de la primera temporada se emitió el 26 de diciembre y días después empezó a rankear como pieza de museo debido a Donald Trump.
La serie de Vince Gilligan explota de modo increíble una hipótesis: una civilización del planeta Kepler 22-b, ubicado a 640 años luz, contamina a todos los pobladores de nuestro mundo, que sonríen felices y actúan con amabilidad, pero cuyo cerebro forma parte de una gran mente colmena.
Esto es: hay un solo cerebro. Nadie piensa ya de modo individual sino que están todos unidos y dirigidos y masificados por esa mente colmena que reúne a la totalidad de los cerebros y saberes humanos. La IA en modo lisérgico.
Hay un solo problema: 13 personas resultaron inmunes a esa especie de virus algorítmico/biológico que controla al resto de la humanidad.
A la mayor parte de los 13 inmunes la situación les parece aceptable. Notan lo felices que están los demás, y la mente colmena los trata con servicial cortesía.
Solo unos pocos de los 13 entienden que no: que detrás de esa felicidad masiva a las personas les robaron el alma, porque la inteligencia alienígena lo que en realidad busca es apoderarse del planeta y sus recursos.
Esos humanos contaminados morirán pronto pero sonriendo tras haberse comido a sus propios muertos, y el mundo será una estación más en el avance de la civilización del planeta Kepler 22-b para subsistir a costa de los otros habitantes y otros planetas de este extraño universo.
Una semana después del último capítulo de Pluribus, Estados Unidos invadió Venezuela (América Latina), abdujo a Nicolás Maduro y redondeó las acciones con las que el país sustento de lo narco en el mundo simula combatir al narcotráfico.
Luego llegó Trump a explicar todo. ¿En qué se parece la política que simboliza Trump, a Pluribus y los ignotos seres de Kepler 22-b? Una hipótesis: la idea del control.
Pero lo que en la mente colmena son acciones y deseos altruistas (mientras roban almas y bienes comunes) en Trump es transparencia pura: habla del petróleo, de los recursos, del dinero en juego, de las corporaciones, de los muertos. Aclaró que considera que esa riqueza de hidrocarburos y tierras raras es norteamericana (lo cual supera en términos de ciencia ficción a toda la temporada de Pluribus) y demostró que puede llevar a la práctica todas las amenazas, provocaciones y disparates que rompen con el mundo tal cual lo hemos conocido.
El de Trump no es el imperio amable, hipnótico, seductor y temible de Pluribus.
En el suyo rige solo lo temible, y la sonrisa impostada es reemplazada por escenas de violencia explícita.
El control no es a través de la contaminación cerebral sino gracias a acorazados y drones, generales, violencia y guerras. Las mismas que el señor Trump dijo que quería evitar pero que –negocios son negocios– reactivan la industria armamentística, que es casi tan poderosa como la industria narco, aunque no compiten entre ellas y tienen intersecciones considerablemente turbias.
La actitud de Estados Unidos simboliza una idea: basta de seducción y amabilidad. Es tiempo de abducciones, de odiabilidad.
Lo que se estaba gestando en las últimas décadas y se inauguró formalmente ahora es la era del sometimiento. Y quien no lo acepte lo va a pagar caro. Queda por verse en este caso si el uso estadounidense de la fuerza es un sinónimo de poder, o una demostración violenta de debilidad (como acaso ocurrió en Venezuela con el propio Maduro).
En la parte que nos toca de este espectáculo cloacal, el gobierno argentino juega el rol del sometimiento sonriente. Como el viejo consejo que se les daba a las mujeres violadas: relájate y goza.
Mensaje al señor Vince Gilligan: desde este rincón findelmundesco saludo su serie increíble, pero hay otra que describe de modo diferente estas desventuras. Es argentina, se llama El Eternauta, se estrenó en 2025 pero nació en forma de cómic hace casi 70 años.
También hay en ella una civilización que busca controlar el planeta y los recursos. La invasión genera zombis y personas-robots (menos sonrientes que las de Pluribus) pero que no omite todas las formas de violencia imaginables.
