Protesta social
San Cayetano: el espejo del presente

Miles de personas participaron en la marcha de San Cayetano a lo largo de 15 kilómetros desde Liniers hasta la Plaza de Mayo. ¿Qué nos dice lo que ocurrió y lo que se manifestó en esas 150 cuadras? Las voces y vidas que casi nunca se escuchan y lo que explican sobre esta época: cuándo y cómo se come, el trabajo, el no trabajo, los alquileres, las facturas, las incertidumbres, lo horrible y lo extraordinario.
por Lucas Pedulla
Fotos: Tadeo Bourbon/lavaca.org
Hace diez años los movimientos sociales argentinos tomaron el 7 de agosto, día de San Cayetano, patrono del pan y del trabajo, para realizar una marcha de 15 kilómetros que une Liniers –sede de la iglesia del santo, pero también portal entre CABA y conurbano– y Plaza de Mayo con una agenda de temas que la política tradicional toma, más o menos, cuando les conviene: economía social, agricultura familiar, reciclado social, barrios populares.

A esa plataforma de propuestas hoy se le suman las problemáticas de la era Milei: desempleo, recorte de programas sociales, parálisis de las obras de integración sociourbana, acceso a la vivienda, mercadería que no llega a los comedores, y el crecimiento del narcotráfico que se disputa la vida y la muerte de jóvenes.

Muchas de esas dificultades son las que explican que la convocatoria no tenga en su punto inicial la masividad de otros años, además de llegar un día después de la enorme concentración en el Congreso contra la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, cuya represión se extendió por horas.


Pero como nadie sabe lo que un cuerpo puede, cientos de ellos están a las ocho de la mañana frente a la estación de Liniers. Por la cabecera se sumará algunas cuadras el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof. En la homilía, el arzobispo porteño José García Cuerva plantea cosas como “que se multiplique la justicia social”, “en el centro de cualquier dinámica no deben ubicarse el capital, las leyes del mercado ni el lucro, sino la persona, la familia” y reclamó por un país en el que “nadie sea descartable”.
Luego, una vez que la columna llegue al Congreso, ya serán miles, y en Plaza de Mayo se sumarán algunos gremios de la CGT y partidos de izquierda.
De todos modos, con más o menos personas, con más o menos banderas, San Cayetano siempre alumbra un caleidoscopio de agendas que es todo lo que la dirigencia política –¿cuál?– debería escuchar, sentir y responder.

Porque allí marcha Carolina –47 años, un hijo, de Ciudadela–, que vende espigas a 1.000 pesos y no consigue trabajo formal desde que la echaron de un comercio durante el macrismo.
Marcha Gabriel, a quien no le gusta la política pero va con su bici para vender chipá y pagar la factura de 100.000 pesos que le llegó de luz o los 300.000 de alquiler en Avellaneda, donde vive con su señora y su hijo.

Marcha Brenda –34 años, ocho hijos, dos nietos–, del Movimiento Evita, porque el changuito del súper ya ni siquiera es un lujo, «es algo extraordinario», y eso que pasó por un kiosco, por un almacén, por una pollería y ahora vende jabones artesanales en la feria de Pontevedra. Pero “nadie tiene un peso».
Marcha Carlos –65 años, de Lomas de Zamora–, jubilado de todos los miércoles, con una bandera que pide un «Sindicato de Jubilados», quien a sus 65 años pudo acceder a una Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM, un 80% del haber mínimo) porque el gobierno eliminó la moratoria, y solo por el bono 70.000 pesos supera apenas los 400.000 pesos por mes: «Como una vez al día, generalmente a la tardenoche, porque las mañanas la paso con mates tratando de ver alguna galleta».

Marchan Juan y Bautista –del Evita y de atrevidos 13 años, envueltos con una bandera de “Las Malvinas son argentinas”–, que vinieron desde San Fernando, porque quieren colaborar, quieren militar, quieren conocer y hablar con gente: «Si en el futuro sigue este gobierno, esto no va a ser un país».
Marcha Dalila -también de 13, amiga de los tres varones-, que vino a pedir por su papá: «Lo echaron del municipio. Lo re usaron. Se tenía que hacer muchos estudios y ahora está mal».
Marcha Enzo, su profesor, que dice que su generación antes militaba desde el centro de estudiantes y ahora tiene que rescatar a los chicos del pasillo.

