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Artes

Teatro y cine: viajes a los seres humanos

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En épocas con vidas monitoreadas por lo artificial, el arte va por la comprensión –y el disfrute posible– de la vida real. Paradójicamente, o no tanto, lo hace a través de la ficción (que casi nunca es tan ficción). La propuesta: tres experiencias artísticas que atravesaron la necesidad de llevar a escena la propia historia. El documental Imprenteros, de Lorena Vega y Gonzalo Zapico: el devenir familiar que nació como biodrama y también se convirtió en libro con una pregunta: ¿cómo volver al lugar de donde no quisimos irnos? ¿Cómo recuperar esos retazos de la infancia? En el ámbito teatral, Nena gorda y El David marrón, son dos obras que tienen en común el debate sobre los cuerpos, la discriminación y el maltrato, haciéndose fuertes desde el humor para encontrar otros caminos. Por María del Carmen Varela

Imprenteros, el documental

¿Qué es una familia?  Lorena Vega escribió en su diario íntimo a los 10 años mientras estaba internada en un hospital. Habrá tantas respuestas como seres dispuestos a responder. La suya se fue construyendo con el paso del tiempo y las vivencias que involucraban a mamá, papá y dos hermanos, las personas más cercanas del entorno de esa niña que vivía en el barrio de Flores. Hasta que el padre, gráfico de oficio y dueño de la imprenta Ficcerd ubicada en Lomas del Mirador, dejó de ser tan cercano. Se separó de Yeni — así llaman a la morocha formoseña que supo cautivar el corazón de Alfredo —y formó otra familia. La obra teatral Imprenteros germinó en un taller de biodrama dictado por Vivi Tellas en el Centro Cultural Rojas al que asistió Lorena Vega. Que tras el fallecimiento de su padre los hijos de su segundo matrimonio cambiaran la cerradura del taller gráfico y no les permitieran la entrada a Lorena y a sus hermanos,  Sergio y Federico, fue el acontecimiento que disparó la necesidad de dialogar con ese pasado con clausura impuesta. ¿Cómo volver al lugar de la infancia?

Mientras transcurre la sexta temporada de la obra teatral y salió a la luz en el 2022 el libro, del mismo nombre: Imprenteros, asoma el documental dirigido por Lorena y Gonzalo Zapico. Fue filmado entre 2020 y 2023 y podria ser visto sin haber presenciado la  obra o leído el libro . Teatro,  literatura y cine, cada lenguaje proporcionó lo mejor de su género a la historia familiar de los Vega. Durante la pandemia y mientras su hermano Sergio le insistía: Hay que  hacer el libro, Lorena aprovechaba el tiempo disponible en su casa para llevar adelante una película sobre una mujer sola, filmada por el guionista y director de cine Gonzalo Zapico, su pareja. Sergio ganó, Lorena dejó de lado el proyecto de la película y se abocó a la tarea de juntar material para el libro. Si la obra teatral era tan exitosa, por qué no llevarla al papel para que el oficio paterno —y también el  de Sergio— fuera el protagonista del producto final.  La elaboración de los textos, la elección de las fotos, la residencia de una semana en Córdoba de lxs hermanxs Vega con Gabriela Halac y Clara Ciarapica de Ediciones Documenta, aparece en el documental y nos permite ser testigxs de cómo se gesta un libro. Incluso del momento en que se imprimió.

Teatro y cine: viajes a los seres humanos

¿Extrañás a papá? Pregunta Lorena a su hermano Federico. No, dispara mientras fuma un cigarrillo.  También interroga a Sergio acerca de su primera reacción ante este contratiempo – el cambio de cerradura— y él responde que tenía ganas de tirar el portón abajo con la camioneta, sacar a quienes estuvieran ahí y quedarse en el taller gráfico. Lxs hermanxs Vega no pudieron volver a entrar a la imprenta de su padre, pero de alguna manera regresaron. Sí, el arte ayudó a reparar las fracturas que irrumpieron en el camino y en esta oportunidad, colaboró de distintas maneras. “Hermanita, gracias por enseñarme a tirar ese portón debajo de una manera diferente a la mía”, le dijo Sergio a Lorena después de haberse subido al escenario en Imprenteros.

