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El femicidio de Claudia Servino: cómo se destruye #NiUnaMenos

Hoy es un día clave para el femicidio de Claudia Servino: los peritos forenses examinarán al periodista del diario La Nación, Antonio Di Turris para determinar si es o no imputable. El crimen ocurrió el 24 de diciembre pasado y desde entonces, Di Turris no cumplió un solo día de prisión. Estuvo alojado en la Clínica Bazterrica primero, y ahora en el Instituto Flemming, donde se hará la pericia. Claudia no tiene representación legal y sólo una de sus amigas declaró en la causa. Cómo se construyó la impunidad de este caso que terminó con 72 puñaladas que nadie se atrevió a parar.

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Hoy es un día clave para el femicidio de Claudia Servino: los peritos forenses examinarán al periodista del diario La Nación, Antonio Di Turris para determinar si es o no imputable. El crimen ocurrió el 24 de diciembre pasado y desde entonces, Di Turris no cumplió un solo día de prisión. Estuvo alojado en la Clínica Bazterrica primero, y ahora en el Instituto Flemming, donde se hará la pericia. Claudia no tiene representación legal y sólo una de sus amigas declaró en la causa. Cómo se construyó la impunidad de este caso que terminó con 72 puñaladas que nadie se atrevió a parar.

El femicidio de Claudia Servino: cómo se destruye #NiUnaMenos

Caudia Servino


Claudia Servino era productora de modas, tarea que en el oficio periodístico ejercen aquellas personas dedicadas a la producción de fotos. A simple vista parece una tarea sencilla, pero implica tener conocimientos tanto de estética, como de tendencias y gestión: hay que saber coordinar desde los horarios hasta las demandas de editores, modelos, estrellas, maquilladores, peinadores, editores, fotógrafos y agentes. Claudia cumplió ese rol durante varios años en la editorial Perfil, para luego seguir su carrera como free lance: en tiempos de precarización y ajuste, el rol de una productora fue uno de los eliminados por la prensa comercial. Junto a Mónica De Hernández, montó su propia agencia. Una de las tantas tareas la acercó al diario La Nación, donde conoció a Antonio Di Turris. Él ya había sido relevado de su puesto de jefe de redacción –el más importante en un diario- para replegarse a tareas de docencia en la maestría que montó esa empresa. También conducía un programa político en el cable: Dominó.
Aquello que parecía un romance otoñal terminó en femicidio.
¿Qué pasó?

Los hechos

Tal como reconstruye el expediente judicial, el 24 de diciembre de 2015, a las 6.30 de la mañana, Mirta María Sancosme, hermana y vecina de Di Turris , recibe un llamado de su sobrina:
“Papá le quiere pegar a Claudia”, le dijo.
La sobrina tiene 30 años y un retraso madurativo, por eso, dice Mirta, se refiere a ella como “la nena”.
El relato es confuso.

  • Al llegar a la casa, Mirta encuentra en el garaje a Di Turris con un cuchillo tramontina en la mano y a Claudia huyendo de él. Lo primero que hace Mirta es sacar a “la nena” de la casa.
  • Luego, regresa.
  • En el garaje, la pareja seguía forcejeano.
  • Mirta tropieza. Le grita a Claudia: “Salí a la calle y corré”.
  • Di Turris la alcanza, le pega 3 cuchilladas.
  • Claudia se arrastra.
  • Di Turris la vuelve a atrapar y descarga la tramontina en su espalda.
  • ¿Mirta sigue caída en el piso? No se sabe.
  • Declara Mirta: “Me molesta recordarlo: le introducía el cuchillo despacito”.
  • Fueron 79 cuchilladas, según reconstruye la autopsia.
  • Recién a las 7 de la mañana el 911 registra el llamado de una persona pidiendo intervención policial.
  • Mirta supone que fue la gente que pasaba por la casa.
  • La casa queda a media cuadra de una comisaría.
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Antonio Di Turris

