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Crónicas del más acá: GPS

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Por Carlos Melone

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Crónicas del más acá: GPS

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Femicidio de Lucía Pérez: la década perdida, y el tejido social que sigue vivo

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“Estamos como el día 1”. La frase de Marta Montero, la madre de Lucía Pérez, la joven asesinada en 2016, abarca desde que denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija hasta hoy, dos juicios después, con la impunidad que sigue consagrada. El caso motivó el Primer Paro Nacional de Mujeres y ahora Marta, enfermera desde siempre, tomó la decisión de estudiar abogacía. La injusticia como una tortura para las familias y la lucha como un tejido social vivo en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que sigue adelante.

Por Evangelina Buccari

Femicidio de Lucía Pérez: la década perdida, y el tejido social que sigue vivo
Marta en Mar del Plata: «Cuando a Lucía la captan, ¿dónde estaba el Estado cuidándonos si había narcos vendiendo en la puerta de la escuela como si nada? Si eso no es abandono, díganme qué es«. Foto: Juan Valeiro / lavaca.org

El 8 de octubre de 2026 se cumplirán diez años del femicidio de Lucía Pérez. Una década de marchas, expedientes, juicios anulados, cambios de carátula, condenas que bajan, recursos, apelaciones y una familia obligada a aprender el idioma de la justicia para intentar sobrevivir al horror.

“Estamos en el punto del comienzo”, sintetiza Marta Montero sobre el estado de la causa por el femicidio de su hija, que tenía solo 16 años cuando fue asesinada en Mar del Plata. Un crimen tan cruel que despertó el primer paro de mujeres en Argentina.

Marta habla suave. No levanta la voz, pero cada frase tiene firmeza, también mucho cansancio. Pide “un poco de paz” para su familia. Y remarca ese “un poco”, porque, aclara: “La paz completa no la vamos a tener nunca, porque Lucía no va a estar más con nosotros”.

En todos estos años dejó de ser solamente enfermera y mamá. Empezó a estudiar derecho para entender expedientes y resoluciones. Aprendió a lidiar con fiscales, jueces y abogados. También, a reconocer cómo funciona el sistema judicial que, según denuncia, revictimizó a su familia una y otra vez.

Junto a su marido, Guillermo Pérez, mecánico; y su hijo, Matías, tuvieron de algún modo que dejar de ser quienes eran para poder dedicarse a seguir, paso a paso, el caso de Lucía.

La reciente audiencia de cesura, que redujo la pena del principal condenado, Matías Farías, por el cambio de carátula de femicidio a violación agravada, y la libertad condicional de Juan Pablo Offidani volvieron a colocar el caso en el centro de la discusión pública.

Pero para Marta detrás de todo esto hay algo más profundo: insiste en nombrar el crimen de su hija como un “narcofemicidio”. Y en esa palabra hay una definición política, judicial y, también, social. Algo que con el abogado querellante Juan Pablo Gallego vienen intentado dejar en claro en cada intervención.

—Marta, después de estos años de lucha, ¿en qué punto está hoy la causa de Lucía?

—La verdad, estamos en el punto del comienzo. Esto ha sido una tortura, una tortura hacia una familia, una tortura del Estado. Y cuando digo Estado, digo Ejecutivo, Judicial y Legislativo. Hablo de todo lo que como familia hemos tenido que padecer. ¿Por qué digo que estamos como en el comienzo? Porque llevamos diez años luchando por la muerte de una hija en el peor contexto. Y cuando digo Estado, hablo desde el comienzo. Cuando a Lucía la captan, ¿dónde estaba el Estado cuidándonos si había narcos vendiendo en la puerta de la escuela como si nada? Si eso no es abandono, díganme qué es. Y así llegamos a hoy.

Femicidio de Lucía Pérez: la década perdida, y el tejido social que sigue vivo
Guillermo Pérez y Marta, los padres de Lucía, en una de las manifestaciones reclamando justicia. La bandera dice: «Por vos juramos vencer». En Mar del Plata funciona La Casa de Lucía, un espacio de encuentro para mujeres, un centro cultural, un bachillerato y un punto de referencia contra la impunidad.

—Hace unos meses, un fallo de Casación cambió la figura de femicidio por la de violación agravada. ¿Cómo impacta en el expediente?

—En una audiencia de cesura se le bajó la condena a Farías a 23 años. El Tribunal le dio 17 años y lo unificó con los 8 que tenía por tenencia de estupefacientes. El paso que sigue es que la fiscal de Casación, Daniela Bersi, apele esta sentencia y vaya, como nosotros, por la figura de femicidio.

La fiscal de Casación no defiende ni a Marta ni a Guillermo, ella defiende esa figura como pueblo. Cree que lo que le pasó a esa joven, que hoy es Lucía pero podría ser cualquier otra, fue un femicidio, y va a luchar por eso. Por el mismo pedido nosotros ya tenemos un recurso aceptado en la Corte Suprema. Por ahora, tenemos que terminar con esos pasos, esperar, y si es necesario, después seguiremos en otra instancia. Vamos a seguir hasta lo que corresponda por la lucha por Lucía.

—Varias veces te preguntaste irónicamente: ¿si esto no es femicidio, cómo lo llamamos?

—El fiscal Carlos Altuve fue el que llevó la causa como femicidio y fue un gran fiscal, que logró que se anule el primer fallo y se haga otro juicio. En ese primer momento era como que Lucía se había muerto no sé cómo, porque los tipos solo habían sido condenados por vender droga. Es más: en todos los recursos, las apelaciones y las sentencias nunca se dice que no hubo violencia de género. En todos los casos afirman la violencia de género.

Femicidio de Lucía Pérez: la década perdida, y el tejido social que sigue vivo
El femicidio de Lucía en Mar del Plata provocó el Primer Paro de Mujeres del país, como retrata la foto con la bandera y la imágenes de cientos de mujeres asesinadas que llevó MU y fue cabecera de la marcha.

—¿Confiás en que este nuevo Tribunal de Casación pueda revertir esa decisión?

—La palabra confianza ya es muy grande. Si vos me decís si creo, después de diez años, te lo dejo en suspenso, porque la verdad es que ya ni respuesta tengo.

—¿Qué impacto tiene para ustedes que Farías tenga hoy una condena menor?

—Es perverso. Cualquiera te puede matar, hacer lo que quiera con vos, y no pasa nada. Pensá todo lo que se le ha hecho a esta familia. Pero, además, va más allá de nuestra familia. Porque si a vos te pasa algo, contá con que no tenés ni justicia. Eso es lo más cruel del sistema: tener que dejar toda tu vida de lado para dedicarte a esto. Y siempre es poco. Es tan siniestro este camino, tan siniestro, y nosotros, en medio de todo este caos, hacemos lo que podemos, porque hasta las defensas que hemos tenido han sido de lo peor. Pero si no podés confiar en la justicia, ¿en quién confiás? ¿Cómo hago? ¿Cómo me defiendo si no entiendo nada?

Femicidio de Lucía Pérez: la década perdida, y el tejido social que sigue vivo
Los padres de Lucía junto al abogado Juan Pablo Gallego.

—¿Por esto empezaste a estudiar derecho?

—Sí, para poder entender. Porque para mí son inentendibles muchas cosas. Y eso es un gran sacrificio, otro reto en la vida. Pero no es justo. Yo no busqué esto. Busqué estudiar para ser enfermera, trabajar en la salud, llevar una vida tranquila con mis hijos, con mi marido, con mi familia. Y tuve que terminar luchando para defender a una hija.

