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El abrazo de toda la vida: las Abuelas de Plaza de Mayo recuperaron al nieto 133

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“¡Bienvenido querido nieto, sos un triunfo de nuestra democracia!” dijeron este viernes las Abuelas de Plaza de Mayo en la ex Esma. El nieto de Nélida Navajas, histórica integrante de Abuelas, e hijo de Julio Santucho, es ya el nieto 133 recuperado por la organización en lo que suele representar un milagro terrenal cada vez que sucede. Miguel Santucho, el hermano, buscó desde siempre, tanto que también él se integró a Abuelas. Detalles de la historia y de la emoción bajo una teoría de Estela Carlotto:  “A las viejas nos hacen más jóvenes estas noticias”.

Texto: Lucas Pedulla

A Miguel “Tano” Santucho se le alarga la sonrisa, se le junta con las orejas, con los ojos clarísimos y brillosos, y desde ese pecho inflado de emoción, de alegría, de memoria y de verdad, dice dos palabras que despliegan lágrimas en un auditorio colmado: “No pudieron”.

A su lado, su padre Julio, en un tono preciso y santiagueño, agrega: “Es una derrota de la dictadura: ellos nos querían quitar los hijos y nosotros los estamos recuperando”.

Y junto a Julio la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, hace reír al salón de la Casa por la Identidad del Espacio Memoria y Derechos Humanos en la ex ESMA, ni más ni menos: “A las viejas nos hacen más jóvenes estas noticias”. A su lado está otra Abuela de Plaza de Mayo: Buscarita Imperí Roa. Estela cuenta que ellas dos son las únicas que pueden movilizarse todavía como para presenciar estos momentos conmovedores.

El abrazo de toda la vida: las Abuelas de Plaza de Mayo recuperaron al nieto 133
Estela Carlotto, Buscarita Imperí Roa, Miguel Santucho (hermano del nieto recuperado este viernes), Julio Santucho y el secretario de Derechos Humanos Horacio Pietragalla. (Fotos Lina Etchesuri).

La noticia es la restitución del nieto que en el cielo de las Abuelas marca la estrella 133, y que en la voz de Claudia Carlotto, directora de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CoNaDI), adquiere una historia que la máquina de terror de la dictadura quiso desaparecer y no pudo: el nuevo nieto recuperado es el hijo de Cristina Navajas y Julio Santucho, y nieto de Nélida Navajas, histórica abuela de la Asociación fallecida en 2012, “sin el abrazo anhelado”, precisa Claudia.

Es, a su vez, sobrino de Mario “Roby” Santucho, el principal dirigente de PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo, una de las dos principales organizaciones guerrilleras en Argentina), asesinado el 19 de julio de 1976: sus restos siguen desaparecidos. En ese operativo también fue detenida y desaparecida su compañera Liliana Delfino, que estaba embarazada. 

El otro nieto de Nélida, Miguel Santucho, El Tano, continuó el legado de esa lucha incansable. Hace apenas dos días se enteró de la noticia cuando recibió un llamado mientras estaba en Roma con sus hermanos, paseando a su perra en una plaza. “Desde ese momento él expresó el deseo de conocerme, y fue todo rápido y lindo: lo conocí esta mañana”, dice su sonrisa, que no para de crecer: “Tengo una sensación de haber encontrado un ser luminoso y especial y no tengo dudas de que vamos a estar juntos el resto de nuestra vida, porque nos buscamos, nos quisimos encontrar, y el abrazo que nos dimos fue para siempre”.

Julio Santucho y Estela Carlotto detrás de la foto de Nélida Nievas, la abuela del nieto recuperado este viernes. Nélida falleció en 2012 y fue una de las históricas referentes de Abuelas. Nieto 133
Julio Santucho y Estela Carlotto detrás de la foto de Nélida Nievas, la abuela del nieto recuperado este viernes. Nélida falleció en 2012 y fue una de las históricas referentes de Abuelas. (Fotos Lina Etchesuri).

Miguel supo, además, que tiene dos sobrinos: “La familia se amplió en por lo menos tres personas”. Tienen rasgos y sonrisas parecidas: “Y el gusto futbolero: es bostero como yo”.

Claudia Carlotto ubica sonrisas y lágrimas: “Este nuevo caso es el resultado de una sociedad que, tras 40 años de democracia, sigue exigiendo saber qué pasó con las y los desaparecidos y con los cientos de bebés, niñas y niños apropiados, y apostando a la construcción de la memoria, la verdad y la justicia, para que nunca más se repitan crímenes tan horrendos”.

Patota secuestra embarazadas

En el comunicado sobre la restitución, que se escucha en la voz de Claudia Carlotto, Abuelas precisa: “Cristina nació en septiembre de 1949, en la Ciudad de Buenos Aires. Egresó como maestra del Normal N° 1 y luego estudió Sociología en la Universidad Católica Argentina (UCA). Allí conoció a Julio, el menor de la familia Santucho. Ambos integraban el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Cristina militó en Avellaneda y después tuvo diversas responsabilidades. Al momento de su secuestro, era docente de las escuelas del PRT, donde enseñaba Historia de la Revolución Latinoamericana”.

