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Ricardo Gil Lavedra y la Ley Ómnibus: “No sé cuál es la verdadera intención del gobierno”

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Integró la Cámara Federal que llevó adelante el Juicio a las Junta Militares en 1985, y actualmente preside el influyente Colegio Público de la Abogacía de la Capital Federal. Es radical, integró el gobierno de Fernando De la Rúa y brindó recientemente un asesoramiento a la CGT cuando la entidad gremial presentó un recurso de amparo reclamando la inconstitucionalidad del DNU dictado por el gobierno de Javier Milei. Mientras se discute la Ley Ómnibus, Ricardo Gil Lavedra compartió con lavaca algunas ideas, dudas y percepciones sobre el presente. Considera que “el gobierno no entiende cómo funciona una democracia constitucional”. Sobre la Ley: “Muchas de las reformas son malas, contienen inconsistencias”. Hace foco en la delegación de facultades extraordinarias y el modo de limitarlas. El radicalismo, Milei, la represión del martes a la noche. Y una hipótesis contrafáctica: ¿qué haría Alfonsín en estos días?

-¿Cómo define la situación frente a la Ley Ómnibus?

-La verdad es que todo está plagado de enorme incertidumbre, porque ni siquiera todavía se sabe muy bien, qué es lo que se va a aprobar. Todavía hay conversaciones y negociaciones sobre el contenido.

Hay muchas partes que son centrales: el tema de la delegación, la cuestión de las privatizaciones. Otros son más particulares: nosotros, los abogados y abogadas, hemos rechazado muy fuertemente la cuestión esta de los divorcios administrativos, que va a depender sin duda de cuál va a ser la votación en particular.

Los problemas han surgido porque es una Ley casi inabarcable que ha planteado una enorme cantidad de temas sin priorizar adecuadamente cuáles eran los centrales y cuáles no, en un lapso muy breve: sin mayorías claras parlamentarias y sin voluntad tampoco de construirlas. Así es muy difícil.

-¿Cómo se explica esa contradicción?

-Sinceramente no lo sé. Me parece que fruto de la inexperiencia. Creo que ha sido un error. Muchas de las reformas son malas, contienen inconsistencias, han trabajado demasiadas manos, lo cual no le ha dado consistencia y coherencia al proyecto en muchos de los temas. Y sinceramente todo en este enorme trabajo que está teniendo el Congreso pone en riesgo en definitiva cuáles son los puntos centrales y cuáles no.

-¿Qué es lo más peligroso que puede haber en esas inconsistencias o en esos errores?

-Hay muchas cosas que son importantes. El de las facultades delegadas es de los temas que tienen mayor sensibilidad de hasta dónde o no darlas. Cuáles son las materias… y sobre todo lo que los no tiene la Ley es bases claras de delegación.

-¿Por ejemplo?

-En realidad en la delegación el Congreso delega al Ejecutivo la posibilidad de dictar decretos legislativos sobre la base de determinados criterios que son las bases de la delegación. Pero lo que trae el proyecto son criterios muy genéricos e indeterminados. Esa indeterminación luego va a complicar todo. De todas maneras tengo entendido que eso se sigue hablando.

-¿Qué pasaría si ocurre esa delegación? ¿Qué representaría en la práctica cederle ese poder al Presidente?

-Como primer lugar hay que establecer en qué materia, cuáles son las materias.

Ricardo Gil Lavedra y la Ley Ómnibus: “No sé cuál es la verdadera intención del gobierno”

Ricardo Gil Lavedra.

-Economía, por poner una.

-Bueno, hay que ver qué límites se le ponen para dictar decretos delegados sobre materias económicas. Pero en función de los criterios que el Congreso le dé.

-¿No implican una concentración de poder a un gobierno que la pretende, facilitada por el Congreso que quedaría casi sin funciones?

-Yo tendría particular cuidado en ver las bases de la delegación, porque las bases de la delegación son las que permiten saber hasta dónde puede llegar o no el gobierno. La base delegación es la que dice cuál es el contenido de lo que lo delegado. Es decir: qué tiene que hacer. Qué puede hacer. Es así es así de sencillo. Pero bueno, habrá que ver. Tengo entendido que la idea predominante es limitar todo.

