#NiUnaMás
Teoría Mondongo. Todo lo que hay que hacer con el feminismo para enfrentar al fascismo
Post ley de aborto, post Ministerio, post pandemia, pos Encuentro Plurinacional: ¿qué (no) decimos cuando decimos feminismo, hoy? Miradas desde los territorios argentinos hasta Irán, repasando las principales imagenes, preguntas y experiencias que ya están cocinando nuevas prácticas, ante un enemigo urgente que nos sube al ring: la extrema derecha. ¿Cómo hacemos para pelearle? ¿Por qué el mondongo? Por Claudia Acuña y Anabella Arrascaeta.
1. Mientras escribimos esta nota estamos recibiendo decenas de videos que registran a las mujeres que se paran de a dos en las calles de Irán, con los brazos abiertos en cruz. Quienes pasan comprenden sin palabras qué significa ese gesto y aceptan esa invitación a desafiar en público las leyes del régimen. Están así protagonizando algo histórico: la revolución de los abrazos. Recordamos así que hace menos de un mes escribimos en las calles de Buenos Aires. “Al fascismo lo enfrentamos con abrazos”. Volvemos a escuchar, entonces, las palabras de las personas con quienes hablamos de los desafíos de esta época con esta sensibilidad y con esta emoción, y a la vez con esta convicción de que no es acá y que es ahora. No es solo en Argentina ni somos solo nosotras, pero es ya.
2. Hablamos, concretamente, de un problema político urgente y de un desafío que para decirlo rápido llamaremos “epistemológico”. Ponemos el dedo en esta brasa con la esperanza de debatir, sin eufemismos, aquello que nos interroga: ¿cómo enfrentar al fascismo en tiempos en los que la palabra “feminismo” se ha vaciado y no parece ya alcanzar para definir lo que necesitamos para defender lo conquistado y lograr todo aquello que debemos proteger, reparar y crear?
3. Al grano: la primera en señalarnos que el término “feminismo” se estaba quedando sin filo fue la teórica trans Marlene Wayar. Sigue ese hilo la artista Susy Shock: “No estamos diciendo que el feminismo se agotó, pero sí que cuando usamos la palabra “feminismo” ya estamos diciendo más cosas. Quizá necesitamos una nueva metáfora que incluya al feminismo, desde ya, pero que también lo proteja de las corrupciones teóricas y prácticas”.
4. Escuchamos, entonces, a mujeres que escuchan. Lo primero que notamos es la diversidad de términos que utilizan para referir a los mismo: “transfemismo” (Susana García, psicóloga), “feminismos” (Corina Milán, directora de escuela e integrante de la Asamblea No a la mina de Esquel; Edtih Garay del Movimiento de Empresas Recuperadas; Dolores, vicepresidenta del centro de Estudiantes del colegio Carlos Pellegrini), “perspectivas de género” en el desarrollo de líneas de trabajo institucionales (Larisa Kejval, directora de la Carrera de Comunicación de la UBA), e incluso quienes manifiestan que se reconocen en las prácticas más que en esas palabras.
5. “Para mí el feminismo es una postura, es una forma de vida, y hay muchas más feministas de las que se auto perciben. Cualquier mujer que pelea porque sus hijas tengan una oportunidad, una vida mejor, que defienda sus derechos, o que pelea para saber qué pasó con su hija o cualquier otra mujer, es feminista aunque no use esa palabra”, dirá Majo Bernal, delegada del sindicato de televisión SATSAID e integrante de la Comisión de Género de la Multisectorial Audiovisual. Otra señal: Dolores, vicepresidente del Centro de Estudiantes del Colegio Carlos Pellegrini: “Hasta hace dos semanas te decía que no sabía qué era el feminismo, me encontraba muy perdida, muy desencontrada con el movimiento. Por suerte fui al Encuentro Plurinacional de Mujeres y pude sentir que todo tenía un curso”.