Marcha Gustavo –64 años, de Laferrere, La Matanza–, con pechera de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), que ve a chicos de 11 años luchando contra los soldaditos narco: «Me da impotencia porque mi país es rico».
Marcha María –33 años, de Máximo Paz, Cañuelas–, con la agrupación De Frente de los Misioneros de Francisco, porque el municipio les está pisando la instalación de luz que beneficiaría un plan de viviendas para 500 familias («la intendenta es peronista, mirá vos») y espera la visita del Papa León a la Argentina en noviembre: «Hoy tengo que decidir si le compro un par zapatillas a mi hijo, si compro comida, si pago un servicio o si compro un medicamento».

Marcha Vanesa –42 años, de Fiorito, donde nació Maradona–, con una espiga, una espumadera y un delantal de Somos Barrios de Pie, cuyo comedor da de comer a más de 100 familias por semana aunque el gobierno «dejó pudrir toda la mercadería en un galpón» y hoy tengan que hacer rifas para bancar la comida: «Encima le quieren sacar los 78.000 pesos del programa social a un millón de familias».

Sonrisas, frío, sol y una mano para el santo. Tadeo Bourbon/lavaca.org
Marcha Norma –47 años, barrio Nicol, La Matanza–, de la rama Construcción del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), porque hasta las changas se le dificultan si se tiene que tomar tres colectivos ida y vuelta –casi 9.000 pesos en total–, sin contar comer, “que no sale dos pesos”, y a su hijo de 14 años entonces le tiene que pedir si no puede agarrar algún rebusque para comprarse las cosas del colegio: «Donde vivo no veía gente en la calle, ahora sí».

¿Quién escucha estos cuerpos?
¿Quiénes los ven?
¿Quiénes trabajan el fondo del problema y no la selfie?
San Cayetano ofrece un día 15 kilómetros de posibilidades, pero también alerta sobre los otros 364 que permanecen fuera de los reels progres.
A diez años, con más o menos gente, con más o menos banderas, San Cayetano sigue mostrando una marcha posible hacia algún otro país por querer trabajar.

Protesta social
Estado presente: gases policiales y plata de los jubilados para financiar a los bancos

La marcha de jubiladas y jubilados de este miércoles tuvo como tema el anuncio del gobierno de usar el Fondo de Garantía de Sustentabilidad del Anses para que los bancos financien créditos hipotecarios para 18.000 viviendas a las que solo podrán acceder quienes ganen más de 3 millones de pesos. La movilización empalmó además con el reclamo de libertad para Eneas Gallo y Milton Tolomeo, detenidos desde febrero por reclamar contra la reforma laboral. Por eso la marcha fue hasta el Obelisco custodiada por un absurdo despliegue policial que terminó gaseando a la gente, a la que además siguen filmando como acción de “inteligencia”. Imágenes, reflexiones y palabras de otro ballet de miércoles.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Lara Greco y Lucas Pedulla/lavaca.org

Carlos Zárate cumplió setenta y cuatro agostos hace cinco días, pero todas las mañanas sale a caminar por Avellaneda, el municipio del sur conurbano donde vive, para repartir volantes y ver si le sale alguna changa como plomero o gasista.
–Antes salían dos o tres por semana, pero ahora después del 10 de cada mes solo una emergencia.
Cobra una jubilación mínima –en Argentina significa no llegar a los $500.000 mensuales– y hace poco le recetaron dos pastillas para tratar un problema gástrico que arrastra desde hace una década. Con descuento del PAMI –la obra social para adultos mayores, hoy en crisis–, ambas le salían $72.000: no pudo pagarlas.
–Era fin de mes.

Por eso, cuando se entera de que el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, anunció este miércoles que el gobierno usará el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES para fondear a los bancos para créditos hipotecarios, se le dispara una carcajada.
El FGS es un fondo de reserva del sistema previsional creado para preservar el valor del patrimonio de los jubilados, pero en manos del gobierno que veta aumentos jubilatorios y mantiene congelado el bono de $70.000 hace dos años, con el objetivo de auxiliar a los bancos que están refinanciando deudas familiares –hay 6 millones de personas morosas en el país–, las dudas, como las risas, aparecen.
–Este gobierno no tiene retorno: ya no le creemos nada.