El femicidio no es noticia

El testimonio de la hermana de Di Turris, testigo presencial del femicidio, concluye remarcando que Claudia tenía problemas con las hijas, que la acusaban de haberse apropiado de la casa, luego de la muerte de su madre. También señala que la mayor ya no vivía allí y “la nena” le había contado que la pareja se peleaba mucho “en la cama: papá le pega con una almohada”, le contó. Por último, reseña el curriculum de Di Turris (La Nación, el master, el programa de cable) y lo define como alguien “muy capaz y muy inteligente”. Completa: “Después de sufrir un ACV tuvo depresión, va al psicólogo dos veces por semana, está con medicación”. Concluye sobre el femicidio del que fue testigo: “No era él”.
Ese es el resumen de los hechos que realiza la nota publicada en el diario La Nación para dar a conocer el crimen. Agrega esa nota que Di Turris padece un tumor cerebral y que esa sería la explicación de su disparatada conducta. Detalle: nunca define el asesinato de Claudia como un femicidio. Tampoco publica el nombre de Claudia. El título: Una mujer fue asesinada de varias puñaladas en la espalda.

¿Quién defiende a Claudia?

El doctor Pedro Cruz Henestrosa fue contactado por Oscar, el único familiar de Claudia, que vive en Córdoba. Nadie lo designó para representarla, así que su relación con el caso es producto de su sensibilidad y experiencia: lo impactó y sabe que puede quedar impune. “Durante un tiempo, a título personal, decidí hacer un seguimiento del estado de la causa, para conocer como era su avance. La única amiga que tuvo el valor de presentarse -haciéndolo de manera espontánea- ante la Fiscalía actuante (N° 2 de Lomas de Zamora), fue Mónica De Hernández, a pocos días de ocurrido el suceso, quien aportó una reseña que dio cuenta del contexto de control desmedido del que era víctima Claudia Servino. Más adelante, ante diversos llamados que recibí de amigas de Claudia, interesadas en conocer los pormenores de la causa, intenté, infructuosamente, organizar su concurrencia a la Fiscalía para que pudieran comentar el tipo de relación de pareja entre ella y de Turris. Nunca volvieron a contacterse”.
El relato de Mónica De Hernández es clave para ubicar el femicidio de Claudia en su real contexto. Según consta en la causa, contó:

  • Ya al principio de la relación cada vez que estaba con nosotras la llamaba 20 veces. Y el comentario de Claudia era: ‘Cómo me quiere’”.
  • Después, cuando estaba con nosotras, ella empezó a sacarnos fotos y se las mandaba, para que viera qué estábamos haciendo. Ahora me doy cuenta que eso era un control total”.
  • Con el tiempo, ella suspendió trabajos, lo restringió. Comenzó a trabajar solo los martes y jueves, en mi casa (allí funcionaba la consultoría) y él siempre la traía y la pasaba a buscar”.
  • En las semanas previas al femicidio, había dejado de ir y no atendía el teléfono. “El jueves 17 de diciembre agarré el auto y fui a su casa: no quería dejarme pasar. Me decía que a él no le gustaba. Le dije que tenía que ir al baño. Me responde: ‘Y qué le digo a él’. Decile que vine porque no me atendés el teléfono”.
  • Mónica cuenta que para su último cumpleaños, las amigas le organizaron una fiesta en casa de Mónica Harrignton. “A las 5 y media él tocó el timbre y ella bajó. No regresó. Quedaron todos sus invitados esperándola”.

Su hermano Oscar también relata el control que tenía Di Turris sobre las llamadas de Claudia. La última vez que habló con ella fue el mismo día en que se presentó Mónica en su casa: el 17 de diciembre. “Me avisó que no me iba a llamar el 24. Me dijo: ‘Pasenla lindo y no me llames. Ando con Antonio enfermo”. La noté rara. Me responde: ‘Estoy mirando a Antonio desde la ventana. Está con dos amigos. Si se da vuelta y adivina que estoy hablando con vos… no quiero tener problemas con él’”.
El hermano de Claudia también declara que tres días después del femicidio recibió el mensaje de texto que muestra al oficial que le toma declaración. Está fechado el 27 de diciembre a las 9.56 de la mañana. Y dice:
“Ni se te ocurra decir algo que no sea creíble a menos que tengas pruebas. OJO”.
Proviene del celular 113311, un número que fue denunciado por varios usuarios por robar crédito, enviar pornografía y facturar servicios no solicitados, entre otras cosas.

