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Mariano Altamirano: Alma de cartón

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Cartón Pintado, artista plástico del Barrio 31. Pinta sobre materiales que encuentra en la calle, fundamentalmente cartón, y se hizo conocido por su obra colorida y provocadora. Desde el Barrio 31, cómo logró hacer de la basura un tesoro. La raíz boliviana. El pasaje de El rey león a Quinquela Martín. La renuncia al salario. ¿Qué son los “gustitos”? Pinceladas sobre deseos, matambres y convicciones.

Texto: Julián Melone

Fotos: Sol Tumi

Mariano Altamirano: Alma de cartón
Además de pintar, Mariano canta: sus producciones plásticas se pueden ver en su Instagram carton.pintado, donde también está el link a sus videos musicales. Fotos: Sol Tunni

En una muestra de arte, un coleccionista se acercó a las obras de Mariano simulando la intención de comprar alguna. Después de algunas consultas, espetó:“Me encanta la obra, pero no me gusta tu soporte”. La respuesta fue inmediata: “Si no te gusta el soporte, entonces no te gusta la obra”.

Mariano Altamirano anda en la treintena y se llama Cartón Pintado, seudónimo que nace del hecho de que la mayor parte de su obra son pinturas sobre cartón que encuentra en la calle durante sus caminatas urbanas. “Esta es la única tela que intervengo” dice mostrando la ropa que viste, maquillada a pincelazos y aerosol. “La hizo mi mamá, que es diseñadora y modista”, cuenta. 

Mariano habla con delicadeza y chorrea amabilidad, pero cuando cuenta sobre su arte y su vida, su voz se endurece como una roca, con el peso titánico de la convicción real.

Y de su historia.

Eva y los crayones

La vida de Cartón Pintado es una gran tentación periodística para hablar de superación, de ejemplo y de otras chorradas hegemónicas; pero no por eso deja de ser importante. 

Vive en el Barrio 31, también conocido como “Carlos Mugica”, y es el menor entre cinco hermanas, todes hijes de una misma madre: Eva.

Eva huyó su país natal, Bolivia, y de una historia en la que ya a los 13 años, viviendo en la calle, próxima a ser madre, se vio prácticamente obligada a casarse con un policía, doce años mayor.  “Mi mamá hoy tiene casi 80 y vino a Argentina antes de que yo naciera”, cuenta Mariano. “Vino buscando una nueva historia y algo mejor para sus hijos. Desde chica tuvo que sobrevivir y subsistir a través de la rotura de su cuerpo. Pero ya no tiene sentido preguntarle cosas de esa época”, sigue para terminar: “Por ahí ni se acuerda, porque nuestro cerebro es tan extraño que cada uno puede recrearse anécdotas y armarse otro pasado”.

Una vez en nuestro país, Eva dedicó todo su tiempo al trabajo no registrado de limpiar casas y hoteles. Es por eso que Mariano recnoce sin rencor que fue criado amorosamente por sus hermanas, quienes (hoy día) están encantadas con su arte. Claro que no fue fácil llegar a eso: Mariano admite haber luchado mucho para que su familia entendiese que su compromiso con el arte era algo serio y no el capricho de un adolescente que rayaba las paredes de su habitación. 

Antes de su carrera actual, sintió que la tradición materna de la moda era su legado obligatorio, así que puso manos a la obra. Pero al tercer año de estudiar diseño de indumentaria en la Biblioteca de la Mujer, descubrió que lo que más disfrutaba era la parte de dibujo. Recuerda el contacto con lápices, acuarelas y óleos como el momento de mayor libertad y goce. Pero eso no fue el inicio.

Todavía recuerda su primer chispazo de acercamiento al arte. Era muy pequeño y estaba viendo El rey león. En una escena, Simba cantaba que no se aguantaba más las ganas de ser rey como su padre. Y cuando emerge feliz de entre las malezas, unos juncos quedan enredados en su cuello simulando la melena de un adulto y la corona de su futuro reinado. Una de sus hermanas puso el video en pausa para que Mariano, lápiz en mano, pudiera dibujarlo. Dedicó horas hasta reproducirlo, y cuando terminó experimentó un orgullo inédito hasta entonces por una creación suya.

