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Hip hop, al frente

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El Brujo. Fue chico de la calle y ahora es contratista de obras y Master of Ceremony (mc) de la música que empieza a compartir con la cumbia el reinado de los ritmos que mejor cuentan lo que pasa. Ahora, presenta su primer cd, Calles, un sueño que construyó con esfuerzo, paciencia y convicción. Éstas son sus enseñanzas.

En Villa Tesei, el rap sale por las ventanas de las casas. Los adolescentes que están en el almacén visten remeras y pantalones anchos. Los más chicos también. La cumbia, parece, ya no es la única banda de sonido de los barrios bajos. Estamos en el oeste y para entender la escena del hip hop que domina hay que hablar con El Brujo, o al menos así dicen. Él representa símbolo y promesa de un arte que parece tener como requisitos ser joven, varón y del conurbano. Eso no alcanza, claro: también hay que tener bronca, ojos, corazón, y algo para decir. No estar resignado.
El Brujo ganó un concurso de freestyle (estilo libre) organizado por la radio Rock and Pop, forma parte de la González Catán Killer Crew, está por sacar su primer disco llamado Calles, por el sello dbn y tiene apenas 23 años. Saluda tímido al tiempo que abre las puertas de la casa en donde vive con Flor, su novia peluquera, y la familia de ella. “Esta casa nos costó diez años de esfuerzo”, revelará más tarde Flor, orgullosa. El lugar es nuevo, el piso es brillante, las paredes blanquísimas y todos los ambientes son triangulares. “Todo lo eligió mi mamá”, dice Flor.
El músico no revela qué dice su dni. “Mi nombre no es importante. Todos me conocen como El Brujo”. Ordena un poco el barullo de perros, amigos y familiares que entran, salen y deambulan y se sienta a conversar. Tiene la boca gruesa y la contrae para fumar un cigarrillo atrás de otro. “A los 16 años empecé a acercarme al rap porque yo bailaba, me hice conocido como B-boy (dentro de la cultura del hip hop, es el que domina esa acrobacia casi mágica llamada break dance). Bailé en fiestas de hip hop en el under local”, recuerda El Brujo. De manera natural su interés cambió: empezó a mirar lo que pasaba en su barrio y a rapear. “Rapear, rapear, rapear freestyle, durante dos años”.
 
 
Palermo y Fuerte Apache
Para los que se inician en este tema, El Brujo explica algunas claves. El freestyle sucede cuando una persona improvisa, arma rimas en el momento, como un relato de lo que pasa aquí y ahora en esa especie de flujo sólo en apariencia monocorde. La competencia o batalla es cuando son dos los que improvisan y contraponen, discuten: payadas siglo 21. En las contiendas todo está permitido. Incluso, repasando batallas en el noticiero YouTube se puede descubrir un florido vocabulario callejero, unas cuantas alusiones homofóbicas del estilo “a vos te gusta que te rompan el culo” y un sinfín de insultos. Pero El Brujo no está del todo de acuerdo con esta mirada e intenta cambiar de rumbo esas máximas del freestyle. Recuerda una competencia en Córdoba en la que un contrincante lo insultaba a él y también a su familia. Ante eso, El Brujo decidió contestarle que para hacer freestyle no hace falta insultar: “Un pibe que recién está empezando lo único que sabe decir es la concha de tu madre, hijo de puta, te mato, me fumo un porro, ¿me entendés? Pero si vos sos bueno vas a dejar un mensaje por lo menos más positivo”. En Córdoba, El Brujo resultó ganador. Como ejemplo de lo que dice, un fragmento de batalla, literal e improvisada, contra el duelista de turno, un tal Carmona, de Solana: “Usted señor sin swing no puede bardear sin contenido / no tiene skit / hablaste de que tu nombre es Carmona / para mi vos sos un gil / tu nombre cambialo, Ramona / el Brujo va con las rimas y no te insulta / date cuenta de que ésa es la diferencia que gusta”.
Ahora, dice, está en una nueva etapa. En las calles ya ganó todas las batallas, incluso la de la supervivencia y se quiere probar como mc (Master of Ceremony), y el examen final es el disco. “La diferencia entre el freestyle y el mc es que el primero se prueba en la calle o en fiestas y a las palabras que se dicen se las lleva el viento. Y el segundo se mide en un disco, en algo que queda”, explica.
Su primer concurso ganado como mc lo organizó nada menos que Mustafá Yoda, mítico rapero de la escena local que, hace alrededor de dos años, en un skate park de Munro, le dio el premio y su bendición.
El Brujo ha tocado en la puerta del ceamse, acompañando las protestas de los vecinos de González Catán contra la instalación del basurero y la contaminación que enferma y mata. Pero también conocen su estilo en otros circuitos, a través de una movida que puede abarcar desde el Niceto Club de Palermo Hollywood hasta la estación de ferrocarril de San Miguel, canchas de fútbol, boliches chetos, Fuerte Apache y Ciudad Oculta.
Es probable que estos cruces sean posibles porque la moda tornó inevitable la mezcla. Quizá, la música que mejor sintetiza los cruces sea la que nace precisamente del mestizaje: el rap, el reggaetón, el reggae, la cumbia, todo junto y yendo de la periferia al Centro, aunque siempre de ida y nunca de vuelta.
 
