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Agrotóxicos en Baradero: todo huele mal

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Aire tóxico, olores pestilentes, enfermedades emergentes, aguas contaminadas. La comunidad expuesta a más de 60 plaguicidas con valores comprobados hasta cinco mil veces por encima de los estándares. Los análisis que revelan agrotóxicos en los cuerpos, incluso de niñas de 6 años. El municipio y un clásico: la defensa del modelo fumigador cuestionando las evidencias. Y la movilización social frente a la censura local y el silencio nacional. Con aval científico, la comunidad intenta garantizar lo que parece una nueva utopía: la salud. Por Francisco Pandolfi.

La escuela primaria rural 8, rodeada de campos transgénicos, en la que dos niñas de seis años presentaron glifosato en el cuerpo. Fotos: Sebastián Smok

El partido bonaerense de Baradero es una licuadora de olores. Un mejunje de aromas unidos por el viento. Un cóctel pestilente. Respira humo por las quemas extendidas en el Delta del Paraná; feedlots de ganado acorralado; curtiembres, papeleras, alcoholeras y refinerías; un río contaminado; un basural a cielo abierto. Y respira agrotóxicos. A 150 kilómetros al noroeste de la ciudad de Buenos Aires, lindante con la provincia de Entre Ríos y a la vera del Paraná, Baradero respira de todo, y también respira lucha, gracias a una comunidad que pelea desde hace años por el daño que producen los pesticidas.

La actividad principal es la agrícola: de 151.400 hectáreas de superficie, aproximadamente 93 mil están cultivadas. Soja, maíz, trigo; soja, soja y soja. Soja en las islas. Soja en los humedales. Soja hasta en las banquinas en la ruta 41; soja, al frente de todos.

Oíd mortales, el grito sagrado ¡Libertad, libertad, libertad! Esta crónica empieza el  jueves 14 de julio, cuando en la ciudad de Baradero, cabecera del partido homónimo, se da inicio a la Feria Distrital de Ciencia y Tecnología. Oíd el ruido de rotas cadenas. Ved el trono a la noble igualdad. Una veintena de infancias atiende una serie de stands, desde donde informan, por ejemplo, sobre la importancia de la buena alimentación, el cuidado de la flora, el respeto hacia la fauna. Ya a su trono dignísimo abrieron las Provincias Unidas del Sud. Otra veintena de estudiantes sostienen banderas de Argentina y de la provincia de Buenos Aires, mientras suena el himno nacional. Y los libres del mundo responden al gran pueblo argentino, ¡salud! Al gran pueblo argentino, ¡salud! 

Quien abre la Feria es Esteban Tito Sanzio, intendente desde 2019 por el Frente de Todos y referente del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA). Les dice a las y los alumnos unas palabras protocolares: “Tengan el acompañamiento del municipio para desarrollar lo que se planteen. Es una satisfacción acompañarlos”. Sean eternos los laureles que supimos conseguir. Cuando termina el acto, acepta la propuesta de MU para realizarle una entrevista sobre los agrotóxicos en Baradero. “Vénganse a la tarde a la intendencia. Escríbanle a ella para coordinar”. “Ella” es su encargada de prensa. “Ella” no respondió el teléfono. Esa fue la última vez que vimos al jefe distrital. Coronados de gloria vivamos ¡O juremos con gloria morir!

Paola Kruger, directora de la escuela. El guardapolvo y el reclamo censurados: “Basta de venenos”.

La resistencia

Hace dos años que organizaciones ambientales vienen forzando la promulgación de una ordenanza que regule los agrotóxicos, inexistente hasta hoy. En una primera instancia propusieron un proyecto de ley para alejar las fumigaciones a 1.000 metros de escuelas y zonas urbanas, con una progresividad hasta los 2000. ¿Efectos? Silencio desde el Concejo Deliberante y una arremetida del sector agrícola: un proyecto de la Sociedad Rural para que el límite sea de 50 metros. “Como estaba trabada la situación entre cuatro agrupaciones comenzamos a principio de este año una campaña para juntar dinero y costear los análisis que demostraron la presencia de agrotóxicos”, cuenta Paola Kruger, directora de la Escuela Rural Nº 8 y estandarte de la resistencia. “¿Qué agua tomamos, qué aire respiramos?”, fue el lema con el que se presentaron la Red Local de Estudios Agroecológicos Baradero San Pedro (RELEA), Acción Ambiental Baradero, Baradero Verde y la Red de Docentes por la Vida. Llevaron adelante tres estudios.

