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Diario desde el ojo de la tormenta: así se contagió en Roma el Coronavirus, el miedo y la organización

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Crónica desde Roma, de la llegada del coronavirus hasta las prohibiciones y miedos que vaciaron las calles. El rol de los medios, el manejo político y la situación social. De la revuelta en las cárceles a la caída de las bolsas. Lo que empieza a resquebrajarse. Y las oportunidades que se abren: «Estamos viviendo tiempos difíciles, pero también es una oportunidad para organizarnos de otra manera». Escribe Giansandro Merli desde Italia, donde las muertes por coronavirus llegaron a 1.441 y hubo 175 en un día. Primera parte.

Diario desde el ojo de la tormenta: así se contagió en Roma el Coronavirus, el miedo y la organización

-¿Te acordás cuando íbamos a la cancha?

Mi amigo me pregunta, habla, escucha, pero no huele. Su cara está detrás de una pantalla, en mi computadora. Fuimos juntos a la cancha a ver al Lecce hace tres semanas; hace dos prohibieron los visitantes. El domingo jugaron pocos partidos y sin público. El martes pararon la Liga. El miércoles salió el primer caso de Coronavirus en la Serie A: es Daniele Rugani, jugador de la Juventus.

Solo tres semanas, pero todo cambió. Los primeros dos casos de Covid-19 fueron encontrados en Roma el 29 de enero: turistas chinos. El tercero -siempre en la capital- el 6 de febrero, un italiano de vuelta de Wuhan. Pero es desde el 21 de febrero que la vida empezó a volverse otra. Hace 22 días un hombre de Codogno resultó positivo. Pocas horas después, otros dos en Vo’ Euganeo. Son dos pequeños pueblos en Lombardia, en la región de Milano, la “capital económica de Italia”.

Al principio las medidas principales estaban localizadas sobre todo en esos pueblos y en la provincia de Lodi. Escuelas cerradas, prohibición de circulación y de reunión, cuarentena por la gente con fiebre y problemas de respiración.

Desde otras partes de Italia el problema parecía aún lejano, a pesar de que el virus en pocas semanas había llegado de China recorriendo casi 9 mil kilómetros. El punto de inflexión fue el sábado 7 de marzo. Desde entonces, cada día las cosas cambian muy rápido, mientras sigue subiendo la cantidad de infectados y muertos.

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Calles vacías cerca del Río Tevere, Roma.

Cuando todo cambió

Ese sábado, a la hora del almuerzo, en la primera página de todos los periódicos la primera noticia es que Nicola Zingaretti resulta positivo al test del Covid-19. Zingaretti es el gobernador de la regione de Lazio, donde queda Roma, y el secretario nacional del Partido Democrático, parte de la coalición de gobierno. En pocos minutos las redes sociales están llenas de una imagen suya de pocos días antes: se lo ve en Milano con varios jóvenes del partido junto al alcalde de la ciudad Giuseppe Sala bajo el hashtag #MilanoNoPara. El sentido del lema es que Milano no para porque la economía no puede detenerse, porque si la gente deja de salir de casa, deja también de gastar dinero.

A las 8 de la tarde del mismo sábado otro hecho cambia la percepción general de las cosas. A esa hora, se filtra el decreto que el primer ministro Giuseppe Conte (jefe de un gobierno que une el Partido Democrático y el Movimiento 5 Estrellas) iba a anunciar el día siguiente. Todos los periódicos y varias páginas Facebook lo muestran antes. La CNN y otras fuentes periodísticas afirman en seguida que el texto les llegó por mail con el remitente de Attilio Fontana, gobernador de la Lombardia, miembro de un partido de extrema derecha – al momento en la oposición, pero hasta agosto pasado, oficialista-.

El texto del decreto dice que la región entera, más algunas provincias de Veneto y Emilia-Romagna, van a ser zona roja desde el día siguiente: prohibido salir y entrar sin motivaciones urgentes o necesarias, o razones laborales.

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Mercado de Testaccio, cerrado y vacío.

Menos de dos horas después cientos de personas asaltan los trenes que salen hacia el sur. El decreto aún no está en vigor y los inmigrantes internos tienen miedo de quedarse en cuarentena lejos de casa y en una región que, a pesar de tener uno de los mejores sistemas sanitarios regionales de Italia, se está quedando sin camas en terapia intensiva. La medida que quiere confinar geográficamente el virus se vuelve de repente en una de las causas de posibles contagios. 

A las 2.35 de la noche del sábado, ya mañana del domingo, Conte está obligado a hablar por televisión, explicar las disposiciones del decreto y parar el pánico. O al menos intentarlo. Mientras tanto, los gobernadores de la regiones del sur ordenan a los migrantes bajar de trenes y autobuses y volver al norte, para no traer el virus a las casas de sus padres y abuelos y hacia sistemas sanitarios muchos más débiles que el de Lombardia.

No pueden hacer mucho. Por eso la mañana siguiente, cuando los universitarios y trabajadores sin trabajo llegan a la ciudad donde nacieron, encontrarán enfermeros y carabineros con mascarillas en la cara para medir la fiebre y ordenar la cuarentena.