 
¿Qué se ve desde la ventana?
Decido por este incesante flujo, El Brujo logró llegar al sueño que para él es Calles, su primer disco, que saldrá a la venta al mismo tiempo que esta edición de mu y podrá conseguirse en todas las disquerías de rap del país. Está por verse si dbn colocará el cd también en las casas grandes de música. “Empecé a grabar el disco en enero de 2006 en el Mester de los Juglares, de Liniers y lo terminé hace una semana”, relata y se pone de pie para ir a buscar el flamante objeto musical. Enseña la foto de tapa: es él, en distintas poses. Sobre la financiación explica: “Lo banqué todo, puse toda la plata yo, laburando en estos dos años”. El Brujo es contratista de obras y lo que logra ahorrar lo invierte en su carrera. Tocó 7 años sin ganar un peso y hoy dice que, si quisiera, podría llegar a vivir de la música, pero prefiere seguir trabajando: no está pensando en eso todavía. No cobra en Ciudad Oculta o Fuerte Apache, pero sí en los boliches. (No dice cuánto, pero de acuerdo a cifras que flotan en el ambiente en Palermo Hollywood no es probable que le paguen menos de 300 a 500 pesos por presentación.)
Así, ladrillo por ladrillo, El Brujo se está armando su propio estudio de grabación en la casa y pagó la producción de Calles, aunque logró que las copias y la distribución las encare dbn. “Acá no podés ir a un sello y esperar que te paguen todo. Yo llevé el disco ya terminado”, cuenta. A la industria la ve camino a terminar como la de la cumbia. “Hoy no hay un mercado tan claro para el rap como el de la cumbia, pero dentro de unos años van a ser lo mismo. En Yankilandia salen nuevos grupos de hip hop todas las semanas igual que acá salen de cumbia, pero dentro de unos años vamos a tener grupos de hip hop de gira por boliches de todo el país”, vaticina El Brujo. Y explica por qué: “Mirá, en el barrio todos son raperos, hasta los que antes escuchaban cumbia, por eso me parece que en un tiempo los dos géneros van a ser parte del mismo negocio”, vaticina.
Las letras de su disco son, en general, relatos sobre los problemas que hay en la calle. Hay un tema llamado Máquinas humanas que habla de la alienación de las personas dentro del sistema; Espectro que habla de un chico que se suicida y Calles, la pegadiza canción que da nombre al disco: “Las calles están llenas de demonios / Los chicos ya no juegan con globos / Las mentes, vacías por el odio”. Sintetiza El Brujo: “El disco tiene de todo, lo único que no puse es romance”.
Algunas de las letras de Calles las escribió a los 21 años, cuando todavía vivía en González Catán: “Empecé a escribir estos temas sobre un piso que no era piso: era tierra. Y en un escritorio de madera hecho por mí. Tenía un grabador con el play, el retroceder, y nada más. Y andaba un solo parlante”, recuerda. Por la ventana de ése, su anterior hogar, veía lo que ahora cuenta en las letras.
 