-¿Cómo percibe el rol del radicalismo ante el gobierno? Aparecen dos posiciones, una contemplativa con el gobierno, otra que no.

-El radicalismo por voluntad popular es una fuerza política que está en la oposición. Las elecciones la ganó La libertad Avanza. Eso no quiere decir que tenga que ser una oposición ciega y obstruccionista. Hay que poder darle al gobierno los instrumentos mínimos para que pueda gobernar y que esto no signifique a la vez la traición a los principios básicos que siempre ha defendido el radicalismo.

-La respuesta a esa actitud de parte de Milei ha sido tildarlos de coimeros y corruptos, entre otras cosas. ¿Por qué el radicalismo mantiene una actitud tan contemplativa?

-Es que lo que se pone en duda si el gobierno quiere verdaderamente la sanción de la Ley. Parece impensable que a la vez que se pide el acompañamiento de la iniciativa se insulte y apostrofe a quienes se les está pidiendo ayuda. Con lo cual no sé cuál es la verdadera intención del gobierno.

-¿Y cuál sería?  

No lo sé. Creo que si uno pide ayuda no puede estar insultando al que le pide. Da la sensación de que el gobierno no entiende bien cómo funciona una democracia constitucional. En una democracia liberal tiene que haber cooperación entre los poderes del Estado. No hay un poder único, no es una autocracia en la cual una sola persona decide qué es lo mejor para el país, sino que es necesario que los representantes del pueblo que están organizados de modo plural en un parlamento, dicen las normas que son fruto de la voluntad general. No cabe ninguna duda que en una democracia liberal el que hace las leyes no es el Ejecutivo, es el Congreso o el Parlamento. En consecuencia el funcionamiento dentro de una democracia constitucional tiene que basarse en el respeto armónico de funcionamiento de cada una de las funciones del Estado. Y me da la sensación de que el gobierno no entiende mucho esto. Cree que el Estado, el gobierno, es solamente el Poder Ejecutivo.

-¿Cómo estaría hoy Alfonsín? ¿Cómo actuaría?

-Es contrafáctico. Alfonsín era un hombre que decía que nunca el agravio personal tenía que sobreponerse al rumbo político adecuado. Pero por su personalidad y por todo lo que representaba, claramente estaría del lado de la defensa de los derechos, del lado de la defensa de la dignidad.

-Si fuese diputado, ¿votaría la Ley?

-Es muy difícil. Las cosas no son tan simplistas como decir votaría o no la ley. 

No es simplista, es cierto, pero tendría que definirse.

-Justamente, repito. Creo que hay que respetar un poco la voluntad de 15 millones de argentinos, pero a la vez no votando cualquier cosa sino respetando principios constitucionales básicos.

-¿Y votaría la delegación de poderes?

-Como vino planteado, no. Dependería de las bases y los límites que se fijen a esa delegación.

-¿Y con respecto al tema del DNU? ¿Hubo un trabajo conjunto con la CGT en el amparo pidiendo su inconstitucionalidad?

-No intervine en la presentación judicial ni nada de eso, pero sí se me hizo una consulta.

-¿Qué puede pasar con el DNU? ¿Lo considera constitucional?

-Creo que con el texto de la Constitución y la interpretación que ha hecho de él la Corte Suprema, el DNU no puede ser convalidado judicialmente.

-Este martes a la noche hubo represión alrededor del Congreso, con un grupo de mujeres detenidas por cantar el Himno sentadas en la calle, y luego golpeadas.

-Repudio absolutamente la detención de las mujeres que estaban sentadas pacíficamente cantando el Himno, que fueron arbitrariamente arrestadas. Me parece un claro abuso de la autoridad policial. No sabía que las habían golpeado, pero espero que se establezcan las responsabilidades pertinentes.

-La imagen es la de una tendencia cada vez más represiva frente al conflicto social.