La justicia justa

A pedido de la defensa, Di Turris fue examinado por dos peritos de parte (es decir: de su parte). Esos peritos de la defensa -integrantes del cuerpo forense- son el psiquiatra José Luis Covelli y la psicóloga María Elena Chicatto (el azar le sigue sumando el toque de ironía a los apellidos de este trágico caso), que alegaron que el cuadro que padece Di Turris es compatible con un “síndrome orgánico cerebral”, que traducido en criollo, es la forma de aludir al tumor. La defensa argumentó que Di Turris no se encontraba “en condiciones favorables de ser trasladado a un penal” ya que “le impediría recuperarse o tratar adecuadamente su dolencia”.
En el fallo que confirma su prisión preventiva, acusado de homicidio doblemente agravado-por el vínculo y por la figura de femicidio- la jueza Laura Ninni le otorga el beneficio de permanecer en la clínica Bazterrica primero, y ahora en el Instituto Flemming, en condiciones privilegiadas: “No se encuentra impedimento para que el detenido sea visitado por su entorno cuantas veces sea posible, de acuerdo con la normativa del establecimiento hospitalario, en lo relativo a los horarios”.

Perfil de un femicida

De la lectura del expediente y lo que conoce del caso, el abogado Henestrosa concluye: “De Turris, más allá de que -tal vez- el tumor que lo afecta pudo erigirse como un factor desencadenante del horroroso hecho, presenta lo que podría entenderse como perfil típico del femicida: normalidad en el plano social (en este caso, incluso, exhibiendo particular afabilidad), y puertas adentro, un gran controlador y sometedor de su pareja. Por otra parte, la autopsia reveló que Servino presentaba cuatro equimosis (hematomas) en distintos lugares del cuerpo, correspondientes a días previos al homicidio, lo cual indicaría que ya venía siendo golpeada”.
Hoy, en el Instituto Flemming otro grupo de peritos examinará a Di Turris. Aclara el doctor Henestrosa: “Se trata de una diligencia clave para saber si el proceso seguirá o no. Si llega a ser declarado inimputable, lo más probable es que se le imponga una medida de seguridad, por su posible peligrosidad, hasta tanto la misma desaparezca, pero esto es especulación. Lo cierto es que, de acuerdo a jurisprudencia local, al menos dos médicos forenses deberían dictaminar la inimputabilidad para que así sea declarada. Y que desde el punto de vista procesal hubiera sido clave que esa pericia sea presenciada por un letrado que represente a Claudia, para controlar la diligencia procesal. Pero ya es tarde… En 20 o 30 días sabremos qué destino tiene esta causa”.

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Residencia (A)narcocapitalismo y cuerpos sociales: puesta en escena

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Un espacio de formación, experimentación y creación impulsado por el Observatorio Lucía Pérez que permitió el intercambio de disciplinas, lenguajes, miradas, culturas, realidades y contextos. Con el apoyo de Iberescena, durante una semana compartimos teorías y prácticas con expertas en entrenamiento sensible del cuerpo colectivo: Avelina Rogel de Ecuador, Federica Folco de Uruguay, y Susy Shock de Argentina. – Video: Bruno Ciancaglini

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La escena del crimen: murió la tercera de las cuatro víctimas del incendio de Barracas

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Este domingo 12 de mayo falleció Andrea Amarante (42 años), con el cuerpo quemado en un 75%. Era la tercera de las víctimas del incendio provocado en Barracas, Buenos Aires, hace una semana. El domingo pasado Justo Fernando Barrientos incendió la habitación de un hotel de la calle Olavarría al 1600 donde vivían cuatro mujeres, vecinas suyas. Pamela Cobas, 52 años, murió el lunes. El miércoles falleció Mercedes Roxana Figueroa (52) y Andrea hoy. Sofía continúa internada. Barrientos intentó suicidarse cortándose el cuello con una sierra: también fue internado pero apenas le dieron el alta quedó detenido. Lavaca estuvo en el lugar tratando de reconstruir lo que ocurrió. Las voces de los vecinos y vecinas y de la dueña del hotel.