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Venta de celulares y barbijos en una tienda del barrio de Torpignattara, Roma.

Encerrados

El día después, el domingo 8, mientras en todas las ciudades de Italia despacito empieza a aumentar el número de barbijos en la calle, a disminuir abrazos y apretones de manos y en los andenes los ojos más atentos empiezan a medir el metro de distancia entre seres humanos ordenados por las autoridades médicas, algunas miles de personas no pueden seguir las mismas indicaciones: 61.320 hombres y mujeres están presos en los 189 centros penitenciarios italianos. La capacidad total de las prisiones es de 50.931 y la tasa media de sobrepoblación llega al 120%. “Fuera, a un metro de distancia; adentro, ocho en una celda”, dice una pancarta pegada en la noche por la Acción antifascista de Roma Est.

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La primera cárcel que empieza a sublevarse es la de Modena. Los detenidos la toman y empiezan a prender fuego colchones. Llamas también en Bologna y Torino. 54 huyen de Foggia. Los detenidos llegan al techo de las estructuras en Milano, Venezia, Rieti. En Napoli y Roma los familiares junto a pequeños grupos de anarquistas protestan abajo. Todos piden amnistía e indulto. Las fuentes oficiales dicen que la revuelta, que en pocas horas incluye 30 prisiones y según las cifras del ministerio unos 6 miles detenidos, empezó porque el gobierno buscaba prohibir las conversaciones con los familiares por unas semanas para evitar que el virus entre en esos sitios cerrados. El lunes se conoce que en la cárcel de Modena hay un prisionero positivo de Covid-19.

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Pizzería y cafetería cerradas en el barrio del Pigneto, Roma.

La derecha pide el ejército para controlar las prisiones, pero al mismo tiempos algunas secciones locales de los tribunales empiezan a soltar gente. Sobre todo los más viejos y los que están en régimen de media libertad. Incluso los policías saben que así no se puede seguir, que si el virus llega a más personas dentro de las cárceles será un infierno, incluso para ellos. Voces no confirmadas dicen que durante las revueltas los policías han dejado las llaves, en algunas prisiones, porque no querían enfrentarse y tener contactos con los detenidos.

Lo cierto que es que hasta ahora la revuelta carcelaria ha dejado 13 detenidos muertos (según las autoridades, 12 murieron de sobredosis después de atracar las enfermerías con metadones y psicofármacos), 40 policías heridos, 500 millones de euros en daños, y 12 fugitivos.

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Cartel de una tienda dice que, debido al decreto del gobierno, pueden entrar a comprar de a dos personas.

El contagio

El lunes 9 de marzo, sobre las 10 de la tarde, Conte habla otra vez por televisión y redes sociales. “Toda Italia es zona roja”, dice. En las grandes ciudades y pocos minutos después, en frente de los supermarket que están abiertos 24 horas, empiezan a formarse largas colas. En algunos casos llega la policía para evitar robos pero también – o sobre todo- para medir la distancia entre la gente: uno por metro. El 4 marzo el gobierno ha cerrado todas las escuelas y universidades hasta el 15 del mes. Pero en el discurso del lunes el cierre es prolongado hasta el 3 de abril. Además cierran cines, teatros, restaurantes, bares (después de las 18), gimnasios y piscinas.

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Personas en la cola del supermercado, a una distancia prudente.

Las movilizaciones, incluso el paro feminista del 8 de marzo, habían sido prohibidas la semana antes, pero ahora también se prohíben reuniones sociales. Se puede salir de casa para hacer compras, ir a la farmacia, a trabajar, a ayudar parientes enfermos, hacer deporte (pero solo en los parques y con la distancia de seguridad). El martes paran todos los deportes de equipo.

El miércoles los números de la epidemia no bajan. Conte habla otra vez en la televisión. Poco minutos antes Confidustria Lombardia, la organización de los grandes dueños de la región, piden que no se pare la producción. El primer ministro cierra tiendas y todos los servicios no esenciales. En poco minutos la gente está pateando las maquinas que distribuyen cigarros. En media hora sale la lista: supermarket, bancos, correo, farmacias, quioscos, tiendas de comida, gasolineras quedan abiertas. Fábricas y cadenas de distribución alimentaria y de productos, abiertas.

La mañana después, en los sitios de distribución logística y de producción donde no hay condiciones mínimas de seguridad, los obreros hacen huelgas repentinas.

El día antes muchas compañías de vuelos ya habían han cancelado los aviones desde y hasta Italia. Ahora se borran también la mayoría de los en el interior, juntos a trenes y autobuses.

Las bolsas financieras se caen 10%, 16%. Cada día es peor. El gobierno pide derogar el “pacto de estabilidad” que la Unión Europea impuso a los gobiernos nacionales para que no tomen deuda. El pecio fue cortar los gastos sociales desde 2010 hasta ahora. Acaso hoy estamos viviendo el efecto. El virus empieza a cambiar las bases de la arquitectura neoliberal de Europa, y parece ser sólo el principio.

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




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Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




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El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




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Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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