—¿Qué es lo más difícil de atravesar en todas estas instancias judiciales?

—Lo más difícil es cuando dicen “vamos a mirar para adelante”. Claro, porque la niña de 16 años no es la tuya. Y el perverso negocio que ya está plantado en Mar del Plata es lo que hace que se lleven a una mujer para trata, que la maten, que le hagan lo que quieran. Es tan perverso que te lo van a dar vuelta, te van a hacer posible que la culpable fue Lucía, que la familia no sé, no estaba; o que como Lucía tenía una vida en familia, tenía una vida buena, pues la culpa la tiene ella, porque el otro no tuvo todas esas oportunidades.

Quieren hacer pasar a los reos como dos personas “desclasadas” de la vida. Estamos mandando un mensaje muy equivocado. Si vamos a decir que un niño que no tuvo oportunidades puede ser un asesino, un violador, un torturador, un narcofemicida o puede vender droga, estamos mandando un mensaje erróneo a la juventud.

—¿Por qué es importante hablar de narcofemicidio?

—Porque un narcofemicidio es muy diferente de un crimen de género común. Si vos mirás las estadísticas de las chicas asesinadas por narcos, las condenas son estas: les bajan las penas o terminan saliendo. Habrá mucho poder, mucho dinero, para descifrar esto. Porque de otra manera no lo podés entender.

—Hoy Juan Pablo Offidani sigue en libertad condicional. ¿Qué pasa con esa situación?

—Nosotros apelamos, el Ministerio Público Fiscal también, y la Cámara resolvió que este tipo tiene que volver a la cárcel. Pero eso lo tiene que decidir el Tribunal Oral N° 2, de Mar del Plata, que fue el que lo condenó. Mientras, vive a 30 cuadras de mi casa, no cumplió la condena y está libre. No está con una pulsera ni nada. Puede salir y entrar cuantas veces quiera. El tipo es un peligro. Hay peligro de fuga y también peligro de que nos haga algo a nosotros. Esto más allá de que hay repudio social, los vecinos no quieren un narco, un asesino al lado de su casa. Pero mientras se resuelva, tenemos que esperar.

—¿Se sienten acompañados por la gente?

—La gente ha estado siempre, y eso es lo más sano y lo más agradecido. La gente sabe la verdad. Y los medios también estuvieron siempre. Siempre nos acompañaron en los peores momentos. Imaginate si acá no hubiese habido nadie más que nosotros. Olvidate.

—¿Qué sería para ustedes sentir que finalmente hubo justicia para Lucía?

—Poder seguir con nuestras vidas. No estar todo el tiempo al sobresalto, pensando en la causa, desvelándote a la noche. Que haya justicia es tener un poco de paz. Un poco, porque paz completa no vamos a tener nunca, porque Lucía no va a estar más con nosotros.

Y en términos concretos de la causa, justicia sería que se confirme el femicidio, que se confirme la condena a perpetua para Farías y que Offidani vuelva a la cárcel y termine de cumplir los 15 años.

No pedimos más que justicia y piedad para una familia devastada con la muerte de una hija.

Femicidio de Lucía Pérez: la década perdida, y el tejido social que sigue vivo
En otra de las marchas contra los narcofemicidios, una performance en la Avenida 9 de Julio. La movilización frente a crímenes en los que el Estado también es responsabe.
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La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

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El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Este 11 de julio se cumplen 5 meses de la movilización contra la Ley de Reforma Laboral y la represión policial. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar aquel día, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos mismos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Es un viernes de mayo y Eva del Rosario se toma una hora de las planificaciones de festivales, audiencias y visitas a cárceles que ocupan su vida desde la noche del 14 de febrero, cuando su cuñada la llamó y le dijo: “Eva, es grave, Milton cayó detenido”.

Milton es Milton Tolomeo, su novio, una de las dos personas acusadas de tirar molotovs el día de la votación de la ley de reforma laboral en el Senado. La otra persona es Eneas Gallo. Ambos siguen presos en el penal de Marcos Paz al momento de escribirse esta nota: más de cuatro meses que a Eva –docente de lengua y literatura, 42 años– no le entran en la cabeza: “Hay muchísimos hombres peligrosos denunciados por intentar matar a sus parejas que están libres. Milton no es un individuo peligroso”.

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
114 personas detenidas y 672 heridas. Fue el 12 de marzo de 2025, marcha de jubilados acompañada por hinchadas de fútbol, cuando el gendarme Hèctor Guerrero casi asesina al fotógrafo Pablo Grillo disparándole a la cabeza una granada de gas (causa elevada a juicio oral). Ese mismo dìa el inspector de la Federal Nicolás Céspedez (procesamiento ahora confirmado por la Cámara Federal) le pegò y empujó a la jubilada Beatriz Blanco, de 82 años, que cayó de nuca contra el suelo. El prefecto Sebastián Martínez (por ahora imputado) le sacó un ojo de un disparo al manifestante Jonathan Navarro.

PELIGROS

Eva lo dice y tres días después ocurrirá lo siguiente. En Junín, provincia de Buenos Aires, la policía bonaerense recibe la notificación de un hombre sospechoso dentro de un auto en las afueras de una casa. Al llegar, el hombre se fuga. Los efectivos de la Comisaría 2ª lo persiguen casi 10 kilómetros. Un conductor en la Ruta Provincial 45 filma todo con el celular: al auto lo cercan dos móviles, lo chocan, lo sacan del asfalto. El hombre sospechoso persiste, conduce por la zanja y quiere meterse en contramano. Los policías le disparan. Al final lo detienen y descubren que ese hombre –45 años, empleado de una constructora– tenía en el vehículo un bidón con combustible y dos botellas con trapos preparadas para convertirlas en explosivos caseros. El detalle es que el día anterior había sido denunciado por su ex pareja por violencia: tenía una orden de restricción.

A Milton, el Ministerio de Seguridad ordenó que lo llevaran al SIGPLAR, un lugar con un nombre feo y pomposo: Sistema Integral de Gestión para Personas Privadas de la Libertad de Alto Riesgo. La ex ministra, actual senadora y futura veremos, Patricia Bullrich lo inauguró en el Complejo Penitenciario de Ezeiza ni bien el gobierno asumió, en enero de 2024, con el “compromiso” de ir “contra las mafias” y el “narcotráfico”. La actual ministra, Alejandra Monteoliva, celebró en un spot para redes que allí llevaron al “anarquista de la molotov”. No lo sabían ni en el Juzgado Penal, Contravencional y de Faltas N° 6: se enteraron cuando la defensa lo alertó. “Presenten un hábeas corpus”, les respondió el juez Gustavo Rúa.

Pero Milton sigue preso.

Y el hombre denunciado que quiso atacar a su ex con molotovs quedó libre.

Al instante.

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

Eva Del Rosario en la ventana de su despartamento allanado por fuerzas federales: como prueba “terrorista” fotografiaron un pañuelo de la Campaña por el Aborto. Foto: Juan Valeiro / lavaca.org

SERVICIOS

El miércoles de la votación de la reforma laboral tuvo los condimentos de lo que muchos describieron en la calle como un día peronista: sol, una temperatura que fue de los 23 a los 31 grados, y una marcha que era la única posibilidad de mucha gente de expresarse contra una ley que borraba de un plumazo conquistas históricas del movimiento obrero argentino.