-Lo que yo veo es que la protesta pacífica es un derecho constitucional. Siempre hay que buscar un equilibrio y una proporcionalidad entre la colisión que puede tener este derecho con otros, como es el derecho de circular. Ha habido seguramente un fuerte hartazgo social por las desmesuras que han tenido muchas veces las protestas. Entiendo que es algo muy difícil para la autoridad, y entiendo también la necesidad de que se conserve el orden, a la vez resguardando el derecho que tiene todo el mundo de protestar pacíficamente. Yo tampoco sacaría conclusiones apresuradas. Creo que hay que repudiar muy enfáticamente todo exceso por parte de las fuerzas de seguridad, hay que repudiar obviamente todo lo que signifique intimidaciones que buscan muchas veces la censura o autocensura de quien emite una determinada opinión, etcétera. Cualquier tipo de desborde tiene que ser condenado para que no se profundicen. Ahora, decir que hemos mudado ya a un estado autoritario, me parece demasiado. Todavía no (se ríe).  

-En temas ambientales hay un concepto crucial, el del “principio precautorio”: actuar antes para prevenir, y no después de que sucede el problema.

-Por eso, por eso. Tenemos que prevenir que esas cosas sucedan.

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¿En qué se parecen Trump y Pluribus?

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Por Sergio Ciancaglini

Pluribus es una serie maravillosa y flamante, que tal vez ya quedó vieja.

El último capítulo de la primera temporada se emitió el 26 de diciembre y días después empezó a rankear como pieza de museo debido a Donald Trump. 

La serie de Vince Gilligan explota de modo increíble una hipótesis: una civilización del planeta Kepler 22-b contamina a cada uno de los integrantes de nuestro mundo, que sonríen felices, actúan con amabilidad, pero cuyo cerebro forma parte de una gran mente colmena. 

Esto es: hay un solo cerebro. Nadie piensa ya de modo individual sino que están todos unidos y dirigidos y masificados por esa mente colmena que reúne a todos los cerebros y saberes humanos. La IA en modo lisérgico. 

Hay un solo problema: 13 personas resultaron inmunes a esa especie de virus algorítmico/biológico que controla al resto de la humanidad.  

A la mayor parte de los 13 inmunes la situación les parece aceptable. Notan lo felices que están los demás, y la mente colmena los trata con educación servicial. 

Solo unos pocos de los 13 entienden que no: que detrás de esa felicidad masiva, a las personas les robaron el alma, porque la inteligencia alienígena lo que en realidad busca es apoderarse del planeta y sus recursos.

Esos humanos contaminados morirán pronto pero sonriendo, y el mundo quedará como una estación en el avance de la civilización del planeta Kepler 22-b para subsistir a costa de los otros habitantes y otros planetas de este extraño universo.

Una semana después del último capítulo de Pluribus, Estados Unidos invadió Venezuela (América Latina), abdujo a Nicolás Maduro y redondeó las acciones con las que el país sustento de lo narco en el mundo simula combatir al narcotráfico. 

Luego llegó Trump a explicar todo. ¿En qué se parece la política que simboliza Trump, a Pluribus y los ignotos seres de Kepler 22-b? Una hipótesis: la idea del control.

Pero lo que en la mente colmena son acciones y deseos altruistas (mientras roban almas y bienes comunes) en Trump es transparencia pura: habla del petróleo, de los recursos, del dinero en juego, de las corporaciones, de los muertos. Aclaró que considera que esa riqueza de hidrocarburos y tierras raras es norteamericana (lo cual supera en términos de ciencia ficción a toda la temporada de Pluribus) y demostró que puede llevar a la práctica todas las amenazas, provocaciones y disparates que rompen con el mundo tal cual lo hemos conocido. 

El de Trump no es el imperio amable, hipnótico, seductor y temible de Pluribus. 

En el suyo rige solo lo temible, y la sonrisa impostada es reemplazada por escenas de violencia explícita.

El control no es a través de la contaminación cerebral sino gracias a acorazados y drones, generales, violencia y guerras. Las mismas que el señor Trump dijo que quería evitar pero que –negocios son negocios– reactivan la industria armamentística, que es casi tan poderosa como la industria narco, aunque no compiten entre ellas y tienen intersecciones considerablemente turbias. 

La actitud de Estados Unidos simboliza una idea: basta de seducción, basta de sonrisas.

Lo que se estaba gestando en las últimas décadas y se inauguró formalmente es la era del sometimiento. Y quien no lo acepte lo va a pagar caro. 

En la parte que nos toca de este espectáculo cloacal, el gobierno argentino juega el rol del sometimiento sonriente. Como el viejo consejo que se les daba a las mujeres violadas: relájate y goza. 

