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¿Quién mató a Massar?

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El brutal crimen de un referente senegalés. Asesinado a golpes, el cuerpo de Massar Ba apareció tirado en una calle porteña. Las acciones y el contexto de persecución a los vendedores ambulantes. ▶ FRANCO CIANCAGLINI

Massar Ba

La cuadra de México al 1.400 se pone oscura después de medianoche. El garaje cierra la reja a las 21, en la esquina el bar lleva hace años el cartel de “alquila”, los locales comerciales se convierten en persianas pintarrajeadas y las casas coloniales, devenidas boutique o conventillos según la ocasión, apagan sus luces. Truenan los colectivos por San José hacia Constitución, y murmura una banda de jóvenes y no tanto, propietarios nocturnos de la plaza de la vuelta. El Teatro Calibán cierra tarde los domingos pero sus integrantes no saben nada de lo que pasó la madrugada calurosa del lunes 12 de abril. Quiere decir que Massar Ba fue atacado después de las 3 de la mañana. Por un llamado anónimo al 911 fue encontrado a las  5, tirado sobre la vereda, inconsciente.

La violencia era notable: politraumatismos en el cráneo, en las piernas y la pelvis.

Sangre.

Horas después, tras dos operaciones para salvarle la vida, Massar Ba murió en el Hospital Ramos Mejía. Su madre y su hermana esperan su cuerpo en Dakar, Senegal, mientras la causa judicial lo retiene, esperando averiguar quién lo mató.

Massar Ba, senegalés robusto de 45 años, vivía en la esquina de esa misma cuadra de Balvanera. Se había mudado poco antes, pero tenía mucha historia porteña:  llegó en 1995,  y nunca más volvió a su país.

Con los años, y ante la creciente llegada de senegaleses, se convirtió en un referente de su comunidad y ayudaba a sus compatriotas a insertarse e inventarse trabajos, principalmente la venta ambulante. Últimamente trabajaba gestionando casas y habitaciones en alquiler.

Participó de casi todas las asociaciones de afrodescendientes en Argentina: Casa África, Todos por Mandela, Asociación de Residentes Senegaleses, Agrupación Xhangó, Daira. “Cuatro días antes hablé con él por el operativo policial que impide trabajar a los hermanos senegaleses en Caballito”, relata Carlos Álvarez, nombre argento pero piel y rastas negras y africanas. Carlos es integrante de Xhangó y habla en una desmantelada Secretaría de Derechos Humanos en la ex ESMA, como responsable del área afro. “Quería hacer una presentación aquí”, dice sobre la última bocanada de lucha de Massar.

Massar Ba colaboraba en la presentación de denuncias al Estado y articulaba abogados para los vendedores senegaleses perseguidos por la policía y la justicia contravencional. “Esta persecución también tiene que ver con el color de la piel”, plantea Álvarez, que hilvana una fina línea de hechos que dan contexto al asesinato. “Nuestro cuerpo negro explicita nuestra presencia en la calle. Y la policía lo sabe”.

El operativo policial de enero en Caballito contra los manteros dejó sin trabajo a más de 300 familias, la mayoría de inmigrantes peruanos, y también senegaleses.

La comunidad había sufrido dos violentos allanamientos ordenados por fiscales contravencionales que dicen investigar a organizaciones pero persiguen cuentrapropistas e invaden las casas de los vendedores. Hartos, encabezados entre otros por Massar, el 12 de agosto del año pasado más de cien senegaleses marcharon del Congreso a la Legislatura porteña al grito de “basta de violencia racista”.

Según cuenta Álvarez, ésa era la preocupación de Massar: “Ese es el contexto de su muerte: una creciente persecución a los vendedores senegaleses, que él denunciaba”. Massar era conocido por distintas organizaciones políticas, sociales, diplomáticas y religiosas, lo cual se refleja en una solicitada que clama por la resolución del crimen, firmada incluso por Madres de Plaza de Mayo. “No queremos dejar que pase en vano su muerte”.

El responsable del área de violencia institucional de la Defensoría Pública, Christian Gruenberg, anuncia que la causa del crimen de Massar Ba puede convertirse en el primer caso en el que la Defensoría se presente como querellante, no para defender a un imputado, sino para velar por las garantías del proceso y aportar datos. Por eso se firmó un convenio con la Asociación de Residentes Senegaleses, otra organización que defiende a la comunidad, ante la ausencia de diplomacías formales.

Mustafa, su presidente, es cauto para relacionar el asesinato con la exposición pública de Massar: “No queremos dramatizar la muerte sino saber qué pasó. Puede ser que no tenga nada que ver con eso, o sí. Queremos dudar de todo, sin descartar la hipótesis de la violencia institucional”.

Las pistas

¿De dónde surge esta hipótesis? Gruengberg señala la irregular investigación policial: “La Comisaría 6°, juridiscción donde encontraron a Massar, no hizo ningún acta y tomó intervención la 8°, porque murió en el Ramos Mejía. Nos parece muy sospechoso”. Algo más: “Hay una cámara de seguridad. El dueño dijo que no sabía cómo entregar la grabación. La policía fue a ver las imágenes  y anotó lo que se veía. La Fiscalía está corrigiendo esas irregularidades”.

Al no estar autorizada aún como querella, la Defensoría no conoce en profundidad la causa, caratulada como “muerte dudosa”. La Procuraduría contra la Violencia Institucional (Procuvin) confirmó a MU que sigue el caso aunque intervendrá directamente si surgen evidencias sobre la participación de agentes del Estado.

Gruengberg cree que ese es un “control externo clave” ante los antecedentes polémicos del fiscal y del juzgado interviniente:

La causa del crimen de Massar Ba recayó sobre la fiscalía n° 7, a cargo de Justo Rovira, quien figura en calidad de civil en la lista de integrantes del Batallón 601.

El juzgado es el mismo que analizó el caso de gatillo fácil de Lucas Cabello, en el que el juez Osvaldo Rappa dictaminó “legítima defensa”.

Mustafa pone las cosas en orden: “No nos interesa pelear con la policía ni con la justicia: buscamos la verdad. Vamos a hacer como siempre: luchar y trabajar para que se respete a todos los inmigrantes”.

Sobre la causa Moustafa plantea algunas preguntas, que espera poder contestar cuando lo acepten como querellante: “¿Cuáles son los puntos interesantes que no están siendo tomados en cuenta? ¿Cómo hacer para acelerar los tiempos? ¿Qué podemos aportar a la fiscalía para que lleven a cabo la investigación?”.

Mientras tanto, el cuerpo negro de Massar Ba habla.

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