Esa es la razón por la que Carlos, como tantos jubilados y tantas jubiladas, marchan todos los miércoles alrededor del Congreso. Esta semana sumaron una extensión de la manifestación habitual: en lugar de rondar la plaza, continuaron por Avenida de Mayo y doblaron por 9 de Julio hacia el Obelisco. Allí llegaron, después de toser algunos gases disparados por excesivos cordones de la Policía de la Ciudad, con un reclamo concreto: exigir la liberación de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, dos trabajadores precarizados que están presos por protestar contra la reforma laboral.

Hartas
Las detenciones de Milton y Eneas la contamos en esta nota de la revista MU. Ambos son acusados de tirar bombas molotov el 11 de febrero, día que el Senado votó la media sanción de la ley que retrotrajo conquistas históricas del movimiento obrero. A Milton lo detuvieron tres días después y estuvo un mes encerrado con narcos en el Sistema Integral de Gestión para Personas Privadas de la Libertad de Alto Riesgo (SIGPLAR) en la cárcel federal de Ezeiza. Milton es masajista y estaba trabajando en una empresa de limpieza que hacía servicios en un edificio porteño.

A Eneas lo detuvieron el 18 de marzo a la salida de su casa en General Rodríguez. Su trabajo era pedalear doce horas por día para Rappi en el barrio porteño de Palermo.
Ya van más de seis y cinco meses respectivamente presos en el penal de Marcos Paz. La Coordinadora por la Libertad de los Presos Políticos organizó para este miércoles la primera “salida a la calle” para poner sobre la discusión pública la situación.
La causa está en el fuero federal y es llevada por el fiscal Carlos Stornelli, quien ya intentó aplicar la Ley Antiterrorista para la treintena de detenciones durante la cacería de la Ley Bases, en 2024. Las defensas (CORREPI por el lado de Milton y la Gremial de Abogados por el lado de Eneas) están esperando si requiere la elevación a juicio, que “posiblemente” –coinciden– llegue con la insistencia de aplicar el artículo 41 quinquies del Código Penal para caracterizar los hechos como terrorismo. Actualmente los cargos imputados son intimidación pública, resistencia a la autoridad y tenencia de material explosivo, con una expectativa de pena de 5 a 15 años, argumento de la Justicia para negarles la libertad. En el caso de Eneas, además, sumaban que no poseía “arraigo” (un domicilio fijo), situación derivada de su precariedad laboral.

“Estoy harta de este Gobierno fascista que tiene preso a mi pareja, me tiene a mí sin remedios, a los trabajadores hechos mierda y a los jubilados apaleados”, dijo Vanessa Polini, novia de Eneas, desde el Obelisco.
Por su parte, Eva del Rosario, pareja de Milton, dijo a lavaca: “Después de esta marcha espero mayor adhesión y pronunciamiento, y que realmente se genere una política de alianzas para bregar por la libertad de ellos. Necesitamos un acompañamiento sostenido para quebrarle el pulso a tanto autoritarismo”.

La autopercepción therian
La marcha por Milton y Eneas es acompañada por todas las organizaciones de jubilados. Muchos van con carteles que le suman el reclamo por la noticia del día:
- “El FGS no se toca”.
- “Remedios sin cargo”.
- “Contra el vaciamiento del FGS”.
- “FGS es de los jubilados”..
Carlos también marcha y lleva un cartón que escribió la noche del martes:
- “Milei therian: se autopercibe decente y honesto”.
- Del otro escribió los nombres de Diego Spagnuolo y Karina Milei (acusados de coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad), Fernando Cerimedo (director de La derecha diario, experto en campañas de fascistización social en redes y acusado del intento de femicidio de su amante), Manuel Adorni (exvocero y exjefe de Gabinete, denunciado por corrupción), José Luis Espert y Fred Machado (acusados de complicidad narco: Machado fue extraditado a Estados Unidos). Todos están dentro de una flecha que lleva a un nombre: “Milei”.
Carlos viene todos los miércoles. Se toma el tren Roca en la estación Domínico y ahí conecta con el subte C y A, o a veces elige tomarse el colectivo 98. Reúne dos condiciones a priori “terroristas” para el Gobierno: ser jubilado y tener discapacidad.
–Estoy en el segundo nivel de la hipoacusia. Hago así (inclina la cabeza y la mirada hacia abajo) y pierdo el equilibrio. Fui con la receta, me dijeron: “Acá con PAMI te lo dan gratis”. Pero me dijeron que hace seis meses no toman boleta porque hace seis meses que no les pagan. Entonces fui enfrente, a un particular. Me dice: “Un millón cuatrocientos mil pesos”. ¡Y era el barato! Ya fue, pienso: me quedaré sordo.