La imagen del afiche del documental (la primera que aquí mostramos) es la foto que nunca existió. Gracias a los beneficios de la tecnología, el arte fotográfico a cargo de César Capasso, amigo de Lorena, compone las fotos  que ningún click permitió ver la luz. Así aparecen lxs tres hermanxs Vega junto a la vieja máquina de la imprenta paterna, como si estuvieran trabajando en ella. Las fotos de la imprenta las había sacado César a pedido de Lorena cuando el padre cumplió 60 años. Su regalo fue enmarcarlas y colgarlas en Ficcerd. Esas fotos quedaron allí.  Cuando Lorena le diljo a César que ya no podrían entrar, él la tranquilizó: “No te preocupes, me dedico al retoque digital, yo con Photoshop lxs meto a lxs tres de nuevo adentro”. Mirando las fotos de familia, Lorena se dio cuenta de que no tenían ninguna con madre, padre y hermanxs. Entonces Capasso intervino y podemos asegurar que la foto de lxs cinco existe. El documental da cuenta de muchos aspectos que no aparecen en la obra teatral ni en el libro, quizás sea la pieza que faltaba para terminar de armar esta historia entrañable que ninguna cerradura puede dejar en el olvido.

Sala Lugones, Av. Corrientes 1530, CABA

Del 1 al 4 de agosto, 21 hs y del 6 al 8 de agosto, 18 hs

Museo Malba, Av. Presidente Figueroa Alcorta 3415, CABA

Sábados de agosto, 22 hs

Nena gorda

¿Quién me rellenó? ¿Por qué me rellenaron? ¿Cómo me saco el relleno? Preguntaba Barby, una niña a la que se calificaba como “grandota”, “gordita”, “morruda”o el adjetivo que pretendía ser más condescendiente: “rellenita”. Corría la década del ´90, Barby tenía ganas de bailar con sus amigas y concurría a las clases de danza clásica en la academia barrial. Por su apariencia física siempre le tocaba estar en la fila de atrás cuando se estrenaban las coreografías. En la escuela y cuando llegaba la hora de hacer deportes, era la última que elegían en los equipos. Bárbara Bonfil es ahora una mujer de 38 años, estudió actuación en la Universidad Nacional de las Artes, tiene una marca independiente de ropa (Ofeelia), baila flamenco y es autora y protagonista de un biodrama al que llamó, sin eufemismos, Nena gorda.

Teatro y cine: viajes a los seres humanos

Durante la pandemia y con tiempo disponible para hacerse preguntas, surgieron algunas. ¿De qué tengo de hablar? ¿Qué quiero contar con el teatro? Barby encontró respuestas mirando algunos espectáculos de referentes de la vanguardia del flamenco como Manuel Liñan, que compone su obra desde la homosexualidad, y Rocío Molina, que hace referencia a la menstruación, al aborto, a los cánones de belleza y notó que hablar desde su propia experiencia era una característica que le interesaba explorar. “Estaban haciendo arte desde algo que tenían impreso en sus cuerpos y que necesitaba ser contado y exteriorizado”. Y así germinó el proceso de creación que fue moldeando Nena gorda junto a la directora y dramaturga Laura Fernández.   

“Empecé un proceso muy introspectivo para indagar en cuál era mi huella personal, la herida latente, eso que puede seguir estando aunque no se ve , eso que pasado el tiempo seguía siendo parte constitutiva de mí. Descubrí que haber sido una nena gorda me había marcado durante muchos años y  que en mi mente y cuerpo delgado de adulta  seguía habiendo resabios de esas miradas acusadoras, de esas exigencias desmedidas, de ese señalamiento cruel que recibí por parte de allegados y compañeros de escuela”. Barby tomó el desafío de hablar en primera persona, para poner en escena a esa niña juzgada por su aspecto físico y lo que consiguió fue una obra divertida, profunda, que invita a conocer a la Barby de los ‘ 90 a través de fotos, videos, registros de esa infancia en zapatillas de punta, vestuarios para las muestras de fin de año, la filmación del padre, buscándola con la cámara hasta encontrarla, en la fila de atrás.

El trato que reciben las infancias, la influencia de la mirada de lxs adultxs, la construccion de su autoestima, son aspectos sobre los que le interesaba reflexionar mientras diseñaba la obra. “Generaciones enteras de mujeres  atravesadas por dietas, malos tratos  y condicionamientos que responden a exigencias y estándares de belleza que son violentos, generando frustración en el mas leve de los casos  y en el peor traumas y problemas alimenticios”. Propone Barby abrir preguntas. ¿Qué tanto nos condiciona la sociedad y la mirada de lxs otrxs en nuestras elecciones? ¿Somos quienes queremos ser o lo que nos dejaron ser? ¿Podemos realmente elegir de adultxs o estamos condicionados por el pasado? ¿Qué culpa tenemos de no haber tenido el cuerpo que se necesitaba para lo que se deseaba ser o hacer? ¿Quien determina lo que podés hacer o no, y por qué?

