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La ciudad imposible

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Comodoro Rivadavia: inundación y después. Comodoro Rivadavia colapsó con las últimas lluvias. Cuando el agua bajó lo que quedó al descubierto fue la falta de planificación urbana y los efectos del extractivismo. Barro y petróleo en esta crónica desde el fin de un mundo. Por Cynthia Francisco.

Desde el 29 de marzo, y en menos de una semana llovió en Comodoro Rivadavia y todo el departamento Escalante, de  Chubut “lo que llovería en 5 años”, graficaron los pronosticadores de Servicio Meteorológico Nacional. En la ciudad petrolera el temporal se llevó la vida de una persona, desplazó y agrietó los cerros, destruyó caminos  y viviendas, terminó de colapsar los servicios públicos de agua y cloacas, y exhibió los pasivos ambientales y sociales que ha dejado la industria hidrocarburífera en estos 110 años de extractivismo.

Las frías cifras hablan de 10.000 personas desplazadas -entre evacuados y autoevacuados- que fueron retornando a sus hogares a medida que descendía el agua y podían sacar el barro, pero aún quedan 500 en centros asistenciales.

“Nadie nos fue a buscar”, cuenta Leyla Vallejos (47), una de las evacuadas pero de hace 5 años atrás: en 2012 vivía  en Barrio San Martín, pero después del temporal de julio de ese año fue trasladada, depositada y abandonada  en un módulo habitacional de durlock y chapa, de 3 x 7 metros, sin piso cerámico, sin gas natural y sin papeles, en la casa 25 de 26 viviendas del barrio Stella Maris.

En este 2017, como una maldición repetida, le tocó vivir otra inundación. Con la voz quebrada por la angustia, y junto a sus dos hijas (9 y 16), rememora aquellos momentos en que comenzó la lluvia: “Se llenó de agua la casa y llamamos para que nos vengan a buscar, pero nunca llegaron. Con mis nenas estábamos arriba de una mesa  para que no nos agarre la corriente. Tuvimos que esperar a que pase todo encerradas y a oscuras, arriba de la mesa. Ahora está todo mojado y húmedo: mi hija casi se electrocutó porque quedó todo con corriente”, se lamenta. “No quiero que llegue otro temporal y nos encuentre así”.

El barrio Juan XXIII, otro de los más afectados, es una zona de 40 manzanas. Las calles desaparecieron y el barro se metió por cada hendidura, enterrando autos y viviendas enteras. Toneladas de escombros y fango quedaron estancadas en un sector que debería ser un desagüe natural.

“Desde el primer día tenemos el barro y la cloaca adentro de la casa”, comenta Mónica, vecina de la calle Kennedy.

“Se llenó todo de agua, barro y colapsaron las cloacas”, reitera Liliana Belcastro, que perdió su librería.“Al haber tanta agua y tanta tierra las máquinas no dan abasto”, cuenta, mientras espera el turno de atención en la oficina de Desarrollo Humano y Familia del municipio para que la asesoren sobre cuáles son los requisitos para obtener el préstamo para damnificados que acaba de anunciar el Banco Chubut.

Noemí Delgado del Km 8, relata que quedó colgando al borde de una grieta de tres metros, por donde escurrió el agua. “Siempre tuvimos problemas con las cloacas; llovía y se formaba una laguna. Mi papá decía que antes pasaba un arroyo por este lugar”, cuenta. “Lo que resulta evidente es que no hubo planificación ni un estudio geológico antes de construír el plan de viviendas”.

En terrenos que vendió la empresa Petroquímica, en la Calle Alférez Vásquez de Km 8, vive Susana. Frente a su casa está la pequeña Laguna de los Patos, que después de la gran tormenta inundó su vivienda.

“Alrededor de mi casa tuvimos que hacer como un fuerte, con máquinas y camiones que pagamos nosotros”, describe. Un pronóstico: “Estamos sobre una contaminación ambiental que va a ser terrible para todos los que vivimos aquí”.   

“Una ciudad rara”

La evidencia del desastre en estos asentamientos dejó en un segundo plano los discursos que alegaban razones metereológicas. El propio intendente Carlos Linares, reconoce a MU que “Comodoro es una ciudad rara, siempre lo fue. Es una ciudad minera con un crecimiento de la población fuera de los diagramas normales. Con 300.000 habitantes, duplicó su población en los últimos 10 años. Es un lugar que tiene una gran demanda porque representa un atractivo muy fuerte para mucha gente del país y del exterior que viene buscando trabajo. La inmigración y la llegada de mucha gente implica también nuevos problemas”.