6. La frase de Dolores suma un factor a analizar: los dos años sin en el Encuentro Nacional, la cita anual en la cual durante 35 años se ha bordado la trama que sostiene al movimiento. Su interrupción nos advierte uno de los temas sociales menos debatidos y más traumáticos para las relaciones sociales: la pandemia.
7. Larisa Keyval: “En este regreso a la presencialidad, volvimos a habitar la universidad este año, y una de las cosas que empezamos a detectar en múltiples espacios, por conversaciones con docentes y con estudiantes, es cierta dificultad, sobre todo en los más jóvenes, de construir lazos. Algunos indicadores: las aulas son más silenciosas, los pasillos un poco menos habitados. A propósito de esto hicimos un foro estudiantil para pensar, expectativas, experiencias, horizontes, de la transversalización de las perspectivas de género en la carrera, y surgieron dos cosas: por un lado no fue muy masivo como esperábamos, lo cual lo tomamos como dato y lo llevamos al propio foro para pensarlo conjuntamente con las y los estudiantes. ¿Por qué?, ¿Qué pasa?”
8. Sigue: “Y ahí apareció la segunda cuestión: lo que hay es mucho temor, mucha dificultad en la post pandemia para dialogar con el otro, con la otra, sobre todo en estudiantes de los primeros años; esto sumado a la fuerza individualiza te del neoliberalismo. Vemos esto en Sociales: la dificultad para procesar la diferencia social, el diálogo con la otra persona, que es la condición mínima para el debate, para procesar lo diferente. Intuimos, no tenemos la certeza, que está pasando en otros espacios sociales. Creo que no podemos pensar esto sin la pandemia y sin las consecuencias del aislamiento en los últimos años. Del encierro, probablemente, ha surgido un tipo de vinculación social muy mediado por la tecnología. Por supuesto, también hay un montón de estudiantes participando en las agrupaciones, pero nos estamos preocupando un poco más por aquellas y aquellos que no están cobijados en la dinámica de alguna organización estudiantil, que en Sociales tiene mucha presencia”.
9. Corina Milán: “Creo que estamos viviendo tiempos muy violentos, muy hostiles, peligrosos casi. El mundo está virando hacia la derecha, los discursos mediáticos, los discursos públicos se han tensionado mucho, y eso se nota en la interacción social y se nota mucho en la escuela. Quienes estamos al frente de instituciones escolares públicas trabajamos de cara a la comunidad, y todas las problemáticas sociales de las familias de la comunidad ingresan a la escuela, estallan en la escuela; y hay que abordarlas, acompañarlas, tramitarlas, gestionar todo tipo de ayudas. Mi termómetro es ese: desde antes de la pandemia -por lo menos en Chubut que es en donde vivimos, la crisis social, económica, política, es muy profunda- estamos estallando”.
10. Sigue: “La pandemia vino a profundizar los problemas y la post pandemia ni hablar: un tendal de vínculos sociales muy lesionados, un empobrecimiento general, lo cual genera un terreno fértil para que se habiliten discursos que parecen de otros tiempos y son una locura. Mucho mal humor social, mucha tensión, y la violencia que es estructural en nuestra sociedad está subida de tono y está muy filtrada en las interacciones sociales comunes y mínimas. De hecho uno de los grandes desafíos en la escuela es trabajar con eso, desmontando los discursos, las prácticas, los intercambios violentos que están a la orden del día, todo el tiempo atravesando nuestra vida personal y nuestra ida pública”.
11. Como toda época de naufragio estructural sobre el océano de la crisis flotan elementos de diferentes orígenes. La sensación de gobierno del caos quizá, es el resultado del desorden que produce la mezcla indiscriminada de urgencias de actualidad y ancestralidad. Corina Milán: “Lo que está pasando en nuestra Patagonia es el resultado de causas que nunca han sido resueltas, de grandes deudas históricas con los pueblos originarios, vinculadas con su reconocimiento cultural, de su identidad, con la resolución de planteos territoriales legítimos. Nunca se resuelve, nunca se termina de cumplir con la Constitución, con las leyes que protegen sus derechos, y pasan cosas como las que han pasado hace poco en Villa Mascardi: se demoniza a los pueblos originarios; las mujeres han sido especialmente atacadas en la última represión en Bariloche, presas, separadas de sus hijos, teniendo que parir en condiciones pésimas. Lo que ha ocurrido invita a reeditar los discursos del Nunca Más. Hoy por hoy se siguen viviendo atropellos a los derechos humanos, y las principales víctimas son las mujeres mapuches”.