Otro aspecto que también inevitablemente aparece en Nena gorda es el gusto por la comida. Cuestionado por las personas adultas. Ya te comiste tres mollejas, Barby, ¿de verdad tenés hambre?  “En mi familia judía siempre se habló mucho de comida, se cocinaban manjares. Comer era sinónimo de momentos juntxs, agasajos para los seres queridos. ¿Por qué entonces sentir culpa de comer pensando siempre en los kilos que vas a engordar? ¿Por qué no disfrutar de ese momento, de ese compartir?”.  No se hablaba del bullyng en ese momento. “Opinar sobre el cuerpo ajeno en los ´90 era algo común e incluso aceptable. Recuerdo una tía diciendole a mi mamá, conmigo al lado y con mucha soltura: ¡qué gordita que está Barbarita! ¿va a la nutricionista? Mi mamá muchas veces me mandaba coser vestiditos con una modista porque lo que había en los locales para niñas de mi edad no me entraba”.

¿Cómo fue el preoceso de resignificar el cuerpo desde la disciplina y los stándares de la danza clásica a permitirte disfrutar del baile y el goce vital? “Cuando comencé a hacer actividades que me gustaban y me sentía aceptada y valorada fue cuando empecé a sentirme algo mejor. El teatro me ayudó mucho, ya que el cuerpo se ponía en juego desde un lugar mas lúdico, menos rígido . Más tarde me encontré buscando una danza donde me sintiera a gusto, probé contemporáneo y no,  hasta que llegué al flamenco y sentí que era mi lugar. Si bien es muy técnico como todas las danzas, me resulta  super democrática en relación a la inclusión de los cuerpos y a las edades que lo pueden practicar. Hay algo del peso de los cuerpos, del volumen , que se reivindica en el flamenco que suma a la hora de la expresión y el movimiento, que no se intenta modificar o tapar, que se incluye y se agradece . Yo en el flamenco tuve mi revancha con la danza”.

¿En qué cambiaron las cosas desde los ‘ 90 hasta ahora?  Barby resalta que el feminismo fue clave para abrir las compuertas y hablar de estos temas.  “Hoy nosotras podemos pensar sobre nuestros cuerpos, cuidarlos, valorarlos, defenderlos y hasta hacer una obra de teatro referida a ello, gracias a un colectivo que sacudió una estructura violenta y opresiva. Pero la estructura no se cae de un dia para el otro y no alcanza con que algunos grupos aborden estas cuestiones. La sociedad toda tiene que hacerse cargo. Es importante sostener el debate y el accionar para que por fin , en un futuro, haya generaciones que ya no consideran que gordo es un defecto y flaco es un valor. Donde las infancias sean aceptadas en todas las actividades que les guste hacer, donde las mujeres no sientan que la sociedad las desprecia por sus arrugas o canas, donde el género no determine quién sos ni lo que podes hacer o no. La cuestión del respeto por los cuerpos va para largo y hay mucho terreno por ganar. Pero lo  que sale a la luz , no vuelve nunca mas a la oscuridad”.

El Crisol, Malabia 611, CABA

Sábados 20 hs, hasta el 31 de agosto

El David marrón

Un romance que prende su primera chispa durante  la observación-admiración de la estatua del David de Miguel Angel en un museo de la ciudad de Buenos Aires. Las miradas se cruzan, se sostienen, se enciende el deseo y se desata presuroso en el baño del museo. David, el marrón y Juan, el rubio, se acurrucan, se besan y dan inicio a una historia de dos, aunque alguien más tiene peso en esta trama. El David de mármol, tan perfecto como frío, observa desde la altura, desde esa superioridad que le otorga la belleza.

David, el marrón, se deslumbra con Juan, el rubio, abogado, a quien todo el mundo le sonríe porque cae bien. Juan también se fascina con él. ¿Qué refulge en el otro? ¿Qué motiva a cada uno cuando emerge la pasión? Esta historia permite tirar del hilo para desentrañar muchas otras caras de la misma moneda. El arte consagrado y su pátina racista. La belleza encorsetada, disciplinada, esculpida, y blanca, por supuesto. El chico blanco que ejerce sometimiento hacia el marrón y en eso radica su goce.