Uno fue hecho por la Universidad Nacional de La Plata y el Conicet de esa ciudad. En las 6 muestras de agua se encontraron 60 plaguicidas por debajo de los umbrales de contaminación. En las 3 de suelo se detectaron 62 plaguicidas. En una de ellas, se detectaron 11 valores por encima de los estándares que toma la Unión Europea, con resultados alarmantes: 5.000 veces más de AMPA, principal metabolito del herbicida glifosato; 760 veces más del herbicida Metolacloro; 223 más del fungicida Ciproconazol.

Esta muestra fue tomada a metros de la casa del productor Fabián Diaz. “Carga el mosquito (máquina para fumigar) con los bidones de agrotóxicos ahí mismo y cuando vuelve del campo, los lava ahí”, comenta una vecina que pide reservar su identidad. “Su vecina le dijo que lo iba a denunciar y le respondió: ‘Si lo hacés te cago a tiros, vieja de mierda’”. La casa de este productor queda en zona urbana, a menos de 100 metros de un jardín y la escuela primaria Nº 5. Allí, Carolina, Margarita y César, de Acción Ambiental Baradero, mandan a sus hijas e hijos.

Denuncia Carolina, 36 años, 3 hijas: “Los resultados fueron un balde de agua fría. No estamos siendo protegidos. Y si el Estado no nos protege, nos obliga a enfrentarnos con productores que fumigan. No consideran la vida de las otras personas; las infancias del campo son los nadies”. Denuncia Margarita, 31 años, un hijo: “Hay que seguir mostrando nuestra disconformidad, porque si no crece la sensación de que no se puede hacer nada”. Denuncia César, 42 años, una hija y un hijo: “Me esperaba porcentajes altos pero no tanto. Siento mucha desesperación porque los agrotóxicos están en las napas, en el agua, en el aire, nos llega a todos. Los análisis demuestran cómo el poder tapa la verdad”. 

Un segundo examen de 8 muestras de agua y 2 de suelo se enviaron al INTA Balcarce. En las de agua se encontraron 18 moléculas de plaguicidas y 10 valores elevados. En las de suelo, 12 moléculas de plaguicidas y 7 por encima del límite. Entre ellas el insecticida Imidacloprid, 128 veces más del tope de cuantificación; y el glifosato, 6 veces más. 

“¿Qué siento? Ira, enojo, frustración, tristeza, impotencia”, enumera Carolina, que a la desesperanza la transforma en visión colectiva: “La campaña la bancó la ciudadanía organizada y demostramos que se puede. Pegamos carteles, lo comunicamos por redes; compartimos un link de Mercado Pago. Hicimos rifas y eventos donde además de concientizar, como en cines debate, vendíamos pochoclos, que les gustan a las infancias, se hacen rápido y son saludables”. Con ese dinero, mandaron ocho muestras de orina al laboratorio Fares Taie de Mar del Plata, cuyos resultados fueron las gotas que rebalsaron un vaso hace tiempo envenenado.

Vivir con glifosato

La Escuela Rural Nº8 de Baradero es una isla dentro de un continente de campo abierto. A los costados se planta trigo, maíz y soja. Su directora, Paola Kruger, lleva puesto un guardapolvo blanco, escrito con marcador, donde grita lo otro que también lleva puesto en su organismo: glifosato. “Paren de fumigar las escuelas rurales”, “Basta de venenos”, “Necesitamos una ordenanza ya”.

De las 8 muestras, en 3 se registró presencia de glifosato en el cuerpo humano. A Paola se le detectó 1,00 microgramos por litro de glifosato en orina. Las otras dos causaron mayor estupor por las edades: dos nenas de 6 años que asisten a esa escuela. Una con 1,20 y otra con 3,70 de glifosato en orina y 1,90 de AMPA. “Me cuesta aceptarlo, tenía fe que no iban a dar mal. No me importaba tanto mi estudio, sí el de los chicos; lloré, abracé, no sabía qué hacer. ¿Quién quiere tener veneno en el cuerpo?”, describe Paola, de la Red de Docentes por la Vida y Acción Ambiental Baradero que hace 15 años trabaja como docente en la ruralidad. 