A las 15, la plaza estaba llena. A la media hora se escucharon los primeros balazos de goma. Muchos gremios y organizaciones –peronistas– se evaporaron al primer gas. Quedaron, de un lado, la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP), y del otro, la izquierda, mientras algunos –pocos– gremios y movimientos aguardaban de la mitad de plaza hacia Avenida de Mayo. Había bronca. Fue entonces cuando a las 15.37 la televisión transmitió en vivo a un grupo de seis personas que avanzaron con placas de fenólicos hacia las vallas policiales.Dos de ellos arrojaron tres molotovs.

Algunos medios pensamos que eran servicios. Otros dijeron que eran unos improvisados. Otros, que hicieron lo que muchos tendrían que haber hecho. Otros, que eran trabajadores precarizados. Pero la justicia porteña fue taxativa: dijo que eran Milton y Eneas.

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
En junio de 2024, con la discusión de la llamada Ley Bases, hubo más de 600 personas heridas y 35 detenidas. Aunque la mayoría fueron sobreseídas, el Tribunal Oral Federal Nº 3 inició el 21 de abril juicio contra tres de ellas. Los cargos: «intimidación pública» y «resistencia a la autoridad».

GUANTÁNAMO

Milton habla con MU desde el Módulo V Pabellón I del Complejo Penitenciario II de Marcos Paz.

El 9 de abril publicó una carta a través de CORREPI (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional), la organización que lo representa y defiende, en la que se presentó:

“Mi nombre es Milton Iván Tolomeo. Tengo 39 años. Soy una persona que no soporta las injusticias y que siempre creyó que es posible cambiarlas, que siempre hay que involucrarse cuando éstas suceden y no resignarse ni mirar para otro lado”.

Milton –a quien las tarjetas para comunicarse fuera del penal le cuestan $3.000– refuerza del otro lado del teléfono:

“Es lo que me llevó a manifestar el 11 de febrero contra una reforma esclavizante, negrera, cruda, que arruina un montón de derechos y años de lucha. Como trabajador precarizado e independiente, autoexplotarse no es una manera de vivir bien”.

En su carta, Milton contó lo que denominó “el Guantánamo de Ezeiza”:

• Pasada la medianoche del 14 de febrero, un grupo de 70 efectivos –algunos de chalecos azules, otros de civil y sin identificación– lo detuvo a la salida de un evento de boxeo en un club de Avellaneda, en el conurbano bonaerense, donde había ido a trabajar como masajista.

• Lo subieron a una “camioneta no identificada”. Lo golpearon. Lo trasladaron a una estación de servicio Shell. Le dijeron que avisara a su novia porque si no la iba “a pasar mal”. Les entregó las llaves de su casa. Lo filmaron con varios celulares.

• Pasó el fin de semana en la alcaidía de Madariaga (en Lugano) y el lunes, en la audiencia, escuchó al fiscal que lo acusaba de ser un terrorista. El martes lo notificaron de su traslado a Ezeiza y el miércoles empezaron de nuevo las filmaciones. Le pusieron un chaleco y un casco para trasladarlo en un camión blindado. Un penitenciario le dijo que iba a ser alojado “con los de Rosario, los narcos”. Así le comunicaban que iba a estar dentro del SIGPLAR.

• El sistema: 20 horas encerrado, 4 horas de recreo. “Nos filmaban hasta en las duchas”, escribió. El único trato que tenía era con quienes se acercaban a preguntarle si necesitaba algo: eran los otros presos. Todo el personal usaba pasamontañas y Milton observó que tenían una bandera estadounidense “bordada o como etiqueta”.

o, Vanessa Polini,
novia de Eneas Gallo: se conocieron hace
un año en la marcha de jubilados
Vanessa Polini, novia de Eneas Gallo: se conocieron hace un año en la marcha de jubilados. Foto: Juan Valeiro / lavaca.org

• Su primer contacto con el exterior fue el 26 de febrero con la Procuración Penitenciaria de la Nación (PPN), que le trajo novedades de su entorno y su abogada, María del Carmen Verdú. Ella había presentado un habeas corpus por el agravamiento de sus condiciones de detención, que rebotó como una brasa caliente: el juzgado de la ciudad lo mandó al juzgado de turno, que lo mandó al Juzgado Federal de Lomas de Zamora, que lo archivó sin audiencia, y CORREPI apeló, entonces pasó a la Cámara Federal de La Plata, que lo devolvió al juzgado de sorteo. El pinball duró un mes hasta que el 19 de marzo el Ministerio decidió unilateralmente –otra vez– trasladarlo a Marcos Paz a un pabellón común.

“¿Existe eso?”, le preguntó a Milton uno de los penitenciarios con pasamontañas.

Ni siquiera él entendía eso del “pabellón común”.

Recién entonces –más de un mes después– Milton pudo hablar con su novia.

“Es interesante el tipo de tortura que quieren aplicar”, descifra Milton a MU. “Quien determina que yo vaya a ese sistema es el Ministerio de Seguridad, que pasa por encima del Poder Judicial: creía que eran poderes separados. Me sorprende que exista, que logren mantenerlo, con la historia de derechos humanos que tenemos. Es un mamarracho”.

¿Qué sentís que buscan?

—Meter miedo y que nadie salga a la calle.

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
Reforma laboral, 11 de febrero de este 2026. Saldo: 31 personas detenidas y 562 asistidas por postas sanitarias. Milton Tolomeo y Eneas Gallo siguen presos acusados de lanzar bombas molotov contra el Congreso.

SOCORRISTA

La historia de Milton es sintomática del destino de miles de broncas contemporáneas. Trabajó tres años en la fábrica de sanitarios Ferrum. “No era un sueldo magnífico pero llegaba a fin de mes”, dice, a diferencia de otros compañeros que tenían familia e hijos. Hacía nueve horas por día en el área de Seguridad e Higiene de la planta de Avellaneda.

En 2024 lo echaron. Ese año la firma frenó un mes la producción en su planta de Pilar, y este 2026 reportó pérdidas a la Comisión Nacional de Valores (CNV) por $13.590 millones de pesos.

Desde la asunción de Javier Milei en diciembre de 2023 cerraron más de 24 mil empresas y se perdieron más de 200 mil empleos privados. Milton es una de esas consecuencias.

Consiguió empleo en la empresa de logística Ocasa, pero en peores condiciones: “Te llamaban de pronto un lunes, un miércoles o un viernes, te pagaban por hora, y tenía que hacer de 14 a 22. A veces salía a las 4 de la mañana y me pagaban 30 mil pesos la jornada. Era complicado organizarte con tus compañeros porque era una tercerizada que había contratado Mercado Libre. Trabajé dos o tres meses. Unos días no pude ir porque estaba rindiendo exámenes. Entonces no me llamaron más”.

Milton estudió para masajista en el Estudio Superior de Educación Física (ESEF), donde se recibió ese diciembre. Para entonces ya estaba de novio con Eva, a quien había conocido a través de una app.

Luego entró en un bar en Palermo como bachero (“siempre va a haber trabajo porque todo el tiempo la gente se está yendo”) y ya con el título hacía masajes tanto en el gabinete que armó en su departamento como en la camilla que llevaba a Parque Chacabuco o Centenario, en la ciudad de Buenos Aires.

Para complementar, y por la obra social, empezó en una empresa de limpieza que hace servicios en un edificio en el barrio porteño de Recoleta. ¿Sueldo?: 400 mil mensuales. Al menos le dijeron que, en lo que dure su proceso, le van a mantener el trabajo.