12. Majo Bernal: “Lo que nos está amenazando, acechando, es un colonialismo recalcitrante. Hay un rebrote de enamoramiento de la mirada de los países centrales europeizantes que nos vuelve a poner en un lugar de colonia de pensamiento. Y hace que retornen estas ideas que habíamos pensado superadas. Por ahí en Europa se pueden considerar más fervientemente fascistas, pero acá son una pálida versión colonial de una derecha vernácula, bastante poco convincente, porque no es una derecha basada en una política real -que no me gusta ni comparto, aunque puedo descifrar el mundo que ven sus ojos- pero lo que nosotros tenemos son versiones bastante más berretas, que son ventajeras, que no tienen verdadero sustento sino que se van acomodando y respondiendo a las cosas que le molestan. Y una de las cosas que le molestan es el feminismo. Pero un feminismo que ellos se imaginan, y que no tiene nada que ver con lo que somos nosotras”.
13. Edith Garay: “Si me preguntás hoy cómo veo el fascismo y dónde lo veo una respuesta desde lo actual sería: cuando hablamos de Milei, cuando hablamos de Macri, cuando vemos en la tele a Viviana Canosa. Es una representación para mí de lo que es el fascismo hoy en nuestro país: una ultra derecha, que lo único que quiere es el no reconocimiento de los feminismos. Digo esto desde mi perspectiva y de lo que estuve hablando con mis compañeras ayer”.
14. Susana García: “En mi opinión el narcisismo es el gran mal de la época. Una forma de narcisismo escéptico que nos pone en un alto riesgo de seguir ciegamente a líderes fatales”.
15. Dolores: “Me gustaría más llamarlos por lo que son: partidos de derecha radicalizados, fenómenos sociales que se están produciendo en todo el mundo y que a nosotros nos repercuten. No sé si veo fascismo como tal porque creo que para llegar a ver el fascismo se necesita un aparato político de por medio que hoy esos sectores no están teniendo, por eso no veo el fascismo, pero si veo un avance de los sectores radicalizados de la derecha extremista en nuestro país. Pero ojo: no lo veo en las calles, lo veo más que nada en las redes sociales. Son movimientos que se caracterizan por estar en redes sociales. Aparecen masivamente en manifestaciones, en momentos críticos y polémicos, como durante el 2020 en las marchas anti cuarentena y antivacuna. Creo que la calle pertenece a otros sectores sociales que no son la derecha y sus aliados”.
16. Larisa analiza así el dilema actual: “Tenemos que definir si estamos en una situación en la que la palabra “feminismo” no interpela o si lo que hay es temor de juntarse, de organizarse, de salir. Lo que aparece en la conversación, como diagnóstico, es que por un lado no está habiendo una demanda articuladora tan potente como fue la del aborto legal, seguro y gratuito, y si bien en esa demanda los feminismos pusimos mucho más que el reclamo por la ley, me parece que sintetizó un montón de cuestiones de rechazo a la sociedad patriarcal, pero era una demanda clara y fuerte. Ahora un poco pasa lo que sucede con todos los procesos políticos, una vez que se institucionalizan en el marco jurídico, en el marco del Estado, aparecen otras luchas, pero ya no tienen esa potencia aglutinadora y las fuerzas se dispersan un poco. Creo que también había una cantidad de rechazo a las demandas feministas que no eran expresadas y el cuestionamiento tiene que ver con una equiparación “feminismo igual progresismo”, por lo tanto, carente de potencia política, de potencia transformadora.