El subsecretario de Ambiente del municipio, Daniel González, dice que “es imposible saber cuántos pasivos ambientales existen y dónde están, porque hay cañerías e instalaciones abandonadas desde hace más de 50 años” y considera que “no sería pertinente seguir perforando en la zona urbana”. Pese a la riqueza petrolera, el abandono.

El concejal Maximiliano Sampaoli también considera que hay que rever la situación: “Hemos tenido varios accidentes severos en estos años y quizás haya que trabajar para que no haya pozos petroleros metidos en el medio de la ciudad”.

“Se han realizado estudios geoambientales con mapas que señalan  lugares aptos y no aptos para construír”, señala la arquitecta Liliana Carnevale y explica que en esos mapeos “encontramos manchas rojas, que son las peligrosas, donde hay asentamientos urbanos sin los debidos resguardos, como el barrio Juan XXIII”.

“Un claro ejemplo es lo que se hizo con el Arroyo La Mata, al que se modificó el curso para hacer canchas deportivas y también viviendas”, señala el ingeniero Jorge Huberman, reconocido profesional que participó de diversos proyectos urbanísticos no ejecutados en Comodoro. Otros ejemplos a la vista de todos están representados por la construcción de viviendas arriba del mallín en barrio Laprida, o sobre la laderas de los cerros.

“El problema principal es que Comodoro está asentado sobre un yacimiento petrolero”, señala el presidente del Colegio de Arquitectos, Pablo Malerva. “Si bien el petróleo nos da riqueza, porque nos da trabajo, también nos restringe los lugares para urbanizar”.

Su razonamiento: “La  geografía que tenemos también influye. Los cerros no permiten urbanizar. Pero sin lugar a dudas el petróleo es determinante porque nos cercó el crecimiento urbanístico”.

La arquitecta Carnevale resalta la falta de voluntad política a la hora de planificar y tener en cuenta los estudios técnicos: “A veces existen los estudios, pero no hay coordinación entre los distintos actores que deben intervenir. Habría que coordinar más el trabajo entre la Universidad, el Estado y las organizaciones intermedias. Se necesita formar equipos de trabajo y no seguir cada uno por su lado”.

u$s 9 millones por día

La fuerza de las correntadas más la presión del barro provocaron el surgimiento de petróleo en viviendas familiares y en descampados. En barrios como Caleta Córdova, Km 17, Km 3, Astra, Comipa, Km8 y Máximo Abásolo, los pasivos y los activos industriales resurgieron desde las entrañas de la tierra. Las operadoras Capsa, YPF y CRI Holding se hicieron cargo del saneamiento.

El Ministro de Ambiente de Chubut, Ignacio Agulleiro, indicó que se le pidió a cada operadora que haga un relevamiento de pozos y pasivos. Su hipótesis: “Lo ideal sería que las ciudades no tengan un desarrollo industrial en su ejido, pero al mismo tiempo necesitamos que existan esas industrias, porque de eso depende el desarrollo social y humano”, imagina. 

En el Barrio Caleta Córdova se asientan los tanques de almacenamiento del crudo de todas las operadoras (TER.MA.P). De su puerto salen entre 20.000 y 25.000 metros cúbicos de petróleo por día que  equivalen a 9 millones de dólares diarios.

Allí, incomunicadas, empetroladas, sin agua, vecinas como Gilda relatan: “Denunciamos cada uno de los derrames que vemos. Es una situación  recurrente. No es la primera vez que se tiran productos químicos que afectan a la gente.  Después tratan de tapar o levantar el petróleo con pala, pero siempre quedan los restos contaminados”.

“El agua arrasó el puente en la Ruta 1 y quedamos incomunicados”, se lamenta otro vecino. “El barrio está mal, abandonado; no tenemos veredas, no tenemos cloacas, no tenemos agua… Nunca nos consultaron si queríamos los nuevos pozos que han hecho. El resultado es que dañaron toda la costa, pero al barrio y a la ciudad no le dejaron nada”.

Al fin salió el sol, y el viento seca lo mojado. Las donaciones que llegan de otros puntos del país se reparten a discreción y ahora la emergencia es humana. Dos Comodoros coexisten partidos por la indiferencia: en el centro los vecinos siguen comprando electrodomésticos y cocaína. Las personas afectadas saben que los cimientos de una recostrucción urbana, pero también social, deben ser fuertes como para minimizar riesgos en un próximo temporal. Y saben también que mientras no haya planificación urbanística, diversificasión de la economía regional y el tan anhelado “desarrollo sustentable”, Comodoro Rivadavia seguirá siendo la Capital Nacional del Petróleo a la que la Naturaleza, tarde o temprano, le pasa factura.

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