Julio fue el décimo hijo de la familia Santucho. Se recibió de teólogo y estaba a punto de convertirse en cura cuando conoció a Cristina. Se casaron en 1971, tuvieron a su primer hijo Camilo en 1973, y a su segundo hijo Miguel en 1975.

Cristina fue secuestrada estando embarazada el 13 de julio de 1976, en un operativo en un departamento de los Santucho, en la Avenida Warnes 735. Allí vivía su cuñada Manuela Santucho, junto a su hijo Diego, de tan solo un año. Ese día estaba en la casa otra compañera de militancia, Alicia D’Ambra, también embarazada. La patota secuestró a las tres mujeres y dejó a los tres niños solos en el departamento.

“Una vecina avisó a Nélida sobre lo ocurrido, pero nadie se acercó a auxiliarlos. Nélida fue a buscar a los chicos con Jorge, su hijo menor, y ya desde la entrada pudo escuchar los llantos y gritos de sus nietos. Allí encontró una cartera y adentro una carta que Cristina no llegó a enviarle a Julio, donde le mencionaba un atraso y se manifestaba convencida de estar embarazada. Así, Nélida se enteró que su hija estaba esperando a su tercer hijo. Más tarde, por testimonios de sobrevivientes, pudo confirmar que el embarazo de Cristina siguió su curso”.

Esa noche, Nélida recibió un llamado de su hija, “que aparentemente estaba en la sede de Coordinación Federal”, precisan las Abuelas. Luego fue vista en Automotores Orletti, centro clandestino bajo la órbita de la SIDE, en el barrio porteño de Floresta. Abuelas indica que las tres mujeres estuvieron allí un mes, donde fueron torturadas. El 13 de agosto las llevaron al Proto Banco, hasta el 28 de diciembre de 1976. “Allí el testimonio de otra detenida confirma, una vez más, el embarazo de Cristina y su enorme fortaleza”. Recuerdan que, al ingresar,  las pusieron en fila y ella le dijo a quien tenía a su lado: “Soy Cristina Navajas, militante del PRT-ERP, cuñada de Roby Santucho y estoy embarazada”.

Las llevaron al centro clandestino Pozo de Banfield. Cristina ya tenía el embarazo avanzado. “Por el testimonio de la sobreviviente Adriana Calvo, se estima que Cristina estuvo en el Pozo de Banfield hasta el 25 de abril de 1977. Adriana llegó allí el 15 de abril de ese año. Acababa de dar a luz a su hija Teresa en un patrullero, mientras la llevaban desde otro centro clandestino, la Comisaría 5º de La Plata. Adriana contó que todas las detenidas querían tener a su beba, que ella pasaba de celda en celda para que la cargaran. También se refirió a la fortaleza de sus compañeras de cautiverio y cómo, cuando los guardias intentaron sacarle a su hija, las detenidas hicieron una muralla humana para impedirlo”.

Esa beba está presente en el auditorio, porque además del horror y la búsqueda de justicia, la vida también revela detalles asombrosos: Teresa Laborde Calvo es la pareja de Miguel Santucho.

El abrazo de toda la vida: las Abuelas de Plaza de Mayo recuperaron al nieto 133
De rojo, Teresa Laborde Calvo (la hija de Adriana Calvo que nació en un vehículo policial cuando su madre había sido secuestrada). Es la pareja actual de Miguel «El Tano» Santucho, hermano del nieto recuperado ayer. (Fotos Lina Etchesuri).

Se emociona Teresa ante la pregunta de lavaca: “Los hermanos se buscaron instintivamente, porque no había datos. Hasta su mamá, Cristina, protegió a mi mamá, porque no le contó que había tenido a su bebé, que era algo que se hacía. Porque como yo estaba ahí, en la celda, se ve que no le quería meter ese miedo de que me podían llevar a mí también”. Teresa se detiene, nos emociona, nos sonríe, y sigue: “No sólo le daba comida, puso el cuerpo, organizó a las demás mujeres con Manuela y Alicia, y además se guardó esa información para proteger la psiquis, me imagino yo. Me acunó, me cantó”.

Adriana Calvo sobrevivió. Fue la primera testigo del Juicio a las Juntas, y que millones de espectadores que no vieron ese momento histórico, lo conocieron en Argentina 1985, la película de Santiago Mitre, interpretada por Laura Paredes.

Cristina Navajas, Manuela Santucho y Alicia D’Ambra, junto a su bebé nacido o nacida en cautiverio, continúan desaparecidas.

Las Abuelas de Plaza de Mayo recuperaron al nieto 133

“¿Estás sentada?”

Julio estaba en Italia cuando secuestraron a su compañera. El partido lo había mandado en una misión. Se enteró del operativo al día siguiente, el 14 de julio de 1976, cuando llamó a su cuñado Jorge para saludarlo por su cumpleaños. Inmediatamente inició las gestiones para sacar a sus hijos del país. Dos militantes del PRT lograron llevarlos al exterior.