17. La pregunta sigue siendo la de siempre: ¿qué hacer? Corina: “Hay que seguir dando esa batalla. Cuando trabajamos con las violencias que sufren las chicas en la escuela, las familias, todavía sigue siendo un desierto de abordajes, de gestiones, de políticas, del problema de qué hacemos con los varones violentos, cómo reeducamos, cómo cambiamos las cosas, para que se corte con este círculo de violencias y podamos pensar en otro tipo de vínculos. Esos son debates que, además, suelen tener posturas muy diferentes y muy radicalizadas en algunos grupos feministas. Por ahí la lucha contra esa violencia queda en repudiar, en escrachar, en tratar de borrar del mundo a los violentos, lo cual se comprende desde un lugar de solidaridad emocional, pero yo me veo en la obligación de hacerme esas preguntas como educadora, como responsable de una escuela pública, porque además muchas veces tengo que gestionar, buscar salidas, soluciones, metodologías de trabajo con estudiantes de distintos géneros que son víctimas de violencia, o que ejercen violencia. Hay desafíos por pensar, por trabajar. Todo el tiempo la sociedad está mandando mensajes de violencia de distintas maneras. El patriarcado sigue muy fuerte en términos culturales, reproduciendo prácticas machistas que abonan la violencia contra las mujeres y las disidencias, y vamos muy de atrás corriendo contra eso. Hay mucho por hacer a nivel educativo, político, justicia, a nivel leyes. Me hago estas preguntas, me las he hecho abordando casos. ¿Qué hacemos? Desde la escuela hacemos todo lo que podemos con las herramientas de la ESI, pero siguen faltando protocolos, políticas desde las distintas instituciones para realmente erradicar la violencia. Estamos luchando con un tenedor contra un gigante. Falta un montón de pensamiento de ideas, y de recursos”.
18. Edith: “La tarea es con todas, todos y todes adentro; es una sociedad que sea lo más justa posible. Lo más justa posible en el trabajo, lo más justa posible en cuanto es la remuneración de ese trabajo, en la paternidad y la maternidad compartida con los quehaceres de la casa y los roles de cuidado, y te hablo del cuidado de las niñeces y de adultos mayores. Por ahí lo que nos pasa es que ahora estamos re empoderadas, pero nos vamos a laburar y dejamos a los pibes con otras mujeres, y los padres de esas criaturas siguen en la misma. Las empresas recuperadas tenemos la posibilidad de ser el eslabón para demostrar que si otra economía es posible también otra forma de producción es posible. Tenemos una re tarea todavía para hacer”.
19. Majo: “Creo que nosotras estamos en una lucha en la que todo suma. No me gusta decir la palabra pelea, pero no encuentro una mejor. Estamos en una búsqueda, en un reclamo, en donde todas sumamos, y donde sumar la perspectiva de género es empezar a vernos con todas nuestras diferencias y eso es lo que nos va a hacer más fuertes”.
20. Susana: “Comprender a lo que llamamos “feminismo” como una fuerza de respeto y cuidado de las distintas formas de vida en su sentido más amplio. Ligado profundamente a la soberanía sanitaria, alimentaria, a la defensa de nuestros derechos y al compromiso en el cuidado de les más vulnerables. Respeto por la diversidad interior, en la comunidad, en el planeta, que más que habitarlo, somos. Con ausencia de fanatismos y actitud de pensamiento crítico: me pregunto, reflexiono, cuestiono. Elijo dónde quiero estar, con quién, resistiendo el dejarme arrastrar por la corriente. Una actitud de cuidado, respeto, escucha profunda de otres y de mi propia voz. Empoderarnos sin pisar a nadie, en la alegría del poder compartido. Cada une desde su lugar sosteniendo la trama, A ver si estamos a tiempo de reparar”.