Un poco más grande, allá por 4º o 5º grado de la escuela, recuerda otro flechazo: una excursión del colegio al Palais de Glace en Recoleta, donde había una exhibición con cuadros de Benito Quinquela Martín. En el lugar habían organizado para les chiques una actividad que consistía en dibujar y reproducir alguno de los cuadros. Así participaban de un concurso donde los ganadores eran premiados con marcadores y otros elementos para pintar. Para disgusto de futuros biógrafos, Mariano no ganó el concurso. Pero recuerda con cariño aquel primer contacto con esa obra, que continuó ya de  adulto: aprovechó la proximidad de la ex IUNA, donde estudiaba, para visitar asiduamente el Museo de Quinquela en La Boca.

Mariano Altamirano: Alma de cartón

Una de las obras de Mariano: “Me parece muy importante que se saque al cartón de un lugar marginal, con su carácter de perecedero.”

Universidad de la calle 

Cartón no solo se dedica a hacer obras pictóricas (como le disgusta calificarlas), pero son esas pinturas sobre cartón las que, por ahora, ganan en protagonismo. Imágenes que oscilan entre lo cotidiano y lo esotérico, siempre con algún personaje como protagonista central, dentro de un nudo de simbolismos retratados con trazos fuertes y notorios. 

A veces sobresalen tesoros callejeros, adheridos como parte de la obra y dando una tridimensionalidad real. La textura del cartón es parte de la escena, ya que Mariano tomó la decisión consciente de no tapar ni disimular la naturaleza de su soporte, sino que prefiere dialogar con él, aprovechar sus texturas como contrapartida de la tela y el lienzo. Dirá: “Mi encuentro con el cartón como soporte fue algo bastante orgánico porque primero estudié pintura en óleo en el IUNA (ahora Universidad Nacional de las Artes) pero fue un paso fugaz. Cuando me topé con toda la materialidad que se requiere para hacer una pieza artística, cómo funciona eso en el mercado (el precio del óleo, de la tela, todo con lo que hay que prepararla…) y todo lo que tenés que sacrificar para llegar a obtener eso, me desencanté. La verdad es que si uno quiere representar algo se puede hacer sin necesidad de todo eso: tenés arte en la calle, en los grafitis. Y no deja de ser arte”.

Un día, regresando a su casa, encontró cajas de cartón que alguna vez habían contenido televisores de doce mil pulgadas, apoyadas entre un tacho de basura negro y un árbol, ya deprovistas de su función de transportar aparatos. “Fue una imagen que recuerdo bien porque me decidió a agarrar ese cartón”, relata. “Que esté apoyada entre el tacho de residuos no reciclables y un árbol –de chiquitito estudié que el cartón sale del árbol– lo vi como una síntesis de lo que era la vida y la muerte… Además, el cartón es un material que me permitía transportarlo sin romperme la espalda”.

Mariano sabe que no es el primero ni será el último que tomará cosas de la calle para hacer arte: para él es algo habitual porque es lo que está más a mano. No solamente desde lo tangible: un diálogo entre desconocidos, un sonido del tren… el material está ahí. Sin embargo, Mariano solo utiliza aquellos que encuentra espontáneamente. “Me parece muy importante que se saque al cartón de un lugar marginal, con su carácter de perecedero. El cartón se degrada y eso está bueno. Lo eterno no tiene mucha información: me parece que el paso del tiempo y la degradación justamente le dan una historia, algo especial”.

No sale especialmente a cazar cartones ni acepta donaciones, en parte porque, indirectamente, respeta el significado socioeconómico del material. Dice: “Al principio sentía que estaba robando algo de la calle, porque era algo que otra persona podía vender y hacerlo plata para comer. Y yo tenía trabajo en aquel entonces… era mucha data que a veces no sabés cómo digerir”.

Mariano Altamirano: Alma de cartón

“El laburo del arte es muy inestable, pero es una convicción muy fuerte: gastar el tiempo en algo que realmente me sea significativo”.

El gustito de la renuncia

Para ese entonces, Cartón trabajaba hacía trece años en una oficina estatal con vicios característicos: competencia hostil entre pares, malos sueldos con perspectiva de pésimas jubilaciones, inestabilidad de permanencia y otros clichés. El regreso a la presencialidad post-pandémica le generó ataques de pánico, y sintió que la única solución era alejarse de ahí lo antes posible. “Es muy complejo, porque el laburo en sí, para mí, es algo muy discutible”, piensa Mariano. “El tiempo es muy valioso y la gente lo gasta en cualquier cosa solamente porque necesita comer o alimentar a su familia… Estuve con toda esa gente realmente triste y encerrada en una vida que no quiere. Me imaginé en su lugar y dije: ‘¿hasta cuando?’”.