Lo tóxico no lo usan para robar almas sino para matar.
En todo caso, el personaje de El Eternauta, Juan Salvo (Ricardo Darín), y la de Pluribus, la inmune Carol Sturka (la magistral Rhea Seehorn), comparten una idea frente la situación: con dudas y contradicciones, finalmente buscan hacer algo, resistir, oponerse, rebelarse frente al estado de las cosas. Su desafío: preservar cuerpos, cerebros y almas para que la existencia deje de ser una mala copia de la vida, o su the end.
En una de esas dos series imaginan una tecnología ética y cotidiana para intentar hacerlo: nadie se salva solo.
En la otra, el control de lo humano se realiza mediante un arma terrible: el consenso de una humanidad alienada. Carol no se resigna y al fin de la temporada tiene al menos un aliado. Es un latino, Manousos, que rechaza a la imitación que la mente colmena le presenta de su propia madre que le muestra los dientes, inquietantemente maternal. Manousos le dice en castellano: “Usted no es mi madre. Mi madre era una cabrona”. Y huye de Paraguay para buscar a Carol en Abuquerque, Estados Unidos, desde donde había hecho un llamado a los inmunes: tenemos que salvar el mundo.
Carol en otro momento menciona algo que podría sonar a procrastinación (con perdón de la palabra), a postergación. Pero nunca se sabe hasta dónde pueden llegar las cosas con la gente cabrona, como se considera a cada persona del mundo que puede elegir no someterse. Aquí pasó en la peor dictadura, cuando entre las pocas personas inmunes había 14 mujeres, madres y abuelas, las únicas cabronas que rompían la pesadilla del consenso alienado.
La frase Carol puede leerse como una involuntaria propuesta de acción para las personas y comunidades y, quizás, para la política (aunque esto suene también a ciencia ficción o realismo mágico).
La escena demuestra, como tantas expresiones del arte en estos días, un llamado a despertarse, cosa que en esta época parece cuestión de vida o muerte.
Carol dice en el más puro spanglish algo que aquellas personas a las que no lograron robarles el alma merecen recordar a cada momento, cada latido y cada respiración, para moverse, para no resignarse, para no someterse.
Como ya es de noche en el mundo, ella le anuncia a Manousos:
We save the world mañana.
PD: Por suerte entre los cabrones del mundo todavía existe Stremio.

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Invasión a Venezuela: la verdad detrás del botín

Por Claudia Acuña y Lucas Pedulla
Lo dijo sin metáforas y con mayúsculas:
“Venezuela está completamente rodeada por la mayor armada jamás reunida en la historia de Sudamérica. Solo se hará más grande y el impacto que supondrá para ellos será algo nunca visto, hasta que devuelvan a los Estados Unidos de América todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron”.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció así –a través de un mensaje publicado en la red Truth Social– su decisión de invadir ese país, sin siquiera avisar al Congreso.
El “robo” del petróleo al que alude es, sin embargo, la decisión de nacionalizar el petróleo que tomó Venezuela en dos etapas históricas que ahora conviene recordar.
La primera fue el 1° de enero de 1976, bajo la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez, quien pagó a las corporaciones Exxon, Shell, Gulf, y Mobil 5.626 millones de dólares como compensación. El economista Carlos Mendoza Potellá –quien acompañó en ese proceso al fundador de la OPEP, Juan Pablo Pérez Alfonzo– sintetiza así cómo fue: “Las mismas concesionarias designaron de su seno a quienes asumieron la gerencia petrolera venezolana: el entonces presidente de la Compañía Shell de Venezuela se convirtió en presidente de la ‘Operadora Nacionalizada’ Maraven. El vicepresidente de la Creole Petroleum Corporation, filial venezolana de la Standard Oil–Exxon se transmutó en presidente de Lagoven, otra operadora nacionalizada. El mismo esquema se repitió once veces con los gerentes de las demás filiales transnacionales, travestidos en gerentes de empresas estatales”.