A su lado, la abraza Verónica, 39 años, activista ambiental, mamá de una hija de 9 y de un hijo de 6. “Estamos en una instancia bisagra y debemos continuar demostrando que el sistema de producción del agronegocio es el mismo que asegura cáncer a 10 años; ya está desenmascarado”.

La mamá de una de las nenas con glifosato acepta hablar. Pide reserva del nombre. “Me asusté mucho con la noticia, no sabía que podía causar tantas enfermedades. La otra mamá se puso muy mal, no quiere hablar todavía”, y señala dónde se fumiga lindante con la escuela: “Ahí, allá, ahí enfrente, a 50, 100 metros, estamos rodeados. No pueden fumigar en horario de clase o con viento, pero lo hacen. Mi nena sabe que si ve a un mosquito debe entrar rápido”. No olvida: “Me ayudó mucho la contención que recibí de muchas mamás y de un médico que vino a explicarme y me tranquilizó”.

El médico se llama Facundo Fernández y es miembro del Instituto de Salud Socio Ambiental de la Universidad Nacional de Rosario. ¿Qué reflejan los resultados? “Que cuando se tomaron las muestras esas tres personas estuvieron expuestas a glifosato en la última semana. Lo que determina el laboratorio es una foto de la situación. Si la foto se toma en otro momento, seguro estarán expuestas otras personas. Después de un tiempo, el cuerpo lo elimina, que no quiere decir que no haga daño a la salud”. ¿Qué enfermedades origina? “Afecta al sistema endocrino, hipotiroidismo, diabetes; puede afectar el ciclo menstrual; diarreas, vómitos”. ¿Qué significa tener glifosato en el cuerpo? “El plaguicida sirve para matar malezas; son sustancias químicas liberadas al ambiente que no solo atacan a su objetivo, sino a todos los sistemas vivos como animales, seres humanos. A veces puede no generar enfermedad, dependerá de varios factores, como el tipo y el tiempo de exposición, la edad de la persona, si tiene otros problemas de salud. El riesgo al daño está, no sabemos ni cuándo ni cómo se puede generar”.

 

Orden(anza) y ¿progreso?

Un día antes del comienzo de la feria distrital, hubo dos manifestaciones en Baradero. Y las dos en contra de lo mismo: la ordenanza que busca promulgar el Ejecutivo. Por un lado, al no representar a las organizaciones ambientales. Por el otro, llevada a cabo por productores agropecuarios, quienes pusieron un rollo de fardo frente al municipio, sobre el que pegaron una nota despotricando por la regulación de agroquímicos. “No tiene ningún fundamento”, afirmaron.

El primer proyecto de ordenanza lo presentó hace dos años la Red Local de Estudios Agroecológicos Baradero San Pedro (RELEA) y fue mucho más que una iniciativa guardada en un cajón del Concejo Deliberante. Fue el eslabón que sirvió para avivar la discusión. Daniela Ligabúe, 37 años, integra la entidad precursora y nos recibe en su casa, junto a su pareja Eduardo Ballerina y su hija mayor Agustina. Historiza: “Presentamos un proyecto que pedía 1.000 metros de exclusión basado en análisis científicos y 1.100 de amortiguamiento, con una progresividad que sumara 300 metros cada año hasta llegar a 2.000. Le agregamos varios informes científicos, incluido el de la Sociedad Argentina de Pediatría que deja claro los riesgos. Fuimos por todo y no pasó nada. El intendente jamás nos recibió; no vemos una iniciativa por parte del municipio, todo parte de nosotros”.

Este año, tras la presión de la comunidad el Municipio formalizó una mesa de trabajo no vinculante entre las y los ambientalistas y la Sociedad Rural, para discutir un proyecto de ordenanza. La patronal requirió 25 metros de exclusión (zona donde no se puede aplicar agrotóxicos) y luego avisó que se extendería a 50 como máximo. “Decidimos bajar a 500 metros iniciales, pensando en una progresividad, pero eso tampoco fue escuchado”, explica Daniela. Eduardo sí la escucha. Y contextualiza: “Es terrible cómo se siembra. Vivimos dentro de un mar de soja. Desde hace muchas gestiones se avanza cada vez más”. Agustina tiene 21 años y en su conciencia se vislumbra un futuro más alentador: “Defienden lo indefendible. Hay que volver a la producción de antes, porque tanta industrialización es un círculo del mal. Una vez que está destruido, ya está”.