Texto Francisco Pandolfi.

Afuera no quedan rastros de lo que pasó el domingo rozando la medianoche. Ya no hay consigna policial. Ni conmoción ni medios de comunicación.

La puerta de calle –de chapa, bordó, gastada– está cerrada. De un lado, una persiana de metal amarrada entre cables. Del otro, las persianas abiertas de par en par: si no fuera por Juan, el vecino que desde su habitación trabaja arreglando ropa, daría la sensación que este hotel familiar estuviese totalmente abandonado.

Olavarría 1621, Barracas, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

La escena del crimen: murió la tercera de las cuatro víctimas del incendio de Barracas

Así quedó parte de la habitación quemada.

Allí Justo Fernando Barrientos, uno de los inquilinos del hotel, prendió fuego la habitación donde vivían dos parejas de mujeres. La investigación judicial reside en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 14, a cargo de Edmundo Rabbione. Pamela Cobas, de 52 años, falleció por las quemaduras el lunes en el Hospital del Quemado. Mercedes Figueroa murió este miércoles 8 de mayo y Andrea Amarante hoy, una semana después. Sofía, internada en el Penna, está fuera de peligro. Justo Fernando Barrientos intentó suicidarse, lo internaron en el Argerich y luego quedó detenido por la Policía de la Ciudad.

Juan acepta hablar con lavaca. Cuenta que vive en el hotel desde hace 22 años, que siempre la debió remar un montón: muestra los callos de la mano para acreditarlo. Cuenta que vivió un año en el Parque Lezama, que se la rebuscó trabajando toda la vida, que mucho tiempo fue mantero y otras muchas, también, fueron las veces que terminó en un calabozo porque la policía le quería sacar su poca mercadería. Y que cuando no había nada que vender, se tomaba el tren Roca en Constitución, hasta Glew, donde se colgaba de los árboles, cosechaba eucaliptus, laurel y romero, y con ellos hacía ramitos que ofrecía para parar la olla.

Dice que ahora la cosa está muy jodida. Que vende en la feria de la calle Patricios. Que hasta hace una semana pagaba 50 mil pesos la piecita, pero que el viernes pasado le aumentaron a 60 mil. Y está enojado, también, porque el mismísimo lunes, un puñado de horas después del incendio, el yerno de la dueña pasó a cobrar y le pidió 70. “Acá no tenemos agua caliente; me tengo que bañar calentándome una ollita. ¿A vos te parece? Tampoco tenemos luz en los baños ni en la cocina, que son compartidos”.

Juan dice que conocía sólo de vista a las chicas y a Justo Fernando Barrientos; que nunca había escuchado ningún problema, y que estaba durmiendo cuando pasó lo que pasó. Y también me aconseja, cuando lo ve venir a Eduardo: “ahí está el encargado; hablá con él”.

Mientras abre la puerta, Eduardo se presenta como un “changarín” que trabaja como pintor “y de lo que haga falta”. Tiene 59 años bien disimulados y vive en el hotel desde el 2016, a cambio de la limpieza y la mantención del lugar. “Estamos muy mal económicamente; los precios en el supermercado no bajan y hay que dejar de comer; o elegir cuándo hacerlo. ¡Andá a comprar un litro de aceite hoy! Para vivir hay que gastar diez lucas por día, ¿y quién tiene esa plata?”.

Contextualiza la trama social del hotel: “Lo habita gente trabajadora y también que está en la indigencia; que vivía en la calle y se viene acá porque no es un alquiler caro. Por esta zona hay cada vez más gente en situación de calle, porque no hay laburo”. Sigue: “Todo se está poniendo más bravo. Lo veo en mí y en el resto: para que alcance, hay que levantarse más temprano y volver más tarde de hacer changas. En el hotel somos todos pobres, y ni trabajando a full llegás a fin de mes. Está jodida la vida”.