21. Dolores: “El feminismo se tiene que encargar primero de cuidar sus intereses, de pelear por reformas transfeministas, encontrar objetivos claros, y ocuparse particularmente de que los derechos obtenidos no sean quitados y los que faltan conquistar se conquisten en las calles: creo que el feminismo puede hacer propia la calle cuando nosotras querramos. La disputa al fascismo es en las calles”.
24. Será, por último, Susy Shock quien nos recuerde que en un encuentro en el que se hartó de que traten de evangelizarla sobre género, decidió refugiarse en el taller para infancias que transcurría en el patio. Jugaban a crear un mundo nuevo y estaban imaginando qué cosas habría que llevar para hacerlo hermoso y divertido. La ronda fue girando y tirando palabras, hasta que una nena sorprendió con su pedido: “Mondongo”. La cara de asco recorrió al grupo, que comenzó a cuestionar si aquel mundo a crear debería incluir eso que sólo ella quería. Fue entonces cuando un niño nos dijo: “Si a ella le gusta tenemos que llevarlo”. Susy dirá que encontró así lo que necesitamos para darle la potencia que requieren estos tiempos a lo que por ahora llamamos feminismo.
23. Continuará…
El colectivo boliviano Mujeres Creando presenta el diplomado de «De quienes luchan para quienes luchan» sobre Epistemología Feminista.
Con auspicio de la Universidad de México, comienza a principios de 2023 y tiene cupos limitados. Postulate hasta el 30 de noviembre en dequieneslucha@gmail.com
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
#NiUnaMás
El 3J porteño: Vamos

Por Claudia Acuña
Fotos: Juan Valeiro
Muchas: eso fuimos. Muchísimas más que la última vez y ojalá que menos que la próxima, o mejor: que no sea necesario una próxima. Que al fin podamos descansar y dedicarnos a otra cosa en lugar de escribir con marcador en un cartón: “Ayer estaba viva. Hoy mi hermana es la foto de este cartel” o salir del trabajo donde estamos paradas ocho horas por dos pesos para sumarnos últimas, con lágrimas regando las mejillas y la convicción de exigir justicia por la compañera que acuchilló su novio hace dos días, en ese femicidio que en la tele informaron como resultado de “una infidelidad”. Con esa orfandad de sensibilidad y respeto, que abona el permiso social para carnear mujeres están hablando en los medios de Noelia, 30 años, de Temperley, la compañera de este grupo de chicas que no pueden decir dónde trabajan porque la firma se los prohibió. “Ella ya lo había denunciado porque sufría su violencia, se había separado y ese día iba a sacar sus cosas de la casa. Él le dijo que no iba a salir viva de ahí, la tomó de rehén y ella pidió ayuda al 911, la policía demoró y cuando llegó no supo cómo intervenir: fue peor”, cuentan temblando. Masacradas primero, criminalizadas luego, silenciadas después, lo que queda es estar ahí con los carteles escritos a las apuradas y el llanto incontenible, al final de la concentración que un grupo decidió que no sea marcha ni disponer de lugar donde el dolor de las familias descanse (aprendan de Córdoba, orgas porteñas), pero no importa porque no es lo importante.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
A pocas cuadras y sobre Hipólito Yrigoyen están las madres de Brenda y Morena, dos de las tres masacradas en el triple narco femicidio agradeciendo que la multitud las abrace y sin esperar –ni ellas ni la multitud– ser referente de nada ni vocera de nadie: ser una más es ser Ni Una Menos.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
A metros del cine Gaumont no es la casualidad sino la fuerza de esta marea la que hace chocar a la actriz Laura Paredes con Teresa Laborde. Laura interpretó a su mamá –Adriana Calvo– en la película Argentina, 1985. Teresa es lo que allí se contó: la nena que nació en un Falcon Verde, hoy una bella y luchadora mujer: su sonrisa es el símbolo de una victoria social y el abrazo entre ambas es la postal de la inquebrantable alianza entre el arte y la memoria. De ese caudal abreva esta marea. Somos las hijas y las nietas de la batalla por la justicia.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
“Estoy en contra de todo gobierno que quiera sacarme mis derechos” enarbola una chica con capacidad para sintetizar lo que este movimiento expresa políticamente.