Viven en una casa con un fértil y vivaz jardín. Venden bolsones orgánicos. Cultivan tomate, acelga, lechuga, olivos, quinotos, damascos, cítricos. 

Despotrica Daniela: “En la última reunión de la mesa de trabajo, –que nos enteramos ahí que era la última–, el Municipio nos comunicó que tenía un proyecto escrito, con solo 200 metros de exclusión y 300 de amortiguamiento. No fue contemplado el nuestro en ninguno de los puntos más críticos, como la distancia y la progresividad en los metrajes donde se fumiga. Muy poco de lo que hicimos fue tenido en cuenta”. Añade: “Por si fuera poco, en el Concejo Deliberante la mayoría es de Juntos por el Cambio, que quiere reducir a 100 metros de exclusión. Es irrisorio lo que proponen”. 

Complementa Carolina: “Los 200 metros son una forreada. Reparten metros como si fueran caramelos, no tiene fundamento. No se debería necesitar una ordenanza para vivir, los chicos respiran eso. La ordenanza no nos protege, seguimos expuestos a las fumigaciones. Además, recibimos mucho maltrato y ninguneo estatal”. ¿Qué es lo positivo del proceso? “Que se haya institucionalizado la mesa de trabajo a partir de la creación de un ente. Es importante que quede para los gobiernos que vendrán, porque esto sería más difícil aún con los amarillos. Otro de los puntos favorables es que se prohíben las fumigaciones aéreas, aunque ya casi no había en el último tiempo”.

En relación al ente, Mauro González, de RELEA, advierte: “Está bueno, pero como se plantea no tiene carácter vinculante, como la mesa de trabajo que hicimos que puede no tomarla en consideración el Concejo Deliberante y lo que trabajamos es al pedo. Por eso pedimos que la progresividad en los metros figure en la ordenanza. Si el punto de partida son 200 metros, que cada tres años se aumenten 300 metros hasta llegar a los 1.100 que especifica la ciencia. Mientras tanto, le das tiempo a los productores a transicionar hacia otro tipo de práctica como la agroecología. Pero tampoco tuvimos respuesta sobre esto y no creemos que lo hagan”.

La niña junto a la escuela Nº 8. Abajo, la huerta. La Universidad Nacional de La Plata, el Conicet y el INTA detectaron agrotóxicos en suelos y agua. El laboratorio Fares Taie, en 3 personas (2 niñas). Un productor amenazó a una vecina: “Si denunciás, te cago a tiros”.

La voz del municipio

La persona enviada por el Municipio donde se debatía el proyecto de ordenanza y que informó que el Ejecutivo ya lo había definido es Antonio Lacerna, subsecretario de Producción y Desarrollo Sustentable, quien tiene bajo su órbita la Dirección de Ambiente. A continuación un extracto de la entrevista telefónica con la mano derecha del intendente.

¿Qué piensa del uso de agroquímicos?

¿En qué sentido?

En general.

¿Desde una faceta productiva, desde el ambiente, de cómo se desarrolló en el tiempo? Ponele un contexto haceme el favor.

Le pregunto si usted está a favor de los agroquímicos, que tienen implicancias en lo productivo, en lo ambiental, en la salud.

Es demasiado ambigua tu pregunta, voy a tratar de contestarte. El agroquímico en sí, con la tecnología que se viene usando en el mundo, en algunas cosas hay un retroceso y en otras se avanza. Tenemos que buscar una opción competitiva y sustentable. Si vos me pedís que defina el agroquímico abiertamente, no tengo una definición exacta como no la tiene casi nadie.

¿No considera que el agroquímico sea un veneno?

Pero… eh, a ver, no existe un sólo agroquímico, no es un solo componente, hay distintos tipos, caracteres, biotipos. ¿Vos me estás hablando de algo en específico? Es como que me digas “todos los animales son malos”. Hablame de algún agroquímico específico. No me podés hacer una pregunta ambigua como “¿qué opinás de los seres humanos?”

Vamos a lo específico, entonces. La comunidad de Baradero llevó adelante tres etapas de análisis, en agua, suelo y también en orina de seres humanos. En todos se encontró presencia de agrotóxicos y en varios, altos niveles de toxicidad. ¿Qué opina?