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La situación lo lleva también a ajustarse en el día.
–Vas a una carnicería y te querés matar. Sacando la luz, el gas y todos los gastos fijos me quedan $280.000 de la jubilación: son menos de $10.000 por día. ¿Cómo hago para comer carne vacuna? A veces pido medio kilo de pan para que me dure tres días. Si se pone duro, lo mando al horno o hago tostadas.

Tiene siete hijos y once nietos. Sus hijos lo alientan y le dicen que sienten orgullo que papá venga todos los miércoles a marchar. Por sus nietos, se preocupa un poco.
–Un día de represión me vieron. Habían tirado unos gases en Rivadavia. Eso me provocó vómito y lo vieron. No me gustó, porque no era su abuelo protestando sino estando en esa situación. No me agrada. Mirá, fui a Salta invitado por un grupo de jubilados que hablaban de nosotros como si fuéramos los mártires de la época de la represión, ¡incluso los políticos!
–¿Te sorprende?
–No –dice con orgullo.
Carlos viene siempre con una bandera argentina atada al cuello, le está sumando una remera blanca con la inscripción “Las Malvinas son Argentinas”, pero lo que nunca le falta es su boina blanca. Es el símbolo de la Unión Cívica Radical (UCR), partido político centenario en el país, con muchos diputados y senadores hoy aliados del Gobierno, como también ocurre con otros tantos diputados y senadores peronistas.

–Mis viejos eran peronistas y así me criaron en un conventillo de La Boca, pero en la facultad conocí el radicalismo. La boina me la regalaron los jubilados en San Bernardo porque acá salía $35.000. Un día me vio un chico y me hizo la seña de la Lista 3 (levanta tres dedos de su mano derecha), por Raúl Alfonsín. A partir de ahí empezaron a venir más chicos radicales. Un día me llamó Leonel Chiarella, el presidente de la UCR Nacional. Me decía que no era como yo pensaba y me quería justificar su apoyo. Les dije: “No pueden votar la reforma laboral. Se pasaron por las bolas a Crisólogo Larralde y su artículo 14 bis de la Constitución. Eso yo no lo perdono”.
Larralde fue un político radical y ese artículo consagra, entre otras cosas, condiciones dignas para el trabajo y garantiza el derecho a huelga de los sindicatos. Carlos habita las marchas en una calle multipartidaria con peronistas, trotskistas, movimientistas, anarquistas y demás identidades políticas. ¿Qué significa?
–Todos vamos teniendo más conciencia de que el enemigo es uno solo. Y no porque nosotros lo elegimos, sino porque él nos ataca. Ese enemigo está en Balcarce 78.
Protesta social
La realidad endeudada: la pistola en la cabeza

Más de 20 millones de personas endeudadas en el país, según estadísticas oficiales, de las cuales casi 6 millones están en la zona de incobrables: atrasos de más de 90 días. La deuda con mora creció el 793,9% en los últimos dos años. No es un endeudamiento para compras sino para sobrevivir en la crisis, y con tasas a veces delictivas. Ese panorama convocó a las marchas de la CGT y las dos CTA y organizaciones sociales y de izquierda este jueves, tema frente al cual la respuesta oficial fue desplegar policía, camiones hidrantes y vallar la Plaza de Mayo. Imágenes y experiencias que reflejan esta realidad en la vida cotidiana.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Tadeo Bourbon
Oscar tiene 47 años, cuatro hijos y una preocupación tremenda: con su esposa sacaron un préstamo en el Banco Nación para pagar los 3 millones de depósito para el alquiler de su vivienda en Hurlingham, pero hoy les resulta imposible pagarlo.