Teatro y cine: viajes a los seres humanos

El actor, director, productor y dramaturgo David Gudiño comenzó a escribir el texto de este unipersonal en 2019, haciendo pie en 2012, cuando estaba viviendo en otro país y no le creyeron que era argentino, le dijeron que parecía vietnamita o filipino.  “Durante años acumulé anécdotas, algunas más chotas, como que me pare la policía y me revise de arriba abajo en plena luz del día y otras más graciosas como que me pidan que les venda verduras cuando yo también estoy comprando”. En cuanto a la incorporación del David esculpido, cuenta que fue lo último que apareció. “Yo quería que fuera algo del orden de lo real. No me gustan los unipersonales que hablan para el afuera sin razón o hacen que hay alguien que no está. Cuando me di cuenta que mi madre me puso el mismo nombre que la escultura más conocida del mundo encontré a quien decirle todo esto que tenía para decir y sin razón echarle todas las culpas. El David de Miguel Ángel es una víctima perfecta”.

El David marrón es la séptima obra que escribió y estrenó este salteño que creció en Tierra del Fuego, autor también del monólogo Marrón y es integrante del colectivo antirracista Identidad Marrón. Su cortometraje Argentina no es blanca tuvo más de 20 millones de visualizaciones en redes sociales, donde muestra desde un costado humorísitico la cantidad de prejuicios que afronta en lo cotidiano una persona morocha. ¿Cómo surgió la idea del unipersonal El David marrón? “Me di cuenta que si seguía haciendo castings no iba a quedar y si quedaba iba a hacer de ladrón o de policía. Entonces me cansé. Sentarme a escribir fue una decisión sobre todo laboral. Necesitaba que ser actor más allá del sueño. Necesitaba poder trabajar de esto”.

 David trabaja con el humor. “No podría vivir conmigo mismo haciendo una obra que no busca aunque sea sacar una leve risa del espectador. Pueden no reírse, pero sí encaré la escritura desde la imagen colorida que abre sentido”. En esta obra también trabajó, junto a la directora Laura Fernández, sobre lo vulgar. “No me interesa hacer un marrón bueno espiritual y conectado como Pocahontas. Quería expandir el rol y vulgarizar al David de Miguel y profanar al museo como institución”. Laura  le propuso conectar con lxs espectadorxs. “En ese sentido la obra no es algo para observar cuál cuadro muerto, sino que estoy todo el tiempo mirando a los ojos de quienes observan, buscando que les está pasando y dejándome afectar. Llegamos al punto en que puedo hacer la obra mirando a los ojos continuamente a una persona sin irme y eso es un abismo hermoso”.

Dumont 4040, Santos Dumont 4040, CABA

Viernes 22 hs hasta el 30 de agosto

Artes

Luciana Jury: de la criptomoneda al No podrán

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Cantante y compositora, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por hablar de criptomonedas y cuestionar al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate. Gabo Ferro, Susy Shock y la teoría de su papá, el cineasta Jorge Zuahir Jury (en la portada con Luciana), sobre cierto posible milagro.

por María del Carmen Varela

La cantante, compositora y guitarrista Luciana Jury llega a MU Trinchera Boutique. Estamos en Riobamba al 100, a una cuadra y media del Congreso y lxs jubiladxs marcharon una vez más poniendo cuerpo y corazón. Como ya se hizo costumbre, fueron empujadxs y gaseadxs por la policía. No son tiempos fáciles para quienes llevan la lucha como pancarta, levantan la voz y sacuden la cómoda apatía. Acompañada por “el Negro” –como le dice cariñosamente a su papá, Jorge Zuhair Jury– y por su guitarra, Luciana está protegida.
Llegaron desde Tortuguitas, lugar que sigue siendo refugio familiar y que ella habita desde sus tres años de vida. “Voy a ir con la guitarra, como una especie de protector, de escudo, de objeto que me ayuda para la batalla”, responde Luciana cuando le sugerimos que traiga algún instrumento para posar durante la sesión fotográfica. Este amuleto sonoro, cómplice de su voz encendida e impregnada de un tinte salvaje y filoso, no es una guitarra más. La heredó de Gabo Ferro, cantante, compositor e historiador que partió en octubre de 2020 con quien compartió amistad y escenarios. “La guitarra como fusil”, dispara Luciana.
Posa y canta, canta y posa. Ante una catarata de clicks, entona y nos regala Estamos, estarás, una de las canciones que Gabo compuso para ella y que forma parte del disco El veneno de los milagros, que grabaron juntxs en 2014 en El Calafate. Una letra que resuena con este presente: “Parece que estamos sueltos, pero esto no es libertad, es que la jaula es tan grande que parece que volás”. Para las fotos, primero se muestra con una remera pintada con el rostro de un Gabo de corbata y gomina y más tarde luce otra con la eterna sonrisa de Eva.