Los resultados son preocupantes. Hay que ocuparse. Desde el Municipio se hicieron varios análisis y en base a eso se está trabajando en la sanción de la ordenanza para ponerle fin a esa falta de legislación que tiene el municipio desde hace muchísimos años.

¿En qué sentidos le parece preocupante?

En lo que afecta a la salud de la población rural. Es una locura que tengamos gente con AMPA en sus análisis, no podemos permitir que siga pasando. 

¿Conoce las enfermedades que puede generar el glifosato?

La mayoría, sí. Sobre las nuevas investigaciones que la asocian al cáncer, también. Lo que pasó en Baradero es una fotografía del momento. Me parece de bastante mal gusto lo que estás haciendo. No lo veo serio, aparte. Me preocupa que seas tan tendencioso para hacer preguntas para una nota. Pero sí, estamos en conocimiento.

Le estoy preguntando si está en conocimiento por su rol de funcionario público.

Es tendencioso porque arrancás hablando abiertamente de agroquímicos, buscando una definición errada. Te pido que seas más específico, bajás al caso de Baradero; te contesto, lo querés hacer más específico… relacionarlo directamente con las enfermedades que causa cuando no está demostrado en las personas que dieron positivo en Baradero. No hay en Baradero una persona que se le pueda asociar una enfermedad por el uso de agroquímicos en la ciudad. Esperaba algo más serio, pero continuá por favor.

Vamos a algo serio: en los resultados de la Universidad de La Plata se encontró en muestras de suelo presencia de AMPA 5000 mil veces más de los parámetros permitidos ¿qué piensa al respecto?

No tenemos esos resultados oficialmente; los conozco y ese estudio en particular se dio en la puerta de un productor rural que hace más de 20 años lava un mosquito. Ya fue sancionado por el Municipio. Es el único lugar donde se dio ese índice. No sé si eso te lo explicaron.

En un estudio del INTA Balcarce se encontraron en muestras de suelo 6 veces más de los límites permitidos de glifosato y 128 veces más del insecticida Imidacloprid. ¿Cuál es su mirada?

Me lo entero por vos. Me gustaría ver el informe para ver de dónde y de qué manera fue tomada esa muestra. Salvo el de la puerta del productor, ninguna de las muestras está por fuera de los índices que propone la Comunidad Europea.

¿Está en conocimiento sobre estudios científicos que prueban la necesidad de alejar las fumigaciones terrestres, como mínimo 1.095 metros?

También hay un montón de estudios de organismos estatales como el INTA, que no es el de Balcarce, donde informan que si las prácticas agropecuarias son buenas, aconsejan cero metros. Es una discusión que no la voy a saldar yo, ni el Municipio.

En el proyecto de ordenanza que presentó el Ejecutivo la zona de exclusión es de 200 metros. ¿Qué cantidad considera usted que serían necesarios?

Mi opinión no va a hacer diferencia acá. Se trabajó en una mesa consensuada entre las partes y ahora está en el Poder Legislativo. De golpe se pretende que en dos meses se sancione una faltante de ordenanza en los últimos 25 años. El Ejecutivo mandó un proyecto donde son 500 metros de protección, 200 de exclusión y 300 de amortiguamiento.

¿Una escuela rural está protegida con 200 metros?

La escuela rural no se protege solo con exclusión. Reducir la protección de una escuela a 200, 1.000 o 0 metros de exclusión es una burrada. Es entrar en una discusión que es una chicana política, con algún interés por detrás. La escuela se protege con con intervención de la policía ecológica, del municipio, de la provincia; a mí me gustaría que vos hagas una nota donde expliques que la semana pasada se presentó la nueva receta de químicos para toda la provincia de Buenos Aires; que la presentación de recetas para la fumigación aumentó un 500%; que las aplicaciones aéreas están prohibidas. Y que reflejes, ya que vas por un solo camino con las preguntas, que es la primera vez que desde el poder político se toma la decisión de buscar una solución después de más de 40 años.

¿Por qué el proyecto no tiene en cuenta la progresividad en los metros como proponen las organizaciones ambientales?

