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Arte para todxs

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Arnaldo Antunes. El artista brasileño que rompe límites entre géneros y mercados pasó por Buenos Aires de la mano de un León.

Un poeta, un escritor, un músico y un performer se juntan en un cuerpo y planean hacer una persona. Cada uno promete dar lo mejor de sí e ir hasta el fondo en cada lenguaje. Coinciden: habrá que recrearse cada vez que la época lo necesite, que la época cambie. Y volver a nacer, y caerse y levantarse, y subirse a un escenario de miles de personas y bajarse sin perder la calidez humana.

Sentado, solo, en un sillón de dos plazas del Club Atlético Fernández Fierro, Arnaldo Antunes da la mano y sonríe a sus compañeros, jóvenes músicos ocasionales, y a un periodista que teme ser inoportuno. Es que un artista solo es potencia, dice alguien. Pero Antunes goza de la sencillez de la compañía y habilita un intercambio en portuñol, con la traducción exclusiva de un tal León Ferrari.

Un sólo corazón

Claro, es cierto: no está solo. De algún modo León Ferrari, el genial artista argentino fallecido hace apenas un año, lo acompaña en ese sillón dos plazas. Las nietas de León y la Fundación que lleva su nombre lo cobijan hoy en el CAFF, donde improvisará a beneficio junto a otras propuestas, entre ellas las propias esculturas sonoras creadas por Ferrari. “Soy un gran admirador de León”, explica sobre su presencia aquí, visita que lo llevó además, y solo además, a la Feria del Libro a presentar su libro de poemas recientemente traducido al español, Palabra Desorden, y a tocar unos temas de su último disco: Disco. “Yo vivo en esta paradoja -dirá sobre el viaje que lo llevó de un lugar al otro.- Porque la poesía es un arte muy minoritario, así como las artes visuales, pero la música es una industria de entretenimiento, de cultura de masas, muy poderosa para alcanzar a mucha gente”.

Su obra recorre intensamente los dos caminos: música, poesía y música y poesía. También la popularidad y cierta “marginalidad”, que él prefiere llamar de otra manera. “Eso es una mirada de afuera que se proyecta sobre los artistas: ese es marginal porque es extraño, ese es original, aquel es provocativo. Pero todos quieren ser vistos, ser oídos, ser leídos por el mayor número de personas posible. El deseo del artista es escuchar su música en la radio, es hablar para multitudes, ser comprendido. Hacemos expresión para compartir. Es una especie de prejuicio llamar a alguien marginal. Aunque yo crea que es elogioso”.

Antunes es paulista y fue cantante y compositor de una de las más importantes bandas de rock brasileño en los 80: Titas. Luego –o acaso, siempre- se dedicó a una carrera solista también ligada  a la música y más intensamente a la poesía y la experimentación audiovisual. Nunca se detuvo en una especialidad: creó discos-libros-video, ¡todo junto!. Y alcanzó su segunda fama en 2002, asociándose con Marisa Monte y Carlinhos Brown para el mítico CD Tribalistas, que recibiría ese año el Grammy latino.

La obra de Antunes, lejos de esta reseña, lleva una búsqueda estética y política que lo emparenta con León, a quien conoció durante el exilio de Ferrari en Brasil. Una afinidad que él elige llamar “contundencia”: “Sin duda, creo que hay una contundencia cuando hablamos respecto de las instituciones. Y hay pasiones comunes también, por la escritura manual, por la caligrafía. León tenía talento y capacidad de trabajo, junto con esa actitud contudente, con esa provocación. Con eso me identifico”.

Sus preguntas apuntan hoy hacia lo masivo, lo popular, lo marginal y las distintas formas que tienen el Estado y el mercado de codificar las creaciones artísticas, y su recepción. Ha escrito ensayos que editorializan lo que él hace en la práctica: “Mi deseo es quebrar un poco las fronteras entre esos lenguajes, llevar un poco de poesía al pueblo y un poco de esa comunicación directa que las canciones tienen con las personas, a la poesía. Contar lo más popular con lo más experimental. Poder hacer esos puentes entre esos universos que, en principio, están muy separados”.