¿Percibís una relación entre el crimen y el contexto? “Sí, claro. La violencia sucede a raíz de lo que nos pasa a nivel social. Trae un montón de problemas el cómo vivimos. Este es un barrio tranquilo, este hotel es un lugar tranquilo para dormir, aunque ahora aparecen un montón de notas diciendo mentiras sobre lo que pasaba acá adentro”.

La escena del crimen: murió la tercera de las cuatro víctimas del incendio de Barracas

El baño al que llevaron a las chicas quemadas: “Se pusieron abajo de la ducha, pero ya estaban muy incendiadas… muy incendiadas; sin pelo ya”.

¿Por qué Justo Fernando Barrientos hizo lo que hizo? “Yo no sé lo que pasó. Nunca había escuchado una discusión entre ellos. Con él y las chicas mi relación era hola y chau. A él siempre lo veíamos andar en bicicleta, y hace dos o tres meses me llamó la atención que no la tenía y entonces le pregunté; me dijo que estaba mal porque se la habían robado en Pompeya. Hace changas, creo que es plomero”.

Se abre la puerta y María Rosa, la dueña del hotel, está sentada en uno de los escalones por los que se entra. Grita (me grita): “¿Vos querés saber qué pasó? Yo te voy a contar lo que pasó, porque acá todo el mundo viene a preguntar, pero nadie viene a traer soluciones”. María Rosa tiene 89 años, un crucifijo enorme en el pecho y la tonada gallega. “Hasta me hicieron una denuncia ahora, ¿vos podés creer? Algunos me deben 7, 8 meses de alquiler y encima me denuncian a mí, diciendo que no andaban los matafuegos cuando tengo todo en regla. Eso me tenés que venir a preguntar, que tuve que comprar unos materiales y ni le pude pagar a la señora de la ferretería, que me conoce y me fío; que estoy esperando que me paguen un alquiler y con eso pagarle al plomero que está haciendo arreglos”.

Después del inicio catártico, pregunta qué medio de comunicación es el que ahora está sentado a su lado. Y asegura: “Yo le digo toda la verdad. Hay que ver más allá del incendio; lo que pasó fue una desgracia. Porque yo le voy a decir una cosa, las dos chicas…”. La charla se interrumpe. Y María Rosa empieza a darle explicaciones, sin que se las pida, a la señora rubia que acaba de pararse frente a ella. “Ya estoy arreglándolo doñita, ¿le cayó agua?”. La mujer, de cuarentilargos o cincuentipocos, le responde con respeto, como si acabara de tomarse un sedante, o de apretar el freno de mano, para no mandarla a la mierda:

–No, no. Hace más de un mes que cae agua, pero cada vez más. Había una grieta, y después se hizo otra.

–Ahí está el plomero, ¿quiere ir a ver? Suba, suba pa’ que vea.

–No, no, yo quiero que lo resuelva, porque ya se me arruinó la cocina y me está arruinando todo.

–Lo que pasa es que la gente no me paga. Estoy cobrando 50 mil pesos y la gente no me paga. Me deben 7, 8, 9 meses, no puedo hacer milagros porque tengo que pagar la luz, el gas y el agua, porque si no me cortan y hay gente que sí paga.

–Yo sé que esta semana es complicada por lo que pasó, que por ahí no es momento, pero yo quiero que entienda una cosa: usted tiene sus problemas y yo tengo los míos, y a mí se me está viniendo la casa abajo en aspectos que no son de mi injerencia, que no los puedo arreglar porque están dentro de su casa.

–Sí doña, lo sé; ya lo están arreglando. Entiéndame, doña; no hay plata, la gente no me paga.

La “doña” se va y María Rosa continúa su relato: “Decía que las chicas nunca tuvieron ningún problema, que ellas me pagaban siempre; y el hombre lo mismo, cumplía todos los meses”.

La escena del crimen: murió la tercera de las cuatro víctimas del incendio de Barracas

Así quedó la habitación tras el incendio.