“Se nos fue al triple”, dice este trabajador de la construcción mientras sostiene una bandera de su gremio, la UOCRA. “No pudimos pagar ninguna cuota. De alquiler tenemos 750.000 y yo cobro 650.000. Mi señora es enfermera, hace algunas prestaciones en casas, pero llega apenas a los 300.000. Nos suben las cosas todos los días, carne comemos una vez por semana. Asado olvidate. Espero que se fijen en los más humildes porque tenemos que pagar: si no, nos tenemos que ir abajo de un puente”.
La historia de Oscar es una de las seis millones que integran un mosaico dramático de la realidad argentina: un nivel de sobreendeudamiento y morosidad récord que exige a gritos una solución política, aunque el presidente Javier Milei dijo que se trataba de un “problema entre privados”. Consultado sobre la situación de esas millones de familias, simplemente preguntó: “¿Les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo?”

Por eso este jueves los gremios de la CGT, las dos CTA y los movimientos sociales marcharon desde Paseo Colón e Independencia hasta el Ministerio de Economía con un lema común: “El endeudamiento no es un asunto privado, es una política de gobierno”. Ese mismo gobierno mandó a vallar de punta a punta la Plaza de Mayo, su acceso lateral (Alsina y Balcarce) y posterior (Paseo Colón e Yrigoyen), con una multitud de policías y camiones hidrantes, por si acaso.

El cuerpo de los datos
El gobierno de la provincia de Buenos Aires presentó un informe elaborado a partir de datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), el Banco Provincia (BAPRO) y el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) en el que reflejó que a mayo había casi 21 millones de personas con algún tipo de deuda, de las cuales casi 6 millones llevaban un atraso en el pago de más de 90 días.
Según el Mapa de la Deuda, un análisis elaborado por el Centro de Estudios para la Ciudad junto a la fundación alemana Friedrich-Ebert-Stiftung (FES), hasta junio de este año había 19.700.000 personas deudoras en Argentina: de esas, el 25% (casi 5 millones) tenían alguna mora. Para dimensionar los datos, el BCRA considera en mora las personas en situación 3 (atraso de 90 a 180 días), 4 (de 180 días a 1 año) y 5 (superior a un año). Algunos datos de este informe:
- Entre julio de 2024 y junio de 2026, la deuda real creció 85,6%, mientras que la deuda en mora aumentó 793,8%.
- El monto es de 15.800 millones de pesos: el Banco Central considera “irrecuperable” el 35% de esa cifra por tener un atraso de pago mayor a un año. El 40% presentan moras de entre 6 y 12 meses.
- El monto promedio de deuda en mora aumentó casi un 60% en el último año.
- Cuatro de cada diez jóvenes menores de 25 años tienen alguna mora. La provincia que lidera la lista de jóvenes es Chaco (48%), seguida por San Juan (47%), y La Rioja y Catamarca (casi 46%). En CABA, los barrios con mayor registro de jóvenes con mora son Constitución y Villa Soldati, con más del 35%. Varones y mujeres tienen casi la misma proporción: 36,4% y 37,4%, respectivamente.
- También en el sur porteño, pero tomando todos los deudores únicos en mora, el barrio de La Boca encabeza la lista: de las 256 mil personas de toda CABA que suman un monto de 1.600 millones de pesos, La Boca acapara el 21%. A su vez, según el informe, tiene el mayor volumen de mora con billeteras virtuales: Ualá, Mercado Libre, Brubank y Naranja, entre otros.
- Según el Mapa de la Deuda, la mayor tasa de mora (48%) corresponde a los llamados Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC), empresas y entidades que no son bancos pero otorgan financiamiento (Frávega, Centrogar, por ejemplo). Le siguen las tarjetas no bancarias (Carrefour, Coto, Cencosud) con 33%. Los llamados neobancos (billeteras virtuales) tienen el 23%. Y el ranking continúa con bancos privados (19%), bancos públicos (10%) y compañías financieras como Renault o Volskwagen (5%).

