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La voz de la tierra

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Reconocida como una de las intérpretes más originales del momento, esta salteña que seduce a la audiencia con sus coplas feministas aprendió a ganarse su lugar en la escena.

Llega para las fotos con dos valijas, tres cajas bagualeras, una trenza negra y larguísima y su metro y medio. Vuela de fiebre, pero parece no importarle. Deja todo el equipaje en el piso, abre los bolsos, saca el poncho, prepara un trajecito bordado, muestra dos vestidos, genera un despliegue de ropa que cuelga en sillas, sillones y mesita. El gato la mira engolosinado. “Tuve un novio que se llamaba Ernesto” le dice al gato que se convierte así en otro incondicional admirador.
No parás nunca, ¿no?
No, mi cabeza es como el microcentro porteño.
Ahora mismo llegó desde La Plata –donde estuvo brindando un taller y cantando– a Buenos Aires para hacer una breve escala dedicada a fotografiarse para mu, y, luego, tomarse el avión rumbo a Salta. Allí estará unos días, partirá para el sur, regresará a su casa. Y volverá al ruedo: cruzará a Bolivia y de ahí a Perú. Para Mariana, Salta es su punto de partida: su casa, sus dos hijos y sus ocho perros. Y esa respuesta pícara que abre a un misterio:
¿Estás casada? ¿Tenés novio?
Soy ilegal.
Dice que no se considera una feminista, sino que canta desde lo femenino. Mariana hace travesuras mientras puede. Y generalmente elige los escenarios para desplegarlas. Sabe pararse arriba de las tablas con su alma y su cajita. Y ocupar toda la escena cuando canta:
 
Si la mar fuera de tinta,
y el cielo de papel doble,
no se podría escribir
lo falso que son los hombres.
 
Y sabe, sobre todo, soportar silbatinas por más de diez minutos frente a sus ocurrencias. “Me pasó en Catamarca. Pero nunca supe si fue repudio o qué”. Tampoco le interesa descubrirlo. Para Mariana las coplas son algo tan cotidiano como el machismo. Sólo que a las coplas las disfruta. Las considera aquello que la alimentó desde que puso los pies sobre la tierra. Cuenta que cuando vivía en Angastaco iba con su abuelita a pastorear las cabras al cerro y trataba de inmutar a los cóndores que sobrevolaban el lugar con su voz e imitando sus movimientos. Dice también que nunca logró ejercer el efecto deseado. Es decir: nunca, ningún cóndor bajó hacia ella. Pero Mariana asegura que en el escenario siente que despliega sus enormes alas y que toma el vuelo, como esas aves de rapiña que la fascinaban. Así, esta diminuta mujer se convierte en un gigante. “El escenario es el mejor lugar del mundo. Puedo vivir debajo de un árbol o de un puente, pero no puedo vivir sin un escenario”.
¿Y el machismo?
Al machismo lo sufrí mucho en mi niñez y al comienzo de mi carrera. Ahora ya no lo sufro. Lo peleo.
La lucha que Mariana libra contra la discriminación sexual no es sólo de palabra. El escenario, para ella, es un campo de batalla y pararse allí un acto de rebeldía. “El hecho de ser mujer, de estar sola con mi cajita, de no llevar una banda atrás y de no ocupar demasiado lugar, les permite a ciertas personas usarme de tapabaches entre un grupo que tiene que subir diez mil cosas al escenario y otro que tiene que bajar no sé cuántas. Muchas veces no te dan el lugar necesario para descubrir todo lo que representa una coplera. Y eso hay que ganárselo”.
Lección de copla
¿Qué representa una coplera?
En realidad la copla me representa a mí. Yo soy copla, vivo en ese estado y no sé ser de otra manera. Si vos vivís en medio de la sierra con recitar una copla, ya te considerás coplero. La gente de la montaña es muy introvertida y su única forma de decir las cosas es convertirlas en coplas. Es maravilloso ver a una persona solita con su alma diciendo su vida en coplas y echándolas al viento. Por ejemplo el carnaval para nosotros es la fiesta más grande alrededor de la copla. En cambio, “la señalada” o “la marcada” son festejos más íntimos. Es como sentarse a chusmear, por ejemplo.
 
Mariana me señala una diferencia. La copla es poesía condensada. Son estrofas de cuatro versos que riman (por ejemplo: el segundo con el cuarto). Otra característica: el mensaje debe ser contundente. Estos versos, al ser cantados, toman diferentes nombres según el lugar de donde provengan. En Salta se lo llama baguala. “Viene de bagual, que significa arisca. Responde exclusivamente a lo sensorial. Entonces el canto de la copla es absolutamente libre, no tiene estructura musical. Comienza y termina cuando lo dicta el sentimiento”. Cuenta que en otras regiones lleva otras denominaciones: la bajeña, la ribeña, las tonadas. Y que en algunos sitios de Salta y Catamarca se los nombra simplemente copla.
Su primer disco, Baguala y algo más, dice que estuvo marcado por “la piel que sentí con cada tema elegido”. Su segundo trabajo Libre y dueña “tuvo más vuelo, mucha ilusión, otra madurez”. Pero cree que con Coplas de sangre, su tercer CD, logró la libertad que tanto buscaba. Lo considera la columna donde apoyarse y un gran logro personal. Estuvo seleccionado para los premios Gardel en tres ternas: mejor álbum, artista femenina de folklore y mejor diseño de portada. Para Mariana el reconocimiento pasó porque el disco haya logrado hacerse escuchar, ganarse un lugar, tal como ella tiene que hacerlo cada vez que se sube al escenario. Ahora va por más. Está trabajando en un libro de coplas de diferentes escritores que será ilustrado por artistas plásticos adolescentes y publicado por una ediorial salteña. Y está organizando lo que ella menciona como su regalo de cumpleaños: un encuentro de cien cantores y cantoras de coplas que se realizará el 26 de noviembre (aniversario de su nacimiento) en la plaza Nueve de Julio de Salta capital. “Libre para todo el mundo”, remarca.

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