Con sus conocimientos empezó a sumarse a la marchas de cada miércoles en el Congreso: es socorrista y ayudaba a jubilados y jubiladas luego de las represiones. Hoy esos jubilados llevan su rostro en carteles y denuncian donde vayan que en Argentina hay presos políticos.

Milton agradece: “El gobierno gasea y pega, pero el terrorista soy yo”.

A
Homero Aguirre lo detuvieron después
de la marcha del 11 de febrero. Lo venían
siguiendo: “Decían que eran policías,
pero me tiraban a la cabeza”. Por el
proceso, lo echaron del trabajo.
A Homero Aguirre lo detuvieron después de la marcha del 11 de febrero. Lo venían siguiendo: “Decían que eran policías, pero me tiraban a la cabeza”. Por el proceso, lo echaron del trabajo. Foto: Lucas Pedulla / lavaca.org

APPS

El otro “terrorista”, la otra historia sintomática y el otro preso es Eneas Gallo. También está en Marcos Paz, pero en otro sitio: Pabellón III Módulo III. No pasó por el show del SIGPLAR ni de los videos de Monteoliva para las redes y sus trolls. Lo detuvieron el 18 de marzo –más de un mes después de la marcha y un día antes que a Milton lo pasaran a pabellón común– a la salida de su casa en General Rodríguez, al oeste del oeste del conurbano bonaerense. Estaba con Vanessa Polini, su novia, a quien conoció hace un año en las protestas de los jubilados los miércoles. Como Eva, está organizando visitas desde la Coordinadora por la Libertad de lxs Presxs Políticxs.

Entonces suena el teléfono. Es Eneas.

“Gracias por haber ido”, es lo primero que le dice a MU. Tiene 36 años. Dice que está tranquilo: “El encierro intenta quebrarte el cerebro y la psicología para que sientas culpa. Quieren usarnos a modo de ejemplo para que la gente no quiera salir a protestar. No tiene que pasar: tienen que seguir saliendo a la calle”.

Su situación laboral no es distinta de la de Milton ni de la de millones de personas en el país: trabaja en una app. Sea por el cierre de empresas, los despidos –en el sector privado o público– o porque la plata no alcanza, las plataformas de transporte o de delivery se convirtieron en una alternativa que en otros escenarios de crisis –2001– no existían.

Si bien no hay cifras oficiales, el Sindicato de Base de Trabajadores por Aplicación (Sitrarepa) calcula que hay 900 mil conductores de aplicación y 200 mil trabajadores de reparto.

Eneas pedaleaba 12 horas para Rappi en Palermo. A esa jornada hay que calcularle otras dos horas de viaje –de ida y de vuelta– desde General Rodríguez: se tomaba el 57 hasta Once y de ahí cualquier otro colectivo. No era el único: la mayoría de sus compañeros venían de estos confines, como Moreno, José C. Paz o zona sur. “Por eso sé muy bien lo que es esta ley. Quieren que todo sea como Rappi, que no haya contacto con encargados y patrones, que todo sea digital, y con un diseño de pago tan flexible que implique hacer lo que ellos quieran”. En un buen mes, “metiendo promociones o días de lluvia”, Eneas podía sacar poco más de un millón de pesos: “Fue lo mejor que me quedó, porque los otros trabajos no me pagaban bien: corté el pasto, hice albañilería, trabajé en bares. Todos informales, todos mal pagos. Así pudieron meter tan fácil esta reforma: si la mayoría no tiene trabajo en blanco, ¿qué les va a importar que les saquen un derecho que no tienen? La reforma ya se estaba dando en la práctica: solo tenían que regularizarla”.

Más acá de la expectativa de pena –los delitos que les imputan van de 5 a 15 años de prisión efectiva–, los jueces porteños argumentaron que Eneas tenía antecedentes penales, lo cual configuraba “un indicio” para “analizar el riesgo de fuga” y sostener su prisión preventiva. El “indicio” es una condena por un robo en grado de tentativa en 2021. La fecha parece a propósito: 20 de diciembre, dos décadas después del estallido. ¿El robo? Una bandeja de carne en un supermercado Coto, esas que al momento de escribirse estas líneas, con Eneas preso, cuestan poco más de $10.000.

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El arranque represivo del actual gobierno, en enero y febrero de 2024, con lo que se llamó «Ley Ómnibus». 285 personas heridas, de las cuales 35 hacían su trabajo de prensa, y 5 pertenecían a organismos de derechos humanos. El abogado del Ceprodh Matías Aufieri perdió la visión de su ojo izquierdo por el balazo de goma de un policía federal. El 26 de marzo el Juzgado Penal Contravencional y de Faltas Nº 28 de la Ciudad, a cargo de la jueza María Julia Correa, condenó a cuatro manifestantes de esas protestas por «atentado a la autoridad». La sentencia solo se apoyó en el relato de los policías que los apresaron. Fue la primera condena por la aplicación del protocolo antiprotesta. La pena: seis meses de prisión en suspenso.

CONTEXTO

Los datos confirman que la represión y la criminalización a la protesta social es una constante en el gobierno de Javier Milei y Patricia Bullrich.

Según la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), uno de los organismos que monitorean las movilizaciones en CABA:

• Entre el 10 de diciembre de 2023 y el 30 de noviembre de 2025, evaluaron 139 protestas. En 51 registraron eventos represivos.

• Las consecuencias: 2.585 personas heridas y 258 detenidas.

• Sobre las heridas: en el primer año registraron 1.216. El segundo: 1.369. De ellas, 184 fueron trabajadoras de prensa, 155 adultas mayores, 20 defensoras de derechos humanos, 5 menores de 16 años.

• Sobre las detenciones: 93 en 2024 y 165 en 2025, un incremento del 77%.

• En 68 movilizaciones hubo presencia de tres o más fuerzas de seguridad. En 99, detectaron portación de armas letales: la mayoría corresponde al cuerpo motorizado de la Policía Federal y de la Policía de la Ciudad.

El 12 de marzo de 2025 –cuando casi asesinan a Pablo Grillo– el operativo contó con 1.266 efectivos entre las distintas fuerzas federales. El gobierno informó gastos en combustible y “equipos de apoyo” de Gendarmería ($1.843.558,10), Policía Federal ($75.963.104), Policía de Seguridad Aeroportuaria ($466.800) y Prefectura Naval Argentina ($447.527). Un total de $78.720.989 para romperle la cabeza a un fotógrafo, desmayar a la jubilada Beatriz Blanco y sacarle el ojo a un manifestante (Jonathan Navarro), entre otros quehaceres, además de detener a 114 personas, luego liberadas por falta de pruebas.

• En 54 movilizaciones llevaron adelante prácticas de inteligencia ilegal.

El Instituto de Estudios y Formación (IEF) de la CTA Autónoma también aporta datos desde su Monitor de Respuestas Represivas. La diferencia con los números de la CPM es porque el IEF monitorea otras provincias. Su relevamiento hasta el 31 de diciembre de 2015:

• 107 represiones estatales a la protesta;

• 2.648 personas heridas;

• 514 detenidas;

• 101 allanamientos a organizaciones;

• 229 personas con causas penales.

María del Carmen Verdú es la abogada de Milton y referente de CORREPI, una organización que nació en 1992 y realiza desde entonces una de las caracterizaciones más precisas de las distintas formas de represión en la democracia argentina. En esa memoria larga, Verdú no duda cómo definir el actual presente histórico:

“Es el peor”.