La marcha puso rostro y cuerpos a estos datos.
Darío tiene 30 años, dos hijos y una deuda de 14 millones de pesos con el Banco Santander: “Pedí un préstamo en noviembre de 2023 para ponerme una pizzería. Al mes la muzzarella que había pagado 25000 me salía 65.000. Vendía una pizza y perdía plata. Tuve que cerrar. Hoy estoy estancado. Consigo alguna changa en kioscos por cuatro horas, pero les pido 100.000 y me dicen que es muy caro: termino agarrando por 40. Necesito salir del veraz o encontrarme un pendrive”.

Virginia tiene 42, un hijo, es mamá soltera y trabaja en la televisión. “Todos los meses le pagamos al Banco Hipotecario 600.000 gracias al Procrear (un programa de acceso a la vivienda disuelto por el Gobierno), a una tasa del 2,50% mensual. El crédito es a 30 años. Pero todo aumenta, así que usamos la menor cantidad de gas posible, la menor cantidad de luz, y sólo esperamos que el movimiento obrero despierte”.
Oriana tiene 24 años y es una de las tres voceras del flamante colectivo Endeudadxs Organizadxs: “Nos organizamos por redes y WhatsApp para reunirnos y sacar de las casas esta situación que no da para más. En mi caso, el año pasado me separé y con los gastos de alquiler se me hizo insostenible pagar la tarjeta: la deuda empezó en 2 millones y ahora está en 5. Trabajo en el rubro textil, muy golpeado por las políticas económicas, y sólo puedo llegar a fin de mes porque tengo dos trabajos más”.

Remigia, 55 años, marcha por Paseo Colón a bordo de su “motito”, como ella llama a su silla de ruedas eléctrica: “Tengo doble amputación de piernas y comprar la motito salía 10 millones de pesos. Pedí un crédito a través de una amiga, porque muchas personas con discapacidad no tenemos el poder adquisitivo para que nos den un préstamo. A todo esto sigo pagando alquiler y expensas: la deuda te come la cabeza”.
Nicolás, 39, vino de Morón, oeste conurbano, no a marchar sino a trabajar: vende sánguches de salame y queso a 8.000 pesos, o dos por 15.000. “Usaba Mercado Pago para pagar la SUBE nomás. Me lo cortaron porque hace cinco meses pedí un crédito de 25.000 pesos nada más, y al toque ya me quería cobrar 150.000. ¡Me re quería arruinar! Después me dijeron que si pagaba lo inicial, me lo devolvían, pero ahora estoy usando Cuenta DNI. Ahora sólo debo el colegio privado de mis hijas. Debía 700, pero fui descontando 100 por mes: ahora me quedan nomás que 200.000 pesos”.

Cintia, 45 años, nueve hijos: “Estoy viviendo casi una situación de desalojo. Pago arriba de 750.000 pesos de alquiler en Lomas del Mirador. Pero estoy endeudada de antes: tomé deuda para pagar otro alquiler, y una deuda genera otra deuda para taparla que termina armando una pelota. Hoy debo arriba de los 9 millones”.
–¿A qué te dedicás?
–Soy mucama.
“Estamos más cerca de lo que se piensa”
Al llegar a Paseo Colón e Yrigoyen, la marcha se detiene frente al vallado. No hay acto, sino apenas una rueda de prensa que pocos medios agolpados entre sí escucharán de forma muy incómoda. Cristian Jerónimo, uno de los tres cosecretarios de la CGT, reivindica que la confederación de trabajadores viene marchando hace tres semanas por distintas cuestiones como parte de su plan de lucha: “No vamos a tolerar que sigan empobreciendo al pueblo argentino”. Consultado sobre una eventual huelga general, dijo que es “algo que no se descarta nunca” y que requiere “consenso”.

Uno de los que escucha es Germán Martínez, presidente del bloque Unión por la Patria (UxP) en la Cámara de Diputados, donde hay una treintena de proyectos de ley congelados para tratar la problemática.