Mensaje al señor Vince Gilligan: desde este rincón findelmundesco saludo su serie increíble, pero hay otra serie que describe de otro modo estos días. Es argentina, se llama El Eternauta, se estrenó en 2025 pero fue escrita en forma de cómic hace casi 70 años.  

También hay en ella una civilización que busca controlar el planeta y los recursos. La invasión genera zombis y personas-robots (menos sonrientes que las de Pluribus) pero que no omite todas las formas de violencia imaginables.

Lo tóxico no lo usan para robar almas sino para matar.

En todo caso, el personaje de El Eternauta, Juan Salvo (Ricardo Darín), y la de Pluribus, la inmune Carol Sturka (interpretada por Rhea Seehorn), comparten una idea frente la situación: con dudas y contradicciones, finalmente buscan hacer algo, resistir, oponerse, rebelarse frente al estado de las cosas. Su desafío: preservar cuerpos, cerebros y almas para que la existencia deje de ser una mala copia de la vida, o su the end. 

En una de esas dos series imaginan una tecnología ética y cotidiana para intentar hacerlo: nadie se salva solo.

En la otra, el control de lo humano se realiza mediante un arma terrible: el consenso de una humanidad alienada. Carol no se resigna y al fin de la temporada tiene al menos un aliado. Es un latino, Manousos, que rechaza a la imitación que la mente colmena le presenta de su propia madre sonriente y obviamente maternal. Manousos le dice: “Usted no es mi madre. Mi madre era una cabrona”. Y huye de Paraguay para buscar a Carol en Abuquerque, Estados Unidos, desde donde había hecho un llamado a los inmunes: tenemos que salvar el mundo.

Carol en otro momento dice algo que podría sonar a procrastinación (con perdón de la palabra), a postergación. Pero nunca se sabe hasta dónde pueden llegar las cosas con la gente cabrona, como se considera a cada persona del mundo que puede elegir no someterse. Aquí pasó en la peor dictadura, cuando entre las pocas personas inmunes había 14 mujeres, madres y abuelas, las únicas que rompían la pesadilla del consenso alienado.

La frase Carol puede leerse como una involuntaria propuesta de acción para las personas y comunidades y, quizás, para la política (aunque esto suene también a ciencia ficción o realismo mágico).

La escena demuestra, como tantas expresiones del arte en estos días, un llamado a despertarse, cosa que en esta época parece cuestión de vida o muerte. 

Carol dice en el más puro spanglish algo que aquellas personas a las que no lograron robarles el alma merecen recordar a cada momento, cada latido y cada respiración, para moverse, para no resignarse, para no someterse.

Como ya es de noche en el mundo, ella le anuncia a Manousos:  

We save the world mañana.

PD: Por suerte entre los cabrones del mundo todavía existe Stremio.

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Invasión a Venezuela: la verdad detrás del botín

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Por Claudia Acuña y Lucas Pedulla

Lo dijo sin metáforas y con mayúsculas:

“Venezuela está completamente rodeada por la mayor armada jamás reunida en la historia de Sudamérica. Solo se hará más grande y el impacto que supondrá para ellos será algo nunca visto, hasta que devuelvan a los Estados Unidos de América todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron”. 

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció así –a través de un mensaje publicado en la red Truth Social– su decisión de invadir ese país, sin siquiera avisar al Congreso.

El “robo” del petróleo al que alude es, sin embargo, la decisión de nacionalizar el petróleo que tomó Venezuela en dos etapas históricas que ahora conviene recordar.

La primera fue el 1° de enero de 1976, bajo la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez, quien pagó a las corporaciones Exxon, Shell, Gulf, y Mobil 5.626 millones de dólares como compensación. El economista Carlos Mendoza Potellá –quien acompañó en ese proceso al fundador de la OPEP, Juan Pablo Pérez Alfonzo– sintetiza así cómo fue: “Las mismas concesionarias designaron de su seno a quienes asumieron la gerencia petrolera venezolana: el entonces presidente de la Compañía Shell de Venezuela se convirtió en presidente de la ‘Operadora Nacionalizada’ Maraven. El vicepresidente de la Creole Petroleum Corporation, filial venezolana de la Standard Oil–Exxon se transmutó en presidente de Lagoven, otra operadora nacionalizada. El mismo esquema se repitió once veces con los gerentes de las demás filiales transnacionales, travestidos en gerentes de empresas estatales”.