¿Qué pasó la madrugada del lunes? “Yo muy bien no sé; conmigo se comportaban siempre de manera normal, el señor y las chicas. Nunca tuve un problema, nunca. Ni un sí ni un no. Lo que sé es que las chicas dormían de día y de noche estaban levantadas; entonces si usted trabaja de día y quiere dormir de noche, hasta los pasos se sienten, y eso es lo que pasó. En los hoteles pasa esto, se habla fuerte y el hombre se habrá cansado de eso. Se ve que tiró algo inflamable y ahí prendió fuego”.

María Rosa llegó al país a sus 19 años de las Islas Canarias, tiene 4 hijos y hace cuatro décadas compró este hotel “con sangre”, porque el crédito que sacó “tenía unos intereses impagables”. Asocia: “Como los créditos UVA de hoy”. También comenta que las últimas horas estuvo yendo de hospital a hospital para ver a las chicas y al hombre. Cuando le menciono que Pamela murió (hasta el momento de la charla era la única fallecida), que Justo Barrientos la asesinó, me dice que no. Que no puede ser. Pero fue.

En el libro de actas del hotel estaban registradas dos de las cuatro mujeres: Pamela y Mercedes. La dueña sabía que se habían sumado otras dos hacía algunos meses, pero como vivían lejos les daba “lástima” decirles que se fueran. En el registro interno del hotel figura que Justo Fernando Barrientos tiene 72 años.

María Rosa retoma la catarsis: “Acá hay 20 piezas divididas en tres pisos y hasta hace una semana cobraba 50 mil pesos cada una; están todas llenas, algunos me pagan por mes, otros por día. ¿Qué hago yo con esa plata? Este mes lo tuve que aumentar a 60 mil. O sea, 2 mil por día. ¿A usted le parece? Un litro de vino vale eso; un sachet de leche vale eso. ¿Estoy cobrando mucho? Y subí porque este mes vino muy cara la luz, el agua, el gas. ¡Más de 200 mil tengo que pagar de cada impuesto! Si antes pagaba un peso, ahora pago 6; es una barbaridad”.

Se explaya sobre el crimen: “Fue un momento de calentura. ¿No vio lo que pasa en los matrimonios? ¿Y cómo matan a los chicos? Es un momento donde la gente se aparta de Dios y el diablo la toma. Yo creo que pasó eso”. ¿Alguna vez Justo Fernando Barrientos le hizo algún comentario en contra de las chicas? “No, y eso que yo hablaba con él. Él vive en el hotel desde hace seis años; las chicas hace dos. Este lugar es tranquilo; fíjese, escuche; no se siente nada; pero bueno, se ve que de noche había ruido, aunque él nunca me dijo nada”.

¿Alguna vez escuchó que en el hotel discriminaran a las chicas porque eran pareja?

“No, no. Cada una hace de su cuerpo lo que quiere. Mire usted que hasta el Papa lo acepta”. Luego sugiere: “Tenés que hablar con Don Miguel, él fue quien las ayudó a las chicas, que las llevó al baño cuando se incendió la pieza”.

Miguel está en su habitación del primer piso, donde también vivían las chicas y Justo Fernando Barrientos. Miguel lleva puesta una camiseta de fútbol de la Juventus, de Italia. Pide no grabar la conversación y luego va a requerir, acentuando la voz, que esta nota refleje las palabras tal cual las dice. “Yo hablé en una nota televisiva y dije que ellas eran conflictivas y me empezaron a criticar, pero me sacaron de contexto; quise decir que discutían entre ellas. Yo sé que al decir esto van a decir que soy un machirulo. Fernando (lo llama por su segundo nombre) era un tipo que no hablaba con nadie, era educado. Ellas tenían una vida diferente; hacían ruido de noche y llegó un momento que el hombre explotó. No es justificable todo lo que hizo, no tiene perdón de Dios, pero explotó; le agarró un brote psicótico”.

Reitera: “Te pido que lo pongas como yo te lo digo”.

Y arranca su relato: “Eran como las doce y pico de la noche, estaba acostado y sentí como si hubiera explotado una pyrex. Empezamos a escuchar gritos. Para ese momento, Fernando ya había tirado lo que aparentemente fue una especie de bomba; tiró alcohol y salieron las dos chicas quemadas, gritando; con dos vecinos de arriba intentamos apagar el fuego, ayudarlas; las chicas fueron al baño, se pusieron abajo de la ducha, pero ya estaban muy incendiadas… muy incendiadas; sin pelo ya”.