“Hay una diversidad de proyectos de distintos espacios políticos que deberían ser parte de un proceso de ordenamiento en el trámite de las comisiones”, dice a lavaca. “Los libertarios no las abren. Intentamos dos veces convocar a sesión especial: no conseguimos quórum. Y dos veces intentamos ampliar el temario de sesiones de los libertarios para meter el tema: no se pudo. Hay que tratar de ir encontrando denominadores comunes en los distintos proyectos”.
Martínez enumera tres posibles ejes: “Uno tiene que ver con el universo: ¿estamos pensando en los 20 millones de endeudados o en los 6 millones de morosos? Segundo: ¿abarca a los bancos, a las billeteras virtuales, a las financieras de los comercios?, ¿qué hacemos con las deudas irregulares que existen y necesitan un tratamiento? Tercer tema: nuestra propuesta, en cualquier caso, no contiene un capítulo presupuestario. Es decir, no es un rescate económico: queremos utilizar las normas que ya existen dentro del sistema financiero para ponerle un esquema de tope que funcione como un alivio para la situación de los endeudados”.
La mejor opción, según el diputado, es la que se pueda consensuar: “Necesitamos 129 votos y es una negociación amplia con distintos espacios políticos”.

Durante la sesión del próximo miércoles, insistirán en el emplazamiento de las comisiones y el jueves tendrán reuniones con otros bloques para llegar a un principio de acuerdo: “De los 30 proyectos, hay unos 20 que están sintetizados en un par de propuestas que las engloban, así que estamos más cerca de lo que se piensa”.

Protesta social
El mensaje de la marcha de jubilados: “Nos están matando”

Las estadísticas oficiales conocidas muestran que el aumento de los fallecimientos entre adultos mayores es del 5% (65 a 74 años), 8% (74 a 85) y 10% (+85), mientras se aplica la motosierra a la salud pública y se eliminan medicamentos y prestaciones. El tema resurgió este miércoles en la nueva marcha de jubilados. Esta vez se las ingeniaron para ir desde Congreso hasta el Ministerio de Salud. La respuesta del gobierno frente a los reclamos fue la habitual: policía antidisturbios. Lo que se vio y se dijo, entre tortafritas, carteles y hasta poemas.
Por Lucas Pedulla

Miriam Cejas se aleja de la fila con una tortafrita y un matecocido servido en vaso de telgopor. Tiene 67 años, es de Villa Lugano y esto sería como su postre: hace un rato pudo comer un guiso de lentejas gracias al gazebo que el sindicato de Camioneros sostiene desde hace más de un mes en los miércoles de jubilados en Congreso.
–Listo, con esto ya no como hasta mañana.
Lo justifica con las piedras que tiene en la vesícula y le quitan el apetito, aunque se le hace difícil tratarse –dice– porque no consigue turnos en el PAMI, la institución dedicada a brindar asistencia integral a los adultos mayores. En las últimas horas, clínicas y sanatorios privados de cuatro provincias –Río Negro, Neuquén, Chubut y La Pampa– anunciaron la suspensión total de la atención a 300 mil afiliados para el 24 de agosto, por 24 horas, una situación que no se dio ni en 2001, según advertían.

En Congreso, Miriam cuenta que, “por suerte”, pudo jubilarse hace dos años cuando aún existía la moratoria para regularizar sus aportes, hoy cortada por la motosierra libertaria. Eso le permite cobrar una jubilación mínima: 419.775 pesos más el bono de 70.000. «No significa que alcance para algo porque todo ha aumentado», aclara y cuenta que vive con su hermana, con quien comparte los servicios. Por eso intenta ir a la olla o al merendero del barrio, o ver si el verdulero le deja alguna manzana por barrerle la vereda («recién mi estómago me pedía algo, así que comí media naranja»), o conseguir esa promoción en Flores del maple de huevos a 3.500 pesos.
–Y si no, qué le vamos a hacer: mate.
Mate como alimento, mate para tirar.
–Tenemos que tirar. Si no, no llegamos.
Llegar a dónde, por qué venir, son las preguntas tontas antes de comenzar la marcha.
–No es sólo por mí, es también por los demás jubilados que tienen hijos, que tienen nietos, que pagan alquiler. Me gustaría que todo cambiara. Yo escuchaba a Norma Pla cuando defendía a los jubilados: se murió sin respuesta. Pero si el ser humano no hace esto, ¿qué va a esperar? El descanso lo decide Dios. Nosotros mientras tenemos que movernos y buscar el día a día.