Por su parte, Nélida inició su lucha como abuela. “Tocó contactos políticos, religiosos, militares”, dicen las Abuelas. Nada. Tampoco sabía si buscaba un nieto o una nieta, sólo suponía, por las fechas, que tenía que haber nacido en febrero de 1977. Se unió a las Abuelas y puso toda su energía en esa búsqueda. Miguel volvió por primera vez a la Argentina en 1985, cuando Nélida ya era secretaria de Abuelas. “En 1993 se radicó finalmente en Argentina y pudo reconstruir la historia de su familia comprometida con la transformación de la sociedad, diezmada por la dictadura. Entre detenidos, asesinados y exiliados los Santucho suman casi una veintena, diez de ellos aún desaparecidos y un niño o niña aún buscado”.

En 1995 Miguel se unió a H.I.J.O.S y fundó la comisión Hermanos para acompañar la búsqueda de abuelas. Nélida, un día, le entregó toda la documentación que había reunido. Ella murió el 2 de mayo de 2012, y al ser un nieto que participaba en las actividades, se integró a la Comisión Directiva y al trabajo diario. Su sonrisa se vuelve a agigantar cuando explican que su hermano se acercó a Abuelas de forma espontánea.

La información: “Fue anotado como hijo propio por un integrante de las fuerzas de seguridad y una enfermera, el 24 de marzo de 1977. Desde joven, tuvo dudas de su identidad. Fue criado como hijo único, con una hermana 20 años mayor que ya no vivía con ellos. Fue ella quien le confesó que no era hijo de quienes decían ser sus padres. En dos oportunidades, se enfrentó con el apropiador para saber la verdad, pero el hombre sostuvo siempre ser su padre biológico”.

Tomó la decisión de acercarse a Abuelas. Luego de la presentación ante la CONADI y la investigación pertinente, en abril de este año se realizó el examen de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos que confirmó su verdadera identidad. El 26 de julio, hace dos días, fue citado por la CONADI para informarle que era hijo de Cristina y Julio.

Allí supo quién es. Empezó a conocer su verdadera historia.

El abrazo de toda la vida: las Abuelas de Plaza de Mayo recuperaron al nieto 133
Víctor Penchaszadeh, genetista que participó en la implementación del índice de abuelidad para analizar científicamente la identidad de posibles nietos recuperados. (Fotos Lina Etchesuri).

Teresa Laborde Calvo, al ser docente, estaba de vacaciones cuando su pareja Miguel, desde Italia, le preguntó si la podía llamar: “Tengo un notición”, le dijo. Ella se levantó, se lavó la cara y lo llamó.

-¿Qué pasó, qué notición?– le preguntó.

-¿Estás sentada? –le contestó.

-No…

-Sí…

-¡No!

-Sí –le dijo–. Apareció.

El triunfo

El abrazo de toda la vida: las Abuelas de Plaza de Mayo recuperaron al nieto 133
Momento de celebración en la ex Esma, por la recuperación de otro nieto. (Fotos Lina Etchesuri).

Estela vuelve a tomar el micrófono. Agradece el encuentro: “No puedo dejar de decirles que es un chico hermoso espiritual y físicamente”. Pide que, por favor, quien tenga una duda, un dato, la información de algún vecino, se acerque a Abuelas, “para recibir y seguir encontrando los que faltan”. Se estima que, aproximadamente, son 300 les niñes que nacieron en cautiverio. Y celebra el auditorio colmado, a semanas de las elecciones primarias: “Esta es una necesidad de la unidad de nuestro pueblo”.

Su hija Claudia lo deja bien en claro al finalizar el texto de abuelas, que conviene citarlo exacto, como testimonio de lo que significa esta emoción, estas sonrisas, estas lágrimas:

“Seguiremos buscando al hijo de Alicia D´Ambra, al de Liliana Delfino y a todas las nietas y nietos que faltan. Porque cada restitución es un acto de reparación para las familias, de verdad y justicia para la sociedad, y de memoria para las futuras generaciones. Es la reafirmación de que la sociedad argentina decide no olvidar y sostener las políticas públicas que permiten conocer la verdad sobre lo ocurrido durante la última dictadura cívico militar.

El origen de cada apropiación nos recuerda lo violento y asesino que puede ser el Estado al servicio de la opresión y el terror, pero las restituciones ponen de manifiesto el valor de la vida democrática, los derechos conquistados y las libertades ganadas.

Entre todas y todos, cada día, debemos defender, sostener y garantizar nuestra democracia, erradicando el odio, el negacionismo, la construcción del otro como enemigo, y poniendo el amor y el bien común como horizonte.

¡Bienvenido querido nieto, sos un triunfo de nuestra democracia!”.

El abrazo de toda la vida: las Abuelas de Plaza de Mayo recuperaron al nieto 133

Siempre vale la pena. El corazón, el número 133, el dibujo de un pañuelo y una forma de vida: memoria y derechos humanos. (Fotos Lina Etchesuri).

El comunicado completo de Abuelas

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




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Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




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Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




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La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

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Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




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El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




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Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




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La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




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Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

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Crónicas del Más Acá: Parlantes

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




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Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




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La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

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Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

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La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




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Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

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El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




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Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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