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Cometierra

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Dolores Reyes, escritora. Su primera novela fue un boom entre las jóvenes que la comparten como consuelo, y como noticiero de la época. La violencia machista y por qué en la novela no se propuso tematizarla sino “poner toda la carne al asador”.  Cómo desarmar lógicas machistas a través de la palabra. La organización de las escritoras, y la esperanza en los estudiantes. Por Anabella Arrascaeta.

Dolores Reyes es escritora y docente. Trabaja en la secretaría de una escuela en Pablo Podestá, conurbano bonaerense. A 200 metros de la escuela hay un cementerio donde están los cuerpos de Melina Romero y Araceli Ramos. Su primera novela, dedicada a su memoria y “a las víctimas de femicidios, a sus sobrevivientes” se llama Cometierra y empieza así:

Los muertos no ranchan donde los vivos. Tenés que entender. 

No me importa. Mamá se guarda acá, en mi casa, en la tierra. 

Aflojá de una vez, todos te esperan. Si no me escuchan, trago tierra.

La protagonista come tierra para poder ver y buscar a quienes no están. El cuerpo está presente y ausente a la vez. Están quienes buscan y quienes, a veces, son encontrados.

Dice Dolores: “El trabajo en el libro responde a procesos ligados a la escritura. Nunca dije ‘voy a trabajar un libro sobre los femicidios, o los cuerpos, o los feminismos’. Sin embargo todas esas miradas están en el libro. Cuando te ponés a escribir ponés toda la carne al asador. El tema de la violencia contra las mujeres lo vengo siguiendo desde el caso de María Soledad Morales, que era apenas una chica un poco más grande que yo. Irrumpe en mi vida para darme cuenta de que te pueden matar solo por ser mujer, y que te pueden violentar así: una chica de corta edad, muerta en una fiesta de los hijos del poder. Y toda la movilización que vino después. Cómo una sociedad tranquila, aparentemente no movilizada, irrumpe en el espacio político masivamente para pedir justicia. Eso me marcó a fuego. Y después seguí leyendo porque desafortunadamente los femicidios nunca pararon hasta la actualidad. Cuando leía hace diez años sobre Ciudad Juárez me parecía un infierno pero un infierno que quedaba muy lejos, allá arriba, en la frontera, el desierto, y de alguna forma hace un par de años ese infierno se nos vino encima. Hoy hay una necesidad de volver a las calles, de generar acciones políticas, de analizar lo que está pasando y apuntar al nodo para desarmar el entramado social de violencia hacia las mujeres

¿Dónde miramos para desarmar ese nodo?

Primero: todas las violencias previas al femicidio. En los discursos que circulan todo el tiempo y que son legitimadores de la violencia hacia las mujeres y que producen violencia hacia las mujeres; ver de qué forma los medios abordan los femicidios; cómo se descarta simbólicamente la vida entera de una chica con tres frases; de qué forma la justicia no hace nada: la impunidad está muy ligada a la repetición absoluta. Las sentencias judiciales son parte del discurso femicida. Muchas veces el accionar policial también es un engranaje: no hacen nada, obstaculizan, pierden pruebas, y el 30% de los femicidios se ejecutan con armas del Estado.

Durante enero 34 mujeres fueron asesinadas. O quizá más, que aún no conocemos. A la misma mesa que está sentada Dolores está la familia de Lucía Pérez y el papá de Carla Soggiu, intercambiando estrategias y abrazos para obtener justicia.

La pluma y la calle

A las 4 de la tarde Dolores está en el tren rumbo a Congreso junto a una de sus 7 hijos, Reina, de 20 años, que lleva una piedra brillante en su frente. Dolores tiene tatuado en la pierna izquierda una frase junto a un dibujo de un arma que dice: “Basta ya de chic@s muert@s”. En el brazo izquierdo tiene tatuado el arte de la tapa de su primera novela; va a leer de sus páginas frente al Congreso. Cerquita del tatuaje, en la muñeca, tiene anudado el pañuelo verde.

¿Qué ves cuando mirás desde la escuela?

En particular en el secundario veo que se problematiza, que se discute, que se arman jornadas de ESI, que hay muchos profesores que pueden armar cosas con los alumnos y que incluso los alumnos muchas veces llevan la delantera, proponen y organizan. Y ganan las calles. Veo muchas organizaciones de alumnos y de docentes que toman las calles a la hora de intervenir. Pero todavía falta un montón porque si pensamos en todo el país hay otros territorios donde intervenir es mucho más difícil.

A los 14 años empezó a militar por el aborto legal en la coordinadora de colegios secundarios en La Matanza. “Éramos absoluta minoría, grupos que creaban espacios y pequeñas publicaciones. Hoy estoy segura de que todos esos espacios son mayoritariamente pro aborto. Eso cambió muchísimo pero también esto de tomar las calles. Cuando nosotros íbamos a las manifestaciones muchísimas terminaban con represión salvaje. Hoy los procesos son mucho más dinámicos: los chicos se sienten propietarios de la calle, se sienten actores políticos a nivel masivo. En ese entonces no era así.

¿Qué pasó?

Volver a sentirse sujeto político. La salida a la calle, el encuentro como una fiesta política, encontrarse los cuerpos, abrazarse, intervenir, desde un montón de formas. Yo intervengo como escritora en este momento, ya no más como estudiante. Cada una nucleada e interviniendo el espacio público con cuerpos que no eran públicos porque en esa época tampoco estaba muy consciente el tema del cuerpo femenino ganando el espacio público o de las diversidades haciéndose ver. Era una época mucho más oscura: veníamos de la dictadura. 

¿Cómo está el nivel de organización de mujeres escritoras?

Es algo nuevo. Empezaron las artistas plásticas analizando un poco el espacio de intervención. De alguna forma eso nos ayudó a organizarnos como escritoras y a empezar a problematizar cuestiones de nuestras prácticas. Yo hice Letras Clásicas y he transitado añares por programas donde eran 30 a 2 la proporción con escritores. ¿Qué pasó con las mujeres que escribían? Tuvimos que ir a buscarlas. El aborto legal es algo que nos nuclea una y otra vez.

 ¿Cómo se preparan para que sea ley?

Hay que movilizar. Sabemos que el aborto va a ser ley: el tema es cuándo, y eso no es aleatorio porque en esas diferencias temporales mueren un montón de mujeres y pasa lo que pasa: el avance anti derecho en las provincias, el ensañamiento en las nenas violadas como territorio de combate, y hasta de venganza.

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El Mendoaguazo

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