Revuelo en Cosquín

Durante la última semana de enero, el Festival Nacional del Folklore en Cosquín transitó sus nueve lunas. Allí fue Luciana que, entre otros temas, cantó Vuele bajo, la recordada canción de Facundo Cabral, que dice: “Dios quiera que el hombre pudiera volver / a ser niño un día para comprender / que está equivocado si piensa encontrar con una chequera la felicidad”. Luciana se permitió cambiar la letra y, en lugar de chequera, cantó “criptomoneda”. Emocionada, contó al numerosísimo público que esa noche estaría rodeada de amigxs, quienes fueron muy necesarios en “épocas durísimas del macrismo”. Siguió: “Yo necesitaba un refugio y ahora también lo necesito. Soy un desierto y necesito el agua de la diversidad, el agua de la nueva humanidad”. Entre sus músicxs amigxs estaba la artista Susy Shock, quien al pisar el escenario tomó el micrófono y se sumó a sus palabras de resistencia: “Gracias por ofrendar tu canto, que tiene memoria pero también tiene futuro. Gracias por ofrendar ese folklore abrazador de la diversidad. Somos diversidad y el folclore lo sabe. Gracias porque es un folclore que no es ningún alcahuete del poder de turno. No podrán, sepan que no podrán”.
La palabra “alcahuete”, tan clara y contundente, despertó susceptibilidades. El supuesto descontento de un sector del público, la palabra macrismo, la crítica a una realidad social intolerable provocó revuelo mediático. “Para mí la música y la poesía son un puente y mi idea es que sean un puente amoroso con el otro, con la otra. Pero en determinados momentos de la vida, de la historia, también la música y la poesía nos sirven para pararnos en el mundo y decir: ‘Yo soy esto, yo pienso esto, miro el mundo de esta manera. Y al que le gusta, le gusta y al que no le gusta puede hacer o elegir otra cosa’. En eso estamos”, propone Luciana.
Susy se despidió del escenario y Luciana continuó cantando, pero cuando preguntó si hacía un bis, parte del público se tornó hostil. “¿Todo ‘no’ me dicen?” preguntó cuando algunxs gritaron que no querían otra chacarera. La actitud era distinta de acuerdo al espacio donde la cámara se posara: gente que aplaudía siguiendo el ritmo, gente cruzada de brazos y entrecejo fruncido, más atrás bailaban, más allá cantaban y, más arriba, en el sector vip, se observaba la incomodidad entre coquetos sillones blancos mientras se comía y bebía. “No hay que darle tanta entidad al ‘no’ –dijo Luciana luego en conferencia de prensa–, démosle entidad a los que dijeron que sí. Fue una noche extraordinaria. ¿De qué me vale a mí ganarme a todo el público mintiendo? No me van a hacer torcer el brazo ni me van a hacer cambiar mi opinión porque es lo que yo siento, es mi verdad”.