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
María del Carmen Verdú, de CORREPI: “Que la policía infiltra no lo vamos a discutir. Pero me angustia mucho cuando comunicadores cercanos hablan de servicios al primer cascote”. Foto: Manuela Mendiondo / lavaca.org

RECONOCIMIENTO

La última causa que involucró molotovs –recuerda Verdú– fue la que acusó a Ricardo Chacho Berrozpe en las protestas contra el expresidente estadounidense George Bush en Mar del Plata, en noviembre de 2005, durante las famosas jornadas del “No al ALCA”. No había forma de determinar si esa cara tapada –tan pixelada– correspondía al militante de Fogoneros y del Movimiento Teresa Rodríguez (MTR).

Más de 20 años después, las defensas de Milton y Eneas sostienen que tampoco es posible determinar si las dos personas que tiraron molotovs son –precisamente– los dos muchachos presos.

Verdú explica el procedimiento de la justicia:

“Tienen una imagen de la barricada, que es la que vimos todos, donde no se reconoce a nadie: uno está con máscara antigás, otro con el casco y cara tapada. No se ve si tienen pelo, si son pelados, si tienen barba. Lo que hacen es alimentar con datos objetivos el software que Patricia Bullich compró durante el macrismo al Estado de Israel: remera negra, gorrito con tal símbolo, mochila de tal color, pantalón con marcas refractarias. Así revisan todas las imágenes de la misma marcha y de todo Internet buscando gente con la misma ropa”.

En esa búsqueda aparece todo: no solo las propias cámaras de los domos de la Ciudad sino, también, las que suben medios de comunicación, fotógrafos independientes o las propias organizaciones a sus redes sociales.

En el caso de Milton, establecen la presunción por cinco segundos de una persona que se saca el gorro y ven alguien pelado con un determinado tipo de barba: lo comparan con las propias fotos que Milton subió en redes para promocionar sus masajes. En el caso de Eneas, la presunción es a partir del reconocimiento facial de Mercado Pago y del ciberpatrullaje de redes abiertas de organizaciones y reporteros independientes del 11 de febrero dos años para atrás. Homero Aguirre fue otro de los detenidos por la reforma, pero lo detuvieron el día de la sanción definitiva de la ley en el senado: 27 de febrero. Por qué: fue a la marcha con el mismo casco con el que había ido al Congreso dieciséis días antes. Lo liberaron porque solamente se lo veía sosteniendo los fenólicos: lo imputan por resistencia a la autoridad e intimidación.

La Cámara de Apelaciones en lo Penal, Penal Juvenil, Contravencional y de Faltas de la Ciudad confirmó el fallo de primera instancia y mantuvo la prisión preventiva de Milton y Eneas. El argumento: la pena en expectativa por los delitos imputados es de hasta 15 años de prisión, lo que los lleva a presuponer que buscarían evitar el proceso judicial. En el caso de Eneas suman, además, que no posee “arraigo” (un domicilio fijo), una situación derivada de su precariedad laboral. La Cámara también se declaró incompetente (una palabra con múltiples acepciones), por lo que la causa pasó al fuero federal. Las imputaciones son tres: intimidación pública, resistencia a la autoridad y tenencia de material explosivo.

Verdú: “La jurisprudencia indica que, para la intimidación pública, hay que demostrar que existió un plan previo concertado entre todas las partes para generar una situación de convulsión y temor hacia el conjunto de la población. No pasó. En otras movilizaciones como la Ley Bases, eso se cayó”.

Ese día –12 de junio de 2024– hubo más de 600 personas heridas. Según la CPM: “Se detuvieron 35 personas, la mayoría de ellas al momento de la desconcentración de la marcha. Había un vendedor de choripanes, tres vendedores de empanadas, dos personas en situación de calle, dos transeúntes que no participaban de la marcha, un vecino que discutió con policías que no lo dejaban pasar hacia su domicilio, una persona con discapacidad, y algunas militantes que se desconcentraban sin que se pudiera acreditar en casi todos los casos su participación en algún hecho ilegal”. Cinco días después, 30 personas ya estaban liberadas por la justicia al no encontrarse elementos que justificaran el pedido de detención requerido. El fiscal Carlos Stornelli las había acusado de “sedición” y de “intento de golpe de Estado”. Aunque la mayoría fueron sobreseídas, el Tribunal Oral Federal N° 3 inició el 21 de abril el juicio contra 9 de ellas. Los cargos se repiten: intimidación pública y resistencia a la autoridad, según consignó el CELS.

Sigue Verdú: “Tampoco hubo resistencia a la autoridad, que es un delito menor, con lo cual queda el artículo 189 bis, inciso 1, que es la tenencia de material explosivo. Pero la letra no solo sanciona al que tira, manipula, utiliza o fabrica un artefacto incendiario o explosivo, sino que requiere una ultraintención, es decir que el objeto de esa acción sea generar un delito contra la seguridad nacional. Eso acá no pasó: estaban tirando contra las vallas”.

Otros dos varones fueron involucrados en la causa. Uno es Matías Roldán, nombrado por la ministra Monteoliva en su raid televisivo como militante de izquierda: es un chico con problemas de consumo que se descompensó en una de las audiencias. Lo desvincularon.

El otro es Néstor Barrera, a quien detuvieron mientras dormía en un cajero automático. Lo acusan, al igual que Homero, de sostener los fenólicos.

DISCIPLINAMIENTO

El mecanismo criminalizador lleva a un colapso en las defensas: las organizaciones que integran la Red Federal por la Defensa de los Derechos Humanos y la Democracia tienen 240 causas en curso. El día en que casi matan a Grillo, las fuerzas detuvieron a 114 personas, pero la jueza Karina Andrade liberó a todos porque no había pruebas. Fue una excepción.

Verdú: “La enorme mayoría de las causas no tiene demasiado futuro y lo que viene pasando es que los plazos se vencen y se archivan por el mero transcurso del tiempo, pero quedan abiertas por 8 o 9 meses. Si muchos vuelven a una movilización es un milagro: la Ciudad, como condición para excarcelar, pone una restricción perimetral de 500 metros del Congreso. El objetivo es el disciplinamiento”.

Los cargos son los mismos: atentado, resistencia, desobediencia, eventualmente daños, lesiones. A veces los fiscales encuadran los hechos bajo la Ley Antiterrorista (artículo 41 quinquies, votada en 2011), aunque luego (como en el caso de Milton y Eneas) fueron desestimados.

La abogada recuerda que en los noventa, durante los gobiernos de Carlos Menem, la justicia imputó delitos graves como sedición, rebelión, intimidación pública, prepotencia ideológica. Eran las épocas de las acciones directas de organizaciones como Quebracho o Patria Libre. También lo acusaron de sedición o de alzamiento contra el orden constitucional a José Pepino Fernández, histórico dirigente de la Unión de Trabajadores Desocupados (UTD) de Mosconi, en Salta: “Pero todas las causas transcurrían con la gente en la calle, ninguno de esos delitos daba para la prisión preventiva. Sí hubo años, como el 2004, que terminamos con una acampada en Plaza de Mayo por 41 presos políticos en cárceles federales, pero lo que nunca vimos es la combinación de todo a la vez: detenciones al voleo cada miércoles, imputaciones de gravedad y prisiones preventivas”. A veces hay algunos fiscales que en las marchas al menos no convalidan detenciones, como ocurrió con el padre Paco Olveira o Carlos Dawlowski, el jubilado hincha de Chacarita.