Durante su segundo mandato, Pérez dispuso un plan de “apertura petrolera” que permitió operar a las transnacionales del petróleo en nuevas áreas, que luego su sucesor, Rafael Caldera, amplió. Así se llegó a la segunda nacionalización, impulsada por Hugo Chávez en 2007, quien a través de un decreto impuso que la petrolera estatal tenía que tener participación mayoritaria en todas las explotaciones petroleras venezolanas. Esa medida originó una serie de demandas internacionales, entre ellas la de Exxon, a quien el régimen de Nicolás Maduro pagó 700 millones de los 985 reclamados.

Del robo, hay que decirlo, fue víctima Venezuela, saqueada por la corrupción de quienes durante el régimen de Maduro administraron los activos de la petrolera estatal. Un ejemplo: el 17 de marzo de 2023, se dio a conocer la desaparición de 3.000 millones de dólares provenientes de cuentas por cobrar de la venta de petróleo, lo cual derivó en la detención de 61 personas, entre ellas tres coroneles y otros cuatro militares que ocupaban puestos relevantes en PDVSA.

Invasión a Venezuela: la verdad detrás del botín

El botín

Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, incluso más importantes que las de Arabia Saudí. Los yacimientos situados en la faja del Orinoco albergan más del 15% de todas las reservas mundiales. Su petróleo, además, es especial y característico: es más pesado y costoso de extraer, pero su alto contenido en azufre lo hace especialmente codiciado por las refinerías más sofisticadas.

Socio fundador de la OPEP, produce actualmente poco más de un millón de barriles diarios, lejos de los 3,5 millones de barriles que producía al final de la década de los noventa, cuando el país era una potencia global del sector de los hidrocarburos, con el 10% de la producción mundial de crudo. Ahora la república bolivariana apenas representa el 1%.

Para hacerse una idea del declive del sector en Venezuela, la industria del crudo del país llegó a ser la mayor exportadora del mundo. Ahora ocupa el puesto 21 entre los productores mundiales. Y está a punto de ser superado por su vecino Guyana, un país mucho más pequeño, cuya economía controla la petrolera Exxon.

Pero no solo se trata del petróleo. Tal como anunció el presidente Trump en su explícito mensaje hay “otros activos” que busca controlar con esta operación militar. Están en juego, además, minerales y tierras raras. Venezuela es un país muy rico en recursos naturales: cuenta con importantes reservas de gas natural, oro, hierro, bauxita y coltán, uno de los minerales necesarios para las baterías. También posee grandes yacimientos de cobre, níquel, titanio y zinc.

 De Monroe a Trump

Dos siglos antes – el 2 de diciembre de 1823– el entonces presidente de Estados Unidos, James Monroe, declaró como potencialmente hostil cualquier intervención de las potencias europeas sobre los asuntos políticos de una América que libraba sus guerras de independencia, bajo el tan estadounidense lema: “América para los americanos”.

El 2 de mayo de 1965, 142 años después, la Cámara de Representantes completó esa declaración con la “Doctrina Johnson”, tras la invasión a República Dominicana ordenada por el entonces presidente Lyndon Johnson, para evitar un gobierno comunista.

El 3 de enero de 2026, casi 58 años después, en una fecha sensible para Argentina porque coincide con la invasión británica a las Islas Malvinas en 1833, la región amaneció bombardeada por orden del actual presidente estadounidense, Donald Trump, quien invadió Venezuela y detuvo a su presidente, Nicolás Maduro. “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”, dijo el documento de 29 páginas en el que EEUU redefinió la Estrategia de Seguridad Nacional, que denominó como “corolario Trump a la doctrina Monroe”. En un juego de palabras, se bautizó como “Doctrina Donroe”. 

En declaraciones a la BBC, el investigador de Estudios Latinoamericanos del Council on Foreing Relations, Will Freeman, sintetizó: “Es una especie de justificación ideológica para la intervención de Estados Unidos o para la mano dura en la región. Pero el documento también menciona los cárteles de la droga y las incursiones extranjeras hostiles,  lo que suena a la Doctrina Monroe en su versión original». 