De Favio a Gabo

El escenario como territorio de arte y como espacio para marcar posición. “Desde el lugar que a mí me toca como artista autogestiva, independiente, el trabajo es más artesanal. Para personas que venimos con estos modos de andar con el arte y con la música Cosquín a veces puede ser un campo de batalla. Es un escenario muy heterogéneo, con gente de todo el país y entiendo que hay gente que quiere una propuesta nueva, gente que quiere bailar y nada más que eso y está muy bien, y gente que viene a ver a su artista exclusivo de la noche. Los conciertos son como citas de amor. Nos encontramos en los centros culturales, en los espacios autogestivos, de resistencia en el conurbano, en el interior del país. Ahí nos convocamos y el público que viene me quiere escuchar y yo también quiero estar con ellos. Entonces es una cita de amor, y es precioso. Cosquín es diferente y yo estoy preparada para ese tipo de batallas”.
Después de la noche en la que Luciana y Susy levantaron polvareda, les llegó una lluvia de mensajes de apoyo. Luciana: “Adelante se escuchaba el ‘no’ y los ‘sí’ venían de atrás. ¿Por qué los sí se escucharon menos y los no se escucharon más?”. Con un pañuelo de seda adornando su cuello, su padre asiente con la cabeza. Zuhair es escritor, director de cine y autor de guiones de películas dirigidas por su hermano, el cineasta y cantante Leonardo Favio. Historias como las de Crónica de un niño solo, El romance del Aniceto y la Francisca, Gatica, el mono y Juan Moreira, fueron hitos del cine argentino forjados por esta legendaria dupla creativa. “Para mí fue una noche maravillosa –afirma Luciana–; El Negro decía que cuando escuchó a Susy cantar la canción ‘No podrán’, le parecía que después de esa repetición insistente de ‘no podrán’ iba a ocurrir un milagro, que este fascismo se iba a caer”.
Luciana y Susy se conocieron personalmente en 2018. “Yo sentía que después del 2015 íbamos a vivir un momento muy difícil. Como vengo de una familia muy politizada y tengo 51 años, sabía lo que se venía y estaba muy entristecida. Susy me trajo una luz y a partir de ahí me quise hacer amiga”. Cantaron juntas y tiempo después cada una hizo su recorrido incluyendo giras por el exterior. Luciana llevó su música a Bélgica, Suecia, Austria, Dinamarca y Alemania. “Mi anhelo es tomar la música y el canto como un camino para el encuentro con el otro y que el encuentro sea para potenciarnos. Eso me ha sucedido con Susy y también me sucedió con Gabo. Él era una persona muy curiosa y siempre estaba investigando para ver quién andaba por ahí haciendo qué cosa. Me descubrió con mi primer disco”.
Gabo le escribió a Luciana por mensaje de Facebook para proponerle cantar una canción a dúo pero… ese mensaje no fue leído por la destinataria. Tiempo después ambxs fueron invitadxs por Lisandro Aristimuño para cantar en el Gran Rex. Ahí Gabo aprovechó la ocasión para acercarse a Luciana y le dio su disco La aguja tras la máscara. Ella quedó maravillada desde la primera canción, Lo que te da terror.

“Gabo ya sabía que quería hacer canciones para mí e hizo ese disco hermoso para que lo cantara yo. Cuando terminó de coser todas esas canciones que eran vestidos uno más bello que el otro dijo ´Yo también me quiero poner ese traje porque siento que me va a quedar bien´ y cantamos juntos. ¿Cómo no íbamos a hacer ese disco a dúo?”. Zuahir: “Tenía una voz particularísima. Era más un instrumento que una persona. Una voz de una nobleza y un aroma a madera”. Luciana suspira: “Cómo le gustaría escuchar eso”.

Luciana Jury: de la criptomoneda al No podrán
Todo el arte, la convicción y el afecto de Luciana, con imagen en la remera. En la portada, con su papá, Jorge Zuhair Jury, guionista de célebres películas de Leonardo Favio como Crónica de un niño solo, Nazareno Cruz y el lobo, Juan Moreira y Gatica, el Mono. Jorge dirigió además El fantástico mundo de la María Montel, La mayoría silenciada y El largo viaje de Nehuén Pan, entre otras.