Antunes es un gran trazapuentes que nunca se queda quieto, ni siquiera entre la música y la poesía: el arte performático es otra de sus variantes que lo emparentan con León. “Es una cuestion de actitud –dice- no necesariamente de contestación. Es una actitud que incluye el cuerpo en la obra”.

Su arte no es reactivo, sino creativo. Imagina, no representa. Entonces las palabras salen de su boca con un sonido gutural, grave, rítmico, que caen como gotas de la lluvia que parecen provocar los metales colgantes de León, con los que juegan las manos de Antunes. Esa es la escena en el CAFF: un hombre grande jugando, es decir, experimentando. “No hay una forma: hay que experimentar. Y cuando se hace una produccion genuina, yo creo que llega. En general, el público, las personas, son mucho más abiertas a la novedad de lo que quieren hacer creer los vehículos de comunicación. Mi experiencia directa es que es posible, pero hay que insistir”, dirá.

Estos términos le preocupan, no por la masividad -que lo tiene sin cuidado-, sino para dejar en claro los límites con lo que no es genuino, y refugiarse en el lenguaje y en el cuerpo para huir de cualquier clasificación: “Lo importante es no hacer concesiones de lenguaje para hacer un susceso. Eso es estúpido. Primero porque no es una fórmula eficaz de ser suceso. Las personas no se engañan, saben qué es genuino y qué no lo es. Y segundo, porque es una actitud mucho más comercial que artística. No va ese sentido para mí. Creo que si hay un trabajo verdadero, es porque se espera que todos sientan contigo lo mismo que te llevó a hacerlo”.

Dirá, entonces, que lo masivo se está redefiniendo: “Lo masivo ha cambiado mucho con Internet. Antiguamente, los músicos necesitábamos mucho de las radios, principalmente, y de la tele también. Pero ahora la tele se abrió mucho, hoy en día tenemos muchos canales independientes que dan espacio a quienes están surgiendo en la música, la literatura y todo eso. Pero las radios quedaron cada vez más cerradas a la novedad. Eso cambió Internet, que es un medio de divulgación free, gratis y muy importante para descubrir lo que realmente interesa”.

La poesía, a la calle

Crear, insistir. Creer, experimentar. Las claves que dibuja Antunes se sienten en el cuerpo: una señora mayor me dice al oído: “Me resulta insoportable”. Minutos después, se duerme. Lo tomo como un síntoma de época, al ver jóvenes moviéndose al ritmo de rap y filmando con sus celulares. En edad, Antunes está más cerca de esta señora, pero hay algo del orden de lo sensible que hace bailar a los jóvenes al ritmo de la vanguardia de las experimentaciones de la época.

Le pregunto qué está pasando en Brasil de interesante, además del Mundial: “Es difícil trazar un panorama. En la poesía hay una diversidad de caminos muy grandes. Hay gente experimentando con la poesía visual, hay poetas ligados a formas fijas del metro y todo eso, pero revitalizando con alguna formación original; hay poetas que trabajan con una tradicion más lírica, otros que están ligados a un lenguaje de expresión”. Según esta división, aunque rechace las divisiones, Antunes trabaja una poesía ligada a los juegos de lenguaje, los límites de la palabra y la creación expresiva. El tono para leer su poesía en voz alta lo encuentra en la experimentación digital, con bases de sampler y ecos que te envuelven en un clima hipnotizante. “Hoy en día, el libro dejó de ser el único soporte: hay carteles, estampillas, sites, instalaciones y objetos”, dice sobre formatos en los que él encuentra arte.

En esta línea exhibirá en septiembre una serie de fotos con palabras pintadas en calles de distintas ciudades del mundo. “Vengo sacando esas fotos de hace más de 20 años y haciendo objetos con portaretratos digitales, que van cambiando muchos decires de las calles girados de su contexto habitual, y haciendo analogías entre ellos de esa forma. Es el universo poético de las calles”.

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