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La diversidad hace la fuerza

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FM Bajo Flores. En uno de los barrios más pobres de la Capital, la emisora logró convertirse en un espacio de encuentro. Su gran éxito: “Haber involucrado a los jóvenes”.

Según ciertos indicios, Latinoamérica queda en Riestra y Camilo Torres, esquina de Buenos Aires que marca el comienzo de la Villa 1-11-14, los barrios Rivadavia i y ii, Presidente Illia i y ii y Juan xxiii. El último censo indicó que viven allí 50 mil personas, pero todos saben que en realidad suman el doble. Es una zona con altísimo porcentaje de comunidades peruana, boliviana, paraguaya y, por supuesto, argentinos que conviven y resisten a un sistema que los expulsa.
En esa esquina, al lado de una gomería y frente a un baldío, está la fm Bajo Flores que se anuncia escrita en aerosol rojo sobre una pared gris. De cada diez chicos que pasan, siete levantan la mano o saludan con un grito a Ramón Silvero -que coordina un taller de fútbol- y a Eduardo Nájera, referente y fundador de la fm. Un nene se acerca y le dice a Nájera: “Hoy cumplo ocho años, ¿el sábado puedo venir a festejar a la radio?”.
fm Bajo Flores es una radio, y un espacio de encuentro de los vecinos. “La agenda de la radio la impone el barrio” explica Nájera: “Gatillo fácil –porque acá la policía pega y pega duro–, violencia contra las mujeres, y consumo de drogas peligrosas. Los chicos aquí están en contacto con drogas duras como el paco”. La información suele llegar por las propias víctimas. “Un día –Nájera se remonta al 2002– un vecino vino a denunciar que su hijo estaba desaparecido y había sospechas de que se lo había llevado la policía. Difundimos el caso de inmediato. El chico resultó ser Ezequiel Demonty, golpeado, torturado y arrojado al Riachuelo.” La fm organizó marchas pidiendo justicia e impulsó una investigación sobre el asesinato. En los últimos tiempos, la agenda fue la de los talleres textiles clandestinos y el trabajo esclavo. “En todos estos temas, que son los que preocupan al barrio, la radio trata de intervenir, dándole a los vecinos ámbitos de participación. No nos resignamos.”
 
Los viejos y los desconfiados
El proyecto nació en los 90, a partir de peronistas de base azorados con Carlos Menem. Fundaron una revista cuestionando las privatizaciones a mansalva, cierres de fábricas y desocupación infinita y, en 1996, montaron bocinas en los techos del barrio para pasar música, leer noticias y difundir actividades de organizaciones barriales. La Gran Propaladora, como la llamaron sus inventores, llegó a funcionar en cuatro techos clave: en los altos de los comedores Monseñor Angelelli y Niños Felices, en la Parroquia y en el Centro de Salud. La experiencia duró medio año de transmisiones abiertas todos los sábados y si bien tuvo buenos resultados, aún les faltaba llegar a más vecinos. Con toda esta práctica como antecedente, la Bajo Flores empezó a transmitir como radio el 1 de junio de 1996, formalmente fundada por la Parroquia Santa María Madre del Pueblo, el comedor Angelelli y un grupo de vecinos. Empezaron con un transmisor de 10 vatios. El actual es de 500.
La programación es un fiel espejo de ese territorio donde habita la diversidad. Hay espacios de las comunidades boliviana, paraguaya, peruana y argentina, producción propia –el informativo de tres horas diarias- coproducciones con la Cátedra Libre de Derechos Humanos y la agrupación Volver a Empezar (madres de la Villa 1-11-14 que tienen hijos con discapacidades). Además de lo radial, la fm coordina un taller de fútbol en la canchita que está frente a la emisora. Participan cien jóvenes, que ya viajaron por Córdoba, Mendoza y Misiones. Hay talleres de radio para niños, adolescentes y adultos: tres clases semanales con unos 80 participantes, sobre producción radial, artística, y todo lo que sirva para poner en marcha un programa. Los encuentros terminan con una realización concreta como la que hicieron este año sobre los detenidos-desaparecidos del barrio.
¿El gran éxito de la fm? “Haber involucrado a la juventud. Hay chicos que llegaron con 12 años y ahora tienen 22. Se formaron acá, y están comprometidos política y socialmente con la radio. Nadie les va a venir a contar nada, porque saben lo que es la pobreza, la necesidad, la discriminación. Y conocen lo que es el proyecto, porque lo construyen día a día”, se enorgullece Nájera.
Un grupo de 25 personas trabajan diariamente y otras 150 colaboran semanalmente. Crearon una Dirección Política y una serie de áreas: Técnica, Artística, Producción, Publicidad. Nájera asegura que, aunque no votan (deciden por consenso, para evitar ganadores y perdedores), pelean y discuten mucho. “Los más viejos ponemos alguna esperanza en el proyecto del gobierno de Kirchner; pero los más jóvenes, que crecieron con las promesas no cumplidas, y las políticas de limosnas para estos barrios, desconfían mucho. De todas formas, la radio nunca tuvo nada que ver con los partidos.”
Para financiar sus emisiones y actividades obtienen bastante publicidad, incluidas pautas oficiales, y buscan recursos ante distintas agencias de cooperación internacional. Con lo recaudado pagan un sueldo fijo a los operadores. Luego, según la marea económica, el resto del colectivo se lleva unos pesos para sobrevivir.
 
La burbuja de lo alternativo
Nájera rechaza la idea de definir a la fm como alternativa: “Para nosotros lo alternativo es de elite y, entonces, no es popular. Otras radios se definen así, pero parece que están adentro de una burbuja, con poca pata en la realidad. Lo popular tiene que ver con una práctica política diaria y en eso estamos”. No hay mediciones formales sobre la audiencia de la emisora, pero reciben llamados desde Villa Soldati, Lugano, Ciudad Oculta, Villa Inta, Villa Calasita y hasta de Pompeya y Boedo.
Ahora, quieren tener su propia página web, un nuevo centro de formación y esperan levantar una biblioteca especializada en educación popular, proyectos que Nájera describe mientras anota los pedidos de los chicos que pasan, lo saludan y le dictan el saludo que quieren escuchar por la radio. del barrio.

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Eva: la cruel verdad

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La historia de la mujer que aquí llamamos Eva simboliza la situación de prostitución y humillación que forma parte del paisaje urbano, pero que muchos omiten mirar. Eva tenía 64 años, se inició como prostituta a los 20 en el Chaco, luego en Flores y Once, y murió la semana pasada, en completa soledad. lavaca la entrevistó cuando estaba internada en el Hospital Álvarez y su testimonio cobra ahora para nosotros el sentido de un homenaje. Una forma de recuperar su voz, que nos habla de la vida cotidiana de la prostitución.
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