Otra discusión son los servicios: “Que la policía infiltra no lo vamos a discutir, pero me angustia mucho cuando comunicadores cercanos hablan de servicios al primer cascote. La discusión por la metodología de ninguna manera puede traducirse en que seas un servicio. En el gobierno de Alberto Fernández, cuando se votó el acuerdo con el FMI, fueron los piedrazos al despacho de Cristina. Nadie sabía que esa ventana era su oficina. Entre otros, imputaron a tres militantes del CUBA-MTR: estuvieron tres meses presos y toda la izquierda decía que eran servicios, pero nosotros peleamos por su liberación”.

En la memoria de protestas, surge la represión a la Sala Alberdi en marzo de 2013, cuando la Policía Metropolitana reprimió con balas de plomo –disparadas a las rodillas de los fotógrafos– la ocupación de un espacio cultural. Una periodista de MU recuerda que una persona en situación de calle le sugirió que se fuera: le habían pagado para que iniciara el conflicto.

“Eso pasa”, reconoce Verdú. Si bien no se puede descartar que no haya ocurrido durante la reforma laboral, matiza: “Ese pibe, que duerme en la calle, tampoco podemos decir que sea un servicio. Que sea una operatoria de los servicios, es otra historia”.

También hay expedientes que se están moviendo a la inversa: indagatorias, procesamientos y elevaciones a juicio a efectivos por diversos hechos represivos, como el gendarme Héctor Guerrero en la causa Grillo. “Son la excepción: los casos que mayor visibilidad tienen o los más evidentes, como el policía que mató de un escopetazo a Gabriel González en Lugano. Mientras tanto, las causas de gatillo fácil que ocurren sin testigos o sin cámaras pueden tener cuerpos con tres tiros en la nuca que el policía no declara ni como testigo”.

Uno de los últimos fallos fue en la causa del jubilado Egidio Ramón Contreras, de 75 años, a quien cuatro oficiales de la Policía Federal tiraron al suelo en una de las rondas de los miércoles. Le fracturaron el húmero izquierdo, pero la jueza María Servini, el fiscal Eduardo Taiano y la Sala I de la Cámara Penal Federal calificaron la conducta policial como una “actuación funcional” conforme al protocolo antipiquetes. Sin embargo, la Cámara de Casación –por dos votos a uno– revocó el archivo. Un detalle: no dicen que la policía es responsable, pese a los videos que lo demuestran, sino que simplemente se investigue.

Verdú, sin tecnicismos: “Es una cosa de locos”.

HERIDO

Es junio, pasaron cuatro meses desde la marcha y Homero Aguirre aún tiene las heridas de los balazos de goma. Fue uno de los que acusados de sostener los fenólicos. Lo metieron preso dos semanas después, en otra marcha contra la reforma. Lo venían siguiendo (“te vimos desde que te subiste al 151 hasta que te bajaste en Congreso”, le dijeron) y le encontraron el mismo casco que llevó a la movilización del 11: “Decían que yo era policía, pero no sabés cómo tiraban. Si no tenía el casco, me hubieran dado en la cabeza”. También lo detectaron por los tatuajes en sus brazos. Cuenta con sorpresa cómo el día de la audiencia lo reconstruyeron mediante inteligencia artificial: compararon las fotos con las que su propia organización, Convergencia Socialista, posteó en Instagram.

A pesar de su liberación, a Homero lo echaron del trabajo. Hace un año había empezado con tareas de limpieza en un supermercado Disco. Se tomaba un colectivo hasta la estación de Merlo, de ahí el tren Sarmiento a Flores u Once, y un tercer medio de transporte hasta el barrio porteño de Colegiales. Todo por cuatro horas, de lunes a sábados –feriados incluidos– por 400 mil pesos. Dos meses después lo movieron como repositor: pasó a cobrar un millón porque eran cinco horas, aunque de lunes a lunes con un franco semanal. Intentaba no trabajar los domingos porque entraba a las 7 y el primer colectivo desde Mariano Acosta (partido de Merlo) salía a las 7.

Mientras busca trabajo exige en todos lados la liberación de Milton y de Eneas: “Hay bronca. A De la Rúa lo sacó el pueblo el 19 y 20 de diciembre de 2001, pero este gobierno está haciendo de todo. Es momento de que salgamos a la calle. El tema es el después: en 2001 el pueblo sacó a los mismos que están hoy. Si las cosas se hacen mal, vuelve un Milei”.

ÚLTIMOS

Pasaron más de cuatro meses, es junio, y en el medio un hombre llamado Claudio Barrelier, que un año atrás había quedado libre tras amenazar con un arma, desnudar y amordazar a una joven de 20 años, fue acusado del femicidio de Agostina Vega, en Córdoba.

Es junio: Milton y Eneas siguen presos.

Desde el Pabellón V Módulo I de Marcos Paz, Milton espera continuar el resto del proceso con su hija de 12 años, su novia y su gato: “Quiero tener una vida normal, trabajar por la mañana, hacer mi vida de masajista. A veces, cuando salía los miércoles a las marchas, me sentía solo, me preguntaba dónde estaba la gente. Pero ahora no me siento así: veo una organización enorme, a mi compañera que se está cargando todo al hombro. Queremos ser los últimos que tengamos que pagar por esta ridiculez”. Mientras, está leyendo muchísimo: ahora con el libro Están entre nosotros, de Pablo Semán, y le seguirá una biografía del Pity Álvarez.

Desde el Pabellón III Módulo III, Eneas está leyendo El capitalismo agrario pampeano 1880-1930, de Alfredo Pucciarelli: “Obviamente busco mi libertad a toda costa, pero lo que más quiero es que se siga luchando. Esto no le puede servir de ejemplo a nadie. Mi máximo deseo es que se siga protestando contra todo lo que está pasando”.

Desde el conurbano, Homero se despide: “Me voy a tirar currículums”.

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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

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Este domingo se cumple un mes del fallecimiento de Carlos Alberto Solari. El Indio. Para recordar algo de tanta vida y obra, presentamos la nota publicada en la nueva MU. ¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org.

Lo artesanal sobre lo industrial, lo original frente a la copia estandarizada, el tiempo propio en vez del éxito efímero; soberanía artística y no moda impuesta por el mercado…

El Indio Carlos Alberto Solari es, entre muchas cosas, un ejemplo de la autogestión y de la independencia en el arte argentino, que no cedió al manto ni al mando de las discográficas, ni de otras instituciones.

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado: si el marketing pedía nombres cortos, la rebelión se imponía desde la identidad.

Oasis en un desierto cada vez más desierto, que nunca dejó de crecer en popularidad, en un amor inentendible que combinó músicos, viajes, multitudes y misas ricoteras.

La autogestión fue la llave para ser lo que querían ser.

Lo que queríamos ser.

AUTOGESTIÓN VS. MARKETING

Si Nike es la cultura,
Nike es tu cultura hoy.

Antes de sacar su primer disco (Gulp-1985) Los Redondos se acercaron a Rubens “Donvi” Vitale (el papá de Lito) buscando eludir a la industria. Donvi había coordinado en la década del 70 a Músicos Independientes Asociados (MIA), cooperativa artística y experiencia embrionaria en la música popular argentina.

Resultado: los integrantes de la banda produjeron sus discos. Decidieron todo. Cada diseño de tapa se lo encargaron a Rocambole, artista plástico y amigo. No hay fotos de la banda en las tapas, sino pinturas, dibujos, graffitis: el concepto sobre el ego.