 
Lo que te parte la cabeza
El Brujo es sincero. Me doy cuenta porque no relata estas historias con orgullo de rapero gángster: lo dice con la voz de los recuerdos tristes, pero también con la firmeza del que vive para contarla. Laburó desde muy chico, tuvo que vivir y dormir en la calle, conoce los oficios de los semáforos, y sobrevivió para hacer rap. Estudió hasta tercer año de la secundaria y dejó porque cayó preso por un delito menor. Pero piensa que la mejor escuela, aunque suene a lugar común, fue la calle. ¿Qué es lo que se aprende en la calle? Según El Brujo, se aprende a ver lo que pasa: “Cuando veo a gente durmiendo en la vereda; gente que es re pobre y que está mal y que se está cagando de hambre, me parte la cabeza y me hace concentrarme más en escribir, me sirve para enfocar mis letras…” relata, y se ataja: “Yo sé que con la música no voy a poder ayudar a esa gente, pero por lo menos sirve para que los que están mejor se enteren ¿me entendés?”.
El Brujo no habla como si fuese mejicano ni tiene pose de estrella. Como mc tiene un estilo propio. Lo llama flow, que es algo que define como “lo que uno tiene adentro”. “El flow es el estilo que uno le da a la palabra. No es algo que está en la boca. Flow es cuando vos con las cosas que decís, convencés a la gente de que lo que vos estás diciendo es la verdad”.
Ahora, cuando la movida rapera comienza a ser consumida por la moda, el fantasma de que se puede vaciar de contenido parece un peligro a tener en cuenta. Pero sobre esto El Brujo está muy tranquilo: “Nosotros estamos haciendo rap para la gente que quiere escuchar rap. No hago música alternativa ni música comercial, y si algún día nos llegamos a hacer conocidos quiero que sea porque nosotros siempre conservamos los mismos principios”.
 
La escuela de rap, los pibes de la calle
Ese “nosotros” al que refiere es la González Catán Killer Crew, la banda formada esencialmente por catorce mcs, aunque también hay cuatro B-boys y alrededor de seis grafiteros. Son los que eligieron “un camino por derecha”, como dice El Brujo: organizan eventos, salen a pintar graffiti y a rapear por el barrio. Marcan una diferencia con –por ejemplo– la Wu Tan Catán, una tribu más asociada al estilo gángster del hip hop. “Nosotros la hicimos por derecha, porque queremos estar con la mente tranquila”, cuenta. Esta dirección elegida por su grupo es la que lo acercó a la escuela de rap que funciona en San Miguel: “Es una iglesia grande que la prestan para que se junte toda la gente de la movida del hip hop. Está muy bueno porque saca gente de la calle, pibitos que por ahí tienen un momento para relajarse, poder bailar, o sea, absorber algo bueno de tanta mierda que se tienen que comer”.
De vuelta a esos orígenes que lo definieron y junto a Mustafá Yoda, El Brujo está organizando una suerte de presentación de Calles en González Catán para mediados de noviembre. Será en el cine frente a la plaza. Cinco pesos la entrada.
Llega, entonces, el momento del gesto típicamentebrujo: convoca a toda su crew –la banda de amigos– al momento de las fotos en el patio de su casa. El Brujo sigue siendo el mismo, algo tímido, algo ensimismado, simpático, dispuesto a acceder a todos los pedidos del fotógrafo. Hace un gesto rapero, como con bronca, y sólo pueden dar ganas de que le vaya bien cuando en el patio anuncia, por ejemplo: “Mi estilo de hacer música es este: decir la verdad”.

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