La familia le insistió que esperara. Decían que quizás aquel pánico fuese algo pasajero que no ameritaba tirar por la borda su salario. Pero la decisión interna ya estaba tomada, y después de algunos diálogos incómodos presentó su renuncia. “Necesité mucho valor para renunciar y dedicarme de lleno al arte. Es mucha presión que uno tiene por la expectativa que tienen las personas que te importan sobre vos. Pero sentía que no podía perder más tiempo ahí. El sueldo me permitió estudiar y acceder a información piola, pero a ese laburo ya le di todo lo que necesitaba –entré a los 18 años– y ya me dio todo lo que tenía”.

Uno de los tantos argumentos para convencerlo de que no renuncie era que sin ese sueldo no podría darse “gustitos”. Al pronunciar esa palabra se le dibuja una sonrisa de descreimiento. “Eso que califican como gustitos, en realidad son cosas que te corresponden y que la gente se encarga de decirte que no te corresponden. No solo eso: que tenés que ganártelo y que la única manera de hacerlo es entregando toda tu vida o no te van a dar nada. Entonces, ¿cómo satisfacer nuestro deseo? Sentirse saciado de algo: esa es la forma de hacernos realmente felices, no todo lo demás”.

Matambre a la Piba

Hoy Mariano intenta poder vivir del arte, pero asegura que ese rol profesional no podría haberse dado sin la ayuda de sus amigues y de un matambre a la pizza. 

Para explicarlo, recuerda aquella noche en la que fue a ver un show de La Piba Berreta (MU 186: Religión punk) con su amigo Horacio. Pero, debido a un apuro inesperado, no habían podido cenar a tiempo y se llevaron adentro de un tupper el matambre a la pizza que habían hecho, con la esperanza de comerlo antes de entrar. Como llegaron al recital sin ingerirlo, ofrecieron el matambre como forma de pago para poder entrar al show. Después de lidiar con la estupefacción del muchacho de la entrada, finalmente La Piba se acercó a la puerta y aceptó alegremente la moneda de cambio que, al parecer, estaba espectacularmente rica. Ese fue el primer paso de una amistad que incluyó Facebook y juntadas.

Después de un show de madrugada, La Piba se pierde el bondi que necesitaba y Mariano le ofrece quedarse a dormir en su casa; ella aceptó. Fue allí que La Piba Berreta conoció la obra de Cartón Pintado y no solo quedó fascinada, sino que lo contactó con Nina, quien también lo contactó con Lucía… y en una bola de nieve de contactos, nuevas amistades y mucho cariño, Mariano se encontró de pronto en una muestra dedicada exclusivamente a él: “Cayeron mis hermanas y muchas de mis sobrinas”, recuerda. “Fue un abrazo hermoso. Aparte me había auspiciado una marca de cerveza riquísima, y las veía contentas con una botella de birra en la mano. Venía gente a pedirle fotos a mi mamá, personajes que la conocieron a través de lo que yo había pintado en esos cartones. Fue todo muy fuerte”.

Su contacto con La Piba Berreta sigue siendo estrecho, a tal punto que la escenografía de sus shows está intervenida por Cartón. En un rato nomás, Cartón está saliendo para dirigir un videoclip de la rapera Vaioflow, que también va a incluir elementos escénicos creados por él. Hay un disco que se está produciendo y grabando. Vendió algunas pinturas, pero ya se le están acabando los ahorros. Espera en la próxima muestra vender algo, sumar algún ahorro y comprar cosas que necesita. “El laburo del arte es muy inestable, pero es una convicción muy fuerte: ya no me veo haciendo otra cosa fuera del ámbito de las artes. Estoy tratando de lograr algo muy difícil: gastar el tiempo en algo que realmente me sea significativo”.

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Aumentazos, corporaciones y orcos: las manos visibles del mercado

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Diversas empresas enviaron este martes listas de precios de artículos de primera necesidad a los supermercados, con aumentos de entre el 35 y 50%. El tema confirma lo anticipado por la revista MU en la nota “Las infladoras”, que reproducimos aquí. 