Durante su segundo mandato, Pérez dispuso un plan de “apertura petrolera” que permitió operar a las transnacionales del petróleo en nuevas áreas, que luego su sucesor, Rafael Caldera, amplió. Así se llegó a la segunda nacionalización, impulsada por Hugo Chávez en 2007, quien a través de un decreto impuso que la petrolera estatal tenía que tener participación mayoritaria en todas las explotaciones petroleras venezolanas. Esa medida originó una serie de demandas internacionales, entre ellas la de Exxon, a quien el régimen de Nicolás Maduro pagó 700 millones de los 985 reclamados.
Del robo, hay que decirlo, fue víctima Venezuela, saqueada por la corrupción de quienes durante el régimen de Maduro administraron los activos de la petrolera estatal. Un ejemplo: el 17 de marzo de 2023, se dio a conocer la desaparición de 3.000 millones de dólares provenientes de cuentas por cobrar de la venta de petróleo, lo cual derivó en la detención de 61 personas, entre ellas tres coroneles y otros cuatro militares que ocupaban puestos relevantes en PDVSA.

El botín
Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, incluso más importantes que las de Arabia Saudí. Los yacimientos situados en la faja del Orinoco albergan más del 15% de todas las reservas mundiales. Su petróleo, además, es especial y característico: es más pesado y costoso de extraer, pero su alto contenido en azufre lo hace especialmente codiciado por las refinerías más sofisticadas.
Socio fundador de la OPEP, produce actualmente poco más de un millón de barriles diarios, lejos de los 3,5 millones de barriles que producía al final de la década de los noventa, cuando el país era una potencia global del sector de los hidrocarburos, con el 10% de la producción mundial de crudo. Ahora la república bolivariana apenas representa el 1%.
Para hacerse una idea del declive del sector en Venezuela, la industria del crudo del país llegó a ser la mayor exportadora del mundo. Ahora ocupa el puesto 21 entre los productores mundiales. Y está a punto de ser superado por su vecino Guyana, un país mucho más pequeño, cuya economía controla la petrolera Exxon.
Pero no solo se trata del petróleo. Tal como anunció el presidente Trump en su explícito mensaje hay “otros activos” que busca controlar con esta operación militar. Están en juego, además, minerales y tierras raras. Venezuela es un país muy rico en recursos naturales: cuenta con importantes reservas de gas natural, oro, hierro, bauxita y coltán, uno de los minerales necesarios para las baterías. También posee grandes yacimientos de cobre, níquel, titanio y zinc.
De Monroe a Trump
Dos siglos antes – el 2 de diciembre de 1823– el entonces presidente de Estados Unidos, James Monroe, declaró como potencialmente hostil cualquier intervención de las potencias europeas sobre los asuntos políticos de una América que libraba sus guerras de independencia, bajo el tan estadounidense lema: “América para los americanos”.
El 2 de mayo de 1965, 142 años después, la Cámara de Representantes completó esa declaración con la “Doctrina Johnson”, tras la invasión a República Dominicana ordenada por el entonces presidente Lyndon Johnson, para evitar un gobierno comunista.
El 3 de enero de 2026, casi 58 años después, en una fecha sensible para Argentina porque coincide con la invasión británica a las Islas Malvinas en 1833, la región amaneció bombardeada por orden del actual presidente estadounidense, Donald Trump, quien invadió Venezuela y detuvo a su presidente, Nicolás Maduro. “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”, dijo el documento de 29 páginas en el que EEUU redefinió la Estrategia de Seguridad Nacional, que denominó como “corolario Trump a la doctrina Monroe”. En un juego de palabras, se bautizó como “Doctrina Donroe”.
En declaraciones a la BBC, el investigador de Estudios Latinoamericanos del Council on Foreing Relations, Will Freeman, sintetizó: “Es una especie de justificación ideológica para la intervención de Estados Unidos o para la mano dura en la región. Pero el documento también menciona los cárteles de la droga y las incursiones extranjeras hostiles, lo que suena a la Doctrina Monroe en su versión original».