Si las viejas doctrinas buscaban la anexión violenta de una “América triguera” como si la región fuera el “caballo” y Estados Unidos el “jinete”, la actual doctrina Trump busca esnifar esa América narcótica que su país consume, abastece y fortalece en estructura, para su dominio geopolítico y el saqueo colonial de los bienes comunes, como dejó en claro Trump en su imperturbable y descarada conferencia: “Vamos a hacer que nuestras compañías petroleras de Estados Unidos, las más grandes en cualquier parte del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera gravemente deteriorada y comiencen a generar dinero para el país”.

¿Qué país?

En el nuestro y en los bordes más empobrecidos de esta ciudad –el Bajo Flores– la comunidad venezolana que está en la platea del club Daom mirando a los suyos disputar un partido de béisbol en un clásico contra Vélez Sarsfield lleva aferrada en cada mano, como un rosario, el teléfono celular, desde donde siguen las noticias de su tierra y de su gente. Me dice una joven que ya lleva ocho años en Argentina: 

“Es un comienzo”.

Lo dice con ilusión y alivio. 

Su mirada y lo que transmite, su biografía y lo que representa –estudió Historia en la universidad de la república bolivariana, trabaja limpiando casas por hora en Palermo– es la exacta dimensión del mayor fracaso del discurso progresista y sobre esa rotunda frustración ahora urge reflexionar.  

Fracasar, fracasar, fracasar hasta triunfar.

Lo decía Mao, que tanto disgusta a Trump.

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Nuevo ataque a la prensa: robo en la redacción de la cooperativa El Ciudadano

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Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario cooperativo de Rosario. El robo fue selectivo: se llevaron las dos consolas de sonido y todos los micrófonos, lo que impide que el medio siga transmitiendo y filmando. Todo en el contexto de un gobierno nacional que enarboló el eslogan «no odiamos lo suficiente a los periodistas». Desde la web de El Ciudadano (elciudadanoweb.com): «Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”.

El año comenzó con una noticia triste e inesperada para el diario El Ciudadano. Cuando volvieron a trabajar después del Año Nuevo, sus integrantes encontraron que la redacción del medio cooperativo de Rosario había sido robada. “Nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, señalaron desde el espacio autogestivo.

Nuevo ataque a la prensa: robo en la redacción de la cooperativa El Ciudadano

Imagen de las instalaciones saqueadas.

El episodio ocurrió durante la madrugada del primer día del año. Desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario. “Se dirigieron directamente al sótano donde funciona el streaming y se llevaron las dos consolas de sonido, todos los micrófonos, lo que nos impide seguir transmitiendo y filmando”, contó El Ciudadano a través de una declaración en su web.

“Nos llama la atención lo selectivo del robo y lo simbólico del hecho de que se hicieran con los micrófonos”, agregaron desde la cooperativa y recordaron la compleja situación económico y de subsistencia que atraviesan en esta época de crisis.

El violento hecho, además, se da en el marco de un gobierno que promueve el odio a la prensa. Javier Milei repite de manera constante que no se odia lo suficiente a los periodistas, al tiempo que censura y reprime el ejercicio de prensa.

“Nos quisieron destruir muchas veces. Nunca lo consiguieron. Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos”, concluye El Ciudadano, medio creado en 1998 y recuperado por sus trabajadoras y trabajadores en 2016.

El Ciudadano, junto al diario Tiempo Argentino, revista MU y Agencia lavaca, El Diario del Centro del País, revista Cítrica, agencia Tierra viva y Lawen, integra la Unión de Medios Autogestivos. Son siete cooperativas que se organizaron con el fin de promover el periodismo de investigación sobre temas sociales apremiantes. Su agenda hace foco en temas usualmente relegados por la prensa comercial como son la violencia institucional, el narcotráfico, el respeto por los derechos humanos y la diversidad de género, la soberanía alimentaria, los reclamos de los pueblos originarios y el cuidado del medio ambiente. 

La cooperativa que edita El Ciudadano se llama La Cigarra. El diario dio la noticia con palabras de aquella canción de María Elena Walsh: «Tantas veces me mataron». Y publicaron: «Por algunos indicios que deberán investigarse, el hecho también asoma como clara amenaza a la libertad de expresión».

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