Aumentazos, corporaciones y orcos: las manos visibles del mercado

Unilever, P&G, Arcor, Molinos, entre otras, que concentran gran parte del mercado (y no son “manos invisibles”) confirmaron este martes una tendencia histórica: la de priorizar sus ganancias a costa del público consumidor con listas de incrementos de los precios de hasta un 50%. El gobierno saliente logró detener ese aumento por ahora, escalonando los aumentos hacia adelante. Si no organizan otras corridas, o golpes de desabastecimiento, a principios de diciembre estas corporaciones habrán conseguido un aumento del 20% como mínimo en un par de semanas, esperando la asunción de un candidato que promete “liberarlo” todo, entendiendo “liberación” como la posibilidad de que empresas concentradas manejen a su antojo a la sociedad. En el primer día hábil pos triunfo electoral de Javier Milei, además, se conocieron las provocaciones del ex presidente Mauricio Macri quien en diálogo con el ex periodista Joaquín Morales Solá hizo un doble juego: 

  • Llamó “orcos” a quienes se opongan a las medidas que tome Milei, recordando las masivas manifestaciones y enfrentamientos contra la reforma previsional durante su gobierno. Los orcos son los oscuros y siniestros personajes de El Señor de los Anillos. “Los orcos van a tener que medir muy bien cuando quieran salir a la calle a hacer desmanes”.
  • A eso agregó la incitación a “los jóvenes” partidarios del nuevo gobierno, a salir a la calle a enfrentarlos. Frente a las teorías sobre la represión, Macri promueve algo peor, al incitar al enfrentamiento entre sectores sociales

En un país que tras las elecciones mostró serenidad, la de Macri fue una incitación y a la vez apología de la violencia, con el agregado de que plantea una nueva y violenta grieta social en la que los otros (los orcos y los jóvenes) son el objeto de manipulación, en la que él nunca se verá comprometido. Es también un indicio de la intención macrista de manipular al gobierno de Milei. No se sabe aún en qué medida el nuevo presidente responderá, o no, ante este tipo de situaciones.

Y resulta también, por parte de Macri, un indicio de resentimiento hacia la sociedad ante sus propios fracasos (el de su gobierno, el no haberse presentado este año para zafar de una derrota, resentimiento que además volcó contra una de las figuras que lo cuestionó históricamente: Diego Maradona). Fue expresión de su afán de figuración y control, y de daño. Es apenas algo de lo que pasó en el primer día hábil tras las elecciones. Mientras tanto “Las infladoras” explica mucho de lo que está pasando en lo económico, y refleja el rol que puede tener la organización de la sociedad, y su posible influencia ante los atropellos de las manos no tan invisibles del mercado.

Las infladoras

Inflación y empresas monopólicas. La economía en llamas, más acá del dólar: cómo impacta el tironeo en la inflación, particularmente de alimentos, un mercado gobernado por monopolios nacionales y extranjeros. El rol del Estado, y la conflictividad social como una parte clave de esa disputa. ¿Quién gana? ¿La derecha? Datos y miradas para dar vuelta la pirámide y hablar sobre las que ganan cuando perdemos.

Texto: Franco Ciancaglini

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La conexión vital. HIJAS: encuentro entre Teresa Laborde y Malena D’Alessio

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Primera presentación de un ciclo histórico: HIJAS es un encuentro público coproducido por la Cooperativa lavaca y revista MU junto a Teresa Laborde, hija de Adriana Calvo, una de las sobrevivientes cuyo testimonio fue clave en el Juicio a las Juntas Militares. La primera invitada fue Malena D’Alessio (foto), rapera e hija de un desaparecido. Ambas reflexionan sobre la política, el poder y el arte, en tiempos de negacionismo, trolls, machismo y fascismo. Cómo conectar con la vida, ahora y siempre.

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Ojos que ven: Ulises de la Orden y un nuevo documental

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A partir de 530 horas de grabación del Juicio a las Juntas Militares, El juicio refleja la realidad de lo que Argentina, 1985 mostró como ficción. Los delitos sexuales, los robos, los cruces durante las audiencias. ¿De qué nos habla hoy mientras da sus primeros pasos hacia el Oscar? La mirada de Ulises combina en distintos films temas como derechos humanos, ambiente, justicia, autoritarismo, modelos económicos. En tiempos oscuros, las luces que revela el cine.

Texto: Sergio Ciancaglini

Fotos: Lina Etchesuri

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LA NUEVA MU. La vanguardia

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