“Faltan 10 femicidios para que empiece el Mundial” es el mensaje impreso en una hoja A4 que reparte una señora.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
“Merecemos vivir sin miedo”, gritan ambos carteles que traen desde Avellaneda Luna, 9 años, y Tatiana, 18, sobrina y tía, mientras caminan la Avenida de Mayo de la mano y cuentan que esta es su primera vez. “Hablamos ayer con mis hermanas. Nos escuchamos. La verdad es que este gobierno se está pasando de la raya con este tema. Yo le conté que todos los días camino por la calle con un ojo en la espalda. Ninguna queremos que ella crezca así. y decidimos que teníamos que estar. Ellas trabajan y no podían venir, pero decidimos que nosotras sí y ahora están pendientes del teléfono para saber si estamos bien. Y estamos bien porque hay mucha gente por suerte”.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
Mucha gente, sí. Muy joven en su gran mayoría, más varones que otras veces, también y pocas columnas de organizaciones, la mayor parte ocupando la primera fila de lo que calculan el foco de las cámaras. El ancho resto, que desborda la plaza y riega Avenida de Mayo hasta la 9 de Julio, está poblada por las incontenibles gotas de esta marea que emerge con el grito que transforma el dolor y la tristeza en organización y rebeldía.
Quizá no sea una suerte, pero casi.
Quizá eso que grita Ni Una Menos sea la providencial expresión de un acto de fe en ese nosotras que nos impulsa a salir a las calles de todo el país sin especular con que esté garantizado de antemano para acudir: vamos.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
#NiUnaMás
El Cordobazo del Ni Una Menos

Por Bernardina Rosini, desde Córdoba.
Así se hace.
Desconociendo si hay un documento o un escenario, ni siquiera preguntándonos al respecto.
Con la familia de Agostina encabezando, siendo abrazada.
Con una ofrenda hacia ellos y todas las víctimas, con sikuris sonando antes de empezar a caminar. Con madres nuevas, con hijas que nunca habían venido antes, con amigos de los barrios, con organizaciones, y sueltos.

La bandera, el símbolo en las calles cordobesas. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Con los ojos de Agostina Vega.
Bajo la lluvia, cubriéndonos entre todas. Entre todos, con ellos también. Varones, padres de familia, novios y compañeros, niños. Bajo paraguas, bajo el agua. Gritando y en silencio.
Con desorden, escuchando a quienes están al lado, leyendo aquel cartel.
Llorando juntas. Sin jet set, sin star system del activismo. Poniendo el cuerpo, diciendo cosas como “no encuentro una palabra sencilla para describir este punto de hartazgo”.
Señalando a la justicia, a los femicidas.
Con los ojos de Agostina.
Perdiéndonos siguiendo con la batucada. Agitando nuestros trapos. Caminando durante cuatro horas esas diez cuadras. “Yo sabía, yo sabía, a los femicidas los cuida la fiscalía”.

Ni la lluvia ni la noche ni la tristeza detuvieron la manifestación. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Quemando lo que haya que quemar, los señalamientos a la madre de Agostina, los rostros, las violencias. La desidia. El desprecio. Una chica me dice que ella y sus hermanas lograron que su madre pueda dar el paso para divorciarse, porque el padre la estrangulaba.

Familiares de Agostina Vega encabezando la marcha. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Y había gritos por Delicia. ¿Dónde está Delicia Mamaní? ¿Por qué no la buscan? Y se marchaba con una bandera con el nombre de cada una de las víctimas de femicidio de estos once años, llevándola amorosamente entre varias, escuchando a Miguel, el abuelo materno de Agostina, agradeciendo que hay familias marchando hace once años. Reconociendo lo bien que nos hace estar juntas y juntos.

Los ojos de Agostina. Los ojos que nos miran. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Abrazando. Haciendo justicia a fuerza de calle.
Con los ojos de Agostina.
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