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Embarrar la cancha

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Desaparición y muerte de Franco Casco. Viajó a Rosario a visitar a su tía y como no regresó, su madre fue a buscarlo. Encontró excusas, pistas falsas y, finalmente, el cuerpo de su hijo a orillas del Paraná.

Embarrar la cancha

Franco Casco era albañil, tenía 20 años, un hijo de 3 y una pareja de 18. Vivía en Florencio Varela, al sur del conurbano bonaerense, y viajó a Empalme Graneros, barrio obrero del noroeste de Rosario, para visitar a una tía. Estuvo el fin de semana. El lunes 6 de octubre debía volver a Buenos Aires. Fue con su tía hasta la estación a sacar pasaje. El tren salía a la noche. Franco le dijo que no lo acompañara para no molestarla y se despidió. Fue la última vez que lo vieron.

Tres semanas después su cuerpo apareció flotando en el Paraná.

Vergüenza

Elsa Godoy, madre de Franco, responde a la pregunta de MU con la mirada agotada.

¿Usted le cree a la policía?

No le creo nada. Desde el primer momento que llegué, no le creí nada de lo que me decían.

Elsa llegó unos días antes a Rosario, tras reunir 70 pesos para viajar en tren. Buscó información sobre su hijo en el barrio y quiso denunciar su desaparición en la comisaría. Desesperada ante la actitud policial, no dudó a dónde ir: se acercó a la movilización que realizaban familiares, vecinos y organizaciones sociales al cumplirse un año del asesinato de Gabriel Aguirre: 13 años, acribillado el 20 de octubre de 2013 por barras de Rosario Central tras el clásico contra Newell´s. El pedido de Elsa a los grupos que se movilizaban: quería ayuda para saber dónde estaba su hijo.

Así se organizó la marcha para reclamar por la aparición de Franco ante la seccional 7ª. Elsa iba con una de las tantas fotos de su hijo reproducidas en carteles, pancartas, junto a una inscripción: “Justicia”.   

Sincronía macabra

La última vez que habló con Franco fue el 6 de octubre. Le dijo que ese día volvía para Buenos Aires, que lo esperaran en Retiro. “Mi hija fue a esperarlo, pero él nunca llegó”, cuenta Elsa.

Detalle estremecedor: “En la fiscalía me mostraron una foto que le tomaron en la  comisaría; Franco estaba todo golpeado. Eso es lo único que vi de él”. Los policías dijeron que lo habían detenido por desacato (resistencia a la autoridad), que Franco había apedreado los patrulleros y que lo detuvieron entre varios porque, le dijeron a Elsa, “estaba dado vuelta”. Elsa lo desmiente: “Es un chico normal, tranquilo. Lo que ellos me dijeron no lo creí. Yo conozco a mi hijo”.

Contó que nadie del gobierno provincial ni del Ministerio de Seguridad se comunicó con ella. No podía saber por qué pasó todo. “No sé. Quiero pensar que él está bien. Y que me lo van a entregar. Eso quiero, que mi hijo aparezca”, señalaba. La movilización involucró unas 500 personas, de muchas organizaciones y partidos. “Ahora resulta indispensable, aparición con vida, el gobierno es responsable”, fue la principal consigna.

La peor noticia llegaría un rato después: mientras finalizaba la marcha, el cuerpo de Franco apareció a orillas del río Paraná.

Dudas y sospechas

El defensor general de Santa Fe, Gabriel Ganón (abogado del propio Franco, ya que había sido imputado por “resistencia a la autoridad”) y la Procuraduría de Violencia Institucional (PROCUVIN) enmarcaron la denuncia como una desaparición forzada de persona. El 8 de noviembre trascendió que el juez federal Marcelo Bailaque rechazó el pedido.  “Vamos a presentar un escrito para que revise esta decisión: la causa tiene que pasar al fuero federal porque la provincia no se puede investigar a sí misma”, explica Sergio Varón Fernández, integrante del Bodegón Cultural Casa de Pocho, una de las organizaciones que tuvo el gesto de escuchar, contener y acompañar a la familia de Franco incluso cuando tuvieron que ir a reconocer el cuerpo.

En tanto la familia espera los resultados del análisis de ADN del cuerpo encontrado y las pericias de una segunda autopsia, se conformó una multisectorial: organizaciones territoriales, movimientos sociales y partidos políticos kirchneristas y de izquierda confluyeron para exigir justicia, cuenta Varón. Las sospechas caen sobre la policía. Las irregularidades se acumulan. Las versiones, también:

El 7 de octubre Franco fue detenido en la esquina de un banco cercano a la comisaría 7°. Las filmaciones de las cámaras de seguridad ya fueron borradas: esa prueba se solicitó semanas después de la desaparición.

Un día antes de la aparición del cuerpo, el secretario de Control de Fuerzas de Seguridad, Ignacio Del Vecchio, afirmó que tres testigos habían visto a Franco el domingo 26 de octubre en una iglesia evangélica, a dos cuadras de la seccional 7° pidiendo ropa y comida. Al día siguiente, dos hechos desmentirían a Del Vecchio: Franco apareció flotando en el río y el Instituto Médico Legal concluyó que llevaba varias semanas en el agua.

La versión policial indicó que Franco estuvo detenido entre las 13 y las 22 horas del 7 de octubre. Figuraba en el libro de entradas de la comisaría con el apellido materno, y la salida fue autorizada por el fiscal de turno, por falta de antecedentes. En los legajos consta una supuesta firma de Franco al salir. Elsa sospecha que no es la firma de su hijo: el subcomisario Diego Álvarez no quiso mostrarle el libro de actas. Varón Fernández asegura que los policías se contradicen: algunos declararon que a Franco lo detuvieron el 6 de octubre por la tarde. Otros mencionaron que fue por la noche. Y otros dicen que fue el 7, a la tarde.

Otra versión: “Dicen que a la comisaría llamó un vecino o una vecina diciendo que había alguien haciendo disturbios, y que lo agarraron en la estación de trenes. Después, cuando la familia va a ver si saben algo, lo que informan es que ya lo habían dejado en libertad. La madre vuelve a preguntar y le dan otra dirección de otro lugar donde también lo habrían agarrado haciendo disturbios. Todo confuso, y dando referencias de lugares que no existen”, resume Varón.

Los oficiales declararon que Franco estaba “como perdido” cuando lo detuvieron. La médica que firmó el informe estableció que el joven estaba golpeado y “perdido en tiempo y espacio”. Varón: “La policía plantea que lo deja en libertad, cosa que no puede hacer, porque si Franco estaba así, debían llevarlo a un hospital. Y dicen que lo intentaron dejar en la casa, pero él no reconocía dónde estaba”.

Otro dato: “El GPS del Comando Radioeléctrico nunca registra que hayan ido para la zona donde vive la tía de Franco. Señala, eso sí, que el móvil estuvo cerca del río y de la terminal de ómnibus. De hecho, el cuerpo aparece con la ropa sucia con manchas de petróleo. El petróleo lo encontrás donde está el basural que hay cerca del lugar donde la policía supuestamente lo deja en libertad”.

Con todas estas dudas a cuestas, Elsa volvió a Florencio Varela.

En Rosario siguen el caso, para que la muerte de Franco no sea  otro de los enigmas que flotan en el Paraná.

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