Sigue: “Este hombre subió arriba, con una sierra y se cortó el cuello. Después vinieron los bomberos, la policía y el SAME. Eso es lo que ocurrió, nada más”.

Para usted ¿fue un crimen de odio por la orientación sexual de las chicas?

–No sé el pensamiento de Fernando al respecto.

–¿Alguna vez había tenido un brote similar al que describe?

–No. Que quede claro que no lo justifico: es atroz lo que hizo. Jamás… creo, porque uno nunca sabe cómo puede reaccionar la cabeza de uno, me podría pasar a mí. Es una locura lo que ha pasado.

Miguel, que vive en el hotel desde hace 12 años, dice: “acá vive gente trabajadora” y señala con las manos a distintas piezas: “Jubilado; jubilado; jubilado (se señala); ese muchacho hace delivery; jubilado; ese es vendedor ambulante; jubilado; ese muchacho no sé a qué se dedica; el que entró recién acaba de volver de trabajar y se fue a las 6 de la mañana. Yo soy jubilado, pero tengo que seguir laburando: me levanto a las 4 de la madrugada porque a las 6 empiezo a preparar los paquetes que entrego en el correo”.

Afuera, en la puerta de entrada, no quedan rastros de lo que pasó, pero adentro hay un montón. No sólo en la pieza de las chicas, donde la ropa está apilada en el piso; mojada; quemada. También hay rastros en el estado general de este hotel de paredes descascaradas, de olor a humedad, de servicios básicos que escasean, de márgenes en el centro de un barrio que desde hace años es imán para inversores de proyectos inmobiliarios.

A las certezas de que Pamela, Mercedes y Andrea fueron asesinadas y de que Justo Fernando Barrientos fue quien las mató, le sigue una catarata de dudas: ¿Cuántas capas tiene esta historia? ¿Cuántas complejidades atraviesan al crimen? ¿Qué nos dice esta mansión deteriorada de Barracas, además de decirnos que ellas ya no nos podrán decir? Miguel cree que para entender lo que pasó no alcanza con mirar el horror de esta pieza. Después de aclarar por enésima vez que ponga todo tal cual lo dijo, cierra: “Somos un país sin esperanza, somos una sociedad enferma”.

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102 femicidios y travesticidios en lo que va del año: datos del Observatorio Lucía Pérez

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En lo que va del año el Observatorio Lucía Pérez, primer padrón autogestionado y público de violencia patriarcal, registró 102 femicidios y travesticidios en todo el país. Durante el último mes fueron 13 femicidios y un travesticidio: el de Dámaris Julieth León Guamán, en el barrio porteño de Almagro, 38 años. El asesinato de Damaris generó movilizaciones: fue una de las 118 marchas que se registraron durante el año; practicamente una por día.

102 femicidios y travesticidios en lo que va del año: datos del Observatorio Lucía Pérez

Como resultado de los 102 femicidios y travesticidios se registraron además 65 huerfanxs por femicidios.

Además, en lo que va del 2024, se registraron 75 tentativas de femicidios.

Y llevamos 1174 días preguntándonos ¿dónde está Tehuel de la Torre?

102 femicidios y travesticidios en lo que va del año: datos del Observatorio Lucía Pérez
102 femicidios y travesticidios en lo que va del año: datos del Observatorio Lucía Pérez

No son cifras:es la cartografía de la violencia patriarcal.

El Observatorio Lucía Pérez es una herramienta de análisis, debate y acción creada por Cooperativa lavaca. Se elaboran una serie de padrones que compartimos en la web de manera libre, los cuales comenzaron a confeccionarse en talleres que realizamos con víctimas de violencias, familias sobrevivientes de femicidios, organizaciones sociales y activistas del movimiento trans. Los datos así recogidos, sumados al seguimiento de lo publicado en medios de todo el país, son luego chequeados y precisados con fuentes judiciales y periodísticas.

Todo la información que producimos es de público y libre acceso en en www.observatorioluciaperez.org

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