La ordenanza, para que no se convierta en una letra muerta como cualquier ley, no es una cuestión de progresividad. Se envió el proyecto para la creación de un ente que se encargue de controlar lo que refiere a los agroquímicos, si la ordenanza funciona, si la idea de 500 metros es poco o es mucho. La progresividad está dada por el ente del que forman parte el Municipio, ambientalistas, productores. Es superadora a la progresividad propuesta por los ambientalistas.

¿En qué se basa el Ejecutivo para determinar 200 metros de exclusión?

El proyecto se envió después de varias reuniones. El Municipio se estaría excediendo en funciones al fijar una métrica. No lo podemos dejar en cero, tampoco lo podemos llevar a mil. Se buscó un equilibrio donde sean 500 metros de protección.

De protección real son 200, porque de 200 a 500 se puede fumigar. 

Esa es tu mirada, una interpretación tuya. Yo entiendo que no me creas en lo que te voy a decir ahora, pero en los 300 metros de amortiguación cambia radicalmente la aplicación de agroquímicos.

Hay pesticidas como el glifosato, que es banda verde, que se pueden tirar igual.

Sí, totalmente. Pero nos estamos yendo de cero metros, porque hoy tenemos cero, no hay ordenanza; hoy pueden estar fumigando en la puerta de una escuela rural y nos vamos a 500.

Gracias por el tiempo y la entrevista Antonio. 

Realmente esperaba más. Te juro que pensé que iba a ser una entrevista seria.

Hasta el cierre de esta edición, los varios análisis sobre agroquímicos que Lacerna afirma que hicieron desde el municipio, no fueron publicados ni compartidos tras la solicitud de MU.

Propios medios

En esta zona, hoy incendiada por las quemas y contaminada por los agrotóxicos, vivían y resguardaban su territorio los pueblos originarios Chanaes y Mbeguaes. Tierra de comadrejas, lagartos, zorros y muchas aves, como las calandrias y los zorzales; tierra caracterizada por el cultivo de cítricos. Tierra donde hace un cuarto de siglo el modelo de agronegocio transgénico irrumpió y cambió la historia. 

Allí hay un puñado de vecinas y vecinos tenaces en vivir un ambiente sano, obstinadas en no morir en el intento, tercos en revertir esa historia que no es dada, sino generada y por ende también transformable. La pelea es desigual si la comunicación no fluye. Por eso comunica Daniela: “Los medios locales no dicen nada de lo que pasa; hablamos con programas de radio, con revistas para que difundan y no: están todos arreglados”. Comunica Carolina: “Somos censurados por lo que denunciamos. Nos contestan que no lo publican porque no es polémico. ¿Debemos ponernos en pelotas para que lo difundan? No nos dan aire porque reciben publicidad de la Sociedad Rural y del Municipio”. El miércoles 31 de agosto la comunidad organizada dará una conferencia de prensa donde detallará minuciosamente los tres estudios realizados con el fin de circular la información y romper el aislamiento.

Allí hay parte de un pueblo empacado en no legitimar las “buenas prácticas agrícolas”. Comunica Paola: “No les importa nada, en medio de esta discusión siguen apareciendo bidones de agrotóxicos tirados en los caminos de acceso a la escuela; ¡tengo una calentura! La Rural se jacta de las buenas prácticas y que por eso no hace falta zona de exclusión. Si ni siquiera pueden controlar los bidones, qué nos queda cuando fumigan…”.

¿Cómo se sigue? “Siendo lo más humanos posibles, apuntando al corazón de la gente para que entienda lo que pasa”, dice César. “Hay que hacer más y más ruido, que llegue hasta donde tenga que llegar”, dice la mamá de una de las nenas con glifosato. Dice Verónica: “Lo más importante es sostenernos en red, para descansar y avanzar”. Vero tiene una vincha, un pañuelo, un morral. Tiene también un pin pequeño, con una frase gigante y verídica: “Aquí se respira lucha”. Y tiene sobre todo más abrazos para Paola y más palabras que abrazan: “Yo no me voy a ir del campo”, le susurra. “Yo tampoco”, le responde Paola, con una entereza para hacerle frente a lo que se venga. 

Y los libres del mundo responden: al gran pueblo argentino, ¡salud! 

Y los libres del mundo responden: al gran pueblo argentino, ¡salud!

Producción realizada en colaboración con la Fundación Heinrich Böll – Cono Sur.

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