Tocaban donde se sentían cómodos y respetados, ellos y su gente. Nunca se sometieron a giras agotadoras ni al maltrato de festivales sponsoreados. No firmaron contratos con sellos discográficos multinacionales. Solo acercaban su material como producción independiente a DBN, la principal distribuidora de discos del país: una clave que les ayudó para saber cuántos realmente vendieron.

Dato más reciente: Indio acompañó el proyecto de Ley Nacional de la Música que dio origen en 2012 al INAMU, el Instituto Nacional de la Música y sus políticas de fomento.

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
Las imágenes de las despedidas al Indio Solari. Noticias de ayer, extra, extra. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org.

LOS MEDIOS

Noticias de ayer,
extra, extra.

El boca a boca, el misa a misa, se impuso como lógica frente a la difusión convencional.

En vez de aceptar entrevistas amañadas, la estrategia fue hablar poco. Los Redondos casi no dieron notas en sus comienzos, salvo excepciones con gente respetada y conocida.

Si todos van para un lado, vayamos para otro.

Década del 90, pleno menemismo y desembarco de la cadena MTV latina. La cultura del videoclip se impone como estética y marca el formato de la música juvenil. Los Redondos no producen videos, no buscan pantallas. Cuanto más efímero y superficial se vuelve el rock, más intenso y corporal es el encuentro ricotero.

Marcelo es ricota de siempre, de Padua. Describe:

“La autogestión desplazó a la propaganda en los medios y los anuncios de los shows. Esto sí que fue el teléfono compuesto”.

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

Si no hay amor, que no haya nada. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

EL PENSAMIENTO

Y cuánto vale, ser la banda nueva
y andar trepando radares militares?
¡Vamos las bandas, rajen del cielo!

Las letras del Indio no tienen una explicación tajante, un único sentido. Dijo alguna vez:

–Hago música no para que entiendan las boludeces que digo, sino para que imaginen. Lo que tengo son visiones que intentan ser corregidas, no imponerse. En un recital en Gesell, un chico en vez de pedir la canción Vamos las bandas, gritó “Unamos las bandas”. Uno debe estar atento a esa nueva reinterpretación del tema, porque ahí es donde aparece la riqueza.

Nicolás, 43 años, de Liniers, tenía 15 años cuando se escapó de su casa para ver a Los Redondos en Racing, 1998.

“El Indio nos hizo leer a todos. Logró algo único: no tenías por qué entender las letras, pero sí sentirlas. Y cuando si algo no entendías, esa incomodidad hacía que quisieras saber más. Nos avivó a quienes teníamos ganas de escuchar”.

Las canciones crípticas avivaron el fuego, que creció y creció.

Este junio al pueblo ricotero le detonó una bomba que no esperaba (o sí) y para la que todavía no estaba preparado (o sí).

Franco es de los que autogestionan el abrazo colectivo en Plaza de Mayo. Tiene los ojos rojos recordando su San Juan natal, la pobreza familiar en los 90.

“Yo no pude estudiar, no leí libros, a mí la conciencia política me la dio la música, me la dio el Indio”.

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
Vamos las bandas, rajen el cielo. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org.

EL SENTIMIENTO

Cuando el fuego crezca,
quiero estar allí

Los testimonios tras la muerte fueron y son profundos, inteligentes, sensibles, audaces, muy por encima de la media de dirigentes, comunicadores y streamings.

“Indio nos dio contenido a la rebeldía para no llevarla a tomar falopa y a robar, que era lo predestinado. De algún modo, nos salvó la vida”, dijo una voz rota en el velorio popular.

A Martín (50) le duelen el corazón y la espalda por una mudanza, pero allí está, caminando otra vez rumbo al Indio, como desde Obras 1989.

Lleva anteojos empañados y una historia:

“Por la hiperinflación de Alfonsín mi viejo tuvo que cerrar el almacén y perdimos la casa que teníamos en Castelar. “Tuvimos alquilar en Libertad. Tenía 12 años. Fue complicado ese cambio de vida pero un amigo me prestó un cassette de Los Redondos. Ponerme los walkman y escucharlos fue mi refugio para siempre”.

LA IMAGINACIÓN

Preso de tu ilusión,
vas a bailar,
a bailar, bailar.

El Indio logró algo mágico, explica Nico:

“Nos hizo ver que podíamos concretar una ilusión. Que podíamos tener nuestra propia banda, autogestionarnos, vivir de la música o de lo que quisiéramos”.

Creó junto a sus amigos Frasco Chico, banda que duró 5 años.

“Nos cambió la perspectiva, nos hizo creer en nosotros pero no desde la meritocracia, sino enfocados en los sueños y no ser iguales a las instituciones que nos constituyeron, como podrían ser nuestros padres y familias”.

Bel, Agus y Luce llegaron de Córdoba a agradecerle. Tardaron ocho horas hasta Buenos Aires, y después caminaron otras nueve para hacer dos kilómetros desde Sarandí hasta el polideportivo bonaerense Gatica de Villa Domínico.

Viajaron –dicen– porque el Indio les enseñó de rituales no solitarios:

“Tenía que ser compartiendo, con el corazón abierto. Sentimos la invitación del Indio y su familia y no lo dudamos”.

Dicen que Los Redondos ampliaron el imaginario de lo posible, que les permitió soñar en hacer eso que se cree, que estimuló a una banda de amigxs en un garaje a imaginar destinos posibles.

“Queremos sentir esto; hablar como reparación, escucharnos, abrazarnos. Hacemos cosas por obligación, sabemos que el mundo funciona así, pero la vida que queremos es esta”.

¿Cómo es eso que quieren? “La autogestión como construcción de un universo poético, estético, diverso, sabiendo a quiénes se le dice no, y con quiénes se construye comunidad. Indio promovió una pedagogía de los afectos y enseñó a hacer cosas entre la gente de manera amable. Cuidarnos, pensar, emocionarnos con la belleza de una obra. Lo logró porque siempre hizo lo que quiso. Por él conocimos gente preciosa y de eso se trata la vida”.

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

Cuando el fuego crezca, quiero estar allí. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

LA POLÍTICA

Fijate de qué lado
de la mecha te encontrás

El Indio también abonó una autogestión de la política, en términos de cómo sembrar conciencia, y ver de qué lado de la mecha estás ante las injusticias. Tal vez sentirse ricotero sea más profundo y genuino que los discursos y poses que reinan hoy en los medios, las redes, en mucho de la política partidaria.

El motor fue la poesía. El Indio fue y sigue siendo un gran poeta que caló hondo al hacernos imaginar que había otro mundo posible, sensible, un código que te cambia la vida una vez que te entra: eso también es política.

Bel, Agus y Luce dicen que lo autogestivo se sostuvo tanto tiempo por ser una postura clara.

“El Indio se plantó”, resumen, y ese verbo les lleva a una analogía también poética: “Como una vegetación que crece y no para de crecer”.

LA ECONOMÍA

El lujo es vulgaridad, dijo,
y me conquistó

La misa era y es mucho más que un recital. Algo difícil de asimilar si se mira desde el desconocimiento y el prejuicio.

Natascha, alias Pochi, empezó a escuchar Los Redondos en La Tablada. Su papá tenía una parrilla frente al cementerio israelita y allí pasaba ella su adolescencia, entre el tango paterno y el rock que le pedían los clientes.

Ahí empezó a sentir a Patricio Rey. Hoy tiene 36 años y desde los 20 solo faltó a dos recitales, cuando quedó embarazada y al siguiente, porque su hijo era bebé.

Aquel bebé se llama Patricio, hoy tiene 12 años y lleva un buzo negro con cinco letras blancas en el pecho y el corazón: INDIO.