Si las viejas doctrinas buscaban la anexión violenta de una “América triguera” como si la región fuera el “caballo” y Estados Unidos el “jinete”, la actual doctrina Trump busca esnifar esa América narcótica que su país consume, abastece y fortalece en estructura, para su dominio geopolítico y el saqueo colonial de los bienes comunes, como dejó en claro Trump en su imperturbable y descarada conferencia: “Vamos a hacer que nuestras compañías petroleras de Estados Unidos, las más grandes en cualquier parte del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera gravemente deteriorada y comiencen a generar dinero para el país”.
¿Qué país?
En el nuestro y en los bordes más empobrecidos de esta ciudad –el Bajo Flores– la comunidad venezolana que está en la platea del club Daom mirando a los suyos disputar un partido de béisbol en un clásico contra Vélez Sarsfield lleva aferrada en cada mano, como un rosario, el teléfono celular, desde donde siguen las noticias de su tierra y de su gente. Me dice una joven que ya lleva ocho años en Argentina:
“Es un comienzo”.
Lo dice con ilusión y alivio.
Su mirada y lo que transmite, su biografía y lo que representa –estudió Historia en la universidad de la república bolivariana, trabaja limpiando casas por hora en Palermo– es la exacta dimensión del mayor fracaso del discurso progresista y sobre esa rotunda frustración ahora urge reflexionar.
Fracasar, fracasar, fracasar hasta triunfar.
Lo decía Mao, que tanto disgusta a Trump.
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Nuevo ataque a la prensa: robo en la redacción de la cooperativa El Ciudadano

Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario cooperativo de Rosario. El robo fue selectivo: se llevaron las dos consolas de sonido y todos los micrófonos, lo que impide que el medio siga transmitiendo y filmando. Todo en el contexto de un gobierno nacional que enarboló el eslogan «no odiamos lo suficiente a los periodistas». Desde la web de El Ciudadano (elciudadanoweb.com): «Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”.
El año comenzó con una noticia triste e inesperada para el diario El Ciudadano. Cuando volvieron a trabajar después del Año Nuevo, sus integrantes encontraron que la redacción del medio cooperativo de Rosario había sido robada. “Nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, señalaron desde el espacio autogestivo.

Imagen de las instalaciones saqueadas.
El episodio ocurrió durante la madrugada del primer día del año. Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario. “Se dirigieron directamente al sótano donde funciona el streaming y se llevaron las dos consolas de sonido, todos los micrófonos, lo que nos impide seguir transmitiendo y filmando”, contó El Ciudadano a través de una declaración en su web.
“Nos llama la atención lo selectivo del robo y lo simbólico del hecho de que se hicieran con los micrófonos”, agregaron desde la cooperativa y recordaron la compleja situación económico y de subsistencia que atraviesan en esta época de crisis.
El violento hecho, además, se da en el marco de un gobierno que promueve el odio a la prensa. Javier Milei repite de manera constante que no se odia lo suficiente a los periodistas, al tiempo que censura y reprime el ejercicio de prensa.
“Nos quisieron destruir muchas veces. Nunca lo consiguieron. Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, concluye El Ciudadano, medio creado en 1998 y recuperado por sus trabajadoras y trabajadores en 2016.
El Ciudadano, junto al diario Tiempo Argentino, revista MU y Agencia lavaca, El Diario del Centro del País, revista Cítrica, agencia Tierra viva y Lawen, integra la Unión de Medios Autogestivos. Son siete cooperativas que se organizaron con el fin de promover el periodismo de investigación sobre temas sociales apremiantes. Su agenda hace foco en temas usualmente relegados por la prensa comercial como son la violencia institucional, el narcotráfico, el respeto por los derechos humanos y la diversidad de género, la soberanía alimentaria, los reclamos de los pueblos originarios y el cuidado del medio ambiente.
La cooperativa que edita El Ciudadano se llama La Cigarra. El diario dio la noticia con palabras de aquella canción de María Elena Walsh: «Tantas veces me mataron». Y publicaron: «Por algunos indicios que deberán investigarse, el hecho también asoma como clara amenaza a la libertad de expresión».

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