Micrófono incorporado

Luciana canta desde que tiene uso de razón. En su casa siempre hubo música y eran habituales las guitarreadas con amigxs. “Vengo de padres provincianos, tocadores de guitarra. Yo tenía mucha memoria para recordar las letras y el momento del canto era un momento feliz de mi infancia”. Al notar su habilidad con la guitarra, la estimularon para que fuera a estudiar. También hizo la carrera de locución y trabajaba con su madre en una emisora de Tortuguitas. Intentó trabajar en radios de Capital, pero no se sintió cómoda. Prefería las radios alternativas. “Me voy a dedicar a cantar”, decidió y armó un dúo de folclore con un profesor de canto y guitarra, y así arrancó su carrera artística. “Siempre me gustó el escenario, en el colegio era la primera para hacer las presentaciones de fin de año. Diría mi tío Leonardo: ‘Vino con el micrófono incorporado’. Esa frase que dice Susy: ‘Buena vida y poca vergüenza’, me representa, siempre tuve poca vergüenza”.
Describe a su familia como “muy especial, aunque todas las familias tiene sus particularidades” pero en la suya, por ejemplo, no tenían mesa familiar. Había una chiquita y cuando alguien tenía hambre, se preparaba algo y comía en esa mesa. Los cumpleaños eran muy sencillos, solo festejaban el de Luciana, y tampoco festejaban la Navidad. “Me parece que tiene que ver con una mirada distinta, de andar por el mundo sin copiar los moldes que la sociedad insiste en cumplir”. Las reuniones eran mayormente con amigxs. “Que de alguna forma no dejan de ser familia”, suma Zuahir.
Cuando su padre filmaba, Luciana y su mamá, Marta Mantello, fallecida hace un año y medio, siempre se sumaban. Eran producciones autogestivas y vecinxs y amigxs colaboraban con lo que hiciera falta. Por eso Luciana recuerda: “Hay un dicho: los pobres no tienen plata pero tienen vecinos. Tortuguitas para mí es como un útero. Quiero mucho a mis vecinos, somos una gran familia, somos comunidad y de alguna manera, nos acompañamos. Cuando me voy sé que mi papá está en comunicación con el vecino de enfrente y que ninguno de los dos se pierde de vista. ¿Qué mejor que te pase eso? Nadie se salva solo”.

Recomienda todas las películas de su padre, subidas a su canal de YouTube (@LucianaJury), y cuenta que participó cantando en una de ellas, El piano mudo, sobre la vida del pianista Miguel Angel Estrella.
Cuando la conversación refiere a las vertientes del deseo, Luciana sugiere: “Hay que hacer un análisis de lo que una realmente desea porque el deseo ha sido tomado por el capitalismo. Muchas veces deseás algo fabricado para que lo desees. Cuando es genuino, esa energía va sola. A veces el deseo es medio berreta, lo aceptás y decís: sí, es berreta, pero voy igual. Toda esa energía de placer, de disfrute está enmarcada para mí en la música, en el canto y en todo lo que trae, que son los amigos y las amigas y la gente con la que me voy encontrando en el mundo”.
Con respecto a su universo de canciones, Luciana reconoce que “no sé cuál es la canción que está por venir, pero nunca tuve límites para los géneros musicales. Mi huella es predominantemente folclórica pero canto lo que me conmueve sea del género que sea”.

Distintos escenarios fueron testigos de su versatilidad. La antológica versión que hizo en Cosquín 2018 del tema de su tío Leonardo, Ella ya me olvidó es un ejemplo. O Lola, cantada por Rafaela Carrá a la que Luciana le da una impronta tanguera. En tu pelo, cumbia interpretada por Lía Crucet convertida en dulzura y la potencia que le imprime su voz a El viaje de las partículas de Skay Beilinson. “Si la canción me sacude internamente, la hago mía. O por lo menos, lo intento. Si es una milonga o si es un rap, lo que sea, me tiene que conmover. Y si eso sucede, después se transmite”.

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Artes

Teatro para hoy con La Oso: el conurbano en escena

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Dos hermanas. La niñez en el Gran Buenos Aires, las fiestas de 15, la cumbia, los proyectos, los amores, los casamientos, la fascinación de una época. Los videos y las fotos de cada historia, en una escenografía de cajas sencilla y a la vez impactante. Todo cruzado por un femicidio, un ciclista alcohólico, un hippie y un colectivero.

Hoy a las 20 se presenta La Oso, una obra de Mariela Alejandra que logra reunir comedia, drama, su propia historia y la descripción del conurbano (las palabras y las cosas, la música, las relaciones y los sueños), en este unipersonal que habla sobre la máquina de asesinar mujeres, y sobre lo que significa el amor para sobrevivir. En MU Trinchera Boutique, Riobamba 143. Reservas por Alternativa Teatral
https://publico.alternativateatral.com/entradas92868-la-oso?o=14

Por María del Carmen Varela.

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Cine

Oíd mortales

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Este jueves se estrena Belén, la película escrita, dirigida y protagonizada por Dolores Fonzi basada en una historia que resume los injustos procesos que padecimos para justificar la criminalización del aborto. Qué significa recordar hoy cómo obtuvimos ese derecho. Por Claudia Acuña.

¿Escuchan?

Es la voz de la época.