Acompaña en la fila a su mamá –o su mamá lo acompaña a él– para despedir al quien inspiró su nombre.

Dice Pochi:

“Lo que siempre primó en los recitales es ese espíritu de cooperación entre todos, entre los que tenían un mango para ir y quienes no. Algunos podían bancar la entrada, pero no la comida, otro ponía para el asado, para el pan, otro hacía un budín. Todo colaborativo, en equipo, dividiendo gastos. La esencia era compartir la ceremonia más allá del recital, que era la excusa”.

¿La excusa para qué?

“Para reunirnos con gente que no conocías, pero con el mismo espíritu”.

Otro dato económico/humano/etcétera: en los recitales nadie se quedaba sin entrar. El que podía sacaba la entrada; el que no, sabía que entraba igual porque no se cortaban los tickets. Había un acuerdo implícito: comprar la entrada era bancar a la banda, un sostén directo al artista, sin intermediarios.

La autogestión en su máxima expresión: colectivización de recursos y nadie afuera.

EL CUIDADO

Cuidemos el culito,
nadie lo va a cuidar por nosotros

La cosa era simple: si estaba la policía había conflicto. Si no, era una fiesta: nadie provoca, reprime ni mata.

La previa y el show fluían bajo un autocontrol. La policía presionaba con sus métodos perversos para que Los Redondos transaran en pagar sus servicios. El Indio se arriesgó a revolucionarlo todo dejando de tocar en la capital del país tras el asesinato de Walter Bulacio, que tenía 17 años cuando fue al recital de Obras Sanitarias el 19 de abril de 1991. A cuadras del estadio fue detenido por la Policía Federal. Cinco días después falleció como consecuencia de un traumatismo de cráneo.

En la despedida/celebración del Indio fue obvio dónde estaba el problema: ni en la banda, ni en la gente. No hubo fuerzas de inseguridad, ni conflicto: el viernes en Plaza de Mayo, el domingo en el funeral donde alrededor de un millón de personas caminamos durante 20 horas con paciencia, sin empujarnos, sin colarnos, sabiendo que todas, todos, todes, íbamos a poder llegar, como había asegurado la familia.

Donde hubo incidentes fue en el Obelisco el sábado, porque así lo quiso la Policía de la Ciudad que reprimió el duelo.

El Indio ya lo había imaginado:

Ensayo general,
para la farsa actual;
teatro antidisturbios…

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

El lujo es vulgaridad, dijo, y me conquistó. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org.

LA MÚSICA

Donde hay dolor,
habrá canciones.

El velatorio del Indio fue un reflejo. Como en cada previa de un recital, había grupitos que cantaban por ahí, otros agitaban por allá, en una cuadra sonaba Todo un palo, en otra Un poco de amor francés, más allá Jijiji alentaba al pogo, o volvía la nostalgia con Había una vez.

Martín (50) es ricotero desde los 12 años y celebra haber visto al Indio con sus dos hijos.

“Cada recital es un encuentro gauchesco, incluso esta despedida: unos cantando, otras saltando, otros sentados, otras charlando. Con una enseñanza ricotera: vivamos. A vivir, que son dos días”.

Agrega:

“Las misas son convivir con lo que somos. Esta es nuestra historia, de clase baja o media, la mayoría somos esto. Este movimiento de masas fue porque el Indio siempre estuvo atento a lo que pasaba”.

Podría decirse: un oído en la música y otro en lo que le pasaba y le pesaba a su tribu.

EL AMOR Y LA PALABRA

Si no hay amor
que no haya nada, entonces

Lo que vimos, escuchamos y sentimos en toda esta historia es que el pueblo tiene un corazón enorme y que ama mucho. Lo que le mostró –mostramos– al Indio es puro amor. Lo que parecía aplacado, desbordó convertido en emociones, en abrazos, en convivencia. Eso genera esperanza en una época digitalizada y virtualizada. Abre un camino y anuncia una grieta. No la grieta del lugar común, sino una por donde se ve la luz en este país hecho pedazos. Un intersticio que ilumina algo: no todo está perdido, ni todos estamos perdidos.

Hubo una marea lúcida. Mucha gente no hipnotizada ni atontada, capaz de describir situaciones que enfrentamos diariamente y de las que la música nos salva o nos ayuda a vivir menos peor.

Hubo capacidad de explicar con sencillez ideas complejas sobre cultura, política, poesía, rituales.

Un cruce entre lo sublime y lo crudo.

Una posibilidad de desahogar un dato: acá estábamos, acá estamos.

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
Cuidemos el culito, nadie lo va a cuidar por nosotros. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

EL DESAHOGO

Con los puños en alto deseando
al final hacer la revolución
con una canción de amor

Alguien como el Indio es un catalizador de emociones que no se explican ni se interpretan, sino que se sienten.

Un pibe del conurbano decía que el Indio lo salvó de estar preso o muerto, porque le dio a su rebeldía un sentido. Y gracias a eso, una vida mejor para su familia.

Chicos y chicas así son o tendrían que ser protagonistas principales protagonistas de un cambio real y posible.

Repasar entrevistas al Indio permite intuir que nos la pasamos escuchamos demasiados streamings y mucho menos a este ricotero exquisito que deja en off side tanto embrutecimiento, tanta estupidez, tanto patetismo. En esa fila eterna para despedir a un artista, en esa multitud hilvanada paso a paso que canta, llora y se abraza desde la sensibilidad y la inteligencia, tal vez está la genética de lo por venir, de otros modos de ser y estar en este mundo.

La muerte del Indio quizás abre un camino.

Tal vez sea el último bondi.

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
Este asunto está ahora, y para siempre, en tus manos. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

EL FUTURO

Este asunto está ahora
y para siempre
en tus manos

Lo autogestivo representa pensamiento propio, independencia, gestión, autonomía como símbolo de salud, capacidad de crear y organizar con otras personas, cooperativismo y no competencia, soberanía de las neuronas y del corazón, romper cadenas, liberar la alegría, desobedecer absurdos, desrobotizar la existencia. Seguir cantando.

Sostener lo autogestivo en el tiempo, incluso o sobre todo en proyectos liderados por una voz, una referencia, un dios de una religión difícil de encasillar, necesita de una mirada larga, aun presagiando la ausencia de ese líder.

Eso edificó el Indio con Los Fundamentalistas.

El último recital donde él estuvo presente fue el 11 de marzo de 2017 en Olavarría, con más de 300 mil fieles, dos personas que murieron por asfixia y el parkinson en avanzada.

La autogestión nunca cesó porque partía de un método, una forma de producción ya conocida año a año, recital a recital.

El proceso que ahora perdura con Los Fundamentalistas pasa por ahí. No en el sentido de repetir las mismas canciones, sino incluso producir otras, pero siempre desde el ejercicio del encuentro y por fuera de la lógica del mercado: el desafío será seguir sintonizando con la gente.

Nada menor. Nada imposible si seguimos regando la calidad en los vínculos.

El velorio colectivo sin ni un conflicto, fue un primer paso en la era D.I. (después del Indio).

Su obra alcanza y sobra para continuar el legado.

Así lo quiso, con Los Fundamentalistas tocando con él en holograma, en video, en imágenes, sin cuerpo, con el poder siempre renacido de la imaginación y del entusiasmo.

El futuro llegó hace rato.

Y parece que está en nuestras manos.

Habrá que ver qué hacemos con la autogestión de nuestros sueños.

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
Donde hay dolor habrá canciones. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
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