Sus compañeras la llaman. Miriam abraza la bandera del Movimiento Teresa Rodríguez (MTR) 12 de abril y se mete en la marcha.
Este miércoles la movilización abrió con un aviso: se haría la ronda de siempre pero luego se caminaría hasta el Ministerio de Salud, sobre la avenida 9 de Julio y la calle Moreno. La cabecera parte con una bandera sin metáforas: «Nos están matando».
El pliego de reclamos incluye desde el recorte de medicamentos (el gobierno eliminó al menos 44 remedios que tenían 100% de cobertura), los haberes que no alcanzan la canasta del adulto mayor (1.800.000 pesos, según la Defensoría de la Tercera Edad). Exigen además el fin de la intervención en el PAMI y la renuncia del ministro Mario Lugones, a quien le cantan «corrupto» y «asesino», como al presidente Javier Milei.

Por el costado pasan algunas personas vestidas de negro y con máscaras que asemejan un bufón triste. Llevan carteles:
- «Mortalidad de personas de 74 a 85 años creció 7,8% en 2024 durante el primer año del gobierno mileísta».
- «El Estado es responsable de cuidar nuestra vida».
- «Comprar comida o medicina, una elección mortal».
- «Basta de genocidio silencioso».
Algunos datos: la cantidad de fallecimientos en 2024 según la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS) entre quienes tenían más de 85 años se incrementó en un 10%. Entre quienes tenían entre 75 y 84 años el aumento fue del 8%. Murieron 17.339 más personas a partir de los 74 años que en el año anterior. Causas: Neumonía e influenza (16%), Septicemias (12%), Enfermedades del corazón (9%), Enfermedades cerebrovasculares (5%) y Tumores malignos (2%), todo al ritmo de la motosierra aplicada a la salud pública y la atención a jubilados.

La palabra genocidio aparece en varios carteles.
Un jubilado de la agrupación 12 Apóstoles grita a los autos que pasan: «Tenemos que unirnos contra este gobierno. ¡Únanse, carajo!». Tanto en la marcha como frente al Ministerio se suma el reclamo por la liberación de Milton Tolomeo y Eneas Gallo que siguen detenidos desde febrero en la cárcel de Marcos Paz cuando los apresaron durante la protesta contra la reforma laboral. «No estamos todos, faltan los presos», cantan los jubilados.
Todo sucederá frente al Ministerio y frente a un cordón testimonial de efectivos de la Policía Federal, que intentan que la marcha no se vuelque hacia la calle. Los jubilados se las ingenian para cortar Moreno y hacer que el bus turístico de la Ciudad de Buenos Aires que iba a doblar cambie la dirección. Arriba, una señora de ascendencia asiática agita los brazos y saluda lo que se canta abajo:
“Milei, Lugones, corruptos y ladrones”.

Otro que marchó con carteles es Ricardo, jubilado telefónico: no dice la edad exacta, sólo que ya pasó el “medio siglo” y tiene “otros tantos años de experiencia”. Sobre sus escritos, avisa: «Uno es medio guaso y el otro, filosófico». Quienes estén leyendo dirán cuál es cual:
- “Donde termina la mentira empieza la revolución”.
- “Este Gobierno es una mierda, hay que tirar la cadena”.
Cuenta que es herrero, vecino de Quilmes –sur del conurbano bonarense– y que hoy trajo un poema por si justo le hacían una entrevista. Le decimos que es su día de suerte. Lo tenía doblado en dos en el bolsillo, escrito a mano. Fragmentos:
Las balas de los miércoles
están libres de culpa
bendecidas por el capellán ciego.
Esas balas
pagadas por el pueblo
apuntan a un fotógrafo en cuclillas
a un viejecito con andador
a un veterano en silla de ruedas
a una doméstica que ya no tiene
huellas digitales de tanto limpiar mierda ajena
a un reciclador de las inmundicias de los ricos.
Las balas de los miércoles
tienen hambre de carne patriótica
hacen agujeros por donde se derrama la sangre noble de mis hermanos.
Ojalá algún día a las balas de la infamia
les salga el tiro por la culata
entonces será justicia.

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