Ese es el tono que sintoniza Belén, la película de Dolores Fonzi y es suya en todos los sentidos: la escribió, la dirige, la actúa, la siente y se la apropia en cada escena, con esa mirada atenta a su entorno y ese gesto de alerta siempre, sin ninguna posibilidad de relajar, porque lo que suena a su alrededor es el tic tac de una bomba social a la que nadie ahí arriba le presta atención. La realidad no será ese lugar inmutable, ya no, pero en ese palacio de la justicia tucumana su personaje –abogada, madre, esposa, creyente– es el único con las orejas atentas. Y con eso alcanza y sobra para que durante una hora y cuarenta minutos Dolores Fonzi convierta en cine aquello que nos sacudió hace apenas unos años.

Arriesgo: Belén es el equivalente a Argentina, 1985, pero feminista y contemporánea. Nos pasó a nosotras cuando hicimos Historia, hace un rato nomás.

En la película Belén es Camila Plaate y su lucimiento es uno de los tantos méritos de Fonzi-directora. Lo es también el guion, que escribió junto a Laura Paredes, su socia también en esta ficción. Ambas cualidades se evidencian especialmente en el momento más conmovedor: nada menos que la escena que resuelve toda la historia a pura actuación. La dimensión de lo que representa Fonzi como actriz puede medirse al comparar las dos películas que dirigió: Blondi y Belén son dos personajes tan diferentes porque su versatilidad es extraordinaria.

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Dolores Fonzi y Laura Paredes.

Belén, en la vida, es el nombre de fantasía que ideó la abogada Soledad Deza para poder difundir sin exponerla el caso de esa mujer condenada en 2014 por un aborto espontáneo, a la que acusaron sin pruebas, sufrió tres años de cárcel y logró ser liberada por un movimiento social que sacudió todo el país y más allá: la propia Dolores Fonzi escribió a mano en una hoja el reclamo “Libertad para Belén” y lo levantó en el escenario de los Premios Platino al cine iberoamericano cuando recibió, en 2016, el galardón a la mejor actuación por su protagónico en La patota. No sabía que así nacería la idea de esta película: en la platea estaba Leticia Cristi, una de las responsables de la productora K&Z, que se interesó por la historia. Cuenta Fonzi que en aquella ceremonia realizada en Punta del Este el actor Guillermo Francella le preguntó “¿quién es Belén?”. Dirá entonces: “Ahora se va a enterar”. También cuenta que cuando la Belén real vio su historia en la pantalla tuvieron que parar la proyección para que se recuperara de la congoja que le produjo. Finalmente, sonrió: el cine también cura heridas sociales.

Pero fundamentalmente Belén son los ojos de Fonzi: su modo de ver.

Mirar es un acto político, nos advirtió John Berger.

Es arte y es contexto.

Escuchemos a Berger:

 “Si el lenguaje de las imágenes se utilizase de manera distinta, éstas adquirirían, mediante su uso, una nueva clase de poder. Podríamos empezar a definir con más precisión nuestras experiencias en campos en los que las palabras son inadecuadas: la vista llega antes que el habla. Y no sólo experiencias personales, sino también la experiencia histórica esencial de nuestra relación con el pasado: es decir, la experiencia de buscarle un significado a nuestras vidas, de intentar comprender una historia de la que podemos convertirnos en agentes activos”.

Oíd mortales

Es exactamente eso lo que nos ponen por delante Dolores Fonzi y esta Belén: aquello que necesitamos. También nos muestra que la mirada llega antes que los oídos: se escucha aquello que se mira. Escuchar la época es saber dónde mirar.

¿Escuchan?

En tiempos en que nuestra mirada está esclavizada por las pequeñas pantallas el cine nos libera de la domesticación de la imaginación. Por eso para el autoritarismo es un enemigo y para crear otras formas de ser y estar juntas, juntos, es aliento, abrazo, incentivo.

¿Escuchan?

En tiempos en los que el poder es sordo y ensordece, Belén nos grita qué hacer.

¿Escuchan?

Somos nosotras cambiando el mundo.

Derrotando la injusticia, el odio, la desigualdad.

Belén nos muestra que lo hacemos con jeans ajustados, con anteojos del sol como vincha y con nuestras hijas formulando las preguntas que nunca nos atrevimos a hacer.

¿Escuchan?

No tenemos las respuestas en la boca, sino en los pies.

Oíd mortales
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